Origen e historia del Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados

Son escasos los días en los que los diferentes reporteros de las cadenas de televisión no conectan en directo desde la fachada principal del Palacio de las Cortes, defendida por los famosos leones con los que todo turista que se precie se hace una fotografía. La sede del Congreso de los Diputados es uno de los edificios que más acostumbrados estamos a ver por el significado que representa, al ser el lugar en el que se reúnen los 350 miembros que forman la Cámara Baja de las Cortes Generales, las cuales representan al pueblo español.

Las interpelaciones, mociones y preguntas que se suceden entre los diputados no son el motivo por el que vamos a hablar del Congreso de los Diputados, sino que, dado que es por todos conocida la función que cumple en el sistema democrático de España, lo interesante es descubrir la historia que se esconde detrás de sus muros. Más allá del hecho acontecido el 23 de febrero de 1981, del que todavía quedan pruebas en el techo el hemiciclo, son pocos los que conocen el origen del Palacio de las Cortes, sorprendiéndose todos ellos cuando descubren, por ejemplo, que se construyó sobre el solar que dejó un antiguo convento.

El Convento del Espíritu Santo

En el plano de Pedro Texeira de 1656, es posible comprobar que uno de los conventos que se alzaba en la Carrera de San Jerónimo había sido construido en 1594. Se trataba del Convento del Espíritu Santo de la Orden de los Clérigos Menores, el primero que fundaron en España, y cuya primera sede se situaba en otra parte de la villa, estableciéndose en la citada calle en 1599. Los terrenos habían sido adquiridos por Magdalena de Guzmán, II marquesa del Valle de Oaxaca, para la construcción del complejo religioso, que disponía de iglesia, cementerio y convento.

Iglesia del Convento del Espíritu Santo. Fuente: Wikimedia

El templo conventual era el elemento más destacado del conjunto. Se trataba de una iglesia sencilla de planta de cruz latina, con cúpula y una fachada custodiada por dos torres campanario. Disponía de cuatro capillas laterales, una de ellas dedicada a San José, donde se le veneraba representado en una escultura tallada por Juan Pascual de Mena, actualmente desaparecida.

A principios del siglo XIX, el Convento del Espíritu Santo hubo de ser reformado, con el objetivo de evitar su perdición dado el mal estado en el que se encontraba. Sin embargo, en 1823 sufrió un incendio. Luis Antonio de Francia, que había venido a Madrid para reestablecer la monarquía absoluta de Fernando VII y acabar con el movimiento liberal, se encontraba rezando en la iglesia en el mismo momento en que se desató el fuego. Aunque él no sufrió daño alguno, el templo sufrió graves consecuencias que obligaron a sus monjes a abandonar el convento y trasladarse hasta el de Portacoeli.

María Cristina de Borbón, madre y regente de Isabel II. Fuente: Museo del Prado

El incendio motivó a efectuar nuevas reformas en el Convento del Espíritu Santo, siendo el momento en que se derribaron sus torres. Sin embargo, su estado era prácticamente ruinoso. Once años después del fuego, el mismo lugar en que casi pierde la vida el francés encargado de restaurar el absolutismo fue testigo de la llegada de los primeros pasos liberales adoptados desde la Corona. En 1834, la reina regente María Cristina de Borbón promulgó el Estatuto Real, que estableció unas Cortes bicamerales: Estamento de Próceres del Reino o Cámara Alta (similar al actual Senado) y Procuradores del Reino o Cámara Baja (cámara electiva similar al actual Congreso de los Diputados). Aprobado el Estatuto, era el momento de buscar sede para las nuevas Cortes.

De convento a sede parlamentaria

Mientras que el Estamento de Próceres del Reino se reunió en el Casón del Buen Retiro o en el Colegio de Doña María de Aragón, edificio que hoy sigue ocupando también en gran parte el Senado, la Cámara Baja decidió hacer uso del antiguo Convento del Espíritu Santo. Gracias al diseño del arquitecto Tiburcio Pérez Cuervo, su iglesia fue reformada para acoger la Sala de Sesiones de los Procuradores. Cabe destacar que se añadió una portada neoclásica formada por columnas jónicas.

Convento del Espíritu Santo reformado como Palacio de Cortes. Fuente: congreso.es

Después de varios vaivenes políticos, en 1837 se aprobó una Constitución de corte progresista, que seguía apostando por la estructura bicameral del poder legislativo. Sin embargo, se consideró que un antiguo convento no era el lugar más idóneo para celebrar las reuniones de la Cámara que debía representar al pueblo. Por ello, y a pesar de las reformas que se habían emprendido en el edificio, en medio del marco de desamortizaciones de aquel momento se procedió al derribo del complejo religioso a partir del 21 de marzo de 1842.

La construcción del Palacio de las Cortes

Coincidiendo con el día en que cumplía 13 años, la reina Isabel II de España dispuso la colocación de la primera piedra del nuevo Palacio de las Cortes sobre el solar que había dejado el demolido Convento del Espíritu Santo el 10 de octubre de 1843. Narciso Pascual Colomer fue el encargado de diseñar el nuevo edificio que iba a acoger la Cámara de representación del pueblo español. El resultado fue uno de los mejores ejemplos del estilo neoclásico en todo el país.

Fachada del Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados

Una de las grandes curiosidades de la construcción del Palacio de las Cortes radica en que, mientras estas se sucedían, los diputados se reunieron en la sala del Teatro Real. Lo cierto es que, a día de hoy, son pocos los días en los que el actual Congreso no deja de parecerse también a una tragicomedia. Finalmente, el 31 de octubre de 1850, Isabel II inauguró el nuevo edificio de la Carrera de San Jerónimo. La reina aparece representada en la bóveda del hemiciclo, junto a otros personajes ilustres de la historia de España.

Visitar el Congreso de los Diputados

Seguramente, una vez que has descubierto el origen del Palacio de las Cortes tengas más ganas todavía de visitar la sede de la Cámara Baja. Para poder conocer el interior del Congreso de los Diputados, no tienes que esperar hasta la jornada de puertas abierta que tiene lugar anualmente a comienzos del mes de diciembre. En la página web de este mismo órgano constituciones puedes encontrar un formulario en el que inscribirte para visitarlo durante todo el año, siempre que la actividad parlamentaria lo permita. Solo en el mes de agosto no hay pases. Además, es completamente gratuito.

Detalle de uno de los leones del Congreso de los Diputados

Detrás de cada edificio de nuestras ciudades, siempre hay una historia que merece ser contada, y el Congreso de los Diputados no iba a ser ninguna excepción. Cuando pasas por delante de su fachada y te paras frente a los dos leones de bronce, ejecutados por Ponzano con cañones tomados al enemigo en la Guerra de África de 1860, no puedes dejar de sentirte un auténtico #turistaenmipaís, disfrutando de uno de los edificios que han marcado el paso de la historia reciente de España.

J.

El desaparecido Palacio Real de Tordesillas, protagonista político del siglo XVI en España

Recuperar la memoria de un personaje histórico supone acudir a aquellos lugares en los que dejó impronta su huella. Sin embargo, se puede dar el caso de que esos espacios ya no formen parte del entorno, habiendo pasado a engrosar la lista del patrimonio desaparecido. Es el caso de Juana I de Castilla y el Palacio Real de Tordesillas, la cárcel de oro en la que vivió recluida durante casi medio siglo.

Este desaparecido monumento, cuyo origen se remonta al siglo XV y que fue demolido en el XVIII, fue actor protagonista de la Historia de España en el siglo XVI, mucho más que cualquier otro palacio o castillo de otra parte del país. ¿El motivo? En él vivió precisamente esta soberana que, alejada del gobierno, ya fuera por iniciativa propia o porque le privaron de ello, no dejó de ser hasta el final de sus días la auténtica y única reina propietaria de los reinos españoles, y quienes gobernaron lo hicieron siempre en su nombre, por lo que el Palacio Real en el que vivió fue un agente más de las intrigas y vaivenes políticos del momento.

La historia del Palacio Real de Tordesillas

Tordesillas siempre fue una villa por la que los monarcas castellanos medievales se interesaron. Cabe recordar que el actual Real Monasterio de Santa Clara, integrado en la red Patrimonio Nacional, tiene su origen en un palacio mudéjar construido en el siglo XIV por orden de Alfonso XI de Castilla y finalizado por su sucesor, Pedro I, quien encomendó a sus hijas la reconversión del mismo en convento, como así hicieron. Por ello, Tordesillas se quedó sin palacio en el que alojar a la Corte en sus visitas.

Vista del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas

A principios del siglo XV, Enrique III de Castilla, de la dinastía de los Trastámara, siguió los pasos de sus antepasados y emprendió la construcción de una nueva residencia real en Tordesillas. El palacio, de planta rectangular, se levantó en el margen del río Duero, hacia donde estaba su fachada sur, continuando con la línea del propio Monasterio de Santa Clara. De este modo, se creaba un entorno en el que religión y poder político convivían de la mano.

En cuanto a su fisionomía, el palacio era de dos alturas, contaba con tres puertas de acceso y disponía de un corredor exterior que unía el edificio directamente con la cercana Iglesia de San Antolín. En su interior había dos patios y, como curiosidad, en el ala norte se encontraban las cocinas y, casualmente, hoy en día, esa calle recibe el nombre de Las Cocinas. Sobre las habitaciones en las que se alojó la reina Juana, estas daban al río Duero. Mucho se ha escrito sobre que podía ver desde su ventana el féretro de su esposo, pero lo cierto es que es físicamente imposible, ya que este reposaba en el altar mayor de la iglesia del Monasterio de Santa Clara. Una leyenda más que arrastra la soberana.

Perímetro aproximado del Palacio Real de Tordesillas en el callejero actual de la localidad

El Palacio Real de Tordesillas no era especialmente deslumbrante. Se levantó un edificio que seguía una línea sencilla y austera basada en la practicidad, construido con materiales muy básicos en mampostería y tapial. No hay que olvidar que la Corte medieval de Castilla era itinerante, por lo que no buscaban tener impresionantes palacios, además que iban trasladando con ellos los objetos y elementos que necesitaban durante sus estancias.

Los moradores del Palacio Real de Tordesillas

La Casa de Trastámara estuvo íntimamente ligada al Palacio Real de Tordesillas, ya que fue utilizado por todos los monarcas que pertenecieron a esta dinastía desde su construcción. Juan II de Castilla, sucesor del promotor de la residencia, se hospedó en varias ocasiones en él. De hecho, en 1453 nació en sus aposentos Alfonso de Castilla, hijo del mismo rey con su segunda esposa, Isabel de Portugal. Este infante es el mismo que acabaría viéndose sumido en el futuro en una trama de nobles por derrocar a su hermano mayor, Enrique IV, y cuya prematura muerte posibilitó que su hermana, la futura reina Isabel, reclamase sus derechos al trono. Pero esa es otra historia.

Panorámica de Tordesillas hacia 1565-1567, con el Palacio Real en primer plano. Grabado de Anton van den Wyngaerde. © Victoria and Albert Museum

En el caso de los Reyes Católicos, se alojaron en el Palacio Real de Tordesillas en varias ocasiones. En 1475, Isabel La Católica esperó aquí el resultado de la Batalla de Toro, el final de la Guerra de Sucesión Castellana en la que fue confirmada como reina propietaria de Castilla por delante de su sobrina Juana, que ha pasado a la historia como La Beltraneja. Del mismo modo, la soberana preparó junto al rey Fernando en este mismo palacio la firma del Tratado de Tordesillas en 1494.

Maqueta del Palacio Real de Tordesillas en las Casas del Tratado

Hubo que esperar hasta 1509 para que el Palacio Real de Tordesillas volviera a situarse en el mapa político de Las Españas. Desde ese año y hasta 1555, esta residencia acogió la Corte de la reina Juana I de Castilla, quien había sido recluida en él por orden de su padre, el rey Fernando, una reclusión que fue confirmada y tolerada posteriormente por el Emperador Carlos V y el resto de sus hijos.

