Historia y arte en la Cartuja de Miraflores, una fundación real en la ciudad de Burgos

Si hay un lugar de España en el que brilla especialmente la luz del gótico, es Burgos. La cuna de Castilla, como así es conocida popularmente, cuenta con uno de los monumentos de este estilo arquitectónico más importantes de todo el mundo, hasta el punto que fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de la Catedral de Santa María, el principal atractivo turístico de esta ciudad y no es el único escenario en el que podemos ver la huella de los arcos ojivales, las bóvedas de crucería o los tradicionales pináculos.

Burgos experimentó la evolución del románico al gótico, y la Cartuja de Miraflores es también un buen ejemplo con el que poder contemplar esta impresionante evolución experimentada por esta urbe castellana. Se trata de uno de los conjuntos monacales más importantes de España debido tanto a su pasado histórico como a la riqueza artística que alberga todavía hoy en su interior. Adentrarse en este monumento es volver a los tiempos de los Reyes Católicos, cuando el mundo dejó atrás la Edad Media para abrazar el Renacimiento, como así podrás observar mientras recorres la iglesia de la burgalesa Cartuja de Miraflores.

Historia de la Cartuja de Miraflores

Al igual que ocurre con otros monasterios medievales, el origen de la Cartuja de Miraflores también se remonta a un primitivo palacio. Enrique III de Castilla, que ha pasado a la historia como El Doliente, adquirió en 1401 unos terrenos situados a las afueras de Burgos, los cuales cercó para hacer de ellos un coto privado de caza, construyendo dentro una residencia para sus retiros de placer. Sin embargo, su sucesor, Juan II, cedió este palacio a un grupo de monjes cartujos procedentes de Scala Dei y El Paular en 1442, de ahí el nombre que tiene, transformando el edificio en un monasterio dedicado a San Francisco

La construcción del monasterio de Santa María

En 1452, tras diez años de funcionamiento, un terrible incendio redujo a cenizas todo el complejo, lo que obligó a construir un nuevo edificio. Juan de Colonia, que trabajaba también en la Catedral de Santa María, fue el arquitecto encargado de ejecutar las obras del nuevo monasterio, que se dedicaría a la advocación de Santa María de Miraflores. La primera piedra fue colocada el 13 de septiembre de 1454, estando sentado ya en el trono Enrique IV, que no se preocupó demasiado de la fundación monacal emprendida por su padre. Por ello, en 1464, ante la falta de fondos, las obras se detuvieron y diez años después el rey moría.

Retrato de la reina Isabel I de Castilla, por Juan de Flandes. Fuente: Patrimonio Nacional

Con la subida al trono de la hermana de Enrique IV, Isabel La Católica, se retomaron las obras en febrero de 1477, sin volver a suspenderse hasta 1488. Con ello, la reina se convirtió en la gran promotora de la Cartuja de Miraflores, cuya iglesia fue dedicada a panteón familiar para sus padres, Juan II e Isabel de Portugal, y su hermano pequeño, Alfonso.

De la Edad Media a la actualidad

Uno de los hechos históricos más trascendentales de la Cartuja de Miraflores se vivió en septiembre de 1506, cuando el cuerpo del rey Felipe I de Castilla, El Hermoso, esposo de la reina Juana I de Castilla y benefactor también del monasterio, fue inhumado temporalmente en su iglesia tras fallecer en la Casa del Cordón de Burgos el 25 de septiembre. Sin embargo, tres meses después, la soberana ordenó emprender desde el monasterio el camino a Granada, para enterrar el cuerpo en la Capilla Real de sus padres, aunque su travesía se detuvo en Tordesillas, pero esa es otra historia.

Sepulcro de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Fuente: Pinterest

Fueron pasando los siglos y se ampliaron las capillas, se decoraron nuevos espacios y se dotó de más riquezas. La Guerra de Independencia produjo graves consecuencias en el edificio, viviendo un verdadero expolio que provocó la pérdida de numerosas obras de arte, dispersas en museos de todo el mundo. A ello le siguieron las desamortizaciones de finales del siglo XIX, hasta el punto que la Cartuja pasó a ser propiedad del Estado. Sin embargo, en el siglo XX regresaron sus monjes y, con ellos, la restauración de esta joya histórica del patrimonio español que todavía sigue cuidándose por sus primitivo moradores.

Qué ver en la Cartuja de Miraflores

La UNESCO permitió que la Cartuja de Miraflores también contase con el sello Patrimonio de la Humanidad al ser un elemento asociado a los “Caminos de Santiago de Compostela: Camino Francés y Caminos del Norte de España”. La ciudad de Burgos conserva, por tanto, otro  verdadero tesoro mundial, además de su catedral. Debido a que todavía su fin principal es la vida contemplativa, tiene algunos espacios restringidos a la visita pública, pudiendo solamente conocer el patio, la nave de la iglesia, la capilla de San Bruno y las capillas laterales, donde se encuentra la exposición permanente con las obras de arte más importantes.

Cartuja de Miraflores. Fuente: Guías Turísticos Burgos

Claustro y patio

Una vez que se ha cruzado el atrio de entrada, se accede al claustro y patio de la Cartuja de Miraflores, pudiendo contemplar los primeros elementos que componen este monumento que pertenece al período gótico isabelino. Sobresale la portada de la iglesia, presidida por una Piedad flanqueada por las armas del reino, es decir, el escudo de Castilla y León y la Banda Real de Castilla.

Portada de la iglesia de la Cartuja de Miraflores. Fuente: reharq

Capilla de San Bruno

Desde el claustro, se puede acceder a la Capilla de San Bruno. Está decorada con motivos barrocos y en ella se da culto al patrón y fundador de los cartujos, San Bruno, representado en una excepcional talla realizada por Manuel Pereira en la primera mitad del siglo XVII.

Nave central

Después de haber cruzado el atrio de entrada de la iglesia, en cuyas esquinas se pueden apreciar nuevamente las armas del Reino de Castilla, se accede a la nave central. Está dividida en varias partes, tiene adosadas capillas laterales y al final del todo se encuentra el presbiterio. Descubrimos todas ellas a continuación.

Bóvedas y vidrieras de la Cartuja de Miraflores. Fuente: Revista Tierra
  • Estancia de los Fieles

Se trata del primer tramo que se encuentran los visitantes tras superar el atrio de entrada. A la izquierda, pueden contemplar el Tríptico del Calvario, una obra anónima de la escuela flamenca de finales del siglo XV, mientras que a la izquierda se encuentra un cuadro que represente a la Anunciación, ejecutado en el siglo XVII.

  • Coro de los hermanos y coro de los padres

Continuando por la nave central, tras cruzar la reja de la estancia de los fieles, llega el turno del coro de los hermanos, donde los cartujos no sacerdotes se disponen a escuchar los rezos. Se trata de una obra maestra de mobiliario renacentista, a la que se unen dos altares barrocos que ejercen de separación con el siguiente espacio y dedicados a la Inmaculada Concepción.

Coro de los hermanos. Fuente: cartuja.org

La tercera división de la nave central es la más grande de todas y en ella se encuentra una maravillosa sillería de estilo gótico realizada en madera de nogal que hace las veces de coro de los padres cartujos, es decir, de los monjes que sí son sacerdotes. Esta parte la preside la imagen de la Virgen del Coro, de gran devoción por la comunidad y realizada en alabastro.

Presbiterio

Al final de la nave central, se localiza el presbiterio, donde se encuentran los tres grandes tesoros artísticos de la Cartuja de Miraflores: los sepulcros reales de los reyes y el infante, y el retablo mayor.

  • Sepulcros reales

La reina Isabel La Católica encargó al maestro Gil de Siloé los dos sepulcros en 1489 para sus padres, los reyes Juan II e Isabel de Portugal, y su hermano pequeño, el infante Alfonso. Están realizados en alabastro y son de una belleza inigualable, por lo que son considerados máxima expresión del arte gótico funerario. El sepulcro de los Reyes, en forma estrellada, se encuentra frente al altar mayor, mientras que en una hornacina del lado del Evangelio, y justo al lado, se encuentra el del infante.

Sepulcro del infante Alfonso de Castilla. Fuente: cartuja.org
  • Retablo Mayor

También Gil de Siloé dio forma al espectacular retablo mayor de la Cartuja de Miraflores que se alza al fondo del presbiterio, para lo cual contó con la ayuda de Diego de la Cruz. La exaltación de la Eucaristía es el tema de la obra, estando realizado en madera y siguiendo el patrón del gótico. Destaca que en él están incluidos los escudos de los padres de Isabel La Católica, acompañados de sus respectivas efigies.

Detalle contrapicado del retablo mayor. Fuente: cartuja.org
  • Sacristía

La sacristía de la Cartuja de Miraflores es de estilo renacentista. Más allá de su valor artístico, destaca por su pasado histórico. Fue aquí donde estuvieron depositados los cuerpos reales hasta que fueron incluidos en sus sepulturas. Del mismo modo, en esta estancia estuvo el féretro del rey Felipe I, hasta su traslado a Granada por orden de la reina Juana.

Capillas laterales: exposición permanente

Las capillas laterales de la nave central de la iglesia de la Cartuja de Miraflores están dedicadas, actualmente, a acoger una exposición permanente con los tesoros más destacados que ha ido conservando el complejo a lo largo de los siglos. Muchos de ellos, sin embargo, se perdiendo en el expolio de la Guerra de Independencia, como el Tríptico de Miraflores, ejecutado por Rogier van der Weyden y expuesto actualmente en la Gemäldegalerie de Berlín.

  • Sala de San Bruno

En esta capilla, se conserva la Anunciación de Pedro de Berruguete, una de las obras más importantes que todavía conserva el monasterio. También, hay una copia del retrato original de Isabel La Católica que Juan de Flandes pintó en la propia cartuja durante una de las visitas de la Reina al sepulcro de sus padres. Sin embargo, el primitivo se conserva hoy en día en el Palacio Real de Madrid.

  • Sala de Miraflores

Esta capilla, que a muchos recuerda a la propia Capilla Sixtina de Roma cuando se adentran en ella, está dedicada a Nuestra Señora de Miraflores. Sus pinturas murales del siglo XVII de estilo barroco inundan todos los rincones.

La Sala Miraflores de la Cartuja. Fuente: cartuja.org
  • Sala de las reliquias

Numerosos manuscritos y libros de la biblioteca de los monjes cartujos de Miraflores se exponen en esta última capilla, donde también se puede contemplar una obra de Joaquín Sorolla que representa la Crucifixión.

La Cartuja de Miraflores está situada a las afueras de Burgos. Fuente: Casa Rural Villapajar

La Cartuja de Miraflores es un monumento consagrado a la historia y el arte. El tiempo parece haberse detenido en este monasterio de origen medieval que vio pasar a reyes y reinas, reposando algunos de ellos para la eternidad entre sus muros. Otros solo dejaron su espíritu entre sus estancias, susurros del pasado que todavía hoy se escuchan gracias al silencio propio que caracteriza a este lugar que, sin lugar a dudas, consigue que nos sintamos unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cartuja de Miraflores [página web]. Recuperado de: http://www.cartuja.org

PÉREZ VILLAMIL, M. (1917). Real Cartuja de Miraflores en Burgos. Boletín de la Real Academia de la Historia (70), pp. 118-126. Recuperado de: http://www.cervantesvirtual.com/obra/real-cartuja-de-miraflores-en-burgos-0/

TARÍN Y JUANEDA, F. (2011). La Real Cartuja de Miraflores (Burgos): su historia y descripción. Valladolid: Editorial Maxtor

El Santuario de El Henar, destino de peregrinación mariana en Castilla y León en torno a una Virgen románica

Una Virgen románica del siglo XII abrazada por multitud de leyendas que explican su origen y milagros es motivo de existencia de uno de los centros de peregrinación más importantes de la meseta castellana. Situado en la localidad de Cuéllar, y ejerciendo de verdadero límite entre las provincias de Segovia y Valladolid, el Santuario de Nuestra Señora de El Henar es punto de paso para creyentes, pero también para amantes de la historia, el arte y, por supuesto, la naturaleza, dado el entorno bucólico de pinares que lo rodean y de los que se extrae la resina, cuyos trabajadores tienen por patrona precisamente a esta misma Virgen.

A lo largo de los siglos, la humanidad siempre ha buscado refugio en fuerzas sagradas superiores para tratar de poner fin a sus dificultades, algo que, todavía hoy, parte de la sociedad continúa haciendo. Es así como, precisamente, Nuestra Señora de El Henar se convirtió a finales del siglo XVII y principios del XVIII en la esperanza de su comunidad de influencia, la de Villa y Tierra de Cuéllar, de quien es también patrona. Sequías, inundaciones o epidemias eran motivo para rogar a su Virgen que les protegiera de cuantos males pudieran sucederles. Este aumento de la devoción también se reflejó en lo material, con el paso de una humilde ermita a un majestuoso santuario en el que se integró también un monasterio, llegando a contar hasta con colegio de teología propio, hoy sin actividad.

