El Alcázar de Madrid, el antecedente del Palacio Real reducido a cenizas en 1734

El casco histórico de Madrid ha ido evolucionando a lo largo de los siglos. La madrugada del día de Navidad de 1734, se produjo uno de los hechos más nefastos y trágicos que contribuyeron a que el entorno de lo que actualmente se conoce como almendra de la villa cambiase radicalmente y para siempre. A las 00:15h, mientras las familias madrileñas estaban reunidas en sus hogares celebrando el nacimiento de Jesucristo, las campanas de las iglesias comenzaban a repicar con fuerza, suponiendo que llamaban a los festejos religiosos propios de la época. Sin embargo, lejos de tañer por alegría, presagiaban peligro: el Real Alcázar, el símbolo del poder de la Corona, había comenzado a incendiarse.

Aunque origen del antiguo y desaparecido Alcázar de Madrid se encuentra en el período de dominación árabe de la ciudad, quienes construyeron una pequeña fortificación, esta parece que no se encontraban en el actual emplazamiento del Palacio Real del siglo XVIII. Sea como fuere, durante el reinado de Alfonso VI de León se produjo la reconquista cristiana de Madrid, llevando a cabo la construcción de una nueva fortaleza que, con el paso de los siglos, llegó a convertirse en un verdadero palacio gracias a los Trastámara y los Austrias. Un devastador incendio puso fin a su historia y los Borbones pudieron levantar su gran joya patrimonial, con el recuerdo del viejo Alcázar que todavía hoy sigue presente en la ciudad.

Historia del Alcázar de Madrid

El emir de Córdoba Muhammad ben Abd al-Raahman fundó entre 850 y 886 una fortificación en la musulmana Mayrit, en torno a la cual creció la población, que acabó convirtiéndose en la villa cristiana de Madrid. Como hemos dicho, no hay pruebas de que esta construcción se encontrase en el actual emplazamiento del Palacio Real, donde sí se sabe que se encontraba el Alcázar que los reyes castellanoleoneses bajomedievales decidieron construir. Pedro I y Enrique II de Castilla son los primeros monarcas de los que hay constancia que ordenador reformas para comenzar su proceso de engrandecimiento, a finales del siglo XIV y principios del XV, respectivamente.

Vista del Alcázar en el siglo XVI. Fuente: Museo de Historia de Madrid

A lo largo del siglo XV, los Trastámaras se encargaron de transformar el primitivo castillo en una residencia digna de reyes, especialmente Juan II y su hijo, Enrique IV. Precisamente, este último sintió especial predilección por Madrid, decantándose por alojarse en él durante las estancias en la villa, dedicando gran parte del tiempo a la caza en los cercanos montes, perfectos para esta práctica. Era tal el interés del monarca, que hasta nombró un maestro de obras específico, tanto para el Alcázar como para el castillo de El Pardo, germen del Real Sitio.

Retrato imaginario de Enrique IV de Castilla, de Rodríguez de Losada, siglo XIX. Fuente: Ayuntamiento de León

Los Reyes Católicos, que también disfrutaron de varias estancias en Madrid, prefirieron el Palacio de los Lasso de Castilla, en la Plaza de la Paja, como lugar de alojamiento en la villa. Los monarcas de Aragón y Castilla reservaban el Alcázar para los actos protocolarios o la impartición de justicia, como así contamos en el free tour “Madrid de los Trastámara” que puede reservar en este enlace. No obstante, la fortaleza también contó la preocupación y el interés de los soberanos, que también ordenaron reformas que favorecieron su mantenimiento, aunque no tan significativas como las de sus predecesores. A la muerte de la reina Isabel, Fernando de Aragón sí que se hospedó en algunas ocasiones en el Alcázar.

El cambio de dinastía en el siglo XVI, de Trastámaras a Austrias o Habsburgo, transformó el Alcázar en un verdadero palacio, utilizando la fábrica medieval. El emperador Carlos V y su sucesor en los reinos de Las Españas, Felipe II, se interesaron especialmente por él. Este último, fue el verdadero precursor del impulso de la fortaleza, sobre todo después de que decidiera situar la capital de sus dominios de Madrid, dejando atrás el período itinerante de la Corte medieval. Con ello, el Alcázar se convirtió en el símbolo de poder de la Monarquía.

El incendio del Alcázar de Madrid

Los Austrias Menores, Felipe III, Felipe IV y Carlos II también habitaron en el Real Alcázar, y en sus reinados se alcanzó la forma definitiva que presentó hasta su desaparición, destacando sobre todo la armonización de sus diversas fachadas, un proyecto que contó con la dirección de Francisco de Mora. Con la llegada de los Borbones al trono español en la figura de Felipe V, la historia del Alcázar madrileño continuó pese a lo que normalmente se cree.

Alcázar de Madrid en 1704, 30 años antes de su incendio. Fuente: Wikimedia

No obstante, lo que no se puede negar es que al nuevo rey, de origen francés y nacido en Versalles, no le entusiasmaba el gusto austero y sencillo de un edificio que era puramente castizo y castellano. Por ello, Felipe V y su esposa, María Luisa de Saboya, encargaron reformas en su interior, adecuando la decoración al estilo de la Corte de su país de origen. Sin embargo, como reza el dicho popular, la historia del Alcázar de Madrid tenía los días contados.

La madrugada de Navidad de 1734, las campanas de las iglesias de Madrid no dejaban de repicar. Dadas las fechas, buena parte de la población pensaría que anunciaban o celebraban el nacimiento de Jesús, pero lo cierto es que presagiaban peligro. En la medianoche, se había declarado un incendio en el aposento del pintor Jean Ranc, retratista de Felipe V. Debido a los artesonados de madera del edificio, el fuego comenzó a extenderse rápidamente. Por fortuna, la Familia Real se encontraba fuera de la residencia, ya que se encontraban celebrando la Pascua navideña en el Palacio del Buen Retiro.

La familia de Felipe V. Fuente: Museo Nacional del Prado

Cuadros quemados y perdidos

Las llamas habían alcanzado el Salón Grande, cuyas paredes estaban decoradas con cientos de pinturas. Los improvisados bomberos, en muchos casos criados de palacio, pudieron rescatar las que estaban al pie de los muros, lanzándolas por las ventanas. Así ocurrió, por ejemplo, con “Las Meninas” o “Carlos V en la batalla de Mühlberg”, de Velázquez y Tiziano, respectivamente, que todavía cuentan con las huellas del humo que casi les ahoga para siempre. Muchas obras de arte, tanto de pintura, escultura u orfebrería, se salvaron también en carros que rápidamente salían de la regia residencia.

Detalle de Las Meninas, de Velázquez. Fuente: Museo Nacional del Prado

Sobre los cuadros que se quemaron en el Alcázar de Madrid, perdiéndose para siempre, se cuantifican en cerca de 500, y algunos de grandes maestros, como el famoso “La expulsión de los moriscos”, de Velázquez, que se consideraba una de las obras maestras del pintor sevillano, así como “Apolo, Adonis y Venus”, del mismo autor. El retrato favorito de Felipe IV, ejecutado por Rubens, también fue pasto de las llamas. Este trágico hecho todavía es difícil de olvidar, y hasta la serie de televisión “El Ministerio del Tiempo” dedicó uno de sus capítulos a este terrible pasaje de la historia de Madrid. Afortunadamente, muchas obras de salvaron también porque habían sido trasladadas previamente al Buen Retiro siguiendo la orden del rey, que prefería alojarse en este palacio en vez de en el austero y castellano alcázar.

De Alcázar a Palacio Real

Después de 4 días de incendio, la joya del patrimonio medieval de Madrid quedó reducida a cenizas y solamente algunos muros aguantaron el desastre. Al calor de las llamas, esta residencia que había visto nacer a Juana de Castilla, conocida como la Beltraneja y que se enfrentó a su tía Isabel La Católica por el trono de Castilla, o había visto morir al último rey de los Austrias españoles, Carlos II, apagó para siempre su historia.

Fachada principal del Palacio Real de Madrid

Lejos que pretender una reconstrucción, se decidió demoler los cimientos que quedaban en pie y emprender la construcción de un nuevo palacio que, además, siguiera los preceptos franceses que tanto gustaban a la nueva dinastía. La leyenda siempre ha acompañado a Felipe V, siendo muchos los que todavía sostienen que fue la mano ejecutora de este terrible incendio. Algunos datos en los que se apoyan estas teoría se basan en que el monarca previamente había traslado las obras más insignes de la Casa Real a otro palacio, toda la Familia Real se encontraba fuera cuando se desató el incendio o que rápidamente ordenó la construcción de un nuevo edificio en su lugar.

El Alcázar de Madrid, Patrimonio Reaparecido

El recuerdo al Alcázar de Madrid todavía está presente en la memoria colectiva de todos los madrileños, así como de los turistas que visitan la capital, ya que no hay rutas turísticas y guiadas en las que no se mencione este monumento desaparecido del patrimonio de la villa. Grabados y cuadros que muestran cómo era su arquitectura ayudan a imaginarse el aspecto que tenía esta fortaleza medieval que se convirtió en palacio y sede del poder real en España.

Patrimonio Reaparecido

Madrid ha perdido importantes monumentos a lo largo de su historia. Es momento de volver a descubrirlos jugando con la imaginación

Tras su incendio en la Navidad de 1734, se levantó en su lugar el actual Palacio Real por orden de Felipe V, aunque fue su hijo Carlos III el que estrenó el palacio el 1 de diciembre de 1764. En el Salón del Trono, la estancia más regia del edificio y que refleja el esplendor de la Monarquía española, todavía pervive el recuerdo al antiguo Alcázar gracias a los leones que rodean a los regios asientos, los cuales se salvaron del incendio y formaban parte de la decoración de aquella residencia que alberga siglos de historia entre sus muros y que hoy se ha convertido en Patrimonio Reaparecido en este artículo. Repasando la historia del Alcázar de Madrid, también nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís emprendiendo un viaje al pasado.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ALONSO RUIZ, B. (2014). El Alcázar de Madrid: del castillo Trastámara al palacio de los Austrias (ss. XV-1543). Archivo Español del Arte (348), pp. 335-350. Recuperado de: http://xn--archivoespaoldearte-53b.revistas.csic.es/index.php/aea/article/view/875

MARTÍN GONZÁLEZ, J. J. (1962). El Alcázar de Madrid en el siglo XVI (nuevos datos). Archivo Español del Arte (137), pp. 1-20. Recuperado de: https://search.proquest.com/docview/1302129230?pq-origsite=gscholar&fromopenview=true&imgSeq=1

El cocido maragato, la estrella de la gastronomía leonesa que tienes que comer en Astorga

Aunque siempre se ha dicho que la casa no debemos empezarla nunca por el tejado, este dicho popular que nos invita a tener un orden en nuestro día a día no siempre es posible aplicarlo. En determinadas ocasiones, es necesario poner primero las tejas antes que el suelo. El cocido maragato es una de esas veces en las que es necesario darle la vuelta a lo establecido o socialmente aceptado para tener una experiencia inolvidable. Sin duda, esa es la palabra que mejor describe a todas las impresiones que se sienten la primera vez que se degusta este tradicional y suculento plato de la gastronomía leonesa.

El cocido maragato, aunque es una estrella de la cocina en toda la región de León, tiene su capital en la Maragatería, entre la que se encuentran famosas localidades como Astorga. Aquí, además de poder disfrutar de una impresionante catedral que bien le puede hacer sombra a la Pulchra Leonina o de las formas modernistas que Gaudí dejó impresas en su nunca ocupado Palacio Episcopal, hay que reservar unas horas para, tranquilamente y sin prisa alguna, activar los cinco sentidos y conocer los secretos de este famoso guiso.

Vista del Palacio Episcopal y las torres de la catedral de Astorga

Con la vista, vas comprobando la curiosa forma en que se sirven sus tres vuelcos; con el olfato, reconoces el toque de pimentón que lleva incorporada la berza o el ahumado que desprende el tocino; con el tacto, adviertes la textura de su famoso relleno mientras lo sostienes entre tus dedos antes de darle un buen bocado; con el oído, percibes los últimos chisporroteos de la sabrosa sopa de fideos mientras comienza a enfriarse para poder catarla; y, gracias al gusto, gozas de un auténtico festín de sabores, una fiesta en la que tu paladar será el invitado que más disfrute. Cinco sentidos y todos ellos necesarios para disfrutar al máximo de un auténtico cocido maragato en lugares como Casa Maragata, un restaurante de Astorga donde sirven el mejor cocido maragato que podrás encontrar en toda la región.

Un cocido del revés

Aunque en España se hacen muchos cocidos, lo verdaderamente original y que diferencia al maragato del resto es la forma en que se sirve, siendo lo que más llama la atención a todos los turistas que visitan la región leonesa de la Maragatería. Sus vuelcos son tres: carnes, garbanzos y verdura, y sopa, y este es, precisamente, el mismo orden en que se sirve. Como dicen algunos lugareños, “de sobrar, que sobre la sopa”. Sin embargo, mucho nos tememos que son pocos los que consiguen dejársela, porque es el broche de oro perfecto para confirmar los sabores que previamente se han ido descubriendo en el paladar.