La reina Juana en el palacio de Tordesillas

Sin duda, la reina Juana es el principal personaje histórico que ha habitado en el desaparecido Palacio Real de Tordesillas. Muchos se preguntan cómo llegó a vivir en él durante nada más y nada menos que 46 años, aunque, para ser honestos, lo suyo fue una reclusión forzada, como ya hemos comentado. Tras la muerte de su esposo, el rey Felipe I de Castilla, acontecida en Burgos en septiembre de 1506, Juana preparó el traslado del cuerpo a Granada, donde el monarca decidió ser enterrado en sus últimas voluntades. El féretro había permanecido depositado en la Cartuja de Miraflores temporalmente, y desde allí comenzó un divagar por pueblos castellanos el 20 de diciembre de 1506. La reina Juana, una reina que huía de las tareas de gobierno, solo tenía ojos para las honras fúnebres de su difunto marido.

“La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina”, de Francisco Pradilla (1907). Fuente: Museo Nacional del Prado

Finalmente, en marzo de 1509, su padre, el rey Fernando de Aragón, decidió recluir a su hija y soberana de Castilla en el Palacio Real de Tordesillas y ejercer él mismo la acción de gobierno. Se cumplía así el testamento de la reina Isabel, en el que dejó escrito que él debía asumir tal obligación en caso de que Juana no estuviera o no pudiera gobernar, hasta que su nieto Carlos alcanzara la edad de 20 años. Sin duda, el trasfondo de sus posibles problemas psíquicos marcaba el paso de su biografía.

El Palacio Real de Tordesillas vivió reformas para acoger a la reina Juana y su séquito. Hasta 1524, la soberana de Castilla y Aragón estuvo acompañada por su hija Catalina, nacida durante la travesía fúnebre, concretamente el 14 de enero de 1507 en la localidad palentina de Torquemada. Sin embargo, su hermano, el emperador Carlos V, decidió liberar a la joven de su cautiverio para que contrajera matrimonio con Juan III de Portugal, convirtiéndose en reina del país luso, afianzando de este modo los lazos entre ambas naciones. De este suceso es famosa la frase que la tradición afirma que la reina Juana dirigió a su hijo: “No tienes bastante con quitarme mi trono y mis joyas, sino que también quieres llevarte a mi Catalina”.

Estatua de la Reina Juana en Tordesillas

Lo cierto es que la frase anterior tiene una explicación. La magnífica Corte con la que la reina Juana llegó al Palacio Real de Tordesillas en 1509 en nada se parecía a la del final de sus días. La gran mayoría de las visitas familiares que recibió a lo largo de su reclusión fueron siempre interesadas y, en muchos casos, motivadas por intereses políticos. El tesoro con el que llegó a la villa vallisoletana fue mermando con los años, ya que sus familiares tenían por costumbre abandonar el palacio con las manos llenas. Solo conservó un cofre de joyas hasta días antes de su muerte, pero cuando falleció nada se sabía ya de estas alhajas, pues también desaparecieron.

El ocaso del Palacio Real de Tordesillas

A pesar de todo, el palacio sufrió reformas durante el período en el que la reina vivió en él. Por ejemplo, sobresalen las ampliaciones de las estancias en las que se solía alojar el emperador, las cuales tuvieron lugar en torno a 1542. No obstante, a la muerte de su principal moradora, el palacio, al igual que la memoria de la reina Juana, pronto caería también en el olvido. Felipe II o Felipe III se alojaron en alguna ocasión puntual y breve en esta residencia medieval. De hecho, este último monarca, que abrió el período de los Austrias Menores de nuestra historia, llevó a cabo nuevas reformas sobre el palacio, siendo el último rey que durmió en sus estancias, concretamente en 1601.

Jardines de Palacio en Tordesillas, ubicados sobre el solar dejado por el Palacio Real

Los intentos por recuperar el palacio no dieron sus frutos y hay constancia de que en el siglo XVIII presentaba un estado total de ruina. Por ello, Carlos III decidió regalar el complejo a la villa de Tordesillas, con la condición de que lo demoliera y abriera en el solar una plaza pública. En 1773, comenzó su demolición, calculada en torno a 35.000 reales, un proceso que se extendió hasta 1783. En su lugar se puede disfrutar hoy en día de los Jardines de Palacio, que mantienen con su nombre el recuerdo de aquel portentoso monumento medieval que alojó a reyes, príncipes e infantes.

Puerta de las cocinas y único vestigio que sobrevive del Palacio Real de Tordesillas. Fuente: Google Maps

El único vestigio que se conserva del Palacio Real de Tordesillas es la puerta de las cocinas, integrada en otro inmueble en la esquina de la Calle Matilde Zorita con la de San Antolín, frente al Palacio de los Alderete, así como el hueco que dejó en la iglesia del mismo nombre el corredor que unía el templo con la residencia. No obstante, en las Casas del Tratado se puede contemplar una maqueta que recrea la arquitectura de esta residencia en la que la reina Juana estuvo recluida 46 largos años.

Recordando la historia de este palacio, se hace presente también la memoria de esta soberana a la que el destino ha relegado al plano de las artes o la literatura, obviando que fue una soberana de pleno derecho. Cuando visites Tordesillas y pasees por los Jardines de Palacio, te sentirás un auténtico #turistaenmipaís sabiendo que te encuentras sobre el solar que un día ocupó una de las residencias reales más importantes de la legendaria Corona castellana.

J.

REFENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 ZALAMA, M. Á. (2000). Vida cotidiana y arte en el palacio de la Reina Juana I en Tordesillas. Valladolid: Universidad de Valladolid

ZALAMA, M. A. (2010). Juana I: arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica.

Mil años del Castillo de Loarre, la fortaleza románica mejor conservada de Europa

El castillo que un día fue construido para defender las fronteras del Reino de Navarra, forma parte hoy en día de las tierras aragonesas, rivalizando en altura con las altas montañas pirenaicas que le sirven de muralla natural de protección. A pesar de ser la fortaleza románica mejor conservada del mundo, Loarre alcanzó la fama mundial también gracias a los viajes en el tiempo de El Ministerio del Tiempo de Televisión Española, sirviendo de prisión para esta ficticia institución, o como escenario de la película El Reino de los Cielos. Amantes del románico, cinéfilos y ministéricos, o los tres casos al mismo tiempo, se acercan hasta esta localidad de la provincia de Huesca para admirar este milenario monumento enclavado en una cima rocosa y a todos ellos deja siempre boquiabiertos. ¿Vienes a descubrirlo?

La milenaria historia del Castillo de Loarre

Buscar la historia que se esconde detrás de las piedras del castillo románico mejor conservado de Europa no es tarea fácil. Hay que remontarse al reinado de Sancho III de Pamplona, más conocido como Sancho el Mayor, para comenzar a esbozar la biografía de este portentoso monumento. El monarca conquistó esta sierra entre 1016-1033 y edificó un bastión contra el avance del Islam. Aunque son varias las fechas que se contemplan, buena parte de la comunidad histórica coincide en que a partir de 1020 se iniciaría la construcción, lo que se traduce en que nos encontramos ante una fortaleza milenaria. Además, se escogió una localización previamente utilizada por los romanos, Calagurris Fibularia.

Los Reyes Sancho III, Ramiro I y Sancho Ramírez, promotores del Castillo de Loarre

De la época de Sancho el Mayor, se conserva la iglesia dedicada a Santa María de Valverde, que ejerció de primitiva capilla del castillo, el patio de armas o la Torre de la Reina. Concretamente, en la zona sur de la fortaleza la que corresponde a los primeros albores constructivos. Por su parte, Ramiro I de Aragón, sucesor del monarca anterior en el reino aragonés, continuó la ampliación, añadiendo la magnífica Torre del Homenaje. Con sus 22 metros de altura, se considera una de las mejor conservadas del mundo.

Sin embargo, será el rey Sancho Ramírez el que dote al Castillo de Loarre del aspecto definitivo que podemos contemplar actualmente tras las restauraciones, convirtiéndolo también en un centro religioso, además de la función militar que ya tenía. En 1068, el monarca realizó un viaje a Roma, donde se declaró vasallo de la Santa Sede ante el Papa Alejandro II y defensor de la Cristiandad. Por ello, a partir de 1071, se iría introduciendo paulatinamente en Aragón el rito romano, en detrimento del mozárabe.

Iglesia de San Pedro, en el Castillo de Loarre. Fuente: Románico Aragonés

Dentro de las iniciativas que llevó a cabo Sancho Ramírez para ganarse el favor del Papado estuvo la de fundar una abadía de canónigos agustinos en el Castillo de Loarre, que contó con la protección papal por bula de Alejandro II fechada el 18 de octubre de 1071. Sin embargo, el espacio no estaba acondicionado para ello, y mucho menos para acoger una fundación real. Por ello, emprendió importantes reformas, especialmente en la zona sur, destacando la Iglesia de San Pedro o la Cripta de Santa Quiteria.

Una vez que la consolidación de las fronteras de la Corona de Aragón frente al Islam había finalizado, la historia del Castillo de Loarre comienza a desvanecerse, pasando a formar parte del patrimonio de varios nobles que se le intercambian. A partir del siglo XVI, los habitantes del recinto fortificado deciden trasladarse a la villa de Loarre, utilizando algunas piedras de la fortaleza para construir sus casas. Desde entonces, la pista del castillo se pierde, hasta que los viajeros románticos del siglo XIX se topan con esta joya a la que el olvido ha salvado de la desaparición, por paradójico que parezca.

Panorámica del Castillo de Loarre. Fuente: Turismo de Aragón

Solo la erosión natural había provocado deterioro en la estructura del Castillo de Loarre, pero la falta de interés durante siglos había conseguido que no se le hubiera incorporado añadidos de otros estilos arquitectónicos que le hubieran restado belleza a su sencillez románica. En 1906, fue declarado Monumento Nacional y desde 2004 sus actuales protectores, con el Gobierno de Aragón a la cabeza, luchan por el título de Patrimonio de la Humanidad para este legendario castillo.

Qué ver en el Castillo de Loarre

Ya se vaya en busca de su historia milenaria o por sentirse un personaje más de las series o películas que se han rodado o inspirado en torno al Castillo de Loarre, su visita siempre merece la pena. Son varias las estancias que se descubren durante el paseo por su recinto y, sin querer hacer demasiados spoilers, vamos a comentar a continuación algunas de las más impresionantes o importantes de todas.

Muralla y Torre de Albarrana

La muralla que rodea la fortaleza de Loarre se extiende durante 200 metros de forma circular o cilíndrica y está compuesta por once torreones, siendo todos ellos circulares, a excepción de uno de ellos que es de planta cuadrada. Sin duda, la población que vivió hasta el siglo XVI en el interior del recinto estuvo bien protegida de los ataques enemigos.

Murallas del castillo. Fuente: Heraldo de Aragón

Por su parte, la Torre de Albarrana disfruta de su soledad separada del resto del conjunto. Todo apunta a que se levantó en época de Sancho III el Mayor y que no tenía un motivo defensivo, aunque la comunidad histórica no llega a un acuerdo en este aspecto. En Loarre, la historia se sigue escribiendo y todo puede pasar.

Iglesia de San Pedro

La Iglesia de San Pedro fue erigida por mandato del rey Sancho Ramírez, en el momento en el que dotó a la fortaleza de Loarre de su significado religioso, instalando en ella una abadía. Aunque el proyecto que se pensó para el templo debía ser más ambicioso, la orografía obligó a tener que construir una iglesia más modesta, de una sola nave, aunque no por ella portentosa e impresionante, y un ábside semicirculas que la remata.