La románica Virgen de El Henar

Gregorio Baza de Haro, autor de la primera historia que se narró sobre la Virgen de El Henar a finales del siglo XVII y cura de Otero, impulsó la leyenda del origen sagrado de la imagen que ya existía entre la población que siempre la había venerado. Según relata, fue traída desde Antioquía por San Jeroteo, primer obispo de Segovia que fue discípulo de San Pablo y vivió en el siglo I. Sin embargo, la talla de Nuestra Señora de El Henar está datada del siglo XII, siendo románica y con toques de estilo bizantino, como así se aprecia en el niño que sostiene en sus brazos, que representa a Cristo en actitud de pantocrátor.

Virgen de El Henar en el altar de su santuario. Fuente: Segovia Turismo

Sobre la efigie, nada más contemplarla se aprecia que sus facciones no son perfectas, dado la época en que fue tallada, pero eso es lo que la convierte precisamente en una joya del arte románico. Está sentada sobre un trono sin respaldo, ya que su propio cuerpo lo ejerce, presentándose de forma majestuosa ante quien la venera u observa. En el siglo XVIII, sufrió modificaciones como consecuencia de la moda que se implementó de vestir a las vírgenes con ricas sayas y mantos, por lo que llegó a ser, incluso, mutilada, algo que también sufrieron otras imágenes religiosas, como la madrileña Virgen de la Almudena.

No obstante, hoy en día la Virgen de El Henar se presenta ante sus devotos como quienes la veneraron antes de la centuria XVIII, gracias a las restauraciones a las que fue sometida con motivo de su coronación canónica, acontecida en 1972. Actualmente, la talla se puede contemplar completamente sin que ropas la cubran ni escondan su riqueza artística, con la excepción de las coronas que portan la Virgen y el niño, así como el manto que normalmente luce por la espalda. De este modo, se observa sin ningún problema el tono moreno de la efigie, motivo por el cual es conocida como “Morenita de Castilla”.

La leyenda de El Henar

Retomando la leyenda sobre el origen milagroso de la Virgen de El Henar, y tal y como hemos narrado anteriormente, fue traída en el siglo I por el primer obispo de Segovia para ser venerada en una pequeña aldea perteneciente a Cuéllar. Sin embargo, la conquista árabe de la península Ibérica a partir del año 711 motivó que fuera enterrada para evitar su profanación en un lugar indicado por San Frutos, San Valentín y Santa Engracia, junto a un cirio encendido.

Talla románica de la Virgen del Henar

En 1580, un pastor manco del municipio de Viloria del Henar presenció la aparición de la Virgen, quien le descubrió que su imagen estaba oculta bajo unas losas y le encomendó la construcción de una ermita en su honor que con el tiempo se hiciera más grande. Para que el pueblo le creyera, le devolvió el brazo que faltaba, siendo este el primer milagro atribuido a Nuestra Señora de El Henar.

La verdadera historia de El Henar

La leyenda de El Henar, que fue obra de Juan Rodrigo, párroco de Cogeces del Monte en el siglo XVII, se cae por su propio peso al estudiar las fuentes históricas. Se sabe que en 1247 ya existía una aldea por nombre Santa María de El Henar que pagaba diezmos al obispado de Segovia y que en 1430 había una ermita en estado ruinoso, año en que sus libros litúrgicos fueron adquiridos por el Hospital de la Magdalena, lo que delata que en esa pequeña capilla se darían misas y tendría culto, posiblemente ante la talla de la Virgen que toma el nombre de dicha pequeña población.

Fachada del Santuario de El Henar. Fuente: Segovia Turismo

En 1587, tras un conflicto entre el Obispo de Segovia y el cura de Viloria del Henar, el obispado decidió hacerse cargo de la ermita. El auge de devoción motivó que entre 1642-1644 se construyera un nuevo templo, concretamente el cuerpo de la primera mitad del actual. En 1695, Gregorio Baza de Otero deja constancia de la celebración de la romería de septiembre, hoy en día mantenida y que tiene lugar el domingo anterior a San Mateo. Tal y como describe en sus escritos, miles de personas peregrinaban desde diferentes puntos de los Reinos españoles para venerar a la Virgen de El Henar, a la que se le atribuían milagros, así como a sus aguas de la Fuente del Cirio.

En el siglo XVIII se produjo una explosión de devoción en torno a la Virgen de El Henar. El Libro de Cuenta del santuario contabilizó en 1734 que hasta 186 pueblos de Castilla se acercaron a venerar a la Virgen en su romería, algunos provenientes incluso de Madrid o La Rioja, años en los que se reunían hasta 30.000 personas que encargaban misas por sus intenciones, hasta 7.500 algunos años. Ese mismo siglo, se publicó en Madrid a través del párroco de Frumales y administrador del santuario una novena dedicada a Santa María de El Henar.

Romería de El Henar. Fuente: El Adelantado

Aunque el origen de la devoción era meramente popular, dado que el santuario se encuentra situado en una región puramente agraria, cabe destacar que la nobleza y burguesía también regaló su devoción a la Virgen de El Henar. Además, la propia reina Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, primer Borbón que reinó en España, visitó el santuario en 1759. A ello se une que el ajuar de la Virgen conserva un manto donado por Carlos III, lo que demuestra de nuevo el interés de la realeza por esta advocación.

El número de devotos que se reunían anualmente en El Henar permitió que a mediados del siglo XVIII, alrededor de 1754, se decidiera ampliar la iglesia. Fue el momento en el que se construyó la fábrica actual que se observa, levantando el crucero, el camarín de la Virgen, sala de exvotos, sacristía y la capilla del campo, ubicada en la Fuente del Cirio. Sobresale el gusto barroco del templo, el retablo neoclásico o las pinturas al fresco del valenciano José Micot. En 1799, se levantó también un convento, el cual sigue en activo a día de hoy, habiendo sido regido por padres carmelitas descalzos hasta 2020, cuando abandonaron el santuario en favor de las hermanas carmelitas samaritanas. El claustro es de estilo neoclásico, ejecutado por Manuel Cachorro.

Vista del Santuario del Henar. Fuente: Turismo Cuéllar

En el siglo XIX, la devoción a la Virgen de El Henar se estancó después de tantas décadas de esplendor. La Guerra de Independencia supuso un duro golpe a comienzos de la centuria, ya que la talla tuvo que ser trasladada a Cuéllar, recorriendo diversas iglesias, estando fuera del santuario entre 1808 y 1814, el cual fue saqueado por los franceses. Aunque la Virgen regresó a su santuario, volvió a salir de él con los enfrentamientos políticos entre 1833-1839. En definitiva, la devoción popular estaba en decadencia, agravándose con las desamortizaciones y movimientos anticlericales de finales de siglo.

En el siglo XX, la situación mejoró y el santuario fue recuperado su esplendor, hasta convertirse en la actualidad en uno de los centros de peregrinación mariana más importantes de Castilla y León. En 1972, Nuestra Señora de El Henar fue coronada canónicamente. Para ello, la patrona de la Villa y Tierra de Cuéllar recorrió y visitó los diferentes pueblos que forman parte de esta histórica región, algo que todavía los habitantes más mayores de estos municipios recuerdan. Su romería de septiembre reúne a cientos de personas que peregrinan desde diversos puntos de la comunidad, quienes disfrutan también del mercadillo que se forma en torno a ella en la pradera del santuario.

Pradera de El Henar. Fuente: Restaurante El Henar

Quienes visitan Cuéllar, además de conocer su castillo o sus diversas iglesias de estilo mudéjar, que pueden presumir de ser de las mejores de España en este estilo artístico, tienen que acercarse también hasta El Henar, situado a tan solo 5 kilómetros de la villa. Allí, podrán visitar el santuario, conocer la romántica leyenda de la Virgen que se mezcla con su verdadera historia y disfrutar de un entorno natural perfecto para una jornada de picnic sintiéndose un auténtico #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

VELASCO BAYÓN, B. (2012). La Virgen del Henar y su santuario en la Villa de Cuéllar (Segovia). Advocaciones Marianas de Gloria (XX), pp. 557-572. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4064135.pdf

Los Toros de Guisando, espectadores de la paz entre Enrique IV de Castilla e Isabel La Católica en 1468

El siglo XV fue un período muy convulso en la Corona de Castilla, con multitud de guerras que regaron de sangre los campos y empobrecieron a sus diferentes reinos. Seis centurias después, todavía se puede percibir en el ambiente las consecuencias bélicas de aquellos momentos, tanto los de los propios conflictos como los gestos de paz. Uno de los más conocidos de todos es el Tratado de los Toros de Guisando, que fue escenificado el 19 de septiembre de 1468 entre Enrique IV de Castilla y la futura reina Isabel La Católica, cuando el monarca reconoció a su hermana como su heredera, en detrimento de su hija, Juana de Trastámara y Avis.

Los enfrentamientos que motivaron la paz

El 28 de febrero de 1462, la reina Juana de Avis dio a luz en el Alcázar de Madrid a una niña a la que se puso su propio nombre. Tras recibir las aguas del bautismo, Enrique IV se apresuró a la convocatoria de Cortes para que su hija fuese jurada como Princesa de Asturias, título que correspondía al heredero de la corona castellana. Nada hacía presagiar que Juan Pacheco, marqués de Villena y antiguo privado del rey, levantase un poder notarial en el que aseguraba la nulidad de su juramento, al no reconocer a Juana como heredera a la Corona, considerándola hija de la reina, no así del rey.

Juana de Trastámara y Avis, más conocida como “La Beltraneja”. Fuente: Wikimedia

Al mismo tiempo, Enrique IV colmó de mercedes al mayordomo mayor de palacio, Beltrán de la Cueva, nombrándole Conde de Ledesma, señor de Cuéllar, propiedad de la infanta Isabel por testamento de su padre, y prometiéndole el Maestrazgo de la Orden de Santiago, en poder de su hermano pequeño, el infante Alfonso, también vía testamento paterno. Voces de la época insinuaban que el rey pagaba a Beltrán por algún secreto favor relacionado con la paternidad de su hija, a la que rápidamente se le apodó como “la Beltraneja”.

Todos estos hechos tuvieron como consecuencia que una liga de nobles se reunieran en Burgos en verano de 1464, emitiendo un manifiesto el 28 de septiembre en el que afirmaban que la princesa Juana era hija de la reina, pero no del rey, solicitando también la convocatoria de Cortes para jurar como heredero al trono al infante Alfonso. Enrique IV, lejos de guerrear, decide entrar en negociaciones de diálogo con los rebeldes, quienes piden la custodia del infante, entregándoselo en otoño. Isabel y Alfonso quedan separados. A cambio, el rey pone la condición de que Alfonso se case con Juana, recayendo sobre el infante la condición de rey propietario en el futuro.

Sepulcro del infante Alfonso de Castilla en la Cartuja de Miraflores. Fuente: Wikimedia

La nobleza sublevada concentró sus fuerzas en torno a Ávila, donde dieron el siguiente paso. Al pie del cimborrio de su catedral el infante Alfonso, a sus once años, fue alzado rey de Castilla en un acto que ha pasado a la historia como “Farsa de Ávila”. El primer documento que firmó como monarca fue una carta en la que declaraba que Enrique IV se había servido de la colaboración de Beltrán de la Cueva para, usando de la reina su voluntad, conseguir el nacimiento de Juana. A comienzos de 1468 Castilla tenía dos monarcas.

De la guerra a la paz

Tras cambiar de bando Toledo en junio de 1468, el infante Alfonso abandona Arévalo con ansias de recuperar la ciudad pero, en el camino, fallece el 5 de julio en Cardeñosa. Mientras agonizaba, su hermana Isabel mandaba una carta a las ciudades el día antes del fallecimiento para avisarles que ella sería la sucesora. Sin embargo, Isabel no se intituló como reina tras la muerte de Alfonso. La infanta trató de instalarse en una postura de legitimidad de origen que en Catilla dependía del nacimiento y de la aceptación por parte del reino. La joven juraba obediencia a su hermano, el rey Enrique, de quien esperaba el reconocimiento de que era ella la heredera de Castilla y no “la hija de la reina”. El rey aceptó entrar en la negociación propuesta por su hermana.

Retrato de la reina Isabel I de Castilla. Fuente: Patrimonio Nacional

Se llega entonces, en septiembre de 1468, a los acuerdos de Cadalso/Cebreros, localidades abulenses donde se firmó el documento que reconocía a Isabel como princesa heredera de Castilla, entre otros asuntos, y que erróneamente ha pasado a la historia como Tratado de los Toros de Guisando, pero, como recogen varios historiadores, entre ellos Luis Suárez, en la explanada de los milenarios verracos se realizaron actos, no se firmaron papeles, el 19 de septiembre de 1468.