Todos los vuelcos del cocido maragato. Fuente: Turismo de Astorga

Parece que el origen del cocido maragato y su curiosa forma de servir los vuelcos de forma distinta a otros guisos similares del resto de España se encuentra en los antiguos arrieros leoneses que recorrían el país vendiendo mercancías. El etnógrafo José Manuel Sutil sostiene que, al emprender sus viajes, guardaban en sus rudimentarias fiambreras trozos de carne de cerdo cocida, que se mantenía mejor que otras. Al llegar a las posadas, se la comían y, para entrar en calor, pedían al final una sopa. Esta tradición se debió de extender de generación en generación, hasta llegar a la actualidad y dando lugar al famoso cocido maragato.

Ingredientes del cocido maragato

Carne de ternera, gallina y cerdo, garbanzos, berza, patata o fideos son algunos de los ingredientes que dan forma a este plato. El verdadero secreto para que el resultado sea espectacular reside en contar con productos de calidad, aunque sin olvidar que el cariño y la paciencia también se tienen que añadir al puchero. Como hemos dicho, el resultado se sirve de forma separada, en tres vuelcos diferenciados, aunque no hay que olvidar dejar hueco para el postre ni escoger un buen vino de la región para maridar toda la comida.

Primer vuelco

Después de un pequeño aperitivo, que en el caso de la Casa Maragata de Astorga se compone de un exquisito tomate natural partido en rodajas y aderezado con albahaca, sal y aceite de oliva virgen extra, llega el turno del primer vuelco. Lo mejor es ir preparando el trozo de pan en la mano y el tenedor para, una vez que destapan la tapa de la cazuela, empezar a degustar la variedad de carnes que han regalado su sabor al guiso y que comprobarás con la sopa final.

Detalle del primer vuelco del cocido maragato en Casa Maragata

Cecina de León, chorizo, morcillo, tocino con un toque ahumado espectacular, lacón, panceta, morro, oreja y patuco de cerdo, y gallina son las carnes que disfrutarás en el primer vuelco. No hay que olvidar tampoco el relleno, un complemento que muy pocos conocen pero que acaba gustando a todos, incluso quedándose con ganas de repetir. Se trata de una bola de pan rallado, huevo, perejil y ajo que se cuece con la misma sopa, aunque se presenta en este primer vuelco. Acabarás pidiendo más pan, sobre todo para untar el delicioso tocino.

Segundo vuelco

Todavía con el sabor de la carne y el relleno en el paladar, llega el turno de la legumbre y la verdura. Una fuente con garbanzos cocidos en su punto acompañados de la berza o repollo con patata rehogada con pimentón constituyen el segundo vuelco. De nuevo, entran en juego todos los sentidos para seguir disfrutando de este guiso. Aquellos comensales que se dejaron carne del primer vuelco o que optaron por repetir algunas porciones de carne, lo mezclan también con los garbanzos. No hay que olvidar que son muchos los que un cocido tradicional suelen juntar todo, es decir, los garbanzos, la carne y la sopa.

Detalle del segundo vuelco del cocido maragato en Casa Maragata

Tercer vuelco

Nadie puede resistirse al aroma que desprende la sopa de fideos que pone fin al cocido maragato. Es aquí donde todos los sabores se concentran, donde cada cucharada consigue que se recuerde el gusto que tenía la carne del primer vuelco o el de la berza que acompañaba a los garbanzos. Mientras se degusta este último manjar, recuerdas también el relleno con el que todo empezó, esponjoso gracias a este mismo caldo en el que ha estado cociendo y que ahora degustas directamente.

Detalle de la sopa del tercer vuelco del cocido maragato de Casa Maragata

Un hueco para el postre

Aunque tu cuerpo crea que ya no puede ingerir más comida, tienes que reservar un hueco para las natillas caseras de la abuela con roscón maragato. Lejos de las industriales que encontramos en cualquier supermercado, presentan una textura muy cremosa, con un toque dulzón que se rompe con el de la canela molida que las acompaña.

Además, el bizcocho que acompaña estas deliciosas natillas caseras, que se puede comer separado o bien mezclado con ellas, como así hace la mayoría para pecar de golosos más todavía, es muy esponjoso y te darán ganas de decirle al camarero que si te puede traer la receta junto con la cuenta. Sin embargo, antes de pagar te espera un tradicional café de puchero, y, ya sí que sí, es hora de ir poniendo rumbo a una cómoda cama para disfrutar de una larga y relajante siesta recordando todo este festín.

Maridar el cocido maragato

Los vinos jóvenes de El Bierzo, como Pájaro Rojo, complementan a la perfección el festín de sabores del cocido maragato. Aunque el brindis inicial siempre es especial, sobre todo si la compañía es la mejor que se pueda tener, el mejor momento se vive precisamente al final de la comida, cuando la última copa de vino, antes de tomarse el postre, acentúa y resalta el regusto concentrado del caldo y, con él, el de todo el cocido maragato en su conjunto. En el caso del menú de Casa Maragata, el mejor sitio de Astorga para disfrutar de este apetitoso plato de la gastronomía leonesa, cuentan con un vino de la casa diferente que está incluido en la comida y que también es perfecto para experimentar esa sensación.

Interior de Casa Maragata I, cerca de la catedral y el palacio episcopal

Sin duda, Casa Maragata es un punto turístico más que tienes que incluir en tu ruta por León y, concretamente, por Astorga. Con dos restaurantes en la ciudad, pudiendo hacer reserva a través de su página web, cuentan con un servicio cuida cada detalle hasta el extremo y hará que te sientas verdaderamente en casa. El cocido maragato es un plato que obligatoriamente hay que probar cuando se visita esta región del norte de España, cuyos sabores, que no solo se perciben con el gusto, sino también con los otros cuatro sentidos restantes, formarán parte de los recuerdos de un inolvidable viaje en el que te sentirás un auténtico #turistaenmipaís a cada paso que des.

J.

70 minutos en el Palacio de Liria, un oasis de historia y arte en el corazón de Madrid

En el número 20 de la Calle Princesa, en los confines de la Gran Vía y la Plaza de España, se esconde uno de los monumentos más singulares y espectaculares de Madrid. Entre las verjas de los altos muros que lo rodean, se asoman entre sus barrotes multitud de curiosos que tratan de divisar, retando a los fuertes troncos de los árboles que sus miradas encuentran a su paso, la fachada de este tesoro arquitectónico. El Palacio de Liria pervive al paso del tiempo, habiendo renacido de las cenizas cual ave fénix para mostrarse ante los visitantes y privilegiados que pueden acceder a su interior desde 2019.

El Palacio de Liria no es un palacio como otro cualquiera, ya que continúa siendo una residencia llena de vida que todavía hoy sirve de vivienda para sus primitivos propietarios, los familiares de la Casa de Alba, una de las dinastías nobiliarias históricas de España cuyo origen se remonta al siglo XV. Habiendo dedicado la planta noble a la visita turística, quienes se preguntan qué hacer en Madrid, sobre todo si buscan actividades originales que se salgan de la norma, encuentran la respuesta en este auténtico monumento, una de las joyas de la corona del patrimonio histórico español.

Historia del Palacio de Liria

Una vez que los visitantes han adquirido la entrada, el guía que les acompaña durante todo el recorrido les dirigirá hasta el zaguán del palacio. Allí, con el gran escudo de la Casa de Alba representado en el suelo, y con la escalera principal que les espera para recorrer las estancias, un vídeo introductorio narra la historia del edificio, recalcando desde el primer momento que se trata de una residencia viva que mantiene su uso primitivo. Una de las primeras preguntas que se hacen los turistas es por qué se llama Palacio de Liria.

Grabado de 1870 del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

La Casa de Alba es una de las sagas nobiliarias más importantes de España principalmente por la gran cantidad de títulos que han ido acumulando a lo largo de los siglos. Uniones matrimoniales con otras familias nobles son la principal razón que les ha llevado a alcanzar esta histórica posición, así como las propiedades y bienes a ella asociados. El Ducado de Liria fue otorgado por Felipe V a James Fitz-James, hijo ilegítimo de Jacobo II de Inglaterra y primer Duque de Berwick, por su apoyo en la Guerra de Sucesión española. El segundo duque, Jacobo Fitz-James Stuart y Colón, aunque residía en París, decidió construir en 1767 una mansión en Madrid.

Bajo el diseño de Louis Guilbert y Ventura Rodríguez, se levantó todo un palacio al más puro gusto francés, rodeado de un jardín delantero y trasero, con cuatro plantas y que llegaba a hacer sombra al mismísimo y cercano Palacio Real, situado a escasas manzanas. Cuando finalizó su construcción en 1785, se convirtió en una de las residencias más admiradas del momento, tanto dentro como fuera de España, en gran parte por el alcance internacional de sus propietarios.

Retrato de la XIII Duquesa de Alba. Fuente: Fundación Casa de Alba

En 1802, la muerte sin descendencia de la XIII Duquesa de Alba, la famosa duquesa que retrató Goya, provocó que el título y todos los demás a él asociados recayeran en su sobrino-bisnieto, Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, VII Duque de Berwick y Liria, propietarios de la famosa mansión madrileña. Debido a este proceso de sucesión de derechos, el Palacio de Liria pasó a formar parte del patrimonio de la Casa de Alba, convirtiéndolo en su principal residencia.

Placa conmemorativa sobre la reconstrucción del Palacio de Liria

La historia del Palacio de Liria se quebró en 1936, al convertirle en uno de los principales objetivos de la Guerra Civil española. Afortunadamente, la colección artística de su interior fue protegida en instituciones como el Museo del Prado, el Banco de España o la Embajada del Reino Unido. Finalizada la contienda, el XVII Duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, emprendió la reconstrucción del emblema de la Casa ducal, que renació de nuevo de entre las cenizas y los escombros. Sin embargo, la labor fue finalizada por su hija, la famosa Duquesa Cayetana, ante la muerte de su padre en 1953.

Visita interior al Palacio de Liria

Una vez narrada la historia del Palacio de Liria y de la propia familia Alba, la música clásica se activa en los audioguías y comienza el recorrido por la planta noble del edificio, dividida en diversas salas que han sido organizadas según el gusto artístico de las obras en ellas expuestas. Sin duda alguna, los amantes del arte, la pintura y la escultura tienen obligación de recorrer todas estas estancias. A través de la exposición de la multitud de obras, se va descubriendo la historia que hay detrás del edificio y de la dinastía al que pertenece. Asimismo, los más curiosos no pueden perder de vista las fotografías personales y familiares que están enmarcadas y repartidas por sus muebles y mesas. No obstante, hay que ser rápidos para observarlas, ya que la visita no se detiene para contemplarlas con detenimiento, puesto que, en el momento que finaliza el audioguía que va activando el guía acompañante, el grupo se ve obligado a continuar al siguiente espacio.

Escalera principal

La escalera principal que nace desde el zaguán en el que se explica la historia del Palacio de Liria es uno de los elementos más destacados del edificio. Sin duda, ejerce de puerta de acceso a otra época, al período del siglo XIX en el que todavía este tipo de lugares marcaban el devenir y el destino de España.

Escalera principal del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

La escalera fue modificada durante las obras llevadas a cabo por el XVII Duque de Alba y, tras recorrerla, se llega hasta un descansillo desde el que se observa una Afrodita del siglo I d. C., la pieza arqueológica más antigua del Palacio de Liria, así como retratos de miembros de la Casa Berwick. Sobresale en el friso una inscripción en latín que mandó poner el citado duque, padre de la famosa Cayetana de Alba, que se traduce por «Para los dioses inmortales, que permitieron que heredase estas cosas, no solamente para mí sino para mis descendientes».

Sala Estuardo

La Sala Estuardo es el primer espacio que se visita de la planta noble del Palacio de Liria. En ella, tal y como su nombre indica, se recuerda el pasado de la Familia Alba, emparentada con la Casa Berwick, descendientes directos de los reyes escoses, destacando el retrato de la reina María Estuardo. Gracias a este parentesco, si Escocia se independizase de Inglaterra y se formase como un reino independiente, los Alba serían algunos de los candidatos a ocupar el trono vacante. Como curiosidad, este salón fue utilizado por la reina Victoria Eugenia de Battenberg como sala de recepción cuando regresó a España para el bautizo del rey Felipe VI.

Salón Estuardo del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

Salón Flamenco

Es con el Salón Flamenco con el que los visitantes comienzan a mostrarse boquiabiertos, ya que los personajes que contemplan en los retratos que visten las paredes les son mucho más familiares que los de la familia Estuardo. En esta sala, sobresale el retrato de Carlos V y la Emperatriz Isabel que Rubens pintó sobre un original del maestro Tziano que se perdió en el incendio del Real Alcázar en 1734. Del mismo modo, también hay espacio para la pintura más costumbrista, no pudiendo perder de vista “El camino al mercado”, del mismo Tziano.

Salón Flamenco. Fuente: Fundación Casa de Alba

Sala del Gran Duque

Uno de los personajes más importantes de la saga Alba fue Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el III Duque y mano derecha de Carlos V y Felipe II. Por su labor militar en numerosas batallas y conflictos militares, destacando la de Mühlberg en 1547 o poniendo a disposición de Felipe II el reino de Portugal en la crisis sucesoria, ha pasado a la historia conocido como el Gran Duque, destacando dos de sus retratos que aquí se exhiben y que, en muchas ocasiones, han ilustrado libros y manuales de historia de España.

