La ruta de Juana I de Castilla: el viaje fúnebre de la Reina de Burgos a Tordesillas

El 20 de diciembre de 1506, la burgalesa Cartuja de Miraflores fue el escenario de uno de los pasajes más cautivadores de la historia de España. La Reina Juana I de Castilla acudió al final del día al cenobio cartujo y, sin tener en cuenta la oposición de los monjes, decidió levantar el cadáver de su esposo, el Rey Felipe, y proceder a iniciar el traslado del féretro hasta Granada, donde el monarca había dictado ser enterrado en caso de fallecimiento en territorio español. Sin duda, este hecho histórico marcaría el devenir político de Castilla y, por supuesto, el de la leyenda romántica que siempre ha rodeado a Juana I que, tristemente apodada y conocida por muchos como “La Loca”, no deja de ser la primera Reina de Las Españas.

Desde la Cartuja de Miraflores, comenzó un viaje fúnebre de avances y retrocesos por diversos puntos de la vieja y legendaria Castilla, una ruta que transcurrió por localidades de las actuales provincias de Burgos, Palencia y Valladolid. El destino final no fue Granada, sino Tordesillas, en cuyo Palacio Real fue recluida por mandato de su padre, el Rey Fernando II de Aragón, la legítima Reina propietaria de Castilla. Durante el itinerario, acontecieron hechos como el nacimiento de la Infanta Catalina o el encuentro de Juana I con la nueva esposa de su padre, Germana de Foix, otro peón más en el juego de tronos que se vivía en aquellos años en Castilla. ¿Te vienes a descubrir esta histórica ruta y seguir las huellas de la Reina Juana?

La muerte de Felipe I de Castilla

Por todos sabido, la política de matrimonios de los Reyes Católicos consistió en casar a sus diferentes hijos con diversos miembros de la realeza europea con el objetivo de aislar a Francia, principal enemigo de Aragón en la esfera internacional. La Infanta Juana tuvo que abandonar Castilla, el reino que la había visto nacer, para emprender una nueva vida junto a su esposo, el Archiduque Felipe de Austria. Sin embargo, el destino quiso que la joven pasara a ostentar el título de Princesa heredera de Castilla y Aragón cuando sus dos hermanos mayores, Juan e Isabel, y su sobrino, Miguel de la Paz, fallecieron. Tres muertes condujeron a Juana al trono, aunque acompañada por la sombra y la mano de su marido.

Demencia de doña Juana de Castilla. Fuente: Museo del Prado

Tras el fallecimiento de la Reina Isabel en noviembre de 1504, Juana y Felipe acudieron a Las Españas para que la Reina propietaria fuera jurada en Cortes. Sin embargo, su esposo no estaba dispuesto a ser un mero consorte, por lo que, finalmente, las Cortes de Valladolid, celebradas el 12 de julio de 1506, reconocieron a ambos como Reyes de Castilla. Tras el acto, emprendieron el viaje hacia Burgos, donde llegaron el día 7 de septiembre, hospedándose en la Casa del Cordón, un palacio gótico de finales del siglo XV construido por los Condestables de Castilla. Fue en una de sus estancias donde la muerte sorprendió al nuevo Rey.

Vista exterior del Castillo de Burgos

En el Castillo de Burgos, un espectacular monumento cuyos primeros cimientos datan del siglo IX, Felipe I participó en un juego de pelota tras su llegada a la ciudad. Sin embargo, finalizado el partido, el Rey se enfrió, parece que por habar bebido agua demasiado fría. Todo ello le provocó unas terribles fiebres que le condujeron, tras varios días sin recuperarse, a una repentina muerte, como así recogió el doctor Parra en carta dirigida al rey Fernando de Aragón, del que la leyenda ha llegado a decir que fue el causante de esta muerte que tanto le benefició. El 25 de septiembre, Castilla se quedaba sin Rey, poniendo fin al efímero reinado del primer Felipe sentado en un trono que ha tenido la historia de España. Ahora, vamos por el sexto.

El mismo lugar en el que Juana y Felipe fueron recibidos oficialmente por la ciudad de Burgos, su magnífica Catedral gótica, fue el escenario para celebrar los funerales por la memoria del difunto Rey, todo ello después de haber velado en la Casa del Cordón un cadáver sin corazón, que fue enviado a Flandes por disposición de su hermana Margarita para que fuera enterrado junto a su madre, María de Borgoña. Desde la catedral, partió un cortejo hasta la Cartuja de Miraflores, donde el cuerpo fue entregado a los monjes para su custodia. No obstante, el testamento del Rey Felipe lo dejaba claro: debía ser enterrado en Granada, donde se hallaba también el cuerpo de su suegra, la Reina Isabel.

La ruta de Juana I de Castilla

Después de enviudar, la Reina Juana se instaló en la Casa de la Vega, una propiedad rural de los Condestables de Castilla situada a las afueras de la ciudad. Concretamente, esta residencia señorial se ubicaba en el actual Barrio de Gamonal, pero de ella no queda nada, ya que fue derruida hace unos años. Desde este desaparecido edificio partió la Soberana el 20 de diciembre de 1506 hacia la Cartuja de Miraflores, donde solicitó a los monjes cartujos que le entregasen el cuerpo real de su esposo Felipe para comenzar un viaje a Granada y cumplir la voluntad del difunto.

Cartuja de Miraflores. Fuente: Guías Turísticos Burgos

Las paradas, los hechos que ocurrieron y las vivencias de este traslado del cuerpo de Felipe I, que se realizó siempre de noche, han llegado a nuestros días principalmente a través del testimonio de Pedro Mártir de Anglería, humanista italiano que presenció y acompañó a la Reina Juana en su divagar por Castilla. Sus palabras se entremezclan con las historias populares que todavía recuerdan los habitantes de estas poblaciones. Los páramos de Castilla, sin duda, no olvidan el fúnebre divagar que contemplaron, liderado por esta joven Reina viuda cuyo destino estaba escrito.

Torquemada

La Reina Juana, acompañada del Marqués de Villena, el Adelantado de Granada y el embajador Luis Ferrer, llegó a medianoche al municipio de Cavia después de haber partido desde la Cartuja de Miraflores, antes de proseguir hasta Torquemada la jornada siguiente. En esta localidad de Palencia permaneció entre el 24 de diciembre de 1506 y el 1 de mayo de 1507, abandonando el municipio por la amenaza de la peste.

Retrato de la Infanta Catalina como Reina de Portugal. Fuente: Museo del Prado

Durante su estancia en Torquemada, el féretro del Rey Felipe permaneció en la imponente iglesia parroquial de Santa Eulalia, donde las mujeres tenían prohibida la entrada por orden de la Reina y a diario se celebraban funerales. Además, el 14 de enero de 1507, la Reina Juana dio a luz en Torquemada a su última hija, la Infanta Catalina de Austria. La joven acompañó a su madre desde entonces, incluso hasta la reclusión en el Palacio Real de Tordesillas. Sin embargo, en 1524, su hermano Carlos V concertó su matrimonio con el rey Juan III de Portugal y abandonó la residencia.

Hornillos de Cerrato

En el traslado de Torquemada a Hornillos de Cerrato (Palencia), el cortejo se encontró con un convento, posiblemente el desaparecido Monasterio de Santa María del Escobar, y la Reina Juana quiso detenerse para celebrar funerales en él. Sin embargo, cuando se percató que era un cenobio femenino, dio órdenes para que sacasen el féretro de allí y, a cielo abierto, ordenó sacar el cadáver. La Soberana lo contempló y mandó llamar a los nobles que le acompañaban para que testificasen que allí estaba el cuerpo del Rey Felipe. Tras ello, prosiguieron la marcha, llegando a Hornillos de Cerrato al alba. Este momento fue utilizado por Francisco Pradilla para pintar su famosa obra “Doña Juana la Loca”, expuesto en el Museo Nacional del Prado e imagen de cabecera del artículo.

Iglesia de San Miguel de Hornillos de Cerrato. Fuente: Ayuntamiento Hornillos de Cerrato

La estancia en Hornillos de Cerrato se extendió hasta el 24 de agosto de 1507. El cuerpo del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor de la Iglesia de San Miguel. Las antorchas que continuamente iluminaban el féretro provocaron un incendio en el templo en julio de 1507, conllevando que tuviera que ser reformada, siendo costeadas las obras por la propia Corona. Esta es una anécdota más de las muchas que ocurrieron en este fúnebre viaje.

Tórtoles de Esgueva

La noche del 24 de agosto de 1507, el cortejo fúnebre del Rey Felipe con su viuda a la cabeza se trasladó a Tórtoles de Esgueva. Retrocedieron en su camino a Granada, volviendo a la actual provincia de Burgos. En esta localidad, la Reina Juana tenía previsto reunirse con su padre, el Rey Fernando de Aragón. La estancia en Tórtoles de Esgueva se extendió hasta el 5 de septiembre.

Retrato de Fernando El Católico, por Michel Sittow. Fuente: Kunsthistorisches Museum

La Reina Juana cayó en brazos de su padre el día 29 de agosto de 1507, como así lo describieron los que lo contemplaron. La Soberana de Castilla se reencontró con su progenitor, quien aconsejó a su hija trasladar la Corte a una población más grande con suficientes provisiones, eligiendo Santa María del Campo, muy cerca de la ciudad Burgos, ya que Tórtoles de Esgueva no tenía la capacidad de acoger sus respectivos cortejos. Quienes visiten esta localidad, no pueden perderse la Iglesia de San Esteban, donde fue depositado el cuerpo del Rey Felipe.

Santa María del Campo

La Corte permaneció en Santa María del Campo cerca de un mes. La presencia del Rey Fernando no impidió que su hija mantuviera las mismas guardias ante el cadáver de su difunto esposo, y las mismas ceremonias eclesiásticas, como si acabara de fallecer. Además, la Reina prohibió las fiestas, obligando a su padre a trasladarse a Mahamud para imponer el capelo cardenalicio al Arzobispo de Toledo el 23 de septiembre de 1507.

Iglesia de Santa María del Campo. Fuente: Wikimedia

Para descubrir las huellas de la Reina Juana en Santa María del Campo, que le rinde homenaje con una estatua en su honor, hay que acercarse a la Casa del Cordón, donde varias evidencias apuntan que fue donde se alojó. El edificio conserva la fachada original del siglo XVI y actualmente es una vivienda privada. Por su parte, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el portentoso templo parroquial de Santa María del Campo. Declarado Bien de Interés Cultural, acogió el cuerpo de Felipe I y en él se celebró el cabo de año de su fallecimiento.

Arcos de la Llana

A principios de octubre de 1507, el Rey Fernando instó a su hija para que trasladaran la Corte a otra ciudad más grande. Ella era la Reina de Castilla, y a ella le correspondía, al menos oficialmente, tomar ese tipo de decisiones. Sin embargo, al iniciar el viaje, la Soberana desconocía dónde eran conducidos, hasta que se percató del destino. Doña Juana rehusó proseguir, diciendo que nunca más en su vida quería visitar la ciudad de Burgos, donde fue privada de su marido, obligando a su comitiva a establecerse en Arcos de la Llana el 9 de octubre de 1507, mientras que su padre se dirigió a Burgos, quedando separados de nuevo.

Iglesia de San Miguel, en Arcos de la Llana. Fuente: Sandoval de la Reina

En Arcos de la Llana, la Reina Juana se instaló en el Palacio Arzobispal, mientras que el féretro permaneció en la Iglesia de San Miguel. Su estancia en este municipio fue la más larga de todas las de la travesía fúnebre con el féretro de su esposo, extendiéndose desde octubre de 1507 hasta marzo de 1509. Esta residencia es una construcción de cantería que contaba un patio reformado en el siglo XVI que, como curiosidad, fue desmontado en el XX, siendo sus columnas regaladas al Estado, que las colocó en el madrileño Palacio de la Moncloa.

En otoño de 1507, Arcos de la Llana fue testigo de otro de los encuentros más esperados. La Reina Juana se entrevistó con la nueva esposa de su padre, Germana de Foix, tras haberle pedido poder conocer a su madrasta. De acuerdo con las crónicas del momento, Doña Juana la recibió con el respeto que se espera de una hija. Este hecho fue uno de los pocos que rompieron su monotonía en la localidad burgalesa.

Tordesillas

El Rey Fernando decidió que era momento de continuar el camino de su hija, que llevaba aposentada en Arcos de la Llana desde finales de 1507. Sin embargo, su destino no iba a ser Granada, sino Tordesillas. El Soberano de Aragón había decidido que el Palacio Real de esta villa vallisoletana sería el lugar en el que la legítima Reina de Castilla pasaría el resto de su vida, mientras que él se encargaría del gobierno del reino. En definitiva, trataba de cumplir lo dispuesto en el testamento de la difunta Reina Isabel, aunque siempre nos quedará la duda de si verdaderamente Doña Juana no quería hacerse cargo de sus funciones.

Panorámica del Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas

Hasta la llegada al destino previsto, se sabe que el cortejo hizo paradas intermedias, como en Villahoz o en Renedo de Esgueva. Se desconoce el día exacto de marzo de 1509 en el que la Reina Juana llegó a Tordesillas. Mientras que el cadáver del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor del Monasterio de Santa Clara, hasta su traslado a la Capilla Real de Granada en 1525 por orden de su hijo, el emperador Carlos V, la Soberana se instaló en el Palacio Real junto con la Infanta Catalina. A pesar de ello, no dejó de ser “Reyna y señora propietaria de aquellos reynos”, tal y como sostuvo el cronista Zurita, concretamente durante 51 años desde que accedió al trono de Castilla y 39 desde que heredó sus reinos paternos de Aragón.

Sepulcro de los Reyes Juana y Felipe. Fuente: Capilla Real de Granada

A lo largo de los siglos, Castilla ha contemplado multitud de traslados fúnebres de cuerpos reales. Sin embargo, ninguno tan largo y lúgubre como el que llevó a cabo la Reina Juana con el féretro de su esposo, el Rey Felipe, algo que todavía se sigue recordando por el impacto que causó entre la población del momento. Esta Soberana de legítimo derecho sobre los reinos de sus padres es, hoy en día, una romántica leyenda, y el viaje que hemos narrado tiene mucho que ver en todo lo que se ha dicho y se sigue escribiendo sobre ella.

Todas las localidades por las que dejó su huella Doña Juana en aquella travesía recuerdan su legado, luciendo con orgullo después de tantos siglos la visita que su Señora natural les hizo y, con ello, tratan de recordar que ella fue, es y será siempre la primera Reina de España. Visitando la Cartuja de Miraflores, Torquemada, Hornillos de Cerrato, Tórtoles de Esgueva, Santa María del Campo, Arcos de la Llana y, por supuesto, Tordesillas, te sentirás un verdadero #turistaenmipaís con la Reina Juana I como guía personal por sus históricas calles.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Anglería, P. M. (1955). Epistolario. López de Toro, J. (estudio y traducción). Documentos Inéditos para la Historia de España, Tomo X. Madrid: Imprenta Góngora. Recuperado de: https://www.saavedrafajardo.org/Archivos/LIBROS/Libro0462.pdf

Zalama, M. A. (2006). El rey ha muerto, el rey continúa presente: el interminable viaje de Felipe I de Burgos a Granada. En Vandenbroeck, P. y Zalama, M. A. (coords.), Felipe I el Hermoso: la belleza y la locura (pp. 195-212). Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica.