Interior de la Iglesia de San Pedro del Castillo de Loarre. Fuente: Románico Aragonés

Nadie puede perder de vista los ochenta y dos capiteles que decoran el templo, de inspiración vegetal y bíblica en su amplia mayoría pero todos ellos diferentes y de pura belleza. Del mismo modo, los visitantes alzan la mirada para contemplar la bóveda semiesférica que se alza antes de llegar al ábside, una verdadera joya del románica aragonés.

Cripta de Santa Quiteria

Debajo de la iglesia, se encuentra la Cripta de Santa Quiteria, también de la época de Sancho Ramírez. Abovedada, su planta cilíndrica sigue las trazas del ábside superior de la Iglesia de San Pedro. Aunque la penumbra dificulta la visión, no hay que perder de vista los capiteles que flanquean sus ventanas. Por su parte, destacar que en la cripta estuvo depositada la arqueta con las reliquias de San Demetrio, actualmente en la Iglesia de San Esteban, de la propia localidad de Loarre.

Torre de la Reina y del Homenaje

De tres alturas y con una galería de ventanas geminadas en su última planta, la Torre de la Reina se muestra esbelta y elegante. A pesar de su romántico nombre, acuñado por la tradición popular aunque nunca aquí vivió reina, princesa o dama alguna, fue una torre defensiva para proteger el primitivo castillo levantado por Sancho III el Mayor. Aunque es de reducidas dimensiones, es suficiente para ser una joya del arte románico lombardo.

Detalle de la Torre de la Reina. Fuente: Mágicos Pirineos

Una pasarela metálica moderna une la Torre de la Reina con la del Homenaje. Fue levantada como torre albarrana en época de Ramiro I de Aragón, pero las modificaciones que llevó a cabo Sancho Ramírez motivaron que quedase integrada en el interior del recinto amurallado, perdiendo su función defensiva. Es la torre de mayor altura de todo el complejo, lo que hace que sobresalga y resalte por encima del resto. Como curiosidad, en ella se construyó un retrete, que todavía se conserva, todo un avance para un edificio militar de estas características.

La historia del Castillo de Loarre se entremezcla con el arte que desprenden sus piedras y muros, la seña del arte románico en estado puro. Su ambiente romántico del que se hicieron eco los viajeros del siglo XIX todavía es palpable, ya que los actuales turistas experimentan las mismas sensaciones que sus predecesores. Esta milenaria fortaleza que llamó la atención de directores de cine y ficciones televisivas es un tesoro del pasado que, al menos, hay que visitar una vez en la vida porque, sin duda, te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís cuando lo contemples.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

García Omedes, A. (s. f.). El Castillo Románico de Loarre. Recuperado de: http://www.castillodeloarre.org/castillo.htm

Yuguero Suso, B. (2018). Estudio arquitectónico-arqueológico de los Castillos Reales de Navarra. El caso del Castillo de Loarre (Huesca). En Ordoñez Castañón, D. (ed. lit.). II Jornadas Doctorales Interuniversitarias. Programa de Doctorado en patrimonio arquitectónico, civil, urbanístico y rehabilitación de construcciones existentes. Santander. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=769789

Historia y arte en la Cartuja de Miraflores, una fundación real en la ciudad de Burgos

Si hay un lugar de España en el que brilla especialmente la luz del gótico, es Burgos. La cuna de Castilla, como así es conocida popularmente, cuenta con uno de los monumentos de este estilo arquitectónico más importantes de todo el mundo, hasta el punto que fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de la Catedral de Santa María, el principal atractivo turístico de esta ciudad y no es el único escenario en el que podemos ver la huella de los arcos ojivales, las bóvedas de crucería o los tradicionales pináculos.

Burgos experimentó la evolución del románico al gótico, y la Cartuja de Miraflores es también un buen ejemplo con el que poder contemplar esta impresionante evolución experimentada por esta urbe castellana. Se trata de uno de los conjuntos monacales más importantes de España debido tanto a su pasado histórico como a la riqueza artística que alberga todavía hoy en su interior. Adentrarse en este monumento es volver a los tiempos de los Reyes Católicos, cuando el mundo dejó atrás la Edad Media para abrazar el Renacimiento, como así podrás observar mientras recorres la iglesia de la burgalesa Cartuja de Miraflores.

Historia de la Cartuja de Miraflores

Al igual que ocurre con otros monasterios medievales, el origen de la Cartuja de Miraflores también se remonta a un primitivo palacio. Enrique III de Castilla, que ha pasado a la historia como El Doliente, adquirió en 1401 unos terrenos situados a las afueras de Burgos, los cuales cercó para hacer de ellos un coto privado de caza, construyendo dentro una residencia para sus retiros de placer. Sin embargo, su sucesor, Juan II, cedió este palacio a un grupo de monjes cartujos procedentes de Scala Dei y El Paular en 1442, de ahí el nombre que tiene, transformando el edificio en un monasterio dedicado a San Francisco

La construcción del monasterio de Santa María

En 1452, tras diez años de funcionamiento, un terrible incendio redujo a cenizas todo el complejo, lo que obligó a construir un nuevo edificio. Juan de Colonia, que trabajaba también en la Catedral de Santa María, fue el arquitecto encargado de ejecutar las obras del nuevo monasterio, que se dedicaría a la advocación de Santa María de Miraflores. La primera piedra fue colocada el 13 de septiembre de 1454, estando sentado ya en el trono Enrique IV, que no se preocupó demasiado de la fundación monacal emprendida por su padre. Por ello, en 1464, ante la falta de fondos, las obras se detuvieron y diez años después el rey moría.

Retrato de la reina Isabel I de Castilla, por Juan de Flandes. Fuente: Patrimonio Nacional

Con la subida al trono de la hermana de Enrique IV, Isabel La Católica, se retomaron las obras en febrero de 1477, sin volver a suspenderse hasta 1488. Con ello, la reina se convirtió en la gran promotora de la Cartuja de Miraflores, cuya iglesia fue dedicada a panteón familiar para sus padres, Juan II e Isabel de Portugal, y su hermano pequeño, Alfonso.

De la Edad Media a la actualidad

Uno de los hechos históricos más trascendentales de la Cartuja de Miraflores se vivió en septiembre de 1506, cuando el cuerpo del rey Felipe I de Castilla, El Hermoso, esposo de la reina Juana I de Castilla y benefactor también del monasterio, fue inhumado temporalmente en su iglesia tras fallecer en la Casa del Cordón de Burgos el 25 de septiembre. Sin embargo, tres meses después, la soberana ordenó emprender desde el monasterio el camino a Granada, para enterrar el cuerpo en la Capilla Real de sus padres, aunque su travesía se detuvo en Tordesillas, pero esa es otra historia.

Sepulcro de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Fuente: Pinterest

Fueron pasando los siglos y se ampliaron las capillas, se decoraron nuevos espacios y se dotó de más riquezas. La Guerra de Independencia produjo graves consecuencias en el edificio, viviendo un verdadero expolio que provocó la pérdida de numerosas obras de arte, dispersas en museos de todo el mundo. A ello le siguieron las desamortizaciones de finales del siglo XIX, hasta el punto que la Cartuja pasó a ser propiedad del Estado. Sin embargo, en el siglo XX regresaron sus monjes y, con ellos, la restauración de esta joya histórica del patrimonio español que todavía sigue cuidándose por sus primitivo moradores.

Qué ver en la Cartuja de Miraflores

La UNESCO permitió que la Cartuja de Miraflores también contase con el sello Patrimonio de la Humanidad al ser un elemento asociado a los “Caminos de Santiago de Compostela: Camino Francés y Caminos del Norte de España”. La ciudad de Burgos conserva, por tanto, otro  verdadero tesoro mundial, además de su catedral. Debido a que todavía su fin principal es la vida contemplativa, tiene algunos espacios restringidos a la visita pública, pudiendo solamente conocer el patio, la nave de la iglesia, la capilla de San Bruno y las capillas laterales, donde se encuentra la exposición permanente con las obras de arte más importantes.

Cartuja de Miraflores. Fuente: Guías Turísticos Burgos

Claustro y patio

Una vez que se ha cruzado el atrio de entrada, se accede al claustro y patio de la Cartuja de Miraflores, pudiendo contemplar los primeros elementos que componen este monumento que pertenece al período gótico isabelino. Sobresale la portada de la iglesia, presidida por una Piedad flanqueada por las armas del reino, es decir, el escudo de Castilla y León y la Banda Real de Castilla.

Portada de la iglesia de la Cartuja de Miraflores. Fuente: reharq

Capilla de San Bruno

Desde el claustro, se puede acceder a la Capilla de San Bruno. Está decorada con motivos barrocos y en ella se da culto al patrón y fundador de los cartujos, San Bruno, representado en una excepcional talla realizada por Manuel Pereira en la primera mitad del siglo XVII.

Nave central

Después de haber cruzado el atrio de entrada de la iglesia, en cuyas esquinas se pueden apreciar nuevamente las armas del Reino de Castilla, se accede a la nave central. Está dividida en varias partes, tiene adosadas capillas laterales y al final del todo se encuentra el presbiterio. Descubrimos todas ellas a continuación.

Bóvedas y vidrieras de la Cartuja de Miraflores. Fuente: Revista Tierra
  • Estancia de los Fieles

Se trata del primer tramo que se encuentran los visitantes tras superar el atrio de entrada. A la izquierda, pueden contemplar el Tríptico del Calvario, una obra anónima de la escuela flamenca de finales del siglo XV, mientras que a la izquierda se encuentra un cuadro que represente a la Anunciación, ejecutado en el siglo XVII.

  • Coro de los hermanos y coro de los padres

Continuando por la nave central, tras cruzar la reja de la estancia de los fieles, llega el turno del coro de los hermanos, donde los cartujos no sacerdotes se disponen a escuchar los rezos. Se trata de una obra maestra de mobiliario renacentista, a la que se unen dos altares barrocos que ejercen de separación con el siguiente espacio y dedicados a la Inmaculada Concepción.

Coro de los hermanos. Fuente: cartuja.org

La tercera división de la nave central es la más grande de todas y en ella se encuentra una maravillosa sillería de estilo gótico realizada en madera de nogal que hace las veces de coro de los padres cartujos, es decir, de los monjes que sí son sacerdotes. Esta parte la preside la imagen de la Virgen del Coro, de gran devoción por la comunidad y realizada en alabastro.

Presbiterio

Al final de la nave central, se localiza el presbiterio, donde se encuentran los tres grandes tesoros artísticos de la Cartuja de Miraflores: los sepulcros reales de los reyes y el infante, y el retablo mayor.

  • Sepulcros reales

La reina Isabel La Católica encargó al maestro Gil de Siloé los dos sepulcros en 1489 para sus padres, los reyes Juan II e Isabel de Portugal, y su hermano pequeño, el infante Alfonso. Están realizados en alabastro y son de una belleza inigualable, por lo que son considerados máxima expresión del arte gótico funerario. El sepulcro de los Reyes, en forma estrellada, se encuentra frente al altar mayor, mientras que en una hornacina del lado del Evangelio, y justo al lado, se encuentra el del infante.

Sepulcro del infante Alfonso de Castilla. Fuente: cartuja.org
  • Retablo Mayor

También Gil de Siloé dio forma al espectacular retablo mayor de la Cartuja de Miraflores que se alza al fondo del presbiterio, para lo cual contó con la ayuda de Diego de la Cruz. La exaltación de la Eucaristía es el tema de la obra, estando realizado en madera y siguiendo el patrón del gótico. Destaca que en él están incluidos los escudos de los padres de Isabel La Católica, acompañados de sus respectivas efigies.