Salón Español

Una Infanta Margarita de Velázquez, un Cristo crucificado de El Greco, la Condesa de Miranda atribuida a Pantoja de la Cruz o un Santo Domingo de Guzmán de Zurbarán se pueden encontrar en el Salón Español, la estancia dedicada a la pintura nacional. Sin duda, los amantes de la escuela española no querrán salir de este salón que podría parecerse a una sala más del Museo Nacional del Prado.

Obras del Salón Español del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

Sala Zuloaga

En la Sala Zuloaga, cuyo nombre hace referencia por el pintor que firma los retratos familiares que cuelgan de sus paredes, fue el despacho del XVII Duque de Alba y todavía conserva un espectacular escritorio de madera que perteneció al mismísimo Napoleón III, lo que sorprende gratamente a los visitantes. En ella se expone un retrato de la mediática Cayetana de Alba cuando era tan solo una niña, montana en su caballo o pony, y en el suelo de la escena se muestran los juguetes que utilizaba. Entre ellos, muchos reconocen al famoso ratón animado de orejas negras redondeadas, el más famoso de la historia y que tiene por nombre Mickey.

Salón Italiano

Con el Salón Italiano, se narra una de las aficiones más importantes de la nobleza europea del siglo XIX: el Grand Tour. Se trataba de un viaje que emprendían los jóvenes de las grandes familias de la aristocracia para conocer los pilares artísticos del Viejo Continente, considerándose el antecedente del actual turismo. Los Alba no se quedaron al margen y Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV Duque de Alba y el primero tras la fusión con la casa Berwick-Liria, realizó esta travesía formativa, adquiriendo en Italia las piezas que se pueden contemplar en esta estancia, con nombres como Tziano, Perugino o la famosa tela “Marte y Venus”, de Lavinia Fontana.

Sala de Goya

El gran reclamo de la mayoría de turistas que compran la entrada del Palacio de Liria se encuentra expuesto en uno de los muros de la Sala de Goya. Se trata del famoso retrato ejecutado precisamente por este magnífico artista español en el que representó a la legendaria  XIII Duquesa de Alba, Cayetana de Silva Álvarez de Toledo.

Salón de Goya del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

Sin embargo, los visitantes tampoco pueden perder de vista en el Salón de Goya otras obras que aquí se exponen, destacando especialmente un cuadro que representa a la reina María Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, fundadora del Museo Nacional del Prado y una de las reinas más olvidadas de nuestra historia.

Salones de Baile, de la Emperatriz y del Sueño de los Dioses

En el ala este, sobresalen las estancias dedicadas a uno de los personajes más importantes relacionadas con la Casa de Alba. Se trata de la Emperatriz Eugenia de Montija, cuya hermana mayor, Paca, se casó con el XV Duque de Alba. Cuando la soberana y consorte de Napoleón III tuvo que abandonar Francia tras el derrocamiento de la monarquía, huyó a Londres, pero una vez se quedó viuda y perdió también a su hijo, acudió al refugio de sus familiares, los Alba.

Retrato de la Emperatriz Eugenia de Montijo en el Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

Eugenia de Montijo vivió en el Palacio de Liria sus últimos años de vida, siendo aquí donde precisamente falleció en 1920. Para agradecer a sus familiares el trato recibido, les legó en testamento parte de sus bienes, como una colección de porcelanas, exhibiéndose algunas de ellas en el Salón del Sueño de los Dioses. Retratos de la Emperatriz y de su hermana Paca cuelgan de los muros del Salón de Baile.

Comedor

De todas las estancias que se visitan en esta planta noble del Palacio de Liria, el comedor es la única que se mantiene en uso por parte de sus propietarios, lo que explica que no se puedan realizar pases turísticos a la hora del almuerzo. Cabe destacar la decoración de la estancia, con maravillosos tapices que representan los diferentes continentes.

Biblioteca y archivo

Una vez recorrida toda la planta noble, los visitantes se dirigen a la biblioteca y archivo de la Casa de Alba, situado en la planta baja, la del zaguán. Aunque la visita comienza a terminarse, todavía faltan por descubrir las grandes joyas documentales del patrimonio que atesora el Palacio de Liria. Rodeados de multitud de libros organizados en muebles y estanterías, tres grandes vitrinas exponen algunos de los principales tesoros de este espacio. No hay que perderse en el friso de la sala todos los escudos de los títulos nobiliarios históricamente ligados a la Casa de Alba.

Biblioteca del Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

En la primera de las vitrinas, se encuentra la famosa Biblia de la Casa de Alba, una traducción castellana de principios del siglo XV bellísima iluminada y que llegó a estar en manos de la Inquisición. En este mismo expositor, también se pueden observar las capitulaciones matrimoniales del príncipe Juan de Aragón y Castilla con Margarita de Austria, y de Juana I de Castilla con el archiduque Felipe, así como la primera edición de la primera parte de El Quijote.

La Vitrina Colón es famosa por contener cartas personales del almirante, el último testamento firmado por el rey Fernando II de Aragón, El Católico, así como material cartográfico contemporáneo al Descubrimiento de América. Por último en la Vitrina Estuardo se recogen documentos vitales de la familia, como el documento por el cual Felipe V otorgó al Duque de Berwick el título de Duque de Liria.

Cómo visitar el Palacio de Liria

Para poder contemplar todos estos tesoros en primera persona, y vivir una experiencia única e inolvidable en un espacio sin igual en Madrid, hay que adquirir una entrada en la web oficial del Palacio de Liria. En ella, aparecen recogidos los horarios de apertura, así como el calendario con la disponibilidad. Es recomendable coger con antelación los ticket, como consecuencia de que la visita se realiza en grupos de 20. Se trata de una visita guiada que se realiza mediante audioguía en la que no están permitidas las fotografías, de ahí que en este artículo hayamos rescatado las que la Fundación Casa de Alba tiene publicadas en sus diferentes webs.

Fachada del Palacio de Liria

La visita al Palacio de Liria es imprescindible y obligatoria para los amantes de la historia y del arte, sobre todo para estos últimos. Descubrir todos los secretos que custodian todas sus salas en los 70 minutos que dura el recorrido te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís. Gracias a la labor de musealización que la Fundación Casa de Alba ha llevado a cabo en la planta noble de su principal residencia, los turistas podemos disfrutar durante un espacio de tiempo de todo el patrimonio que con esmero han ido atesorando y conservando a lo largo de los siglos.

J.

El Real Monasterio de la Encarnación, una visita imprescindible en el Madrid de los Austrias

Los Austrias o Habsburgo rigieron el destino de España durante 145 años, desde el 12 de abril de 1555 en el que falleció Juana I, última reina de los Trastámara, hasta el 1 de noviembre de 1700, cuando la muerte sin descendencia de Carlos II puso en el trono a Felipe de Anjou, el V de su nombre y el primero de la Casa Borbón que continúa reinando en el país. Durante ese siglo y medio, diferentes monarcas ostentaron la Corona de Las Españas. Mayores o menores, todos ellos dejaron una huella en el patrimonio cultural español que todavía hoy se puede apreciar en muchos puntos de la geografía.

En Madrid, una de las zonas turísticas más concurridas por los turistas que visitan la capital de España es la de los Austrias. Gracias a ellos, la villa se convirtió en Corte y centro de todos sus dominios, dejando una herencia patrimonial que se puede apreciar en muchos monumentos de la ciudad. Uno de ellos es precisamente el protagonista de este artículo, el Real Monasterio de la Encarnación. Fue fundado por la reina Margarita de Austria, consorte de Felipe III, quien lo inauguró el 2 de julio de 1616, cuando comenzó una historia que todavía hoy se sigue escribiendo. ¿Vienes a descubrir los secretos de este madrileño cenobio?

Historia del Monasterio de la Encarnación de Madrid

Uno de los hechos más trascendentales del siglo XVII fue el motivo por el cual se llevó a cabo la fundación del Real Monasterio de la Encarnación. La expulsión de los moriscos se produjo al comienzo del reinado de Felipe III, siendo también una de las medidas más controvertidas de todo su gobierno. En un momento en el que la monarquía hispánica se definía por su catolicismo más extremo, este acontecimiento fue celebrado precisamente con la constitución de un nuevo cenobio en la Corte, en Madrid. En 1611, se emprendía la construcción de este complejo religioso en la muy noble y muy leal villa que tenía por advocación la Encarnación de la Virgen María.

Retrato ecuestre de Felipe III. Fuente: Museo Nacional del Prado

Margarita de Austria, reina fundadora

Margarita de Austria fue la reina y consorte de Felipe III, con quien llegó a tener ocho hijos, aunque no todos llegaron a la edad adulta. Los historiadores coinciden en que era una mujer profundamente religiosa, defensora del dogma del Catolicismo y abanderada del espíritu de la Contrarreforma. Además, también tuvo un papel muy activo en la vida política de la época, llegando a enfrentarse al propio valido del rey, el famoso Duque de Lerma. Precisamente, debido a él se trasladó la capitalidad del reino de Las Españas de Madrid a Valladolid entre 1601 y 1606.

Retrato de Margarita de Austria. Fuente: Museo Nacional del Prado

Fue precisamente en Valladolid donde la reina Margarita de Austria, desposada con su primo segundo y monarca español en 1599, entró en contacto con la comunidad de agustinas descalzas, quedando impresionada con su instituto. Tras prometer que si sucedía la feliz noticia de la expulsión de los moriscos de Las Españas levantaría un convento dedicado al Misterio de la Encarnación, mandó venir a Madrid desde Valladolid el 20 de enero de 1611 a cuatro monjas de esta orden para que dieran paso a la fundación del nuevo monasterio, siendo la Madre Mariana de San José la primera priora.

La construcción del monasterio

El 10 de junio de 1611, se colocó la primera piedra del Real Monasterio de la Encarnación. Madrid se vistió de gala, ya que la Familia Real al completo acudió al acto, que contó con la presencia del Cardenal Bernardo de Sandoval. La propia reina Margarita había escogido al arquitecto que debía encargarse del proyecto, decantándose por fray Alberto de la Madre de Dios. Sobre la ubicación del edificio, se decantó por unos terrenos que la Corona compró a los Marqueses de Pozas, junto al Real Alcázar y el Colegio de Doña María de Aragón, fundado en 1590 y actualmente parte del Palacio del Senado.

Fachada de la iglesia del Monasterio de la Encarnación de Madrid. Fuente: Alfa y Omega

Mientras se construía el monasterio, las monjas que lo iban a regentar y llegadas desde Valladolid residieron en el Real Monasterio de Santa Isabel, que había sido fundado en 1595 por Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II. Las obras finalizaron en 1616, pero su fundadora no pudo ver terminado su gran proyecto arquitectónico, ya que falleció en el palacio del Monasterio de El Escorial el 3 de octubre de 1611 tras complicaciones en el parto de su último hijo.

El 28 de junio de 1616 se consagró el altar mayor y unos días más tarde, concretamente el 2 de julio, coincidiendo con la festividad de la advocación del monasterio, la Encarnación, las monjas tomaron posesión del cenobio y se celebró la gran fiesta de inauguración. Siempre fue un monasterio muy vinculado a la Familia Real, destacando que su cercanía con el Alcázar y posteriormente el Palacio Real permitieron acoger también funerales solemnes de la Familia Real entre los siglos XVII y XVIII.

El pasadizo de la Encarnación

Una de las grandes curiosidades de la construcción del Real Monasterio de la Encarnación de Madrid fue la unión del complejo monacal directamente con el antiguo Real Alcázar, que se situaba en el mismo lugar que actualmente ocupa el Palacio Real. A través de un pasadizo, los reyes podían acudir directamente hasta el cercano cenobio. Sin embargo, no era un simple lugar de paso, ya que en tiempos de Felipe IV sus paredes llegaron a estar vestidas con obras de Velázquez.

Monasterio de la Encarnación de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

El incendio que destruyó el Real Alcázar en la Nochebuena de 1734 también afectó al pasadizo de la Encarnación, provocando que ya no estuviera conectado con el futuro Palacio Real. Felipe V utilizó este espacio para ubicar en él la Real Biblioteca que había fundado o incluso acogió reuniones durante más de treinta años de la Real Academia de la Historia. No obstante, la remodelación de la actual Plaza de Oriente, llevada a cabo en el brevísimo reinado de José Bonaparte, puso fin a la historia de este curioso secreto del Real Monasterio de la Encarnación de Madrid. Precisamente, en una verja de la entrada el rey francés se encontró con un gato muerto y la siguiente inscripción: Rey tuerto, como no líes el hato, muy pronto te verás como este gato. Con ello, se demostraba el inmenso cariño que los madrileños sentía por su impuesto monarca.

Declive del monasterio

El gran sueño de la reina Margarita de Austria permaneció prácticamente intacto hasta finales del siglo XIX. Los procesos de desamortización eclesiástica también afectaron a esta impresionante fundación real, teniendo que abandonar las monjas su clausura en 1842. Parte del complejo fue demolido, conservando solo la iglesia, el claustro y parte de las habitaciones. Sin embargo, cinco años más tarde sus primitivas moradoras regresaron a su monasterio, llevando a cabo una reconstrucción de lo perdido, aunque sin recuperar el esplendor del siglo XVII. En la década de 1960, fue abierto al público, perteneciendo actualmente a la red de palacios, jardines y monasterios de Patrimonio Nacional.