Zurita, J. (1580). Los cinco libros postreros de la historia del Rey Don Hernando el Catholico, de las empresas y ligas de Italia. Zaragoza: Oficina de Domingo de Portonarijs y Vrsino. Recuperado de: https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=436957

Historia, curiosidades y leyendas del Palacio Real de Madrid, un monumento para la eternidad

El 1 de diciembre de 1764, concluía uno de los proyectos arquitectónicos más importantes de la historia de Madrid. Después de varias décadas de construcción, Carlos III inauguraba el Palacio Real, el que todavía hoy sigue siendo el palacio en funcionamiento más grande de la vieja Europa. Ni Versalles, ni Buckingham ni el Hofburg de Viena, solo el Palacio de Oriente madrileño, como así también se le conoce, conserva este privilegiado título. Más de 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones atestiguan y confirman la afirmación anterior, aunque son los secretos que se esconden detrás de todos sus espacios y rincones lo que más llama la atención de sus visitantes.

A lo largo de sus más de dos siglos y medio de vida, el Palacio Real de Madrid ha sido el silencioso testigo en piedra del devenir social de la capital de España y, por ende, prácticamente de todo el país en su conjunto. De hecho, el propio motivo que produjo la construcción de este emblemático monumento es uno de los episodios que más pasiones levantan entre los amantes de la historia madrileña, por lo que no es de extrañar que las estancias de este edificio alberguen, además de cuadros, ricos tapices o espectaculares relojes, muchas otras curiosidades más. ¿Te vienes a descubrir algunas de ellas?

De Alcázar a Palacio Real

El espacio que ocupa el Palacio Real de Madrid siempre ha estado ligado al poder de la Monarquía. Uno de los aspectos que pocos conocen es que, antes de construirse este gigante de piedra de estilo barroco, existía en su emplazamiento un alcázar de origen medieval, concretamente al período de dominación árabe de la ciudad, del entonces Mayrit. Los monarcas Trastámara lo frecuentaron y emprendieron reformas sobre la residencia, pero se debió a los Austrias, sobre todo a Felipe II, el impulso que se dio al edificio, convirtiéndolo en un verdadero palacio.

Vista del Alcázar en el siglo XVI. Fuente: Museo de Historia de Madrid

En el desaparecido Alcázar de Madrid acontecieron hechos históricos tan importantes como el nacimiento de Juana de Castilla, más conocida como La Beltraneja, que le disputó el trono a su tía, la reina Isabel La Católica; de sus paredes colgaron cuadros de Velázquez, como las famosas Meninas que hoy se exponen en el Museo del Prado, o en sus estancias falleció el último rey Habsburgo español, Carlos II, el 1 de noviembre de 1700. A esta dinastía le sucedió la de los Borbones, con Felipe V como primer Soberano de esta poderosa familia de origen francés.

Felipe V, que tuvo que ganar una guerra en la que se involucró toda Europa y que mermó los territorios de Las Españas para alzarse con la corona, se había criado en Versalles, por lo que el gusto castellano y austero del Real Alcázar de Madrid le llegó a horrorizar. Por ello, llevó a cabo reformas en su interior para adecuarlo a su gusto, aunque de nada sirvieron estas mejoras. La Nochebuena de 1734, estando la Familia Real en el Palacio del Buen Retiro, un terrible incendio se desató en el Alcázar, cuyos artesonados de madera ayudaron a que se propagase rápidamente. Cuadros, joyas y pertenencias eran arrojados por las ventanas del Alcázar madrileño, mientras la luz de esta histórica residencia real se apagó para siempre después de 4 días de calor y llamas.

La construcción del Palacio Real

Una de las leyendas que forman parte de la historia del actual Palacio Real se fundamenta en que el propio Felipe V ordenó incendiar el Alcázar medieval, con el objetivo de construirse un nuevo palacio que respondiera a sus gustos. Mientras se iban derribando los restos que quedaron del anterior edificio, el rey ordenó al arquitecto Filippo Juvarra diseñar el proyecto. El maestro presentó una obra verdaderamente faraónica, concibiendo un edificio de 480 metros de fachadas, 23 patios y un tamaño que se calcula en cuatro veces el actual.

Proyecto de F. Juvarra para el nuevo Palacio Real de Madrid. Fuente: Investigart

La respuesta a por qué no se llevó a término el proyecto de Juvarra se encuentra en que, para haberlo levantado, se tendría que haber ubicado en otra zona de la villa, concretamente en los Altos de Leganitos, a lo que Felipe V no estaba dispuesto a renunciar, pues deseaba erigirlo sobre el anterior, además de lo costoso que suponía emprender una obra de tal magnitud. Debido al fallecimiento del arquitecto, el rey le encargó otra propuesta a Giambattista Sacchetti, discípulo del anterior, quien adaptó los planos, recibiendo el visto bueno del monarca.

El 7 de abril de 1738, comenzaron oficialmente las obras del nuevo Palacio Real de Madrid, colocando una primera piedra en la que puede leerse “Para la eternidad”. El edificio se proyectó completamente en piedra, siguiendo los preceptos del barroco de la época, un gusto clasicista que rompía completamente con el ambiente medieval que había sido el protagonista en esa misma zona de la ciudad hasta hacía escasos años.

Así es el palacio más grande de Europa

A pesar de que el proyecto primitivo de Juvarra no llegó a ejecutarse, el Palacio Real de Madrid puede presumir de ser el palacio habitado más grande de Europa. Y decimos habitado porque, aunque la Familia Real española no resida en él, no deja de ser el lugar en el que tienen fijada su residencia oficial. Como hemos comentado anteriormente, el edificio, cuyas obras se extendieron hasta 1764 en que Carlos III habitó en él por primera vez, está formado por 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones, destacando también sus 870 ventanas, 240 balcones o las 44 escaleras que posee. Las comparaciones son odiosas pero, pese a lo que muchos creen, el Palacio de Versalles, cerca de París, cuenta con 67.000 metros cuadrados, por lo que el de Madrid le supera.

Vista del Palacio Real desde el patio de armas

En la visita turística no se recorren las casi 3.500 habitaciones, pero sí algunas de las estancias más sobresalientes, alrededor de veinte. Durante el paseo por el interior del Palacio Real, los visitantes realizan un verdadero viaje al pasado, a la época dorada de la Corte española de los siglos XVIII y XIX. Uno de los momentos más impactantes es el encuentro con el Salón del Trono, el verdadero símbolo del poder de la Corona. Los dos tronos defendidos por los leones dorados, que se salvaron de la destrucción del Real Alcázar, los ricos tapices, cortinas y moquetas, los lujosos espejos o las lámparas son de un rococó tan excesivo que se llega a sufrir un stendhalazo.

Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

En 2014, se abrió al público la Sala de la Corona, otro de los estandartes del poder real. En esta estancia se expone la Corona Real y el cetro, ambos elementos utilizados en las proclamaciones reales en el Congreso de los Diputados o en los actos más solemnes de la Corona, así como también el collar del Toisón de Oro. Sin embargo, sin duda es el Comedor de Gala el que más asombro y sorpresa despierta entre los turistas. Es el salón más mediático del palacio, habiendo sido visto en televisión en numerosas ocasiones, en las recepciones que los Reyes suelen ofrecer, por ejemplo, en las visitas de mandatarios extranjeros.

Comedor de Gala del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Las Reales Cocinas, que se adhirieron en 2017 a la visita del palacio, son unas de las más antiguas y mejor conservadas de toda Europa, siendo todo un privilegio poder visitarlas y saber cómo funcionaban o cómo trabajaba en ellas el personal que se encontraba al servicio de la Familia Real. Algo similar ocurre con la Real Farmacia, situada en el ala derecha, así como con la Real Armería, uno de los museos militares más fascinantes de todo el mundo. En ella se conservan joyas como armaduras del Emperador Carlos V, la espada de Fernando El Católico y piezas de la época de Felipe II.

Curiosidades históricas del Palacio Real

Una vez que hemos descubierto la historia y algunas de las estancias que nos esperan en la visita al Palacio Real, las curiosidades que rodean al edificio son otra de las cosas que más interesan a los turistas que se acercan a conocer de primera mano el principal monumento del Madrid de los Borbones. Las personas que residieron en este palacio o los hechos históricos más importantes que se han vivido en él son algunos de los secretos que esconden sus muros y que vamos a poner ahora al descubierto.

Reyes que han vivido en el Palacio Real

Desde que el 1 de diciembre de 1764, Carlos III y su Corte se instalasen en el Palacio Real de Madrid que emprendió su padre, Felipe V, todos los reyes de España hasta Alfonso XIII han habitado en su interior. Sin embargo, no solo nos estamos refiriendo a los monarcas Borbones (Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII), sino también al propio José I, hermano de Napoleón que reinó brevemente sobre España cuando el país estuvo sometido a los franceses, o Amadeo de Saboya.

Escalera principal del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Respecto a la estancia de Pepe Botella, como así suele ser conocido popularmente José I entre los madrileños, recibió la visita de Napoleón en 1809. El emperador solamente había contemplado la escalera principal del Palacio Real cuando parece que exclamó, apoyándose en uno de los leones: “¡Hermano mío, tú estás mejor alojado que yo!“. Nada que envidiar a Versalles.

Túneles y pasadizos secretos

Los secretos del Palacio Real de Madrid también se encuentran bajo tierra. A lo largo de su historia, se han ido construyendo diferentes túneles subterráneos que unían la residencia con otros enclaves de la villa. De hecho, algunos se remontan al propio período del Alcázar, como así era el pasadizo que unía el edificio con el cercano Monasterio de la Encarnación. De hecho, en este espacio, hoy en día prácticamente cegado, llegaron a exponerse obras de Velázquez o se utilizó como sede primitiva de la Biblioteca Nacional.

Vista del Palacio Real desde el Campo del Moro

Otro de los túneles más famosos es el que se construyó en tiempos de José I. El hermano de Napoleón no consiguió ganarse el favor de los madrileños, que le increpaban continuamente, por lo que el Palacio Real se convirtió en una verdadera cárcel de oro desde la que tratar de gobernar. Por ello, para tratar de salir sin ser visto, ordenó a Villanueva construir el conocido como Túnel de Bonaparte, con salida en lo que hoy en día es Madrid Río, donde una placa lo recuerda. También se conserva una puerta en el Campo del Moro.

Asalto y atentado contra Isabel II

Durante el reinado de Isabel II, el Palacio Real también fue testigo de varios hechos trascendentales. Cuando la reina era solamente una niña, el 7 de octubre de 1841 se enfrentó a un asalto por parte de los generales Diego de León y Manuel de la Concha, dentro del pronunciamiento moderado. Sin embargo, los alabarderos impidieron que se apoderasen de la reina y su hermana, cortándoles el paso en la escalera principal.

Fachada principal del Palacio Real de Madrid

El 2 de febrero de 1852, Isabel II se dispuso a presentar en sociedad a su hija Isabel, la Princesa de Asturias que pasó a la historia como La Chata. No obstante, lo que parecía que iba a ser un día alegre se convirtió en una de las jornadas negras de su biografía. Antes de partir a la Basílica de Atocha, en la galería del Palacio Real se postró ante la reina un cura que le clavó un puñal de 20 centímetros. La Guardia Real pronto auxilió a la monarca, que, gracias a su corsé, conservado en el Museo Arqueológico Nacional, y el bordado del vestido, solo sufrió una herida de 15 centímetros. El sacerdote, Martín Merino, fue ejecutado por el atentado contra la reina.

El Palacio Real en la Segunda República

El 14 de abril de 1931, se sirvió en el Palacio Real de Madrid la última cena de la Familia Real española. Una crónica en el diario “Ahora” años después confirmó por parte de los trabajadores de palacio que se quedó intacta. El menú consistió en consomé, medallones de merluza, supremas de pularda, solomillo frío con salsa raifort, espinacas a la crema y helado de moka. Alfonso XIII, esa misma noche, partió a Cartagena, y a la mañana siguiente le siguió el resto de su familia. Desde entonces, el Palacio Real pasó a ser Palacio Nacional.

Farola republicana situada junto al Palacio Real. Fuente: Turismo Madrid

Manuel Azaña, presidente de la nueva República, residió en el Palacio de Oriente, donde todavía hay una estancia conocida como despacho de Azaña. Todo lo relacionado con la Monarquía trató de dejarse atrás, y eso se observó hasta en las propias farolas. De hecho, de aquella etapa todavía se conserva una prueba en la esquina de la fachada noroeste del edificio. Se trata de la única farola republicana que se conserva en Madrid y que, casualmente, alumbra hoy en día el Palacio Real, que recuperó su denominación con la restauración monárquica. Esta es una de las curiosidades más desconocidas por los turistas.

El Salón de Columnas en la historia de España

Uno de las estancias más solemnes del Palacio Real es el Salón de Columnas, una de las primeras que se visitan en el pase turístico. Este salón era utilizado durante el Jueves Santo para la celebración del Lavatorio y Comida de Pobres, un acto en el que los reyes de España daban de comer y lavaban los pies de 25 pobres escogidos para tal efecto, ante la atenta mirada de la Corte. Del mismo modo, fue el Comedor de Gala primitivo del palacio. Sin embargo, el uso actual que se le da es bien distinto.

Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

El Salón de Columnas ha sido utilizado para celebrar los velatorios de la reina María de las Mercedes, Alfonso XII o del dictador Franco en noviembre de 1975. En fechas más recientes, ha sido el escenario de la firma del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas el 12 de junio de 1985, o la sanción de la Ley Orgánica de abdicación del rey Juan Carlos I en favor de su hijo, Felipe VI, el 18 de junio de 2014.

Las Reales Cocinas en la boda de Felipe VI

Como hemos comentado anteriormente, las Reales Cocinas del Palacio Real de Madrid se abrieron e incorporaron a la visita en 2017. Se encuentran situadas en el primer sótano del edificio y su aspecto actual es el mismo que tenía a mediados y finales del siglo XIX, cuando fueron renovadas durante los reinados de Isabel II y Alfonso XII. El último uso continuado que se hizo de ellas fue durante el gobierno de Manuel Azaña.

Reales Cocinas del Palacio Real de Madrid. Fuente: Patrimonio Nacional

Con la restauración de la Monarquía, las Reales Cocinas del Palacio Real no recuperaron su función primitiva. Sin embargo, sus fogones volvieron a encenderse en mayo de 2004, cuando se celebró al boda de los reyes Felipe VI y Letizia, quienes celebraron el banquete nupcial en el patio del palacio, bajo una inmensa carpa. Las cocinas fueron utilizadas como apoyo al catering que se sirvió, algo que también ha ocurrido en otras cenas de gala celebradas. En 2012, fueron definitivamente clausuradas y restauradas para incorporarlas a la visita.

