Las 10 mejores obras de Gregorio Fernández en Valladolid: un recorrido por sus museos e iglesias

El Barroco español adquirió una deuda eterna con Gregorio Fernández. Este genio de origen gallego es uno de los mayores escultores de la Historia del Arte. Su creatividad, su imaginación, sus manos o su técnica han dejado una importante huella en diversos rincones del país, ya que la realeza, la nobleza y, por supuesto, la Iglesia reclamaron su talento para adornar retablos, capillas, hornacinas y altares. Sin embargo, de todas las ciudades españolas que cuentan con ejemplos de este maestro de la escultura, Valladolid es la que aglutina la mayor parte de su majestuosa obra.

Gregorio Fernández llegó a la ciudad del Pisuerga en 1600, con tan solo 24 años. Entró a trabajar en el taller de Francisco del Rincón, otra de las grandes figuras de la imaginería castellana al que se le debe obras como el maravilloso Cristo de los Carboneros, custodiado en la vallisoletana Iglesia Penitencial de Las Angustias. Sin embargo, el gallego pronto abrió su propio taller y el pupilo superó al tutor, hasta el punto de llegar a instruir al hijo de del Rincón. Valladolid acogió a Gregorio Fernández y allí desarrolló su carrera hasta el fin de sus días, concretamente el 22 de enero de 1636 en que se escuchó el último latido de su corazón.

Retrato de Gregorio Fernández, ca. 1630. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Representaciones de la Piedad, crucificados, yacentes, santos o Inmaculadas conforman el inventario escultórico de Gregorio Fernández. No obstante, los pasos procesionales son los que más interés suscitan entre quienes los contemplan, sobre todo porque la mayoría mantiene la función que motivaron su creación: dar testimonio de fe en las calles de Valladolid. Mucho debe su Semana Santa a Gregorio Fernández, ya que su obra ha permitido, en gran medida, que sea una de las más importantes de España, estando declarada de Interés Turísticos Internacional. Sin embargo, desde las iglesias hasta el Museo Nacional de Escultura, la herencia de este genio de la imaginería religiosa se puede contemplar durante todo el año en Valladolid. ¿Te vienes a descubrir sus 10 mejores obras en la ciudad?

Iglesia Penitencial de la Vera Cruz

El Señor Atado a la Columna (1619)

En 1619, la Cofradía de la Santa Vera Cruz encarga a Gregorio Fernández la que hoy en día está considerada como una de sus creaciones más sobresalientes: el Señor Atado a la Columna. De hecho, se llega a apuntar que esta escultura de madera policromada es una de las piezas más espectaculares de toda la imaginería española en su conjunto. El escultor gallego creó un prototipo que sería repetido posteriormente por él mismo y otros artistas del resto de España. El realismo con el que representa el sufrimiento de Cristo sobrecoge a devotos y turistas que contemplan todavía hoy esta impresionante talla en una de las capillas de la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, situada al final de la Calle Platerías de Valladolid.

El Señor Atado a la Columna en la Iglesia de la Vera Cruz

Durante la Semana Santa vallisoletana, el Señor Atado a la Columna de Gregorio Fernández participa en varias procesiones y celebraciones, siendo el momento en el que se puede contemplar en su máximo esplendor. Aunque la talla sigue siendo propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz, desde 1930 está cedida a la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús atado a la Columna para que le dé culto. En sus salidas por las calles de Valladolid, es posible apreciar los detalles que rodean esta magna obra, como las heridas de la espalda causadas por los azotes, conseguidas con un postizo de corcho. A pesar de que la efigie estaría rodeada en el momento de su creación por sayones y otras figuras, a día de hoy procesiona sola.

Detalle de la espalda del Señor Atado a la Columna, de Gregorio Fernández

El Descendimiento (1623)

Obra magna por excelencia de Gregorio Fernández y uno de los ejemplos más destacados de la escultura barroca en España, el paso de El Descendimiento es una joya del arte que nadie puede perderse cuando se visita Valladolid. El conjunto se encuentra custodiado en la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, cuya cofradía, que lo encargó en 1623, es la propietaria del paso. No obstante, es alumbrado cada Semana Santa por la Cofradía del Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte, fundada en 1939.

Paso del Descendimiento durante la Procesión de Regla de la Santa Vera Cruz

La escena del Descendimiento puede presumir de ser la única de todo Valladolid que se sigue presentando de la misma forma en que dispuso Gregorio Fernández. Consta de 7 esculturas, con el eje central de Cristo muerto siendo descolgado de la cruz, cuyo expresivo rostro se consiguió con marcados detalles, como sus ojos entreabiertos de cristal. José de Arimatea y Nicodemus sujetan el cuerpo, mientras María Magdalena, Juan Evangelista y la Virgen María contemplan la escena al pie de la cruz. El séptimo personaje es un sayón, caracterizado con facciones más rudas para diferenciarlo del resto de personajes. Sin duda, una gran muestra con la que dar testimonio de fe por las calles de Valladolid y con la que cautivarse por el realismo que transmite

La Dolorosa de la Vera Cruz (1623)

Dentro del conjunto procesional de El Descendimiento, la talla de la Virgen María a los pies de la Cruz suscitó una importante devoción entre los vecinos de la ciudad de Valladolid. Es por ello que, en 1757, se decidió separar la imagen que había tallado el propio Gregorio Fernández en 1623 para configurarla como un paso independiente de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, el cual cerraba sus desfiles procesionales, como así continúa haciendo siglos después. Pedro Sedano fue el encargado de llevar a cabo la réplica de la Dolorosa de la Vera Cruz para que el paso del Descendimiento no quedase desnudo sin la presencia de la Virgen al pie del madero

Dolorosa de la Vera Cruz en su paso procesional

La Dolorosa de la Vera Cruz, siendo esta la advocación que se le dio desde mediados del siglo XVIII, fue entronizada en la hornacina del retablo mayor de la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, relevando al Cristo del Humilladero, su primitivo ocupante. Es allí donde se puede contemplar la que muchos consideran otra de las grandes obras maestras de Gregorio Fernández, por la expresividad y majestuosidad con la que talló esta imagen devocional. En 2023, la Dolorosa, cuya devoción en Valladolid continúa hoy siendo muy destacada, será coronada canónicamente, coincidiendo con el IV Centenario de su hechura.

Convento de Santa Teresa

Inmaculada Concepción (1623)

En Andalucía, la representación de la Inmaculada Concepción estaba muy extendida. Sin embargo, Gregorio Fernández se quiso sumar al movimiento y crear su propio modelo para la Escuela Castellana, el cual repitió en innumerables ocasiones, así como también sus discípulos y seguidores. Son muchas las tallas que realizó de la Purísima, estando repartidas por diversos rincones del norte y centro de la geografía española, tanto de forma independiente como integradas en retablos. Sin embargo, la del vallisoletano Convento de la Concepción o Santa Teresa es una de las más majestuosas y perfectas de todas las que salieron del taller de Gregorio Fernández. Fue ejecutada en 1623 y preside el retablo mayor de la iglesia, estando complementada con corona y resplandor o aureola dorada rodeando su cuerpo.

Inmaculada Concepción del Convento de Santa Teresa. Fuente: DOMVS PVCELAE

El prototipo de Inmaculada Concepción de Gregorio Fernández rompe completamente con el modelo andaluz, presentando una imagen mucho más simbólico e idílica que natural. El escultor gallego nos presenta una Virgen en su etapa adolescente que aún no ha llegado a la edad adulta, de cabellos largos y sueltos, con raya en medio. Sus facciones jóvenes transmiten dulzura, al igual que su mirada inocente, mientras que sus manos quedan juntas al pecho en señal de oración. La túnica o manto suele ser de tonos vivos y azulados, color que representa el dogma de la Purísima. La base es lo que más varía, decantándose por la media Luna en algunas ocasiones, o por un trío de ángeles en otra.

Museo Nacional de Escultura

Paso de La Sexta Angustia o La Piedad (1616)

En 1616, la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias encargó a Gregorio Fernández un paso que representase el Descendimiento de Cristo, que acabó siendo el conjunto de La Sexta Angustia. Fue uno de los conjuntos procesionales más monumentales de la historia de la Semana Santa de Valladolid, estando compuesto por cinco esculturas: los dos ladrones (Dimas y Gestas), La Piedad, San Juan Evangelista y María Magdalena. Salvo estas dos últimas tallas, que todavía pertenecen al patrimonio de la Cofradía mencionada, las restantes fueron incautadas en 1842 para ser depositadas en el actual Museo Nacional de Escultura, donde presiden la sala dedicada a su escultor. En 1924, salió el conjunto al completo en procesión por última vez.

La Sexta Angustia o La Piedad, acompañada de Dimas y Gestas

El paso de La Sexta Angustia se encontraba ubicado en la capilla situada enfrente de la dedicada a la Virgen de las Angustias en la Iglesia Penitencial de la misma Cofradía. La Virgen María se encuentra al pie de la cruz, sosteniendo en brazos el cuerpo de su hijo muerto, que reposa sobre una estructura rocosa, con un naturalismo exuberante. Con esta obra, Gregorio Fernández marcó el inicio de su prototipo de La Piedad, repetido posteriormente, tanto por él como por sus seguidores, de tal forma que es posible encontrar tallas muy similares a esta en diversos puntos tanto de dentro como de fuera de Castilla y León.

San Juan y María Magdalena en la Procesión de Regla de Las Angustias. Fuente: Javier Baladrón

Como curiosidad sobre este paso, Gregorio Fernández representó la cara del Duque de Lerma en Dimas, el buen ladrón, ya que el noble no le pagaba una deuda. Las imágenes de San Juan Evangelista y María Magdalena se encuentran a ambos lados del camarín de la Virgen de las Angustias, y cada Semana Santa participan en la Procesión de Regla de la Cofradía junto a la cruz desnuda y dos copias de los ladrones que se conservan en el Museo Nacional de Escultura, las cuales son propiedad de la Cofradía de las Siete Palabras, cedidas para el efecto. Los vallisoletanos esperan poder volver a contemplar a La Piedad en su conjunto alguna vez en la calle de nuevo.

Santa Teresa de Jesús (ca. 1625)

A Gregorio Fernández también se le debe la imagen de Santa Teresa de Jesús que hoy en día todos tenemos en mente cuando pensamos en ella. Esta monja nacida en Ávila y fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos fue también mística y escritora, habiendo sido proclamada Doctora de la Iglesia y Patrona de España. En 1614, fue beatificada por el Papa Pablo V, produciéndose su canonización tan solo ocho años más tarde, junto a otros santos españoles. Cuando fue elevada a tal dignidad, las representaciones escultóricas de Santa Teresa de Jesús comenzaron a proliferar y ocupar altares y hornacinas en diversas iglesias españolas.

Talla de Santa Teresa de Jesús. Fuente: Museo Nacional de Escultura

La talla que fue encargada por fray Juan de Orbea, del Convento del Carmen Calzado de Valladolid, al maestro Gregorio Fernández, del que era amigo, marcaría el modelo con el que se representaría a Santa Teresa de Jesús: como una escritora, con su pluma y libro, que recibe inspiración divina. Fue repetido por el propio genio y otros artistas desde entonces. El cenobio carmelita en el que se ubicaba la talla es hoy parte del patrimonio desaparecido de Valladolid, destacando que en él fue enterrado el propio Gregorio Fernández, cuyos restos se perdieron durante el derribo en el siglo XX. Santa Teresa de Jesús, por su parte, se expone hoy en el Museo Nacional de Escultura.

El Bautismo de Cristo (1624-1629)

Muchos historiadores del arte han considerado, y lo siguen haciendo, que el Bautismo de Cristo es una de las obras más sublimes que ejecutó Gregorio Fernández, a pesar de que no llegue a ser tan conocida como sí lo son sus pasos procesionales. Se trata de un relieve policromado que realizó para el Convento de Nuestra Señora del Consuelo de Carmelitas Descalzos, actual Santuario del Carmen Extramuros, en su etapa de madurez, concretamente entre 1624-1629. El encargo, realizado Antonio de Camporredondo y Río, Caballero de la Orden de Santiago, tenía la finalidad de ocupar el cuerpo del retablo de la Capilla de San Juan Bautista, que continúa en poder del Santuario. Por su parte, la desamortización afectó a la escena principal, exhibida hoy en día en el Museo Nacional de Escultura.

Detalle del relieve del Bautismo de Cristo. Fuente: Rubén Ojeda – Wikimedia

Tanto Cristo como Juan Bautista presentan una actitud natural, a la par que elegante, estando situados en un primer plano, compartiendo absoluto protagonismo, mientras que el paisaje del río Jordán aparece en segunda posición. El conjunto es una verdadera exaltación del bautismo, uno de los sacramentos más importantes de la Iglesia Católica, por lo que su factura está en consonancia con el espíritu de la Contrarreforma. Nadie que pase por el Museo Nacional de Escultura puede dejar de admirar esta fantástica obra de Gregorio Fernández.

Iglesia de San Martín

La Quinta Angustia (ca. 1627)

Dentro de la serie de La Piedad que realizó Gregorio Fernández, tampoco se puede pasar por alto la talla de La Quinta Angustia. A pesar de que hoy en día es una de las principales obras que protagonizan la Semana Santa de Valladolid, siendo la Cofradía de La Piedad, cuyo origen histórico se remonta al siglo XVI, la que se encarga de alumbrar este paso, no fue concebida como conjunto procesional, como así otros anteriores que hemos descubierto. Fue encargada por Francisco de Cárdenas como altorrelieve de un retablo de la Capilla de la Soledad, en el desaparecido Convento de San Francisco, en el centro de la ciudad.

Detalle de La Quinta Angustia, de Gregorio Fernández

Tras la demolición del citado convento, la talla de La Quinta Angustia pasó a la Iglesia de San Martín, en cuya Capilla de San Ildefonso recibe hoy en día culto. Desde 1927, forma parte de las procesiones de Valladolid, en gran parte como consecuencia que La Piedad o Sexta Angustia había dejado de procesionar, supliendo de este modo su hueco. Cabe destacar que esta obra ejecutada por Gregorio Fernández participó en el Vía Crucis de la JMJ Madrid 2011, presidido por el Papa Benedicto XVI, y en 2027 será coronada canónicamente, coincidiendo con los 400 años de su hechura.

Real Iglesia de San Miguel y San Julián

Cristo Yacente (1630)

Si por algo ha pasado a ocupar un lugar destacado en la Historia del Arte y en la imaginería religiosa Gregorio Fernández ha sido, precisamente, por el importante número de tallas que representan a Cristo Yacente que llegó a ejecutar. No era un tema novedosa entre las representaciones religiosas, pues ya otros escultores previos, como Gaspar Becerra, habían realizado espectaculares esculturas, pero el genio de origen gallego aportó y creó un nuevo prototipo. Dotó a los quince yacentes que se atribuyen a sus manos y que salieron de su taller de Valladolid de un realismo, patetismo y crudeza únicos e irrepetibles, dignos del barroco más profundo y auténtico.

Cristo Yacente de la Iglesia de San Miguel y San Julián. Fuente: Luis Fernández García – Wikimedia

De las diferentes tallas de Cristo Yacente que podemos encontrar repartidas por diferentes puntos de España, Valladolid es la ciudad que mayor número atesora. Sin embargo, el de la Real Iglesia de San Miguel y San Julián es considerado el más perfecto de toda la serie, incluso por encima del famoso Cristo del Pardo, en Madrid. El situado en el citado templo vallisoletano, fue ejecutado en torno a 1630, siendo el único que fue tallado íntegramente, de ahí que se cubra con un paño de pureza y repose sobre un sudario. Es portado en procesión durante Semana Santa, alumbrado por la Cofradía del Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte.

Capilla del Palacio de Santa Cruz

Cristo de la Luz (1630)

La perla de Gregorio Fernández“: así es como han llegado a definir los expertos en arte la magnífica escultura del Cristo de la Luz. Desde la década de los años cuarenta del siglo XX, la Hermandad Universitaria alumbra una de las obras maestras del escultor de origen gallego. La talla, de madera policromada, fue ejecutada en su etapa final, en torno a 1630. Se desconoce la fecha exacta porque son pocas las fuentes históricas que se conservan de su origen.

El Cristo de la Luz durante su procesión de Jueves Santo

El Cristo de la Luz fue encargado para el Monasterio de San Benito el Real, siendo colocado en la Capilla de los Daza. Sin embargo, se vio afectado por los procesos de desamortización eclesiástica, pasando a los fondos del actual Museo Nacional de Escultura. No obstante, se encuentra en depósito en la Universidad de Valladolid, estando expuesto en la Capilla del Palacio de Santa Cruz, donde recibe culto y desde donde “La Perla de Gregorio Fernández” parte en procesión a ritmo de gaita cada mañana de Jueves Santo. El coro universitario le dedica un “Gaudeamus igitur” durante el cortejo.