Aunque a lo largo de la historia reciente se ha especulado sobre la validez legal de las pretensiones al trono de Castilla de Isabel La Católica, la infanta sí contaba con apoyo jurídico. La nulidad del primer matrimonio de Enrique IV no fue confirmada por la Santa Sede de Roma y, por consiguiente, tampoco hubo nunca una dispensa matrimonial para las segundas nupcias con Juana de Avis. De este modo, Juana era hija ilegítima del rey desde un punto de vista sucesorio, fuese o no suya biológicamente.

Toros de Guisando

Isabel comenzó a ganar adeptos en el norte, concretamente en su principado, Asturias, y en la provincia de Guipúzcoa. El interés que surgía por la joven princesa preocupaba al marqués de Villena, decidido a romper los acuerdos: no fue jurada en Cortes como princesa y se le forzó a casar con el rey Alfonso de Portugal primero y luego con el duque de Guyena, hermano del rey francés. Sin embargo, ella misma optó, sin consultar a su hermano Enrique, como así se disponía en los acuerdos firmados, casarse con el príncipe Fernando de Aragón, como así hizo en Valladolid en octubre de 1469. Este gesto motivó la ruptura del acuerdo por parte del rey de Castilla, a cuya muerte una sangrenta Guerra de Sucesión enfrentaría a su hermana y su hija por el trono.

Toda esta historia se esconde detrás de los Toros de Guisando. Este conjunto escultórico, datado de la Edad del Hierro (siglos I-II a.C.), representa cuatro tallas de verracos esculpidas en granito por los vetones. Aunque se desconoce su función, sí se sabe que ante ellos tuvo lugar, en 1468, el acto por el cual Enrique IV reconoció a su hermana Isabel como heredera de Castilla. Su visita te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DÍAZ VILLANUEVA, F. (2007). Isabel la Católica. Madrid: Edimat Libros.

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (2006). Isabel la Católica. Madrid: Espasa.

SUÁREZ, L. (2004). Isabel I, Reina. Barcelona: Ediciones Folio/Biblioteca ABC.

La Capilla Real de Granada, un monumento funerario para los últimos reyes Trastámara

Una de las preocupaciones de los monarcas y soberanos que han regido reinos y países a lo largo de toda la historia ha sido siempre la de ser recordados tras su fallecimiento. Mientras que unos prefieren dejar una huella inmortal a través de un fructífero gobierno o grandes hazañas militares, hay quienes se decantan por hacerlo a través de un recuerdo tangible y material, para que su memoria permanezca a vista de todos. Otros tantos, sin embargo, se decantan por ambas formas, como así fue el caso de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, más conocidos como los Reyes Católicos.

Una vez que habían pacificado Castilla, habían puesto fin a la denominada Reconquista y emprendido también la gran empresa de las Indias que tendría por resultado el descubrimiento de un nuevo continente, los monarcas decidieron que había llegado la hora de levantar un monumento funerario donde fueran recordados por las generaciones venideras. Granada fue el hecho por el que se ganaron el favor de toda Europa y, en buena medida también, el motivo por el que se alzaron con el título de Reyes Católicos, por lo que fue en el que fue el último reducto musulmán de la península Ibérica donde decidieron reposar para la eternidad, ordenando así la construcción de la Capilla Real. ¿Vienes a descubrirla?

Historia de la Capilla Real de Granada

Los Reyes Católicos no solo quisieron dejar huella de la recuperación del Reino de Granada y el fin de la Reconquista con la colocación de una granada entre los cuarteles de Castilla y Aragón, en el entado en punta del escudo real, sino también con la decisión de enterrarse en la ciudad que tanto trabajo y tesón les costó arrebatar al Islam. El 13 de septiembre de 1504, estando la Corte en Medina del Campo, los monarcas expidieron la Real Cédula con la que fundaban la Capilla de los Reyes bajo la advocación de los Santos Juanes, es decir, el Bautista y el Evangelista. Con esta decisión, relegaban a un segundo plano al Monasterio de San Juan de los Reyes, el cual habían fundado en Toledo para conmemorar su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana y que, en un principio, iba a ser también su lugar de enterramiento.

Doña Isabel la Católica firmando su testamento. Fuente: Museo del Prado

El 26 de noviembre de 1504 falleció la reina Isabel I de Castilla en Medina del Campo y se emprendió el traslado del cuerpo de la soberana hasta Granada. Siguiendo su expreso deseo, fue enterrada en el Convento de San Francisco que había sido fundado dentro de la Alhambra, aunque fue provisional, pues su destino definitivo iba a ser el templo fúnebre que habían fundado la soberana y su esposo. Fernando II de Aragón, a pesar de casarse en segundas nupcias, también confirmó su deseo de ser sepultado en la Capilla Real granadina junto a la difunta reina de Castilla.

La reina Isabel no pudo ver comenzadas las obras de la Capilla Real de Granada, puesto que comenzaron un año después de su fallecimiento. Casualmente, el rey Fernando no pudo verla terminada tampoco, puesto que fue concluida un año después de su muerte, acontecida en 1516. El templo fue construido junto a la antigua mezquita mayor de la ciudad, bajo la dirección del arquitecto Enrique Egas y fue diseñada en estilo gótico isabelino, última corriente artística del arco ojival en España antes del asentamiento del Renacimiento que en ese momento ya imperaba en Europa a comienzos del siglo XVI. Posteriormente, la catedral a la que está conectada la capilla sí que sería levantada en esa nueva corriente artística.

Fachada Catedral de Granada. Fuente. granada.info

El resultado después de más de diez años de obra fue la capilla fúnebre más grande de toda España, un privilegio que todavía hoy mantiene. El 10 de noviembre de 1521, los cuerpos de los Reyes Católicos fueron trasladados hasta la cripta sepulcral de la Capilla Real, siguiendo así sus últimas voluntades. A ellos se unirían con el paso de los años otros muchos personajes reales, como el cuerpo del rey Felipe I de Castilla, la emperatriz Isabel de Portugal, el del príncipe Miguel de la Paz y, por supuesto, el de la reina Juana I de Castilla, que tras fallecer en 1555 en Tordesillas sus restos se trasladaron hasta Granada en 1574, para ocupar el lugar que como reina propietaria de Castilla y Aragón le correspondía.

Fachada de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

En definitiva, la Capilla Real se convirtió en el centro espiritual de Las Españas y todo apuntaba a que, con la decisión del Emperador Carlos V de enterrarse en Granada hasta que cambió de idea en su último testamento, se iba a convertir en el panteón de la Familia Real española. Sin embargo, todo ello se quebró con la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, poniendo un punto y aparte en su historia. Desde entonces, el templo fúnebre de Granada se quedó como el símbolo de los últimos Trastámara y, en concreto, de la monarquía de los Reyes Católicos, mientras que el complejo del Monte Abantos construido por orden de Felipe II se convirtió en el reflejo de la nueva Corona reforzada por el poder de los Austrias.

Qué ver en la Capilla Real de Granada

El estilo sobrio y austero que identificó a la reina Isabel La Católica se aprecia en el mismo lugar en el que descansan sus restos. La Capilla Real no es un templo más, sino que es el espacio en el que los soberanos de Castilla y Aragón reposan, por lo que las connotaciones políticas también encuentran cabida entre sus muros. Por ejemplo, a nadie le extrañará encontrar los símbolos que identificaron a los monarcas, como yugos, flechas o sus propias iniciales. Con todo, se quiso demostrar su poderío hasta la eternidad y la victoria que obtuvieron en la recuperación de la ciudad en 1492.

Nave central

Después de haber adquirido las entradas en la lonja, una dependencia anexa construida en 1518 durante el reinado de Carlos V y en la que se muestran retratos de los reyes fundadores, se accede a la nave central del templo, en la que no se dejan de observar en todo momento el escudo de los Reyes Católicos, evidenciando que su legado histórico permanece vivo y eterno. Dos capillas laterales, una de ellas dedicada a la Santa Cruz y otra a San Ildefonso, suponen la antesala del Altar Mayor, protegido por una impresionante reja que protege asimismo los mausoleos reales y la cripta sepulcral.

Nave central de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

Precisamente, el retablo mayor es una de las grandes joyas artísticas de la Capilla Real de Granada, una portentosa obra firmada por Felipe Bigarny ejecutada en 1502-1522. Unidad política, religiosa y territorial tiene cabida en este conjunto de piezas, a contemplarse en él, respectivamente, a los Santos Juanes, la vida de Cristo y a los Reyes Católicos como héroes de la Cristiandad conquistando Granada a los musulmanes.

Mausoleos y cripta

Entre el altar mayor y la reja se encuentran los sepulcros reales de los últimos reyes Trastámara que se sentaron sobre el trono de los reinos españoles. Esta zona de la capilla tiene la consideración de Aula Regia gracias al mandato de Carlos V, que le elevó a esta dignidad a través de una Real Cédula el 31 de julio de 1539. Esta distinción significa que a los cuerpos reales se les tiene la misma veneración y acatamiento que se les tendría en su presencia, como si estuvieran vivos. Sin duda, con esta decisión la Capilla Real se elevaba a un rango superior al de otros panteones regios de España.

Sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: capillarealgranada.com

El sepulcro de los Reyes Católicos fue ejecutado por Doménico Fancelli y es de un gusto renacentista italiano exquisito. Fue realizado en Florencia entre 1514 y 1517, siendo traído hasta Málaga desde Italia y trasladado hasta Granada para su colocación en la Capilla Real. A su lado, se encuentra el de Juana I de Castilla y su esposo Felipe, que fue ejecutado por Bartolomé Ordoñez. Este último fue encargado por el propio Carlos V en 1518 y no sería colocado en su lugar definitivo hasta 1603, por orden ya de Felipe III. Como curiosidad, cabe señalar que entre los cenotafios hay un cirio y dos lámparas de aceite encendidas de forma perpetua. Se trata de una disposición de los propios Reyes Católicos recogida en la Real Cédula de 1504.

Sacristía y museo

Siguiendo los pasos de los legendarios faraones, los Reyes Católicos también quisieron disfrutar de la eternidad rodeado de algunos de sus objetos más personales. Por ello, la propia reina Isabel donó en testamento a su Capilla Real numerosas joyas, ornamentos o reliquias, algo que también amplió su esposo, como por ejemplo con el traslado de su biblioteca o varios juegos de tapices y cuadros. Algunos de estos preciados y valiosos tesoros ya no se encuentran en este espacio. Por ejemplo, Felipe II trasladó las obras bibliográficas a la biblioteca del Monasterio de El Escorial.

Museo de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

En la sacristía de la Capilla Real se ha creado un espacio museístico en el que se exponen todas estas piezas históricas que los monarcas legaron al templo funerario, elementos que nos ayudan a profundizar en su reinado y en el período histórico que vivieron. Entre todos ellos, el que más llama la atención por los turistas es la corona y el cetro de la propia reina Isabel, protegidos en una vitrina en la que también se puede contemplar la espada que el Rey Fernando portaba al presentar batalla.

La Capilla Real es uno de los lugares con más historia de toda España, un rincón en el que poder reencontrarse con las huellas de nuestro pasado y con ese período de la historia que quiso escapar del ambiente medieval para caminar hacia la modernidad. Después de la Alhambra, es el monumento más importante de Granada, por lo que su visita es obligada. Seas o no seguidor de las huellas de los Reyes Católicos, debes visitarla, puesto que, sin lugar a dudas, recorrerla te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GARCÍA GALLADOR, M. T. (2018). La Capilla Real de Granada. El estudio interdisciplinar de un monumento granadino. Innovación docente interdisciplinar en la universidad. Estudio de la Arquitectura, el Derecho y la Historia del Arte del patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Granada a través de la fotografía estereoscópica, pp. 281-306. Granada: Universidad de Granada, Editorial Universidad de Granada. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6710809&orden=0&info=link

Templarios en España: así llegaron a la península Ibérica los Pobres Caballeros de Cristo

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos popularmente como caballeros templarios u Orden del Temple, fue fundada en 1118 por Hugo de Payns, junto con nueve caballeros. Su historia es una de las que más fascinación e interés han suscitado entre los amantes de la historia y el esoterismo a los largo de todos estos siglos, llegando hasta la propia actualidad. Mucho se ha dicho y escrito sobre ellos, siendo cada vez más los viajeros que quieren seguir sus pasos, pasos que también están presentes en España.