Visita el Monasterio de la Encarnación

Una vez descubierta la historia que hay detrás de este importante monasterio, es momento de descubrir todo lo que espera a los visitantes cuando se decanten por organizar una visita a su interior. Lo primero con lo que se encuentran es la fachada de la iglesia, una auténtica joya de la arquitectura barroca madrileña cuyo austero diseño, únicamente roto por los dos escudos reales de la reina fundadora y la Anunciación que preside la escena, sirvió de inspiración a otras iglesias construidas en la Castilla de aquel momento.

Interior del Real Monasterio de la Encarnación. Fuente: Patrimonio Nacional

Patrimonio Nacional lleva a cabo una visita por las estancias más importantes del Monasterio de la Encarnación. Destacan especialmente las diversas obras de arte que el visitante se va encontrando a su paso, tanto de pintura como de escultura. En este último caso, sobresalen las dos magníficas piezas de Gregorio Fernández, un Yacente y un Cristo Atado a la Columna. Del mismo modo, durante las diversas salas se pueden contemplar retratos de varios miembros de la Casa de Austria, protagonistas y eternos protectores de este complejo.

Relicario del Real Monasterio de la Encarnación. Fuente: Patrimonio Nacional

El espacio más interesante de todos es el Relicario. Muchos turistas se acercan única y exclusivamente a contemplar este rincón del Monasterio de la Encarnación. Conserva más de 700 piezas religiosas de santos o mártires. Cabe destacar la ampolla de la sangre de San Pataleón, que milagrosamente se licua cada 27 de julio, volviendo posteriormente a su estado sólido que conserva el resto del año.

Conjunto Histórico del Palacio Real de Madrid

El Palacio Real no se entendería sin las Descalzas Reales o el Monasterio de la Encarnación. Descubre en este free tour los secretos de este paisaje histórico de la capital

Sin duda, descubrir la historia del Real Monasterio de la Encarnación es realizar un paseo también por el pasado del conjunto del país, al ser un monasterio que marcó el paso de los años durante el reinado de los Austrias Menores. La visita a este complejo, que comienza en la portería reglar que hace las veces de puerta del tiempo, te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís. Si quieres conocer más secretos y curiosidades de este monasterio, así como del resto de sitios reales cercanos a él, no lo dudes y reserva tu plaza en el free tour Conjunto Histórico del Palacio Real.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BIBLIOTECA NACIONAL (2020). De pasadizo a palacio: El pasadizo de la Encarnación [archivo PDF]. Recuperado de: http://www.bne.es/export/sites/BNWEB1/es/Micrositios/Exposiciones/PasadizoPalacio/resources/docs/PasadizoEncarnacion.pdf

BUSTAMANTE GARCÍA, A. (1975). Los artífices del Real Convento de la Encarnación, de Madrid. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA (40-41), pp. 369-388. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2701322.pdf

La Isabela, un Real Sitio sumergido bajo las aguas en la provincia de Guadalajara

Cuando hablamos de la desaparición del patrimonio cultural que hemos heredado del pasado, no solo hay que tener en cuenta los procesos de desamortización del siglo XIX. Hay otra gran cantidad de factores que han provocado que hayamos ido perdiendo paulatinamente bienes patrimoniales para, o bien ser reemplazados por otros, o construir sobre ellos nuevas edificaciones con usos totalmente diferentes. El Patrimonio Inmueble de la Corona no supone una excepción en lo que a desaparición de patrimonio se refiere.

El Real Sitio de La Isabela, situado en los confines de la provincia de Guadalajara, es uno de los ejemplos más destacados, al tiempo que desconocidos, de la pérdida de patrimonio real. A pesar de contar con antecedentes previos, realmente fue promovido por Fernando VII y su segunda esposa, pero alcanzó su máximo apogeo en el reinado de su hija, Isabel II. La Monarquía del siglo XIX se sirvió de este espacio como lugar de retiro y recreo, al igual que hacían con otros Reales Sitios, véase La Granja de San Ildefonso. Hoy en día, sus cimientos sobreviven sumergidos bajo las aguas del pantano de Buendía.

Historia del Real Sitio de La Isabela

A la hora de revisar la historia del antiguo Real Sitio de La Isabela, hay que remontarse siglos atrás. Concretamente, al período en que España era Hispania y la geografía ibérica formaba parte del Imperio Romano. En Cañaveruelas, Cuenca, se conservan las ruinas de la ciudad romana de Ercávica, que estuvo activa hasta el siglo IX. Todo apunta a que en el margen del río Guadiela, afluente del Tajo, levantaron unas termas con las que aprovechar los beneficios medicinales de estas aguas. Los árabes también hicieron uso de estas pozas, a las que nombraron como “Salam-bir”.

Ruinas de la ciudad romana de Ercávica. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha

Los manantiales de aguas termales de esta zona de la cuenca del Tajo no solo fueron explotados por romanos y árabes. A comienzos del siglo XVI, la leyenda atribuye una visita del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, que sirvió a los intereses de los Reyes Católicos, quien en 1512 curó su reuma artrítico en la entonces conocida como Fuente María. Gracias a este militar, se dieron a conocer los que con el tiempo llegaron a ser conocidos como Baños de Sacedón, por el municipio en el que se encontraban, el cual se independizó de Huete en 1553.

De Baños de Sacedón a Real Sitio

En 1666, la reina regente Mariana de Austria, madre de Carlos II, el último monarca de los Habsburgo que sostuvo la corona española, probó las aguas de este rincón de Guadalajara. Tal fue el efecto positivo que tuvieron en ella, algo que ya había dictaminado también el Arzobispo de Toledo en 1600, que ordenó construir una hospedería y palacio para alojar a la Familia Real, siendo finalizadas las obras en 1676. La reina había acudido hasta este retiro termal por recomendación del médico de la Casa Real, Fernando Infante, quien publicó, junto con Juan Torre y Valcárcel, un informe sobre estas aguas, “Teatro de la salud y Baños de Sacedón”.

La reina y regente Mariana de Austria, por Diego Velázquez. Fuente: Museo Nacional del Prado

El paso del tiempo y las guerras provocaron que el palacio y la hospedería construidos en tiempos de Mariana de Austria estuvieran arruinados en el siglo XVIII. Sin embargo, fue reedificado por el infante Antonio de Borbón, hermano de Carlos IV, en 1791, que levantó a sus expensas un nuevo palacete. El 9 de septiembre de 1802, el Consejo de Castilla aprobó las ordenanzas para el gobierno de los baños y aguas termales del Real Sitio de Sacedón, a fin de mejorar el enclave.

La creación de La Isabela

Fernando VII nombró a su tío, el infante Antonio de Borbón, “Protector de los Baños de Sacedón”. Él fue realmente el precursor de este Real Sitio. El rey y su segunda esposa, María Isabel de Braganza, lo visitaron en 1816 y un año después falleció el infante. Fue entonces cuando, por interés e insistencia de la reina, Fernando VII llevó a cabo una serie de reformas que convirtieron este paraje en un verdadero Real Sitio, dirigidas por el arquitecto Antonio López Agudo. Se planificó también la construcción de una pequeña ciudad planificada alrededor del palacio, balneario y jardines, como en su momento se hizo en tiempos de los primeros Borbones en otros Reales Sitios.

Real Sitio de La Isabela, por Fernando Brambila. Fuente: Colecciones Reales

Las obras finalizaron en 1826, y el 25 de enero de ese mismo año el rey Fernando VII confirmó la condición de Real Sitio a este nuevo paraje bajo el nombre de La Isabela, en honor a su precursora, la reina María Isabel de Braganza. El monarca y sus dos sucesivas esposas lo visitaron en varias ocasiones. De hecho, la reina María Cristina, a la muerte del monarca, siguió frecuentando el palacio y balneario junto a su hija, Isabel II. No obstante, el desinterés por el Real Sitio de la Isabela y la preferencia por las escapadas al mar provocaron que fuera enajenado del Patrimonio Real en 1865, saliendo a subasta público cuatro años después.

Un Real Sitio para turistas

En el momento en el que dejó de ser un bien privativo de la Corona, el antiguo Real Sitio de La Isabela se convirtió en un foco de turistas, burgueses adinerados de finales del siglo XIX que se vieron interesados por sus aguas, siguiendo así la tendencia de los primeros pasos del turismo que estaban dándose en el resto de Europa. En 1878, se contabilizaron casi un millar de bañistas que acudieron interesados por las propiedades curativas de estas aguas. Se trata de uno de los primeros establecimientos balneario de esta magnitud en España.

Fachada del Balneario de La Isabela. Fuente: La Vanguardia

La desaparición de La Isabela

El último propietario de La Isabela fue el Marqués Benigno de la Vega-Inclán, primer Comisario de Turismo de la historia de España y cuya labor fue fundamental para que España comenzara a situarse en el mapa turístico de comienzos del siglo XX. Adquirió los baños en 1930, con la intención de recuperar el que consideraba “uno de los dominios hidrológicos medicinales más interesantes y quizás de mayor porvenir en España”. Sin embargo, el gobierno de la Segunda República ya puso sus miras en ellos en 1931, pero con un fin bien distinto: utilizar el espacio para construir un pantano.

Embalse de Buendía. Fuente: Castilla-La Mancha Film Commission

Los planes del gobierno republicano y los del Marqués de la Vega-Inclán se vieron truncados por el estallido de la Guerra Civil. Durante este período, el antiguo Real Sitio de La Isabela fue utilizado como cuartel y hospital para enfermos mentales. Cada vez estaba quedaba más lejos el sueño del marqués, a pesar de que el propio doctor Gregorio Marañón alabase las posibilidades de explotar para el turismo de salud este balneario.

Estatua de La Mariblanca, procedente de La Isabela. Fuente: Wikimedia

En 1940, falleció el Marqués de la Vega-Inclán y sus propiedades pasaron a ser propiedad del Estado, que finalmente aprobó la creación del embalse. En 1957, La Isabela quedó sumergida bajo las aguas del Embalse de Buendía, poniendo un punto y final a su historia. La escultura de La Mariblanca, situada en la Plaza de Abajo de Sacedón, es uno de los vestigios que se salvaron y recuerdan a este Real Sitio.

Patrimonio reaparecido en sequía

Si el agua fue la fuente de vida del antiguo Real Sitio de La Isabela, también lo fue de su desaparición tras la construcción del embalse que lo condenó a la destrucción. Como si de la romántica Atlántida se tratase, este palacio, balneario y ciudad palatina quedó sumergido para siempre. Sin embargo, los meses estivales de sequía, es posible volver a contemplar las ruinas y cimientos de lo que un día fue. Es en estos momentos en los que este Real Sitio se convierte en patrimonio reaparecido, al igual que hemos hecho hoy recordándolo en este artículo.

Ruinas del Real Sitio de La Isabela durante un período de sequía. Fuente: ENCLM

De no haberse enajenado y separado del patrimonio de la Corona, el Real Sitio de La Isabela sería hoy en día otro de los puntos turísticos más interesantes de España, junto con Aranjuez, La Granja de San Ildefonso, El Escorial y El Pardo. Situado a algo más de 100 kilómetros de la capital, Madrid, la Corte que un día fue, La Isabela también nos habría hecho sentir unos auténticos #turistaenmipaís con una visita a su palacio, balneario y jardines.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AGUADO PINTOR, A. (2002). La Isabela, un nuevo Real Sitio para los monarcas del siglo XIX. Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII (15), pp. 229-254. Recuperado de: http://revistas.uned.es/index.php/ETFVII/article/view/2400/2273

GARCÍA DE PAZ, J. L. (2003).Patrimonio desaparecido de Guadalajara: una guía para conocerlo y evocarlo. Guadalajara: AACHE

10 puertas del tiempo para viajar al pasado: ruinas de arcos, portadas y espadañas de iglesias que recuerdan lo que un día fue

El Ministerio del Tiempo es una serie que no solo ha revolucionado la televisión de los últimos años, sino también la forma de ver la historia y el patrimonio. La patrulla del tiempo ha conseguido que el espectador se emocione con los pasajes más destacados del pasado de España, volviendo a reencontrarse con personajes como Isabel La Católica o Fernando VII, pero también con aquellos cuya huella es desconocida pero fundamental, como Emilio Herrera, ingeniero español que diseñó la primera escafandra, un elemento que fue clave para la llegada del hombre a la Luna. Las puertas del tiempo son protagonistas de esta ficción televisiva y la llave con la que el equipo consigue que recorramos todos estos pasajes de la historia.

Aunque esas puertas del tiempo no dejan de ser una licencia poética con la que los guionistas consiguen que los telespectadores viajemos al pasado, cuando se recorre España es posible encontrar otras muchas que también consiguen trasladarnos a tiempos pretéritos, imaginando lo que un día fue. Hablamos de los arcos, portadas o espadañas de muchas iglesias, la gran mayoría románicas, y otras de estilos posteriores, los únicos vestigios vivos de estos tesoros del patrimonio cultural español que quedan en pie y que están dispersos por campos, ciudades o jardines. ¿Te vienes a cruzarlos y recordar lo que un día fue?

Arco de San Miguel de Mazarreros (Sasamón, Burgos)

Arco de San Miguel de Mazarreros. Fuente: Toni Conde

El arco de San Miguel de Mazarreros es el único vestigio que pervive de la antigua iglesia a la que servía de puerta de acceso. Se encuentra enclavado al norte de la localidad de Sasamón (Burgos) y es un maravilloso ejemplo de estilo románico tardío, mostrándose ya la incipiente seña ojival del gótico. Forma parte de la Lista Roja del Patrimonio, dado el deterioro que presenta, conservando tímidamente parte de la iconografía de la portada.