El recorrido que hemos planteado por diferentes iglesias de Valladolid, así como por su Museo Nacional de Escultura, permite descubrir las mejores obras de Gregorio Fernández, aunque son una mera muestra de la importante herencia que legó a la ciudad del Pisuerga y, especialmente, a sus cofradías penitenciales. Nuestros amigos de Arte en Valladolid y DMVS PVCELAE, con unos excelentes contenidos en sus respectivas webs, nos ayudan a conocer mucho más en profundidad el legado de Gregorio Fernández. Sin embargo, nada mejor que planificar una visita a Valladolid y contemplarlo en primera persona, un lugar al que siempre queremos volver porque nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís, descubriendo siempre nuevos y apasionantes secretos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁNGELES GONZÁLEZ, M. (s. f.). Paso de La Sexta Angustia. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=5690&inventary=A28conjunto&table=FMUS&museum=MNEV

ÁNGELES GONZÁLEZ, M. (s. f.). Santa Teresa de Jesús. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=1934&inventary=CE0509&table=FMUS&museum=MNEV

HERNÁNDEZ REDONDO, J. I. (s. f.) Cristo de la Luz. Museo Nacional de Escultura. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MNEV&txtSimpleSearch=Cristo%20de%20la%20Luz&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simple&MuseumsSearch=MNEV|&MuseumsRolSearch=15&listaMuseos=[Museo%20Nacional%20de%20Escultura]

POLO HERRADOR, M. A. (s. f.). Bautismo de Cristo. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=1931&inventary=CE0504&table=FMUS&museum=MNEV

URREA FERNÁNDEZ, J. (1973). En torno a Gregorio Fernández. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA (39), pp. 245-260. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2701446.pdf

La historia de Catalina de Aragón, la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares

El divorcio entre Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón es uno de los hechos más trascendentales del siglo XVI por las importantes consecuencias que acarreó. La historia es caprichosa y quiso que la hija de los Reyes Católicos, abanderados y supremos defensores de la Cristiandad, fuera una de las protagonistas de este suceso, en el que no solo se disolvió un matrimonio, sino que provocó también la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica, fundando la suya propia con el monarca inglés a la cabeza.

La biografía de Catalina de Aragón comienza en Alcalá de Henares. Un frío 16 de diciembre de 1485, nació en el Palacio Arzobispal de esta ciudad madrileña declarada Patrimonio de la Humanidad la última hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Como las nieves que cubrían los campos castellanos en aquel tiempo, su tez era blanca y sus cabellos rubios. Sus facciones, que recordaban a las de la Reina Catalina de Lancaster, ancestro inglés de la infanta española, junto con el nombre que escogieron para ella sus padres, parece que predijeron el futuro que le esperaba.

Estatua de Catalina de Aragón en Alcalá de Henares. Fuente: Wikimedia

Reina de todas las Reinas y modelo de majestad femenina”, como así llegó a describirla William Shakespeare, la vida de Catalina de Aragón está marcada por los contraste dignos de un personaje de novela: luces y sombras, alegrías y penas, poder y destierro. Una princesa y reina del pueblo muy querida y admirada por los inglés cuyo destino final fue triste y desgraciado. Hay historias que parece que siempre se repiten.

Catalina, de Infanta a Princesa de Gales

Aunque Catalina de Trastámara nació en Alcalá de Henares, donde es recordada por todos sus ciudadanos con gran cariño, su infancia transcurrió mayoritariamente en Granada. Allí vivió junto a sus padres el ambiente de la guerra, de la estrategia política y de la negociación, siendo testigo del final de la Reconquista cristiana con la recuperación del Reino Nazarí de Granada, entregado a los Reyes Católicos por Boabdil el 2 de enero de 1492. La joven infanta solamente tenía 6 años por aquel entonces, pero desde hacía dos ya estaba prometida con Arturo, Príncipe de Gales y heredero de la Corona inglesa.

Detalle del retrato de Catalina de Aragón a los once años, de Juan de Flandes. Fuente: Museo Thyssen

Desde la Alhambra de Granada partió Catalina, Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, hacia el puerto de La Coruña para convertirse en Princesa de Gales. Tras varios años de negociaciones, Arturo y Catalina se casaron en la Catedral de San Pablo, en Londres, el 14 de noviembre de 1501. La infanta fue acompañada al altar por el hermano de su esposo, Enrique, el futuro Enrique VIII con el que repetiría en unos años ese mismo camino, pero para unirse en matrimonio con él. Otro capricho más de la historia.

La infancia de Catalina de Aragón transcurrió en Granada

A los cinco meses del casamiento, unas terribles fiebres provocaron que Catalina enviudase, al producirse la repentina muerte de su esposo, Arturo. Sus padres reclamaron en varias ocasiones a Enrique VII de Inglaterra que devolviera a la Princesa viuda de Gales a Las Españas, como así se hizo en su momento también con la Infanta Isabel, hermana mayor de Catalina, cuando quedó viuda de su esposo, el Príncipe de Portugal. Sin embargo, no se produjo este hecho. La menor de los Reyes Católicos jamás volvería a contemplar su país natal y su añorada Alhambra, donde disfrutó de su infancia.

El reencuentro de Catalina y Juana

En febrero de 1506, la rutina inglesa de Catalina se rompió durante unas horas, produciéndose un suceso que, sin salir de las islas en las que llevaba años viviendo, le trasladó durante unos instantes a los recuerdos de su vida en Las Españas. Entre enero y abril de 1506, la Reina Juana I de Castilla y su esposo, el Rey Felipe I, visitaron Inglaterra tras hacer una parada en su travesía a Castilla, donde la Soberana debía ser jurada por las Cortes, en cumplimiento del testamento de la difunta Reina Isabel.

A pesar de que la estancia de los nuevos Reyes de Castilla en Inglaterra se extendió durante varias semanas, las hermanas Trastámara únicamente se encontraron en una ocasión. Concretamente, el 10 de febrero de 1506, en el Castillo de Windsor. En su escalera, acompañada por su cuñada, la Princesa María Tudor, la Princesa viuda de Gales contempló la llegada del séquito de su hermana, a la que no veía desde 1496 en que partió de Laredo a Flandes para casarse con el Archiduque Felipe.

Retrato de la Reina Juana I de Castilla. Fuente: Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Lo cierto es que nada se sabe de cómo debió ser realmente esa conmovedora y nostálgica reunión. Lo que sí está claro es que fue fugaz. Al día siguiente de llegar a Windsor, Catalina y su cuñada María partieron al Palacio de Richmond, separándose de la Reina propietaria de Castilla. Sorprende esta separación, aunque algunos historiadores apuntan a que el Rey Felipe no quería que Catalina pudiera instigar contra él en sus encuentros con su esposa. Sobre todo, extraña lo ocurrido porque la Reina Juana profesaba un gran cariño por su hermana pequeña. De hecho, hay que recordar que la hija pequeña de la Soberana de Castilla llevó por nombre Catalina, nacida en Torquemada en enero de 1507 y que posiblemente fue engendrada en la propia Inglaterra.

Catalina, Reina de Inglaterra

Si precisamente Catalina no regresó a Castilla fue porque la dote también volvería con ella, algo que Inglaterra no podía permitirse. Tras muchas cartas y negociaciones, la Princesa viuda de Gales fue prometida en matrimonio al nuevo Príncipe de Gales, Enrique, hermano del difunto heredero. Los esponsales se celebraron en 1503, cuando ella tenía 18 años y él 12, pero la ceremonia oficial tuvo lugar el 29 de abril de 1509, en Greenwich, y el 24 de junio la coronación. En aquel momento, Enrique ya era el Rey Enrique VIII, y por tanto Catalina ascendía en la escala real a la dignidad de Reina.

Grabado del siglo XVI de la coronación de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Fuente: Wikimedia

Catalina de Aragón era de gustos sencillos y no solía asistir a las grandes fiestas que gustaba organizar su esposo. La Reina de Inglaterra prefería dedicarse en su tiempo libre a las obras de caridad y a visitar monasterios, que a los momentos de ocio de su marido en forma de festejos, bailes o cacerías. La hija de los Reyes Católicos acudía con frecuencia al Santuario de la Virgen de Walsingham, a la que encomendaba el fruto de sus embarazos y al que legó parte de sus bienes en testamento. Catalina llegó a sufrir varios abortos y de los cuatro hijos a los que dio a luz, solamente sobrevivió la Princesa María, nacida el 18 de febrero de 1516 y que llegó a ser Reina de Inglaterra, casándose con el Rey Felipe II de España.

La educación y conocimientos de Catalina de Aragón, considerada una de las mujeres mejor formada de su época, fueron puestos al servicio de la política. De hecho, es considerada la primera mujer embajadora de la historia de Europa, cuando actuó como tal en 1507 para canalizar las relaciones internacionales entre Las Españas e Inglaterra. No hay que olvidar tampoco que en 1513 ejerció durante seis meses la regencia de la Corona inglesa, mientras el Rey Enrique se encontraba en Francia. Durante este breve gobierno, la Reina Catalina se puso al frente de las tropas inglesas en la Batalla de Flodden Field contra Escocia, comandándolas en el campo de batalla, lo que levantó el ánimo del ejército para derrotar al enemigo.

El divorcio más trascendental de la historia

La rosa Tudor y la granada, emblemas y símbolos de la unión de Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra presente todavía en varios monumentos de las islas inglesas, comenzaron a caminar por separado. La diferencia de edad entre ellos, la pérdida de la belleza y lozanía de la Reina por los numerosos partos y abortos que sufrió, los pocos gustos que compartían y el empeño de contar con un heredero varón, provocaron un distanciamiento paulatino entre la pareja real tras 18 años de matrimonio.

La aparición de Ana Bolena en la vida de Enrique VIII, que era nueve años más joven que el Rey y una de las damas de la Reina Catalina, fue la puntilla definitiva que condujo a la separación del matrimonio. El Soberano inglés luchó porque la Iglesia Católica de Roma le concediera la anulación, pero eso supondría la enemistad con el Emperador Carlos V, sobrino de la Reina Catalina. Enrique VIII se amparaba en que su matrimonio estaba maldito porque había leído en la Biblia que si un hombre se casa con la viuda de su hermano, no podrían concebir descendencia.

Retrato del siglo XVI de Catalina de Aragón, del Palacio de Lambeth. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, Catalina defendió hasta su muerte que su matrimonio con Arturo Tudor nunca se consumó, por tanto no era válido, y que llegó virgen al lecho de Enrique. Dado que se complicaba la nulidad, se sugirió a la Reina que decidiera tomar los votos y se retirase a un convento, pero ella se negó al afirmar que “Dios nunca me llamó a un convento. Yo soy la verdadera y legítima esposa del rey“.

Finalmente, se instituyó un tribunal con el Cardenal Wolsey al frente del mismo y en el que también participó un legado papal para decidir sobre el futuro del matrimonio. La defensa del Rey de Inglaterra se amparaba continuamente en aquel precepto de la Biblia, mientras que la Reina sostenía que su boda con Enrique había contado con la dispensa de Roma, además de llegar virgen al mismo al no haberse consumado la unión con Arturo.

“El juicio de la reina Catalina de Aragón”, de Henry Nelson O’Neil. Fuente: Birmingham Museums

El 21 de junio de 1529, Catalina decidió comparecer ante el tribunal, o más bien ante su todavía marido, pues fue al único que se dirigió. Expresó un impactante discurso en el que demostró su obediencia al Rey, reafirmó su virginidad a la hora de consumar su matrimonio y finalizó encomendando su causa a Dios. Tras ello, dirigió una reverencia al Soberano, abandonó la sala y parece que hasta recibió algún aplauso por su magistral defensa de sí misma.

Destierro y muerte de Catalina de Aragón

En enero de 1533, Enrique VIII decidió omitir el mandato de la Iglesia Católica y se casó con Ana Bolena, que le daría una hija, la futura Reina Isabel I, en septiembre de ese mismo año. En mayo, Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury y afín a los Bolena, declaró nulo el matrimonio del Rey con Catalina de Aragón, el cual fue ratificado por el Parlamento, al igual que la exclusión de la Princesa María de la sucesión al trono. Un año más tarde, el mismo Parlamento ratificó también el Acta de Supremacía, por el que Inglaterra quedaba separada de la obediencia de Roma y su monarca era reconocido como Jefe Supremo de la Iglesia Anglicana. El Catolicismo era historia en las islas inglesas.

María Tudor, Reina de Inglaterra e hija de Catalina de Aragón. Fuente: Museo del Prado

El principal partidario de Catalina de Aragón, Tomás Moro, fue condenado a muerte, causando un gran impacto entre los católicos ingleses y del resto de Europa. Sin embargo, eliminar a una Reina no era viable, sobre todo por la gran simpatía que le profesaba el pueblo inglés. No obstante, se vio obligada a abandonar Windsor y su destierro pasó por diversos castillos, hasta llegar al de Kimbalton. Allí es donde la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares murió un 7 de enero de 1536, con un corazón negro y privada de la compañía de su hija María por orden del Rey Enrique. A él le dedicó su última y larga carta, en la cual le perdonaba todo lo que le había hecho y le rogaba que cuidase de la hija que tenían.

Tumba de la Reina Catalina de Aragón. Fuente: Juan Pablo Arenas

Catalina fue enterrada en la Catedral de Peterborough con el tratamiento de Princesa viuda de Gales, no como la Reina de Inglaterra que fue, el 29 de enero de 1536. Ese mismo día, Ana Bolena sufrió el aborto de un hijo varón, y meses después caminó hacia el patíbulo, donde fue ejecutada, acusada de adulterio. Al día siguiente, Enrique VIII se casó con su tercera esposa. A pesar de su triste final, el pueblo y la historia no ha olvidado a Catalina de Trastámara, Reina de Inglaterra, Princesa viuda de Gales e Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, en cuya tumba nunca faltan flores frescas ni homenajes, al igual que en Alcalá de Henares, donde nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís recordando la historia de la última hija de los Reyes Católicos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BEATRICE FLEMING, G. (2010). La visita a Inglaterra de Juana I (enero-abril de 1506). En Zalama Rodríguez, M. A. (dir.), Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno, pp. 407-420. Recuperado de: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/25-FLEMING.pdf

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (s. f.). Biografía de Catalina de Aragón. Real Biblioteca de la Historia. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/11781/catalina-de-aragon

PERERA Y PRATS, A. (1976). Esbozos para una biografía de Catalina de Aragón. ES Revista de filología inglesa (6), pp- 47-80. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2288076.pdf

Dónde viajar en España en 2021: 12 efemérides y celebraciones para recorrer el país

Después de un 2020 completamente diferente a como nos lo habíamos imaginado mientras nos tomábamos las 12 uvas con cada una de las campanadas desde la Puerta del Sol de Madrid, llega el momento de vivir 365 días nuevos. Con la llegada del 2021, es momento de pensar en nuevos viajes y destinos. Ahora más que nunca, es momento de apoyar el turismo interior por España, acudiendo a nuestros hoteles y restaurantes, contratando los servicios de nuestros guías turísticos o visitando nuestros museos, teatros, parques naturales y, por supuesto, nuestros espacios patrimoniales.

El turismo español ha vivido unos meses muy duros por la crisis que se ha desencadenado por la pandemia del COVID-19. Cumpliendo siempre las medidas de seguridad que nos dirigen desde las autoridades sanitarias, tenemos que volver a planificar viajes por nuestro territorio. Además, en 2021 se van a conmemorar numerosas efemérides por España. Estas celebraciones son el motivo perfecto para acercarse a conocer ciudades o monumentos que vivirán un año de lo más especial, la excusa que necesitas para volver a llenar el baúl de recuerdos, aventuras e historias. ¿Te vienes a conocer los 12 lugares de España que tienes que visitar en 2021?

VIII Centenario de la Catedral de Burgos

En Burgos se encuentra la única catedral de España declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de forma independiente, es decir, sin aprovecharse del título concedido al casco histórico de la ciudad. Se trata de la Catedral de Santa María, para muchos la mayor expresión del arte gótico religioso del país. El 20 de julio de 1221, el Rey Fernando III y el Obispo Mauricio colocaron la primera piedra de este majestuoso edificio cuyas agujas rozan el cielo.

Panorámica de la Catedral de Burgos

La actual Catedral de Burgos no es la primera que tuvo la ciudad. La anterior de estilo románico se construyó a finales del siglo XI y en ella celebró precisamente Fernando III su boda con Beatriz de Suavia. El Rey de Castilla y León, entre otros reinos y señoríos, quería que Burgos, una de las urbes más importantes de la Corona, tuviera una sede catedralicia a la altura de su rango, ordenando la demolición del templo primitivo para levantar el actual. Sobre el estilo francés que presenta, se debe al Obispo Mauricio, que estudió en París y trajo de Francia a los maestros constructores que la diseñaron.

La Catedral de Burgos se concluyó en 39 años, aunque en los siglos posteriores se añadieron nuevos espacios y capillas. Precisamente, una de las más espectaculares es la de los Condestables de Castilla, la aguja y el cimborrio, de estilo gótico flamígero. Solo hay que entrar y contemplar su majestuosidad. En 2021, el templo gótico por excelencia de España cumple 800 años, la oportunidad perfecta para preparar un viaje a Burgos y conocer de primera mano sus secretos.

VII Centenario de la Catedral de Palencia

El 2021 está marcado por el aniversario de otra gran catedral española. En este caso, hablamos de la de Palencia, dedicada al patrón de la ciudad, San Antolín. Conocida como La Bella Desconocida, la catedral palentina es uno de los tesoros góticos más espectaculares del país, a pesar de que no sea tan conocida como la vecina burgalesa. Además, se ha sometido a un proceso de restauración, de tal modo que luce gloriosa ante los visitantes que la contemplen durante el año en que celebrará su VII Centenario.

Fachada de la Catedral de Palencia. Fuente: Guía Repsol

Hay que remontarse hasta el período visigodo para encontrar las primeras huellas de la Catedral de San Antolín. Fue en estos momentos en los que se cree que se fundó la sede episcopal, siendo de esta época la cripta catedralicia. Tras la reconquista cristiana de la ciudad, se restauró la Diócesis, acometiendo una ampliación del espacio visigodo en estilo románico. Sin embargo, el 1 de junio de 1321, se coloca la piedra piedra de la fábrica gótica actual, cuando las vecinas catedrales de Burgos y León ya estaban alcanzando el cielo. 

La construcción de la Catedral de San Antolín se prolongó hasta bien entrado el siglo XVI. Es por ello que, en lo que a la decoración se refiere, el estilo Renacentista es el otro gran protagonista, conjugado con sus elegantes facciones góticas. Su aspecto austero exterior protege un maravilloso bosque interior de arcos ojivales digno de admirar. Entra y descubre, La Bella Desconocida te espera.