Los caballeros templarios decidieron  consagrar su vida a la defensa de los peregrinos de los Santos Lugares o Tierra Santa tras los continuos ataques que los cristianos recibían de los musulmanes, pero sin dejar de lado la contemplación y oración en torno a Cristo, de ahí que se les identifique como monjes-guerreros. El rey Balduino II les cedió unas dependencias cercanas al Templo de Salomón, lo que explica el origen de su nombre: Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. Sobre su llegada a Europa, y, por tanto, también a España, tras haber informado al papa Honorio II de su institución, siendo reconocida oficialmente la Orden por la Iglesia en 1128, comenzaron ese mismo año a establecer relaciones con las diversas monarquías medievales del momento, incluidas las de la península Ibérica, que en aquel momento era caldo de cultivo de batallas y conflictos entre cristianos y musulmanes.

La llegada del Temple a España

Se sabe que estos caballeros llegaron al territorio ibérico en la primera mitad del siglo XII, como al resto de Europa. Motivados por la defensa de los cristianos frente a los musulmanes, los reyes cristianos peninsulares les implicaron en el proceso tradicionalmente conocido como Reconquista, teniendo gran protagonismo en ella en el siglo XIII, ya que el papa Urbano II había establecido que era tierra de cruzada, lo que justificaba su participación. A cambio, los templarios obtenían recursos, bienes y propiedades con las que sustentar su actividad en Tierra Santa.

Estatua de Ramón Berenguer III. Fuente: Europa en fotos

La primera incursión templaria en la península Ibérica se había producido el 19 de marzo de 1128, un año antes de que se llevase a cabo la regularización de la Orden en Troyes. La reina Teresa de Portugal había donado a los caballeros el castillo de Soure y todas sus rentas para su protección frente a los musulmanes. La iniciativa de la soberana lusa fue seguida por monarcas hispánicos, destacando el conde Ramón Berenguer III en Cataluña, que además solicitó ingreso en la Orden en su lecho de muerte, Alfonso VII de León al entregarles la protección de las tierras de Soria en noviembre de 1146, o su sucesor, Fernando II de León, que les recompensó con enclaves y fortalezas en la zona tras participar en la conquista de la región de la Transierra leonesa entre 1166 y 1169.

El testamento de Alfonso I El Batallador

Sin embargo, el caso más reseñable de todos es el de Alfonso I de Aragón y Navarra, conocido como El Batallador, el prototipo de monarca cruzado de la época en la Península que no dudó en contar con órdenes militares para el proceso de Reconquista. El monarca murió el 7 de septiembre de 1134 tras las graves heridas que sufrió en la Batalla de Fraga acontecida en el verano de ese mismo año y en su testamento, que tenía carácter de ley como toda última voluntad de un monarca en la Edad Media, legó todos sus reinos a los caballeros del Temple, Hospitalarios y del Santo Sepulcro.

Retrato de Alfonso I de Aragón y Navarra, de Pradilla. Fuente: Ayuntamiento de Zaragoza

Sin embargo, las órdenes militares renunciaron a esta importante herencia, a cambio de recibir castillos o fortalezas, ya que los nobles aragoneses y navarros no estaban dispuestos a aceptar estas condiciones. Además, la maniobra provocó la separación de los dos reinos, ya que en Aragón se sentó en el trono el hermano de Alfonso I, Ramiro, y en Navarra se postuló Garci Ramírez, que estaba casado además con una de las hijas del Cid y pasó a la historia como El Restaurador.

El ocaso templario en España

Los caballeros templarios tuvieron presencia en España hasta la disolución de la propia Orden a nivel internacional, hecho que tuvo lugar en 1312 y que todavía hoy cuesta explicar por qué sucedió. Acumularon importantes posesiones y el destino de sus bienes se decidió a nivel europeo en la bula Ad providam, dada por el propio Clemente V, que pasarían a engrosar el patrimonio de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Sin embargo, se suspendió esta orden en los reinos peninsulares hispánicos, a saber, Portugal, Castilla, Aragón y Mallorca, a través de la bula Licet dudum de 13 de enero de 1313, dejando la decisión en manos de la Silla apostólica de cada país.

Castillo templario de Ponferrada, en León. Fuente: Ayuntamiento de Ponferrada

En el caso de los reinos de Castilla y León, los bienes de los templarios continuaron en manos de la Corona, sin haberse podido llegar a esclarecer si fueron transferidas a la Orden del Hospital, que sí que hizo intercambio de bienes templarios con las órdenes nacionales de Santiago y Calatrava en 1356, mientras que en Portugal pasaron a una nueva orden de caballería, la Orden de Cristo. Por su parte, al similar ocurrió en Aragón, que creó en 1317 la Orden de la Montesa, en la que se integraron los bienes templarios del Reino de Valencia, mientras que los de Aragón y Cataluña pasaron a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, al igual que ocurrió con los de Mallorca.

J.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICAS

Barquero, C. (2011). Templarios y hospitalarios en la Reconquista peninsular. Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval (17), pp. 167-182. Recuperado de: http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/25670

De Moxó y Montoliu, F. (1993). Los Templarios en la Corona de Aragón. Aragón en la Edad Media (10-11), pp. 661-674. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=108470

Domínguez Alarcón, J. E. (2015). Análisis crítico-jurídico del proceso de la Orden del Temple, 1309-1312 (prolegómenos, disolución y repercusiones posteriores). Málaga: Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga. Recuperado de: https://riuma.uma.es/xmlui/bitstream/handle/10630/11464/TD_DOMINGUEZ_ALARCON.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Nadal y Cañellas, J. (2010). La abolición de la Orden del Temple y su gestación. Bolletí de la Societat Arqueològica Lul·liana: Revista d’estudis històrics (66), pp. 35-50. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3421578.pdf

Rodríguez Campomanes, P. (1747). Dissertaciones historicas del Orden, y Cavalleria de los Templarios, o Resumen historial de sus principios, fundacion, instituto, progressos, y extincion en el Concilio de Viena y un apendice, o suplemento. Madrid: Oficina de Antonio Pérez Soto. Recuperado de: http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=8183

Lista de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, 15 destinos imprescindibles en España

España ocupa un lugar preferente en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Se trata del tercer país del mundo con mayor número de bienes catalogados con esta distinción, la más importante del ámbito turístico y patrimonial. Monumentos, parajes naturales, tradiciones o paisajes culturales son algunos de los tesoros que engrosan este privilegiado grupo en el que todos los destinos quieren estar.

Sin embargo, las Ciudad Patrimonio de la Humanidad son las que más atención acaparan entre los turistas que recorren España. En ellas se ha creado una atmósfera única gracias a su historia, su cultura o sus recursos culturales y naturales. Son 15, y lo único que comparten es esta distinción de la UNESCO, puesto que por lo demás son completamente diferentes, teniendo cada una de ellas su propia esencia. ¿Te vienes a descubrir algunos de sus secretos y los motivos por los que son Patrimonio Mundial?

Córdoba

Quienes sean amantes de ir en busca de los bienes Patrimonio de la Humanidad, encuentran en Córdoba su principal destino en España. Este rincón de Andalucía, el lugar al que un día miraba Occidente con envidia por su esplendor califal y su progreso social, cultural y económico, cuenta con cinco tesoros distinguidos por la UNESCO, destacando su casco histórico. Se trata de uno de los más grandes de Europa y es refugio de la herencia romana, árabe, judía y cristiana de la ciudad.

Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos

Aunque la Mezquita es el símbolo y estandarte de Córdoba, nadie puede perderse el Alcázar de los Reyes Cristianos, un paseo por el Barrio de San Basilio ni tampoco dejar de entrar a alguna casa típica musulmana, admirando sus bellos patios, decorados con cientos de flores y cuya fiesta del mes de mayo es también Patrimonio Mundial de la UNESCO, en la categoría de bienes inmateriales.

Ávila

En 1985, la ciudad de Ávila, protagonista del devenir histórico de Castilla, entró a formar parte de la Lista Patrimonio Mundial. La UNESCO reconoció con esta declaración que su emblema patrimonial es la pieza clave de su cultura, es decir, el recinto amurallado de estilo románico que todavía conserva de forma íntegra. En torno a sus murallas, ha ido creciendo y desarrollando la sociedad abulense a lo largo de los siglos, construyendo dentro y fuera de ellas multitud de edificios religiosos y civiles que, a día de hoy, son auténticos monumentos.

Panorámica de Ávila y su recinto amurallado

Además, Ávila es un ejemplo sobresaliente de un conjunto arquitectónico que ilustra una etapa significativa de la historia, como así es la Edad Media. El estilo y la seña medieval se aprecian a cada paso que dan los visitantes que se acercan hasta esta ciudad castellana, entrando en contacto con joyas románicas, una de las primeras catedrales góticas construidas en España o el misticismo de Santa Teresa de Jesús, uno de los personajes clave para entender también la esencia abulense.

Santiago de Compostela

El intercambio de valores humanos y el enriquecimiento de las culturas del mundo es una máxima de la UNESCO. Por ello, el destino del Camino de Santiago, una de las vías de peregrinación más importantes de la historia, tenía que formar parte de la Lista de Patrimonio de la Humanidad. La ciudad de Santiago de Compostela fue incluida en 1985, aunque su riqueza patrimonial, con la catedral consagrada al Apóstol como símbolo, también fue vital para engrosar este selecto club internacional.

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela

Eje fundamental de la Cristiandad, Santiago de Compostela fue completamente arrasada por los árabes en el siglo X, lo que obligó a la reconstrucción de la ciudad. El tiempo parece que se ha detenido en ella, conservando todavía su trazado medieval, articulado en torno a su catedral románica, en la que el gótico y el Barroco también tienen una fuerte presencia, al igual que ocurre en el resto de sus monumentos.

Segovia

En 1985, la UNESCO declaró el casco histórico de Segovia como Patrimonio de la Humanidad. Los técnicos de este organismo internacional no tuvieron problemas a la hora de encontrar razones contrarias para incluir la ciudad en su preciada Lista. Al contrario, sobran motivos positivos para que esta urbe castellana formase parte de ella. El acueducto, emblema cultura y patrimonial de Segovia, es la obra de ingeniería civil romana más importante de España y una de las más importantes de toda Europa, en gran parte por su excelente conservación.

Vista de la catedral de Segovia

El ambiente medieval se mezcla con la herencia romana, con el Alcázar como dueño y señor de la ciudad, de una ciudad en la que los reyes de la Corona de Castilla, sobre todo los Trastámara, siempre tuvieron puesta su vista. Iglesias románicas, la última catedral gótica construida en España, patrimonio de la cultura judía y exquisita gastronomía completan la oferta turística de Segovia, un bien Patrimonio Mundial que deja sin palabras a sus visitantes.

Toledo

Capital imperial y ciudad de las tres culturas. Así se presenta Toledo al mundo, y así consiguió ganarse también el favor de la UNESCO, quien la incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad en 1986, entre otros criterios, por ser manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado período, en parte gracias a la convivencia de árabes, cristianos y judíos. La catedral de Toledo es una joya del arte gótico y, junto con el Monasterio de San Juan de Los Reyes, es la máximo representante de la cultura católica y cristiana.

Detalle del Alcázar de Toledo

Por su parte, el símbolo de la herencia judía se observa en la Sinagoga de Santa María La Blanca, mientras que la huella musulmana en la Mezquita del Cristo de la Luz, un tesoro del arte califal. El alcázar representa el poder que la Monarquía ejerció a las orillas del Tajo en tiempos de Carlos V, así como los ecos de la triste historia reciente de la Guerra Civil. Estos son solo algunos de los muchos monumentos que esperan al visitante que acude hasta Toledo.

Cáceres

Después de los enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, la paz se vio truncada por las disputas por el trono de Castilla en el siglo XV, pero Cáceres volvió a renacer de nuevo tras la tormenta bélica. Los palacios nobiliarios volvieron a florecer, en gran parte por la fortuna del Nuevo Mundo, de la que la región extremeña se benefició, como tierra de descubridores en que se convirtió.

Vista del casco histórico de Cáceres

La arquitectura italiana que iba asentándose entre los muros de las murallas medievales de Cáceres se intercalaba con monumentos góticos o románicos, así como con la herencia que árabes y romanos dejaron impronta en el patrimonio de la ciudad. Toda esa huella de épocas de la historia fue reconocida precisamente por la UNESCO en 1986, incluyendo su casco histórico en la Lista Patrimonio de la Humanidad.

Salamanca

La Universidad situó a Salamanca en el orbe del renacimiento europeo del siglo XVI. Esta institución de enseñanza, una de las más importantes del Viejo Continente, lleva centrando la vida social y cultural de la ciudad desde hace más de 800 años. Para muchos, Salamanca es la Verona española, y es que hasta una pareja de enamorados forma parte de su historia, como así con Calixto y Melibea, los protagonistas de La Celestina.