Portada de Cerezo de Río Tirón (Burgos)

La iglesia de Nuestra Señora de la Llana de Cerezo de Río Tirón es un triste ejemplo de las consecuencias que lleva aparejado el olvido de nuestro patrimonio cultural. Tras su cierre en el siglo XVIII y la despoblación del lugar, fue completamente abandonada. Esto motivó que, ante la falta de interés, anticuarios estadounidenses se interesasen por ella. Por fortuna, la portada se salvó del traslado al otro lado del Atlántico, lo cual no ocurrió con un relieve de la Epifanía, expuesto en el Museo de los Claustros, en Nueva York.

Portada de Cerezo de Río Tirón en su anterior ubicación. Fuente: Hispania Nostra

El arco de entrada se situó en un parque público de Burgos, junto al río Arlanzón. La humedad de la ciudad y el uso que se hizo del monumento, utilizado por niños como portería, provocaron un deterioro en esta joya del arte románico. Ante ello, entró a formar parte de la Lista Roja del Patrimonio, aunque su traslado al Monasterio de San Juan, situado también en Burgos, ha permitido que mejore su conservación y engrose la Lista Verde. La portada de Cerezo de Río Tirón es otra puerta del tiempo que fascina a quien la contempla.

Arco de San Isidoro (Oviedo)

La iglesia de San Isidoro de Oviedo fue la tercera que se construyó en la ciudad. Los primeros documentos sobre ella datan del siglo XIII, siendo un templo de estilo románico que estuvo en funcionamiento hasta mediados del siglo XVIII, cuando su estado de ruina conllevaba que no fuera apta para el culto. La feligresía fue trasladada a su actual ubicación de estilo barroco, mientras que la primitiva románica fue reconvertida en tahona.

Arco de San Isidoro de Oviedo. Fuente: Ray Porres

En 1922, el templo originario de San Isidoro fue derruido para la construcción de casas, salvo el arco de entrada a la iglesia, que fue trasladado a principios de 1926 al Campo San Francisco, el pulmón verde de Oviedo. Esta puerta románica es el vestigio de lo que un día fue, y el ejemplo vivo de lo que ante todo debe evitarse: la destrucción de las huellas de nuestro pasado, de nuestro patrimonio cultural.

San Pelayo y San Isidoro (Madrid)

En los extramuros de Ávila, la ciudad amurallada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, se levantaba la Ermita de San Pelayo, una de las veinticinco iglesias de estilo románico que se construyeron en esta urbe castellana. Fue levantada en el siglo XIII, y cambió su advocación por la de San Isidoro, teniendo escasas noticias de ella hasta el período de desamortizaciones del siglo XIX. Se vio afectada por este proceso socioeconómico, siendo demolida y sus partes vendidas a particulares.

Portada de la ermita de San Pelayo y San Isidoro. Fuente: Wikimedia

Emilio Rotondo Nicolau, aficionado a las antigüedades, los adquirió y cedió a la Real Academia de la Historia, que, a su vez, los ofreció al Museo Arqueológico Nacional. Tras un intento de reconstruir la ermita, fueron cedidos en 1896 al Ayuntamiento de Madrid, que los instaló en el Parque de El Retiro, donde todavía permanecen. Su portada es una de las partes mejor conservadas, siendo también una puerta del tiempo en el centro de la capital de España que nos traslada al pasado cuando la contemplamos.

Espadaña de Villavieja del Lozoya (Madrid)

Espadaña del Tercio de la Trinidad. Fuente: Jesús Pérez Pacheco

Escondida en el Valle del Lozoya, uno de los rincones históricos de la Comunidad de Madrid que un día vio proclamar heredera de Castilla a Juana La Beltraneja, despuntan los restos de la Ermita del Tercerio de la Trinidad. Localizada en la localidad de Villavieja de Lozoya, es una de las puertas del tiempo de la sierra norte madrileña, un vestigio en forma de espadaña y arco de entrada de piedra local que nos traslada a esos viejos tiempos mientras respiramos la tranquilidad que nos ofrece el entorno en el que se ubica.

Pórtico de Jánovas (Fiscal, Huesca)

Jánovas es uno de los pueblos cuya historia se paralizó en la década de 1960 para ubicar sobre ellos embalses y pantanos. Sin embargo, en su caso el proyecto jamás llegó a materializarse, por lo que su vida se paralizó, sus habitantes se marcharon a otros puntos de la región y su patrimonio pasó a ser pasto del olvido.

Pórtico de Jánovas, en Fiscal. Fuente: Turismo Fiscal

Ante el temor de quedar inundado, en 1963 la iglesia fue desacralizada y el pórtico románico fue trasladado a la cercana localidad de Fiscal, siendo colocado en su plaza principal, donde todavía hoy permanece. Allí, los turistas que visitan este punto del pirineo aragonés se encuentran con esta verdadera puerta del tiempo, el recuerdo vivo de aquel pueblo que estuvo a punto de ser inundado y que ahora pervive al olvido.

Arco de San Blas (Deza, Soria)

Deza es una de las localidades históricas de la provincia de Soria, destacando, entre sus bienes patrimoniales, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, declarada Bien de Interés Cultural. En el pasado, el municipio llegó a contar hasta con cinco ermitas, de las que solamente han llegado a nuestros días tres de ellas.

Arco de la ermita de San Blas de Deza. Fuente: Twitter @SoriaPatrimonio

Entre las ermitas desaparecidas de Deza, se encuentra la de San Blas, de la que tan solo queda en pie uno de los arcos de su arquitectura. Desde él, es posible contemplar y adentrarse en el pasado de una villa que refleja la evolución de Castilla a lo largo de los siglos, otra puerta del tiempo que sería digna de aparecer en El Ministerio del Tiempo.

Arco de San Blas (Santiago de la Puebla, Salamanca)

Arco de San Blas de Santiago de la Puebla. Fuente: santiagodelapuebla.es

Otra puerta del tiempo que todavía recuerda lo que un día fue y nos invita a viajar con nuestra imaginación por el pasado y la historia es el arco de la desaparecida Ermita de San Blas, en Santiago de la Puebla (Salamanca). Se trataba de una de las cinco ermitas con las que contaba esta localidad, conservando de ella únicamente este solitario testigo mudéjar de un edificio que se estima era del siglo XIV. Dos vecinos de la localidad consolidaron su estructura para evitar su desaparición, por lo que todavía hoy pervive al paso del tiempo y el olvido.

Espadaña de la ermita de San Lázaro (Benavente, Zamora)

Espadaña de la Ermita de San Lázaro, en Benavente. Fuente: Ruta de la plata

La Ermita de San Lázaro, también conocida como Ermita del Calvario, fue uno de los templos de culto de Benavente, en Zamora. Hay documentación sobre ella en el siglo XV, destacando la celebración de la romería de La Magdalena en sus inmediaciones. Hoy en día, solamente la espadaña y puerta de acceso a la iglesia se conservan, aunque en un entorno muy poco adecuado que desvirtúa la grandeza del monumento, ya que se ubica junto al Centro de Transportes de la localidad.

Arco de San Polo (Aldea del Fresno, Madrid)

La Ermita de San Polo es un ejemplo único de estilo mudéjar e influencia gótica en la Comunidad de Madrid. Construida entre los siglos XII-XIII, fue abandonada en el siglo XIX, cuando pasó a manos privadas, y solamente queda en pie parte de sus muros, así como la portada de acceso, formada por un magnífico arco ojival realizado en ladrillo. Esta puerta del tiempo sobrevive al olvido, esperando medidas de conservación que permitan que abandone la Lista Roja del Patrimonio.

Portada de las ruinas de la Ermita de San Polo, en Aldea del Fresno. Fuente: Santiago López-Pastor

Estos diez tesoros del patrimonio cultural e histórico español que hemos descubierto sirven como puertas del tiempo a otros períodos de la historia, imaginando mientras se contemplan sus ruinas y vestigios lo que un día fue. Sin duda, estas travesías por el pasado, apoyadas en los bienes patrimoniales que lo recuerdan, te harán sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

HERRERO MONTERO, A. M. (2016). El arco de San Isidoro de Oviedo. La destrucción del patrimonio monumental ovetense en el primer tercio del siglo XX. Parte I. Revista Anual de Historia del Arte (22), pp. 9-22. Recuperado de: https://www.oviedo.es/documents/25041/78948/El+arco+de+San+Isidoro+I+Herrero+Montero.pdf/750921bb-fa0b-4658-8510-e4cae28f757e

HISPANIA NOSTRA (2020). Lista Roja del Patrimonio. Recuperado de: https://listarojapatrimonio.org/

MARTÍN SÁNCHEZ, G. (2013).La reconstrucción virtual de monumentos. El ejemplo de la iglesia románica de San Pelayo en Ávila. Institución Gran Duque de Alba (II), pp. 97-106. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7235386

Una ruta por reales monasterios: fundaciones monásticas para recordar los reyes medievales de la historia de España

La Corona y la Iglesia, hasta prácticamente el siglo XIX, han caminado dadas de la mano. Además de construir castillos o palacios, los reyes y reinas que han regido el destino de los reinos españoles también han querido dejar huella de su legado emprendiendo la fundación de monasterios y conventos. Hoy en día, muchos de ellos continúan estando relacionados con en el patrimonio real, dentro de la red de Patrimonio Nacional, que los gestiona, mientras que en otros solamente queda el recuerdo. La visita a estos cenobios permite repasar la cronología de los reyes de la historia de España, destacando las fundaciones monásticas reales que recogemos a continuación, centradas en los monarcas que protagonizan los capítulos medievales. ¿Vienes a descubrirlas en esta ruta turística?

García Ramírez de Pamplona y Tulebras

El testamento de Alfonso I de Aragón y Pamplona, conocido como El Batallador, establecía que legaba sus reinos a las órdenes militares del Temple, Santo Sepulcro y San Juan de Jerusalén. Sin embargo, los nobles no lo aceptaron, por lo que ofrecieron a los caballeros una serie de prebendas, como fortalezas, para que renunciasen a esta herencia. Además, separaron el destino de Aragón y Navarra, situando en el trono aragonés a Ramiro II, hermano de Alfonso I, y en el navarro a García Ramírez, de ascendencia real. Era, nada más y nada menos, que el nieto de El Cid.

García Ramírez pasó a la historia como el Restaurador, ya que su llegada al trono en 1134 permitió la restauración de la independencia del reino navarro, todavía en torno al eje pamplonés. En 1147, tres años antes de morir, fundó el Real Monasterio de Santa María de la Caridad, más conocido como Monasterio de Tulebras, el lugar en que se encuentra ubicado. Fue el primer cenobio femenino de la Orden de Císter en España. De él dependieron otros conventos hasta 1199, cuando perdió esta privilegiada posición en favor de la fundación de La Huelgas Reales de Burgos.

Ramón Berenguer IV y Poblet

Ramón Berenguer IV fue Conde de Barcelona, pero también la llave con la que el condado se unió dinásticamente al reino de Aragón. Cuando contaba más de veinte años, fue prometido con Petronila de Aragón, hija y heredera de Ramiro II y que en aquel momento solamente era un bebé de tan solo un año. Nunca fue intitulado como rey, prefiriendo el de Príncipe de Aragón.

Ramón Berenguer IV falleció en 1162. Aunque fue sepultado en el Monasterio de Ripoll, sus restos se trasladaron al de Poblet, una fundación monástica emprendida por él mismo en 1150. De hecho, el Real Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad, se convirtió en el siglo XIV en el panteón real de la Corona de Aragón, lo cual se mantuvo hasta el siglo XV, con Juan II como último rey aquí enterrado, ya que su sucesor, Fernando El Católico, se encuentra inhumado en la Capilla Real de Granada.

Alfonso VIII de Castilla y Las Huelgas

Alfonso VIII de Castilla ha pasado a la historia como el de las Navas, por ser el precursor de la unión de todas las fuerzas cristianas de los reinos españoles, además de ayuda de órdenes militares y de caballeros de otros puntos de Europa, para derrotar a los árabes en la Batalla de las Navas de Tolosa, que se libró en el mes de julio de 1212 y marcó un punto de inflexión en la denominada Reconquista.

Aunque aquella empresa bélica es el hecho por el que es recordado, no hay que olvidar que Alfonso VIII de Castilla y su esposa, la reina Leonor, fueron los monarcas fundadores del Real Monasterio de Santa María de las Huelgas, en Burgos. El cenobio fue fundado el 1 de junio de 1187 y se convirtió en un verdadero centro de poder religioso, ya que acabó siendo la cabeza de la Orden femenina del Císter en los reinos españoles. Además, su construcción también estuvo motivada por la idea de proyectar un panteón para la casa real castellana.

Jaime I de Aragón y el Convento de Santo Domingo (Zaragoza)

Jaime I de Aragón es uno de los monarcas más legendarios de la historia aragonesa. Su alma bélica motivó las conquistas de Valencia, Mallorca o Menorca, sus hazañas más destacadas. Conocido como el Rey Templarios, ya que se crió en el Castillo de Monzón junto a los caballeros de la Orden del Temple, en su biografía aunque también cabe destacar la fundación del Convento de Santo Domingo, en Zaragoza.