V Centenario de la Batalla de Villalar

Con el beneplácito de de su madre, la Reina propietaria Juana I, Carlos de Gante asumió la gobernanza de los reinos españoles a la muerte de su abuelo, el Rey Fernando II de Aragón, pero llegó rodeado de un séquito de extranjeros que tomaron parte de las instituciones, algo que no gustó nada a la nobleza local. A ello hay que sumar que su proyecto imperial chocó con los intereses de la Corona de Castilla, que veía lejana la pretensión y el sueño del que regía sobre su territorio de coronarse Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, utilizando en gran medida sus fondos y caudales para ello. En este caldo de cultivo, se desencadenó la Guerra de las Comunidades que a punto estuvo de cambiar la historia.

“Ejecución de los comuneros de Castilla”, de Antonio Gisbert. Fuente: Wikimedia

Entre 1520 y 1522, las principales ciudades castellanas se sublevaron contra Carlos V, con Toledo y Valladolid a la cabeza, reclamando, entre otros, que la gobernanza en su ausencia fuera ejercida por un castellano o prohibir la salida de caudales del reino. Hubo hasta un intento de devolver a la Reina Juana a su legítimo trono, pero ella no quiso posicionarse. La Batalla de Villalar, acontecida el 23 de abril de 1521 en este municipio de Valladolid, fue la victoria decisiva del bando real, produciéndose al día siguiente la decapitación de los líderes comuneros: Bravo, Padilla y Maldonado.

Iglesia de San Juan, en Villalar de los Comuneros. Fuente: Wikimedia

Con la conmemoración del V Centenario de esta importante efeméride para toda la actual comunidad de Castilla y León, es un buen momento para acercarse hasta el lugar en el que se produjo el desenlace del alzamiento comunero. Mucho se ha escrito y discutido sobre este hecho histórico, calificándolo algunos de primera revuelta burguesa de la historia, otros como revuelta antiseñorial y hay quienes afirman que se trató de un movimiento antifiscal. También hay quienes no dudan en decir que es un conglomerado de todo ello. De lo que no cabe duda es de que es uno de los hechos más trascendentales de la historia de España digno de recordar en 2021.

Año Xacobeo

Galicia volverá a vivir un año de magia y encuentros. Las estrellas, la ilusión, la esperanza, el esfuerzo y para muchos la fe, volverán a guiar a los peregrinos del Camino de Santiago. En los confines del mundo, como así lo creían los romanos, se encuentra uno de los rincones más importantes de la Cristiandad desde tiempos inmemoriales: la Catedral de Santiago Apóstol. Cada vez que el día del santo, es decir, 25 de julio, cae en domingo, la Puerta Santa se abre y recibe a fieles y turistas, para celebrar un nuevo Año Santo Xacobeo.

Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela

Con el Año Xacobeo, encontramos la oportunidad perfecta de no solo abrazar al Apóstol, sino también al turismo de Santiago de Compostela. La capital gallega está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en gran medida por la importancia de su catedral y por ser destino de una de las rutas más importantes del mundo, gracias a la cual se han ido produciendo intercambios culturales, artísticos y sociales a lo largo de toda su historia. En 2021, Santiago y Galicia te esperan.

III Centenario del Palacio Real de La Granja

El siglo XVIII se produjo uno de los cambios más importantes de la historia de España: el cambio de dinastía. Los Austrias sucedieron a los Borbones tras la muerte de Carlos II sin dejar descendencia directa que heredase el trono español, optando en su testamento por su sobrino nieto Felipe de Anjou, de la Casa Borbón, como su sucesor. Con el nuevo rey, llegaron a Las Españas el gusto y el estilo francés, que encuentra su máxima expresión en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia. Su construcción fue emprendida por este mismo monarca, colocándose la primera piedra el 1 de abril de 1721.

Vista del Palacio Real de La Granja, en Segovia

Palacio, jardines, fuentes y hasta una colegiata en la que está enterrado el Rey fundado del Real Sitio junto a su esposa, la reina Isabel de Farnesio, dan forman al conocido como Versalles español, aunque a menor escala. Desde su construcción y hasta comienzos del siglo XX, el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso era el lugar de retiro de la Familia Real española durante los meses estivales. Hoy en día, sus espacios se han musealizado y están abiertos al público, pudiendo descubrir en las estancias de su palacio dos siglos de historia de España.

El III centenario del inicio de la construcción del Palacio Real de La Granja supone una nueva oportunidad para regresar a esta localidad segoviana, situada en plena Sierra de Guadarrama. Además de visitar la propia residencia real o sus jardines, también hay que reservar tiempo para conocer la Real Fábrica de Cristales, una de las joyas más destacadas del patrimonio industrial español en la que poder descubrir cómo se fabricaba este preciado material que tanto gustaba en la Corte del XVIII y la forma en que lo llevan a cabo actualmente. Por supuesto, nadie puede irse tampoco de La Granja sin degustar sus famosos judiones, el plato estrella de la gastronomía local.

20 años de Aranjuez como Paisaje Cultural de la UNESCO

Aranjuez es otro de los Reales Sitio de España que en 2021 también están de celebración. El 14 de diciembre de 2001, la UNESCO lo incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad, bajo la categoría de Paisaje Cultural, por lo que este año cumple 20 años desde que se produjera esta importante declaración. De hecho, fue el primer espacio de España que entró a formar parte de este selecto grupo de lugares del mundo con esta misma distinción, al ser un escenario único en el que naturaleza y obra humana, y paisaje silvestre y ordenada arquitectura caminan unidas.

Fachada del Palacio Real de Aranjuez

El origen del Real Sitio de Aranjuez se encuentra en la Casa Maestral de la Orden de Santiago. El título de Maestre fue incorporado a la Corona en tiempos de los Reyes Católicos, siendo ratificada la decisión en 1523 por el Papa Adriano, y con esta decisión la casa también pasó a ser propiedad del patrimonio real. Aunque Carlos V asentó las bases para establecer en este espacio un lugar de recreo, fue su hijo Felipe II el que verdaderamente lo llevó a cabo, transformando aquel edificio en un magnífico palacio real.

Los Borbones acabaron dotando al Palacio de Aranjuez del estilo que podemos contemplar actualmente. Durante siglos, fue el lugar elegido por la Familia Real española para disfrutar de la primavera. Los jardines que lo rodean o la cercanía del río Tajo, en la que tantos momentos han pasado navegando reyes y reinas a bordo de las falúas que podemos observar en un curioso museo creado para tal efecto, eran motivos que no solo atraían a la realeza, sino también a los visitantes que cada día pasean por este Paisaje Cultural de la UNESCO.

275 aniversario del nacimiento de Goya

La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”. Con esta cita de Francisco de Goya y Lucientes, recordamos en 2021 la figura del genio, en el año en que se conmemora el 275 aniversario de su nacimiento en la localidad de Fuendetodos, en la provincia de Zaragoza. Precisamente, hasta este punto de Aragón acuden muchos visitantes para visitar su Casa Natal, así como el Museo del Grabado, donde se puede contemplar parte de su obra gráfica así como descubrir esta técnica.

Retrato de Francisco de Goya. Fuente: Museo del Prado

Aprovechando la visita a la provincia de Zaragoza, hay que hacer una parada en la capital, donde se puede disfrutar de una ruta para conocer la huella que dejó en la ciudad. Algunas de las paradas imprescindibles son la Basílica del Pilar, en la que tendrás que alzar la vista para poder observar los frescos que ejecutó para este importante templo, o el propio Museo de Goya, con su Sala de Pintura y Sala de Grabados.

Y de Zaragoza viajamos hasta Madrid, en cuyo Museo Nacional del Prado se exponen las obras más importantes de Francisco de Goya. Después de un 2020 en el que este espacio museístico permaneció cerrado durante unos meses a causa del COVID-19, el 2021 debe ser el momento en el que nos reencontremos con el arte. Paseando por sus salas, descubrirás la herencia del pintor zaragozano.

VIII Centenario del nacimiento de Alfonso X en Toledo

Uno de los grandes reyes de la historia de España celebrará su 800 cumpleaños en 2021. El 23 de noviembre de 1221, nació en la ciudad de Toledo el rey Alfonso X de Castilla, más conocido como El Sabio. Su herencia cultural deja en un segundo plano la importancia política de su reinado, en el que continuó el proceso de Reconquista hacia el sur, destacando por ejemplo la conquista de Cádiz. Del mismo modo, algo poco conocido es que dedicó buena parte de su vida a alcanzar la corona imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, como hijo de Beatriz de Suabia que era, aunque sin éxito alguno.

Alfonso X en el Prólogo del Códice Rico de las Cantigas de Santa María

A Alfonso X se debe el avance legislativo que experimentó la Monarquía medieval del momento, destacando, entre otros, el texto de las Siete Partidas, que dotaron a la Corona de Castilla de cierta uniformidad jurídica. De hecho, su repercusión e importancia es tal que hasta bien entrado el siglo XIX seguía contando con influencia sobre los cánones del Derecho español y de Hispanoamérica. En lo que se refiere a la literatura, destacar las Cantigas de Santa María, escritas en galaico-portugués por el propio Rey Sabio.

30 años de Poblet como Patrimonio Mundial

Ramón Berenguer IV falleció en 1162. Fue Conde de Barcelona, pero también la llave con la que el condado se unió dinásticamente al reino de Aragón, tras su matrimonio con Petronila de Aragón. Aunque fue sepultado en el Monasterio de Ripoll, sus restos se trasladaron al de Poblet, una fundación monástica emprendida por él mismo en 1150. De hecho, el Real Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991, se convirtió en el siglo XIV en el panteón real de la Corona de Aragón, lo cual se mantuvo hasta el siglo XV, con Juan II como último rey aquí enterrado, ya que Fernando El Católico se encuentra inhumado en la Capilla Real de Granada.

Panorámica del Monasterio de Poblet. Fuente: Escapada Rural

El Monasterio de Poblet es prototipo de abadía cisterciense, y, a pesar de los avatares de finales del siglo XIX y principios del XX, hoy en día sigue ocupado por sus primitivos moradores, lo que imposibilita la visita de algunos espacios del cenobio. De acuerdo con la propia UNESCO, fue reconocido con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por ser uno de los conjuntos de la Orden del Cister más grandes y completos del mundo. Además, la naturaleza acompaña a su arquitectura, lo que hace que la visita a Poblet se convierta en una excursión inolvidable. En 2021, 30 años como joya mundial.

25 ediciones de Las Edades del Hombre

La Fundación Edades del Hombre es la encargada de desarrollar en Castilla y León la exposición anual más importante de arte sacro de España, y una de las más destacadas del mundo. La comunidad autónoma atesora más del 50% del arte religioso del país, lo que explica el nacimiento de esta exposición que busca la salvaguarda y publicidad del patrimonio cultural. Muchos desconocen la existencia de esta exposición, pero ha estado presente incluso en Nueva York, Amberes y la madrileña Catedral de La Almudena.

Cartel de la edición 25 de Las Edades del Hombre

Cada edición de Las Edades del Hombre se celebra en un punto o puntos diferentes de la región, exponiendo en ella una muestra de los tesoros más importantes del arte religioso de Castilla y León sobre una determinada temática. Durante 2021, celebrará la número 25, un cuarto de siglo construyendo identidad, como así reza su eslogan conmemorativo. Concretamente, en mayo de 2021 abrirá “LUX” en la Catedral de Burgos, Carrión (Palencia) y Sahagún (León). Nada mejor que acudir hasta estos puntos para celebrar los 25 años de exposiciones de Las Edades del Hombre.

Cangas de Onís, pueblo mágico del 2021

En diciembre de 2020, Cangas de Onís fue galardonado con el Premio Pueblo Mágico 2021. Esta localidad es el reflejo de la Asturias eterna, a la que siempre queremos volver: el reencuentro con los Lagos de Covadonga, los ecos de la historia pasada o la Cruz de la Victoria sobre el puente medieval. Con esta declaración, encontramos una nueva oportunidad de visitar este rincón del Principado, desde el que se puede planificar una escapada por el resto de la región.

Cruz de la Victoria, en el puente medieval de Cangas de Onís. Fuente: Lugares de Aventura

Uno de los puntos por los que pasan los turistas siempre que acuden hasta Cangas de Onís es la Montaña de Covadonga. Forma parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, que fue el primero que contó con esta declaración, remontándose a 1918. La belleza de sus paisajes, la singularidad de su flora y fauna o la representatividad de sus ecosistemas, principalmente sus famosos y eternos lagos, dejan una huella inmortal en los visitantes que pasean por el jardín astur por excelencia.

V centenario del traslado de los cuerpos de los Reyes Católicos a la Capilla Real de Granada

Los amantes de la historia tenemos una cita en Granada en 2021. Hace quinientos años, la ciudad despidió para siempre a los Reyes Católicos, en el último viaje que los monarcas de Castilla y Aragón realizaron. Isabel I y Fernando II fueron enterrados, siguiendo sus disposiciones testamentarias en Granada, la plaza que tanto les costó conquistar y que puso fin a la Reconquista. Allí fundaron la Capilla Real, pero hasta que su construcción finalizó, sus cuerpos fueron sepultados temporalmente en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra.

Panorámica de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

El 10 de noviembre de 1521, los cuerpos de los Reyes Católicos fueron trasladados hasta la cripta sepulcral de la Capilla Real, siguiendo así sus últimas voluntades. Toda la ciudad de Granada volvió a vestirse de luto para despedir a sus legendarios soberanos por última vez, bajando desde la cima de la Alhambra por última vez. En 2021, se celebrará el V centenario de esta importante efeméride, un motivo más para viajar hasta esta ciudad de Andalucía y descubrir este y otros monumentos.

Las posibilidades de disfrutar de España a lo largo del 2021 son infinitas. Nuestro país, gracias a la riqueza natural, cultural, gastronómica y turística volverá a situarse entre los destinos del mundo preferidos por los turistas, un destino seguro y al que todo el mundo desea regresar. Al menos, a nosotros, ya nos tiene conquistados. A lo largo de los 365 días del año, continuaremos siendo unos auténticos #turistaenmipaís. ¿Y tú, te vienes a recorrer España con nosotros?

J.

La ruta de Juana I de Castilla: el viaje fúnebre de la Reina de Burgos a Tordesillas

El 20 de diciembre de 1506, la burgalesa Cartuja de Miraflores fue el escenario de uno de los pasajes más cautivadores de la historia de España. La Reina Juana I de Castilla acudió al final del día al cenobio cartujo y, sin tener en cuenta la oposición de los monjes, decidió levantar el cadáver de su esposo, el Rey Felipe, y proceder a iniciar el traslado del féretro hasta Granada, donde el monarca había dictado ser enterrado en caso de fallecimiento en territorio español. Sin duda, este hecho histórico marcaría el devenir político de Castilla y, por supuesto, el de la leyenda romántica que siempre ha rodeado a Juana I que, tristemente apodada y conocida por muchos como “La Loca”, no deja de ser la primera Reina de Las Españas.

Desde la Cartuja de Miraflores, comenzó un viaje fúnebre de avances y retrocesos por diversos puntos de la vieja y legendaria Castilla, una ruta que transcurrió por localidades de las actuales provincias de Burgos, Palencia y Valladolid. El destino final no fue Granada, sino Tordesillas, en cuyo Palacio Real fue recluida por mandato de su padre, el Rey Fernando II de Aragón, la legítima Reina propietaria de Castilla. Durante el itinerario, acontecieron hechos como el nacimiento de la Infanta Catalina o el encuentro de Juana I con la nueva esposa de su padre, Germana de Foix, otro peón más en el juego de tronos que se vivía en aquellos años en Castilla. ¿Te vienes a descubrir esta histórica ruta y seguir las huellas de la Reina Juana?

La muerte de Felipe I de Castilla

Por todos sabido, la política de matrimonios de los Reyes Católicos consistió en casar a sus diferentes hijos con diversos miembros de la realeza europea con el objetivo de aislar a Francia, principal enemigo de Aragón en la esfera internacional. La Infanta Juana tuvo que abandonar Castilla, el reino que la había visto nacer, para emprender una nueva vida junto a su esposo, el Archiduque Felipe de Austria. Sin embargo, el destino quiso que la joven pasara a ostentar el título de Princesa heredera de Castilla y Aragón cuando sus dos hermanos mayores, Juan e Isabel, y su sobrino, Miguel de la Paz, fallecieron. Tres muertes condujeron a Juana al trono, aunque acompañada por la sombra y la mano de su marido.

Demencia de doña Juana de Castilla. Fuente: Museo del Prado

Tras el fallecimiento de la Reina Isabel en noviembre de 1504, Juana y Felipe acudieron a Las Españas para que la Reina propietaria fuera jurada en Cortes. Sin embargo, su esposo no estaba dispuesto a ser un mero consorte, por lo que, finalmente, las Cortes de Valladolid, celebradas el 12 de julio de 1506, reconocieron a ambos como Reyes de Castilla. Tras el acto, emprendieron el viaje hacia Burgos, donde llegaron el día 7 de septiembre, hospedándose en la Casa del Cordón, un palacio gótico de finales del siglo XV construido por los Condestables de Castilla. Fue en una de sus estancias donde la muerte sorprendió al nuevo Rey.

Vista exterior del Castillo de Burgos

En el Castillo de Burgos, un espectacular monumento cuyos primeros cimientos datan del siglo IX, Felipe I participó en un juego de pelota tras su llegada a la ciudad. Sin embargo, finalizado el partido, el Rey se enfrió, parece que por habar bebido agua demasiado fría. Todo ello le provocó unas terribles fiebres que le condujeron, tras varios días sin recuperarse, a una repentina muerte, como así recogió el doctor Parra en carta dirigida al rey Fernando de Aragón, del que la leyenda ha llegado a decir que fue el causante de esta muerte que tanto le benefició. El 25 de septiembre, Castilla se quedaba sin Rey, poniendo fin al efímero reinado del primer Felipe sentado en un trono que ha tenido la historia de España. Ahora, vamos por el sexto.