Vista de la Catedral nueva de Salamanca desde el puente romano

El casco histórico de Salamanca fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988. Además de la Universidad, que fue elemento clave a la hora de obtener tal distinción, la ciudad tampoco se entendería sin la magia barroca de su Plaza Mayor, el doble encanto de su Catedral vieja y nueva, demostrando en ella la transición de los estilos artísticos europeos desde el románico hasta el mismo barroco, y los ecos de su pasado, que todavía resuenan en el Tormes, otro actor protagonista de la historia salmantina.

Mérida

No hace falta viajar hasta Italia para descubrir los secretos del legendario Imperio Romano. En Mérida, todavía perviven las hazañas de Hispania, al ser esta ciudad una de las más importancias de la provincia romana que se constituyó en la península Ibérica. Sus orígenes se remontan al 25 a. C.,  cuando el emperador Augusto fundó Emérita Augusta, la actual Mérida, que llegaría a ser la capital de la Lusitania.

Teatro Romano de Mérida

En 1993, la UNESCO reconoció la importante herencia romana de Mérida, al incluir su conjunto arqueológico, y por ende la ciudad, en la Lista Patrimonio de la Humanidad. El teatro es su principal emblema, sobre todo porque, todavía hoy, después de más de dos mil años, sigue siendo utilizado con su misma función primitiva y para lo que fue construido, desarrollándose en él cada verano un Festival Internacional de Teatro Clásico.

Cuenca

Posiblemente, los técnicos de la UNESCO vivieron en primera persona lo mismo que les ocurre a muchos turistas que se acercan hasta Cuenca: quedan impresionados con las casas colgadas que sobreviven al paso del tiempo en un saliente rocoso de la hoz del río Huécar. Sin embargo, esta ciudad de Castilla-La Mancha abarca mucho más que este conjunto de curiosas viviendas levantadas entre los siglos XV-XVI.

Panorámica de las casas colgadas de Cuenca

En Cuenca, se construyó la primera catedral gótica de España, que ostenta ese título junto con la de Ávila, aunque la conquense presenta rasgos más marcados procedentes de la vecina Francia. Este monumento, junto con las casas colgadas, ha demostrado cómo se ha adaptado a los nuevos tiempos, destacando sus vidrieras de diseño abstracto, un arte al que se ha consagrado un museo dentro de las citadas casas colgadas. Todo ello, junto con el recinto amurallado, completa la oferta turística más importante de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996.

Alcalá de Henares

En 1998, España gana una nueva inscripción en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, en este caso gracias a la Universidad y recinto histórico de Alcalá de Henares. Esta ciudad situada en la Comunidad de Madrid es la primera ciudad universitaria planificada de todo el mundo, un sueño y realidad conseguida gracias al Cardenal Cisneros, madrileño de Torrelaguna y una de las figuras más importantes en la España de finales del siglo XV y principios del XVI.

Panorámica de la Plaza de Cervantes, en Alcalá de Henares

A pesar de la importancia de la Universidad, no hay que olvidar tampoco que en Alcalá de Henares nació el 29 de septiembre de 1547 el escritor Miguel de Cervantes, artífice de El Quijote, la primera novela moderna de la literatura mundial. Aprovechando la visita, los turistas también se acercan hasta la Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor, obra de estilo gótico y renacentista consagrada a la advocación de estos mártires, los Santos Niños, que nacieron y perecieron en la misma ciudad en el siglo IV.

Ibiza

Cultura y naturaleza se dan la mano en Ibiza, y así queda reflejado también en la Lista Patrimonio Mundial. El 4 de diciembre de 1999, la UNESCO incluyó a la isla en este selecto club bajo la denominación “Eivissa, Biodiversidad y Cultura”. Dentro de los bienes afectados por la distinción, se encuentra el Dalt Vila, es decir, el casco histórico, lo que directamente convierte a Ibiza en una de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España. En este entorno, se aprecia la huella de los diferentes pueblos que han pasado por la isla: fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes y cristianos de la mano de los aragoneses en el siglo XIII.

Panorámica del Dalt Vila de Ibiza, declarado Patrimonio de la Humanidad

Las praderas de posidonia oceánica que rodean a la isla de Ibiza son el factor natural que forma parte de la declaración de la UNESCO, un recurso imprescindible y único en el Mediterráneo. No hay que olvidar tampoco la necrópolis fenicio-púnica de Puig des Molins y el asentamiento fenicio de Sa Caleta, vestigios de los primeros pobladores de todas las islas del archipiélago.

San Cristóbal de la Laguna

En 1999, la UNESCO declaró también Ciudad Patrimonio de la Humanidad a San Cristóbal de la Laguna, situada en la isla canaria de Tenerife. Conocida popularmente como La Laguna, el organismo internacional reconoció con esta distinción la herencia cultural de la que fue la primera ciudad colonial no fortificada de todo el mundo, precedente para las villas y ciudades que comenzarían a ser construidas también en el Nuevo Mundo recién descubierto.

Vista de San Cristóbal de la Laguna. Fuente: Murallas de las Ciudades Patrimonio

San Cristóbal de la Laguna, que hasta el siglo XVIII fue la ciudad más importante y rica de las Canarias, cediéndole después el protagonismo a Santa Cruz de Tenerife, conserva el trazado original de comienzos del siglo XVI, así como sus palacios, casas coloniales, iglesias o conventos, un importante patrimonio artístico e histórico que pervive al paso del tiempo en un destino turístico al que la mayoría acude en busca del sol y la playa.

Tarragona

Hace más de dos mil años, Tarraco era una de las ciudades clave del Imperio Romano. De hecho, llegó a ser la capital de la Hispania Citerior, lo que dotó a la ciudad de una importante arquitectura que ha pervivido en algunos casos al paso del tiempo, contando hoy en día con un imponente patrimonio de la época romana. Anfiteatro, teatro, necrópolis o un acueducto son algunas de las maravillas que contemplan los turistas que pasean por las calles de la que desde el 2000 es la única Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Catalunya.

Restos del anfiteatro romano de Tarragona

Desde Tarraco, se creó Hispania. Fue la primera fundación militar romana fuera de la península Itálica, por lo que se podría decir que en ella se sembró la semilla del Occidente romano. Muchos de los vestigios de esta época fueron utilizados en los siglos venideros, siendo latente también la huella medieval en monumentos como su catedral. Por ello, no es extraño encontrar restos romanos en algún bajo comercial de las calles de Tarragona. Esta es también parte de su magia.

Baeza

En 2003, la UNESCO incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad los “Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza”, siendo las últimas ciudades de España, ambas situadas en Jaén, que han sido galardonadas con esta importante declaración. Tanto uno como otro, tal y como se puede ver en su denominación, sobresalen por la herencia de arte renacentista que se puede apreciar en sus calles.

Puerta de Jaén y Arco de Villalar, en Baeza

Fuentes, torres, iglesias, palacios, conventos y hasta una catedral se dan cita en el casco histórico de Baeza, en la que un solo fin de semana se llega a quedar corto para conocer todos los secretos de sus monumentos, por los que corre la sangre de los artistas del Renacimiento y el estilo plateresco propio de España. Desde la Batalla de las Navas de Tolosa, que se libró a 60 km al norte de Baeza, en Santa Elena, la ciudad se convirtió en una plaza fundamental para la defensa de las fronteras, adquiriendo una riqueza que afloró durante el siglo XVI.

Úbeda

La hermana gemela de Baeza en la declaración de la UNESCO es, como ya hemos adelantado, Úbeda. Lo cierto es que ambas ciudades forman parte de un mismo viaje en la mayoría de los casos, aunque no se hacen sombra entre ellas. Úbeda también cuenta con un rico patrimonio renacentista, un nutrido grupo de monumentos civiles y religiosos que dejan igualmente boquiabiertos a los turistas, completando su experiencia con la rica gastronomía que se puede degustar en sus restaurantes.

Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, en Úbeda. Fuente: Itinari

Los turistas que realicen en algún momento una ruta por las 15 Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, además de quedarse fascinados con todo el tesoro patrimonial que ofrecen, también comprobarán  la riqueza y diversidad cultural y natural de nuestro país. Pocos lugares hay en el mundo que ofrezcan tanto en un único espacio, en el que tantas civilizaciones hayan dejado su huella inmortal, donde la naturaleza sea tan cambiante en un punto u otro, y donde las tradiciones sean dispares y únicas allá donde se vaya. Sin duda, visitar Toledo, Cuenca, Segovia, Ávila, Salamanca, Santiago de Compostela, Tarragona, San Cristóbal de la Laguna, Ibiza, Úbeda, Baeza, Córdoba, Alcalá de Henares, Cáceres y Mérida te hará sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

Las iglesias más antiguas de Málaga, herencia de los Reyes Católicos en la ciudad

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón obtuvieron el título de Reyes Católicos, para ellos y sus sucesores, mediante la bula Si convenit, otorgada por el Papa Alejandro VI el 19 de diciembre de 1496. Una de las causas que argumentó el papado para conceder esta distinción a los soberanos de Las Españas fue la finalización de la denominada Reconquista, gracias a la recuperación del Reinado de Granada en 1492, último reducto musulmán en la península Ibérica y en Europa. La Guerra de Granada fue una de las empresas más trascendentales del reinado de los reyes de Castilla y Aragón, además de uno de los conflictos más largos y cruentos a los que se enfrentaron, ya que se extendió durante una década.

La toma de Málaga

El sitio a la ciudad de Málaga comenzó el 7 de mayo de 1487 y finalizó el 18 de agosto de ese mismo año. Con la anexión de la ciudad a la Corona de Castilla, se puso fin a uno de los episodios más fundamentales de la Guerra de Granada. Dos días después, el 20 de agosto de 1487, los obispos de Ávila, Badajoz y León entraron en procesión en la ciudad y se dirigieron a la mezquita mayor, consagrándola a la advocación de Santa María de la Encarnación. Este fue el primer paso para la cristianización de Málaga.

Retrato de los Reyes Católicos

La refundación de la ciudad consistió en la creación de una diócesis independiente de la de Sevilla, poniéndose al frente a Pedro Díaz de Toledo, quien había acompañado personalmente a los Reyes Católicos en la conquista de Málaga, asistiendo a los heridos en el cerco. De hecho, fue el encargado de portar la Cruz en la entrada triunfal de los monarcas en la plaza tras su toma, colocándola en la parte alta de la Alcazaba. Como obispo de la nueva Málaga cristiana, remodeló la medina musulmana en cuatro parroquias: Sagrario, Mártires, San Juan y Santiago.

La fundación de estas cuatro iglesias en Málaga se pudo llevar a cabo gracias a la bula Ad illam fidei constantiam que Inocencio VIII concedió a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón el 4 de agosto de 1986. Gracias a esta concesión del papado, los monarcas podían fundar iglesias por el territorio reconquistado. Málaga fue la primera plaza en la que se aplicó esta licencia y las cuatro iglesias que fundaron los Reyes Católicos no solo mantiene este privilegio todavía hoy, sino también el de ser las más antiguas de la ciudad.

Iglesia del Sagrario

Dos días después de producirse la toma de Málaga, se llevó a cabo la consagración de la principal mezquita de la ciudad. Con ello, se ponía fin a más de siete siglos de historia árabe, abriendo un nuevo capítulo en el que la media luna tornó en cruz cristiana. La advocación de Santa María de la Encarnación fue la elegida para la nueva Iglesia Mayor malagueña, la primitiva catedral que tuvo la nueva urbe de dominio castellano.

Portada del Perdón o el Sagrario de la Catedral de Málaga. Fuente: Manuel Pérez

Con el objetivo de dotarle de una apariencia más cristiana, a la vieja mezquita se le añadieron elementos propios del gótico isabelino, como la portada de acceso, la actual Puerta del Perdón de la catedral que podemos contemplar a día de hoy y que forma parte de la Iglesia del Sagrario, la cual está anexa al propio templo. Se construyó en 1498 y en 1514 se llevó a cabo su decoración. Por aquel entonces, la idea de edificar una catedral completamente nueva ya estaba en marcha, por lo que años más tarde, concretamente en 1528, comenzaron las obras de la nueva sede catedralicia en estilo renacentista gracias al empuje del Emperador Carlos V. Como recuerdo de aquella primitiva catedral y de las primeras huellas cristianas en la Málaga reconquistada pervive esta portada gótica.

Iglesia de Santiago

La Iglesia de Santiago Apóstol se construyó junto a la Puerta de Granada, teniendo su advocación y ubicación una gran carga simbólica. Por un lado, el templo fue dedicado al Patrón de España, que en aquella época representaba la victoria de los cristianos sobre el Islam. Por otra parte, la localización era junto al mismo acceso por el que entraron los Reyes Católicos a la recién conquistada Málaga.