En 1219, Jaime I llevó a cabo la fundación del Convento de Santo Domingo en la capital del Ebro. Se trataba de la primera obra de arte mudéjar en la ciudad, sufriendo numerosas modificaciones a lo largo de su historia, destacando la reedificación que se hizo de la iglesia en el siglo XVII en estilo barroco, convirtiéndola en la más grande de Zaragoza después de El Pilar y la Seo catedralicia. Durante la Guerra de Independencia, fue duramente destruido, lo que provoca que sus únicos vestigios vivos sean el refectorio y parte de la iglesia.

Alfonso X de Castilla y el Monasterio de Caleruega

Uno de los reyes más famosos y reconocidos de la historia castellana es Alfonso X. Alabado por el avance cultural, científico, territorial y jurídico que experimentaron los reinos de Castilla y León durante su gobierno, a él también se debe la fundación del Real Monasterio de Santo Domingo, en Caleruega (Burgos). Se trata de uno de los centros espirituales más importantes de España, ya que fue construido sobre el mismo solar donde nació Santo Domingo de Guzmán, padre y fundador de los Dominicos.

1266 es el año en que se produjo esta fundación monástica. Se trata de unos de los recintos religiosos medievales mejor conservados de la región, en el que historia y arte son sus señas de identidad. El Monasterio de Caleruega responde al estilo románico con incipientes muestras góticas. Con él, Alfonso X quiso aprovecharse del prestigio de Santo Domingo de Guzmán, uno de los personajes europeos más carismáticos de la Edad Media, para sus propios intereses dinásticos. De hecho, en la iglesia fue enterrada su hija, la infanta Leonor, en vez de en Las Huelgas, dotando así de importancia al complejo.

Juan II de Castilla y la Cartuja Miraflores

El padre de Isabel La Católica ha pasado a la historia más conocido por ello que por ser un rey de Castilla de derecho propio. Esto no solo se ha visto reflejado en los libros de historia, sino también en los de arte y arquitectura. La Cartuja de Miraflores fue una fundación monástica emprendida por el propio monarca en 1442, donando a los monjes un palacio construido por su propio padre a comienzos de siglos, donde se instalaron.

En 1454, el palacio-monasterio sufrió un terrible incendio, el mismo año en el que Juan II falleció, aunque antes de morir estableció su reconstrucción. Su sucesor, Enrique IV, apenas mostró interés, aunque todo cambió cuando Isabel La Católica accedió al trono en 1474. Es por ello que la Cartuja de Miraflores quedó ligada al período isabelino, aunque verdaderamente este bello complejo, que goza de formar parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad por ser parte del Camino de Santiago Francés, fue una fundación real de Juan II de Castilla.

Enrique IV de Castilla y El Parral

Siendo todavía príncipe de Asturias, el futuro Enrique IV decidió fundar en 1447 el Real Monasterio de Santa María del Parral, situado en la misma ciudad de Segovia. El monarca, que ha pasado a la historia como el Impotente por sus problemas para engendrar un heredero al trono con sus dos esposas, dejó su huella en el patrimonio religioso español en este cenobio.

La fundación del Monasterio del Parral fue realizada por Enrique IV, pero la hizo a nombre de Juan Pacheco, marqués de Villena, debido a que todavía no era rey y podía estar mal visto. Esto provocó que, aunque Enrique IV pretendía ser enterrado en su monasterio segoviano, en el altar mayor, finalmente este espacio fuera ocupado por los marqueses, estando el monarca sepultado en Guadalupe, en vez de en el cenobio que él mismo levantó y que es una de las joyas patrimoniales de Segovia, de visita imprescindible.

Los Reyes Católicos y San Juan de los Reyes

Los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, cerraron el período medieval de la historia de España, estando situado su reinado entre el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna y el Renacimiento. El título que recibieron del Papa Alejandro VI, para ellos y sus sucesores, avanza la relación que mantuvieron con la religión a lo largo de su reinado. Es por ello que, aunque emprendieron la construcción de monasterios o iglesias a lo largo de su gobierno, el máximo exponente se encuentra en Toledo, con la fundación del Monasterio de San Juan de los Reyes.

El Monasterio de San Juan de los Reyes se construyó para conmemorar la victoria de Isabel La Católica contra su sobrina Juana y sus partidarios en la Guerra de Sucesión de Castilla. Del mismo modo, con él quisieron agradecer el nacimiento del príncipe Juan, así como establecer un panteón real para su familia. Sin embargo, esta idea al final no se llevó a término, ya que los Reyes Católicos se encuentran sepultados en la Capilla Real que construyeron en Granada.

La ruta turística por las fundaciones monásticas que hemos recorrido en este artículo es un ejemplo perfecto de cómo la historia y el patrimonio cultural van unidos en la gran mayoría de los casos, siendo el turismo es la disciplina perfecta para ponerlo en valor. Visitando estos monasterios, se repasan las huellas históricas a ellos asociados y, en definitiva, la historia de toda España, sintiéndote un verdadero #turistaenmipaís.

J.

Juana de Avis, la reina de Castilla a la que la muerte sorprendió en Madrid y que dejó huella en Alaejos, Aranda o Buitrago de Lozoya

La historia de España está repleta de pasajes olvidados, pero fundamentales para entender el devenir del país. La biografía de Juana de Avis es uno de ellos. Fue reina consorte de Castilla por su matrimonio con Enrique IV, con el que tuvo una hija, o eso es lo que dice una parte de la historiografía. Hay quienes sostienen que aquella niña, que llevaba el nombre de su madre y que nació destinada a ser reina propietaria de Castilla, pero que acabó siendo la Excelente Señora o, simplemente, la Beltraneja, era fruto de una relación extramatrimonial con don Beltrán de la Cueva, que hacía las veces de valido de su esposo en muchas ocasiones.

Juana de Avis, también conocida como Juana de Portugal y Aragón, fue un peón más del tablero de ajedrez de aquella Castilla medieval de intrigas que estaba a punto de dar el salto a la Edad Moderna, para renacer con más fuerzas. En concreto, fue la reina de aquella partida hasta que su cuñada, la hermana de Enrique IV, se hizo con esa corona a la que su hija estaba destinada. Isabel La Católica fue reina de Castilla tras su victoria en la guerra de sucesión castellana, aunque ese resultado no pudo llegar a verlo la madre de su rival, y, sin ese triunfo, la historia de España puede que tampoco sería la que es hoy.

Retrato imaginario de Enrique IV de Castilla, de Rodríguez de Losada, siglo XIX. Fuente: Ayuntamiento de León

Juana de Avis murió en 1475, solo seis meses después que su esposo, el rey Enrique IV. Falleció una reina consorte de Castilla en una ciudad que por aquel entonces solo era una villa más del reino, y que hoy es la capital de todo un país: Madrid. Era el 8 de junio de 1475, en el Convento de San Francisco, un cenobio que, con el tiempo, también llegó a ser Grande. Sin embargo, durante ese proceso perdió el recuerdo de esta reina cuyas huellas hoy vamos a tratar de recuperar y de seguir, trasladándonos hasta rincones como Alaejos, Aranda de Duero, Buitrago de Lozoya o Trijueque (Guadalajara), además de Madrid, la villa que marcó su vida. ¿Seguimos descubriendo su historia?

De infanta de Portugal a reina de Castilla

El 20 de marzo de 1439, en Almada, una localidad próxima a Lisboa, nació la hija póstuma de Eduardo I de Portugal y Leonor de Aragón, la infanta Juana. Se crió en el exilio junto a su madre, debido a las intrigas de la corte lusa, y vivió primero en el Monasterio de Santa María en Medina del Campo y posteriormente en Toledo, donde falleció Leonor de Aragón. Desde allí, regresó a los brazos de su reino en 1445, cuando contaba seis años.

Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba

Sin embargo, Juana de Avis volvería a Castilla de nuevo, en concreto en 1455, pero convertida en reina consorte de Enrique IV, la segunda esposa que tenía el rey, y, con ella, su segundo intento de tener descendencia. La boda se celebró en Córdoba, en mayo de ese mismo año, y desde allí partieron a conocer el reino, pasando por puntos como Madrid y Segovia, donde el monarca solía disfrutar de la caza.

Madre por inseminación artificial

Después de siete años de matrimonio, Enrique IV continuaba sin tener el heredero que tanto necesitaba para continuar su linaje. Por ello, recurrió a la sabiduría de la medicina judía para que la reina pudiera quedarse embarazada, realizando con una cánula de oro la primera inseminación artificial de la historia. El experimento funcionó y la reina Juana de Avis tuvo que esperar nueve meses para ver nacer a su hija, Juana.

Juana de Castilla, conocida como “La Beltraneja”. Fuente: British Library

Para recompensar a su esposa, el rey la nombró Señora de Aranda de Duero, al ser la localidad en que recibieron la feliz noticia que tanto ansiaban escuchar. Esta localidad forma parte de las huellas de Juana de Avis, a la que todavía le quedaba mucha historia por vivir

Juana de Castilla, hija de Juana ¿y de Enrique IV?

El buen ambiente del que gozaba la villa de Madrid en el siglo XV, por la que Enrique IV sentía especial predilección, fue el motivo que llevó al rey ordenar que la reina fuera trasladada desde Aranda de Duero hasta este punto de Castilla para que diera a luz al heredero al trono. El 28 de febrero de 1462, nació en el Alcázar madrileño la princesa Juana, una niña a la que las Cortes reunidas en la misma ciudad juraron como heredera en mayo de ese mismo año, pero que al mismo tiempo fue tachada por una parte de la nobleza como ilegítima; es decir, que era hija de la reina, pero no de Enrique IV, atribuyendo la paternidad a don Beltrán de la Cueva, valido del monarca. Es aquí de donde viene el apellido de “Beltraneja” con el que fue conocida.

Grabado del Alcázar de Madrid, Jan Cornelisz Vermeyen, ca. 1534. Fuente: Metropolitan Museum de Nueva York

Enrique IV se había casado dos veces. Con su primera esposa, la reina Blanca II de Navarra, no llegó a tener descendencia, pero ni siquiera consumó el matrimonio, achacando que estaba maldito para conseguir el divorcio. Con Juana de Avis, tardó siete años en tener a su hija. Todos estos datos motivaron a que el rey fuera tachado de impotente, un sobrenombre que ha sobrevivido al paso de los siglos y se ha convertido en el apelativo con el que se le conoce: Enrique IV de Castilla, “El Impotente”.

Juana de Avis, de Alejos a Buitrago de Lozoya

Los rumores de infidelidad de la reina provocaron que la causa contra la princesa Juana se extendiera y se desatase una guerra civil en Castilla entre Enrique IV y su hermano pequeño Alfonso, aunque el verdadero juego de tronos estaba movido y guiado por la nobleza castellana. Para tratar de paliar la situación, el monarca recluyó a su esposa en Alaejos (Valladolid), donde vivió encerrada en su castillo bajo la custodia del arzobispo Alonso de Fonseca y Ulloa, señor de la villa. Este monumento, desde el siglo XVII, está en estado de ruina.

Fachada de la Iglesia de San Pedro, Alejos. Fuente: Turismo Valladolid

Fue en Alaejos donde, lejos de acallar los rumores de que la princesa no era hija legítima del rey, aumentaron todavía más los infundios: la reina se había quedado embarazada de Pedro de Castilla, su ayudante de cámara y descendiente del rey Pedro I de Castilla, el último de la Casa de Borgoña que precedió a los Trastámara. De este encuentro nacieron dos niños gemelos, Pedro y Andrés, lo que demostraba la fertilidad de la reina y ponía en entredicho la figura del monarca.

Panorámica del recinto amurallado de Buitrago de Lozoya

Sin embargo, sus dos hijos nacieron en Buitrago de Lozoya en 1470, donde la poderosa familia Mendoza tenía custodiada a la princesa Juana. La reina había decidido huir de Alajeos hasta esta villa de la sierra norte madrileña en busca de ayuda y protección. Desde aquí, sus huellas por la geografía castellana continuaron en Trijueque (Guadalajara), donde también vivió unos meses.

Primera reina de Castilla fallecida en Madrid

La muerte de Enrique IV el 11 de diciembre de 1474 en el Alcázar de Madrid vino acompañada de una guerra que tiñó de sangre los campos de Castilla durante años. Su hermana Isabel se había coronado reina de Castilla el día 13 de ese mismo mes en la ciudad de Segovia, basándose en lo firmado en Cadalso/Guisando con su hermano, una historia que daría muchos artículos. Sea como fuere, otra parte del reino proclamó como soberana a Juana de Castilla, la hija del monarca fallecido, un partido que capitaneó su madre con el apoyo, entre otros, del Marqués de Villena.

La villa de Madrid siempre fue leal a la causa de Juana, y fue desde aquí donde la reina viuda de Castilla observó los primeros meses de la guerra. Juana de Avis se retiró al Convento de San Francisco, situado muy cerca del Alcázar, viviendo en una alcoba encima de la portería del cenobio. Fue aquí donde, el 13 de junio de 1475, seis meses después del fallecimiento de su esposo y con tan solo 36 años de edad, le sorprendió la muerte. Es la primera reina de la historia de Castilla, y también de España, que murió en Madrid.