El mismo lugar en el que Juana y Felipe fueron recibidos oficialmente por la ciudad de Burgos, su magnífica Catedral gótica, fue el escenario para celebrar los funerales por la memoria del difunto Rey, todo ello después de haber velado en la Casa del Cordón un cadáver sin corazón, que fue enviado a Flandes por disposición de su hermana Margarita para que fuera enterrado junto a su madre, María de Borgoña. Desde la catedral, partió un cortejo hasta la Cartuja de Miraflores, donde el cuerpo fue entregado a los monjes para su custodia. No obstante, el testamento del Rey Felipe lo dejaba claro: debía ser enterrado en Granada, donde se hallaba también el cuerpo de su suegra, la Reina Isabel.

La ruta de Juana I de Castilla

Después de enviudar, la Reina Juana se instaló en la Casa de la Vega, una propiedad rural de los Condestables de Castilla situada a las afueras de la ciudad. Concretamente, esta residencia señorial se ubicaba en el actual Barrio de Gamonal, pero de ella no queda nada, ya que fue derruida hace unos años. Desde este desaparecido edificio partió la Soberana el 20 de diciembre de 1506 hacia la Cartuja de Miraflores, donde solicitó a los monjes cartujos que le entregasen el cuerpo real de su esposo Felipe para comenzar un viaje a Granada y cumplir la voluntad del difunto.

Cartuja de Miraflores. Fuente: Guías Turísticos Burgos

Las paradas, los hechos que ocurrieron y las vivencias de este traslado del cuerpo de Felipe I, que se realizó siempre de noche, han llegado a nuestros días principalmente a través del testimonio de Pedro Mártir de Anglería, humanista italiano que presenció y acompañó a la Reina Juana en su divagar por Castilla. Sus palabras se entremezclan con las historias populares que todavía recuerdan los habitantes de estas poblaciones. Los páramos de Castilla, sin duda, no olvidan el fúnebre divagar que contemplaron, liderado por esta joven Reina viuda cuyo destino estaba escrito.

Torquemada

La Reina Juana, acompañada del Marqués de Villena, el Adelantado de Granada y el embajador Luis Ferrer, llegó a medianoche al municipio de Cavia después de haber partido desde la Cartuja de Miraflores, antes de proseguir hasta Torquemada la jornada siguiente. En esta localidad de Palencia permaneció entre el 24 de diciembre de 1506 y el 1 de mayo de 1507, abandonando el municipio por la amenaza de la peste.

Retrato de la Infanta Catalina como Reina de Portugal. Fuente: Museo del Prado

Durante su estancia en Torquemada, el féretro del Rey Felipe permaneció en la imponente iglesia parroquial de Santa Eulalia, donde las mujeres tenían prohibida la entrada por orden de la Reina y a diario se celebraban funerales. Además, el 14 de enero de 1507, la Reina Juana dio a luz en Torquemada a su última hija, la Infanta Catalina de Austria. La joven acompañó a su madre desde entonces, incluso hasta la reclusión en el Palacio Real de Tordesillas. Sin embargo, en 1524, su hermano Carlos V concertó su matrimonio con el rey Juan III de Portugal y abandonó la residencia.

Hornillos de Cerrato

En el traslado de Torquemada a Hornillos de Cerrato (Palencia), el cortejo se encontró con un convento, posiblemente el desaparecido Monasterio de Santa María del Escobar, y la Reina Juana quiso detenerse para celebrar funerales en él. Sin embargo, cuando se percató que era un cenobio femenino, dio órdenes para que sacasen el féretro de allí y, a cielo abierto, ordenó sacar el cadáver. La Soberana lo contempló y mandó llamar a los nobles que le acompañaban para que testificasen que allí estaba el cuerpo del Rey Felipe. Tras ello, prosiguieron la marcha, llegando a Hornillos de Cerrato al alba. Este momento fue utilizado por Francisco Pradilla para pintar su famosa obra “Doña Juana la Loca”, expuesto en el Museo Nacional del Prado e imagen de cabecera del artículo.

Iglesia de San Miguel de Hornillos de Cerrato. Fuente: Ayuntamiento Hornillos de Cerrato

La estancia en Hornillos de Cerrato se extendió hasta el 24 de agosto de 1507. El cuerpo del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor de la Iglesia de San Miguel. Las antorchas que continuamente iluminaban el féretro provocaron un incendio en el templo en julio de 1507, conllevando que tuviera que ser reformada, siendo costeadas las obras por la propia Corona. Esta es una anécdota más de las muchas que ocurrieron en este fúnebre viaje.

Tórtoles de Esgueva

La noche del 24 de agosto de 1507, el cortejo fúnebre del Rey Felipe con su viuda a la cabeza se trasladó a Tórtoles de Esgueva. Retrocedieron en su camino a Granada, volviendo a la actual provincia de Burgos. En esta localidad, la Reina Juana tenía previsto reunirse con su padre, el Rey Fernando de Aragón. La estancia en Tórtoles de Esgueva se extendió hasta el 5 de septiembre.

Retrato de Fernando El Católico, por Michel Sittow. Fuente: Kunsthistorisches Museum

La Reina Juana cayó en brazos de su padre el día 29 de agosto de 1507, como así lo describieron los que lo contemplaron. La Soberana de Castilla se reencontró con su progenitor, quien aconsejó a su hija trasladar la Corte a una población más grande con suficientes provisiones, eligiendo Santa María del Campo, muy cerca de la ciudad Burgos, ya que Tórtoles de Esgueva no tenía la capacidad de acoger sus respectivos cortejos. Quienes visiten esta localidad, no pueden perderse la Iglesia de San Esteban, donde fue depositado el cuerpo del Rey Felipe.

Santa María del Campo

La Corte permaneció en Santa María del Campo cerca de un mes. La presencia del Rey Fernando no impidió que su hija mantuviera las mismas guardias ante el cadáver de su difunto esposo, y las mismas ceremonias eclesiásticas, como si acabara de fallecer. Además, la Reina prohibió las fiestas, obligando a su padre a trasladarse a Mahamud para imponer el capelo cardenalicio al Arzobispo de Toledo el 23 de septiembre de 1507.

Iglesia de Santa María del Campo. Fuente: Wikimedia

Para descubrir las huellas de la Reina Juana en Santa María del Campo, que le rinde homenaje con una estatua en su honor, hay que acercarse a la Casa del Cordón, donde varias evidencias apuntan que fue donde se alojó. El edificio conserva la fachada original del siglo XVI y actualmente es una vivienda privada. Por su parte, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el portentoso templo parroquial de Santa María del Campo. Declarado Bien de Interés Cultural, acogió el cuerpo de Felipe I y en él se celebró el cabo de año de su fallecimiento.

Arcos de la Llana

A principios de octubre de 1507, el Rey Fernando instó a su hija para que trasladaran la Corte a otra ciudad más grande. Ella era la Reina de Castilla, y a ella le correspondía, al menos oficialmente, tomar ese tipo de decisiones. Sin embargo, al iniciar el viaje, la Soberana desconocía dónde eran conducidos, hasta que se percató del destino. Doña Juana rehusó proseguir, diciendo que nunca más en su vida quería visitar la ciudad de Burgos, donde fue privada de su marido, obligando a su comitiva a establecerse en Arcos de la Llana el 9 de octubre de 1507, mientras que su padre se dirigió a Burgos, quedando separados de nuevo.

Iglesia de San Miguel, en Arcos de la Llana. Fuente: Sandoval de la Reina

En Arcos de la Llana, la Reina Juana se instaló en el Palacio Arzobispal, mientras que el féretro permaneció en la Iglesia de San Miguel. Su estancia en este municipio fue la más larga de todas las de la travesía fúnebre con el féretro de su esposo, extendiéndose desde octubre de 1507 hasta marzo de 1509. Esta residencia es una construcción de cantería que contaba un patio reformado en el siglo XVI que, como curiosidad, fue desmontado en el XX, siendo sus columnas regaladas al Estado, que las colocó en el madrileño Palacio de la Moncloa.

En otoño de 1507, Arcos de la Llana fue testigo de otro de los encuentros más esperados. La Reina Juana se entrevistó con la nueva esposa de su padre, Germana de Foix, tras haberle pedido poder conocer a su madrasta. De acuerdo con las crónicas del momento, Doña Juana la recibió con el respeto que se espera de una hija. Este hecho fue uno de los pocos que rompieron su monotonía en la localidad burgalesa.

Tordesillas

El Rey Fernando decidió que era momento de continuar el camino de su hija, que llevaba aposentada en Arcos de la Llana desde finales de 1507. Sin embargo, su destino no iba a ser Granada, sino Tordesillas. El Soberano de Aragón había decidido que el Palacio Real de esta villa vallisoletana sería el lugar en el que la legítima Reina de Castilla pasaría el resto de su vida, mientras que él se encargaría del gobierno del reino. En definitiva, trataba de cumplir lo dispuesto en el testamento de la difunta Reina Isabel, aunque siempre nos quedará la duda de si verdaderamente Doña Juana no quería hacerse cargo de sus funciones.

Panorámica del Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas

Hasta la llegada al destino previsto, se sabe que el cortejo hizo paradas intermedias, como en Villahoz o en Renedo de Esgueva. Se desconoce el día exacto de marzo de 1509 en el que la Reina Juana llegó a Tordesillas. Mientras que el cadáver del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor del Monasterio de Santa Clara, hasta su traslado a la Capilla Real de Granada en 1525 por orden de su hijo, el emperador Carlos V, la Soberana se instaló en el Palacio Real junto con la Infanta Catalina. A pesar de ello, no dejó de ser “Reyna y señora propietaria de aquellos reynos”, tal y como sostuvo el cronista Zurita, concretamente durante 51 años desde que accedió al trono de Castilla y 39 desde que heredó sus reinos paternos de Aragón.

Sepulcro de los Reyes Juana y Felipe. Fuente: Capilla Real de Granada

A lo largo de los siglos, Castilla ha contemplado multitud de traslados fúnebres de cuerpos reales. Sin embargo, ninguno tan largo y lúgubre como el que llevó a cabo la Reina Juana con el féretro de su esposo, el Rey Felipe, algo que todavía se sigue recordando por el impacto que causó entre la población del momento. Esta Soberana de legítimo derecho sobre los reinos de sus padres es, hoy en día, una romántica leyenda, y el viaje que hemos narrado tiene mucho que ver en todo lo que se ha dicho y se sigue escribiendo sobre ella.

Todas las localidades por las que dejó su huella Doña Juana en aquella travesía recuerdan su legado, luciendo con orgullo después de tantos siglos la visita que su Señora natural les hizo y, con ello, tratan de recordar que ella fue, es y será siempre la primera Reina de España. Visitando la Cartuja de Miraflores, Torquemada, Hornillos de Cerrato, Tórtoles de Esgueva, Santa María del Campo, Arcos de la Llana y, por supuesto, Tordesillas, te sentirás un verdadero #turistaenmipaís con la Reina Juana I como guía personal por sus históricas calles.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Anglería, P. M. (1955). Epistolario. López de Toro, J. (estudio y traducción). Documentos Inéditos para la Historia de España, Tomo X. Madrid: Imprenta Góngora. Recuperado de: https://www.saavedrafajardo.org/Archivos/LIBROS/Libro0462.pdf

Zalama, M. A. (2006). El rey ha muerto, el rey continúa presente: el interminable viaje de Felipe I de Burgos a Granada. En Vandenbroeck, P. y Zalama, M. A. (coords.), Felipe I el Hermoso: la belleza y la locura (pp. 195-212). Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica.

Zurita, J. (1580). Los cinco libros postreros de la historia del Rey Don Hernando el Catholico, de las empresas y ligas de Italia. Zaragoza: Oficina de Domingo de Portonarijs y Vrsino. Recuperado de: https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=436957

Historia, curiosidades y leyendas del Palacio Real de Madrid, un monumento para la eternidad

El 1 de diciembre de 1764, concluía uno de los proyectos arquitectónicos más importantes de la historia de Madrid. Después de varias décadas de construcción, Carlos III inauguraba el Palacio Real, el que todavía hoy sigue siendo el palacio en funcionamiento más grande de la vieja Europa. Ni Versalles, ni Buckingham ni el Hofburg de Viena, solo el Palacio de Oriente madrileño, como así también se le conoce, conserva este privilegiado título. Más de 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones atestiguan y confirman la afirmación anterior, aunque son los secretos que se esconden detrás de todos sus espacios y rincones lo que más llama la atención de sus visitantes.

A lo largo de sus más de dos siglos y medio de vida, el Palacio Real de Madrid ha sido el silencioso testigo en piedra del devenir social de la capital de España y, por ende, prácticamente de todo el país en su conjunto. De hecho, el propio motivo que produjo la construcción de este emblemático monumento es uno de los episodios que más pasiones levantan entre los amantes de la historia madrileña, por lo que no es de extrañar que las estancias de este edificio alberguen, además de cuadros, ricos tapices o espectaculares relojes, muchas otras curiosidades más. ¿Te vienes a descubrir algunas de ellas?

De Alcázar a Palacio Real

El espacio que ocupa el Palacio Real de Madrid siempre ha estado ligado al poder de la Monarquía. Uno de los aspectos que pocos conocen es que, antes de construirse este gigante de piedra de estilo barroco, existía en su emplazamiento un alcázar de origen medieval, concretamente al período de dominación árabe de la ciudad, del entonces Mayrit. Los monarcas Trastámara lo frecuentaron y emprendieron reformas sobre la residencia, pero se debió a los Austrias, sobre todo a Felipe II, el impulso que se dio al edificio, convirtiéndolo en un verdadero palacio.

Vista del Alcázar en el siglo XVI. Fuente: Museo de Historia de Madrid

En el desaparecido Alcázar de Madrid acontecieron hechos históricos tan importantes como el nacimiento de Juana de Castilla, más conocida como La Beltraneja, que le disputó el trono a su tía, la reina Isabel La Católica; de sus paredes colgaron cuadros de Velázquez, como las famosas Meninas que hoy se exponen en el Museo del Prado, o en sus estancias falleció el último rey Habsburgo español, Carlos II, el 1 de noviembre de 1700. A esta dinastía le sucedió la de los Borbones, con Felipe V como primer Soberano de esta poderosa familia de origen francés.

Felipe V, que tuvo que ganar una guerra en la que se involucró toda Europa y que mermó los territorios de Las Españas para alzarse con la corona, se había criado en Versalles, por lo que el gusto castellano y austero del Real Alcázar de Madrid le llegó a horrorizar. Por ello, llevó a cabo reformas en su interior para adecuarlo a su gusto, aunque de nada sirvieron estas mejoras. La Nochebuena de 1734, estando la Familia Real en el Palacio del Buen Retiro, un terrible incendio se desató en el Alcázar, cuyos artesonados de madera ayudaron a que se propagase rápidamente. Cuadros, joyas y pertenencias eran arrojados por las ventanas del Alcázar madrileño, mientras la luz de esta histórica residencia real se apagó para siempre después de 4 días de calor y llamas.

La construcción del Palacio Real

Una de las leyendas que forman parte de la historia del actual Palacio Real se fundamenta en que el propio Felipe V ordenó incendiar el Alcázar medieval, con el objetivo de construirse un nuevo palacio que respondiera a sus gustos. Mientras se iban derribando los restos que quedaron del anterior edificio, el rey ordenó al arquitecto Filippo Juvarra diseñar el proyecto. El maestro presentó una obra verdaderamente faraónica, concibiendo un edificio de 480 metros de fachadas, 23 patios y un tamaño que se calcula en cuatro veces el actual.

Proyecto de F. Juvarra para el nuevo Palacio Real de Madrid. Fuente: Investigart

La respuesta a por qué no se llevó a término el proyecto de Juvarra se encuentra en que, para haberlo levantado, se tendría que haber ubicado en otra zona de la villa, concretamente en los Altos de Leganitos, a lo que Felipe V no estaba dispuesto a renunciar, pues deseaba erigirlo sobre el anterior, además de lo costoso que suponía emprender una obra de tal magnitud. Debido al fallecimiento del arquitecto, el rey le encargó otra propuesta a Giambattista Sacchetti, discípulo del anterior, quien adaptó los planos, recibiendo el visto bueno del monarca.

El 7 de abril de 1738, comenzaron oficialmente las obras del nuevo Palacio Real de Madrid, colocando una primera piedra en la que puede leerse “Para la eternidad”. El edificio se proyectó completamente en piedra, siguiendo los preceptos del barroco de la época, un gusto clasicista que rompía completamente con el ambiente medieval que había sido el protagonista en esa misma zona de la ciudad hasta hacía escasos años.

Así es el palacio más grande de Europa

A pesar de que el proyecto primitivo de Juvarra no llegó a ejecutarse, el Palacio Real de Madrid puede presumir de ser el palacio habitado más grande de Europa. Y decimos habitado porque, aunque la Familia Real española no resida en él, no deja de ser el lugar en el que tienen fijada su residencia oficial. Como hemos comentado anteriormente, el edificio, cuyas obras se extendieron hasta 1764 en que Carlos III habitó en él por primera vez, está formado por 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones, destacando también sus 870 ventanas, 240 balcones o las 44 escaleras que posee. Las comparaciones son odiosas pero, pese a lo que muchos creen, el Palacio de Versalles, cerca de París, cuenta con 67.000 metros cuadrados, por lo que el de Madrid le supera.