Detalle contrapicado del retablo mayor. Fuente: cartuja.org
  • Sacristía

La sacristía de la Cartuja de Miraflores es de estilo renacentista. Más allá de su valor artístico, destaca por su pasado histórico. Fue aquí donde estuvieron depositados los cuerpos reales hasta que fueron incluidos en sus sepulturas. Del mismo modo, en esta estancia estuvo el féretro del rey Felipe I, hasta su traslado a Granada por orden de la reina Juana.

Capillas laterales: exposición permanente

Las capillas laterales de la nave central de la iglesia de la Cartuja de Miraflores están dedicadas, actualmente, a acoger una exposición permanente con los tesoros más destacados que ha ido conservando el complejo a lo largo de los siglos. Muchos de ellos, sin embargo, se perdiendo en el expolio de la Guerra de Independencia, como el Tríptico de Miraflores, ejecutado por Rogier van der Weyden y expuesto actualmente en la Gemäldegalerie de Berlín.

  • Sala de San Bruno

En esta capilla, se conserva la Anunciación de Pedro de Berruguete, una de las obras más importantes que todavía conserva el monasterio. También, hay una copia del retrato original de Isabel La Católica que Juan de Flandes pintó en la propia cartuja durante una de las visitas de la Reina al sepulcro de sus padres. Sin embargo, el primitivo se conserva hoy en día en el Palacio Real de Madrid.

  • Sala de Miraflores

Esta capilla, que a muchos recuerda a la propia Capilla Sixtina de Roma cuando se adentran en ella, está dedicada a Nuestra Señora de Miraflores. Sus pinturas murales del siglo XVII de estilo barroco inundan todos los rincones.

La Sala Miraflores de la Cartuja. Fuente: cartuja.org
  • Sala de las reliquias

Numerosos manuscritos y libros de la biblioteca de los monjes cartujos de Miraflores se exponen en esta última capilla, donde también se puede contemplar una obra de Joaquín Sorolla que representa la Crucifixión.

La Cartuja de Miraflores está situada a las afueras de Burgos. Fuente: Casa Rural Villapajar

La Cartuja de Miraflores es un monumento consagrado a la historia y el arte. El tiempo parece haberse detenido en este monasterio de origen medieval que vio pasar a reyes y reinas, reposando algunos de ellos para la eternidad entre sus muros. Otros solo dejaron su espíritu entre sus estancias, susurros del pasado que todavía hoy se escuchan gracias al silencio propio que caracteriza a este lugar que, sin lugar a dudas, consigue que nos sintamos unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cartuja de Miraflores [página web]. Recuperado de: http://www.cartuja.org

PÉREZ VILLAMIL, M. (1917). Real Cartuja de Miraflores en Burgos. Boletín de la Real Academia de la Historia (70), pp. 118-126. Recuperado de: http://www.cervantesvirtual.com/obra/real-cartuja-de-miraflores-en-burgos-0/

TARÍN Y JUANEDA, F. (2011). La Real Cartuja de Miraflores (Burgos): su historia y descripción. Valladolid: Editorial Maxtor

El Santuario de El Henar, destino de peregrinación mariana en Castilla y León en torno a una Virgen románica

Una Virgen románica del siglo XII abrazada por multitud de leyendas que explican su origen y milagros es motivo de existencia de uno de los centros de peregrinación más importantes de la meseta castellana. Situado en la localidad de Cuéllar, y ejerciendo de verdadero límite entre las provincias de Segovia y Valladolid, el Santuario de Nuestra Señora de El Henar es punto de paso para creyentes, pero también para amantes de la historia, el arte y, por supuesto, la naturaleza, dado el entorno bucólico de pinares que lo rodean y de los que se extrae la resina, cuyos trabajadores tienen por patrona precisamente a esta misma Virgen.

A lo largo de los siglos, la humanidad siempre ha buscado refugio en fuerzas sagradas superiores para tratar de poner fin a sus dificultades, algo que, todavía hoy, parte de la sociedad continúa haciendo. Es así como, precisamente, Nuestra Señora de El Henar se convirtió a finales del siglo XVII y principios del XVIII en la esperanza de su comunidad de influencia, la de Villa y Tierra de Cuéllar, de quien es también patrona. Sequías, inundaciones o epidemias eran motivo para rogar a su Virgen que les protegiera de cuantos males pudieran sucederles. Este aumento de la devoción también se reflejó en lo material, con el paso de una humilde ermita a un majestuoso santuario en el que se integró también un monasterio, llegando a contar hasta con colegio de teología propio, hoy sin actividad.

La románica Virgen de El Henar

Gregorio Baza de Haro, autor de la primera historia que se narró sobre la Virgen de El Henar a finales del siglo XVII y cura de Otero, impulsó la leyenda del origen sagrado de la imagen que ya existía entre la población que siempre la había venerado. Según relata, fue traída desde Antioquía por San Jeroteo, primer obispo de Segovia que fue discípulo de San Pablo y vivió en el siglo I. Sin embargo, la talla de Nuestra Señora de El Henar está datada del siglo XII, siendo románica y con toques de estilo bizantino, como así se aprecia en el niño que sostiene en sus brazos, que representa a Cristo en actitud de pantocrátor.

Virgen de El Henar en el altar de su santuario. Fuente: Segovia Turismo

Sobre la efigie, nada más contemplarla se aprecia que sus facciones no son perfectas, dado la época en que fue tallada, pero eso es lo que la convierte precisamente en una joya del arte románico. Está sentada sobre un trono sin respaldo, ya que su propio cuerpo lo ejerce, presentándose de forma majestuosa ante quien la venera u observa. En el siglo XVIII, sufrió modificaciones como consecuencia de la moda que se implementó de vestir a las vírgenes con ricas sayas y mantos, por lo que llegó a ser, incluso, mutilada, algo que también sufrieron otras imágenes religiosas, como la madrileña Virgen de la Almudena.

No obstante, hoy en día la Virgen de El Henar se presenta ante sus devotos como quienes la veneraron antes de la centuria XVIII, gracias a las restauraciones a las que fue sometida con motivo de su coronación canónica, acontecida en 1972. Actualmente, la talla se puede contemplar completamente sin que ropas la cubran ni escondan su riqueza artística, con la excepción de las coronas que portan la Virgen y el niño, así como el manto que normalmente luce por la espalda. De este modo, se observa sin ningún problema el tono moreno de la efigie, motivo por el cual es conocida como “Morenita de Castilla”.

La leyenda de El Henar

Retomando la leyenda sobre el origen milagroso de la Virgen de El Henar, y tal y como hemos narrado anteriormente, fue traída en el siglo I por el primer obispo de Segovia para ser venerada en una pequeña aldea perteneciente a Cuéllar. Sin embargo, la conquista árabe de la península Ibérica a partir del año 711 motivó que fuera enterrada para evitar su profanación en un lugar indicado por San Frutos, San Valentín y Santa Engracia, junto a un cirio encendido.

Talla románica de la Virgen del Henar

En 1580, un pastor manco del municipio de Viloria del Henar presenció la aparición de la Virgen, quien le descubrió que su imagen estaba oculta bajo unas losas y le encomendó la construcción de una ermita en su honor que con el tiempo se hiciera más grande. Para que el pueblo le creyera, le devolvió el brazo que faltaba, siendo este el primer milagro atribuido a Nuestra Señora de El Henar.

La verdadera historia de El Henar

La leyenda de El Henar, que fue obra de Juan Rodrigo, párroco de Cogeces del Monte en el siglo XVII, se cae por su propio peso al estudiar las fuentes históricas. Se sabe que en 1247 ya existía una aldea por nombre Santa María de El Henar que pagaba diezmos al obispado de Segovia y que en 1430 había una ermita en estado ruinoso, año en que sus libros litúrgicos fueron adquiridos por el Hospital de la Magdalena, lo que delata que en esa pequeña capilla se darían misas y tendría culto, posiblemente ante la talla de la Virgen que toma el nombre de dicha pequeña población.

Fachada del Santuario de El Henar. Fuente: Segovia Turismo

En 1587, tras un conflicto entre el Obispo de Segovia y el cura de Viloria del Henar, el obispado decidió hacerse cargo de la ermita. El auge de devoción motivó que entre 1642-1644 se construyera un nuevo templo, concretamente el cuerpo de la primera mitad del actual. En 1695, Gregorio Baza de Otero deja constancia de la celebración de la romería de septiembre, hoy en día mantenida y que tiene lugar el domingo anterior a San Mateo. Tal y como describe en sus escritos, miles de personas peregrinaban desde diferentes puntos de los Reinos españoles para venerar a la Virgen de El Henar, a la que se le atribuían milagros, así como a sus aguas de la Fuente del Cirio.

En el siglo XVIII se produjo una explosión de devoción en torno a la Virgen de El Henar. El Libro de Cuenta del santuario contabilizó en 1734 que hasta 186 pueblos de Castilla se acercaron a venerar a la Virgen en su romería, algunos provenientes incluso de Madrid o La Rioja, años en los que se reunían hasta 30.000 personas que encargaban misas por sus intenciones, hasta 7.500 algunos años. Ese mismo siglo, se publicó en Madrid a través del párroco de Frumales y administrador del santuario una novena dedicada a Santa María de El Henar.

Romería de El Henar. Fuente: El Adelantado

Aunque el origen de la devoción era meramente popular, dado que el santuario se encuentra situado en una región puramente agraria, cabe destacar que la nobleza y burguesía también regaló su devoción a la Virgen de El Henar. Además, la propia reina Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, primer Borbón que reinó en España, visitó el santuario en 1759. A ello se une que el ajuar de la Virgen conserva un manto donado por Carlos III, lo que demuestra de nuevo el interés de la realeza por esta advocación.

El número de devotos que se reunían anualmente en El Henar permitió que a mediados del siglo XVIII, alrededor de 1754, se decidiera ampliar la iglesia. Fue el momento en el que se construyó la fábrica actual que se observa, levantando el crucero, el camarín de la Virgen, sala de exvotos, sacristía y la capilla del campo, ubicada en la Fuente del Cirio. Sobresale el gusto barroco del templo, el retablo neoclásico o las pinturas al fresco del valenciano José Micot. En 1799, se levantó también un convento, el cual sigue en activo a día de hoy, habiendo sido regido por padres carmelitas descalzos hasta 2020, cuando abandonaron el santuario en favor de las hermanas carmelitas samaritanas. El claustro es de estilo neoclásico, ejecutado por Manuel Cachorro.

Vista del Santuario del Henar. Fuente: Turismo Cuéllar

En el siglo XIX, la devoción a la Virgen de El Henar se estancó después de tantas décadas de esplendor. La Guerra de Independencia supuso un duro golpe a comienzos de la centuria, ya que la talla tuvo que ser trasladada a Cuéllar, recorriendo diversas iglesias, estando fuera del santuario entre 1808 y 1814, el cual fue saqueado por los franceses. Aunque la Virgen regresó a su santuario, volvió a salir de él con los enfrentamientos políticos entre 1833-1839. En definitiva, la devoción popular estaba en decadencia, agravándose con las desamortizaciones y movimientos anticlericales de finales de siglo.

En el siglo XX, la situación mejoró y el santuario fue recuperado su esplendor, hasta convertirse en la actualidad en uno de los centros de peregrinación mariana más importantes de Castilla y León. En 1972, Nuestra Señora de El Henar fue coronada canónicamente. Para ello, la patrona de la Villa y Tierra de Cuéllar recorrió y visitó los diferentes pueblos que forman parte de esta histórica región, algo que todavía los habitantes más mayores de estos municipios recuerdan. Su romería de septiembre reúne a cientos de personas que peregrinan desde diversos puntos de la comunidad, quienes disfrutan también del mercadillo que se forma en torno a ella en la pradera del santuario.