Fachada y campanario de la Iglesia de Santiago de Málaga. Fuente: 101viajes.com

La Iglesia de Santiago es la más antigua de Málaga, sin tener en cuenta la propia consagración de la mezquita en catedral o iglesia mayor, ya que fue fundada el 25 de julio de 1490. Los estilos gótico y mudéjar se dan la mano en este templo, destacando la torre campanario con paños de sebka o la portada de acceso. En su interior, destacan valiosas piezas de la imaginería religiosa, además de Jesús El Rico y la Virgen del Amor, protagonistas de la Semana Santa malagueña que levantan las pasiones de sus ciudadanos cada año. Como curiosidad, en la Iglesia de Santiago fue bautizado Pablo Ruiz Picasso en 1881.

Iglesia de San Juan Bautista

Actualmente, y aproximadamente desde el siglo XVIII, esta iglesia está dedicada a San Juan Bautista, aunque todo apunta a que en el momento de su fundación estuvo bajo la advocación de San Juan Evangelista, del que la reina Isabel La Católica era sumamente devota. Declarada Bien de Interés Cultural, este templo fue diseñado en estilo mudéjar y gótico, estando situado en los arrabales de la ciudad musulmana. Su torre campanario es el elemento más destacado de su arquitectura, aunque no es la primitiva, finalizada en 1543. Un terremoto acaecido en 1680 la derribó, levantándose la actual, que sirve de portada de acceso también.

Detalle del campanario de la Iglesia de San Juan. Fuente: Wikimedia

En la Iglesia de San Juan Bautista se da culto al Cristo de la Vera Cruz, una talla del siglo XVI que sufrió grandes destrozos durante la Guerra Civil, aunque fue reconstruida. La cofradía que le da culto es una de las más antiguas de Málaga, ya que se fundó en 1505. También en este templo radican actualmente también las imágenes de la Cofradía de Ánimas de Ciegos, otra de las más longevas de la ciudad y cuyos orígenes radican en los tiempos postreros a la conquista de los Reyes Católicos.

Iglesia de Los Mártires

Los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se encomendaron a San Ciriaco y Santa Paula, los Santos Mártires malagueños que sufrieron los avatares de la persecución de los romanos en el año 303, para recuperar la ciudad. Según algunas fuentes, prometieron que si conquistaban la ciudad fundarían una parroquia en su honor, como así acabaron haciendo. No obstante, lo que buscaban verdaderamente los monarcas era recuperar el pasado cristiano de Málaga, potenciando dos devociones propias de la nueva urbe de Castilla propias del período anterior a la conquista árabe, considerando así que esta fue una invasión de un pueblo extranjero.

Iglesia de Los Mártires. Fuente: SUR

La Iglesia de los Santos Mártires, como hemos dicho, está dedicada a la advocación de San Ciriaco y Santa Paula, patronos de la ciudad. El templo primitivo era de estilo gótico, pero un terremoto acaecido en 1884 deterioró la fábrica original, que se vio todavía más perjudicada en la Guerra Civil. La restauración de 1945 siguió las trazas del rococó, y la historia de la parroquia todavía se percibe en su interior y exterior.

La visita a estas cuatro iglesias de Málaga supone regresar al pasado de la ciudad, cuando fue incorporada a la Corona de Castilla el 18 de agosto de 1487, invirtiendo la media luna musulmana en cruz latina cristiana. Quienes se adentran en sus interiores, después de haber contemplado la arquitectura exterior, se sienten unos verdaderos #turistaenmipaís, descubriendo los secretos que aguardan y susurran sus muros, comenzando por el origen de sus advocaciones, demostrando que todo tiene un por qué.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DÍAZ CABIALE, L. M., DE ANDRÉS DÍAZ, J. R. (2018). Influencia de las cuatro iglesias fundacionales en la trama urbana de Málaga. Arte y Ciudad: Revista de Investigación (13), pp. 117-142. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6794156.pdf

El Monasterio de El Escorial, el sueño Patrimonio de la Humanidad de Felipe II

Enclavado en la Sierra de Guadarrama, un gigante de granito y pizarra permanece impasible al transcurso del tiempo. Un proyecto faraónico que, sin ser auspiciado por un monarca del antiguo Egipto, estuvo a la altura de la grandeza arquitectónica de aquellos, debiéndose en este caso a uno de los grandes reyes que han tenido Las Españas y cuya leyenda negra ha sido motivada en gran medida por los celos y envidias que causó entre sus contemporáneos, al emprender empresas tan sublimes como la construcción del Monasterio de El Escorial. Hablamos de Felipe II, que levantó un monumento consagrado no solo a Dios, sino también a las artes, la sabiduría, el conocimiento, el progreso y, por supuesto, a la propia Monarquía. El resultado fue un complejo colosal que, a día de hoy, sigue siendo admirado mundialmente, causando la misma fascinación que el primer día.

Consagrado a la advocación de San Lorenzo, en este monasterio situado en la sierra norte de Madrid nada ocurre ni está por casualidad. Felipe II ha pasado a la historia como el Rey Prudente, y esa misma prudencia es la que llevó a los diferentes arquitectos que se encargaron de dirigir este proyecto a escoger minuciosamente cada uno de los detalles que van narrando su historia y arquitectura. En definitiva, se consiguió dar forma a una de las joyas del arte más destacadas del Renacimiento europeo, el gran ejemplo del estilo herreriano propio de España que el 2 de noviembre de 1984 fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo considerado por muchos como la Octava Maravilla del Mundo.

Por qué Felipe II construyó El Escorial

El 10 de agosto de 1557, se libró en la ciudad francesa de San Quintín una de las grandes victorias del recién estrenado reinado de Felipe II, que había comenzado el 16 de enero de 1556 tras la abdicación de su padre, el Emperador Carlos V. Este enfrentamiento entre españoles y franceses, estando los primeros apoyados por flamencos e ingleses, reuniendo a un total de 60.000 soldados, 17.000 jinetes y 80 piezas de artillería, fue el motivo por el que precisamente el nuevo monarca de Las Españas se ganó su fama de prudente.

Felipe II retratado por Sofonisba Anguissola. Fuente: Museo Nacional del Prado

La batalla que confirmó el poderío y la hegemonía española en Europa se libró el día de San Lorenzo Mártir, la advocación del monasterio construido por Felipe II en la Sierra de Guadarrama. ¿Casualidad? Lo cierto es que no. El rey, desde muy niño, sintió especial devoción por este santo de origen español, por lo que atribuyó la victoria sobre los franceses a la intercesión del mismo Dios a través de San Lorenzo, queriendo agradecérselo de algún modo, y nada mejor que consagrarle uno de los mayores templos de la Cristiandad.

Al hecho anterior hay que sumar el del fallecimiento del Emperador Carlos V, acaecido el 21 de septiembre de 1558 en su palacio de Yuste, donde se había retirado tras la abdicación de sus reinos y señoríos. El codicilo de su testamento, fechado a 9 de septiembre del mismo año, días antes de su muerte, cambió sus planes de enterramiento: no ser sepultado en la Capilla Real de Granada, sino construir un nuevo edificio en el que permanecer junto a su esposa, la Emperatriz Isabel de Portugal. El motivo era que su huella imperial no se viera ensombrecida por la de sus abuelos, los Reyes Católicos.

Cenotafios reales de Carlos V y parte de su familia en la Basílica de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

Historia del Monasterio de El Escorial

Como hemos visto, la conmemoración de la Batalla de San Quintín y la construcción de un templo en el que Carlos V tuviera una sepultura digna del Emperador que fue fueron los motivos que llevaron a Felipe II a construir el Monasterio de San Lorenzo el Real, en El Escorial. De hecho, esto fue ratificado por el propio monarca en la carta fundacional del cenobio, dada el 22 de abril de 1567, cuatro años después del inicio de las obras, que comenzaron con la colocación de la primera piedra el día de San Jorge de 1563.

Panorámica del Monasterio de El Escorial. Fuente: Turismo Madrid

La ubicación decidida por el Rey para levantar el monasterio siempre ha sido uno de los grandes enigmas que han rodeado su historia. Felipe II había trasladado la Corte de Las Españas a Madrid en 1561, lo que sin duda motivó la localización, dada la cercanía. Entre otros lugares, también se barajó el Monasterio de San Jerónimo de Guisando, en Ávila, que había sufrido un incendio, pudiendo reconstruirse y convertirse en el ambicioso complejo con el que soñaba el monarca. En este cenobio, Felipe II disfrutaba de la Semana Santa, pero le resultaba que estaba demasiado lejos de la capital. La pureza del aire de la Sierra de Guadarrama fue otro de los motivos que seguramente también ganarían al Rey Prudente.

Felipe II encomendó a Juan Bautista de Toledo la tarea de trazar el diseño del nuevo monasterio. Este arquitecto, que formaba parte del círculo cercano del Rey Prudente, para quien hizo otras obras, como en el Palacio de Aranjuez, había trabajado junto al genio Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro, en Roma, aplicando muchos de los conocimientos allí aprendidos a este portentoso proyecto que, sin duda, llegó a hacer sombra a la misma sede de la Iglesia Católica. Sin embargo, a la muerte de Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera le sucedió, entre otros más que participaron, quien dejó su huella e hizo posible que El Escorial se convirtiera en el gran ejemplo del estilo herreriano. El aprendiz hizo sombra al maestro, e introdujo cambios como la habilitación de la biblioteca o la reducción del número de torres.

Fachada y portada de acceso al Monasterio de El Escorial

El resultado del monasterio refleja la personalidad austera de Felipe II, algo que se aprecia perfectamente en la portada de acceso a todo el complejo, presidida por la imagen de San Lorenzo, con una parrilla en la mano que simboliza su martirio. De hecho, normalmente se dice que la propia planta del recinto está inspirada en este símbolo, haciendo alusión al mártir al que se dedica y consagra el monasterio, pero es una de las muchas leyendas que rodean a El Escorial. Unas modificaciones de Juan de Herrera motivaron la forma final de las trazas, y los viajeros románticos del siglo XIX hicieron el resto.

Panorámica del Monasterio de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

Aunque siempre se dice “parece la obra de El Escorial” para referirse a unas reformas u obras que duran demasiado, lo cierto es que el monasterio que mandó edificar Felipe II se concluyó en dos décadas. Ha habido otros monumentos que han tardado mucho más en construirse, aunque no lo aparente. Por ejemplo, la Catedral de la Almudena, en Madrid, tardó un siglo en ser levantada, o ahí está la Sagrada Familia, en Barcelona, aún inconclusa. Finalmente, el 13 de septiembre de 1584, se dan por finalizadas oficialmente las obras del monasterio, y dos años más tarde se concluirían por completo con los remates de la Real Basílica.

Qué ver en El Escorial

El recinto del Monasterio de El Escorial cuenta con 33.000 metros cuadrados y cumple varias funciones; además de cenobio, es panteón real, basílica, palacio, biblioteca y colegio. El gran sueño de Felipe II fue “elevar un palacio para Dios y una choza para el Rey”. El Rey Prudente, alrededor de este imponente complejo, consiguió configurar un verdadero Real Sitio, siendo sus sucesores los que terminaron de darle al lugar la forma que vemos hoy en día.

Fachada de la Real Basílica de El Escorial, finalizada en 1586

El Escorial se convirtió en el retiro de la Corte durante los meses de otoño, desde su fundación hasta el siglo XIX, siendo Fernando VII, que había nacido aquí, el último monarca español que residió en el palacio del monasterio. Actualmente, los turistas, junto a los monjes agustinos que sustituyeron a los primitivos de la Orden Jerónima de la que la Monarquía castellana era tan afín, son los que pasean por sus diversas estancias, como algunas de las que vamos a descubrir a continuación y que no debes perderte cuando vayas a visitarlo.

Basílica

Una fachada coronada por las estatuas de los reyes Josafat, Ezequías, David, Salomón, Josías y Manasés, todos ellos monarcas de Judá, da la bienvenida a la basílica del monasterio. Se dice que “seis reyes y un santo salieron de este canto, y aun sobró para otro tanto”, refiriéndose a que de un mismo berrueco se tallaron estas seis efigies junto al San Lorenzo que preside la portada de acceso al monasterio. Una vez dentro, los turistas se sobrecogen con el ambiente tan austero y sobrio, propio del estilo herreriano, desprendiendo a arquitectura y decoración una profunda religiosidad.

Detalle del retablo mayor de El Escorial y los cenotafios de Felipe II y su familia. Fuente: Wikimedia

De los 44 altares que se pueden contemplar en la basílica, sobresale el de la Capilla Mayor. Fue diseñado por el propio Juan de Herrera y alcanza los 30 metros de altura. El mármol se entremezcla con las pinturas del retablo ejecutadas por Pellegrino Tibaldi y Federico Zuccaro. A ambos lados, se pueden observar los cenotafios reales de Pompeo Leoni. A la izquierda, Carlos V e Isabel de Portugal se ven acompañados de su hija María y de las infantas Leonor y María, hermanas del Emperador y reinas de Francia y Hungría, respectivamente. En el lado derecho, Felipe II aparece junto a tres de sus cuatro esposas, siendo estas las reinas Ana de Austria, Isabel de Valois y María Manuela de Portugal, y su primer hijo, el príncipe Carlos. Todos ellos se encuentran enterrados en las criptas, a excepción de la infanta María, hija de Carlos V, que reposa en las Descalzas Reales, en Madrid.