Convento de San Francisco en el plano de Pedro Texeira, ca. 1656. Fuente: Instituto Geográfico Nacional

La muerte de la reina, como sostienen algunas crónicas, no fue muy llorada ni sentida en el reino, que estaba preso de la guerra, las batallas y las disputas. Siguiendo su testamento, fue enterrada en el mismo monasterio franciscano “vestido con su hábito, antes de que fallezca y muera y en él sea enterrado; y antes de morir, cuando quiera expirar, sea echada en el suelo, como los religiosos de esta orden y no sea metido en ataúd”. Además, en un último acto de la coquetería, que siempre le caracterizó, pidió ser “enterrada en algún lugar hueco: que no llegue luego la tierra sobre mí”.

El cadáver de Juana de Avis fue inhumado en la capilla mayor de San Francisco. Hay diversidad de opiniones sobre el sepulcro en el que se encontraba, pues hay quienes sostienen que fue ejecutado por orden de la misma reina Isabel, mientras que otras voces autorizadas se postulan porque fuese inhumada en una tumba ya existente, de la cual sacaron los huesos para meter el cuerpo de la reina. Sea como fuere, sí se sabe que su epitafio rezaba lo siguiente:

“Aquí yace la muy excelente, exclarecida y poderosa Reyna de Castilla Doña Juana, muger del muy excelente, exclarecido y poderoso Rey Don Enrique IV. Cuyas animas Dios aya: la qual falleció dia de San Antonio de MCCCGLXXV años”.

Epitafio de la reina Juana de Avis (Flórez de Setién, 1790)

El sepulcro de la reina, con el paso de los siglos, desapareció, y el mármol del que estaba compuesto fue utilizado para efectuar el arco de entrada a la puerta de la iglesia del convento, quedando el nicho en el que estaba su cuerpo tapado con un retablo, en el lado del Evangelio. A pesar de ello, el día de las ánimas o difuntos siempre se rezaba un responso por Juana de Avis. En 1760, este cenobio franciscano fue demolido para construir el templo imponente que contemplamos hoy en día, la Basílica de San Francisco el Grande. Durante las obras, se encontró el ataúd de madera con los huesos de la reina, pero hoy en día los restos están en paradero desconocido, descansando en algún lugar de la iglesia.

Interior de la actual Basílica de San Francisco el Grande. Fuente: Living Madrid

La historia ha olvidado a Juana de Avis, cuya descendencia se vio apartada del trono, lo que, por otra parte, permitió la unión dinástica de Castilla y Aragón en las figuras de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. El destino de España, en cierto modo, estuvo en manos de esta infanta portuguesa cuyo recuerdo también terminó desapareciendo mientras el Convento de San Francisco que escuchó el último latido de su corazón se convertía en Grande en el siglo XVIII.

Madrid de los Trastámara

Austrias y Borbones, pero, ¿qué hay de los Trastámara? Enrique IV, Juana la Beltraneja o los Reyes Católicos también pasaron por Madrid

Juana de Avis es una de las reinas de la época de los Trastámara que, como habrás podido comprobar, también recorrió las calles de Madrid. Si quieres descubrir su historia y la de otros muchos personajes de aquella época, puedes hacerlo en la ruta turística gratuita “Madrid de los Trastámara” de Turista en mi ciudad.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

EDWARDS, J. (2004). Isabel la Católica: poder y fama. España: Marcial Pons

FLOREZ DE SETIÉN, E. (1790). Memorias de las Reynas Catholicas, historia genealógica de la Casa Real de Castilla y de León, todos los Infantes: trages de las Reynas en Estampas y nuevo aspecto de la Historia de España. Madrid: Oficina de la viuda de Marin. Recuperado de: http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=4560

Dormir en un castillo en España es posible: los 12 mejores hoteles para sentirse como un rey

La riqueza patrimonial y cultural de España es palpable también en la oferta hotelera del país. Muchos de los tesoros y monumentos heredados el pasado han sido adaptados como alojamientos turísticos, como castillos y fortalezas, revalorizándolos a través del turismo. Mientras que estas imponentes construcciones sirvieron un día para defender las fronteras de villas, pueblos y ciudades, hoy en día sirven de refugio para turistas que buscan desconectar unos días de la rutina diaria. Los hoteles castillo de España son el complemento perfecto para una escapada de turismo histórico o cultural, ya que la experiencia se magnifica. No dudes dónde dormir cuando busques sentirte un auténtico rey o reina y elige uno de los siguientes doce alojamientos.

Hotel Residencia Real Castillo de Curiel (Valladolid)

La provincia de Valladolid es la que más número de castillos conserva de toda España. El más antiguo de toda la región se encuentra situado en un cerro rocoso de la localidad de Curiel de Duero, ejerciendo, junto con otras fortalezas, como la de Peñafiel, de guardián de los viñedos de la Ribera de Duero. Parte de su estructura data del siglo IX, habiendo sido propiedad de diversos reyes castellanos y leoneses, además de servir de dote para reinas, como Berenguela de Castilla.

En el año 2003, comenzó la restauración de la fortaleza, que presentaba un estado de ruina, y en 2006 se produjo la apertura del Hotel Residencia Real Castillo de Curiel, que pertenece a la cadena Domus Selecta. Se trata de un alojamiento de cuatro estrellas formado por 23 habitaciones y suites, contando también con un restaurante en el que disfrutar de la gastronomía de la región y una piscina perfecta para los meses de verano. Los trabajadores de este complejo ofrecen un trato excelente a todos sus huéspedes, haciéndoles sentir auténticos reyes en un entorno medieval único.

Parador de Olite

¿Sabías que la reina Blanca II de Navarra estuvo encerrada en el Palacio Real de Olite? Esta es solo una de las muchas curiosidades históricas de este impresionante castillo situado en la misma localidad navarra de la que recibe su nombre, que fue construido entre los siglos XIII y XIV. Fue sede de la Corte del Reino de Navarra, lo que lo convirtió en uno de los palacios más lujosos de toda la península Ibérica.

Durante la primera mitad del siglo XX, el castillo de Olite fue profundamente restaurado, con la finalidad de recuperar su esplendor pasado. Este complejo, que está considerado como uno de los recintos góticos más destacados de España, acoge en su interior, en el llamado Palacio Viejo, un Parador de Turismo. Los huéspedes que lo escogen como alojamiento turístico durante su estancia en la región disfrutan de un entorno único, convirtiendo el viaje en una experiencia irrepetible.

Hotel Castillo del Buen Amor (Salamanca)

La provincia de Salamanca se caracteriza por los ejemplos de estilo renacentista tan destacados con los que cuenta entre sus fronteras. Uno de los más destacados es el Castillo de Villanueva del Cañedo, más conocido como Castillo del Buen Amor porque fue reformado por el obispo Alonso de Fonseca para convertirlo en refugio de amor con su amante, doña Teresa. Se trata de una palacete de estilo renacentista que fue construido en el siglo XV. Fue propiedad de los Reyes Católicos, destacando que llegó a dar cobijo al propio rey Fernando durante la Guerra de Sucesión Castellana.

Desde el año 2003, tras una restauración que ha recuperado el esplendor de esta residencia nobiliaria, el Castillo del Buen Amor es uno de los mejores hoteles de la provincia de Salamanca, convirtiéndose en la Posada Real Castillo del Buen Amor. Sus cuatro estrellas dan cobijo a 41 habitaciones, contando también con un restaurante en el que disfrutar de la gastronomía local. Quienes quieran visitarlo, pueden hacerlo sin necesidad de alojarse, aunque previa compra de una entrada.

Hotel Castillo de Arteaga (Vizcaya)

En 1856, la emperatriz francesa Eugenia de Montijo decidió emprender la remodelación del Castillo de Arteaga, una propiedad de su familia cuyo origen se remontaba al siglo XIII pero que estaba totalmente en ruinas. La finalidad fue agradecer a las Juntas Generales de Vizcaya que nombrase a su hijo, Eugenio Bonaparte, como vizcaíno de origen. Se levantó una fortaleza de la mano de arquitectos franceses de la Casa Imperial en estilo neogótico, extendido en el Romanticismo.

El castillo nunca fue utilizado por la familia imperial francesa, ni tampoco por Eugenia de Montijo a su regreso a España en el siglo XX. Actualmente, se ha convertido en el Hotel Castillo de Arteaga, el único de la cadena Relais&Chateaux en País Vasco y situado en plena Reserva de Urdaibai, declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Hotel Castillo del Bosque La Zoreda (Oviedo)

Entre bosques de robles y castaños, y a tan solo cuatro kilómetros de Oviedo, se encuentra uno de los castillos de estilo palaciego más elegantes y esbeltos de España. Se trata del Castillo del Bosque La Zoreda, un palacete construido a principios del siglo XX reconvertido en un lujoso alojamiento turístico. De hecho, fue elegido como uno de los 25 mejores hoteles de lujo de toda España.

El Hotel Castillo del Bosque La Zoreda está formado por 25 habitaciones y suites, que ofrecen todas las comodidades para sus huéspedes. Este alojamiento turístico de cinco estrellas dispone también de un restaurante y spa en los que complementar la estancia. La desconexión en este castillo situado en plena naturaleza está asegurada.

Hotel Castell d’Empordà (Girona)

Las primeras referencias documentales del castillo de La Bisbal de l’Empordà se remontan al siglo XIV. Salvador Dalí se fijó en esta fortaleza, pero el propietario le ofreció un precio tan sumamente alto que le fue imposible hacerse con el recinto. Esta anécdota es la que explica que este histórico edificio sea conocido como El capricho de Dalí. No ocurrió lo mismo con Albert Diks y Margo Verijken, sus actuales propietarios, quienes han establecido en él un imponente hotel de lujo.

El Hotel Castell d’Empordà, de cuatro estrellas, está formado por 57 habitaciones, 12 de ellas situadas en la estructura medieval original, mientras que las restantes están situadas en un edificio anexo de nueva planta pero perfectamente integrado en el complejo. Dentro de él, huéspedes y visitantes pueden disfrutar de dos exclusivos restaurantes, donde se disfruta también de los vinos de la región. Este alojamiento turístico es uno de los mejores hoteles castillo de España.

Hotel Castillo El Collado (Laguardia)

Laguardia es una localidad de la provincia de Álava, perteneciente a la región vinícola de Rioja Alavesa. Se trata de uno de Los Pueblos más bonitos de España, gracias al rico patrimonio histórico y artístico que atesora y custodia todo el recinto amurallado que rodea la villa. Una de sus joyas más importantes es el pórtico de Santa María de los Reyes.

El Hotel Castillo El Collado se encuentra ubicado en un castillo del siglo XX, construido por la familia Tapia, que hizo uso de los restos de un antiguo cuartel del siglo XII. Este alojamiento turístico consta de diez habitaciones, cada una de ellas con un nombre y decoración diferentes, además de un restaurante en el que se pueden degustar los platos de la región, maridados con los mejores vinos de Rioja Alavesa. Es el hotel perfecto para disfrutar de una estancia y descubrir toda esta zona de País Vasco.

Hotel La Torre del Visco (Teruel)

Este castillo situado en la provincia de Terual está datado del siglo XV. Está rodeado de románticos jardines que cada primavera es una explosión de olores y colores gracias a sus rosales. A pesar de la sencillez que caracteriza a este edificio, en su interior se ha instalado uno de los hoteles de lujo de la región, donde los huéspedes acuden en busca de tranquilidad y paz para olvidar el estrés del día a día.

El Hotel La Torre del Visco, perteneciente a la cadena Relais&Chateaux, no solo sobresale en el inventario de hoteles castillo de España por la comodidad de sus 16 coquetas habitaciones, sino también por su oferta gastronómica. El alojamiento turístico cuenta con un huerto ecológico que provee de frutas, hortalizas y verduras a su restaurante.

Complejo Turístico de Castellar (Cádiz)

En Castellar de la Frontera (Cádiz) ha sobrevivido al paso del tiempo un magnífico recinto fortificado del siglo XII, que sobresale por la sencillez y la tranquilidad. En este rincón de Andalucía, los amantes de la historia y el turismo cultural encuentran el alojamiento perfecto para disfrutar de unos días de descanso y reencuentro con la cultura.

El Complejo Turístico de Castellar está formado por un hotel, compuesto de nueve habitaciones, y también por casas rurales independientes, en total 9, teniendo cada una de ellas diferentes capacidades, adaptándose así a todas las necesidades de los viajeros. Los Sabores de Tugasa es el restaurante de este complejo, un recinto que mira al Parque de los Alcornocales, África, el mar Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar y la Bahía de Algeciras.

Hotel Castillo de Grisel (Zaragoza)

En el siglo XI-XII, se construyó entre la frontera de los reinos de Castilla y Aragón el Castillo de Grisel, uno de los mejor conservados de la provincia de Zaragoza. De estilo gótico, está declarado Bien de Interés Cultural. Desde el siglo XIV, perteneció al Cabildo de Tarazona, lo que provocó que, con la desamortización del XIX, pasase a manos privados, viéndose deteriorado. A partir de 1988, el castillo comenzó un proceso de restauración que duró cerca de 30 años.

En 2014, se produjo la apertura del castillo, reconvertido en un hotel boutique formado por tan solo diez habitaciones, estando cada una de ellas decoradas con motivos literarios. Los amantes de la historia tienen que pasar por este alojamiento turístico, ya que se alojarán en una verdadera fortaleza medieval.