Vista del Palacio Real desde el patio de armas

En la visita turística no se recorren las casi 3.500 habitaciones, pero sí algunas de las estancias más sobresalientes, alrededor de veinte. Durante el paseo por el interior del Palacio Real, los visitantes realizan un verdadero viaje al pasado, a la época dorada de la Corte española de los siglos XVIII y XIX. Uno de los momentos más impactantes es el encuentro con el Salón del Trono, el verdadero símbolo del poder de la Corona. Los dos tronos defendidos por los leones dorados, que se salvaron de la destrucción del Real Alcázar, los ricos tapices, cortinas y moquetas, los lujosos espejos o las lámparas son de un rococó tan excesivo que se llega a sufrir un stendhalazo.

Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

En 2014, se abrió al público la Sala de la Corona, otro de los estandartes del poder real. En esta estancia se expone la Corona Real y el cetro, ambos elementos utilizados en las proclamaciones reales en el Congreso de los Diputados o en los actos más solemnes de la Corona, así como también el collar del Toisón de Oro. Sin embargo, sin duda es el Comedor de Gala el que más asombro y sorpresa despierta entre los turistas. Es el salón más mediático del palacio, habiendo sido visto en televisión en numerosas ocasiones, en las recepciones que los Reyes suelen ofrecer, por ejemplo, en las visitas de mandatarios extranjeros.

Comedor de Gala del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Las Reales Cocinas, que se adhirieron en 2017 a la visita del palacio, son unas de las más antiguas y mejor conservadas de toda Europa, siendo todo un privilegio poder visitarlas y saber cómo funcionaban o cómo trabajaba en ellas el personal que se encontraba al servicio de la Familia Real. Algo similar ocurre con la Real Farmacia, situada en el ala derecha, así como con la Real Armería, uno de los museos militares más fascinantes de todo el mundo. En ella se conservan joyas como armaduras del Emperador Carlos V, la espada de Fernando El Católico y piezas de la época de Felipe II.

Curiosidades históricas del Palacio Real

Una vez que hemos descubierto la historia y algunas de las estancias que nos esperan en la visita al Palacio Real, las curiosidades que rodean al edificio son otra de las cosas que más interesan a los turistas que se acercan a conocer de primera mano el principal monumento del Madrid de los Borbones. Las personas que residieron en este palacio o los hechos históricos más importantes que se han vivido en él son algunos de los secretos que esconden sus muros y que vamos a poner ahora al descubierto.

Reyes que han vivido en el Palacio Real

Desde que el 1 de diciembre de 1764, Carlos III y su Corte se instalasen en el Palacio Real de Madrid que emprendió su padre, Felipe V, todos los reyes de España hasta Alfonso XIII han habitado en su interior. Sin embargo, no solo nos estamos refiriendo a los monarcas Borbones (Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII), sino también al propio José I, hermano de Napoleón que reinó brevemente sobre España cuando el país estuvo sometido a los franceses, o Amadeo de Saboya.

Escalera principal del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Respecto a la estancia de Pepe Botella, como así suele ser conocido popularmente José I entre los madrileños, recibió la visita de Napoleón en 1809. El emperador solamente había contemplado la escalera principal del Palacio Real cuando parece que exclamó, apoyándose en uno de los leones: “¡Hermano mío, tú estás mejor alojado que yo!“. Nada que envidiar a Versalles.

Túneles y pasadizos secretos

Los secretos del Palacio Real de Madrid también se encuentran bajo tierra. A lo largo de su historia, se han ido construyendo diferentes túneles subterráneos que unían la residencia con otros enclaves de la villa. De hecho, algunos se remontan al propio período del Alcázar, como así era el pasadizo que unía el edificio con el cercano Monasterio de la Encarnación. De hecho, en este espacio, hoy en día prácticamente cegado, llegaron a exponerse obras de Velázquez o se utilizó como sede primitiva de la Biblioteca Nacional.

Vista del Palacio Real desde el Campo del Moro

Otro de los túneles más famosos es el que se construyó en tiempos de José I. El hermano de Napoleón no consiguió ganarse el favor de los madrileños, que le increpaban continuamente, por lo que el Palacio Real se convirtió en una verdadera cárcel de oro desde la que tratar de gobernar. Por ello, para tratar de salir sin ser visto, ordenó a Villanueva construir el conocido como Túnel de Bonaparte, con salida en lo que hoy en día es Madrid Río, donde una placa lo recuerda. También se conserva una puerta en el Campo del Moro.

Asalto y atentado contra Isabel II

Durante el reinado de Isabel II, el Palacio Real también fue testigo de varios hechos trascendentales. Cuando la reina era solamente una niña, el 7 de octubre de 1841 se enfrentó a un asalto por parte de los generales Diego de León y Manuel de la Concha, dentro del pronunciamiento moderado. Sin embargo, los alabarderos impidieron que se apoderasen de la reina y su hermana, cortándoles el paso en la escalera principal.

Fachada principal del Palacio Real de Madrid

El 2 de febrero de 1852, Isabel II se dispuso a presentar en sociedad a su hija Isabel, la Princesa de Asturias que pasó a la historia como La Chata. No obstante, lo que parecía que iba a ser un día alegre se convirtió en una de las jornadas negras de su biografía. Antes de partir a la Basílica de Atocha, en la galería del Palacio Real se postró ante la reina un cura que le clavó un puñal de 20 centímetros. La Guardia Real pronto auxilió a la monarca, que, gracias a su corsé, conservado en el Museo Arqueológico Nacional, y el bordado del vestido, solo sufrió una herida de 15 centímetros. El sacerdote, Martín Merino, fue ejecutado por el atentado contra la reina.

El Palacio Real en la Segunda República

El 14 de abril de 1931, se sirvió en el Palacio Real de Madrid la última cena de la Familia Real española. Una crónica en el diario “Ahora” años después confirmó por parte de los trabajadores de palacio que se quedó intacta. El menú consistió en consomé, medallones de merluza, supremas de pularda, solomillo frío con salsa raifort, espinacas a la crema y helado de moka. Alfonso XIII, esa misma noche, partió a Cartagena, y a la mañana siguiente le siguió el resto de su familia. Desde entonces, el Palacio Real pasó a ser Palacio Nacional.

Farola republicana situada junto al Palacio Real. Fuente: Turismo Madrid

Manuel Azaña, presidente de la nueva República, residió en el Palacio de Oriente, donde todavía hay una estancia conocida como despacho de Azaña. Todo lo relacionado con la Monarquía trató de dejarse atrás, y eso se observó hasta en las propias farolas. De hecho, de aquella etapa todavía se conserva una prueba en la esquina de la fachada noroeste del edificio. Se trata de la única farola republicana que se conserva en Madrid y que, casualmente, alumbra hoy en día el Palacio Real, que recuperó su denominación con la restauración monárquica. Esta es una de las curiosidades más desconocidas por los turistas.

El Salón de Columnas en la historia de España

Uno de las estancias más solemnes del Palacio Real es el Salón de Columnas, una de las primeras que se visitan en el pase turístico. Este salón era utilizado durante el Jueves Santo para la celebración del Lavatorio y Comida de Pobres, un acto en el que los reyes de España daban de comer y lavaban los pies de 25 pobres escogidos para tal efecto, ante la atenta mirada de la Corte. Del mismo modo, fue el Comedor de Gala primitivo del palacio. Sin embargo, el uso actual que se le da es bien distinto.

Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

El Salón de Columnas ha sido utilizado para celebrar los velatorios de la reina María de las Mercedes, Alfonso XII o del dictador Franco en noviembre de 1975. En fechas más recientes, ha sido el escenario de la firma del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas el 12 de junio de 1985, o la sanción de la Ley Orgánica de abdicación del rey Juan Carlos I en favor de su hijo, Felipe VI, el 18 de junio de 2014.

Las Reales Cocinas en la boda de Felipe VI

Como hemos comentado anteriormente, las Reales Cocinas del Palacio Real de Madrid se abrieron e incorporaron a la visita en 2017. Se encuentran situadas en el primer sótano del edificio y su aspecto actual es el mismo que tenía a mediados y finales del siglo XIX, cuando fueron renovadas durante los reinados de Isabel II y Alfonso XII. El último uso continuado que se hizo de ellas fue durante el gobierno de Manuel Azaña.

Reales Cocinas del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Con la restauración de la Monarquía, las Reales Cocinas del Palacio Real no recuperaron su función primitiva. Sin embargo, sus fogones volvieron a encenderse en mayo de 2004, cuando se celebró al boda de los reyes Felipe VI y Letizia, quienes celebraron el banquete nupcial en el patio del palacio, bajo una inmensa carpa. Las cocinas fueron utilizadas como apoyo al catering que se sirvió, algo que también ha ocurrido en otras cenas de gala celebradas. En 2012, fueron definitivamente clausuradas y restauradas para incorporarlas a la visita.

Leyendas en la historia del Palacio Real

Una vez que hemos descubierto la historia del Palacio Real de Madrid y las curiosidades que forman parte de ella, llega el turno de la leyenda. Mucho se ha dicho y escrito sobre ese portentoso monumento del centro de la capital de España, pero algunas cosas no son del todo ciertas y forman parte de la tradición popular. La leyenda de las estatuas de sus cornisas o los fantasmas que lo habitan son dos de las más destacadas.

Las estatuas del Palacio Real

El 8 de febrero de 1760, Carlos III decretó que las estatuas de piedra blanca que se habían estado tallando para adornar la cornisa del Palacio Real se retirasen. Se trataba de un conjunto de 108 piezas que representaban a los diferentes monarcas de la historia de España, debiendo su ejecución a Fernando VI. La leyenda atribuye a una pesadilla de la reina madre, Isabel de Farnesio, la justificación de la decisión del rey, ya que parece que soñaba con frecuencia que un terremoto sacudía Madrid y las estatuas caían del tejado sobre ella, aplastándola.

Vista del Palacio Real desde los Jardines de Sabatini

Lejos de la leyenda anterior, lo cierto es que muchos expertos consideran que las estatuas no se colocaron por miedo a que su peso provocase problemas en la estructura del edificio. Quedaron ocultas en los sótanos del palacio, hasta que en el reinado de Isabel II abandonaron el olvido y se repartieron por diversos puntos de Madrid, como en los Jardines de Sabatini o en El Retiro, así como por rincones de otras ciudades de España.

El exorcismo del Palacio Real

Puede que uno de los hechos más desconocidos sea que, durante la construcción del Palacio Real, Felipe V ordenase que se llevase a cabo un exorcismo sobre las obras y el personal que trabajaba en ellas. Fantasmas, gritos de ultratumba, apariciones y sombras inexplicables que forman parte de las leyendas del monumento atemorizaban a todos los que trabajaban en la nueva residencia real de la villa. Para muchos, eran las almas de los últimos musulmanes que habitaron el Mayrit árabe y que fueron conquistados por Alfonso VI en 1085, que volvían a atormentar al nuevo monarca.

Conjunto Histórico del Palacio Real de Madrid

El Palacio Real no se entendería sin las Descalzas Reales o el Monasterio de la Encarnación. Descubre en este free tour los secretos de este paisaje histórico de la capital

El conjunto histórico del Madrid de los Borbones tiene por protagonista al Palacio Real. Construido por orden de Felipe V sobre el solar que dejó el desaparecido Alcázar medieval, su historia está marcada por las leyendas, las anécdotas y las curiosidades. Más allá de visitar sus espectaculares estancias interiores, los visitantes no quieren dejar de conocer todos estos detalles que, sin duda, enriquecen todavía más el paseo por el interior y el exterior del edificio. Quien visite Madrid, tiene que reservar tiempo para conocer el Palacio Real. Sin duda, te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

De Medina del Campo a Granada: así fue el cortejo fúnebre de la Reina Isabel La Católica

El reinado de Isabel I de Castilla se extendió durante casi 30 años. La Reina no pudo alcanzar esta cifra por escasos días, ya que se vio sorprendida por la muerte el 26 de noviembre de 1504, pudiendo haber celebrado 3 décadas de reinado el 13 de diciembre. Durante todo este largo período, la Soberana experimentó la transformación a la que se estaba enfrentando la vieja Europa en la que también se integraba Castilla: dejar atrás el período medieval e introducirse de lleno en la Edad Moderna, de la mano del Renacimiento. Fueron muchos los acontecimientos históricos que se vivieron durante el gobierno que la Reina Isabel, pero destacan dos por encima del resto: el descubrimiento del Nuevo Mundo, de lo cual nunca fue consciente realmente, y la finalización de la Reconquista con la recuperación cristiana del Reino de Granada.

Isabel La Católica recibió precisamente este título, entre otros motivos, por la hazaña granadina, que supuso la extinción del último reducto musulmán de Europa. Con la entrega de la ciudad por parte del último emir granadino, Boabdil, el 2 de enero de 1492, concluyó el proceso que iniciaron sus antepasados siete siglos antes. Para la Reina de Castilla, seguramente supuso el gran triunfo de la Fe cristiana sobre la musulmana, la primacía de la cruz sobre la media luna, y quiso demostrar su victoria hasta la eternidad, eligiendo Granada como destino de su descanso eterno.

La muerte de la Reina Isabel

El 13 de septiembre de 1504, estando la Corte en Medina del Campo, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón expidieron la Real Cédula con la que fundaban la Capilla de los Reyes o Capilla Real bajo la advocación de los Santos Juanes, es decir, el Bautista y el Evangelista, por los que siempre profesaron especial devoción, especialmente la Reina. Desde el mes de julio de ese mismo año, arrastraba una enfermedad que provocó que su vida se fuera apagando sigilosamente, por lo que se apresuraron para preparar su vida celestial, cuando la terrenal estaba a punto de concluir. El 26 de noviembre de 1504, en torno al mediodía, se escuchó en el Palacio Real Testamentario de Medina del Campo el último latido del corazón de la Reina de Castilla.

Fachada del Palacio Real Testamentario de Medina del Campo. Fuente: Web del Palacio

El testamento de la Reina Isabel, además de ser una de las grandes joyas del patrimonio documental español, explica también todos los pasos que se siguieron posteriormente en lo que a celebraciones fúnebres se refiere. Mejor dicho, los que deberían haberse seguido, pues no todo se ejecutó tal y como ella dispuso. La Soberana testó el 12 de octubre de 1504 y determinó su voluntad de ser sepultada en Granada, confirmando a perpetuidad la gran victoria frente a los musulmanes contra los que tantos años estuvo guerreando. De este modo, su memoria quedaba para la eternidad en aquella ciudad que tanto le costó reconquistar, a la sombra y cobijo de la Alhambra.

Quiero y mando que si falleciera fuera de la ciudad de Granada, que sin tardanza lleven mi cuerpo entero como estuviera a la ciudad de Granada”, dejó escrito en su testamento la Reina Isabel I de Castilla. Del mismo modo, en este documento aparece recogido que ordenó ser vestida con el hábito franciscano, como así se hizo. Su cuerpo permaneció expuesto durante una jornada en el Palacio Real de Medina del Campo, en el cual falleció, y al día siguiente de su ocaso se emprendió la travesía a Andalucía.

El último viaje de la Reina Isabel

Y quiero y mando que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de San Francisco, que está en la Alhambra de la ciudad de Granada”. Aquel mismo cenobio que había sido construido dentro del recinto de la ciudad palatina musulmana era el destino de la procesión o cortejo fúnebre que se iba a vivir en Castilla. El traslado del cuerpo de la Reina Isabel fue llevado a cabo por un cortejo formado por cerca de 200 personas, entre las que no había solo nobles, guardias, clérigos o músicos, sino también cocineros o hasta carniceros.

“Doña Isabel la Católica dictando su testamento”, de Rosales. Fuente: Museo del Prado

La travesía que se vivió durante los últimos días de noviembre y las primeras semanas de diciembre de 1504 fue realmente apocalíptica, y se hizo lo antes posible, como establecía el testamento, sin esperar a una temporada en la que el tiempo fuera más apacible. De acuerdo con el relato de Pedro Mártir de Anglería, la tristeza de todo el reino de Castilla era la misma que sentían los cielos, “llorando todo el viaje las nubes. En todo el camino no vimos sol, ni aun estrellas; llovía de noche y de día”, relataba el humanista italiano, protagonista y participante de aquel fúnebre cortejo.

Las principales paradas del viaje

El viaje hasta Granada duró veinte días, entrando en la ciudad el 18 de diciembre de 1504, cuando el cuerpo de la Reina fue inhumado en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra, siguiendo su expreso deseo. Hasta llegar a la ciudad andaluza, recorrieron diversos puntos del reino de Castilla. Entre las paradas que realizaron, destaca Arévalo, la villa abulense en la que Isabel La Católica creció y disfrutó de su infancia. En Cardeñosa, también en Ávila, falleció su hermano Alfonso, del que heredó los derechos dinásticos para suceder a Enrique IV, y también en esta localidad se rindieron honras al féretro de la Reina.

“Entierro de Isabel La Católica”, de Salvador Viniegra. Fuente: Alcázar de Segovia

Sin salir de la provincia de Ávila, sobresale también el alto en Cebreros, uno de los puntos clave en la negociación entre Enrique IV e Isabel para confirmar a esta como Princesa de Asturias y heredera, lo que desembocó en la firma de los que han pasado a la historia como Tratados de Guisando. En esta localidad, además de las celebraciones fúnebres pertinentes, se dice que un carpintero efectuó un armazón de madera para transportar mejor el féretro, que constantemente se cubría con cueros para evitar al máximo que la humedad del camino penetrase en el interior.

Toledo fue otra de las paradas que se realizaron. En esta ciudad, los Reyes Católicos habían fundado y ordenado construir el Monasterio de San Juan de los Reyes para conmemorar su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana y que, en un principio, iba a ser también su lugar de enterramiento. Sin embargo, sus planes se vieron modificados por la creación de la Capilla Real en Granada.