Leyendas en la historia del Palacio Real

Una vez que hemos descubierto la historia del Palacio Real de Madrid y las curiosidades que forman parte de ella, llega el turno de la leyenda. Mucho se ha dicho y escrito sobre ese portentoso monumento del centro de la capital de España, pero algunas cosas no son del todo ciertas y forman parte de la tradición popular. La leyenda de las estatuas de sus cornisas o los fantasmas que lo habitan son dos de las más destacadas.

Las estatuas del Palacio Real

El 8 de febrero de 1760, Carlos III decretó que las estatuas de piedra blanca que se habían estado tallando para adornar la cornisa del Palacio Real se retirasen. Se trataba de un conjunto de 108 piezas que representaban a los diferentes monarcas de la historia de España, debiendo su ejecución a Fernando VI. La leyenda atribuye a una pesadilla de la reina madre, Isabel de Farnesio, la justificación de la decisión del rey, ya que parece que soñaba con frecuencia que un terremoto sacudía Madrid y las estatuas caían del tejado sobre ella, aplastándola.

Vista del Palacio Real desde los Jardines de Sabatini

Lejos de la leyenda anterior, lo cierto es que muchos expertos consideran que las estatuas no se colocaron por miedo a que su peso provocase problemas en la estructura del edificio. Quedaron ocultas en los sótanos del palacio, hasta que en el reinado de Isabel II abandonaron el olvido y se repartieron por diversos puntos de Madrid, como en los Jardines de Sabatini o en El Retiro, así como por rincones de otras ciudades de España.

El exorcismo del Palacio Real

Puede que uno de los hechos más desconocidos sea que, durante la construcción del Palacio Real, Felipe V ordenase que se llevase a cabo un exorcismo sobre las obras y el personal que trabajaba en ellas. Fantasmas, gritos de ultratumba, apariciones y sombras inexplicables que forman parte de las leyendas del monumento atemorizaban a todos los que trabajaban en la nueva residencia real de la villa. Para muchos, eran las almas de los últimos musulmanes que habitaron el Mayrit árabe y que fueron conquistados por Alfonso VI en 1085, que volvían a atormentar al nuevo monarca.

Conjunto Histórico del Palacio Real de Madrid

El Palacio Real no se entendería sin las Descalzas Reales o el Monasterio de la Encarnación. Descubre en este free tour los secretos de este paisaje histórico de la capital

El conjunto histórico del Madrid de los Borbones tiene por protagonista al Palacio Real. Construido por orden de Felipe V sobre el solar que dejó el desaparecido Alcázar medieval, su historia está marcada por las leyendas, las anécdotas y las curiosidades. Más allá de visitar sus espectaculares estancias interiores, los visitantes no quieren dejar de conocer todos estos detalles que, sin duda, enriquecen todavía más el paseo por el interior y el exterior del edificio. Quien visite Madrid, tiene que reservar tiempo para conocer el Palacio Real. Sin duda, te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

De Medina del Campo a Granada: así fue el cortejo fúnebre de la Reina Isabel La Católica

El reinado de Isabel I de Castilla se extendió durante casi 30 años. La Reina no pudo alcanzar esta cifra por escasos días, ya que se vio sorprendida por la muerte el 26 de noviembre de 1504, pudiendo haber celebrado 3 décadas de reinado el 13 de diciembre. Durante todo este largo período, la Soberana experimentó la transformación a la que se estaba enfrentando la vieja Europa en la que también se integraba Castilla: dejar atrás el período medieval e introducirse de lleno en la Edad Moderna, de la mano del Renacimiento. Fueron muchos los acontecimientos históricos que se vivieron durante el gobierno que la Reina Isabel, pero destacan dos por encima del resto: el descubrimiento del Nuevo Mundo, de lo cual nunca fue consciente realmente, y la finalización de la Reconquista con la recuperación cristiana del Reino de Granada.

Isabel La Católica recibió precisamente este título, entre otros motivos, por la hazaña granadina, que supuso la extinción del último reducto musulmán de Europa. Con la entrega de la ciudad por parte del último emir granadino, Boabdil, el 2 de enero de 1492, concluyó el proceso que iniciaron sus antepasados siete siglos antes. Para la Reina de Castilla, seguramente supuso el gran triunfo de la Fe cristiana sobre la musulmana, la primacía de la cruz sobre la media luna, y quiso demostrar su victoria hasta la eternidad, eligiendo Granada como destino de su descanso eterno.

La muerte de la Reina Isabel

El 13 de septiembre de 1504, estando la Corte en Medina del Campo, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón expidieron la Real Cédula con la que fundaban la Capilla de los Reyes o Capilla Real bajo la advocación de los Santos Juanes, es decir, el Bautista y el Evangelista, por los que siempre profesaron especial devoción, especialmente la Reina. Desde el mes de julio de ese mismo año, arrastraba una enfermedad que provocó que su vida se fuera apagando sigilosamente, por lo que se apresuraron para preparar su vida celestial, cuando la terrenal estaba a punto de concluir. El 26 de noviembre de 1504, en torno al mediodía, se escuchó en el Palacio Real Testamentario de Medina del Campo el último latido del corazón de la Reina de Castilla.

Fachada del Palacio Real Testamentario de Medina del Campo. Fuente: Web del Palacio

El testamento de la Reina Isabel, además de ser una de las grandes joyas del patrimonio documental español, explica también todos los pasos que se siguieron posteriormente en lo que a celebraciones fúnebres se refiere. Mejor dicho, los que deberían haberse seguido, pues no todo se ejecutó tal y como ella dispuso. La Soberana testó el 12 de octubre de 1504 y determinó su voluntad de ser sepultada en Granada, confirmando a perpetuidad la gran victoria frente a los musulmanes contra los que tantos años estuvo guerreando. De este modo, su memoria quedaba para la eternidad en aquella ciudad que tanto le costó reconquistar, a la sombra y cobijo de la Alhambra.

Quiero y mando que si falleciera fuera de la ciudad de Granada, que sin tardanza lleven mi cuerpo entero como estuviera a la ciudad de Granada”, dejó escrito en su testamento la Reina Isabel I de Castilla. Del mismo modo, en este documento aparece recogido que ordenó ser vestida con el hábito franciscano, como así se hizo. Su cuerpo permaneció expuesto durante una jornada en el Palacio Real de Medina del Campo, en el cual falleció, y al día siguiente de su ocaso se emprendió la travesía a Andalucía.

El último viaje de la Reina Isabel

Y quiero y mando que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de San Francisco, que está en la Alhambra de la ciudad de Granada”. Aquel mismo cenobio que había sido construido dentro del recinto de la ciudad palatina musulmana era el destino de la procesión o cortejo fúnebre que se iba a vivir en Castilla. El traslado del cuerpo de la Reina Isabel fue llevado a cabo por un cortejo formado por cerca de 200 personas, entre las que no había solo nobles, guardias, clérigos o músicos, sino también cocineros o hasta carniceros.

“Doña Isabel la Católica dictando su testamento”, de Rosales. Fuente: Museo del Prado

La travesía que se vivió durante los últimos días de noviembre y las primeras semanas de diciembre de 1504 fue realmente apocalíptica, y se hizo lo antes posible, como establecía el testamento, sin esperar a una temporada en la que el tiempo fuera más apacible. De acuerdo con el relato de Pedro Mártir de Anglería, la tristeza de todo el reino de Castilla era la misma que sentían los cielos, “llorando todo el viaje las nubes. En todo el camino no vimos sol, ni aun estrellas; llovía de noche y de día”, relataba el humanista italiano, protagonista y participante de aquel fúnebre cortejo.

Las principales paradas del viaje

El viaje hasta Granada duró veinte días, entrando en la ciudad el 18 de diciembre de 1504, cuando el cuerpo de la Reina fue inhumado en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra, siguiendo su expreso deseo. Hasta llegar a la ciudad andaluza, recorrieron diversos puntos del reino de Castilla. Entre las paradas que realizaron, destaca Arévalo, la villa abulense en la que Isabel La Católica creció y disfrutó de su infancia. En Cardeñosa, también en Ávila, falleció su hermano Alfonso, del que heredó los derechos dinásticos para suceder a Enrique IV, y también en esta localidad se rindieron honras al féretro de la Reina.

“Entierro de Isabel La Católica”, de Salvador Viniegra. Fuente: Alcázar de Segovia

Sin salir de la provincia de Ávila, sobresale también el alto en Cebreros, uno de los puntos clave en la negociación entre Enrique IV e Isabel para confirmar a esta como Princesa de Asturias y heredera, lo que desembocó en la firma de los que han pasado a la historia como Tratados de Guisando. En esta localidad, además de las celebraciones fúnebres pertinentes, se dice que un carpintero efectuó un armazón de madera para transportar mejor el féretro, que constantemente se cubría con cueros para evitar al máximo que la humedad del camino penetrase en el interior.

Toledo fue otra de las paradas que se realizaron. En esta ciudad, los Reyes Católicos habían fundado y ordenado construir el Monasterio de San Juan de los Reyes para conmemorar su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana y que, en un principio, iba a ser también su lugar de enterramiento. Sin embargo, sus planes se vieron modificados por la creación de la Capilla Real en Granada.

Interior de San Juan de los Reyes. Fuente: Toledo Monumental

A pesar de ello, la iglesia monacal recibió la visita del féretro de su fundadora. Cabe destacar que la Reina había determinado que su cuerpo, en caso de no poder trasladarse a Granada por el tiempo o la distancia “en tal caso lo pongan y depositen en el Monasterio de San Juan de los Reyes de la ciudad de Toledo. Fue un acierto esta parada. Por su parte, no se pudo honrar de cuerpo presente a la Reina en la Catedral Primada, pues el temporal urgía llegar cuando antes a Granada.

Las voluntades que no se cumplieron

Como hemos comentado, el 18 de diciembre de 1504 fue enterrado el cuerpo de la Reina Isabel en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra. Apenas unos días antes, Granada había recibido la misiva que anunciaba el fallecimiento, por lo que hubieron de apresurarse para preparar la llegada del cortejo fúnebre. Como consecuencia de que Íñigo López de Mendoza y Quiñones, conde de Tendilla y alcaide da la Alhambra, no había sido informado de las últimas voluntades de la Soberana, organizó unos funerales similares a los de Fernando III El Santo en Sevilla, aunque reducidos a última hora tras informarle de los deseos de la difunta.

Y quiero y mando que las exequias sean sencillas, y lo que se hubiese gastado en unas grandes exequias se destine a vestir pobres y, la cera que hubiese ardido en demasía se envíe a aquellas iglesias pobres que consideren mis albaceas para que arda ante el Sacramento”, fue lo que dispuso la Reina Isabel. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Granada entera se vistió de luto. Un túmulo recibió el féretro en la puerta de Elvira, y desde allí comenzó la procesión hasta la colina de la Alhambra, pasando por el Realejo o el Carmen de los Mártires.

Vista del Monasterio de San Francisco de la Alhambra, actual Parador de Granada

Finalmente, la comitiva llega hasta el Monasterio de San Francisco, donde, tras el responso y el cierre de la capilla ardiente que debió instalarse, el cuerpo fue inhumado en una losa baja decorada al estilo nazarí. De nuevo, no se cumplió la voluntad de la Reina, que dispuso en su testamento “en una sepultura baja que no tenga relieve alguno, salvo una losa llana con letras esculpidas en ella”. Todavía hoy, los bellos sepulcros renacentistas de Doménico Fancelli de la Capilla Real ignoran el último deseo de la Reina de Castilla.

La tumba actual de Isabel La Católica

Quiero y mando que si el rey, mi señor, eligiere sepultura en cualquier otra iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar de mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado y sepultado junto al cuerpo de su señoría”. En esta parte del testamento, encontramos la explicación de por qué actualmente la Reina Isabel se encuentra sepultada en la Capilla Real adosada a la Catedral de Granada. El templo había sido fundado por ella y su esposo pocas semanas antes de fallecer, por lo que no lo vio terminado, como tampoco lo hizo el Rey Fernando, que también fue enterrado en el Monasterio de San Francisco. Este edificio, actualmente, es un Parador de Turismo.

Figura yacente de Isabel La Católica en el sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: Archidiócesis de Granada

Los cuerpos de los Reyes Católicos harían juntos un último viaje, concretamente el 10 de noviembre de 1521, cuando en solemne traslado descendieron desde la Alhambra para recorrer Granada por última vez. Por orden de su nieto, el Emperador Carlos V, sus restos mortales fueron trasladados hasta la cripta de la Capilla Real que habían fundado en 1504. La procesión que se organizó realizó numerosas paradas frente a altares en los que se rezaron oraciones y responsos.

Quinientos años después, los Reyes Católicos continúan descansando en la Capilla Real de Granada, en su definitiva sepultura, a pesar de que su magnificencia no sea del gusto austero y sencillo que propugnó la Reina Isabel para su morada eterna. “Porque la pareja que formamos en vida, la formen nuestras almas en el cielo y la representen nuestros cuerpos en el suelo”, expresó la Soberana en su testamento respecto al deseo de reposar junto a su amado Rey y esposo.

Sepulcro de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Fuente: Capilla Real de Granada

De Medina del Campo hasta Granada, la travesía fúnebre con los restos fúnebres de Isabel La Católica personificó también el final de una etapa de la historia y el comienzo de otra nueva. “Castilla, Castilla, Castilla por la Reina Juana, Nuestra Señora”, se alzaban los reinos de la Corona para proclamar a su nueva Soberana. Comenzaba con ella el reinado de los Austrias sobre Las Españas, mientras todavía hoy un cirio ilumina a perpetuidad, siguiendo la voluntad de los Reyes Católicas, las tumbas de los últimos Trastámara en la Capilla Real de Granada. Historias como estas nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

D’ALBIS, C. (2009). Sacralización real y nacimiento de una ciudad simbólica: los traslados de cuerpos reales a Granada, 1504-1549. Chronica Nova. Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada (35), pp. 247-266. Recuperado de: https://revistaseug.ugr.es/index.php/cnova/article/view/1637

GARCÍA GALLADOR, M. T. (2018). La Capilla Real de Granada. El estudio interdisciplinar de un monumento granadino. Innovación docente interdisciplinar en la universidad. Estudio de la Arquitectura, el Derecho y la Historia del Arte del patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Granada a través de la fotografía estereoscópica, pp. 281-306. Granada: Universidad de Granada, Editorial Universidad de Granada. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6710809&orden=0&info=link

SENDINO, R. (2016). Muerte y entierro de Isabel La Católica. Medina del Campo, su origen y desarrollo. Recuperado de: http://www.delsolmedina.com/VCentenario28.htm

Testamento y codicilo de Isabel La Católica. Fuente: http://www.ub.edu/duoda/diferencia/html/es/primario16.html

Una visita a ‘La otra Corte’: las mujeres de la Casa de Austria conquistan el Palacio Real de Madrid

Juana de Austria. María de Austria. Ana de Austria. Isabel Clara Eugenia de Austria. Margarita de Austria. Emperatrices, reinas, princesas o infantas y, todas ellas, mujeres de la Dinastía Austria. La historia fue escrita por hombres, pero el destino les está devolviendo siglos después el lugar que ocuparon en su tiempo. Patrimonio Nacional, el organismo que se encarga de la gestión, administración o defensa de los bienes patrimoniales ligados históricamente a la Corona de España, ha contribuido a recuperar la memoria de las féminas de la rama española de los Habsburgo con su exitosa exposición “La otra Corte: Mujeres de la Casa de Austria en los monasterios reales de Las Descalzas y La Encarnación”.