Pradera de El Henar. Fuente: Restaurante El Henar

Quienes visitan Cuéllar, además de conocer su castillo o sus diversas iglesias de estilo mudéjar, que pueden presumir de ser de las mejores de España en este estilo artístico, tienen que acercarse también hasta El Henar, situado a tan solo 5 kilómetros de la villa. Allí, podrán visitar el santuario, conocer la romántica leyenda de la Virgen que se mezcla con su verdadera historia y disfrutar de un entorno natural perfecto para una jornada de picnic sintiéndose un auténtico #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

VELASCO BAYÓN, B. (2012). La Virgen del Henar y su santuario en la Villa de Cuéllar (Segovia). Advocaciones Marianas de Gloria (XX), pp. 557-572. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4064135.pdf

Los Toros de Guisando, espectadores de la paz entre Enrique IV de Castilla e Isabel La Católica en 1468

El siglo XV fue un período muy convulso en la Corona de Castilla, con multitud de guerras que regaron de sangre los campos y empobrecieron a sus diferentes reinos. Seis centurias después, todavía se puede percibir en el ambiente las consecuencias bélicas de aquellos momentos, tanto los de los propios conflictos como los gestos de paz. Uno de los más conocidos de todos es el Tratado de los Toros de Guisando, que fue escenificado el 19 de septiembre de 1468 entre Enrique IV de Castilla y la futura reina Isabel La Católica, cuando el monarca reconoció a su hermana como su heredera, en detrimento de su hija, Juana de Trastámara y Avis.

Los enfrentamientos que motivaron la paz

El 28 de febrero de 1462, la reina Juana de Avis dio a luz en el Alcázar de Madrid a una niña a la que se puso su propio nombre. Tras recibir las aguas del bautismo, Enrique IV se apresuró a la convocatoria de Cortes para que su hija fuese jurada como Princesa de Asturias, título que correspondía al heredero de la corona castellana. Nada hacía presagiar que Juan Pacheco, marqués de Villena y antiguo privado del rey, levantase un poder notarial en el que aseguraba la nulidad de su juramento, al no reconocer a Juana como heredera a la Corona, considerándola hija de la reina, no así del rey.

Juana de Trastámara y Avis, más conocida como “La Beltraneja”. Fuente: Wikimedia

Al mismo tiempo, Enrique IV colmó de mercedes al mayordomo mayor de palacio, Beltrán de la Cueva, nombrándole Conde de Ledesma, señor de Cuéllar, propiedad de la infanta Isabel por testamento de su padre, y prometiéndole el Maestrazgo de la Orden de Santiago, en poder de su hermano pequeño, el infante Alfonso, también vía testamento paterno. Voces de la época insinuaban que el rey pagaba a Beltrán por algún secreto favor relacionado con la paternidad de su hija, a la que rápidamente se le apodó como “la Beltraneja”.

Todos estos hechos tuvieron como consecuencia que una liga de nobles se reunieran en Burgos en verano de 1464, emitiendo un manifiesto el 28 de septiembre en el que afirmaban que la princesa Juana era hija de la reina, pero no del rey, solicitando también la convocatoria de Cortes para jurar como heredero al trono al infante Alfonso. Enrique IV, lejos de guerrear, decide entrar en negociaciones de diálogo con los rebeldes, quienes piden la custodia del infante, entregándoselo en otoño. Isabel y Alfonso quedan separados. A cambio, el rey pone la condición de que Alfonso se case con Juana, recayendo sobre el infante la condición de rey propietario en el futuro.

Sepulcro del infante Alfonso de Castilla en la Cartuja de Miraflores. Fuente: Wikimedia

La nobleza sublevada concentró sus fuerzas en torno a Ávila, donde dieron el siguiente paso. Al pie del cimborrio de su catedral el infante Alfonso, a sus once años, fue alzado rey de Castilla en un acto que ha pasado a la historia como “Farsa de Ávila”. El primer documento que firmó como monarca fue una carta en la que declaraba que Enrique IV se había servido de la colaboración de Beltrán de la Cueva para, usando de la reina su voluntad, conseguir el nacimiento de Juana. A comienzos de 1468 Castilla tenía dos monarcas.

De la guerra a la paz

Tras cambiar de bando Toledo en junio de 1468, el infante Alfonso abandona Arévalo con ansias de recuperar la ciudad pero, en el camino, fallece el 5 de julio en Cardeñosa. Mientras agonizaba, su hermana Isabel mandaba una carta a las ciudades el día antes del fallecimiento para avisarles que ella sería la sucesora. Sin embargo, Isabel no se intituló como reina tras la muerte de Alfonso. La infanta trató de instalarse en una postura de legitimidad de origen que en Catilla dependía del nacimiento y de la aceptación por parte del reino. La joven juraba obediencia a su hermano, el rey Enrique, de quien esperaba el reconocimiento de que era ella la heredera de Castilla y no “la hija de la reina”. El rey aceptó entrar en la negociación propuesta por su hermana.

Retrato de la reina Isabel I de Castilla. Fuente: Patrimonio Nacional

Se llega entonces, en septiembre de 1468, a los acuerdos de Cadalso/Cebreros, localidades abulenses donde se firmó el documento que reconocía a Isabel como princesa heredera de Castilla, entre otros asuntos, y que erróneamente ha pasado a la historia como Tratado de los Toros de Guisando, pero, como recogen varios historiadores, entre ellos Luis Suárez, en la explanada de los milenarios verracos se realizaron actos, no se firmaron papeles, el 19 de septiembre de 1468.

Aunque a lo largo de la historia reciente se ha especulado sobre la validez legal de las pretensiones al trono de Castilla de Isabel La Católica, la infanta sí contaba con apoyo jurídico. La nulidad del primer matrimonio de Enrique IV no fue confirmada por la Santa Sede de Roma y, por consiguiente, tampoco hubo nunca una dispensa matrimonial para las segundas nupcias con Juana de Avis. De este modo, Juana era hija ilegítima del rey desde un punto de vista sucesorio, fuese o no suya biológicamente.

Toros de Guisando

Isabel comenzó a ganar adeptos en el norte, concretamente en su principado, Asturias, y en la provincia de Guipúzcoa. El interés que surgía por la joven princesa preocupaba al marqués de Villena, decidido a romper los acuerdos: no fue jurada en Cortes como princesa y se le forzó a casar con el rey Alfonso de Portugal primero y luego con el duque de Guyena, hermano del rey francés. Sin embargo, ella misma optó, sin consultar a su hermano Enrique, como así se disponía en los acuerdos firmados, casarse con el príncipe Fernando de Aragón, como así hizo en Valladolid en octubre de 1469. Este gesto motivó la ruptura del acuerdo por parte del rey de Castilla, a cuya muerte una sangrenta Guerra de Sucesión enfrentaría a su hermana y su hija por el trono.

Toda esta historia se esconde detrás de los Toros de Guisando. Este conjunto escultórico, datado de la Edad del Hierro (siglos I-II a.C.), representa cuatro tallas de verracos esculpidas en granito por los vetones. Aunque se desconoce su función, sí se sabe que ante ellos tuvo lugar, en 1468, el acto por el cual Enrique IV reconoció a su hermana Isabel como heredera de Castilla. Su visita te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DÍAZ VILLANUEVA, F. (2007). Isabel la Católica. Madrid: Edimat Libros.

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (2006). Isabel la Católica. Madrid: Espasa.

SUÁREZ, L. (2004). Isabel I, Reina. Barcelona: Ediciones Folio/Biblioteca ABC.

La Capilla Real de Granada, un monumento funerario para los últimos reyes Trastámara

Una de las preocupaciones de los monarcas y soberanos que han regido reinos y países a lo largo de toda la historia ha sido siempre la de ser recordados tras su fallecimiento. Mientras que unos prefieren dejar una huella inmortal a través de un fructífero gobierno o grandes hazañas militares, hay quienes se decantan por hacerlo a través de un recuerdo tangible y material, para que su memoria permanezca a vista de todos. Otros tantos, sin embargo, se decantan por ambas formas, como así fue el caso de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, más conocidos como los Reyes Católicos.

Una vez que habían pacificado Castilla, habían puesto fin a la denominada Reconquista y emprendido también la gran empresa de las Indias que tendría por resultado el descubrimiento de un nuevo continente, los monarcas decidieron que había llegado la hora de levantar un monumento funerario donde fueran recordados por las generaciones venideras. Granada fue el hecho por el que se ganaron el favor de toda Europa y, en buena medida también, el motivo por el que se alzaron con el título de Reyes Católicos, por lo que fue en el que fue el último reducto musulmán de la península Ibérica donde decidieron reposar para la eternidad, ordenando así la construcción de la Capilla Real. ¿Vienes a descubrirla?

Historia de la Capilla Real de Granada

Los Reyes Católicos no solo quisieron dejar huella de la recuperación del Reino de Granada y el fin de la Reconquista con la colocación de una granada entre los cuarteles de Castilla y Aragón, en el entado en punta del escudo real, sino también con la decisión de enterrarse en la ciudad que tanto trabajo y tesón les costó arrebatar al Islam. El 13 de septiembre de 1504, estando la Corte en Medina del Campo, los monarcas expidieron la Real Cédula con la que fundaban la Capilla de los Reyes bajo la advocación de los Santos Juanes, es decir, el Bautista y el Evangelista. Con esta decisión, relegaban a un segundo plano al Monasterio de San Juan de los Reyes, el cual habían fundado en Toledo para conmemorar su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana y que, en un principio, iba a ser también su lugar de enterramiento.

Doña Isabel la Católica firmando su testamento. Fuente: Museo del Prado

El 26 de noviembre de 1504 falleció la reina Isabel I de Castilla en Medina del Campo y se emprendió el traslado del cuerpo de la soberana hasta Granada. Siguiendo su expreso deseo, fue enterrada en el Convento de San Francisco que había sido fundado dentro de la Alhambra, aunque fue provisional, pues su destino definitivo iba a ser el templo fúnebre que habían fundado la soberana y su esposo. Fernando II de Aragón, a pesar de casarse en segundas nupcias, también confirmó su deseo de ser sepultado en la Capilla Real granadina junto a la difunta reina de Castilla.

La reina Isabel no pudo ver comenzadas las obras de la Capilla Real de Granada, puesto que comenzaron un año después de su fallecimiento. Casualmente, el rey Fernando no pudo verla terminada tampoco, puesto que fue concluida un año después de su muerte, acontecida en 1516. El templo fue construido junto a la antigua mezquita mayor de la ciudad, bajo la dirección del arquitecto Enrique Egas y fue diseñada en estilo gótico isabelino, última corriente artística del arco ojival en España antes del asentamiento del Renacimiento que en ese momento ya imperaba en Europa a comienzos del siglo XVI. Posteriormente, la catedral a la que está conectada la capilla sí que sería levantada en esa nueva corriente artística.

Fachada Catedral de Granada. Fuente. granada.info

El resultado después de más de diez años de obra fue la capilla fúnebre más grande de toda España, un privilegio que todavía hoy mantiene. El 10 de noviembre de 1521, los cuerpos de los Reyes Católicos fueron trasladados hasta la cripta sepulcral de la Capilla Real, siguiendo así sus últimas voluntades. A ellos se unirían con el paso de los años otros muchos personajes reales, como el cuerpo del rey Felipe I de Castilla, la emperatriz Isabel de Portugal, el del príncipe Miguel de la Paz y, por supuesto, el de la reina Juana I de Castilla, que tras fallecer en 1555 en Tordesillas sus restos se trasladaron hasta Granada en 1574, para ocupar el lugar que como reina propietaria de Castilla y Aragón le correspondía.