Interior de San Juan de los Reyes. Fuente: Toledo Monumental

A pesar de ello, la iglesia monacal recibió la visita del féretro de su fundadora. Cabe destacar que la Reina había determinado que su cuerpo, en caso de no poder trasladarse a Granada por el tiempo o la distancia “en tal caso lo pongan y depositen en el Monasterio de San Juan de los Reyes de la ciudad de Toledo. Fue un acierto esta parada. Por su parte, no se pudo honrar de cuerpo presente a la Reina en la Catedral Primada, pues el temporal urgía llegar cuando antes a Granada.

Las voluntades que no se cumplieron

Como hemos comentado, el 18 de diciembre de 1504 fue enterrado el cuerpo de la Reina Isabel en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra. Apenas unos días antes, Granada había recibido la misiva que anunciaba el fallecimiento, por lo que hubieron de apresurarse para preparar la llegada del cortejo fúnebre. Como consecuencia de que Íñigo López de Mendoza y Quiñones, conde de Tendilla y alcaide da la Alhambra, no había sido informado de las últimas voluntades de la Soberana, organizó unos funerales similares a los de Fernando III El Santo en Sevilla, aunque reducidos a última hora tras informarle de los deseos de la difunta.

Y quiero y mando que las exequias sean sencillas, y lo que se hubiese gastado en unas grandes exequias se destine a vestir pobres y, la cera que hubiese ardido en demasía se envíe a aquellas iglesias pobres que consideren mis albaceas para que arda ante el Sacramento”, fue lo que dispuso la Reina Isabel. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Granada entera se vistió de luto. Un túmulo recibió el féretro en la puerta de Elvira, y desde allí comenzó la procesión hasta la colina de la Alhambra, pasando por el Realejo o el Carmen de los Mártires.

Vista del Monasterio de San Francisco de la Alhambra, actual Parador de Granada

Finalmente, la comitiva llega hasta el Monasterio de San Francisco, donde, tras el responso y el cierre de la capilla ardiente que debió instalarse, el cuerpo fue inhumado en una losa baja decorada al estilo nazarí. De nuevo, no se cumplió la voluntad de la Reina, que dispuso en su testamento “en una sepultura baja que no tenga relieve alguno, salvo una losa llana con letras esculpidas en ella”. Todavía hoy, los bellos sepulcros renacentistas de Doménico Fancelli de la Capilla Real ignoran el último deseo de la Reina de Castilla.

La tumba actual de Isabel La Católica

Quiero y mando que si el rey, mi señor, eligiere sepultura en cualquier otra iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar de mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado y sepultado junto al cuerpo de su señoría”. En esta parte del testamento, encontramos la explicación de por qué actualmente la Reina Isabel se encuentra sepultada en la Capilla Real adosada a la Catedral de Granada. El templo había sido fundado por ella y su esposo pocas semanas antes de fallecer, por lo que no lo vio terminado, como tampoco lo hizo el Rey Fernando, que también fue enterrado en el Monasterio de San Francisco. Este edificio, actualmente, es un Parador de Turismo.

Figura yacente de Isabel La Católica en el sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: Archidiócesis de Granada

Los cuerpos de los Reyes Católicos harían juntos un último viaje, concretamente el 10 de noviembre de 1521, cuando en solemne traslado descendieron desde la Alhambra para recorrer Granada por última vez. Por orden de su nieto, el Emperador Carlos V, sus restos mortales fueron trasladados hasta la cripta de la Capilla Real que habían fundado en 1504. La procesión que se organizó realizó numerosas paradas frente a altares en los que se rezaron oraciones y responsos.

Quinientos años después, los Reyes Católicos continúan descansando en la Capilla Real de Granada, en su definitiva sepultura, a pesar de que su magnificencia no sea del gusto austero y sencillo que propugnó la Reina Isabel para su morada eterna. “Porque la pareja que formamos en vida, la formen nuestras almas en el cielo y la representen nuestros cuerpos en el suelo”, expresó la Soberana en su testamento respecto al deseo de reposar junto a su amado Rey y esposo.

Sepulcro de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Fuente: Capilla Real de Granada

De Medina del Campo hasta Granada, la travesía fúnebre con los restos mortales de Isabel La Católica personificó también el final de una etapa de la historia y el comienzo de otra nueva. “Castilla, Castilla, Castilla por la Reina Juana, Nuestra Señora”, se alzaban los reinos de la Corona para proclamar a su nueva Soberana. Comenzaba con ella el reinado de los Austrias sobre Las Españas, mientras todavía hoy un cirio ilumina a perpetuidad, siguiendo la voluntad de los Reyes Católicas, las tumbas de los últimos Trastámara en la Capilla Real de Granada. Historias como estas nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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SENDINO, R. (2016). Muerte y entierro de Isabel La Católica. Medina del Campo, su origen y desarrollo. Recuperado de: http://www.delsolmedina.com/VCentenario28.htm

Testamento y codicilo de Isabel La Católica. Fuente: http://www.ub.edu/duoda/diferencia/html/es/primario16.html

Una visita a ‘La otra Corte’: las mujeres de la Casa de Austria conquistan el Palacio Real de Madrid

Juana de Austria. María de Austria. Ana de Austria. Isabel Clara Eugenia de Austria. Margarita de Austria. Emperatrices, reinas, princesas o infantas y, todas ellas, mujeres de la Dinastía Austria. La historia fue escrita por hombres, pero el destino les está devolviendo siglos después el lugar que ocuparon en su tiempo. Patrimonio Nacional, el organismo que se encarga de la gestión, administración o defensa de los bienes patrimoniales ligados históricamente a la Corona de España, ha contribuido a recuperar la memoria de las féminas de la rama española de los Habsburgo con su exitosa exposición “La otra Corte: Mujeres de la Casa de Austria en los monasterios reales de Las Descalzas y La Encarnación”.

Religión y poder han caminado de la mano durante siglos. Escasos metros separaban el antiguo y desaparecido Real Alcázar de Madrid, donde se decidía el destino de Las Españas, de dos fundaciones monacales fundamentales para entender el devenir cortesano y político de la capital de España: el Monasterio de las Descalzas Reales, fundado en el siglo XVI, y el de la Encarnación constituido una centuria más tarde. Estos dos cenobios femeninos fueron fundados por mujeres Austrias, constituyendo en ellos, especialmente en el primero, verdaderas cortes paralelas a la que oficialmente existía en el cercano alcázar. Su legado, sus secretos, sus miradas y sus huellas, al descubierto en el actual Palacio Real, construido por sus sucesores, los Borbones, pero que ellas han conquistado siglos después.

Así es ‘La otra Corte

Un frondoso árbol genealógico abre “La otra Corte”. Las raíces de los Austrias españoles comienzan con el matrimonio de Felipe de Austria y Juana de Castilla, y de su unión comienzan a salir la multitud de ramas con sus respectivos frutos, con Carlos y Fernando a la cabeza de todos ellos, aunque su protagonismo en esta muestra se reduce a este momento, pues las estrellas son las mujeres Austrias españolas. Sus miradas, en sus retratos. Su legado, en las más de 100 joyas artísticas que se exponen en las salas.

Detalle del retrato de María de Austria y la corona imperial de túmulo. Fuente: Cristina Bejarano

El Palacio Real de Madrid acoge esta muestra en la que los visitantes se percatarán que no solo en El Escorial se vivió la unión de religión y política, sino que este mismo fenómeno se produjo también en los Monasterios de las Descalzas Reales y la Encarnación, pero con sello femenino. El primero, del siglo XVI por obra y gracia de Juana de Austria. El segundo, del XVII, fundado por la reina Margarita de Austria-Estiria.

Lo mejor de ‘La otra Corte

Un simple pero gran detalle que se observa en el primer panel de la exposición ya nos indica que estamos ante una muestra completamente cuidada y única. En el árbol genealógico se presenta a la reina Juana como Juana I de España, la primera Soberana que sostuvo la corona de los reinos españoles, de la Monarquía Hispánica que configuró su nieto, Felipe II, y que, por tanto, es merecedora de este apellido, superando por fin el de Loca que le fue impuesto por la historia que se escribió después de su reinado.

El discurso expositivo es muy fluido. Los paneles están completamente cuidados por la cantidad de información que aportan, por lo que cualquier visitante puede seguir fácilmente la exhibición sin necesidad de tener que releer antes libros o manuales de Historia de España, o tener que estar todo el rato buscando en Internet para descubrir quiénes son unos u otros. Además, estos datos son cortos, pero concisos y suficientes para ubicar al lector sin tener que estar horas delante del texto.

Sala dedicada al escultor Pedro de Mena. Fuente: madridiario.es

El montaje escogido por el equipo de Patrimonio Nacional acompaña en todo momento el discurso expositivo, realzándolo. Sin desvelar ningún secreto, hay tres rincones a los que no se debe perder de vista. El primero que llama la atención es el enfrentamiento que se produce en la sala 7 entre dos retratos de María de Austria, emperatriz de Austria por su matrimonio con su primo Maximiliano II, el primero de joven el segundo ya como viuda y, entre medias de ambas pinturas, la corona imperial original empleada en su túmulo fúnebre, expresando la transición entre ambos estados, en la que el símbolo de poder siempre permanece.

Otro espacio único es la recreación de la Sala Capitular del Monasterio de La Encarnación, presidida por el excepcional Cristo Yacente de Gregorio Fernández, con el lienzo de Felipe Diricksen como telón de fondo y que representa a la Virgen María, la Magdalena y San Juan llorando por la muerte del hijo de Dios, llorando a la expresiva efigie del escultor gallego.

Sala 9, donde se recrea la Sala Capitular de la Encarnación. Fuente: Francisco Boca Negra

El tercer y último rincón a destacar se encuentra precisamente en la última sala: un gran túmulo funerario del siglo XVIII, cubierto con un paño negro de terciopelo de seda con bordados con las armas de Juana de Austria, princesa de Portugal, cuyo retrato preside la escena, con corona de bronce dorado de comienzos del XVII, nos traslada al mismo velatorio o funeral de la fundadora de las Descalzas Reales, como si su espíritu estuviera aún entre nosotros. Un montaje realmente excepcional.

Sala 11, con detalle del túmulo de Juana de Austria. Fuente: Francisco Boca Negra

“La otra Corte” es la oportunidad perfecta también para contemplar los tapices diseñados por Rubens por encargo de la Infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, que los regaló al Monasterio de las Descalzas Reales. Estos tres tesoros del patrimonio textil del cenobio giran en torno a “El triunfo de la Eucaristía” y todavía hoy, cuatro siglos después, se utilizan por las monjas del cenobio en las celebraciones de Semana Santa. Poder observar desde abajo los detalles de cada una de estas piezas textiles, pareciendo un personaje más de sus escenas, es algo que los visitantes no podrán olvidar.

Cómo visitar ‘La otra Corte

Hasta el 24 de enero de 2021, las mujeres de la Casa de Austria esperan a los visitantes en “La otra Corte”, en el Palacio Real de Madrid. Comprando la entrada para el monumento, se incluye el pase para la exhibición, aunque también se puede adquirir de forma independiente. Además, hasta el 15 de diciembre de 2020 las tarifas cuentan con un 50% de descuento, una excusa más para acercarte hasta esta exposición que, sin lugar a dudas, te hará sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

Capillas Sixtinas en España: 10 lugares en los que alzar la vista y disfrutar del arte

El 31 de octubre de 1512 es una de las fechas más importante de la Historia del Arte. El maestro Miguel Ángel dio por finalizados los frescos de la Capilla Sixtina, en los que venía trabajando desde abril de 1508, siendo en aquella histórica jornada en la que fue inaugurada en San Pedro del Vaticano una de las obras maestras del Renacimiento. Cinco siglos más tarde, la Creación de Adán, junto al resto de las pinturas que adornan la bóveda de este espacio ubicado en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, continúan impresionando a todos los que las contemplan.

Los frescos de la Capilla Sixtina han superado la esfera del arte, donde presumen de ser una de las grandes obras maestras de toda la Historia, para convertirse también en un adjetivo con el que calificar a otras grandes creaciones artísticas, tanto las culturales que han sido realizadas por la mano del ser humano, como las que ha moldeado la Naturaleza a lo largo de los siglos mediante sus propios procesos. España, uno de los lugares con más riqueza y diversidad patrimonial de todo el planeta, no es una excepción y cuenta con varias capillas sixtinas repartidas por todo su territorio. Solo hay que alzar la vista para contemplarlas. ¿Vienes a descubrirlas?

Cueva del Soplao

La Naturaleza escogió la Sierra de Arnero de Cantabria hace 240 millones de años para dar forma a la conocida como Capilla Sixtina de la geología. Situada en el subsuelo, es uno de los recursos turísticos más importantes de la región, situado entre los municipios de Valdáliga, Herrerías y Rionansa. Estalactitas, estalagmitas o helictitas son algunas de las formaciones que se pueden observar en las profundidades desde el 2005, año en que se produjo su apertura tras dejar atrás su pasado minero, al ser esta cueva una mina de zinc.

Cueva El Soplao, Capilla Sixtina de la geología. Fuente: María Jesús Tomé

La Naturaleza es caprichosa, y la Cueva de El Soplao es perfecta para descubrirlo. Los juegos de luces, sombras, olores y formas que se van apreciando a cada paso en cualquiera de los tres tipos de visitas que se pueden hacer a este espacio, donde se descubre por qué es conocida como la Capilla Sixtina de la geología. Además del paseo turístico, también se puede optar por el itinerario reservado para los más aventureros, que realizan una ruta de 3km. Por su parte, quienes quieren experimentar y rememorar la huella humana de la cueva, optan por la visita minera.

Cueva de Altamira

En 1868, la concepción que se tenía de la Prehistoria cambió radicalmente. Aquel año, con el descubrimiento de la Cueva de Altamira, se abrió un nuevo portal que nos trasladó al pasado, a las primeras huellas de la Humanidad. La sensibilidad y técnica empleada en las pinturas que se contemplan en sus paredes y techos llegó a hacer dudar a los científicos de la época, quienes confirmaron su autenticidad en 1902.

Pinturas de la Cueva de Altamira. Fuente: Turismo de Cantabria

Desde que se confirmase la veracidad del descubrimiento prehistórico en Santillana del Mar, las alabanzas y títulos que se ha ido ganando la Cueva de Altamira han sido muchos: desde la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO hasta el sobrenombre de Capilla Sixtina del arte rupestre. Sin embargo, en ella intervinieron varios Miguel Ángel, y no uno solo como en el Vaticano, siendo varios los maestros que dejaron su huella pictórica en este histórico espacio. Las pinturas de Altamira son unas de las más antiguas del mundo, pero su historia se sigue escribiendo.

Panteón de San Isidoro de León

Fernando I y Sancha I de León promovieron la construcción de la Basílica de San Isidoro en la ciudad de León, reedificándola sobre una iglesia anterior. Su fundación se produjo bajo la advocación de San Juan Bautista, pero el cambio de denominación el 21 de diciembre de 1063 estuvo motivado por el traslado de las reliquias de Isidoro de Sevilla, recuperadas por los reyes. Además, la función del nuevo templo también era servir de Panteón Real para la Monarquía leonesa.

Panteón de los Reyes de León, en la Basílica de San Isidoro. Fuente: Museo San Isidoro de León

La hija de los reyes fundadores, Urraca de Zamora, encargó la decoración del panteón de San Isidoro. Sus frescos, a través de sus vivos colores, consiguieron hacer posible lo invisible, expresando la fe de la sociedad y las enseñanzas bíblicas. Sin saber quién fue el autor o autores de la conocida como Capilla Sixtina del Románico, su maestría dio por resultado un verdadero cómic en el que se repasan los principales hitos de la vida de Jesucristo: Nacimiento, Pasión y Resurrección.

Ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria)

La provincia de Soria es una de las más desconocidas de España, pero su geografía cuenta con verdaderas joyas naturales y culturales. En este último grupo, podemos encontrar la Ermita de San Baudelio de Berlanga, situada a dos kilómetros del casco histórico de la localidad de Casillas de Berlanga. En esta pequeña capilla se encuentran algunas de las huellas cristianas más antiguas de la península Ibérica, ya que, aunque su primera referencia aparece en el siglo XII, diversos estudios de su morfología han determinado que podría existir culto en los últimos momentos de la Hispania romana.

Detalle de los restos de los frescos de la Ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria)

La Ermita de San Baudelio de Berlanga debió formar parte de un conjunto monacal, del que en el siglo XIII solo subsistía este pequeño templo. En el siglo XIX, pasó a manos privadas, y en la década de 1920 su gran tesoro interior fue arrancado y vendido: las maravillosas pinturas murales de estilo mozárabe que recubrían sus muros y techos, repartidas hoy en día entre el Museo del Prado y varios museos de Estados Unidos. Sin duda, uno de los sucesos de expolio más tristes de nuestra historia, ya que, además, el arte mozárabe solo está presente en España. A pesar de su dispersión y de las escasas pinturas que todavía se conservan in situ en la ermita, todavía hoy se conoce a San Baudelio de Berlanga como Capilla Sixtina del Arte Mozárabe.

Techumbre de la Catedral de Teruel

La Catedral de Santa María de Mediavilla, situada en la ciudad de Teruel, es una de las más desconocidas de toda España, pero también de las más sorprendentes y fascinantes de las 87 que se pueden visitar a lo largo de todo el país. Este templo catedralicio es uno de los más interesantes de la herencia mudéjar aragonesa, estando integrados algunos elementos de su arquitectura y decoración en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como así es la torre, techumbre y cimborrio.