Religión y poder han caminado de la mano durante siglos. Escasos metros separaban el antiguo y desaparecido Real Alcázar de Madrid, donde se decidía el destino de Las Españas, de dos fundaciones monacales fundamentales para entender el devenir cortesano y político de la capital de España: el Monasterio de las Descalzas Reales, fundado en el siglo XVI, y el de la Encarnación constituido una centuria más tarde. Estos dos cenobios femeninos fueron fundados por mujeres Austrias, constituyendo en ellos, especialmente en el primero, verdaderas cortes paralelas a la que oficialmente existía en el cercano alcázar. Su legado, sus secretos, sus miradas y sus huellas, al descubierto en el actual Palacio Real, construido por sus sucesores, los Borbones, pero que ellas han conquistado siglos después.

Así es ‘La otra Corte

Un frondoso árbol genealógico abre “La otra Corte”. Las raíces de los Austrias españoles comienzan con el matrimonio de Felipe de Austria y Juana de Castilla, y de su unión comienzan a salir la multitud de ramas con sus respectivos frutos, con Carlos y Fernando a la cabeza de todos ellos, aunque su protagonismo en esta muestra se reduce a este momento, pues las estrellas son las mujeres Austrias españolas. Sus miradas, en sus retratos. Su legado, en las más de 100 joyas artísticas que se exponen en las salas.

Detalle del retrato de María de Austria y la corona imperial de túmulo. Fuente: Cristina Bejarano

El Palacio Real de Madrid acoge esta muestra en la que los visitantes se percatarán que no solo en El Escorial se vivió la unión de religión y política, sino que este mismo fenómeno se produjo también en los Monasterios de las Descalzas Reales y la Encarnación, pero con sello femenino. El primero, del siglo XVI por obra y gracia de Juana de Austria. El segundo, del XVII, fundado por la reina Margarita de Austria-Estiria.

Lo mejor de ‘La otra Corte

Un simple pero gran detalle que se observa en el primer panel de la exposición ya nos indica que estamos ante una muestra completamente cuidada y única. En el árbol genealógico se presenta a la reina Juana como Juana I de España, la primera Soberana que sostuvo la corona de los reinos españoles, de la Monarquía Hispánica que configuró su nieto, Felipe II, y que, por tanto, es merecedora de este apellido, superando por fin el de Loca que le fue impuesto por la historia que se escribió después de su reinado.

El discurso expositivo es muy fluido. Los paneles están completamente cuidados por la cantidad de información que aportan, por lo que cualquier visitante puede seguir fácilmente la exhibición sin necesidad de tener que releer antes libros o manuales de Historia de España, o tener que estar todo el rato buscando en Internet para descubrir quiénes son unos u otros. Además, estos datos son cortos, pero concisos y suficientes para ubicar al lector sin tener que estar horas delante del texto.

Sala dedicada al escultor Pedro de Mena. Fuente: madridiario.es

El montaje escogido por el equipo de Patrimonio Nacional acompaña en todo momento el discurso expositivo, realzándolo. Sin desvelar ningún secreto, hay tres rincones a los que no se debe perder de vista. El primero que llama la atención es el enfrentamiento que se produce en la sala 7 entre dos retratos de María de Austria, emperatriz de Austria por su matrimonio con su primo Maximiliano II, el primero de joven el segundo ya como viuda y, entre medias de ambas pinturas, la corona imperial original empleada en su túmulo fúnebre, expresando la transición entre ambos estados, en la que el símbolo de poder siempre permanece.

Otro espacio único es la recreación de la Sala Capitular del Monasterio de La Encarnación, presidida por el excepcional Cristo Yacente de Gregorio Fernández, con el lienzo de Felipe Diricksen como telón de fondo y que representa a la Virgen María, la Magdalena y San Juan llorando por la muerte del hijo de Dios, llorando a la expresiva efigie del escultor gallego.

Sala 9, donde se recrea la Sala Capitular de la Encarnación. Fuente: Francisco Boca Negra

El tercer y último rincón a destacar se encuentra precisamente en la última sala: un gran túmulo funerario del siglo XVIII, cubierto con un paño negro de terciopelo de seda con bordados con las armas de Juana de Austria, princesa de Portugal, cuyo retrato preside la escena, con corona de bronce dorado de comienzos del XVII, nos traslada al mismo velatorio o funeral de la fundadora de las Descalzas Reales, como si su espíritu estuviera aún entre nosotros. Un montaje realmente excepcional.

Sala 11, con detalle del túmulo de Juana de Austria. Fuente: Francisco Boca Negra

“La otra Corte” es la oportunidad perfecta también para contemplar los tapices diseñados por Rubens por encargo de la Infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, que los regaló al Monasterio de las Descalzas Reales. Estos tres tesoros del patrimonio textil del cenobio giran en torno a “El triunfo de la Eucaristía” y todavía hoy, cuatro siglos después, se utilizan por las monjas del cenobio en las celebraciones de Semana Santa. Poder observar desde abajo los detalles de cada una de estas piezas textiles, pareciendo un personaje más de sus escenas, es algo que los visitantes no podrán olvidar.

Cómo visitar ‘La otra Corte

Hasta el 24 de enero de 2021, las mujeres de la Casa de Austria esperan a los visitantes en “La otra Corte”, en el Palacio Real de Madrid. Comprando la entrada para el monumento, se incluye el pase para la exhibición, aunque también se puede adquirir de forma independiente. Además, hasta el 15 de diciembre de 2020 las tarifas cuentan con un 50% de descuento, una excusa más para acercarte hasta esta exposición que, sin lugar a dudas, te hará sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

Capillas Sixtinas en España: 10 lugares en los que alzar la vista y disfrutar del arte

El 31 de octubre de 1512 es una de las fechas más importante de la Historia del Arte. El maestro Miguel Ángel dio por finalizados los frescos de la Capilla Sixtina, en los que venía trabajando desde abril de 1508, siendo en aquella histórica jornada en la que fue inaugurada en San Pedro del Vaticano una de las obras maestras del Renacimiento. Cinco siglos más tarde, la Creación de Adán, junto al resto de las pinturas que adornan la bóveda de este espacio ubicado en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, continúan impresionando a todos los que las contemplan.

Los frescos de la Capilla Sixtina han superado la esfera del arte, donde presumen de ser una de las grandes obras maestras de toda la Historia, para convertirse también en un adjetivo con el que calificar a otras grandes creaciones artísticas, tanto las culturales que han sido realizadas por la mano del ser humano, como las que ha moldeado la Naturaleza a lo largo de los siglos mediante sus propios procesos. España, uno de los lugares con más riqueza y diversidad patrimonial de todo el planeta, no es una excepción y cuenta con varias capillas sixtinas repartidas por todo su territorio. Solo hay que alzar la vista para contemplarlas. ¿Vienes a descubrirlas?

Cueva del Soplao

La Naturaleza escogió la Sierra de Arnero de Cantabria hace 240 millones de años para dar forma a la conocida como Capilla Sixtina de la geología. Situada en el subsuelo, es uno de los recursos turísticos más importantes de la región, situado entre los municipios de Valdáliga, Herrerías y Rionansa. Estalactitas, estalagmitas o helictitas son algunas de las formaciones que se pueden observar en las profundidades desde el 2005, año en que se produjo su apertura tras dejar atrás su pasado minero, al ser esta cueva una mina de zinc.

Cueva El Soplao, Capilla Sixtina de la geología. Fuente: María Jesús Tomé

La Naturaleza es caprichosa, y la Cueva de El Soplao es perfecta para descubrirlo. Los juegos de luces, sombras, olores y formas que se van apreciando a cada paso en cualquiera de los tres tipos de visitas que se pueden hacer a este espacio, donde se descubre por qué es conocida como la Capilla Sixtina de la geología. Además del paseo turístico, también se puede optar por el itinerario reservado para los más aventureros, que realizan una ruta de 3km. Por su parte, quienes quieren experimentar y rememorar la huella humana de la cueva, optan por la visita minera.

Cueva de Altamira

En 1868, la concepción que se tenía de la Prehistoria cambió radicalmente. Aquel año, con el descubrimiento de la Cueva de Altamira, se abrió un nuevo portal que nos trasladó al pasado, a las primeras huellas de la Humanidad. La sensibilidad y técnica empleada en las pinturas que se contemplan en sus paredes y techos llegó a hacer dudar a los científicos de la época, quienes confirmaron su autenticidad en 1902.

Pinturas de la Cueva de Altamira. Fuente: Turismo de Cantabria

Desde que se confirmase la veracidad del descubrimiento prehistórico en Santillana del Mar, las alabanzas y títulos que se ha ido ganando la Cueva de Altamira han sido muchos: desde la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO hasta el sobrenombre de Capilla Sixtina del arte rupestre. Sin embargo, en ella intervinieron varios Miguel Ángel, y no uno solo como en el Vaticano, siendo varios los maestros que dejaron su huella pictórica en este histórico espacio. Las pinturas de Altamira son unas de las más antiguas del mundo, pero su historia se sigue escribiendo.

Panteón de San Isidoro de León

Fernando I y Sancha I de León promovieron la construcción de la Basílica de San Isidoro en la ciudad de León, reedificándola sobre una iglesia anterior. Su fundación se produjo bajo la advocación de San Juan Bautista, pero el cambio de denominación el 21 de diciembre de 1063 estuvo motivado por el traslado de las reliquias de Isidoro de Sevilla, recuperadas por los reyes. Además, la función del nuevo templo también era servir de Panteón Real para la Monarquía leonesa.

Panteón de los Reyes de León, en la Basílica de San Isidoro. Fuente: Museo San Isidoro de León

La hija de los reyes fundadores, Urraca de Zamora, encargó la decoración del panteón de San Isidoro. Sus frescos, a través de sus vivos colores, consiguieron hacer posible lo invisible, expresando la fe de la sociedad y las enseñanzas bíblicas. Sin saber quién fue el autor o autores de la conocida como Capilla Sixtina del Románico, su maestría dio por resultado un verdadero cómic en el que se repasan los principales hitos de la vida de Jesucristo: Nacimiento, Pasión y Resurrección.

Ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria)

La provincia de Soria es una de las más desconocidas de España, pero su geografía cuenta con verdaderas joyas naturales y culturales. En este último grupo, podemos encontrar la Ermita de San Baudelio de Berlanga, situada a dos kilómetros del casco histórico de la localidad de Casillas de Berlanga. En esta pequeña capilla se encuentran algunas de las huellas cristianas más antiguas de la península Ibérica, ya que, aunque su primera referencia aparece en el siglo XII, diversos estudios de su morfología han determinado que podría existir culto en los últimos momentos de la Hispania romana.

Detalle de los restos de los frescos de la Ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria)

La Ermita de San Baudelio de Berlanga debió formar parte de un conjunto monacal, del que en el siglo XIII solo subsistía este pequeño templo. En el siglo XIX, pasó a manos privadas, y en la década de 1920 su gran tesoro interior fue arrancado y vendido: las maravillosas pinturas murales de estilo mozárabe que recubrían sus muros y techos, repartidas hoy en día entre el Museo del Prado y varios museos de Estados Unidos. Sin duda, uno de los sucesos de expolio más tristes de nuestra historia, ya que, además, el arte mozárabe solo está presente en España. A pesar de su dispersión y de las escasas pinturas que todavía se conservan in situ en la ermita, todavía hoy se conoce a San Baudelio de Berlanga como Capilla Sixtina del Arte Mozárabe.

Techumbre de la Catedral de Teruel

La Catedral de Santa María de Mediavilla, situada en la ciudad de Teruel, es una de las más desconocidas de toda España, pero también de las más sorprendentes y fascinantes de las 87 que se pueden visitar a lo largo de todo el país. Este templo catedralicio es uno de los más interesantes de la herencia mudéjar aragonesa, estando integrados algunos elementos de su arquitectura y decoración en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como así es la torre, techumbre y cimborrio.

Techumbre de la Catedral de Teruel. Fuente: Diego Delso – Wikimedia

Respecto a la techumbre de la Catedral de Teruel declarada Patrimonio Mundial, cubre la nave central de la iglesia y fue realizada en el siglo XIII. Es una verdadera joya del arte mudéjar realizada en madera. Su robusta estructura está decorada con bellas pinturas que ilustran la sociedad de aquel momento, en la que la tradición cristiana, judía y musulmana trataban de convivir en armonía. La ornamentación de inspiración árabe se entremezcla con figuras góticas propias de la religión de la cruz latina, configurando en definitiva la Capilla Sixtina del arte mudéjar.

Cimborrio de la Catedral de Tarazona

Una serie de trabajos de restauración llevados a cabo hace algunos años en la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta, en Tarazona, sacaron a la luz otra gran Capilla Sixtina en Aragón, pero en este caso de estilo renacentista. En el cimborrio del templo se escondían una serie de pinturas que, además de destacar por su calidad artística, fueron todo un descubrimiento por la temática de la que trataban. En el conjunto pictórico están representadas algunas de las figuras mitológicas, entremezcladas con personajes bíblicos.

Detalle de la ‘capilla sixtina’ de la Catedral de Tarazona. Fuente: Catedral de Tarazona

La temática de la Capilla Sixtina del Renacimiento español es única no solo en España, sino también en Europa. Ejecutadas por Alonso González a mediados del siglo XVI, el cimborrio de la Catedral de Tarazona enfrenta a través de sus personajes y con su elocuente desnudez a los extremos del bien y el mal. Sin embargo, el Concilio de Trento provocó que quedasen ocultas, hasta ahora que vuelven a lucir en todo su esplendor.

Ermita de la Virgen del Ara (Badajoz)

En el siglo XV, a las afueras de la localidad de Fuente del Arco (Badajoz), fue construido en estilo mudéjar un santuario en honor a la Virgen del Ara. La pequeña ermita es un centro de peregrinación mariana, pero también para los amantes del arte. Su única nave está cubierta por una bóveda de cañón, que en el siglo XVII fue decorada con unos maravillosos frescos de estilo barroco que, a día de hoy, son conocidos como Capilla Sixtina de Extremadura. Quienes dudan de este sobrenombre, no tienen más que contemplar su conjunto pictórico para confirmarlo.