Panteón de Reyes e Infantes

Popularmente se dice que la realeza española nace donde quiere, vive, si puede, en Madrid, pero siempre termina en El Escorial antes de subir al cielo. Como ya hemos comentado, una de las principales causas fundacionales del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue construir un panteón con el que dar sepultura a la familia de Felipe II, al propio Rey y que fuera utilizado también por sus sucesores. Sin embargo, no es el mismo que Juan de Herrera y el fundador del complejo vieron, ya que, para seguir la voluntad de Carlos V, este tenía que estar situado justo debajo del altar mayor. No obstante, Felipe III utilizó una capilla que el propio Herrera había acondicionado en forma circular y abovedada para dotar al monasterio del actual Panteón de Reyes, diseñado en estilo barroco y concluido durante el reinado de Felipe IV.

Panteón de Reyes de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

El Panteón de Reyes es el espacio más sobrecogedor de todo el monasterio de El Escorial, además de ser el que más interés suscita. 26 sarcófagos de mármol contienen los restos de los Reyes de España, desde Carlos V hasta el Juan de Borbón, Conde de Barcelona, acompañados de sus respectivas reinas y consortes, pero únicamente las y los que hayan dado heredero al trono. Sin embargo, en la muerte, al igual que en la vida, hay excepciones. Felipe V y la reina Isabel de Farnesio están enterrados en La Granja de San Ildefonso, Fernando VI y Bárbara de Braganza en las Salesas Reales y la reina Isabel de Francia, esposa de Felipe IV, reposa en el Panteón de Reyes a pesar de no ser madre de rey, pero, gracias a ella y su hija María Teresa, se perpetuó la Monarquía española en el seno de los Borbones.

Cámara sepulcral del Panteón de Infantes. Fuente: Wikimedia

Por su parte, el Panteón de Infantes tampoco es el primitivo. Durante el reinado de Isabel II, se diseñó el espacio actual, en estilo neoclásico y ecléctico, a fin de ordenar las sepulturas originales en las 133 tumbas que se proyectaron para los cuerpos ya existentes y los venideros. Destacan algunos mausoleos como el de Juan de Austria, hijo extramatrimonial de Carlos V y conocido como el Héroe de Lepanto, o la popularmente conocida como “tarta”, la sexta cámara sepulcral en forma de rotonda ochavada y destinada para el entierro de niños.

Como curiosidad de ambos espacios, la infinita escalera que conduce al Panteón de Reyes atraviesa una pequeña puerta a mano derecha. Detrás de ella se encuentra situado el pudridero, el lugar en el que los cadáveres reales permanecen hasta ser solo restos óseos y pueden colocarse en su sepulcro final. Sin duda, el panteón de El Escorial daría para mucho y es una joya de arte funerario única en el mundo.

Palacio de Austrias y Borbones

Felipe II, siguiendo la tradición de los monarcas que le precedieron, gustaba de retirarse a monasterios en determinadas épocas del año. Por ello, decidió construir unos aposentos para la Familia Real dentro de El Escorial. El denominado Palacio de Los Austrias se ubica en lo que sería el mango de la parrilla de la planta del complejo, en torno a la cabecera de la basílica principalmente. La idea de localizarlo aquí la recogió del palacio que su padre, Carlos V, se construyó en Yuste: desde su alcoba podía seguir la misa desde la cama.

Cámara del Rey en el Palacio de los Austrias. Fuente: Patrimonio Nacional

Además de los cuartos reales, la Sala de las Batallas es una de las que más fascinan a los visitantes. 10 metros de ancho y 55 de largo dan forma a esta galería que no se conoció como tal hasta el siglo XVIII, siendo muy discutidos los usos que tuvo con anterioridad. Los frescos que decoran sus paredes conmemoran algunas de las victorias militares más importantes del reinado de Felipe II, como la propia Batalla de San Quintín que motivó la construcción de El Escorial, pero también sobresale la de la Batalla de la Higueruela, que tuvo lugar en 1431 entre las tropas de Juan II de Castilla, padre de la bisabuela del Rey Prudente, Isabel La Católica, y los musulmanes, siendo una de las grandes victorias de los cristianos.

Sala de las Batallas en el palacio de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

La sobriedad y austeridad del Palacio de los Austrias contrasta con la magnificencia de los aposentos de los Borbones, cuya decoración afrancesada es del reinado de Carlos III. Sobresalen tapices diseñados por Goya y Bayeu, además del rico mobiliario de los diversos salones que se visitan. Fernando VII fue el último rey de España en residir en estos aposentos, en los cuales nació el 14 de octubre de 1784, y, por ende, en el propio monasterio.

Biblioteca

Conocida como la Escurialense o la Laurentina, Felipe II consiguió otro de sus sueños con la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El Rey Prudente tenía en mente desde 1565 la creación de una institución en la que aglutinar grandes obras científicas o literarias, así como guardar allí los libros que tanto gustaba de coleccionar. Su círculo más cercano le propuso ciudades como Valladolid o Salamanca para establecerla, pero se decantó finalmente por el monasterio de la Sierra de Guadarrama, como así consta en la carta fundacional. El monarca adquirió las bibliotecas de numerosos nobles, destacando también el traslado de volúmenes de la Capilla Real de Granada, como el Libro de Horas de la reina Isabel La Católica, su bisabuela.

Sala Principal de la Real Biblioteca de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

La Sala Principal de la Real Biblioteca de El Escorial sobresale por su exquisita decoración. Los frescos que decoran esta estancia del monasterio llegan a hacer sombra a los de la propia Capilla Sixtina, dejando boquiabiertos a los visitantes. En ellos se representa a las siete artes liberales: Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Música, Geometría y Astrología. Todas ellas representan los géneros de los libros y volúmenes de sus estanterías, donde no solo se dan cabida textos en latín o castellano, también hay obras hebreas, árabes, portugueses, persas, chinas o dos códices armenios.

El Monasterio de El Escorial es un templo al Renacimiento y el humanismo, valores y principios que se dan la mano y entremezclan con el aura esotérico que siempre ha rodeado también al gran sueño de Felipe II y al propio monarca. Nadie se resiste al gran gigante de piedra que se abre paso en el Monte Abantos y la Sierra de Guadarrama, y todos los que se dejan ver por sus estancias se sientes como reyes, pero también unos auténticos #turistaenmipaís. La historia de este monasterio aún se sigue escribiendo, y también quedan aún muchas cosas que contar de él. La Octava Maravilla del Mundo es eterna.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

RODRÍGUEZ DÍEZ, J. (2014). Epitafios del Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial y sus fuentes bíblicas. En Campos, F. J., Fernández de Sevilla (coord.), El mundo de los difuntos: culto, cofradías y tradiciones, pp. 825-856. San Lorenzo de El Escorial: Ediciones Escurialenses. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5044087.pdf

SIGÜENZA, Fray José de (2010). La Fundación del Monasterio de El Escorial. Valencia: CMC Editor

Brihuega, San Felices y Tiedra: tres destinos en España para disfrutar de la lavanda

La vista no es el único sentido necesario para disfrutar de un destino turístico. El olfato también es fundamental, especialmente cuando se visita un entorno natural, y la desventaja respecto al primero es que es más complicado llevárselo de recuerdo a casa, como así se hace con una panorámica de ese mismo paisaje tomada con una cámara de fotos. Por ello, es vital recrearse con todas esas sensaciones en el mismo lugar en que se desarrollan, cerrando los ojos para sacarle el máximo partido a todo ese conjunto de emociones. Brihuega, San Felices y Tiedra son tres lugares en los que, con su olor a lavanda impregnando cada rincón, se puede experimentar todo ello, y no es ninguna exageración.

Festival de la Lavanda en Brihuega. Fuente: Turismo Brihuega

A pesar de que muchos viajeros se acercan hasta Provenza y la Costa Azul francesa para realizar la ruta de la lavanda, un espectáculo natural único en Europa, no hace falta irse tan lejos para contemplar su floración. En España, también contamos con varios lugares en los que es posible pasear entre estos campos de tonos violetas y azules, perfumando durante los meses de julio todo el entorno en el que se encuentran con la explosión de primavera que se vive en pleno verano gracias a sus flores. Perfumes, cremas, geles o jabones son, en muchos casos, el resultado de la lavanda o espliego, pero antes de su cosecha pocos se resisten a contemplar el paisaje que florece en Brihuega, San Felices o Tiedra.

Brihuega, jardín de la Alcarria

Alrededor de 1.000 hectáreas de campos de lavanda rodean Brihuega, una localidad situada en la Alcarria de Guadalajara que dista de poco más de 45 minutos desde Madrid. Hasta este punto de la submeseta sur peregrinan cada mes de julio cientos de turistas que quieren sentir en primera persona el festival de este perfume. Al llegar, una de las primeras preguntas que se hacen todos es por qué hay una plantación de espliego tan espectacular en Castilla-La Mancha.

Campos de lavanda de Brihuega. Fuente: Juan G. Gómez – Turismo Brihuega

Hace 30 años, Andrés Corral, un agricultor que tuvo el privilegio de viajar hasta la Provenza francesa y contemplar los campos de lavanda de nuestro país, se percató que su pueblo, Brihuega, también tenía las condiciones para acoger plantaciones de este tipo. En aquellos años, esta localidad de Guadalajara que un día fue sede de la Real Fábrica de Paños y hogar de de agricultores y ganaderos sufría el éxodo rural, pero la iniciativa de Andrés les salvó.

Iglesia de San Felipe Neri de Brihuega. Fuente: Juan G. Gómez – Turismo Brihuega

La planta destiladora de la esencia de lavanda que se construyó es hoy en día una de las más importantes del mundo, sacando adelante el 10% de la producción mundial necesaria para hacer, por ejemplo, perfumes, y cuenta con más de 200 agricultores, dando trabajo a toda la comarca. De hecho, cada mes de julio se celebra un festival en torno a la lavanda, que también se ha convertido en un recurso turístico para un pueblo cuyo casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural, destacando tres iglesias del siglo XIII y la Real Fábrica de Paños, ejemplo de la arquitectura industrial del XVIII.

Tiedra, entre trigo y lavanda

La provincia de Valladolid es conocida por sus viñedos, que dan por fruto los maravillosos vinos blanco verdejo de Rueda, los tintos de la Ribera de Duero o los claretes de Cigales. Sin embargo, en las llanuras castellanas también despunta el color de la lavanda, concretamente en Tiedra. Se trata de uno de los pueblos más desconocidos de la región, pero que durante el mes de julio se llena de turistas que quieren pasear entre los campos de espliego situados entre la carretera que une esta localidad y la cercana San Cebrián de Mazote.

Campos de lavanda en Tiedra durante su floración

En Tiedra se encuentra el único centro de interpretación de la lavanda de toda España. En él se pueden comprar algunos productos elaborados tras las cosechas anuales, pero antes de la recogida los visitantes se trasladan hasta estos campos vallisoletanos como si se fueran hasta la misma Provenza francesa. Los colores contrastan con los tonos dorados del centeno o el trigo, líderes entre los cultivos de la región, como buena zona de secano que es.

Vista del castillo de Tiedra desde sus campos de lavanda

Aprovechando la escapada, hay que reservar tiempo también para adentrarse en el interior de la villa. Tiedra está dominada por un castillo del siglo XI, en torno al cual fue creciendo la población que durante décadas sirvió de moneda de cambio de los reyes y gobernantes de la histórica Castilla. Desde su torre del homenaje, a la que se puede subir pagando 2€, siendo una experiencia que merece realmente la pena, se contemplan los campos de secano de la comarca o los campanarios de sus iglesias.

San Felices, la Provenza soriana

Los amantes de los paisajes de lavanda peregrinan también a la provincia de Soria, encontrando refugio en San Felices. Su simpático nombre ya anima de por sí a visitar este rincón de la comarca del Moncayo, pero los campos violetas y morados, mezclados con el azul de su cielo, se han convertido en su principal recurso turístico. La pequeña Provenza soriana, como así se conoce en la zona, hace la competencia a Tiedra y Brihuega, pero en San Felices también son famosos por la trufa, un exquisito condimento para la gastronomía local.