Techumbre de la Catedral de Teruel. Fuente: Diego Delso – Wikimedia

Respecto a la techumbre de la Catedral de Teruel declarada Patrimonio Mundial, cubre la nave central de la iglesia y fue realizada en el siglo XIII. Es una verdadera joya del arte mudéjar realizada en madera. Su robusta estructura está decorada con bellas pinturas que ilustran la sociedad de aquel momento, en la que la tradición cristiana, judía y musulmana trataban de convivir en armonía. La ornamentación de inspiración árabe se entremezcla con figuras góticas propias de la religión de la cruz latina, configurando en definitiva la Capilla Sixtina del arte mudéjar.

Cimborrio de la Catedral de Tarazona

Una serie de trabajos de restauración llevados a cabo hace algunos años en la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta, en Tarazona, sacaron a la luz otra gran Capilla Sixtina en Aragón, pero en este caso de estilo renacentista. En el cimborrio del templo se escondían una serie de pinturas que, además de destacar por su calidad artística, fueron todo un descubrimiento por la temática de la que trataban. En el conjunto pictórico están representadas algunas de las figuras mitológicas, entremezcladas con personajes bíblicos.

Detalle de la ‘capilla sixtina’ de la Catedral de Tarazona. Fuente: Catedral de Tarazona

La temática de la Capilla Sixtina del Renacimiento español es única no solo en España, sino también en Europa. Ejecutadas por Alonso González a mediados del siglo XVI, el cimborrio de la Catedral de Tarazona enfrenta a través de sus personajes y con su elocuente desnudez a los extremos del bien y el mal. Sin embargo, el Concilio de Trento provocó que quedasen ocultas, hasta ahora que vuelven a lucir en todo su esplendor.

Ermita de la Virgen del Ara (Badajoz)

En el siglo XV, a las afueras de la localidad de Fuente del Arco (Badajoz), fue construido en estilo mudéjar un santuario en honor a la Virgen del Ara. La pequeña ermita es un centro de peregrinación mariana, pero también para los amantes del arte. Su única nave está cubierta por una bóveda de cañón, que en el siglo XVII fue decorada con unos maravillosos frescos de estilo barroco que, a día de hoy, son conocidos como Capilla Sixtina de Extremadura. Quienes dudan de este sobrenombre, no tienen más que contemplar su conjunto pictórico para confirmarlo.

Frescos de la Ermita de la Virgen del Ara. Fuente: PlanVE

La Ermita de la Virgen del Ara está declarada Bien de Interés Cultural, y sus maravillosas pinturas tuvieron mucho que ver en este título. Al igual que en el Palacio Episcopal de San Pedro del Vaticano, en este santuario mariano extremeño también hay pinturas que representan el Génesis, entre otras. Según los restauradores de la última intervención que se hizo sobre las pinturas, pudieron llegar intervenir en este maravilloso conjunto pictórico hasta seis artistas diferentes.

Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid)

Cuando se realiza una ruta turística por el centro de Madrid para visitar sus principales iglesias, no debería faltar una parada en San Antonio de los Alemanes. Construida en el siglo XVII, formaba parte del Hospital de San Antonio de los Portugueses, fundado por Felipe III en 1606. Es una de las obras barrocas más importantes de la capital, además de uno de los ejemplos de este estilo más destacados también de todo el país. Su humilde exterior, construido en ladrillo y yeso, confunde con el tesoro que aguarda en su interior.

Frescos de la Iglesia de San Antonio de los Alemanes. Fuente: Minube

Todos los muros y techos de la Iglesia de San Antonio de los Alemanes están decorados al fresco. Pocos son los visitantes que no sufren un stendhalazo al entrar en esta iglesia madrileña y quedarse totalmente impresionados con la cantidad de pinturas que contemplan a su alrededor, sintiéndose abrumados ante tal cantidad de arte. Luca Giordano, Juan Carreño de Miranda o Francisco Rizi son algunos de los maestros que han intervenido en ejecutar esta obra maestra que se ha ganado el sobrenombre de Capilla Sixtina del barroco español. Sin duda, un título más que merecido.

Iglesia de San Nicolás de Bari (Valencia)

El gusto rococó y recargado del Barroco se impuso en la Iglesia de San Nicolás de Bari, situada en pleno casco histórico de Valencia, cuyos orígenes estaban en pleno gótico. Fueron varios los artistas que intervinieron en la redecoración interior del templo a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Todos los techos y muros de la nave central quedaron pintados con espectaculares frescos, cuya temática era puramente religiosa, profundizando en las enseñanzas y moral cristianas.

Interior de la Iglesia de San Nicolás de Bari. Fuente: Valencia Bonita

Aunque la Iglesia de San Nicolás de Bari es muy famosa entre los valencianos, su fama mundial llegó de la mano de Gianluigi Colalucci, el restaurador italiano que llevó a cabo su limpieza y puesta a punto entre 2014 y 2016 y que también se encargó de la restauración de la Capilla Sixtina de San Pedro del Vaticano. Una vez que finalizaron los trabajos, Colalucci no dudó en afirmar que los frescos de San Nicolás de Bari bien merecían el adjetivo de Capilla Sixtina valenciana, situándola a la misma altura de la obra maestra de Miguel Ángel.

Basílica de la Virgen del Prado

El lugar en el que se emplaza la Basílica de Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina, siempre ha estado ligado a la religión, remontándose al período romano. De hecho, se sugiere que incluso en la etapa de dominación musulmana se mantuvo el culto en una pequeña ermita, que en el siglo XVI fue sustituida por otra de fábrica renacentista. El Rey Felipe II visitó el complejo y, según la tradición, lo definió como “Reina de las Ermitas“. Sin embargo, su decoración a través de la cerámica local ha permitido que se haya ganado también el título de Capilla Sixtina de la Cerámica.

Retablo en cerámica en la Basílica de la Virgen del Prado. Fuente: Antonio Lozano

Los diferentes azulejos de cerámica que hay distribuidas por toda la ermita, que fue elevada a título de basílica por Juan Pablo II en 1989, fueron colocados entre los siglos XVI y XX. Es por ello que sus estilos abarcan desde el renacimiento, el barroco o el rococó al más puro gusto francés. Escenas de la vida de la Virgen y de Cristo, de santos o de la propia advocación mariana del templo dan forma a todo este tesoro en cerámica.

Estos magníficos ejemplos que hemos descubierto en esta ruta virtual por diversos puntos de la geografía española son perfectos para demostrar nuevamente la vasta riqueza y diversidad patrimonial que se puede disfrutar en España. Si bien es cierto que se podrían haber añadido muchos más espacios, tanto culturales como naturales, las diez Capillas Sixtinas que forman parte de este recorrido te harán sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

La vida de Juana I de Castilla en Tordesillas: así fueron los 46 años de encierro de la Reina

A lo largo de la historia, se pueden encontrar fechas clave que han marcado su devenir hacia uno u otro destino. El 6 de noviembre de 1479 es una de ellas. A simple vista, nadie sabría decir qué ocurrió ese día en España lo suficientemente importante como para destacar la efeméride, pero si decimos que en aquella jornada se produjo el nacimiento de la primera Reina de España, la visión cambia bastante. Ese mismo día, estando la Corte de los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo, llegó al mundo la infanta Juana de Aragón, Castilla y Sicilia.

Casualmente, Juana de Trastámara nació en la legendaria capital del reino visigodo que se disolvió en el 711 con la invasión musulmana, una entidad política que llegó a extenderse geográficamente hasta los límites territoriales de la actual España. Hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes habían unido dinásticamente sus respectivos reinos, Juana era la tercera en la línea de sucesión, pero los avatares del destino la situaron como heredera de sus padres. Con ello, se convirtió en la primera monarca de la historia que reunió bajo su corona la gobernación de todos estos territorios, germen de la configuración de la Monarquía Hispánica que desarrollaría su nieto, Felipe II.

Juana I de Castilla retratada cuando todavía era una infanta, por Juan de Flandes. Fuente: Museo de Historia del Arte de Viena

A pesar de la importancia del hecho histórico anterior, la biografía de la Reina Juana se ha ido diluyendo en el tiempo, como consecuencia de que el triste apellido de loca que se le impuso principalmente a partir del siglo XVIII a raíz de los escritos del Padre Flórez de Setién ha prevalecido frente a todo lo demás. Dejando a un lado los problemas psiquiátricos que puede que tuviera, hablando algunos autores de una posible esquizofrenia como la que sufrió su abuela Isabel de Portugal, Juana fue una Reina que se vio enfrentada a las vicisitudes del poder: no mostró excesivo interés por gobernar, pero apenas le dejaron ejercerlo.

La solución ante la disyuntiva anterior fue recluir a la Reina Juana en el Palacio Real de Tordesillas, como así decidió su padre en marzo de 1509 y como consintieron posteriormente sus hijos durante 46 años. Ahora que el mundo ha vivido lo que es estar confinado, fruto de la pandemia de la COVID19, conviene recordar la particular cuarentena que sufrió doña Juana, cuyo recuerdo se pasa por alto en muchos casos, hasta el punto que se une directamente en muchos manuales el reinado de los Reyes Católicos con el de Carlos V.

Juana I en Tordesillas

La Reina Juana I de Castilla enviudó el 25 de septiembre de 1506. Su esposo, que había sido proclamado Rey de Castilla en las Cortes de Valladolid unos meses antes, había fallecido repentinamente en la ciudad de Burgos. En su testamento, Felipe I de Castilla había dejado escrito que deseaba ser enterrado en Granada, donde yacía su suegra, Isabel I de Castilla. No obstante, su cuerpo se depositó temporalmente en la Cartuja de Miraflores, pero el 20 de diciembre de 1506 empezó su último viaje. Aquella noche, la Reina y su Corte emprendieron la travesía para cumplir la última voluntad del monarca fallecido.

Panorámica del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas

Después de más de dos años de divagar por diversos puntos de la meseta, una historia de lo más interesante que daría para otro artículo, Fernando II de Aragón decidió, tras hacerse cargo definitivamente del gobierno de Castilla, recluir a su hija, que en ningún momento fue incapacitada nunca para reinar por las Cortes. Para ello, eligió el Palacio Real de Tordesillas, donde llegó la Reina propietaria en marzo de 1509. Esta residencia había sido construido por Enrique III en el siglo XIV y tuvieron que hacerse reformas para acoger a la Soberana y su séquito. Se situaba junto al Duero y fue demolido en el siglo XVIII, reinando Carlos III.

Las compañías de la Reina Juana

El féretro del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor del Real Monasterio de Santa Clara, celebrando funerales recurrentemente por su alma, a los que en ocasiones acudía la Reina. Pese a lo que el Romanticismo extendió, doña Juana no convivía junto al cuerpo de su difunto esposo, como el pintor Francisco Pradilla hizo creer en su obra de principios de siglo XX “La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”, el cual podemos contemplar en el Museo del Prado, ni tampoco tenía la posibilidad física ni material de contemplarlo desde alguna ventana del palacio, como en ocasiones también se ha dicho.

“La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”. Fuente: Museo del Prado

Lo que sí está claro es que quienes servían y dirigían la casa de la Reina no dejaban de ser unos verdaderos carceleros, convirtiendo el Palacio Real de Tordesillas en una jaula de oro. Los Marqueses de Denia cumplieron su función con mucho rigor, dando un trato que, en algunos casos y tal y como ha llegado a nuestros días a través de las pocas misivas y cartas que se conservan, dejaba mucho que desear, rozando en algunos casos el maltrato. Cabe destacar también que controlaban por orden del príncipe Felipe, nieto de la Reina y futuro Felipe II, que cumpliera con sus obligaciones religiosas, a las que nunca dedicó demasiado tiempo.

Por otro lado, la Reina Juana estuvo acompañada de su hija Catalina desde su llegada a Tordesillas y hasta 1524. La infanta había nacido durante la travesía fúnebre el 14 de enero de 1507 en Torquemada (Palencia) y fue encerrada en el Palacio Real de la villa vallisoletana junto a su madre. Por su parte, el infante Fernando, que también vivía en España, se crió junto a su abuelo, el rey Fernando, quien llegó a ver en él a su sucesor, algo que nunca sucedió.

Retrato de Catalina de Austria como Reina de Portugal. Fuente: Museo del Prado

El emperador Carlos V, cuando vino a España a la muerte del rey Fernando para hacerse cargo de la gobernación de los reinos en nombre de su madre, lo primero que hizo fue a presentarle precisamente sus respetos. Venía acompañado de su hermana, la infanta Leonor, y juntos visitaron a la Reina Juana, conociendo también a su hermana, Catalina. En 1524, mostró por ella una compasión que no tuvo con su madre, liberándola de su cautiverio para casarla con Juan III de Portugal, convirtiéndose en Reina del país luso. Del este suceso es famosa la frase que parece que la Reina dirigió a su hijo: “No tienes bastante con quitarme mi trono y mis joyas, sino que también quieres llevarte a mi Catalina“.

Visitas a la Reina Juana

Como hemos comentado, nada más llegar a España en 1517, Carlos acudió a Tordesillas a visitar a su madre. Sin embargo, sus intenciones estaban orientadas a conseguir que la Soberana, nunca inhabilitada para gobernar, abdicase en su favor. No solo doña Juana no lo hizo, sino que a lo largo de toda su vida se refirió siempre a él como Príncipe y siguió encabezando los documentos al lado de su hijo, pues ella era la Reina propietaria de todos los reinos españoles gracias a la herencia de sus padres, los Reyes Católicos. Esto mismo explica que tuviera que esperar al fallecimiento de su madre para poder abdicar la Corona de Las Españas en favor de su hijo, Felipe II.

Retrato de la Reina Juana I de Castilla. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Las visitas de la familia imperial fueron recurrentes, dándose sobre todo en el momento en el que se producían cambios políticos importantes, ya que doña Juana era la Reina propietaria y titular y, aunque trataban de ocultar su existencia de cara al pueblo, formalmente necesitaban su consentimiento para gobernar. Sin embargo, muchos de estos encuentros fueron interesados.

El inventario del joyero y el tesoro personal con el que llegó la Reina Juana a Tordesillas en marzo de 1509 en nada se parecía al de 1555, año en que falleció. Ya en 1512, su padre empezó una nefasta tradición que siguieron sus hijos, tomando joyas y dinero para su uso personal y político. El Emperador sufragó la Guerra de las Comunidades o la dote matrimonial de su hermana Catalina con la colección de joyas de su madre. La Emperatriz Isabel también participó de esta costumbre, pero sus fines estaban más orientadas a lo sentimental. En definitiva, solo conservó un cofre de joyas hasta días antes de su muerte, pero acabó siendo robado y vendido por sus carceleros.

Detalle del boceto de Eugenio Oliva para el fresco “Los comuneros visitando a doña Juana

En 1520, la Reina Juana y su hija Catalina tuvieron la oportunidad de escapar de su cautiverio. En pleno marco de los enfrentamientos de las Comunidades, los comuneros acudieron al Palacio Real de Tordesillas para visitar y conseguir el favor de la auténtica Reina para acabar con el gobierno de su hijo, Carlos. Sin embargo, ella no cedió. De nuevo, la Soberana volvía al mapa político, pero, como había ocurrido siempre, la quisieron utilizar para sus propios fines e intereses.

La única salida de Tordesillas

Si bien es cierto que la Reina Juana permaneció recluida durante 46 años en Tordesillas, hubo una ocasión en la que tuvo que salir de la villa como consecuencia de un brote de peste. Su hijo Carlos autorizó en 1533 la salida de su madre, que discurrió por varios pueblos cercanos, como Geria, Mojados o Tudela, hasta que en 1534 regresó a su jaula de oro. Lo más importante era buscar destinos que no fueran grandes ciudades, para que la Soberana no fuera aclamada. Buena parte de la sociedad del momento había olvidado su figura, y muchos incluso no sabían quién era esa monarca que vivía encerrada en Tordesillas.

El ocaso de la Reina

El 12 de abril de 1555, moría Juana I, Reina propietaria de Castilla, León, Galicia, Granada, Sevilla, Murcia, Jaén, Gibraltar, de las Islas Canarias y las Indias Occidentales, de Navarra, Aragón, Valencia, Mallorca, de Nápoles y Sicilia, Condesa de Barcelona y Señora de Vizcaya. Bajo su Corona, tuvo por primera vez la gobernación de todos los reinos que forman la actual España. Por ello, la Historia le debe su lugar, en vez de pasar por alto su reinado, y que se le pudiera reconocer como la primera Reina de España, en vez de como La Loca de nuestro pasado.

Sepulcro de la Reina Juana y el Rey Felipe en la Capilla Real de Granada. Fuente: Capilla Real de Granada

Doña Juana murió sola sin la compañía de su familia y muchos de sus súbditos ya la habían olvidado. Por fin su hijo Carlos era Rey de España sin compartir la Corona junto a ella, y así quiso demostrarlo en los funerales que organizó en Bruselas, en los que, por otra parte, no hizo ni acto de presencia. También su nieto Felipe organizó honras fúnebres en su honor en Londres, para legitimar la posición católica del reinado de su esposa, la Reina María Tudor. Hasta el fin de sus días, utilizada para sus intereses. Enterrada sin grandes honores en el Monasterio de Santa Clara de Tordesillas, en 1574 emprendió su viaje definitiva a Granada, donde permanece sepultada en la Capilla Real fundada por sus padres.

Pocos recuerdan a la Reina Juana I, cuyo trastorno psiquiátrico fue utilizado por los románticos para convertirla en un personaje de leyenda. Protagonista de cuadros, teatros o películas, merece su hueco en la realidad histórica, pues ella fue, es y será la primera Reina de Las Españas. Su biografía está marcada por esta larga reclusión a la que le sometieron sus familiares, un hecho que muchos pasan por alto y que a todos sorprenden cuando conocen cómo fueron los detalles de esta dura cuarentena que sufrió la Soberana. En las aguas del Duero a su paso por Tordesillas todavía resuenan los ecos y lamentos de este pasaje de nuestra historia. Eterna doña Juana, la Reina.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aram, B. (2001). La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía. Jákfalvi, S. (traducción). Madrid: Malcial Pons.