Frescos de la Ermita de la Virgen del Ara. Fuente: PlanVE

La Ermita de la Virgen del Ara está declarada Bien de Interés Cultural, y sus maravillosas pinturas tuvieron mucho que ver en este título. Al igual que en el Palacio Episcopal de San Pedro del Vaticano, en este santuario mariano extremeño también hay pinturas que representan el Génesis, entre otras. Según los restauradores de la última intervención que se hizo sobre las pinturas, pudieron llegar intervenir en este maravilloso conjunto pictórico hasta seis artistas diferentes.

Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid)

Cuando se realiza una ruta turística por el centro de Madrid para visitar sus principales iglesias, no debería faltar una parada en San Antonio de los Alemanes. Construida en el siglo XVII, formaba parte del Hospital de San Antonio de los Portugueses, fundado por Felipe III en 1606. Es una de las obras barrocas más importantes de la capital, además de uno de los ejemplos de este estilo más destacados también de todo el país. Su humilde exterior, construido en ladrillo y yeso, confunde con el tesoro que aguarda en su interior.

Frescos de la Iglesia de San Antonio de los Alemanes. Fuente: Minube

Todos los muros y techos de la Iglesia de San Antonio de los Alemanes están decorados al fresco. Pocos son los visitantes que no sufren un stendhalazo al entrar en esta iglesia madrileña y quedarse totalmente impresionados con la cantidad de pinturas que contemplan a su alrededor, sintiéndose abrumados ante tal cantidad de arte. Luca Giordano, Juan Carreño de Miranda o Francisco Rizi son algunos de los maestros que han intervenido en ejecutar esta obra maestra que se ha ganado el sobrenombre de Capilla Sixtina del barroco español. Sin duda, un título más que merecido.

Iglesia de San Nicolás de Bari (Valencia)

El gusto rococó y recargado del Barroco se impuso en la Iglesia de San Nicolás de Bari, situada en pleno casco histórico de Valencia, cuyos orígenes estaban en pleno gótico. Fueron varios los artistas que intervinieron en la redecoración interior del templo a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Todos los techos y muros de la nave central quedaron pintados con espectaculares frescos, cuya temática era puramente religiosa, profundizando en las enseñanzas y moral cristianas.

Interior de la Iglesia de San Nicolás de Bari. Fuente: Valencia Bonita

Aunque la Iglesia de San Nicolás de Bari es muy famosa entre los valencianos, su fama mundial llegó de la mano de Gianluigi Colalucci, el restaurador italiano que llevó a cabo su limpieza y puesta a punto entre 2014 y 2016 y que también se encargó de la restauración de la Capilla Sixtina de San Pedro del Vaticano. Una vez que finalizaron los trabajos, Colalucci no dudó en afirmar que los frescos de San Nicolás de Bari bien merecían el adjetivo de Capilla Sixtina valenciana, situándola a la misma altura de la obra maestra de Miguel Ángel.

Basílica de la Virgen del Prado

El lugar en el que se emplaza la Basílica de Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina, siempre ha estado ligado a la religión, remontándose al período romano. De hecho, se sugiere que incluso en la etapa de dominación musulmana se mantuvo el culto en una pequeña ermita, que en el siglo XVI fue sustituida por otra de fábrica renacentista. El Rey Felipe II visitó el complejo y, según la tradición, lo definió como “Reina de las Ermitas“. Sin embargo, su decoración a través de la cerámica local ha permitido que se haya ganado también el título de Capilla Sixtina de la Cerámica.

Retablo en cerámica en la Basílica de la Virgen del Prado. Fuente: Antonio Lozano

Los diferentes azulejos de cerámica que hay distribuidas por toda la ermita, que fue elevada a título de basílica por Juan Pablo II en 1989, fueron colocados entre los siglos XVI y XX. Es por ello que sus estilos abarcan desde el renacimiento, el barroco o el rococó al más puro gusto francés. Escenas de la vida de la Virgen y de Cristo, de santos o de la propia advocación mariana del templo dan forma a todo este tesoro en cerámica.

Estos magníficos ejemplos que hemos descubierto en esta ruta virtual por diversos puntos de la geografía española son perfectos para demostrar nuevamente la vasta riqueza y diversidad patrimonial que se puede disfrutar en España. Si bien es cierto que se podrían haber añadido muchos más espacios, tanto culturales como naturales, las diez Capillas Sixtinas que forman parte de este recorrido te harán sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

La vida de Juana I de Castilla en Tordesillas: así fueron los 46 años de encierro de la Reina

A lo largo de la historia, se pueden encontrar fechas clave que han marcado su devenir hacia uno u otro destino. El 6 de noviembre de 1479 es una de ellas. A simple vista, nadie sabría decir qué ocurrió ese día en España lo suficientemente importante como para destacar la efeméride, pero si decimos que en aquella jornada se produjo el nacimiento de la primera Reina de España, la visión cambia bastante. Ese mismo día, estando la Corte de los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo, llegó al mundo la infanta Juana de Aragón, Castilla y Sicilia.

Casualmente, Juana de Trastámara nació en la legendaria capital del reino visigodo que se disolvió en el 711 con la invasión musulmana, una entidad política que llegó a extenderse geográficamente hasta los límites territoriales de la actual España. Hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes habían unido dinásticamente sus respectivos reinos, Juana era la tercera en la línea de sucesión, pero los avatares del destino la situaron como heredera de sus padres. Con ello, se convirtió en la primera monarca de la historia que reunió bajo su corona la gobernación de todos estos territorios, germen de la configuración de la Monarquía Hispánica que desarrollaría su nieto, Felipe II.

Juana I de Castilla retratada cuando todavía era una infanta, por Juan de Flandes. Fuente: Museo de Historia del Arte de Viena

A pesar de la importancia del hecho histórico anterior, la biografía de la Reina Juana se ha ido diluyendo en el tiempo, como consecuencia de que el triste apellido de loca que se le impuso principalmente a partir del siglo XVIII a raíz de los escritos del Padre Flórez de Setién ha prevalecido frente a todo lo demás. Dejando a un lado los problemas psiquiátricos que puede que tuviera, hablando algunos autores de una posible esquizofrenia como la que sufrió su abuela Isabel de Portugal, Juana fue una Reina que se vio enfrentada a las vicisitudes del poder: no mostró excesivo interés por gobernar, pero apenas le dejaron ejercerlo.

La solución ante la disyuntiva anterior fue recluir a la Reina Juana en el Palacio Real de Tordesillas, como así decidió su padre en marzo de 1509 y como consintieron posteriormente sus hijos durante 46 años. Ahora que el mundo ha vivido lo que es estar confinado, fruto de la pandemia de la COVID19, conviene recordar la particular cuarentena que sufrió doña Juana, cuyo recuerdo se pasa por alto en muchos casos, hasta el punto que se une directamente en muchos manuales el reinado de los Reyes Católicos con el de Carlos V.

Juana I en Tordesillas

La Reina Juana I de Castilla enviudó el 25 de septiembre de 1506. Su esposo, que había sido proclamado Rey de Castilla en las Cortes de Valladolid unos meses antes, había fallecido repentinamente en la ciudad de Burgos. En su testamento, Felipe I de Castilla había dejado escrito que deseaba ser enterrado en Granada, donde yacía su suegra, Isabel I de Castilla. No obstante, su cuerpo se depositó temporalmente en la Cartuja de Miraflores, pero el 20 de diciembre de 1506 empezó su último viaje. Aquella noche, la Reina y su Corte emprendieron la travesía para cumplir la última voluntad del monarca fallecido.

Panorámica del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas

Después de más de dos años de divagar por diversos puntos de la meseta, una historia de lo más interesante que daría para otro artículo, Fernando II de Aragón decidió, tras hacerse cargo definitivamente del gobierno de Castilla, recluir a su hija, que en ningún momento fue incapacitada nunca para reinar por las Cortes. Para ello, eligió el Palacio Real de Tordesillas, donde llegó la Reina propietaria en marzo de 1509. Esta residencia había sido construido por Enrique III en el siglo XIV y tuvieron que hacerse reformas para acoger a la Soberana y su séquito. Se situaba junto al Duero y fue demolido en el siglo XVIII, reinando Carlos III.

Las compañías de la Reina Juana

El féretro del Rey Felipe fue depositado en el altar mayor del Real Monasterio de Santa Clara, celebrando funerales recurrentemente por su alma, a los que en ocasiones acudía la Reina. Pese a lo que el Romanticismo extendió, doña Juana no convivía junto al cuerpo de su difunto esposo, como el pintor Francisco Pradilla hizo creer en su obra de principios de siglo XX “La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”, el cual podemos contemplar en el Museo del Prado, ni tampoco tenía la posibilidad física ni material de contemplarlo desde alguna ventana del palacio, como en ocasiones también se ha dicho.

“La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”. Fuente: Museo del Prado

Lo que sí está claro es que quienes servían y dirigían la casa de la Reina no dejaban de ser unos verdaderos carceleros, convirtiendo el Palacio Real de Tordesillas en una jaula de oro. Los Marqueses de Denia cumplieron su función con mucho rigor, dando un trato que, en algunos casos y tal y como ha llegado a nuestros días a través de las pocas misivas y cartas que se conservan, dejaba mucho que desear, rozando en algunos casos el maltrato. Cabe destacar también que controlaban por orden del príncipe Felipe, nieto de la Reina y futuro Felipe II, que cumpliera con sus obligaciones religiosas, a las que nunca dedicó demasiado tiempo.

Por otro lado, la Reina Juana estuvo acompañada de su hija Catalina desde su llegada a Tordesillas y hasta 1524. La infanta había nacido durante la travesía fúnebre el 14 de enero de 1507 en Torquemada (Palencia) y fue encerrada en el Palacio Real de la villa vallisoletana junto a su madre. Por su parte, el infante Fernando, que también vivía en España, se crió junto a su abuelo, el rey Fernando, quien llegó a ver en él a su sucesor, algo que nunca sucedió.

Retrato de Catalina de Austria como Reina de Portugal. Fuente: Museo del Prado

El emperador Carlos V, cuando vino a España a la muerte del rey Fernando para hacerse cargo de la gobernación de los reinos en nombre de su madre, lo primero que hizo fue a presentarle precisamente sus respetos. Venía acompañado de su hermana, la infanta Leonor, y juntos visitaron a la Reina Juana, conociendo también a su hermana, Catalina. En 1524, mostró por ella una compasión que no tuvo con su madre, liberándola de su cautiverio para casarla con Juan III de Portugal, convirtiéndose en Reina del país luso. Del este suceso es famosa la frase que parece que la Reina dirigió a su hijo: “No tienes bastante con quitarme mi trono y mis joyas, sino que también quieres llevarte a mi Catalina“.

Visitas a la Reina Juana

Como hemos comentado, nada más llegar a España en 1517, Carlos acudió a Tordesillas a visitar a su madre. Sin embargo, sus intenciones estaban orientadas a conseguir que la Soberana, nunca inhabilitada para gobernar, abdicase en su favor. No solo doña Juana no lo hizo, sino que a lo largo de toda su vida se refirió siempre a él como Príncipe y siguió encabezando los documentos al lado de su hijo, pues ella era la Reina propietaria de todos los reinos españoles gracias a la herencia de sus padres, los Reyes Católicos. Esto mismo explica que tuviera que esperar al fallecimiento de su madre para poder abdicar la Corona de Las Españas en favor de su hijo, Felipe II.

Retrato de la Reina Juana I de Castilla. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Las visitas de la familia imperial fueron recurrentes, dándose sobre todo en el momento en el que se producían cambios políticos importantes, ya que doña Juana era la Reina propietaria y titular y, aunque trataban de ocultar su existencia de cara al pueblo, formalmente necesitaban su consentimiento para gobernar. Sin embargo, muchos de estos encuentros fueron interesados.

El inventario del joyero y el tesoro personal con el que llegó la Reina Juana a Tordesillas en marzo de 1509 en nada se parecía al de 1555, año en que falleció. Ya en 1512, su padre empezó una nefasta tradición que siguieron sus hijos, tomando joyas y dinero para su uso personal y político. El Emperador sufragó la Guerra de las Comunidades o la dote matrimonial de su hermana Catalina con la colección de joyas de su madre. La Emperatriz Isabel también participó de esta costumbre, pero sus fines estaban más orientadas a lo sentimental. En definitiva, solo conservó un cofre de joyas hasta días antes de su muerte, pero acabó siendo robado y vendido por sus carceleros.

Detalle del boceto de Eugenio Oliva para el fresco “Los comuneros visitando a doña Juana

En 1520, la Reina Juana y su hija Catalina tuvieron la oportunidad de escapar de su cautiverio. En pleno marco de los enfrentamientos de las Comunidades, los comuneros acudieron al Palacio Real de Tordesillas para visitar y conseguir el favor de la auténtica Reina para acabar con el gobierno de su hijo, Carlos. Sin embargo, ella no cedió. De nuevo, la Soberana volvía al mapa político, pero, como había ocurrido siempre, la quisieron utilizar para sus propios fines e intereses.

La única salida de Tordesillas

Si bien es cierto que la Reina Juana permaneció recluida durante 46 años en Tordesillas, hubo una ocasión en la que tuvo que salir de la villa como consecuencia de un brote de peste. Su hijo Carlos autorizó en 1533 la salida de su madre, que discurrió por varios pueblos cercanos, como Geria, Mojados o Tudela, hasta que en 1534 regresó a su jaula de oro. Lo más importante era buscar destinos que no fueran grandes ciudades, para que la Soberana no fuera aclamada. Buena parte de la sociedad del momento había olvidado su figura, y muchos incluso no sabían quién era esa monarca que vivía encerrada en Tordesillas.

El ocaso de la Reina

El 12 de abril de 1555, moría Juana I, Reina propietaria de Castilla, León, Galicia, Granada, Sevilla, Murcia, Jaén, Gibraltar, de las Islas Canarias y las Indias Occidentales, de Navarra, Aragón, Valencia, Mallorca, de Nápoles y Sicilia, Condesa de Barcelona y Señora de Vizcaya. Bajo su Corona, tuvo por primera vez la gobernación de todos los reinos que forman la actual España. Por ello, la Historia le debe su lugar, en vez de pasar por alto su reinado, y que se le pudiera reconocer como la primera Reina de España, en vez de como La Loca de nuestro pasado.

Sepulcro de la Reina Juana y el Rey Felipe en la Capilla Real de Granada. Fuente: Capilla Real de Granada

Doña Juana murió sola sin la compañía de su familia y muchos de sus súbditos ya la habían olvidado. Por fin su hijo Carlos era Rey de España sin compartir la Corona junto a ella, y así quiso demostrarlo en los funerales que organizó en Bruselas, en los que, por otra parte, no hizo ni acto de presencia. También su nieto Felipe organizó honras fúnebres en su honor en Londres, para legitimar la posición católica del reinado de su esposa, la Reina María Tudor. Hasta el fin de sus días, utilizada para sus intereses. Enterrada sin grandes honores en el Monasterio de Santa Clara de Tordesillas, en 1574 emprendió su viaje definitiva a Granada, donde permanece sepultada en la Capilla Real fundada por sus padres.