La lavanda se ha convertido en un cultivo más de San Felices

La visita a los campos de lavanda de Tiedra, Brihuega o San Felices demuestra nuevamente la riqueza natural que tiene España y que tanto gusta a los visitantes extranjeros que nos visitan. Sin embargo, y tal y como hemos visto, no hace falta que los españoles se desplacen hasta la Provenza francesa ni la Costa Azul para contemplar la floración del espliego, sino que en nuestro país también tenemos destinos en los que es posible vivir el espectáculo del perfume de la lavanda y que nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

La historia de Cayetana, la XIII Duquesa de Alba que Goya convirtió en eterna

Cercana al pueblo, seguidora de las fiestas populares y alejada del protocolo afrancesado de la Corte de finales del XVIII. Así es la imagen que transmiten las crónicas de la época de una de las mujeres más legendarias de la historia de España. María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, más conocida simplemente como María Teresa o Cayetana, fue la XIII Duquesa de Alba de Tormes por derecho propio, además de contar con otros cincuenta y cinco títulos nobiliarios más, algunos de ellos con dignidad de Grandeza de España. Aunque son muchos los que puede que no la reconozcan, basta con nombrar a Francisco de Goya para saber de quién hablamos.

El gran artista de la pintura española retrató en varias ocasiones a esta noble, siendo muchos los rumores que siempre han apuntado a un romance entre ambos. Este hecho, junto con el controvertido estilo de vida de la Duquesa, su enfrentamiento con la reina María Luisa de Parma o su sorprendente y revelador testamento, han marcado la leyenda de Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, la Cayetana a la que tanto admiró siempre su homónima de los siglos XX-XXI, quien se encargó personalmente de darle el lugar que le correspondía en la historia de esta familia nobiliaria cuyo árbol genealógico siempre ha crecido al abrigo de la evolución de España.

Cayetana, XIII Duquesa de Alba

Nacida en Madrid en 1762, la infancia de Cayetana estuvo marcada por la repentina muerte de su padre, el Duque de Huéscar, lo que la convirtió en la heredera directa del Ducado de Alba de Tormes, en manos de su abuelo, cuando contaba solamente ocho años. Cinco años más tarde, un 15 de enero de 1775, cuando se cumplían 20 años del fallecimiento de la primera titular femenina de la historia del Ducado de Alba, María Teresa Álvarez de Toledo y Haro, tuvo que apartarse de sus muñecas para convertirse rápidamente en una mujer casada, ya que ese mismo día contrajo matrimonio con su primo, José Álvarez de Toledo, XV Duque de Medina Sidonia, uniendo así las dos casas nobiliarias más importantes de la Corte española desde finales de la Edad Media. La Iglesia de San Luis Obispo, hoy desaparecida y que se encontraba en la Calle Montera, fue el escenario de aquella unión que no tuvo frutos, un hecho que marcaría el devenir de los Alba a la muerte de la titular.

José Álvarez de Toledo, Duque consorte de Alba. Fuente: Museo Nacional del Prado

En 1776, Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII Duque de Alba, fallece en Madrid, lo que directamente conllevó que Cayetana se convirtiera en la nueva Duquesa por derecho propio con tan solo catorce años. Cabe destacar que su marido, aunque consorte, hizo uso del título de Duque de Alba para presentarse ante la sociedad, al ser esta distinción superior a las suyas propias. Se trataba de un hombre muy tranquilo y sosegado, que destacaba por su educación y cultura, formando parte del círculo personal de Carlos IV, además de pertenecer a la Real Academia de San Fernando por su gusto por el arte.

Una Duquesa envidiada por la misma Reina

La XIII Duquesa de Alba sobresalía entre la aristocracia del momento no solo por su juventud, sino también por su belleza, refinamiento y el exquisito gusto con el que vestía. Todo ello despertó los celos y la envidia de la Gran Dama española, es decir, María Luis de Parma, consorte de Carlos IV. En una ocasión, la Reina reprendió en una recepción a la misma Duquesa por la sencillez con la que vestía, a lo que parece que la aristócrata respondió con lo que hoy en día diríamos un buen zasca aludiendo a la Guerra del Rosellón de 1793-1795 entre Francia y España y al deber de los españoles de controlar los excesos como consecuencia del conflicto. No hay que olvidar tampoco la anécdota popular de que Cayetana llegó a vestir en una ocasión a sus sirvientas con un modelo de vestido que la Reina había encargado a los modistos parisinos, por el simple hecho de ridiculizarla.

María Luisa de Parma, en 1765. Fuente: Museo Nacional del Prado

Los enfrentamientos entre ambas mujeres forman parte también de la España de finales del siglo XVIII y traspasaron lo cotidiano para adentrarse en las propias alcobas. Son muy sonoros sus romances, ya que ambas llegaron a rivalizar por el corazón de algún que otro varón de la Corte. Juan de Pignatelli, hijo del segundo marido de la madre de la Duquesa, parece que mantenía una relación con la Reina, pero pretendía también a Cayetana. Para despertar su interés, obsequia a la aristócrata con una caja de oro y brillantes que la mismísima María Luisa de Parma le había regalado a él, lo que molestó a la consorte de Carlos IV.

Cayetana, Godoy y la Reina

Manuel Godoy es otro de los nombres que forman parte de la biografía y la leyenda de la XIII Duquesa de Alba. Si por algo se caracterizó la aristócrata es por su aborrecimiento al sentir afrancesado que se había impuesto en la Corte de Carlos IV, quien había accedido al trono en 1788, poco antes del inicio de la Revolución Francesa que puso en jaque a la Monarquía gala, que apuntaba ser eterna. El monarca delegó los asuntos de gobierno en manos de su valido, el mencionado Godoy, que algunos señalan como amante de la misma Reina, lo que explicaría el importante poder que acumuló en España y su rápido ascenso.

La rivalidad entre la consorte de Carlos IV y la Duquesa de Alba parece que también se extendió a acaparar la atención de Godoy, que pudo llegar a tener relaciones con la misma Duquesa. Sin embargo, entre contar con el favor de la Reina o con el de la noble, y siendo él quien era, se debió de quedar con María Luisa de Parma. A ello hay que sumar un aspecto que sí que está más que probado. La influencia que ejercía el valido del rey sobre la Corona no era algo que precisamente gustase a la aristocracia del momento, que intentó acabar con el que llegó a ser nombrado Príncipe de la Paz.

Vista del Palacio de Buenavista (Madrid). Fuente: Sociedad Geográfica Española

Cayetana, titular de uno de los ducados más importantes de España, no fue ajena a estas maquinaciones, por lo que también participó en la campaña contra el valido del rey. Es por ello que, a la muerte de la noble, la sombra del crimen de Estado le persiguió. Han sido muchos los que han apuntado desde el 23 de julio de 1802 en que falleció en el Palacio de Buenavista que el envenenamiento fue la causa de su repentino deceso. Sin embargo, la exhumación de su cadáver en la década de los años 40 del pasado siglo permitió confirmar que murió de una meningitis, poniendo fin a esta truculenta leyenda.

A pesar de todo, el odio de Godoy contra los Alba no finalizó con la muerte de la XIII Duquesa, sino que, incluso, se puede decir que se agravó. El ministro y valido de Carlos IV incautó parte de los bienes de la Casa, destacando el propio Palacio de Buenavista, la residencia de la familia en Madrid y en la que había fallecido Cayetana. Del mismo modo, Carlos IV se hizo con el Palacete de la Moncloa, también propiedad de los Alba, con la finalidad de ampliar el Real Sitio de la Florida, convirtiéndose entonces en Real Sitio de la Moncloa. Es el antecedente del actual inmueble que sirve de sede y residencia del Presidente del Gobierno, al destruirse el original en la Guerra Civil. Del mismo modo, Godoy les expropió obras de arte como la Venus del Espejo, de Velázquez, actualmente en la National Gallery de Londres.

La Duquesa de Goya

No cabe duda que Cayetana rompía los estereotipos propios de la nobleza del momento, lo que se tradujo, sin embargo, en la enemistad con sus contemporáneos, entre ellos la Reina, provocando que haya pasado a la historia como una mujer frívola y dedicada a los excesos y el despilfarro. No obstante, son muchos los que olvidan, por ejemplo, la importante labor de mecenazgo que llevó a cabo, engrandeciendo el patrimonio artístico de su familia y apoyando con ellos a los artistas del momento, como Francisco de Goya.

Retrato de la XIII Duquesa de Alba vestida de luto. Fuente: Fundación Goya en Aragón

Goya no solo es el pintor que retrató a la XIII Duquesa de Alba desde 1795, sino también otro de los hombres que forman parte de la biografía de la aristócrata. De hecho, es el más importante de todos, ya que su historia continúa formando parte del rumor y la leyenda. Aunque había sido retratista de cabecera de los Duques de Osuna, no pudo negarse a acudir presto a la llamada de Cayetana, quien se convirtió en su musa. Destaca el retrato que todavía conservan en su poder los Alba, expuesto en el Palacio de Liria, así como el cuadro en que aparece ataviada de viuda y situado en una sala museística de Nueva York.

Detalle del Salón Goya, en el Palacio de Liria. Fuente: Fundación Casa de Alba

Aunque mucho se ha dicho y poco se ha demostrado, lo cierto es que entre Cayetana y Goya hubo de haber una relación más allá de la meramente profesional. Ello se aprecia, precisamente, en las pruebas que el artista nos ha legado, los cuadros, donde aparecen numerosos detalles que así lo demuestran. Por ejemplo, en el retrato en el que la Duquesa está con vestido negro, Cayetana es retratada con dos anillos: en uno de ellos está grabado el nombre de su familia, y en el otro el del apellido del pintor, Goya. Lo mismo ocurre con la obra de la Duquesa viuda, que señala al suelo donde se puede leer escrito “Solo Goya”.

El legado de Cayetana

En ocasiones, los hombres de su vida, la leyenda de Goya o sus desavenencias con la Reina María Luisa de Parma acaparan la biografía y el legado de la XIII Duquesa de Alba. Algunos datos de su historia pasan desapercibidos, como su gusto por acudir a las verbenas populares. No hay que olvidar tampoco que, aunque el gran sueño de unir las casas de Alba y Medina Sidonia se truncó ante la muerte de Duque consorte sin haber dejado descendencia, Cayetana adoptó al final de sus días a una niña negra, María de la Luz. Ella fue una de las herederas que aparecían recogidas en su testamento, junto a sus criados y el hijo de Goya.

Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV Duque de Alba. Fuente: Fundación Casa de Alba

Precisamente, las últimas voluntades de la XIII Duquesa de Alba eran uno de sus secretos mejor guardados. El fallecimiento de la aristócrata sin un heredero directo conllevaba que hubiera que dilucidar en quién iba a recaer el importante patrimonio de uno de los ducados más importantes de España. Finalmente, el apellido Álvarez de Toledo, que había estado ligado a la Casa de Alba desde la creación del título en el siglo XV, dio paso al Fitz-James Stuart.

Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, VII Duque de Berwick y VII Duque de Liria, se convirtió en el heredero del título de Cayetana, es decir, en el XIV Duque de Alba. Se trataba de un primo lejano de la XIII Duquesa, siendo sobrino-nieto de su abuelo y familiar también de los últimos reyes de Escocia. Desde entonces, los integrantes de la Casa de Alba pueden afirmar la ascendencia real procedente del reino escocés.

Detalle de la fachada del Palacio de Liria

Este salto familiar en la dinastía Alba que se produjo en 1802 todavía es palpable. El Palacio de Liria, el gran emblema de la Casa en Madrid y residencia oficial del actual Duque en la capital, pasó a formar parte del patrimonio tras la llegada de los Fitz-James Stuart, quienes rápidamente se presentaron, y lo siguen haciendo, como Duques de Alba, en vez de Liria o Berwick, dada la importancia del título del que se hicieron cargo. La historia de los Alba continuó, a pesar del fallecimiento de la legendaria Cayetana, la XIII Duquesa a la que Goya hizo eterna y cuya biografía sigue fascinando a todo aquel que se interesa por ella, haciéndonos sentir unos auténticos #turistaenmipaís mientras la repasamos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

NICOLÁS MARTÍNEZ, M. (2008). Galas y regalos para una novia. A propósito de la boda de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva, Duquesa de Alba. Congreso Internacional Imagen Apariencia. Murcia: Universidad de Murcia. Recuperado de: https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/44227/1/CongresoImagen127.pdf

OTERO VÁZQUEZ, E. (2017). Personajes de cine. Cayetana, XIII duquesa de Alba, una vida de película. En Marcos Ramos, M. (ed. lit.), Gami Giménez, E. (coord.), Historia, literatura y arte en el cine español y portugués. Estudios y perspectivas. Salamanca: Universidad de Salamanca, Centro de Estudios Brasileños. Recuperado de: http://www.cebusal.es/download/libro-cihalcep-web-ok.pdf

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (2020). María del Pilar Teresa Cayetana Silva y Álvarez de Toledo [biografía]. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/8257/maria-del-pilar-teresa-cayetana-silva-y-alvarez-de-toledo