Hotel Castillo de Monda (Málaga)

Se desconoce la fecha exacta en que se levantó la fortaleza árabe Al-Mundat, el antecedente del Castillo de Monda que fue incendiado en el siglo XVI, en torno a 1570, y que fue abandonado hasta que recientemente ha sido rehabilitado y, utilizando parte de su estructura, ubicar en él un magnífico establecimiento hotelero.

El Hotel Castillo de Monda, con una categoría de tres estrellas, combina la arquitectura medieval que todavía se observa en el complejo con la decoración e instalaciones modernas en las que sus huéspedes disfrutan de una estancia inolvidable en la costa malagueña de Marbella.

Hotel Cap Rocat (Mallorca)

La Fortaleza de Cap Enderrocat, aunque no responde al prototipo de castillo como en los casos anteriores, cierra esta lista de los 12 mejores hoteles castillo de España. En 2010, después de una profunda reforma de rehabilitación y adecuación como establecimiento hotelero, el alojamiento turístico Cap Rocat ha recibido numerosos premios, destacando el de Hispania Nostra y Europa Nostras, debido a que las obras respetaron al máximo la arquitectura del complejo. El hotel cuenta con 28 habitaciones, situadas la gran mayoría en las antiguas troneras de los cañones, al borde del acantilado.

Los 12 hoteles castillo que hemos descubierto hoy en día son grandes ejemplos de la variedad patrimonial que tenemos en España, construcciones que abarcan desde los primeros albores de la Edad Media hasta el mismo siglo XX. Además, todos ellos son magníficos ejemplos de la implicación del sector hotelero español en la recuperación y revalorización del patrimonio cultural del país, haciendo sentir a todos los huéspedes que se decantan en ellos para dormir en sus escapadas unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

Los mejores ejemplos del gótico isabelino en España: una ruta por los monumentos con el sello de Isabel La Católica

Isabel I de Castilla, que pasó a la historia como La Católica, nació un Jueves Santo de 1451 y falleció un frío mes de noviembre de 1504. Se trata de una soberana cuyo reinado se desarrolló a caballo entre los siglos XV-XVI, entre la Edad Media y la Moderna. Durante estos momentos, la luz del arco ojival se apagaba en Castilla para dar paso al Renacimiento, mientras un estilo de transición con sello de la Reina resplandecía: el gótico isabelino.

Mientras que la primera etapa gótica en España fue importada de otros reinos europeos, como Francia, esta corriente artística de la que hablamos se caracteriza por ser parte del patrimonio cultural e histórico nacional, ya que únicamente se puede encontrar en nuestro país o en determinados puntos de América del Sur. El nombre que recibe este estilo hace referencia a Isabel La Católica, reina propietaria de Castilla entre 1474-1504 y que auspició la construcción de muchos de los monumentos marcados por estas formas, el antecedente del Renacimiento en España.

Características y definición del gótico isabelino

Como hemos dicho, el gótico isabelino recibe esta denominación por ser un estilo propio de la Corona de Castilla, desarrollado durante el reinado de los Reyes Católicos, y con notables influencias flamencas, de ahí que en ocasiones también se le confunda con el gótico flamígero importado de Europa y que podemos contemplar en monumentos como la Catedral de Santa María de Burgos. Templos amplios, bóveda de crucería estrellada o uso de pináculos caracterizan y definen al gótico isabelino respecto a otras corrientes pertenecientes al mismo estilo.

Retrato de Isabel La Católica, de Juan de Flandes. Fuente: Patrimonio Nacional

Motivos heráldicos de los Reyes Católicos

Las construcciones patrocinadas por los Reyes Católicos contaban con un alto valor propagandístico. Por ello, en la decoración de los monumentos que responden al gótico isabelino predominan los motivos heráldicos, entre los que destacan el escudo real, yugos, flechas o granadas. Sobre el yugo y las flechas, cabe destacar que eran el emblema de los monarcas, el cual fue sugerido por Antonio de Nebrija. Mientras que el Yugo representaba a Fernando y la dominación del enemigo, las Flechas a Ysabel y a la unidad y cohesión. Si nos fijamos, utilizaron la inicial del otro en cada elemento, siguiendo de este modo la teoría de las divisas galantes. Aunque acompañan al escudo real, estas divisas se contemplan en los edificios de forma independiente.

Por otra parte, una pista para valorar el momento en que se construyó un edificio de la época de los Reyes Católicos consiste en fijarse en el escudo real: si en el entado del mismo, es decir, el pico, aparece el símbolo de la granada, otro de sus emblemas, el monumento es posterior a 1492, la conquista de Granada. Ocurre los mismo que con el yugo y las fechas, pudiendo encontrar granadas también de forma independiente por los edificios, lo que también ayuda a explicar el tiempo en que se construyeron.

Arquitectos del gótico isabelino

Juan Guas y Enrique Egas son los arquitectos más destacados del gótico isabelino, siendo a ellos a quienes se atribuyen la mayoría de los edificios que podemos encontrar en España. Por ejemplo, al primero se debe el Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo) y al segundo la Capilla Real de Granada, entre otros monumentos. Si quieres descubrir los mejores ejemplos de gótico isabelino, sigue leyendo para descubrirlos en esta ruta artística y arquitectónica que hemos preparado.

Claustro de la catedral de Segovia

Segovia ha contado hasta con 3 catedrales a lo largo de su historia. La segunda de ellas era de estilo románico y se encontraba situada frente al Alcázar. En tiempos de Enrique IV, el claustro presentaba un estado ruinoso, por lo que se decidió iniciar su reconstrucción en estilo gótico. Sin embargo, la subida al trono de Isabel La Católica fue determinante para el avance de las obras, que no solo puso su sello personal, sino que sufragó personalmente la construcción de la portada de acceso. Tras la demolición de la catedral para la construcción de la actual en tiempos de Carlos V, el claustro gótico isabelino se trasladó piedra a piedra al nuevo templo, donde todavía se conserva.

Monasterio de Santo Tomás (Ávila)

El Real Monasterio de Santo Tomás, en la ciudad de Ávila, responde también al patrón del gótico isabelino. Patrocinado por los propios Reyes Católicos y su tesorero, Hernán Núñez, fue residencia estival de los monarcas y sede de la Inquisición. A la muerte de su primogénito, el príncipe Juan, lo escogieron como su lugar de enterramiento, labrándose un sepulcro de mármol a comienzos del siglo XVI, ejecutado por Domenico Fancelli, como así dejó escrito la reina Isabel en testamento. El edificio fue construido entre 1482-1493 y, actualmente, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Cartuja de Miraflores (Burgos)

Juan II de Castilla decidió donar a la orden de los cartujos un palacio situado en las afueras de Burgos, construido por su padre, Enrique III, para situar en él una nueva fundación monástica. Sin embargo, el edificio se incendió, por lo que hubo que proyectar un nuevo complejo a partir de 1453. La muerte del rey al año siguiente supuso la ralentización de las obras, ya que su heredero, Enrique IV, apenas mostró interés por el cenobio.

Sin embargo, cuando Isabel La Católica subió al trono de Castilla, impulsó su construcción nuevamente en torno a 1477, dándole su toque personal. Simón de Colonia dirigió el trabajo de este conjunto monacal que se convirtió también en panteón regio de sus padres y hermano pequeño. Además de su arquitectura, el gótico isabelino se aprecia también en su decoración, destacando los propios sepulcros, joya del arte funerario de la época, o el retablo mayor. Los detalles de todos estos tesoros los puedes apreciar a la perfección en la visita virtual de la página web del monumento.

Iglesia de Santa María (Aranda de Duero)

En la provincia de Burgos se encuentra Aranda de Duero, uno de los pueblos con más historia de toda la geografía española. Famoso por las bodegas y videños que lo rodean, que forman parte de la Ribera del Duero, cuenta con un rico patrimonio artístico en el que sobresale especialmente la Iglesia de Santa María.

Portada de la Iglesia de Santa María de Aranda de Duero. Fuente: Wikimedia

La Iglesia de Santa María de Aranda de Duero es uno de los mejores ejemplos de estilo gótico de la provincia, destacando también la influencia del sello artístico o arquitectónico de Isabel La Católica, especialmente en su portada. Este elemento fue diseñado y ejecutado por Simón de Colonia, entre otros arquitectos, maestro que también intervino en la Catedral de Burgos o la Cartuja de Miraflores.

Colegio de San Gregorio e Iglesia de San Pablo (Valladolid)

El Colegio de San Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura, es uno de los monumentos más importantes de Valladolid. Fue construido entre 1488 y 1496 como colegio de Teología, siendo fundado por Alonso de Burgos, obispo de Palencia y confesor de los Reyes Católicos. Su fachada es una obra cumbre del gótico isabelino, coronada por un portentoso escudo real de los monarcas, destacando también el claustro, repleto de motivos heráldicos propios de este estilo artístico, como yugos y flechas.

Por su parte, la Iglesia de San Pablo, que se encuentra a la vuelta del Colegio de San Gregorio, también sigue los preceptos del estilo gótico isabelino. Su fachada, todo un retablo labrado en piedra, es única en España, convirtiéndola en una de las iglesias más majestuosas de Valladolid. Cabe destacar que en ella fue bautizado Felipe II, que había nacido en el cercano Palacio Pimentel el 21 de mayo de 1527.

Monasterio de San Jerónimo el Real (Madrid)

Reinando Enrique IV de Castilla, se construyó un monasterio jerónimo en la ribera del Manzanares. La insalubridad del entorno obligó a los Reyes Católicos a conceder permiso a los monjes para trasladarse a otro punto de la villa en 1503, a los arrabales del actual Paseo del Prado. El edificio se levantó rápidamente, haciendo uso de los materiales del viejo monasterio. Del complejo solo ha llegado hasta nuestros días la iglesia, conocida como Los Jerónimos, y un claustro, que forma parte de las instalaciones del Museo Nacional del Prado.

Iglesia de San Jerónimo el Real. Fuente: Turismo Madrid

La Iglesia de San Jerónimo es una de las pocas muestras de arquitectura gótica originaria que se conservan en Madrid responde al estilo isabelino. Su diseño está atribuido a Enrique Egas bajo patrocinio real y se convirtió en iglesia de cabecera para las celebraciones de la Corte en la villa desde tiempos de los Austrias hasta prácticamente la actualidad.

Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo)

El Monasterio de San Juan de los Reyes es el máximo exponente del gótico isabelino. Situado en Toledo y auspiciado por los propios Reyes Católicos, se construyó para conmemorar la victoria de la reina Isabel sobre su sobrina Juana y sus partidarios en la lucha por el trono, es decir, la Batalla de Toro librada el 1 de marzo de 1476 que aseguró el trono para el bando isabelino.

El monumento también fue un gesto con el que quisieron agradecer el nacimiento del heredero al trono castellano y aragonés, el príncipe Juan, que llegó al mundo en 1478 en Sevilla. Además, en un primer momento también se valoró como lugar de enterramiento para los monarcas, de ahí su imponente arquitectura, pero la empresa granadina posterior de 1492 motivó a decantarse por la ciudad andaluza como panteón, donde reposan en la actualidad.

Palacio del Infantado (Guadalajara)

El Palacio del Infantado, en Guadalajara, se diseñó también en estilo gótico isabelino por Juan Guas. Fue construido en 1480 bajo el patrocinio de Íñigo López de Mendoza y Luna, segundo duque del Infantado, siendo uno de los grandes monumentos de esta ciudad de Castilla-La Mancha.

Iglesia de Santa María del Sagrario (Málaga)

La Iglesia de Santa María del Sagrario, en Málaga, cuenta con una obra maestra del gótico isabelino, como así es la portada de acceso al templo, siendo uno de los mejores ejemplos de este estilo en Andalucía. Esta parroquia es una de las cuatro que los Reyes Católicos ordenaron construir en la ciudad tras su conquista en 1487, estando declarada Bien de Interés Cultural.

Capilla Real de Granada

En septiembre de 1504, unos meses antes del fallecimiento de la reina Isabel, ella y su marido, el rey Fernando, establecieron mediante una Real Cédula la construcción de una capilla funeraria junto a la nueva catedral que se iba a construir en Granada. Se construyó entre 1505 y 1517, siendo uno de los grandes ejemplos de estilo gótico isabelino de todo el territorio español, junto con el Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo. Se trata de todo un monumento en el que se demuestra el poder político de los soberanos, con varios motivos propagandísticos.

Exterior de la Capilla Real de Granada, uno de los mejores ejemplos de gótico isabelino

El estilo gótico isabelino de la Capilla Real granadina nada tiene que ver con la catedral anexa, un recinto renacentista de imponentes dimensiones y dedicado a la Encarnación de la Virgen. Este recinto funerario, que acoge los restos de los Reyes Católicos, el príncipe Miguel de la Paz y los reyes Juana I de Castilla y Felipe I, fue el primer intento de crear un mausoleo en el que congregar a todos los reyes de la nueva Monarquía Hispánica o Monarquía Católica. De hecho, en este templo estuvo enterrado el cuerpo de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V. Sin embargo, ese proyecto se fue a El Escorial de la mano de Felipe II.

Los monumentos de estilo gótico isabelino son grandes ejemplos de la riqueza patrimonial que podemos encontrar recorriendo España de norte a sur. Su visita no solo traslada a los turistas a tiempos pasados, sino que les deja boquiabiertos por la grandeza artísticas y arquitectónica que presentan. Ante todo, consiguen que nos sintamos verdaderos #turistaenmipaís mientras los contemplamos.

J.