Pocos recuerdan a la Reina Juana I, cuyo trastorno psiquiátrico fue utilizado por los románticos para convertirla en un personaje de leyenda. Protagonista de cuadros, teatros o películas, merece su hueco en la realidad histórica, pues ella fue, es y será la primera Reina de Las Españas. Su biografía está marcada por esta larga reclusión a la que le sometieron sus familiares, un hecho que muchos pasan por alto y que a todos sorprenden cuando conocen cómo fueron los detalles de esta dura cuarentena que sufrió la Soberana. En las aguas del Duero a su paso por Tordesillas todavía resuenan los ecos y lamentos de este pasaje de nuestra historia. Eterna doña Juana, la Reina.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Panteones reales de España: criptas de los reinos españoles desde los reyes astures hasta la construcción de El Escorial

La Reina Juana sostuvo sobre su cabeza, por primera vez y gracias a la herencia de sus padres, los Reyes Católicos, el gobierno de todos los reinos que históricamente componen la actual España, a saber Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada, Valencia, Mallorca y otros tantos más. Sin embargo, la Dinastía de los Austrias que sucedió a los Trastámara motivó una renovación. Dejaban atrás el período medieval que en cierto modo representaban sus antecesores para entrar de lleno en la Edad Moderna y, durante su gobierno, se fueron formando Las Españas al abrigo de la Monarquía Hispánica, en la que se reunían todo ese conglomerado de reinos surgidos en el devenir de la Edad Media, quienes mantenían sus propias instituciones pero tenían como elemento común al Monarca que los gobernaba.

La construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial refleja precisamente la idea anterior, al presentarse como panteón definitivo para los soberanos de este nuevo período de la Historia del país, en detrimento de las muchas criptas repartidas por los diversos territorios. En otras palabras, el arte funerario se puso al servicio de la centralización de los reinos españoles en torno a la Monarquía Hispánica, simbolizada a través del panteón situado en la Sierra de Guadarrama en la que se mantiene a perpetuidad la memoria regia. Es por ello que, hasta Felipe II, es posible encontrar diversas criptas emprendidas por monarcas y soberanos en otras partes del territorio del país, de los antiguos reinos. ¿Te vienes a descubrir algunas de ellas?

Panteón de los Reyes astures

Comenzamos esta ruta virtual por los panteones reales españoles en Asturias. Concretamente, en el Panteón de los Reyes astures, situado en la capital del Principado. Actualmente se localiza dentro de la Catedral del Salvador de Oviedo, aunque la cripta primitiva se construyó por orden de Alfonso II de Asturias, que ha pasado a la historia como El Casto, en el siglo IX. Este monarca fundó la Iglesia de Santa María del Rey Casto como lugar de culto a la memoria regia, siendo uno de los panteones reales más antiguos de Europa. En él se encuentran enterrados a día de hoy un total de 8 reyes y 9 reinas de la rama monárquica astur-leonesa.

Altar del panteón de Reyes astures. Fuente: Catedral de Oviedo

En el siglo XVIII, la Iglesia de Santa María del Rey Casto se encontraba en tan mal estado de conservación que fue inevitable su demolición. Con ello, se construyó un nuevo Panteón de Reyes, hoy adosado a la Catedral del Salvado y dentro de la Capilla de la Virgen del Rey Casto. Aunque se perdió su arquitectura original en detrimento del estilo barroco del momento, la carga simbólica se mantuvo. De hecho, todavía hoy se celebra una misa anual en recuerdo del rey fundador, Alfonso II.

Panteón de los Reyes de León

El Reino de León se mantuvo en activo entre el año 910, en que se traslada la capital desde Oviedo a León, y 1230, momento en que se une con el reino de Castilla bajo la figura de Fernando III, dando lugar a la formación de la Corona de Castilla y León. En el siglo XI, Fernando I y Sancha I de León ordenaron la construcción en la ciudad de la Basílica de San Juan Bautista, que con el traslado de las reliquias de San Isidoro desde Sevilla se cambió de nombre en favor de esta advocación. Es, sin duda, una joya del arte románico digna de conocer.

Panteón de los Reyes de León, en la Basílica de San Isidoro. Fuente: Museo San Isidoro de León

Además de la colegiata, los monarcas también levantaron una zona palaciega y fundaron un cementerio real. Parece que se estaban adelantando varios siglos a la idea de Felipe II con El Escorial. El Panteón de Reyes acoge la sepultura de 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, 9 condes y diferentes nobles. En definitiva, en San Isidoro se congrega buena parte de la realeza leonesa, repartida también por otros panteones reales, como el de la Catedral de Santiago de Compostela. Todos ellos descansan bajo la conocida como Capilla Sixtina del Románico, los hermosos frescos que, como si de un comic se tratasen, repasan las sagradas escrituras. Su ejecución se debe a Urraca de Zamora, hija de los fundadores y benefactora de este espacio en el que también reposa para la eternidad.

Criptas reales de la Corona de Castilla

En el Monasterio de San Salvador de Oña, situado en la provincia de Burgos, se encuentran enterrados varios Condes de Castilla, territorio que fue elevado a la dignidad de reino. En este complejo religioso, de hecho, reposa el primer rey de Castilla, Sancho II, hijo de Fernando I y Sancha I de León, junto con otros infantes. Este monasterio no es el único lugar en el que podemos encontrar restos de la realeza castellana, sino que están dispuestos por criptas de varios templos de su legendario territorio. La Catedral de Toledo, las Huelgas Reales o la Capilla Real de Sevilla son algunos de los principales.

Panteón Real de Las Huelgas de Burgos

Alfonso VIII de Castilla, que ha pasado a la historia como el de La Navas, y la reina Leonor fundaron en 1187 el Monasterio de Las Huelgas Reales, en la ciudad de Burgos. No solo se convirtió en la cabeza femenina de la Orden del Císter en el reino y una de las construcciones de estilo cisterciense más destacadas de España, sino también en el gran símbolo de Castilla, ya que fue proyectado también como panteón real para ellos y sus sucesores. Sin embargo, el proyecto apenas superó su generación y la inmediata siguiente.

Sepulcros reales de Las Huelgas de Burgos. Fuente: Patrimonio Nacional

Hoy en día, Las Huelgas de Burgos forman parte del Patrimonio Nacional por la vinculación que con la Corona y la nobleza siempre ha tenido este complejo religioso femenino a lo largo de toda su historia. No obstante, la función de cementerio real fue muy limitada. Además de los reyes fundadores, también aquí reposan sus sucesores, los monarcas Berenguela I y Enrique I de Castilla, junto con otros tantos infantes. Un total de 30 cuerpos reales descansan en este panteón, acompañados de multitud de caballeros que lucharon en la Batalla de las Navas de Tolosa. María Ana de Austria, hija de Juan de Austria y nieta de Carlos V, fue el último personaje en ser sepultado en Las Huelgas, en el siglo XVII.

Capilla Real de la Catedral de Sevilla

Como ya hemos comentado con anterioridad, en la figura de Fernando III, conocido como El Santo, se unieron los reinos de León y Castilla en una sola Corona en el año 1230. El monarca, posiblemente con la finalidad de no favorecer más a uno que otro, decidió que no sería enterrado en el panteón real de La Huelgas, de tradición castellana, ni en el de San Isidoro, vinculado con la realeza leonesa. Por ello, escogió Sevilla como lugar de descanso para la eternidad, la ciudad que él mismo había conquista y arrebatado al Islam.

Altar de la Capilla Real de Sevilla. Fuente: Wikimedia

Situada en la cabecera de la Catedral de Sevilla, hubo dos capillas reales anteriores a la actual, construida en el siglo XVI. Está presidida por el altar de la Virgen de los Reyes, que la leyenda atribuye que fue donada al propio Fernando III por su primo, el rey de Francia, en conmemoración de la recuperación de Sevilla a los musulmanes. Precisamente, el Rey Santo descansa en esta capilla, junto con Alfonso X Castilla y Pedro I de Castilla, estando acompañados de dos reinas consortes y varios infantes. La memoria regia y la unión de Castilla y León se simbolizan en la Capilla Real hispalenses.

Capillas de los Reyes Viejos y Nuevos en la Catedral de Toledo

Sancho IV de Castilla, sucesor de Alfonso X, decidió no seguir la tradición sevillana y fundó en la Catedral de Toledo una capilla funeraria a finales del siglo XIII bajo la advocación de la Santa Cruz. Previamente, otros monarcas castellanos, como Alfonso VII y Sancho III, también habían decidido sepultarse en la seo toledana, siendo sus restos trasladados hasta esta nueva ubicación. En 1498, el Cardenal Cisneros emprendió una reforma del altar mayor y trasladó esta primitiva capilla real con sus respectivos moradores a una nueva ubicación en la girola, la cual mantiene a día de hoy, siendo conocida como Capilla de los Reyes Viejos.

Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo. Fuente: Pinterest

Enrique II de Castilla, primer rey de la Dinastía Trastámara tras derrocar a su hermano, Pedro I, que pertenecía a la Casa de Borgoña, encontró en la Catedral de Toledo el lugar idóneo para su enterramiento, ya que ello dotaba de legitimidad a su reinado. Su actual ubicación tampoco es la original, ya que en tiempos de Carlos V se trasladó hasta el lugar que hoy en día ocupa para despejar el lado del Evangelio, donde se situaba la primitiva Capilla Real. Desde entonces, es conocida como Capilla de los Reyes Nuevos, descansando en ella los tres primeros reyes Trastámara junto a sus esposas.

Criptas reales de la Corona de Aragón

Al igual que ocurría con los reyes castellanos, los diferentes monarcas de la Corona de Aragón también se encuentran repartidos por varios puntos de su primitivo territorio, como la Catedral de Barcelona, el Monasterio de Sigena, el Monasterio de San Pedro el Viejo o el Monasterio de Santes Creus. Sin embargo, la mayor parte de la realeza aragonesa se encuentra sepultada en dos centros monacales: San Juan de la Peña y el Poblet.

Panteón Real de San Juan de la Peña

El Monasterio de San Juan de la Peña fue el más importante del Reino de Aragón en la Edad Media. De hecho, la leyenda atribuye que el nacimiento del reino se produjo en este mismo lugar en el siglo VIII. Es por ello que, a lo largo de cinco siglos, diferentes monarcas aragoneses, y también algunos navarros, decidieron ser sepultados en este decisivo enclave. Por ejemplo, sobresalen algunos soberanos fundamentales en la historia de la Corona aragonesa que descansan en su panteón real, como Ramiro I de Aragón, considerado el primer rey aragonés, o Alfonso I El Batallador, cuyo testamento es uno de los más singulares de la historia, pues cedió sus posesiones a las órdenes militares.

Panteón Real de San Juan de la Peña. Fuente: Turismo de Aragón

El Panteón Real del Monasterio de San Juan de la Peña fue reformado en el siglo XVIII por orden de Carlos III, lo que explica la decoración clásica de la estancia. Los lugares concretos en el que reposaban los restos de la realeza aragonesa o navarra se mantuvieron, solo colocándose delante de los nichos unas placas de bronce con la inscripción correspondiente del personaje histórico que lo ocupaba.

Panteón Real del Monasterio de Poblet

El Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad y situado en Tarragona, fue fundado por iniciativa de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona que, con su matrimonio con la reina Petronila de Aragón, propició la unión del condado a la Corona aragonesa. Su hijo, Alfonso II, decidió en testamento ser enterrado en esta fundación real, disponiendo también que en el futuro se construyera un panteón real. No fue hasta el reinado de Pedro IV cuando se llevó a término esta idea, construyendo los conocidos como Sepulcros Reales de Poblet.

Sepulcros Reales del Monasterio de Poblet. Fuente: Maria Rosa Ferré

El Panteón Real de Poblet es uno de los conjuntos escultóricos fúnebres más importantes del período gótico español. Se encuentran ubicados en arcadas de la nave central de la iglesia monacal, y acoge los restos mortales de seis reyes de Aragón y siete reinas consortes. Fue de este espacio, se encuentran enterrados dos reyes más, como así son Martín I y Alfonso V. En total, ocho soberanos aragoneses descansan en Poblet para la eternidad.

Criptas reales de la Corona de Navarra

La Corona de Navarra es uno de los reinos históricos que componen la actual España. De hecho, su heráldica o armas aparecen reflejadas en uno de los cuarteles del escudo que acompaña la bandera española constitucional, concretamente el cuarto. Sancho IV de Navarra fue el primer monarca que se intituló Rey de Navarra en 1162, dejando atrás el de Rey de Pamplona. Desde 1512 en que Fernando El Católico invadió el reino, sus soberanos fueron comunes a los de las Coronas de Castilla y Aragón. Para repasar la historia de los monarcas navarros, las visitas a los panteones reales de Leyre y Santa María de Nájera son perfectas. Del mismo modo, la Catedral de Pamplona también cuenta con una cripta real en la que yacen algunos monarcas navarros, como Carlos III.

Panteón real del Monasterio de Sta. María de Nájera

Como hemos comentado, el Reino de Pamplona precedió al de Navarra y, para descubrir la historia de estos primeros pasos de esta Corona, el Monasterio de Santa María de Nájera, en La Rioja, es perfecto. En él se encuentra situado el panteón real de los primeros monarcas navarros, que fue construido en pleno período renacentista, en torno a 1556.

Panteón Real de Nájera. Fuente: gronze.com

Un total de cinco reyes navarros, con sus respectivas reinas consortes, además de infantes del reino, yacen en este espacio. Entre las efigies, merecen especial atención los sepulcros de las reinas Estefanía de Foix, que es una escultura en actitud orante y policromada, o el de Blanca Garcés de Navarra, un sepulcro románico de gran belleza artística.

Panteón de los Reyes de Navarra del Monasterio de Leyre

El Monasterio de San Salvador de Leyre goza también de una importante relevancia histórica en lo que a la formación del Reino de Navarra se refiere. En él también descansan los soberanos del Reino de Pamplona precedente, hasta un total de 7 reyes con sus respectivas reinas consortes, enterrados aquí entre el siglo IX y finales del X. Junto a ellos, también se debieron de inhumar otros miembros de la realeza pamplonesa del momento. Todavía hoy, el Monasterio de Leyre continúa siendo un pilar clave en Navarra. Anualmente, se celebra un acto en el que se recuerda a los reyes navarros, quienes sufrieron las consecuencias de la Desamortización de Mendizábal que afectó al cenobio.

Restos reales de Leyre. Fuente: Gobierno de Navarra

Debido al abandono del complejo, se produjo la consiguiente profanación de las arquetas reales. Hubo un intento, en tiempos de Isabel II, de reunir en la Catedral de Pamplona los restos de todos los reyes navarros, pero quedó en papel mojado. El 9 de julio de 1915, se volvieron a inhumar los restos, siendo el momento en que se definió a Leyre por parte de Vázquez de Mella como el Monasterio de El Escorial de Navarra y asiento de la realeza navarra.