Flórez, E. (1790). Memorias de las Reynas Catholicas, historia genealógica de la Casa Real de Castilla y de León, todos los Infantes: trages de las Reynas en Estampas y nuevo aspecto de la Historia de España. Madrid: Oficina de la viuda de Marin. Recuperado de: http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=4560

Pérez, F., Sánchez, B. (2010). Apuntes biográficos sobre Juana la Loca en el Museo del Prado. En Zalama, M. A. (dir.), Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno (pp. 435-444). Valladolid: Ayuntamiento de Tordesillas [et al.]

Rodríguez Villa, A. (1892). La Reina Doña Juana La Loca: estudio histórico. Madrid: Librería M Murillo. Recuperado de: http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000092396

Zalama, M. A., Pascual Molina, J. F. (2015). Exequias por la reina Juana I en Londres: religión, política y arte. Potestas: Religión, poder y monarquía. Revista del Grupo Europeo de Investigación Histórica (8), pp. 149-174. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5239236

Zalama, M. A (2010). Juana I: arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica.

Panteones reales de España: criptas de los reinos españoles desde los reyes astures hasta la construcción de El Escorial

La Reina Juana sostuvo sobre su cabeza, por primera vez y gracias a la herencia de sus padres, los Reyes Católicos, el gobierno de todos los reinos que históricamente componen la actual España, a saber Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada, Valencia, Mallorca y otros tantos más. Sin embargo, la Dinastía de los Austrias que sucedió a los Trastámara motivó una renovación. Dejaban atrás el período medieval que en cierto modo representaban sus antecesores para entrar de lleno en la Edad Moderna y, durante su gobierno, se fueron formando Las Españas al abrigo de la Monarquía Hispánica, en la que se reunían todo ese conglomerado de reinos surgidos en el devenir de la Edad Media, quienes mantenían sus propias instituciones pero tenían como elemento común al Monarca que los gobernaba.

La construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial refleja precisamente la idea anterior, al presentarse como panteón definitivo para los soberanos de este nuevo período de la Historia del país, en detrimento de las muchas criptas repartidas por los diversos territorios. En otras palabras, el arte funerario se puso al servicio de la centralización de los reinos españoles en torno a la Monarquía Hispánica, simbolizada a través del panteón situado en la Sierra de Guadarrama en la que se mantiene a perpetuidad la memoria regia. Es por ello que, hasta Felipe II, es posible encontrar diversas criptas emprendidas por monarcas y soberanos en otras partes del territorio del país, de los antiguos reinos. ¿Te vienes a descubrir algunas de ellas?

Panteón de los Reyes astures

Comenzamos esta ruta virtual por los panteones reales españoles en Asturias. Concretamente, en el Panteón de los Reyes astures, situado en la capital del Principado. Actualmente se localiza dentro de la Catedral del Salvador de Oviedo, aunque la cripta primitiva se construyó por orden de Alfonso II de Asturias, que ha pasado a la historia como El Casto, en el siglo IX. Este monarca fundó la Iglesia de Santa María del Rey Casto como lugar de culto a la memoria regia, siendo uno de los panteones reales más antiguos de Europa. En él se encuentran enterrados a día de hoy un total de 8 reyes y 9 reinas de la rama monárquica astur-leonesa.

Altar del panteón de Reyes astures. Fuente: Catedral de Oviedo

En el siglo XVIII, la Iglesia de Santa María del Rey Casto se encontraba en tan mal estado de conservación que fue inevitable su demolición. Con ello, se construyó un nuevo Panteón de Reyes, hoy adosado a la Catedral del Salvado y dentro de la Capilla de la Virgen del Rey Casto. Aunque se perdió su arquitectura original en detrimento del estilo barroco del momento, la carga simbólica se mantuvo. De hecho, todavía hoy se celebra una misa anual en recuerdo del rey fundador, Alfonso II.

Panteón de los Reyes de León

El Reino de León se mantuvo en activo entre el año 910, en que se traslada la capital desde Oviedo a León, y 1230, momento en que se une con el reino de Castilla bajo la figura de Fernando III, dando lugar a la formación de la Corona de Castilla y León. En el siglo XI, Fernando I y Sancha I de León ordenaron la construcción en la ciudad de la Basílica de San Juan Bautista, que con el traslado de las reliquias de San Isidoro desde Sevilla se cambió de nombre en favor de esta advocación. Es, sin duda, una joya del arte románico digna de conocer.

Panteón de los Reyes de León, en la Basílica de San Isidoro. Fuente: Museo San Isidoro de León

Además de la colegiata, los monarcas también levantaron una zona palaciega y fundaron un cementerio real. Parece que se estaban adelantando varios siglos a la idea de Felipe II con El Escorial. El Panteón de Reyes acoge la sepultura de 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, 9 condes y diferentes nobles. En definitiva, en San Isidoro se congrega buena parte de la realeza leonesa, repartida también por otros panteones reales, como el de la Catedral de Santiago de Compostela. Todos ellos descansan bajo la conocida como Capilla Sixtina del Románico, los hermosos frescos que, como si de un comic se tratasen, repasan las sagradas escrituras. Su ejecución se debe a Urraca de Zamora, hija de los fundadores y benefactora de este espacio en el que también reposa para la eternidad.

Criptas reales de la Corona de Castilla

En el Monasterio de San Salvador de Oña, situado en la provincia de Burgos, se encuentran enterrados varios Condes de Castilla, territorio que fue elevado a la dignidad de reino. En este complejo religioso, de hecho, reposa el primer rey de Castilla, Sancho II, hijo de Fernando I y Sancha I de León, junto con otros infantes. Este monasterio no es el único lugar en el que podemos encontrar restos de la realeza castellana, sino que están dispuestos por criptas de varios templos de su legendario territorio. La Catedral de Toledo, las Huelgas Reales o la Capilla Real de Sevilla son algunos de los principales.

Panteón Real de Las Huelgas de Burgos

Alfonso VIII de Castilla, que ha pasado a la historia como el de La Navas, y la reina Leonor fundaron en 1187 el Monasterio de Las Huelgas Reales, en la ciudad de Burgos. No solo se convirtió en la cabeza femenina de la Orden del Císter en el reino y una de las construcciones de estilo cisterciense más destacadas de España, sino también en el gran símbolo de Castilla, ya que fue proyectado también como panteón real para ellos y sus sucesores. Sin embargo, el proyecto apenas superó su generación y la inmediata siguiente.

Sepulcros reales de Las Huelgas de Burgos. Fuente: Patrimonio Nacional

Hoy en día, Las Huelgas de Burgos forman parte del Patrimonio Nacional por la vinculación que con la Corona y la nobleza siempre ha tenido este complejo religioso femenino a lo largo de toda su historia. No obstante, la función de cementerio real fue muy limitada. Además de los reyes fundadores, también aquí reposan sus sucesores, los monarcas Berenguela I y Enrique I de Castilla, junto con otros tantos infantes. Un total de 30 cuerpos reales descansan en este panteón, acompañados de multitud de caballeros que lucharon en la Batalla de las Navas de Tolosa. María Ana de Austria, hija de Juan de Austria y nieta de Carlos V, fue el último personaje en ser sepultado en Las Huelgas, en el siglo XVII.

Capilla Real de la Catedral de Sevilla

Como ya hemos comentado con anterioridad, en la figura de Fernando III, conocido como El Santo, se unieron los reinos de León y Castilla en una sola Corona en el año 1230. El monarca, posiblemente con la finalidad de no favorecer más a uno que otro, decidió que no sería enterrado en el panteón real de La Huelgas, de tradición castellana, ni en el de San Isidoro, vinculado con la realeza leonesa. Por ello, escogió Sevilla como lugar de descanso para la eternidad, la ciudad que él mismo había conquista y arrebatado al Islam.

Altar de la Capilla Real de Sevilla. Fuente: Wikimedia

Situada en la cabecera de la Catedral de Sevilla, hubo dos capillas reales anteriores a la actual, construida en el siglo XVI. Está presidida por el altar de la Virgen de los Reyes, que la leyenda atribuye que fue donada al propio Fernando III por su primo, el rey de Francia, en conmemoración de la recuperación de Sevilla a los musulmanes. Precisamente, el Rey Santo descansa en esta capilla, junto con Alfonso X Castilla y Pedro I de Castilla, estando acompañados de dos reinas consortes y varios infantes. La memoria regia y la unión de Castilla y León se simbolizan en la Capilla Real hispalenses.

Capillas de los Reyes Viejos y Nuevos en la Catedral de Toledo

Sancho IV de Castilla, sucesor de Alfonso X, decidió no seguir la tradición sevillana y fundó en la Catedral de Toledo una capilla funeraria a finales del siglo XIII bajo la advocación de la Santa Cruz. Previamente, otros monarcas castellanos, como Alfonso VII y Sancho III, también habían decidido sepultarse en la seo toledana, siendo sus restos trasladados hasta esta nueva ubicación. En 1498, el Cardenal Cisneros emprendió una reforma del altar mayor y trasladó esta primitiva capilla real con sus respectivos moradores a una nueva ubicación en la girola, la cual mantiene a día de hoy, siendo conocida como Capilla de los Reyes Viejos.

Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo. Fuente: Pinterest

Enrique II de Castilla, primer rey de la Dinastía Trastámara tras derrocar a su hermano, Pedro I, que pertenecía a la Casa de Borgoña, encontró en la Catedral de Toledo el lugar idóneo para su enterramiento, ya que ello dotaba de legitimidad a su reinado. Su actual ubicación tampoco es la original, ya que en tiempos de Carlos V se trasladó hasta el lugar que hoy en día ocupa para despejar el lado del Evangelio, donde se situaba la primitiva Capilla Real. Desde entonces, es conocida como Capilla de los Reyes Nuevos, descansando en ella los tres primeros reyes Trastámara junto a sus esposas.

Criptas reales de la Corona de Aragón

Al igual que ocurría con los reyes castellanos, los diferentes monarcas de la Corona de Aragón también se encuentran repartidos por varios puntos de su primitivo territorio, como la Catedral de Barcelona, el Monasterio de Sigena, el Monasterio de San Pedro el Viejo o el Monasterio de Santes Creus. Sin embargo, la mayor parte de la realeza aragonesa se encuentra sepultada en dos centros monacales: San Juan de la Peña y el Poblet.

Panteón Real de San Juan de la Peña

El Monasterio de San Juan de la Peña fue el más importante del Reino de Aragón en la Edad Media. De hecho, la leyenda atribuye que el nacimiento del reino se produjo en este mismo lugar en el siglo VIII. Es por ello que, a lo largo de cinco siglos, diferentes monarcas aragoneses, y también algunos navarros, decidieron ser sepultados en este decisivo enclave. Por ejemplo, sobresalen algunos soberanos fundamentales en la historia de la Corona aragonesa que descansan en su panteón real, como Ramiro I de Aragón, considerado el primer rey aragonés, o Alfonso I El Batallador, cuyo testamento es uno de los más singulares de la historia, pues cedió sus posesiones a las órdenes militares.

Panteón Real de San Juan de la Peña. Fuente: Turismo de Aragón

El Panteón Real del Monasterio de San Juan de la Peña fue reformado en el siglo XVIII por orden de Carlos III, lo que explica la decoración clásica de la estancia. Los lugares concretos en el que reposaban los restos de la realeza aragonesa o navarra se mantuvieron, solo colocándose delante de los nichos unas placas de bronce con la inscripción correspondiente del personaje histórico que lo ocupaba.

Panteón Real del Monasterio de Poblet

El Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad y situado en Tarragona, fue fundado por iniciativa de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona que, con su matrimonio con la reina Petronila de Aragón, propició la unión del condado a la Corona aragonesa. Su hijo, Alfonso II, decidió en testamento ser enterrado en esta fundación real, disponiendo también que en el futuro se construyera un panteón real. No fue hasta el reinado de Pedro IV cuando se llevó a término esta idea, construyendo los conocidos como Sepulcros Reales de Poblet.

Sepulcros Reales del Monasterio de Poblet. Fuente: Maria Rosa Ferré

El Panteón Real de Poblet es uno de los conjuntos escultóricos fúnebres más importantes del período gótico español. Se encuentran ubicados en arcadas de la nave central de la iglesia monacal, y acoge los restos mortales de seis reyes de Aragón y siete reinas consortes. Fue de este espacio, se encuentran enterrados dos reyes más, como así son Martín I y Alfonso V. En total, ocho soberanos aragoneses descansan en Poblet para la eternidad.

Criptas reales de la Corona de Navarra

La Corona de Navarra es uno de los reinos históricos que componen la actual España. De hecho, su heráldica o armas aparecen reflejadas en uno de los cuarteles del escudo que acompaña la bandera española constitucional, concretamente el cuarto. Sancho IV de Navarra fue el primer monarca que se intituló Rey de Navarra en 1162, dejando atrás el de Rey de Pamplona. Desde 1512 en que Fernando El Católico invadió el reino, sus soberanos fueron comunes a los de las Coronas de Castilla y Aragón. Para repasar la historia de los monarcas navarros, las visitas a los panteones reales de Leyre y Santa María de Nájera son perfectas. Del mismo modo, la Catedral de Pamplona también cuenta con una cripta real en la que yacen algunos monarcas navarros, como Carlos III.

Panteón real del Monasterio de Sta. María de Nájera

Como hemos comentado, el Reino de Pamplona precedió al de Navarra y, para descubrir la historia de estos primeros pasos de esta Corona, el Monasterio de Santa María de Nájera, en La Rioja, es perfecto. En él se encuentra situado el panteón real de los primeros monarcas navarros, que fue construido en pleno período renacentista, en torno a 1556.

Panteón Real de Nájera. Fuente: gronze.com

Un total de cinco reyes navarros, con sus respectivas reinas consortes, además de infantes del reino, yacen en este espacio. Entre las efigies, merecen especial atención los sepulcros de las reinas Estefanía de Foix, que es una escultura en actitud orante y policromada, o el de Blanca Garcés de Navarra, un sepulcro románico de gran belleza artística.

Panteón de los Reyes de Navarra del Monasterio de Leyre

El Monasterio de San Salvador de Leyre goza también de una importante relevancia histórica en lo que a la formación del Reino de Navarra se refiere. En él también descansan los soberanos del Reino de Pamplona precedente, hasta un total de 7 reyes con sus respectivas reinas consortes, enterrados aquí entre el siglo IX y finales del X. Junto a ellos, también se debieron de inhumar otros miembros de la realeza pamplonesa del momento. Todavía hoy, el Monasterio de Leyre continúa siendo un pilar clave en Navarra. Anualmente, se celebra un acto en el que se recuerda a los reyes navarros, quienes sufrieron las consecuencias de la Desamortización de Mendizábal que afectó al cenobio.

Restos reales de Leyre. Fuente: Gobierno de Navarra

Debido al abandono del complejo, se produjo la consiguiente profanación de las arquetas reales. Hubo un intento, en tiempos de Isabel II, de reunir en la Catedral de Pamplona los restos de todos los reyes navarros, pero quedó en papel mojado. El 9 de julio de 1915, se volvieron a inhumar los restos, siendo el momento en que se definió a Leyre por parte de Vázquez de Mella como el Monasterio de El Escorial de Navarra y asiento de la realeza navarra.

Capilla Real de Granada

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón llevaron a cabo la unión dinástica de sus respectivos reinos a raíz de su matrimonio. Una de las empresas fundamentales de su reinado fue la finalización de la denominada Reconquista, arrebatando a los musulmanes el último reducto del Islam de la península Ibérica y de Europa en general: el Reino de Granada. Tal fue la importancia de este hecho que añadieron el símbolo de la granada a su heráldica, algo que todavía se mantiene hoy en la punta del escudo de España. Por ello, la reina Isabel decidió enterrarse en Granada, emprendiendo la construcción de una capilla funeraria para descansar en ella toda la eternidad.

Sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: capillarealgranada.com

La Capilla Real de Granada es el ejemplo más sobresaliente de cómo el arte funerario se ha puesto al servicio de la política y de la realeza a lo largo de toda la historia. La simbología de los Reyes Católicos está presente en todo el templo, en el cual también están sepultados los reyes Felipe I y Juana I de Castilla y el príncipe Miguel de la Paz. El emperador Carlos V llegó a plantearse esta capilla como lugar de sepultura, pero su destino final acabó siendo otro: la última gran cripta fúnebre y definitiva de los monarcas de Las Españas de El Escorial.

Cripta Real de El Escorial

Cuando Felipe II decidió construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial estuvo guiado por dos motivaciones: conmemorar la victoria española en la Batalla de San Quintín y erigir un panteón digno para su padre, el Emperador Carlos V, y resto de familiares. Fue así como surgió la Cripta Real de El Escorial. Popularmente se dice que la realeza española nace donde quiere, vive, si puede, en Madrid, pero siempre termina en El Escorial antes de subir al cielo, y es que es aquí donde, desde tiempos de los Austrias y hasta la actualidad, han sido sepultados la mayor parte de los reyes, reinas o infantes de la Casa Real española.

Panteón de Reyes de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

El Panteón de Reyes y el Panteón de Infantes suponen la culminación de la unión dinástica de los reinos españoles a través del arte funerario. Estos lugares de culto a la memoria regia, iniciados en tiempos de los primeros gobernantes de cada uno de los reinos que han supuesto la formación de la actual España, fueron culminados con el proyecto de Felipe II, quien por fin consiguió establecer una cripta en la que reunir, desde su padre y en adelante, con la excepción de dos únicos soberanos, a todos los monarcas de España. Visitar cada uno de estos lugares, sin duda alguna, te hace sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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