Fachada de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

En definitiva, la Capilla Real se convirtió en el centro espiritual de Las Españas y todo apuntaba a que, con la decisión del Emperador Carlos V de enterrarse en Granada hasta que cambió de idea en su último testamento, se iba a convertir en el panteón de la Familia Real española. Sin embargo, todo ello se quebró con la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, poniendo un punto y aparte en su historia. Desde entonces, el templo fúnebre de Granada se quedó como el símbolo de los últimos Trastámara y, en concreto, de la monarquía de los Reyes Católicos, mientras que el complejo del Monte Abantos construido por orden de Felipe II se convirtió en el reflejo de la nueva Corona reforzada por el poder de los Austrias.

Qué ver en la Capilla Real de Granada

El estilo sobrio y austero que identificó a la reina Isabel La Católica se aprecia en el mismo lugar en el que descansan sus restos. La Capilla Real no es un templo más, sino que es el espacio en el que los soberanos de Castilla y Aragón reposan, por lo que las connotaciones políticas también encuentran cabida entre sus muros. Por ejemplo, a nadie le extrañará encontrar los símbolos que identificaron a los monarcas, como yugos, flechas o sus propias iniciales. Con todo, se quiso demostrar su poderío hasta la eternidad y la victoria que obtuvieron en la recuperación de la ciudad en 1492.

Nave central

Después de haber adquirido las entradas en la lonja, una dependencia anexa construida en 1518 durante el reinado de Carlos V y en la que se muestran retratos de los reyes fundadores, se accede a la nave central del templo, en la que no se dejan de observar en todo momento el escudo de los Reyes Católicos, evidenciando que su legado histórico permanece vivo y eterno. Dos capillas laterales, una de ellas dedicada a la Santa Cruz y otra a San Ildefonso, suponen la antesala del Altar Mayor, protegido por una impresionante reja que protege asimismo los mausoleos reales y la cripta sepulcral.

Nave central de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

Precisamente, el retablo mayor es una de las grandes joyas artísticas de la Capilla Real de Granada, una portentosa obra firmada por Felipe Bigarny ejecutada en 1502-1522. Unidad política, religiosa y territorial tiene cabida en este conjunto de piezas, a contemplarse en él, respectivamente, a los Santos Juanes, la vida de Cristo y a los Reyes Católicos como héroes de la Cristiandad conquistando Granada a los musulmanes.

Mausoleos y cripta

Entre el altar mayor y la reja se encuentran los sepulcros reales de los últimos reyes Trastámara que se sentaron sobre el trono de los reinos españoles. Esta zona de la capilla tiene la consideración de Aula Regia gracias al mandato de Carlos V, que le elevó a esta dignidad a través de una Real Cédula el 31 de julio de 1539. Esta distinción significa que a los cuerpos reales se les tiene la misma veneración y acatamiento que se les tendría en su presencia, como si estuvieran vivos. Sin duda, con esta decisión la Capilla Real se elevaba a un rango superior al de otros panteones regios de España.

Sepulcro de los Reyes Católicos. Fuente: capillarealgranada.com

El sepulcro de los Reyes Católicos fue ejecutado por Doménico Fancelli y es de un gusto renacentista italiano exquisito. Fue realizado en Florencia entre 1514 y 1517, siendo traído hasta Málaga desde Italia y trasladado hasta Granada para su colocación en la Capilla Real. A su lado, se encuentra el de Juana I de Castilla y su esposo Felipe, que fue ejecutado por Bartolomé Ordoñez. Este último fue encargado por el propio Carlos V en 1518 y no sería colocado en su lugar definitivo hasta 1603, por orden ya de Felipe III. Como curiosidad, cabe señalar que entre los cenotafios hay un cirio y dos lámparas de aceite encendidas de forma perpetua. Se trata de una disposición de los propios Reyes Católicos recogida en la Real Cédula de 1504.

Sacristía y museo

Siguiendo los pasos de los legendarios faraones, los Reyes Católicos también quisieron disfrutar de la eternidad rodeado de algunos de sus objetos más personales. Por ello, la propia reina Isabel donó en testamento a su Capilla Real numerosas joyas, ornamentos o reliquias, algo que también amplió su esposo, como por ejemplo con el traslado de su biblioteca o varios juegos de tapices y cuadros. Algunos de estos preciados y valiosos tesoros ya no se encuentran en este espacio. Por ejemplo, Felipe II trasladó las obras bibliográficas a la biblioteca del Monasterio de El Escorial.

Museo de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

En la sacristía de la Capilla Real se ha creado un espacio museístico en el que se exponen todas estas piezas históricas que los monarcas legaron al templo funerario, elementos que nos ayudan a profundizar en su reinado y en el período histórico que vivieron. Entre todos ellos, el que más llama la atención por los turistas es la corona y el cetro de la propia reina Isabel, protegidos en una vitrina en la que también se puede contemplar la espada que el Rey Fernando portaba al presentar batalla.

La Capilla Real es uno de los lugares con más historia de toda España, un rincón en el que poder reencontrarse con las huellas de nuestro pasado y con ese período de la historia que quiso escapar del ambiente medieval para caminar hacia la modernidad. Después de la Alhambra, es el monumento más importante de Granada, por lo que su visita es obligada. Seas o no seguidor de las huellas de los Reyes Católicos, debes visitarla, puesto que, sin lugar a dudas, recorrerla te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GARCÍA GALLADOR, M. T. (2018). La Capilla Real de Granada. El estudio interdisciplinar de un monumento granadino. Innovación docente interdisciplinar en la universidad. Estudio de la Arquitectura, el Derecho y la Historia del Arte del patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Granada a través de la fotografía estereoscópica, pp. 281-306. Granada: Universidad de Granada, Editorial Universidad de Granada. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6710809&orden=0&info=link

Templarios en España: así llegaron a la península Ibérica los Pobres Caballeros de Cristo

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos popularmente como caballeros templarios u Orden del Temple, fue fundada en 1118 por Hugo de Payns, junto con nueve caballeros. Su historia es una de las que más fascinación e interés han suscitado entre los amantes de la historia y el esoterismo a los largo de todos estos siglos, llegando hasta la propia actualidad. Mucho se ha dicho y escrito sobre ellos, siendo cada vez más los viajeros que quieren seguir sus pasos, pasos que también están presentes en España.

Los caballeros templarios decidieron  consagrar su vida a la defensa de los peregrinos de los Santos Lugares o Tierra Santa tras los continuos ataques que los cristianos recibían de los musulmanes, pero sin dejar de lado la contemplación y oración en torno a Cristo, de ahí que se les identifique como monjes-guerreros. El rey Balduino II les cedió unas dependencias cercanas al Templo de Salomón, lo que explica el origen de su nombre: Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. Sobre su llegada a Europa, y, por tanto, también a España, tras haber informado al papa Honorio II de su institución, siendo reconocida oficialmente la Orden por la Iglesia en 1128, comenzaron ese mismo año a establecer relaciones con las diversas monarquías medievales del momento, incluidas las de la península Ibérica, que en aquel momento era caldo de cultivo de batallas y conflictos entre cristianos y musulmanes.

La llegada del Temple a España

Se sabe que estos caballeros llegaron al territorio ibérico en la primera mitad del siglo XII, como al resto de Europa. Motivados por la defensa de los cristianos frente a los musulmanes, los reyes cristianos peninsulares les implicaron en el proceso tradicionalmente conocido como Reconquista, teniendo gran protagonismo en ella en el siglo XIII, ya que el papa Urbano II había establecido que era tierra de cruzada, lo que justificaba su participación. A cambio, los templarios obtenían recursos, bienes y propiedades con las que sustentar su actividad en Tierra Santa.

Estatua de Ramón Berenguer III. Fuente: Europa en fotos

La primera incursión templaria en la península Ibérica se había producido el 19 de marzo de 1128, un año antes de que se llevase a cabo la regularización de la Orden en Troyes. La reina Teresa de Portugal había donado a los caballeros el castillo de Soure y todas sus rentas para su protección frente a los musulmanes. La iniciativa de la soberana lusa fue seguida por monarcas hispánicos, destacando el conde Ramón Berenguer III en Cataluña, que además solicitó ingreso en la Orden en su lecho de muerte, Alfonso VII de León al entregarles la protección de las tierras de Soria en noviembre de 1146, o su sucesor, Fernando II de León, que les recompensó con enclaves y fortalezas en la zona tras participar en la conquista de la región de la Transierra leonesa entre 1166 y 1169.

El testamento de Alfonso I El Batallador

Sin embargo, el caso más reseñable de todos es el de Alfonso I de Aragón y Navarra, conocido como El Batallador, el prototipo de monarca cruzado de la época en la Península que no dudó en contar con órdenes militares para el proceso de Reconquista. El monarca murió el 7 de septiembre de 1134 tras las graves heridas que sufrió en la Batalla de Fraga acontecida en el verano de ese mismo año y en su testamento, que tenía carácter de ley como toda última voluntad de un monarca en la Edad Media, legó todos sus reinos a los caballeros del Temple, Hospitalarios y del Santo Sepulcro.

Retrato de Alfonso I de Aragón y Navarra, de Pradilla. Fuente: Ayuntamiento de Zaragoza

Sin embargo, las órdenes militares renunciaron a esta importante herencia, a cambio de recibir castillos o fortalezas, ya que los nobles aragoneses y navarros no estaban dispuestos a aceptar estas condiciones. Además, la maniobra provocó la separación de los dos reinos, ya que en Aragón se sentó en el trono el hermano de Alfonso I, Ramiro, y en Navarra se postuló Garci Ramírez, que estaba casado además con una de las hijas del Cid y pasó a la historia como El Restaurador.

El ocaso templario en España

Los caballeros templarios tuvieron presencia en España hasta la disolución de la propia Orden a nivel internacional, hecho que tuvo lugar en 1312 y que todavía hoy cuesta explicar por qué sucedió. Acumularon importantes posesiones y el destino de sus bienes se decidió a nivel europeo en la bula Ad providam, dada por el propio Clemente V, que pasarían a engrosar el patrimonio de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Sin embargo, se suspendió esta orden en los reinos peninsulares hispánicos, a saber, Portugal, Castilla, Aragón y Mallorca, a través de la bula Licet dudum de 13 de enero de 1313, dejando la decisión en manos de la Silla apostólica de cada país.

Castillo templario de Ponferrada, en León. Fuente: Ayuntamiento de Ponferrada

En el caso de los reinos de Castilla y León, los bienes de los templarios continuaron en manos de la Corona, sin haberse podido llegar a esclarecer si fueron transferidas a la Orden del Hospital, que sí que hizo intercambio de bienes templarios con las órdenes nacionales de Santiago y Calatrava en 1356, mientras que en Portugal pasaron a una nueva orden de caballería, la Orden de Cristo. Por su parte, al similar ocurrió en Aragón, que creó en 1317 la Orden de la Montesa, en la que se integraron los bienes templarios del Reino de Valencia, mientras que los de Aragón y Cataluña pasaron a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, al igual que ocurrió con los de Mallorca.

J.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICAS

Barquero, C. (2011). Templarios y hospitalarios en la Reconquista peninsular. Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval (17), pp. 167-182. Recuperado de: http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/25670

De Moxó y Montoliu, F. (1993). Los Templarios en la Corona de Aragón. Aragón en la Edad Media (10-11), pp. 661-674. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=108470

Domínguez Alarcón, J. E. (2015). Análisis crítico-jurídico del proceso de la Orden del Temple, 1309-1312 (prolegómenos, disolución y repercusiones posteriores). Málaga: Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga. Recuperado de: https://riuma.uma.es/xmlui/bitstream/handle/10630/11464/TD_DOMINGUEZ_ALARCON.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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Rodríguez Campomanes, P. (1747). Dissertaciones historicas del Orden, y Cavalleria de los Templarios, o Resumen historial de sus principios, fundacion, instituto, progressos, y extincion en el Concilio de Viena y un apendice, o suplemento. Madrid: Oficina de Antonio Pérez Soto. Recuperado de: http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=8183

Lista de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, 15 destinos imprescindibles en España

España ocupa un lugar preferente en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Se trata del tercer país del mundo con mayor número de bienes catalogados con esta distinción, la más importante del ámbito turístico y patrimonial. Monumentos, parajes naturales, tradiciones o paisajes culturales son algunos de los tesoros que engrosan este privilegiado grupo en el que todos los destinos quieren estar.