Capilla Real de Granada

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón llevaron a cabo la unión dinástica de sus respectivos reinos a raíz de su matrimonio. Una de las empresas fundamentales de su reinado fue la finalización de la denominada Reconquista, arrebatando a los musulmanes el último reducto del Islam de la península Ibérica y de Europa en general: el Reino de Granada. Tal fue la importancia de este hecho que añadieron el símbolo de la granada a su heráldica, algo que todavía se mantiene hoy en la punta del escudo de España. Por ello, la reina Isabel decidió enterrarse en Granada, emprendiendo la construcción de una capilla funeraria para descansar en ella toda la eternidad.

Sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: capillarealgranada.com

La Capilla Real de Granada es el ejemplo más sobresaliente de cómo el arte funerario se ha puesto al servicio de la política y de la realeza a lo largo de toda la historia. La simbología de los Reyes Católicos está presente en todo el templo, en el cual también están sepultados los reyes Felipe I y Juana I de Castilla y el príncipe Miguel de la Paz. El emperador Carlos V llegó a plantearse esta capilla como lugar de sepultura, pero su destino final acabó siendo otro: la última gran cripta fúnebre y definitiva de los monarcas de Las Españas de El Escorial.

Cripta Real de El Escorial

Cuando Felipe II decidió construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial estuvo guiado por dos motivaciones: conmemorar la victoria española en la Batalla de San Quintín y erigir un panteón digno para su padre, el Emperador Carlos V, y resto de familiares. Fue así como surgió la Cripta Real de El Escorial. Popularmente se dice que la realeza española nace donde quiere, vive, si puede, en Madrid, pero siempre termina en El Escorial antes de subir al cielo, y es que es aquí donde, desde tiempos de los Austrias y hasta la actualidad, han sido sepultados la mayor parte de los reyes, reinas o infantes de la Casa Real española.

Panteón de Reyes de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

El Panteón de Reyes y el Panteón de Infantes suponen la culminación de la unión dinástica de los reinos españoles a través del arte funerario. Estos lugares de culto a la memoria regia, iniciados en tiempos de los primeros gobernantes de cada uno de los reinos que han supuesto la formación de la actual España, fueron culminados con el proyecto de Felipe II, quien por fin consiguió establecer una cripta en la que reunir, desde su padre y en adelante, con la excepción de dos únicos soberanos, a todos los monarcas de España. Visitar cada uno de estos lugares, sin duda alguna, te hace sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Las catedrales más desconocidas de España: 10 monumentos consagrados al arte y la historia

España es el país de las catedrales. Hasta un total de 88 templos catedralicios se distribuyen por toda su geografía, lo que hace posible que en la gran mayoría de los viajes que se realizan por distintos puntos del país se pueda visitar un monumento de estas características. Las catedrales fueron, durante siglos, el corazón y alma de las ciudades, en torno a las cuales la población crecía y se organizaba. Es por ello que se trataba de construir un edificio portentoso y espectacular con el que no solo demostrar al mundo la grandeza de Dios, sino también la de la propia urbe. Arquitectura y arte eran los dos factores fundamentales para alcanzar esta premisa fundamental.

Las de Burgos, León, Toledo, Sevilla, Santiago de Compostela o Palma de Mallorca forman parte de esos 88 tesoros que se pueden visitar en España. De hecho, posiblemente sean las catedrales más visitadas por los turistas que recorren el país, además de monumentos estrella de los lugares en los que se localiza. Sin embargo, el inventario patrimonial no se limita solo a ellas, sino que abarca otras muchas más que son desconocidas para buena parte del público pero que, cuando entran en su interior o simplemente contemplan su arquitectura exterior, se quedan fascinados con la belleza que se presenta ante sí. ¿Te vienes a descubrir algunas de las catedrales más desconocidas de España?

Catedral de San Antolín (Palencia)

Hablar de catedrales desconocidas es hacerlo del templo dedicado a San Antolín en Palencia. Conocida como La Bella Desconocida, lo cierto es que cada vez es más reconocida entre los turistas, quienes no se esperan encontrarse en esta ciudad castellana un monumento gótico de estas características que llega a hacer sombra a sus vecinas de Burgos o León.

Aunque a muchos les parezca una exageración la afirmación anterior, solamente hay que recorrer las naves interiores de la Catedral de San Antolín y dejarse llevar por el bosque de trazas góticas recién restaurado que va dibujando un esqueleto pétreo perfecto y majestuoso que en 2021 cumple su VII centenario.

Catedral de Santa María de Mediavilla (Teruel)

¿Teruel existe? Claro que sí, y también su catedral desde 1587, año en que la Colegiata de Santa María fue elevada a esta categoría con la constitución de diócesis propia. Es una de las joyas más importantes de la herencia mudéjar en Aragón. De hecho, su torre, techumbre y cimborrio forman parte de la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1986 por ser parte del Conjunto Mudéjar de Teruel.

En cuanto a la techumbre de la nave central de la Catedral de Santa María de Mediavilla, al alzar la vista todos los visitantes quedan maravillados con este artesonado que constituye un mágico cielo mudéjar que algunos han calificado como Capilla Sixtina de esta corriente artística.

Catedral de Santa María de Tui (Pontevedra)

Sobre una colina, se erige desde 1120 en que comenzó a ser construida la joya del patrimonio histórico de Tui: su catedral. Consagrada en 1225 a Santa María, es una de las menos conocidas de España, pero de las más fascinantes por el aura medieval que desprende. Su aspecto fortificado, motivado por las torres almenadas, provoca que en muchas ocasiones se confunda con un castillo, pero es la sede catedralicia de la Diócesis de Tui-Vigo junto con la Concatedral de Vigo.

La Catedral de Santa María de Tui comenzó a ser erigida en estilo románico, pero sería finalizada en gótico a partir del siglo XII. De hecho, su portada gótica es considerada el primer conjunto escultórico de este estilo artístico de la península Ibérica, en cuyo tímpano se muestra con gran originalidad el ciclo de la Natividad, situando a la Virgen postrada en una cama.

Catedral de Santa María de Tortosa (Tarragona)

A orillas del Ebro y formando parte del casco histórico de Tortosa, se alza la Catedral de Santa María, que cuenta también con el título de basílica dese 1931. Su fachada barroca no oculta el pasado del templo, ya que en el mismo solar sobre el que se levanta la actual fábrica gótica hubo anteriormente una mezquita y otra seo románica.

Además de observar su arquitectura interior y exterior, nadie puede irse de la Catedral de Tortosa sin contemplar el Retablo de la Virgen de la Estrella. Preside el altar mayor y fue realizado en el siglo XIV en madera policromada y dorada. Como curiosidad, hasta comienzos del siglo XIX lo cubrían unas tablas pintadas que, a modo de puertas, solo se abrían para contemplarlo en días festivos dedicados a la Virgen. Hoy en día, se exhibe en todo su esplendor, siendo uno de los muchos tesoros de esta catedral catalana.

Catedral de Santa María d’Urgell (Lleida)

Antes de construir la actual catedral, La Seu d’Urgell, una localidad pirenaica de Lleida, llegó a contar con otros tres templos previos. El actual data del siglo XII y fue impulsada por San Odón, que llegó a ser Obispo de esta misma diócesis. A pesar de ser una de las catedrales más desconocidas de España, es una verdadera joya del arte y la historia, ya que es una de las pocas seos íntegramente románicas que se conservan.

Al privilegio artístico anterior, hay que sumar los rasgos italianizantes que presenta la Catedral de La Seu d’Urgell, especialmente en lo que a su fachada se refiere. La catedral está dedicada a la Virgen de Urgel que preside el ábside, que también es románica, como todo en este portentoso monumento, un auténtico tesoro para los amantes de este estilo arquitectónico.

Catedral de Canarias

En 1497, comenzó la construcción de la Catedral de Canarias por orden de los Reyes Católicos, siendo la única de todo el archipiélago hasta el siglo XIX en que se constituyó la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, que afecta a Tenerife, La Palma, Gomera y Hierro. Dedicada a Santa Ana, a quien se encomendó la conquista de Gran Canaria, la isla en la que se encuentra situada la seo, en ella predomina el estilo gótico tardío en su interior y el neoclásico en el exterior.

La diferencia de estilos de la Catedral de Canarias responde a las dos fases constructivas que protagonizó. Debido a que es uno de los templos católicos más importantes de las Islas Canarias, en su interior se custodian importantes obras de arte heredadas de tiempos pretéritos, destacando un San Fernando atribuido a la insigne Luisa Roldán, La Roldana.

Catedral de la Asunción (Jaén)

Una de las provincias más desconocidas de Andalucía es Jaén. A la herencia militar y civil en forma de castillos y fortalezas que se reparten por toda la región, siendo una de las concentraciones más importantes de Europa, hay que sumar la joya renacentista y barroca que es la Catedral de la Asunción de la Virgen, situada en la capital, Jaén. Sustituyó a la anterior fábrica gótica y fue proyectada en el siglo XVI, extendiéndose su construcción durante décadas, lo que ha hecho posible que en ella converjan estos dos estilos junto con las pinceladas neoclásicas.

La Catedral de Jaén es una de las que se pasan por alto en España, siendo un auténtico tesoro que, además, deja a todos sus visitantes impactados por sus considerables dimensiones. Cabe destacar que en su interior se conserva como reliquia el paño que La Verónica utilizó para limpiar el rostro de Cristo en el Calvario y que en 2012 fue incluida en la Lista indicativa de la UNESCO para ser candidata a Patrimonio de la Humanidad.

Catedral de Guadix (Granada)

La diócesis primitiva de Guadix, suspendida durante la dominación musulmana y que se remontaba a los primeros albores del cristianismo en la península Ibérica, fue restablecida tras la reconquista de la ciudad en tiempos de los Reyes Católicos. La catedral, dedicada a la Encarnación, se sitúa sobre el espacio que ocupó la principal mezquita, siendo proyectada por Diego de Siloé en 1549 en estilo renacentista, pero la falta de fondos provocó que las obras se alargasen y en el templo también sean visibles las muestras del Barroco.

Con una belleza armónica única, el modelo de la Catedral de Guadix sigue los preceptos de las seos de Granada o Málaga, con grandes tesoros en su interior que sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil en muchos casos. Paseando por el trascoro, todos se sorprenden al toparse con una réplica exacta de La Piedad de Miguel Ángel recientemente restaurada. Este es solo uno de sus secretos.

Catedral del Salvador (Zaragoza)

Cuando se visita Zaragoza, todo el mundo pasa por la imponente Basílica del Pilar, pero hay quienes se sorprenden cuando se dejan caer por la Seo, como así es conocida popularmente a la Catedral del Salvador. La capital de Aragón es la única ciudad de todo el mundo con dos catedrales activas al mismo tiempo gracias a una bula papal del siglo XVII que otorgaba al Pilar también el título de catedral que ya tenía el otro templo mayor desde 1318.

La Seo de Zaragoza es un repaso a la historia del arte, ya que cuenta con elementos románicos, góticos, mudéjares, renacentista y barroco. Sin duda, la actualización de estilos demuestra la actividad y el interés que siempre ha suscitado este bello templo que a todo el que lo visita sorprende.

Catedral de Sigüenza (Guadalajara)

A pesar de no ser una de las más conocidas de España, ya que la magnífica y cercana Catedral de Toledo le roba protagonismo, la Catedral de Santa María de Sigüenza, en la provincia de Guadalajara, es una de las más espectaculares del país. Su estilo responde al románico y protogótico, enmarcándose dentro de la arquitectura cisterciense. Además, a todos sorprende el aspecto fortificado que presenta y que fue todavía más intenso en el pasado, hasta el siglo XVI. De hecho, esta catedral tan guerrera recibe el sobrenombre de Fortis Seguntina.

El interior de la Catedral de Sigüenza conserva uno de los monumentos fúnebres más famosos de España, además de uno de los más destacados del período gótico. Se trata de la tumba del Doncel de Sigüenza, Martín Vázquez de Arce, que falleció en la Guerra de Granada. Lejos de presentarse yacente, reposa en actitud simpática, recostado con una pierna sobre la otra, mientras sostiene un libro en sus manos. Este conjunto es, en sí mismo, una de las grandes atracciones turísticas de la propia Sigüenza.

Aunque cuando hablamos de catedrales de España nos suelen venir a la mente las más famosas y conocidas, lo cierto es que los 10 templos que hemos destacado demuestran la gran belleza que encierran otras tantas ciudades o pueblos gracias a sus impresionantes catedrales. Disfrutar de estos monumentos, contemplando su arquitectura exterior, recorriendo sus naves interiores como una hormiguita al lado de sus infinitos muros, torres o contrafuertes te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís. 88 catedrales, 88 joyas del arte y la historia.

J.

Origen e historia del Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados

Son escasos los días en los que los diferentes reporteros de las cadenas de televisión no conectan en directo desde la fachada principal del Palacio de las Cortes, defendida por los famosos leones con los que todo turista que se precie se hace una fotografía. La sede del Congreso de los Diputados es uno de los edificios que más acostumbrados estamos a ver por el significado que representa, al ser el lugar en el que se reúnen los 350 miembros que forman la Cámara Baja de las Cortes Generales, las cuales representan al pueblo español.

Las interpelaciones, mociones y preguntas que se suceden entre los diputados no son el motivo por el que vamos a hablar del Congreso de los Diputados, sino que, dado que es por todos conocida la función que cumple en el sistema democrático de España, lo interesante es descubrir la historia que se esconde detrás de sus muros. Más allá del hecho acontecido el 23 de febrero de 1981, del que todavía quedan pruebas en el techo el hemiciclo, son pocos los que conocen el origen del Palacio de las Cortes, sorprendiéndose todos ellos cuando descubren, por ejemplo, que se construyó sobre el solar que dejó un antiguo convento.

El Convento del Espíritu Santo

En el plano de Pedro Texeira de 1656, es posible comprobar que uno de los conventos que se alzaba en la Carrera de San Jerónimo había sido construido en 1594. Se trataba del Convento del Espíritu Santo de la Orden de los Clérigos Menores, el primero que fundaron en España, y cuya primera sede se situaba en otra parte de la villa, estableciéndose en la citada calle en 1599. Los terrenos habían sido adquiridos por Magdalena de Guzmán, II marquesa del Valle de Oaxaca, para la construcción del complejo religioso, que disponía de iglesia, cementerio y convento.

Iglesia del Convento del Espíritu Santo. Fuente: Wikimedia

El templo conventual era el elemento más destacado del conjunto. Se trataba de una iglesia sencilla de planta de cruz latina, con cúpula y una fachada custodiada por dos torres campanario. Disponía de cuatro capillas laterales, una de ellas dedicada a San José, donde se le veneraba representado en una escultura tallada por Juan Pascual de Mena, actualmente desaparecida.

A principios del siglo XIX, el Convento del Espíritu Santo hubo de ser reformado, con el objetivo de evitar su perdición dado el mal estado en el que se encontraba. Sin embargo, en 1823 sufrió un incendio. Luis Antonio de Francia, que había venido a Madrid para reestablecer la monarquía absoluta de Fernando VII y acabar con el movimiento liberal, se encontraba rezando en la iglesia en el mismo momento en que se desató el fuego. Aunque él no sufrió daño alguno, el templo sufrió graves consecuencias que obligaron a sus monjes a abandonar el convento y trasladarse hasta el de Portacoeli.