Sin embargo, las Ciudad Patrimonio de la Humanidad son las que más atención acaparan entre los turistas que recorren España. En ellas se ha creado una atmósfera única gracias a su historia, su cultura o sus recursos culturales y naturales. Son 15, y lo único que comparten es esta distinción de la UNESCO, puesto que por lo demás son completamente diferentes, teniendo cada una de ellas su propia esencia. ¿Te vienes a descubrir algunos de sus secretos y los motivos por los que son Patrimonio Mundial?

Córdoba

Quienes sean amantes de ir en busca de los bienes Patrimonio de la Humanidad, encuentran en Córdoba su principal destino en España. Este rincón de Andalucía, el lugar al que un día miraba Occidente con envidia por su esplendor califal y su progreso social, cultural y económico, cuenta con cinco tesoros distinguidos por la UNESCO, destacando su casco histórico. Se trata de uno de los más grandes de Europa y es refugio de la herencia romana, árabe, judía y cristiana de la ciudad.

Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos

Aunque la Mezquita es el símbolo y estandarte de Córdoba, nadie puede perderse el Alcázar de los Reyes Cristianos, un paseo por el Barrio de San Basilio ni tampoco dejar de entrar a alguna casa típica musulmana, admirando sus bellos patios, decorados con cientos de flores y cuya fiesta del mes de mayo es también Patrimonio Mundial de la UNESCO, en la categoría de bienes inmateriales.

Ávila

En 1985, la ciudad de Ávila, protagonista del devenir histórico de Castilla, entró a formar parte de la Lista Patrimonio Mundial. La UNESCO reconoció con esta declaración que su emblema patrimonial es la pieza clave de su cultura, es decir, el recinto amurallado de estilo románico que todavía conserva de forma íntegra. En torno a sus murallas, ha ido creciendo y desarrollando la sociedad abulense a lo largo de los siglos, construyendo dentro y fuera de ellas multitud de edificios religiosos y civiles que, a día de hoy, son auténticos monumentos.

Panorámica de Ávila y su recinto amurallado

Además, Ávila es un ejemplo sobresaliente de un conjunto arquitectónico que ilustra una etapa significativa de la historia, como así es la Edad Media. El estilo y la seña medieval se aprecian a cada paso que dan los visitantes que se acercan hasta esta ciudad castellana, entrando en contacto con joyas románicas, una de las primeras catedrales góticas construidas en España o el misticismo de Santa Teresa de Jesús, uno de los personajes clave para entender también la esencia abulense.

Santiago de Compostela

El intercambio de valores humanos y el enriquecimiento de las culturas del mundo es una máxima de la UNESCO. Por ello, el destino del Camino de Santiago, una de las vías de peregrinación más importantes de la historia, tenía que formar parte de la Lista de Patrimonio de la Humanidad. La ciudad de Santiago de Compostela fue incluida en 1985, aunque su riqueza patrimonial, con la catedral consagrada al Apóstol como símbolo, también fue vital para engrosar este selecto club internacional.

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela

Eje fundamental de la Cristiandad, Santiago de Compostela fue completamente arrasada por los árabes en el siglo X, lo que obligó a la reconstrucción de la ciudad. El tiempo parece que se ha detenido en ella, conservando todavía su trazado medieval, articulado en torno a su catedral románica, en la que el gótico y el Barroco también tienen una fuerte presencia, al igual que ocurre en el resto de sus monumentos.

Segovia

En 1985, la UNESCO declaró el casco histórico de Segovia como Patrimonio de la Humanidad. Los técnicos de este organismo internacional no tuvieron problemas a la hora de encontrar razones contrarias para incluir la ciudad en su preciada Lista. Al contrario, sobran motivos positivos para que esta urbe castellana formase parte de ella. El acueducto, emblema cultura y patrimonial de Segovia, es la obra de ingeniería civil romana más importante de España y una de las más importantes de toda Europa, en gran parte por su excelente conservación.

Vista de la catedral de Segovia

El ambiente medieval se mezcla con la herencia romana, con el Alcázar como dueño y señor de la ciudad, de una ciudad en la que los reyes de la Corona de Castilla, sobre todo los Trastámara, siempre tuvieron puesta su vista. Iglesias románicas, la última catedral gótica construida en España, patrimonio de la cultura judía y exquisita gastronomía completan la oferta turística de Segovia, un bien Patrimonio Mundial que deja sin palabras a sus visitantes.

Toledo

Capital imperial y ciudad de las tres culturas. Así se presenta Toledo al mundo, y así consiguió ganarse también el favor de la UNESCO, quien la incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad en 1986, entre otros criterios, por ser manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado período, en parte gracias a la convivencia de árabes, cristianos y judíos. La catedral de Toledo es una joya del arte gótico y, junto con el Monasterio de San Juan de Los Reyes, es la máximo representante de la cultura católica y cristiana.

Detalle del Alcázar de Toledo

Por su parte, el símbolo de la herencia judía se observa en la Sinagoga de Santa María La Blanca, mientras que la huella musulmana en la Mezquita del Cristo de la Luz, un tesoro del arte califal. El alcázar representa el poder que la Monarquía ejerció a las orillas del Tajo en tiempos de Carlos V, así como los ecos de la triste historia reciente de la Guerra Civil. Estos son solo algunos de los muchos monumentos que esperan al visitante que acude hasta Toledo.

Cáceres

Después de los enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, la paz se vio truncada por las disputas por el trono de Castilla en el siglo XV, pero Cáceres volvió a renacer de nuevo tras la tormenta bélica. Los palacios nobiliarios volvieron a florecer, en gran parte por la fortuna del Nuevo Mundo, de la que la región extremeña se benefició, como tierra de descubridores en que se convirtió.

Vista del casco histórico de Cáceres

La arquitectura italiana que iba asentándose entre los muros de las murallas medievales de Cáceres se intercalaba con monumentos góticos o románicos, así como con la herencia que árabes y romanos dejaron impronta en el patrimonio de la ciudad. Toda esa huella de épocas de la historia fue reconocida precisamente por la UNESCO en 1986, incluyendo su casco histórico en la Lista Patrimonio de la Humanidad.

Salamanca

La Universidad situó a Salamanca en el orbe del renacimiento europeo del siglo XVI. Esta institución de enseñanza, una de las más importantes del Viejo Continente, lleva centrando la vida social y cultural de la ciudad desde hace más de 800 años. Para muchos, Salamanca es la Verona española, y es que hasta una pareja de enamorados forma parte de su historia, como así con Calixto y Melibea, los protagonistas de La Celestina.

Vista de la Catedral nueva de Salamanca desde el puente romano

El casco histórico de Salamanca fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988. Además de la Universidad, que fue elemento clave a la hora de obtener tal distinción, la ciudad tampoco se entendería sin la magia barroca de su Plaza Mayor, el doble encanto de su Catedral vieja y nueva, demostrando en ella la transición de los estilos artísticos europeos desde el románico hasta el mismo barroco, y los ecos de su pasado, que todavía resuenan en el Tormes, otro actor protagonista de la historia salmantina.

Mérida

No hace falta viajar hasta Italia para descubrir los secretos del legendario Imperio Romano. En Mérida, todavía perviven las hazañas de Hispania, al ser esta ciudad una de las más importancias de la provincia romana que se constituyó en la península Ibérica. Sus orígenes se remontan al 25 a. C.,  cuando el emperador Augusto fundó Emérita Augusta, la actual Mérida, que llegaría a ser la capital de la Lusitania.

Teatro Romano de Mérida

En 1993, la UNESCO reconoció la importante herencia romana de Mérida, al incluir su conjunto arqueológico, y por ende la ciudad, en la Lista Patrimonio de la Humanidad. El teatro es su principal emblema, sobre todo porque, todavía hoy, después de más de dos mil años, sigue siendo utilizado con su misma función primitiva y para lo que fue construido, desarrollándose en él cada verano un Festival Internacional de Teatro Clásico.

Cuenca

Posiblemente, los técnicos de la UNESCO vivieron en primera persona lo mismo que les ocurre a muchos turistas que se acercan hasta Cuenca: quedan impresionados con las casas colgadas que sobreviven al paso del tiempo en un saliente rocoso de la hoz del río Huécar. Sin embargo, esta ciudad de Castilla-La Mancha abarca mucho más que este conjunto de curiosas viviendas levantadas entre los siglos XV-XVI.

Panorámica de las casas colgadas de Cuenca

En Cuenca, se construyó la primera catedral gótica de España, que ostenta ese título junto con la de Ávila, aunque la conquense presenta rasgos más marcados procedentes de la vecina Francia. Este monumento, junto con las casas colgadas, ha demostrado cómo se ha adaptado a los nuevos tiempos, destacando sus vidrieras de diseño abstracto, un arte al que se ha consagrado un museo dentro de las citadas casas colgadas. Todo ello, junto con el recinto amurallado, completa la oferta turística más importante de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996.

Alcalá de Henares

En 1998, España gana una nueva inscripción en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, en este caso gracias a la Universidad y recinto histórico de Alcalá de Henares. Esta ciudad situada en la Comunidad de Madrid es la primera ciudad universitaria planificada de todo el mundo, un sueño y realidad conseguida gracias al Cardenal Cisneros, madrileño de Torrelaguna y una de las figuras más importantes en la España de finales del siglo XV y principios del XVI.

Panorámica de la Plaza de Cervantes, en Alcalá de Henares

A pesar de la importancia de la Universidad, no hay que olvidar tampoco que en Alcalá de Henares nació el 29 de septiembre de 1547 el escritor Miguel de Cervantes, artífice de El Quijote, la primera novela moderna de la literatura mundial. Aprovechando la visita, los turistas también se acercan hasta la Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor, obra de estilo gótico y renacentista consagrada a la advocación de estos mártires, los Santos Niños, que nacieron y perecieron en la misma ciudad en el siglo IV.

Ibiza

Cultura y naturaleza se dan la mano en Ibiza, y así queda reflejado también en la Lista Patrimonio Mundial. El 4 de diciembre de 1999, la UNESCO incluyó a la isla en este selecto club bajo la denominación “Eivissa, Biodiversidad y Cultura”. Dentro de los bienes afectados por la distinción, se encuentra el Dalt Vila, es decir, el casco histórico, lo que directamente convierte a Ibiza en una de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España. En este entorno, se aprecia la huella de los diferentes pueblos que han pasado por la isla: fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes y cristianos de la mano de los aragoneses en el siglo XIII.

Panorámica del Dalt Vila de Ibiza, declarado Patrimonio de la Humanidad

Las praderas de posidonia oceánica que rodean a la isla de Ibiza son el factor natural que forma parte de la declaración de la UNESCO, un recurso imprescindible y único en el Mediterráneo. No hay que olvidar tampoco la necrópolis fenicio-púnica de Puig des Molins y el asentamiento fenicio de Sa Caleta, vestigios de los primeros pobladores de todas las islas del archipiélago.

San Cristóbal de la Laguna

En 1999, la UNESCO declaró también Ciudad Patrimonio de la Humanidad a San Cristóbal de la Laguna, situada en la isla canaria de Tenerife. Conocida popularmente como La Laguna, el organismo internacional reconoció con esta distinción la herencia cultural de la que fue la primera ciudad colonial no fortificada de todo el mundo, precedente para las villas y ciudades que comenzarían a ser construidas también en el Nuevo Mundo recién descubierto.

Vista de San Cristóbal de la Laguna. Fuente: Murallas de las Ciudades Patrimonio

San Cristóbal de la Laguna, que hasta el siglo XVIII fue la ciudad más importante y rica de las Canarias, cediéndole después el protagonismo a Santa Cruz de Tenerife, conserva el trazado original de comienzos del siglo XVI, así como sus palacios, casas coloniales, iglesias o conventos, un importante patrimonio artístico e histórico que pervive al paso del tiempo en un destino turístico al que la mayoría acude en busca del sol y la playa.

Tarragona

Hace más de dos mil años, Tarraco era una de las ciudades clave del Imperio Romano. De hecho, llegó a ser la capital de la Hispania Citerior, lo que dotó a la ciudad de una importante arquitectura que ha pervivido en algunos casos al paso del tiempo, contando hoy en día con un imponente patrimonio de la época romana. Anfiteatro, teatro, necrópolis o un acueducto son algunas de las maravillas que contemplan los turistas que pasean por las calles de la que desde el 2000 es la única Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Catalunya.

Restos del anfiteatro romano de Tarragona

Desde Tarraco, se creó Hispania. Fue la primera fundación militar romana fuera de la península Itálica, por lo que se podría decir que en ella se sembró la semilla del Occidente romano. Muchos de los vestigios de esta época fueron utilizados en los siglos venideros, siendo latente también la huella medieval en monumentos como su catedral. Por ello, no es extraño encontrar restos romanos en algún bajo comercial de las calles de Tarragona. Esta es también parte de su magia.

Baeza

En 2003, la UNESCO incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad los “Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza”, siendo las últimas ciudades de España, ambas situadas en Jaén, que han sido galardonadas con esta importante declaración. Tanto uno como otro, tal y como se puede ver en su denominación, sobresalen por la herencia de arte renacentista que se puede apreciar en sus calles.

Puerta de Jaén y Arco de Villalar, en Baeza

Fuentes, torres, iglesias, palacios, conventos y hasta una catedral se dan cita en el casco histórico de Baeza, en la que un solo fin de semana se llega a quedar corto para conocer todos los secretos de sus monumentos, por los que corre la sangre de los artistas del Renacimiento y el estilo plateresco propio de España. Desde la Batalla de las Navas de Tolosa, que se libró a 60 km al norte de Baeza, en Santa Elena, la ciudad se convirtió en una plaza fundamental para la defensa de las fronteras, adquiriendo una riqueza que afloró durante el siglo XVI.

Úbeda

La hermana gemela de Baeza en la declaración de la UNESCO es, como ya hemos adelantado, Úbeda. Lo cierto es que ambas ciudades forman parte de un mismo viaje en la mayoría de los casos, aunque no se hacen sombra entre ellas. Úbeda también cuenta con un rico patrimonio renacentista, un nutrido grupo de monumentos civiles y religiosos que dejan igualmente boquiabiertos a los turistas, completando su experiencia con la rica gastronomía que se puede degustar en sus restaurantes.

Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, en Úbeda. Fuente: Itinari

Los turistas que realicen en algún momento una ruta por las 15 Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, además de quedarse fascinados con todo el tesoro patrimonial que ofrecen, también comprobarán  la riqueza y diversidad cultural y natural de nuestro país. Pocos lugares hay en el mundo que ofrezcan tanto en un único espacio, en el que tantas civilizaciones hayan dejado su huella inmortal, donde la naturaleza sea tan cambiante en un punto u otro, y donde las tradiciones sean dispares y únicas allá donde se vaya. Sin duda, visitar Toledo, Cuenca, Segovia, Ávila, Salamanca, Santiago de Compostela, Tarragona, San Cristóbal de la Laguna, Ibiza, Úbeda, Baeza, Córdoba, Alcalá de Henares, Cáceres y Mérida te hará sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

Las iglesias más antiguas de Málaga, herencia de los Reyes Católicos en la ciudad

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón obtuvieron el título de Reyes Católicos, para ellos y sus sucesores, mediante la bula Si convenit, otorgada por el Papa Alejandro VI el 19 de diciembre de 1496. Una de las causas que argumentó el papado para conceder esta distinción a los soberanos de Las Españas fue la finalización de la denominada Reconquista, gracias a la recuperación del Reinado de Granada en 1492, último reducto musulmán en la península Ibérica y en Europa. La Guerra de Granada fue una de las empresas más trascendentales del reinado de los reyes de Castilla y Aragón, además de uno de los conflictos más largos y cruentos a los que se enfrentaron, ya que se extendió durante una década.

La toma de Málaga

El sitio a la ciudad de Málaga comenzó el 7 de mayo de 1487 y finalizó el 18 de agosto de ese mismo año. Con la anexión de la ciudad a la Corona de Castilla, se puso fin a uno de los episodios más fundamentales de la Guerra de Granada. Dos días después, el 20 de agosto de 1487, los obispos de Ávila, Badajoz y León entraron en procesión en la ciudad y se dirigieron a la mezquita mayor, consagrándola a la advocación de Santa María de la Encarnación. Este fue el primer paso para la cristianización de Málaga.

Retrato de los Reyes Católicos

La refundación de la ciudad consistió en la creación de una diócesis independiente de la de Sevilla, poniéndose al frente a Pedro Díaz de Toledo, quien había acompañado personalmente a los Reyes Católicos en la conquista de Málaga, asistiendo a los heridos en el cerco. De hecho, fue el encargado de portar la Cruz en la entrada triunfal de los monarcas en la plaza tras su toma, colocándola en la parte alta de la Alcazaba. Como obispo de la nueva Málaga cristiana, remodeló la medina musulmana en cuatro parroquias: Sagrario, Mártires, San Juan y Santiago.

La fundación de estas cuatro iglesias en Málaga se pudo llevar a cabo gracias a la bula Ad illam fidei constantiam que Inocencio VIII concedió a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón el 4 de agosto de 1986. Gracias a esta concesión del papado, los monarcas podían fundar iglesias por el territorio reconquistado. Málaga fue la primera plaza en la que se aplicó esta licencia y las cuatro iglesias que fundaron los Reyes Católicos no solo mantiene este privilegio todavía hoy, sino también el de ser las más antiguas de la ciudad.

Iglesia del Sagrario

Dos días después de producirse la toma de Málaga, se llevó a cabo la consagración de la principal mezquita de la ciudad. Con ello, se ponía fin a más de siete siglos de historia árabe, abriendo un nuevo capítulo en el que la media luna tornó en cruz cristiana. La advocación de Santa María de la Encarnación fue la elegida para la nueva Iglesia Mayor malagueña, la primitiva catedral que tuvo la nueva urbe de dominio castellano.

Portada del Perdón o el Sagrario de la Catedral de Málaga. Fuente: Manuel Pérez

Con el objetivo de dotarle de una apariencia más cristiana, a la vieja mezquita se le añadieron elementos propios del gótico isabelino, como la portada de acceso, la actual Puerta del Perdón de la catedral que podemos contemplar a día de hoy y que forma parte de la Iglesia del Sagrario, la cual está anexa al propio templo. Se construyó en 1498 y en 1514 se llevó a cabo su decoración. Por aquel entonces, la idea de edificar una catedral completamente nueva ya estaba en marcha, por lo que años más tarde, concretamente en 1528, comenzaron las obras de la nueva sede catedralicia en estilo renacentista gracias al empuje del Emperador Carlos V. Como recuerdo de aquella primitiva catedral y de las primeras huellas cristianas en la Málaga reconquistada pervive esta portada gótica.

Iglesia de Santiago

La Iglesia de Santiago Apóstol se construyó junto a la Puerta de Granada, teniendo su advocación y ubicación una gran carga simbólica. Por un lado, el templo fue dedicado al Patrón de España, que en aquella época representaba la victoria de los cristianos sobre el Islam. Por otra parte, la localización era junto al mismo acceso por el que entraron los Reyes Católicos a la recién conquistada Málaga.

Fachada y campanario de la Iglesia de Santiago de Málaga. Fuente: 101viajes.com

La Iglesia de Santiago es la más antigua de Málaga, sin tener en cuenta la propia consagración de la mezquita en catedral o iglesia mayor, ya que fue fundada el 25 de julio de 1490. Los estilos gótico y mudéjar se dan la mano en este templo, destacando la torre campanario con paños de sebka o la portada de acceso. En su interior, destacan valiosas piezas de la imaginería religiosa, además de Jesús El Rico y la Virgen del Amor, protagonistas de la Semana Santa malagueña que levantan las pasiones de sus ciudadanos cada año. Como curiosidad, en la Iglesia de Santiago fue bautizado Pablo Ruiz Picasso en 1881.

Iglesia de San Juan Bautista

Actualmente, y aproximadamente desde el siglo XVIII, esta iglesia está dedicada a San Juan Bautista, aunque todo apunta a que en el momento de su fundación estuvo bajo la advocación de San Juan Evangelista, del que la reina Isabel La Católica era sumamente devota. Declarada Bien de Interés Cultural, este templo fue diseñado en estilo mudéjar y gótico, estando situado en los arrabales de la ciudad musulmana. Su torre campanario es el elemento más destacado de su arquitectura, aunque no es la primitiva, finalizada en 1543. Un terremoto acaecido en 1680 la derribó, levantándose la actual, que sirve de portada de acceso también.

Detalle del campanario de la Iglesia de San Juan. Fuente: Wikimedia

En la Iglesia de San Juan Bautista se da culto al Cristo de la Vera Cruz, una talla del siglo XVI que sufrió grandes destrozos durante la Guerra Civil, aunque fue reconstruida. La cofradía que le da culto es una de las más antiguas de Málaga, ya que se fundó en 1505. También en este templo radican actualmente también las imágenes de la Cofradía de Ánimas de Ciegos, otra de las más longevas de la ciudad y cuyos orígenes radican en los tiempos postreros a la conquista de los Reyes Católicos.

Iglesia de Los Mártires

Los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se encomendaron a San Ciriaco y Santa Paula, los Santos Mártires malagueños que sufrieron los avatares de la persecución de los romanos en el año 303, para recuperar la ciudad. Según algunas fuentes, prometieron que si conquistaban la ciudad fundarían una parroquia en su honor, como así acabaron haciendo. No obstante, lo que buscaban verdaderamente los monarcas era recuperar el pasado cristiano de Málaga, potenciando dos devociones propias de la nueva urbe de Castilla propias del período anterior a la conquista árabe, considerando así que esta fue una invasión de un pueblo extranjero.

Iglesia de Los Mártires. Fuente: SUR

La Iglesia de los Santos Mártires, como hemos dicho, está dedicada a la advocación de San Ciriaco y Santa Paula, patronos de la ciudad. El templo primitivo era de estilo gótico, pero un terremoto acaecido en 1884 deterioró la fábrica original, que se vio todavía más perjudicada en la Guerra Civil. La restauración de 1945 siguió las trazas del rococó, y la historia de la parroquia todavía se percibe en su interior y exterior.

La visita a estas cuatro iglesias de Málaga supone regresar al pasado de la ciudad, cuando fue incorporada a la Corona de Castilla el 18 de agosto de 1487, invirtiendo la media luna musulmana en cruz latina cristiana. Quienes se adentran en sus interiores, después de haber contemplado la arquitectura exterior, se sienten unos verdaderos #turistaenmipaís, descubriendo los secretos que aguardan y susurran sus muros, comenzando por el origen de sus advocaciones, demostrando que todo tiene un por qué.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DÍAZ CABIALE, L. M., DE ANDRÉS DÍAZ, J. R. (2018). Influencia de las cuatro iglesias fundacionales en la trama urbana de Málaga. Arte y Ciudad: Revista de Investigación (13), pp. 117-142. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6794156.pdf