María Cristina de Borbón, madre y regente de Isabel II. Fuente: Museo del Prado

El incendio motivó a efectuar nuevas reformas en el Convento del Espíritu Santo, siendo el momento en que se derribaron sus torres. Sin embargo, su estado era prácticamente ruinoso. Once años después del fuego, el mismo lugar en que casi pierde la vida el francés encargado de restaurar el absolutismo fue testigo de la llegada de los primeros pasos liberales adoptados desde la Corona. En 1834, la reina regente María Cristina de Borbón promulgó el Estatuto Real, que estableció unas Cortes bicamerales: Estamento de Próceres del Reino o Cámara Alta (similar al actual Senado) y Procuradores del Reino o Cámara Baja (cámara electiva similar al actual Congreso de los Diputados). Aprobado el Estatuto, era el momento de buscar sede para las nuevas Cortes.

De convento a sede parlamentaria

Mientras que el Estamento de Próceres del Reino se reunió en el Casón del Buen Retiro o en el Colegio de Doña María de Aragón, edificio que hoy sigue ocupando también en gran parte el Senado, la Cámara Baja decidió hacer uso del antiguo Convento del Espíritu Santo. Gracias al diseño del arquitecto Tiburcio Pérez Cuervo, su iglesia fue reformada para acoger la Sala de Sesiones de los Procuradores. Cabe destacar que se añadió una portada neoclásica formada por columnas jónicas.

Convento del Espíritu Santo reformado como Palacio de Cortes. Fuente: congreso.es

Después de varios vaivenes políticos, en 1837 se aprobó una Constitución de corte progresista, que seguía apostando por la estructura bicameral del poder legislativo. Sin embargo, se consideró que un antiguo convento no era el lugar más idóneo para celebrar las reuniones de la Cámara que debía representar al pueblo. Por ello, y a pesar de las reformas que se habían emprendido en el edificio, en medio del marco de desamortizaciones de aquel momento se procedió al derribo del complejo religioso a partir del 21 de marzo de 1842.

La construcción del Palacio de las Cortes

Coincidiendo con el día en que cumplía 13 años, la reina Isabel II de España dispuso la colocación de la primera piedra del nuevo Palacio de las Cortes sobre el solar que había dejado el demolido Convento del Espíritu Santo el 10 de octubre de 1843. Narciso Pascual Colomer fue el encargado de diseñar el nuevo edificio que iba a acoger la Cámara de representación del pueblo español. El resultado fue uno de los mejores ejemplos del estilo neoclásico en todo el país.

Fachada del Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados

Una de las grandes curiosidades de la construcción del Palacio de las Cortes radica en que, mientras estas se sucedían, los diputados se reunieron en la sala del Teatro Real. Lo cierto es que, a día de hoy, son pocos los días en los que el actual Congreso no deja de parecerse también a una tragicomedia. Finalmente, el 31 de octubre de 1850, Isabel II inauguró el nuevo edificio de la Carrera de San Jerónimo. La reina aparece representada en la bóveda del hemiciclo, junto a otros personajes ilustres de la historia de España.

Visitar el Congreso de los Diputados

Seguramente, una vez que has descubierto el origen del Palacio de las Cortes tengas más ganas todavía de visitar la sede de la Cámara Baja. Para poder conocer el interior del Congreso de los Diputados, no tienes que esperar hasta la jornada de puertas abierta que tiene lugar anualmente a comienzos del mes de diciembre. En la página web de este mismo órgano constituciones puedes encontrar un formulario en el que inscribirte para visitarlo durante todo el año, siempre que la actividad parlamentaria lo permita. Solo en el mes de agosto no hay pases. Además, es completamente gratuito.

Detalle de uno de los leones del Congreso de los Diputados

Detrás de cada edificio de nuestras ciudades, siempre hay una historia que merece ser contada, y el Congreso de los Diputados no iba a ser ninguna excepción. Cuando pasas por delante de su fachada y te paras frente a los dos leones de bronce, ejecutados por Ponzano con cañones tomados al enemigo en la Guerra de África de 1860, no puedes dejar de sentirte un auténtico #turistaenmipaís, disfrutando de uno de los edificios que han marcado el paso de la historia reciente de España.

J.

El desaparecido Palacio Real de Tordesillas, protagonista político del siglo XVI en España

Recuperar la memoria de un personaje histórico supone acudir a aquellos lugares en los que dejó impronta su huella. Sin embargo, se puede dar el caso de que esos espacios ya no formen parte del entorno, habiendo pasado a engrosar la lista del patrimonio desaparecido. Es el caso de Juana I de Castilla y el Palacio Real de Tordesillas, la cárcel de oro en la que vivió recluida durante casi medio siglo.

Este desaparecido monumento, cuyo origen se remonta al siglo XV y que fue demolido en el XVIII, fue actor protagonista de la Historia de España en el siglo XVI, mucho más que cualquier otro palacio o castillo de otra parte del país. ¿El motivo? En él vivió precisamente esta soberana que, alejada del gobierno, ya fuera por iniciativa propia o porque le privaron de ello, no dejó de ser hasta el final de sus días la auténtica y única reina propietaria de los reinos españoles, y quienes gobernaron lo hicieron siempre en su nombre, por lo que el Palacio Real en el que vivió fue un agente más de las intrigas y vaivenes políticos del momento.

La historia del Palacio Real de Tordesillas

Tordesillas siempre fue una villa por la que los monarcas castellanos medievales se interesaron. Cabe recordar que el actual Real Monasterio de Santa Clara, integrado en la red Patrimonio Nacional, tiene su origen en un palacio mudéjar construido en el siglo XIV por orden de Alfonso XI de Castilla y finalizado por su sucesor, Pedro I, quien encomendó a sus hijas la reconversión del mismo en convento, como así hicieron. Por ello, Tordesillas se quedó sin palacio en el que alojar a la Corte en sus visitas.

Vista del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas

A principios del siglo XV, Enrique III de Castilla, de la dinastía de los Trastámara, siguió los pasos de sus antepasados y emprendió la construcción de una nueva residencia real en Tordesillas. El palacio, de planta rectangular, se levantó en el margen del río Duero, hacia donde estaba su fachada sur, continuando con la línea del propio Monasterio de Santa Clara. De este modo, se creaba un entorno en el que religión y poder político convivían de la mano.

En cuanto a su fisionomía, el palacio era de dos alturas, contaba con tres puertas de acceso y disponía de un corredor exterior que unía el edificio directamente con la cercana Iglesia de San Antolín. En su interior había dos patios y, como curiosidad, en el ala norte se encontraban las cocinas y, casualmente, hoy en día, esa calle recibe el nombre de Las Cocinas. Sobre las habitaciones en las que se alojó la reina Juana, estas daban al río Duero. Mucho se ha escrito sobre que podía ver desde su ventana el féretro de su esposo, pero lo cierto es que es físicamente imposible, ya que este reposaba en el altar mayor de la iglesia del Monasterio de Santa Clara. Una leyenda más que arrastra la soberana.

Perímetro aproximado del Palacio Real de Tordesillas en el callejero actual de la localidad

El Palacio Real de Tordesillas no era especialmente deslumbrante. Se levantó un edificio que seguía una línea sencilla y austera basada en la practicidad, construido con materiales muy básicos en mampostería y tapial. No hay que olvidar que la Corte medieval de Castilla era itinerante, por lo que no buscaban tener impresionantes palacios, además que iban trasladando con ellos los objetos y elementos que necesitaban durante sus estancias.

Los moradores del Palacio Real de Tordesillas

La Casa de Trastámara estuvo íntimamente ligada al Palacio Real de Tordesillas, ya que fue utilizado por todos los monarcas que pertenecieron a esta dinastía desde su construcción. Juan II de Castilla, sucesor del promotor de la residencia, se hospedó en varias ocasiones en él. De hecho, en 1453 nació en sus aposentos Alfonso de Castilla, hijo del mismo rey con su segunda esposa, Isabel de Portugal. Este infante es el mismo que acabaría viéndose sumido en el futuro en una trama de nobles por derrocar a su hermano mayor, Enrique IV, y cuya prematura muerte posibilitó que su hermana, la futura reina Isabel, reclamase sus derechos al trono. Pero esa es otra historia.

Panorámica de Tordesillas hacia 1565-1567, con el Palacio Real en primer plano. Grabado de Anton van den Wyngaerde. © Victoria and Albert Museum

En el caso de los Reyes Católicos, se alojaron en el Palacio Real de Tordesillas en varias ocasiones. En 1475, Isabel La Católica esperó aquí el resultado de la Batalla de Toro, el final de la Guerra de Sucesión Castellana en la que fue confirmada como reina propietaria de Castilla por delante de su sobrina Juana, que ha pasado a la historia como La Beltraneja. Del mismo modo, la soberana preparó junto al rey Fernando en este mismo palacio la firma del Tratado de Tordesillas en 1494.

Maqueta del Palacio Real de Tordesillas en las Casas del Tratado

Hubo que esperar hasta 1509 para que el Palacio Real de Tordesillas volviera a situarse en el mapa político de Las Españas. Desde ese año y hasta 1555, esta residencia acogió la Corte de la reina Juana I de Castilla, quien había sido recluida en él por orden de su padre, el rey Fernando, una reclusión que fue confirmada y tolerada posteriormente por el Emperador Carlos V y el resto de sus hijos.

La reina Juana en el palacio de Tordesillas

Sin duda, la reina Juana es el principal personaje histórico que ha habitado en el desaparecido Palacio Real de Tordesillas. Muchos se preguntan cómo llegó a vivir en él durante nada más y nada menos que 46 años, aunque, para ser honestos, lo suyo fue una reclusión forzada, como ya hemos comentado. Tras la muerte de su esposo, el rey Felipe I de Castilla, acontecida en Burgos en septiembre de 1506, Juana preparó el traslado del cuerpo a Granada, donde el monarca decidió ser enterrado en sus últimas voluntades. El féretro había permanecido depositado en la Cartuja de Miraflores temporalmente, y desde allí comenzó un divagar por pueblos castellanos el 20 de diciembre de 1506. La reina Juana, una reina que huía de las tareas de gobierno, solo tenía ojos para las honras fúnebres de su difunto marido.

“La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”, de Francisco Pradilla (1907). Fuente: Museo Nacional del Prado

Finalmente, en marzo de 1509, su padre, el rey Fernando de Aragón, decidió recluir a su hija y soberana de Castilla en el Palacio Real de Tordesillas y ejercer él mismo la acción de gobierno. Se cumplía así el testamento de la reina Isabel, en el que dejó escrito que él debía asumir tal obligación en caso de que Juana no estuviera o no pudiera gobernar, hasta que su nieto Carlos alcanzara la edad de 20 años. Sin duda, el trasfondo de sus posibles problemas psíquicos marcaba el paso de su biografía.

El Palacio Real de Tordesillas vivió reformas para acoger a la reina Juana y su séquito. Hasta 1524, la soberana de Castilla y Aragón estuvo acompañada por su hija Catalina, nacida durante la travesía fúnebre, concretamente el 14 de enero de 1507 en la localidad palentina de Torquemada. Sin embargo, su hermano, el emperador Carlos V, decidió liberar a la joven de su cautiverio para que contrajera matrimonio con Juan III de Portugal, convirtiéndose en reina del país luso, afianzando de este modo los lazos entre ambas naciones. De este suceso es famosa la frase que la tradición afirma que la reina Juana dirigió a su hijo: “No tienes bastante con quitarme mi trono y mis joyas, sino que también quieres llevarte a mi Catalina”.

Estatua de la Reina Juana en Tordesillas

Lo cierto es que la frase anterior tiene una explicación. La magnífica Corte con la que la reina Juana llegó al Palacio Real de Tordesillas en 1509 en nada se parecía a la del final de sus días. La gran mayoría de las visitas familiares que recibió a lo largo de su reclusión fueron siempre interesadas y, en muchos casos, motivadas por intereses políticos. El tesoro con el que llegó a la villa vallisoletana fue mermando con los años, ya que sus familiares tenían por costumbre abandonar el palacio con las manos llenas. Solo conservó un cofre de joyas hasta días antes de su muerte, pero cuando falleció nada se sabía ya de estas alhajas, pues también desaparecieron.

El ocaso del Palacio Real de Tordesillas

A pesar de todo, el palacio sufrió reformas durante el período en el que la reina vivió en él. Por ejemplo, sobresalen las ampliaciones de las estancias en las que se solía alojar el emperador, las cuales tuvieron lugar en torno a 1542. No obstante, a la muerte de su principal moradora, el palacio, al igual que la memoria de la reina Juana, pronto caería también en el olvido. Felipe II o Felipe III se alojaron en alguna ocasión puntual y breve en esta residencia medieval. De hecho, este último monarca, que abrió el período de los Austrias Menores de nuestra historia, llevó a cabo nuevas reformas sobre el palacio, siendo el último rey que durmió en sus estancias, concretamente en 1601.

Jardines de Palacio en Tordesillas, ubicados sobre el solar dejado por el Palacio Real

Los intentos por recuperar el palacio no dieron sus frutos y hay constancia de que en el siglo XVIII presentaba un estado total de ruina. Por ello, Carlos III decidió regalar el complejo a la villa de Tordesillas, con la condición de que lo demoliera y abriera en el solar una plaza pública. En 1773, comenzó su demolición, calculada en torno a 35.000 reales, un proceso que se extendió hasta 1783. En su lugar se puede disfrutar hoy en día de los Jardines de Palacio, que mantienen con su nombre el recuerdo de aquel portentoso monumento medieval que alojó a reyes, príncipes e infantes.

Puerta de las cocinas y único vestigio que sobrevive del Palacio Real de Tordesillas. Fuente: Google Maps

El único vestigio que se conserva del Palacio Real de Tordesillas es la puerta de las cocinas, integrada en otro inmueble en la esquina de la Calle Matilde Zorita con la de San Antolín, frente al Palacio de los Alderete, así como el hueco que dejó en la iglesia del mismo nombre el corredor que unía el templo con la residencia. No obstante, en las Casas del Tratado se puede contemplar una maqueta que recrea la arquitectura de esta residencia en la que la reina Juana estuvo recluida 46 largos años.

Recordando la historia de este palacio, se hace presente también la memoria de esta soberana a la que el destino ha relegado al plano de las artes o la literatura, obviando que fue una soberana de pleno derecho. Cuando visites Tordesillas y pasees por los Jardines de Palacio, te sentirás un auténtico #turistaenmipaís sabiendo que te encuentras sobre el solar que un día ocupó una de las residencias reales más importantes de la legendaria Corona castellana.

J.

REFENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 ZALAMA, M. Á. (2000). Vida cotidiana y arte en el palacio de la Reina Juana I en Tordesillas. Valladolid: Universidad de Valladolid

ZALAMA, M. A. (2010). Juana I: arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica.