La erupción volcánica de La Palma de 1646: así fue la crónica que recibió Felipe IV

Uno de los hechos más importantes, a la vez que catastróficos, que tuvieron lugar en 2021 en España fue la erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de La Palma, un hecho que sorprendió a todos y que ayudó a recordar que el archipiélago de Canarias está vivo, es de origen volcánico y forma parte de la placa africana. Sin duda, la sociedad palmera, duramente afectada por las pérdidas materiales, pero también el resto del país solidarizándose con ellos, se paralizó ante lo sucedido. A pesar de que este tipo de fenómenos naturales dejan impronta de su huella y recuerdo en la propia orografía del paisaje, su documentación también es importante para tratar de predecir otras posibles y futuras catástrofes volcánicas, además de analizar las ya acontecidas.

En pleno siglo XXI, noticias, vídeos, imágenes, últimas horas a golpe de tweet o una conexión en directo constante con la salida de la lava, sirvieron para documentar este hecho histórico. Sin embargo, en las centurias precedentes el tiempo avanzaba a otro ritmo y era la pluma y el papel los que anunciaban y dejaban constancia escrita de este tipo de sucesos. Prueba de ello lo encontramos en 1646, año en que otro volcán despertó también de su letargo en La Palma y paralizó la vida de sus habitantes. El entonces Rey de Las Españas, Felipe IV, recibió la noticia en forma de carta escrita del puño y letra del Gobernador de las Canarias, un valioso documento con el que conocer cómo fue aquella erupción que paralizó la vida de los palmeros y que a continuación vamos a descubrir.

La Palma, una isla volcánica viva

La Palma es una de las islas que conforman el archipiélago de las Canarias. De origen volcánico, todo este conjunto de formaciones insulares situadas en el Océano Atlántico se asientan sobre la placa africana y, desde un punto de vista natural, pertenecen a la región de la Macaronesia. De todo el grupo de islas, cabe destacar que La Palma es la segunda más joven, por detrás de Hierro, al alcanzar únicamente los 2 millones de años. Aunque puedan parecer muchos, lo cierto es que en geología el tiempo se mide de otra forma, además de recordar que nuestro planeta, La Tierra, cuenta con más de 4,5 mil millones de años.

Vista aérea de la isla canaria de La Palma

El vulcanismo es uno de los grandes atractivos turísticos de las Islas Canarias, que han sabido aprovechar y revalorizar su riqueza natural para crear valor y atraer la atención de los turistas de todo el mundo. El archipiélago, único por sus características geológicas o climáticas, tanto en España como en Europa, ve reflejado todo ellos en sus diferentes espacios naturales protegidos, cuyos máximos exponentes son sus cuatro Parques Nacionales: Teide (Tenerife), Timanfaya (Lanzarote), Garajonay (La Gomera) y Caldera de Taburiente (La Palma). Como no podía ser de otro modo, todos ellos se encuentran vinculados al origen volcánico del archipiélago.

En lo que respecta a la Caldera de Taburiente, estudios en las últimas décadas han confirmado que, a pesar de su nombre, su origen es erosivo, no volcánico. La edad de esta zona de La Palma coincide con la antigüedad de la isla, por lo que está vinculada al nacimiento de la misma. De hecho, las primeras erupciones submarinas que concluyeron con la creación de la isla comenzaron hace 3 millones de años en este extremo norte, y la formación posterior del actual Parque Nacional, que al mismo tiempo es también Reserva de la Biosfera de la UNESCO, se debió a los procesos erosivos del agua, uno de sus elementos más significativos y que brota por todo el terreno que ocupa. Aclarado este detalle, el dominio geológico de Caldera de Taburiente lleva miles de años sin experimentar actividad volcánica, ya que hace aproximadamente 150.000 años que los rugidos del magma se trasladaron al sur, más allá de Cumbre Vieja.

Vista de Cumbre Vieja, en La Palma. Fuente: fotosaereasdecanarias.com

El Parque Natural de Cumbre Vieja divide La Palma en dos partes y también sirve de límite natural para poder contemplar dos paisajes completamente opuestos. Uno muy frondoso y verde al norte, mientras que en el sur el entorno es puramente volcánico. Esto no es de extrañar, puesto que en los últimos siglos se han registro en esta zona numerosas erupciones volcánicas, las denominadas erupciones históricas. La primera de ellas, que sin contar con documentación ha confirmado la geología, aconteció en torno a 1470-1492 con el despertar del volcán Tacande, unos años antes de la conquista española de la isla (1493). Precisamente, el propio Colón pudo observar actividad volcánica en Canarias desde la nave que le conducía al Nuevo Mundo en 1492, tal y como reflejó en su diario de a bordo, aunque no se sabe si provenía de La Palma o del Teide, en Tenerife.

Erupción del volcán Teneguía en 1971. Fuente: EL PAÍS

De las 17 erupciones volcánicas canarias históricas, 8 han tenido lugar en La Palma y todas ellas al sur de la isla, en el actual Parque Natural de Cumbre Vieja. La última, en 2021. De hecho, desde el siglo XV en que se tienen registros, solamente en el XIX no hubo ninguna explosión. Las colas de lava han ido dando forma a todo este territorio insular, un gran atractivo hoy en día para quienes visitan la “Isla Bonita”, como así se conoce a La Palma, pero que tantos estragos han provocado a lo largo de los tiempos a sus habitantes, destruyendo casas, plantaciones o reservas ganaderas.

La erupción del Volcán Martín en 1646

De las ocho erupciones volcánicas que han tenido lugar en La Palma desde el siglo XV, queremos destacar especialmente la que aconteció en 1646. Solamente habían transcurrido algo más de 70 años de la anterior, en la que el volcán de Tahuya sembró el pánico entre la población palmera entre el 19 de mayo y el 10 de agosto de 1585, cuando un nuevo gigante fruto de la naturaleza volvió a rugir con fuerza en la “Isla Bonita”. La lava despertó en el extremo sur de Cumbre Vieja el 2 de octubre de 1646, en la montaña que los locales conocían como Manteca.

Vista del Volcán Martín, cuya erupción se produjo en 1646. Fuente: Isla Bonita Tours

El volcán Martín, como así se denominó al nuevo habitante geológico de La Palma que surgió de esta erupción, llegó a formar varias lenguas de lava y afectó especialmente a Tigalate y Fuencaliente. Al igual que ha ocurrido en otras ocasiones a lo largo de la histórica volcánica de la isla, el material que expulsó el volcán también consiguió llegar al Atlántico y ganar terreno al mar.

Colas de lava que provocó la erupción del volcán Martín en 1646. Fuente: OpenStreetMap

La erupción de Martín estuvo acompañada también de fuertes terremotos, que obligaron al gobernador de Tenerife a enviar barcos a sus vecinos palmeros para evacuarlos, pues muchas de sus embarcaciones habían quedado destruidas. Además de la lava, la tormenta de ceniza y piroclastos provocaron grandes consecuencias para las cosechas y cultivos, tanto de ese año como del venidero. Finalmente, y antes de la llegada de la Navidad, el volcán cesó en su actividad. Aunque Martín se extinguió, La Palma continuó muy viva, y pasaron solo 28 años para que un nuevo volcán continuara escribiendo la milenaria pero reciente historia de la segunda isla más joven de las Canarias.

La crónica de la erupción recibida por Felipe IV

La noticia de la erupción del volcán Martín llegó a la península el 18 de diciembre de 1646, del puño y letra del corregidor de Tenerife y La Palma, Alonso de Inclán y Valdés. La carta, conformada por nueve folios y conservada en la Biblioteca Nacional de España, está dirigida a Felipe IV y en ella se describe cronológica y detalladamente lo sucedido. En primer lugar, el gobernador informa al Rey que los primeros días de octubre se sintió en Tenerife, en cuya ciudad de La Laguna se encontraba, temblores de tierra de poca consideración, aunque los que le siguieron supusieron un «grande estruendo en toda la dicha isla en forma de artillería gruesa», por lo que las confundieron con un ataque de guerra.

Felipe IV de España reinó entre 1621 y 1665. Fuente: The National Gallery

El corregidor informa al Rey que recibió aviso que desde Garachico, población situada también en Tenerife, se avistaba «un fuego grande y espantoso en la isla de La Palma, que está distante de aquella en dieciocho leguas y que del mismo fuego se distinguían otros fuegos grandes que en forma de ríos corrían hacia la mar». Por tanto, ya habían descubierto el origen de los estruendos, causados por un volcán que había explosionado en su isla vecina. Los moradores de la “Isla Bonita” le relataron que el 30 de septiembre de 1646, a las once de la noche, comenzaron los terremotos que precedieron la erupción, que tuvo lugar el 2 de octubre, cuando «se abre una grieta en el término que llaman de Tigalate», cuyos materiales, entre ellos humo y piedras, «oscurecían el día y condensaban el aire».

En la carta, el corregidor va relatando el número de bocas que el volcán va abriendo conforme los días se suceden. Uno de los puntos más llamativos es que, a pesar de afirmar que dos grandes colas de lava acaban llegando al mar, «las cenizas y piedras que llueven nunca cesan, con que esto hace más daño que los ríos de fuego». Concretamente, hace referencia a los daños que causó en los cultivos y zonas boscosas de la comarca, junto con el ganado que pereció, las casas y estanques que destruyó y, ante todo, las tierras de sembrar, el gran tesoro de la isla según el corregidor.

La agricultura continúa siendo la principal actividad económica de La Palma. Fuente: Guía Repsol

Curiosamente, también informa a Felipe IV que por donde la lava avanzaba no quedaba otra cosa que «malpaís, que así llaman la tierra inhabitable por estar cubierta de piedra quemada». Se trata, por tanto, de un término de larga historia que todavía hoy se escucha en todas las Islas Canarias. Además, afirma que, aunque el volcán perjudicó a todos los habitantes de La Palma por igual, los más pudientes se vieron menos afectados ya que la erupción no afectó a los cultivos de azúcar o las viñas. Es por ello que, al finalizar la carta, solicitó «alivios» al Rey ante la desgracia que vivieron los palmeros.

El pino canario se ha asentado con el paso de los siglos en el entorno del volcán Martín. Fuente: Francisco Curbelo

Los efectos del volcán Martín también llegaron a Tenerife, donde cayó «cantidad grande de arena que parece pólvora verde», e incluso hasta Lanzarote, donde «un olor enfadoso y los estruendos se han sentido», a pesar de distar de ochenta leguas de la de La Palma. Precisamente, la noche del 15 de noviembre de 1646, el corregidor afirma en la carta que los terremotos que se sintieron desde Tenerife fueron tan grandes que la población acudió a refugiarse a iglesias o conventos y que «no parecía la ruina de aquella isla de La Palma, sino la de todas», refiriéndose al conjunto del archipiélago.

El ¿milagroso? final de la erupción

En la carta que el gobernador de Tenerife y La Palma remitió a Felipe IV y que hemos desgranado previamente, se hace mención también al miedo y temor que sintieron los palmeros ante el estallido del volcán, afirmando en el escrito que «no quedándoles más acción que acudir a las iglesias para pedir misericordia a Dios Nuestro Señor». Concretamente, hace referencia a los 4 novenarios que dedicaron a la Patrona de la isla, Nuestra Señora de las Nieves, a la que se trasladó en rogativa desde su Santuario hasta la capital, Santa Cruz de la Palma, para implorar el fin de la catástrofe.

Talla de Nuestra Señora de las Nieves, Patrona de La Palma. Fuente: Minube

La Virgen de las Nieves se encuentra representada en una talla del siglo XIV, período anterior a la conquista castellana de la isla en 1493, lo que la convierte en la escultura mariana más antigua de todo el archipiélago canario. Sin embargo, da la casualidad que se cree que ya era venerada por los aborígenes, seguramente porque llegó de la mano de algún misionero que se desplazó a aquellas inhóspitas tierras con fines evangelizadores. A pesar de que había sido elevada a la categoría de Patrona de La Palma, lo cierto es que la población sentía más fervor por otros santos, como Santa Águeda, que por Nuestra Señora de las Nieves. Sin embargo, todo ello cambió con la erupción del volcán Martín.

Procesión de 1646 en la que se rogó a la Virgen de las Nieves el fin de la erupción. Fuente: Twitter @VRetratos

El 18 de diciembre de 1646, día en que se celebra la Expectación del parto de la Santísima Virgen María, y tras haber sacado en procesión a Nuestra Señora de las Nieves, la boca por la que expulsaba la lava apareció cubierta de nieve, cesando su actividad. Entonces, otra explosión ocurrió, pero en este caso de devoción por esta Virgen negra, que ha llegado a ser, incluso, coronada canónicamente. Este milagro, que forma parte de la tradición popular que gira entorno a los volcanes de La Palma, quedó reflejado en un cuadro conservado en el Santuario donde la talla recibe culto.

La isla de La Palma es una mezcla de vegetación, mar y volcanes. Fuente: Visit La Palma

«Soy volcán, salitre y lava. Repartido en siete peñas late el pulso de mi alma. Soy la historia y el futuro, corazón de alumbra el alba de unas islas que amanecen navegando la esperanza». Estos versos, que ponen letra al himno de la Comunidad Autónoma de las Islas Canarias, definen a la perfección a La Palma, la formación insular de todo el archipiélago que más afectada se ha visto por la actividad volcánica en los últimos quinientos años. Las erupciones han hecho fuerte a la sociedad palmera y no solo han dejado una huella perpetua en su paisaje, sino también en una población que siglo a siglo ha ido forjando su historia, una historia que, al igual que sus paisajes volcánicos, sus verdes y frondosos rincones, y el rumor de sus aguas nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís. Ahora, es momento de visitar y apoyar a La Palma.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BARRERA, J. L., GARCÍA MORAL, R., PINEDA, A., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ R. (2016). Parque Nacional del Teide. Guía Geológica. Instituto Geológico y Minero de España. Recuperado de: http://www.igme.es/LibrosE/GuiasGeo/teide_2ed_sp/

BARRERA, J. L., GARCÍA MORAL, R., PINEDA, A., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ R. (2016). Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Guía Geológica. Instituto Geológico y Minero de España. Recuperado de: https://www.igme.es/LibrosE/GuiasGeo/taburiente_sp/

DE INCLÁN Y VALDÉS, A. (1646). Relación de la erupción de un volcán en la isla de La Palma. [Carta dirigida al Rey Felipe IV por el Gobernador de las islas]. Biblioteca Nacional de España. Recuperado de: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000177624&page=1

POGGIO CAPOTE, M. (2010). “De tanto corazón la fe rendida: la Virgen de las Nieves y la cultura popular (notas históricas y etnográficas)”. En Pérez Morera, J. (coord.), María, y es la nieve de su nieve . Favor, esmalte y matiz. Santa Cruz de la Palma: Caja Insular de Ahorros de Canarias. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3300047

RODRÍGUEZ ESCUDERO, J. G. (2009). Los prodigios de Nuestra Señora de Las Nieves. Recuperado de: https://issuu.com/nuestrasislas/docs/los_prodigios_de_nuestra_se_ora_de_las_nieves

IMAGEN DE PORTADA

Erupción del volcán de La Palma en 2021. AFP-El Mundo. Recuperado de: https://e00-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2021/09/20/16321233422942.jpg

La Virgen de la Victoria y la conquista de Málaga: origen e historia de la devoción a la patrona de la ciudad

Los cuadros, las esculturas o los tapices no son meros objetos que podemos contemplar en museos, iglesias o palacios. Además del valor artístico que presentan, lo que ya de por sí los hace únicos e irrepetibles, todos estos elementos nos ayudan también a comprender el devenir del paso del tiempo, explicando las razones de lo que somos y de dónde venimos. Su principal razón de ser reside en su memoria, en la historia que se esconde en su interior y que hace que todos estos objetos puedan brillar todavía más. Uno de los ejemplos más claros lo podemos encontrar en Málaga, la ciudad andaluza que se abre al Mar Mediterráneo y que conserva una joya del arte policromado del siglo XV y a la que rinden culto como excelsa patrona: Santa María de la Victoria.

Son muchas las advocaciones marianas que podemos encontrarnos en las iglesias y templos católicos, teniendo todas ellas un significado. En el caso de la patrona malacitana, representa a la Virgen María sosteniendo al Niño en su rodilla. Es en su historia y origen donde encontramos el significado de su denominación. La talla fue entregada por los propios Reyes Católicos a la ciudad de Málaga tras su conquista en agosto de 1487, otorgándole la advocación de “La Victoria” en honor y gloria de su triunfo sobre los musulmanes. En la biografía de la talla de esta Virgen se entremezcla la historia con posibles toques de leyenda, formando parte todo ello de una devoción muy arraigada y extendida que también se materializó en el arte.

La Virgen de la Victoria y la toma de Málaga

Uno de los pilares fundamentales del reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón fue la recuperación del Reino nazarí de Granada, poniendo fin a lo que buena parte de los historiadores denominan Reconquista. Este territorio estaba conformado también por la ciudad de Málaga, uno de los puertos principales en el Mediterráneo, mar que por aquel entonces todavía seguía teniendo un papel fundamental en las relaciones comerciales al no haber tenido lugar todavía el Descubrimiento de América. Por tanto, la toma de Málaga fue una pieza más de la Guerra de Granada, que se desarrolló durante una década, concretamente entre 1482-1492.

Retrato de los Reyes Católicos. Fuente: Wikimedia

La toma de Málaga, como así se conoce a la reconquista de la ciudad por parte de los Reyes Católicos, comenzó el 7 de mayo de 1487 y finalizó el 18 de agosto de ese mismo año, tras haber sometido a la urbe a un largo asedio. Fue uno de los episodios más duros de la Guerra de Granada, controlado directamente por Fernando II de Aragón, que instaló el campamento en las cercanías, al norte de la población, concretamente en la Huerta del Acíbar. Fue allí donde se gestó precisamente el comienzo de la devoción a la Virgen de la Victoria.

Durante la contienda, la tradición o leyenda sostiene que el Rey Fernando recibió en sueños la aparición de la Virgen María, que le anunció que, con la llegada de unos monjes al campamentos, las tropas cristianas alcanzarían la victoria sobre los musulmanes y se pondría fin al conflicto. En esta ensoñación, Nuestra Señora sostenía a su hijo y ambos estaban coronados, como símbolo de su realeza celestial, acompañados de una palma que simbolizaba el triunfo en la guerra. Daba la casualidad que esta representación era muy similar a la que acompañaba al propio Monarca en su oratorio de campaña.

Detalle de “Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos”. Fuente: Red Digital de Colecciones de Museos de España

Dejando a un lado el relato anterior, lo cierto es que hay constancia de la llegada de un grupo de monjes al campamentos del Rey Fernando en agosto de 1487. Se trataba de doce frailes de la Orden de los Mínimos, que había sido fundada hacía escasas décadas por San Francisco de Paula. El objetivo de su viaje era solicitar licencia a los Reyes Católicos para poder establecerse en sus reinos, lo cual sería concedido más adelante. Por el momento, la prioridad era poner fin a la contienda, como así terminó ocurriendo el 18 de agosto de 1487. Dos días más tarde, los obispos de Ávila, Badajoz y León entraron en procesión en la nueva ciudad de la Corona de Castilla, para tomar posesión de ella. El sueño del Rey Fernando se había cumplido.

La Orden de los Mínimos y la Virgen de la Victoria

Los obispos a los que se encomendó la toma de posesión oficial de la ciudad tuvieron como primer objetivo la consagración de la mezquita mayor de Málaga al culto católico, concretamente a la advocación de Santa María de la Encarnación. A ello le siguió la fundación de otras tres parroquias, con las que comenzó a organizarse la nueva diócesis y el proceso de cristianización. Sin embargo, los Reyes Católicos no olvidaron tampoco el sueño que había tenido el Rey Fernando días antes de la toma de ciudad.

Talla de la Virgen de la Victoria. Fuente: Twitter Santuario de la Victoria

En el lugar en el que se había asentado el campamento del Rey de Aragón, los monarcas ordenaron construir una ermita en la que depositaron la imagen de la Virgen con el Niño, a la que dieron la advocación de Santa María de la Victoria, en honor de su triunfo frente a los musulmanes. La imagen se llevó en procesión por las calles de la nueva urbe castellana cuando esta fue conquistada y en la base de la misma se inscribió su denominación, para perpetuo recuerdo de su origen. La mencionada capilla, por disposición de los Reyes Católicos, fue entregada en 1491 al ermitaño Bartolomé de Coloma, aunque este no sería el único cambio que vivió.

Una vez finalizada la Guerra de Granada, en 1493 los Reyes Católicos concedieron a la Orden de los Mínimos licencia para asentarse en sus reinos. Málaga fue la ciudad por la que comenzó su historia en Las Españas. De hecho, los monarcas de Castilla y Aragón les entregaron los terrenos adyacentes a la ermita en la que se daba culto a la Virgen de la Victoria para que construyeran su primer monasterio, lo cual hicieron a comienzos del siglo XVI. Desde entonces, la historia de esta orden religiosa en España ha quedado vinculada a la advocación mariana de La Victoria, fundando otras tantas casas con esta misma denominación por el resto de su geografía.

Sobre la talla de la Virgen de la Victoria

El principal elemento de culto en el recién fundado monasterio de los Mínimos en Málaga fue la Virgen de la Victoria. Se trata de una talla de bulto, realizada en madera policromada, datada de finales del siglo XV. La autoría de la obra es anónima, siendo varios los estudios que se han llevado a cabo para tratar de esclarecerlo y atribuirle el nombre de algún maestro. Entre ellos, podemos destacar a Juan de Figueroa, que trabajó como escultor junto a los Reyes Católicos, aunque hay quienes son partidarios de atribuir la talla a Jorge Fernández Alemán, cuyo taller se encontraba situado en Sevilla, teniendo algunas de sus obras facciones similares a la Patrona malagueña.

Detalle del rostro de la Virgen de la Victoria. Fuente: Twitter Santuario de la Victoria

No hay que dejar pasar por alto una de las teorías que con más fuerza recogen los autores en sus estudios. Se trata de la posibilidad de que la talla que contemplamos fuera regalada por el Emperador Maximiliano I, padre de Felipe de Austria y suegro de la Reina Juana I de Castilla, al Rey Fernando de Aragón. Se sabe que el consuegro de los Reyes Católicos les había enviado desde Flandes un cargamento con pólvora, artilleros y demás elementos para apoyarles en la guerra, además de campanas e imágenes religiosas para las nuevas iglesias que fundasen en las poblaciones que iban conquistando. A pesar de este dato, no se puede afirmar que la talla de la Patrona de Málaga viniera en este cargamento.

Otra de las curiosidades sobre la Virgen de la Victoria es el Niño Jesús que descansa en su rodilla, pues no es el original que tenía la talla. Se trata de una pieza neobarroca que se diferencia del gusto gótico-renacentista del resto de la escultura mariana. Durante el Barroco, Santa María de la Victoria se incorporó al gusto de vestir la imágenes con sendos mantos y ropajes, sacando al Niño de la escultura, que se presentaba de forma independiente, lo que provocó que el original se perdiera. Así fue como los malacitanos la veneraron hasta 1934, cuando se decidió abandonar definitivamente esta práctica tan andaluza y presentar de nuevo la imagen al completo, con toda su policromía, encargando para ello una nueva talla del Niño Jesús para colocarlo sobre su rodilla.

Virgen de la Victoria a finales del siglo XIX. Fuente: Diario Sur

Cabe destacar que la Virgen de la Victoria siempre ha sido considerada la Patrona de Málaga, pero esto no fue reconocido oficialmente por el Papa Pío IX hasta 1867. Cabe destacar que el patronazgo también lo ejerce de la comunidad española de la Orden de Mínimos, que comúnmente se les ha conocido siempre como “vitorios”. La imagen fue coronada el 8 de febrero de 1943 por el nuncio apostólico Monseñor Cicognani, siendo la única advocación mariana de la ciudad que cuenta con la distinción de coronación pontificia, recalcando su importancia. Su festividad se celebra cada 8 de septiembre, coincidiendo con la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora.

El Santuario de la Victoria

La primitiva ermita que se construyó por disposición de los Reyes Católicos en el mismo lugar en el que el Rey Fernando había tenido asentado su campamento y donde la leyenda dice que tuvo aquel revelador sueño, fue evolucionando con el paso de los siglos, hasta convertirse en la Basílica, Real Santuario y Parroquia de Santa María de la Victoria que es hoy en día, siendo todavía una de las iglesias más importantes de Málaga, al ser casa y hogar de la devoción a la Patrona de la ciudad. De la primera iglesia que se levantó en el siglo XVI, apenas quedan restos, ya que fue profundamente reformada a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Fachada principal del Santuario de la Victoria: Fuente: Patrimonio de Málaga

El Santuario de la Victoria es un conjunto barroco que destaca por su austera arquitectura exterior, pero que se presenta majestuoso y portentoso en su interior, con multitud de detalles que a los visitantes que se acercan hasta él les provoca un verdadera stendhalazo. Uno de los espacios más destacados, posiblemente el más importante desde un punto de vista religioso, es la torre-camarín. Se trata de toda una novedad que luego fue repetida en otras iglesias de España, un espacio independiente desde donde se puede dar culto a la Virgen, sin necesidad de estar en la nave, pero desde donde también es posible contemplar al mismo tiempo la talla a través de la hornacina central del retablo mayor.

Nave central y altar mayor del Santuario de la Victoria. Fuente: Agrupación de Cofradías de Málaga

En el camarín de la Virgen de la Victoria sobresale la cúpula octogonal de estilo rococó, el principal elemento del espacio que llega incluso a quitar protagonismo a la propia talla. Se trata de un conjunto de yeserías sobre un fondo azul, color tradicionalmente asociado a la Virgen María, con diversidad de formas: desde las vegetales, hasta los querubines tan repetidos en este tipo de espacios. En el zócalo del camarín, diversos azulejos van narrando la intervención de la Virgen de la Victoria en la conquista de Málaga en 1487. Los visitantes quedan impactados, sin saber dónde dirigir la mirada ante la cantidad de arte que se presenta ante ellos.

Cúpula del camarín de la Virgen de la Victoria, en su santuario de Málaga. Fuente: Pinterest

Del mismo modo, nadie que visite el Santuario de la Victoria puede irse sin visitar el Panteón de los Condes de Buenavista. Gozaron del privilegio de ser enterrados en la iglesia ya que, gracias a su patrocinio e intervención, el templo pudo desarrollar la importante reforma a la que se le sometió en el siglo XVIII, siendo lo que hoy en día contemplamos y disfrutamos. La cripta se puede considerar otra obra cumbre del barroco español, toda una oda al arte fúnebre en el que el sentimiento lúgubre se aprecia nada más acceder al espacio. Sus sepulcros están bellamente decorados, pero lo más impactante son las calaveras de yeso que destacan sobre el fondo negro del lugar, en el que todos los detalles están cuidados hasta el extremo.

Cripta de los Condes de Buenavista, en el Santuario de la Victoria. Fuente: Cadena SER

Historia, leyenda, devoción popular y arte giran alrededor de la talla de Santa María de la Victoria. La Patrona de Málaga recuerda con su nombre el triunfo de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón sobre los musulmanes en 1487, cuando les arrebataron uno de los enclaves más importantes del Reino nazarí de Granada, cuya capital también acabó en sus manos en 1492. Los Reyes Católicos no solo legaron a los malagueños la talla de su Patrona, sino también un nuevo capítulo para la larga historia de su ciudad, de uno de los puntos más cruciales del Mediterráneo que siempre nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

REDER GADOW, M. (2006). La devoción a la Virgen de la Victoria de Málaga durante los tiempos modernos. En Sánchez Ramos, V. (coord.), Los mínimos en Andalucía. IV Centenario de la fundación del Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Vera (Almería). Almería: Instituto de Estudios Almerienses. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2329856.pdf

RODRÍGUEZ MARÍN, F. J. (2006). Inicio de la orden de los Mínimos en España: el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Málaga. En Sánchez Ramos, V. (coord.), Los mínimos en Andalucía. IV Centenario de la fundación del Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Vera (Almería). Almería: Instituto de Estudios Almerienses. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2329860.pdf

La Catedral de las Fuerzas Armadas de España, una joya del arte y la historia en Madrid

Cuando Madrid se convirtió definitivamente en Corte de los reinos españoles durante el reinado de Felipe III, concretamente en 1606, la villa experimentó un crecimiento sinigual, configurándose paulatinamente como una verdadera capital, un trabajo que ya había sido iniciado por su padre, el Rey Prudente. Sin embargo, uno de los personajes fundamentales para entender también todos estos cambios es Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma y valido del monarca que abrió el período de los Austrias Menores. La sombra de este noble estuvo detrás del traslado de la Corte a Valladolid (1601-1606), para luego regresar a Madrid, aunque todo respondió al desarrollo de una auténtica maniobra urbanística para enriquecerse.

En los albores del siglo XVII, y gracias precisamente al hijo del Duque de Lerma, se fundó en la madrileña Calle Mayor el Monasterio del Santísimo Sacramento. Se levantó junto al mismo palacio que la familia había construido en la recién estrenada capital de Las Españas, muy cerca de la desaparecida Iglesia de Santa María de la Almudena, configurando un entorno único con el que se demostraba el poder de este linaje. Su grandeza aún se refleja en la iglesia monacal. Vicisitudes del destino han conducido a que el templo sea actualmente la Catedral de las Fuerzas Armadas de España, uno de los monumentos más desconocidos de Madrid cuya historia, secretos y riqueza artística vamos a descubrir a continuación.

Historia de la Catedral de las Fuerzas Armadas

En el siglo XVII, la Calle Mayor era una de las arterias más importantes de Madrid, ya que conectaba la Puerta del Sol, límite oriental de la villa por aquel entonces, con el Real Alcázar, sede del poder real. Los nobles construían sus palacios en torno a ella, con la finalidad de estar cerca de la residencia de la Familia Real. Cristóbal Gómez de Sandoval Rojas y de la Cerda, primer Duque de Uceda e hijo del famoso primer Duque de Lerma, y ambos validos de Felipe III, dejó impronta también de la grandeza de su linaje y ordenó construir un ostentoso palacio frente a la iglesia en la que recibía culto la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena.

Detalle de la fachada y la cúpula de la Iglesia del Sacramento, actual Catedral Castrense

Las obras del Palacio de Uceda, como así se denominó y que actualmente sirve de sede al Consejo de Estado, comenzaron alrededor de 1610, siendo una de las residencias nobiliarias mejor conservadas de Madrid cuyas trazas responden al final del estilo herreriano, mezcladas ya con el Barroco puro. Para engrandecer el palacio, el Duque de Uceda llevó a cabo la fundación del Monasterio del Santísimo Sacramento en 1615. Imitaba de este modo a los propios Reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria-Estiria, que habían erigido el Real Monasterio de La Encarnación junto al Alcázar. De hecho, el Monasterio del Sacramento también contaba con un pasadizo que unía directamente el edificio con el palacio ducal.

La construcción de la iglesia

El 21 de junio de 1615, llegaron desde Valladolid un grupo de monjas bernardas del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana para hacerse cargo de la fundación madrileña promovida por el Duque de Uceda. Las obras de la iglesia monacal del Santísimo Sacramento no comenzaron hasta 1671, estando bajo la supervisión de Bartolomé Hurtado García, arquitecto originario de la localidad madrileña de Parla que firmó los planos del proyecto. Entre 1690-1744, año en que finalizaron, estuvieron al frente Pedro de Ribera y Francisco Esteban. El resultado fue una de los ejemplos más singulares de la arquitectura barroca madrileña.

Fachada de la Iglesia del Sacramento, actual Catedral Castrense de España

A diferencia de otros tantos conventos o monasterios de Madrid, el del Santísimo Sacramento de la Calle Mayor no sufrió las consecuencias de la Guerra de Independencia, el reinado de José Bonaparte ni fue víctima de los procesos desamortizadores de finales del siglo XIX. Como curiosidad, la imagen de la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena, permaneció en la iglesia del monasterio de las madres bernardas tras la demolición de su iglesia de la Calle Mayor, permaneciendo en ella hasta 1911 en que se trasladó a la cripta de la actual catedral.

Atentado a Alfonso XIII y Victoria Eugenia

El 31 de mayo de 1906, se celebró en Madrid la boda real de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. Lejos de recordar aquella jornada con alegría, un terrible suceso aconteció y tiñó el ambiente de tristeza. Tras el casamiento en la Iglesia de Los Jerónimos, la comitiva partió hacia el Palacio Real, donde se iban a desarrollar los festejos. Mientras el carruaje real pasaba por el actual número 84 de la Calle Mayor, en el tercer piso un anarquista lanzó una bomba camuflada en un ramo de flores.

Monumento en memoria de las víctima del atentado anarquista contra Alfonso XIII en 1906

Mateo Morral fue quien arrojó la bomba que, lejos de caer sobre el carruaje de los Reyes, se desvió al chocar contra el tendido del tranvía y fue directo contra el público que se agolpaba para ver la comitiva real. Murieron veinticinco personas y cientos resultaron heridas, saliendo ilesos Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Hoy en día, un monumento situado frente a la Catedral Castrense recuerda este impactante suceso que aconteció a pocos pasos del pórtico de entrada a la iglesia.

De Iglesia del Sacramento a Catedral Castrense

El Monasterio del Santísimo Sacramento, que había escapado de los franceses y la desamortización, no pudo evitar los estragos de la Guerra Civil (1936-1939). Aunque tres años antes del inicio del conflicto una bomba ya provocó daños en el edificio, durante la contienda quedó prácticamente destruido, lo que obligó a la reconstrucción de las dependencias religiosas. Por su parte, la iglesia monacal fue restaurada por Fernando Chueca Goitia en la segunda década de los años 70, coincidiendo con la demolición definitiva del edifico del monasterio. Aquella decisión marcó un antes y un después en el entorno, ya que fue sustituido por un grupo de viviendas que rompen completamente con la belleza y singularidad castiza de la zona. Solamente se salvó el templo y el Huerto de las Monjas.

Huerto de las Monjas, uno de los pocos restos del monasterio de madres bernardas. Fuente: Secretos de Madrid

Coincidiendo con la demolición del monasterio y la restauración de la iglesia, el Ministerio de Defensa adquirió el monumento en 1979, cediéndolo al Arzobispado Castrense de España, que lo bendijo como Catedral de las Fuerzas Armadas el 25 de junio de 1985. Tres años antes había sido declarada Monumento Artístico Nacional, una distinción que responde a la importancia artística e histórica de esta joya de la arquitectura madrileña de los siglos XVII y XVIII. Todavía hoy se conoce como Iglesia del Sacramento, aunque las monjas bernardas han cedido el testigo a las Fuerzas Armadas, que han hecho de este templo su catedral en España.

Visita a la Catedral Castrense de España

Una vez que hemos descubierto brevemente la historia del antiguo Monasterio del Santísimo Sacramento, cuya iglesia es actualmente la Catedral de las Fuerzas Armadas de España, vamos a adentrarnos en su interior, recorriendo su planta de cruz latina y contemplando sus diversos altares. El templo conserva el gusto barroco propio de la época en que fue levantado, destacando la luminosidad que inunda cada uno de sus rincones. Durante la visita, hay que alzar la vista para apreciar los frescos que decoran las naves y su maravillosa cúpula.

Nave central

Un total de seis altares o capillas, tres a cada uno de los lados, se dan cobijo la amplia nave central de la Catedral Castrense. Todos ellos están conformados por obras de la escuela andaluza en su mayoría. De entre las diversas imágenes, hay que destacar la del Cristo crucificado que se sitúa en la primera capilla izquierda nada más acceder a la iglesia, obra de la escuela sevillana del siglo XVII y atribuido a Francisco de Ocampo. A sus pies, una lápida recuerda a los fallecidos en el accidente del Yak 42 en el que 63 militares españoles perdieron la vida en 2003. De hecho, parte de los restos mortales reposan en la cripta del templo.

Nave central de la Catedral Castrense, conformada por 6 altares con obras de los siglos XVII a XIX

Respecto del resto de altares, están protagonizados por San Francisco Javier, que aparece bautizando a un indio, acompañado de San Judas Tadeo y San Juan Nepomuceno, quien es patrón de la infantería española; un conjunto de la escuela andaluza que representa a la Sagrada Familia; San Antonio, de la escuela vallisoletana; un lienzo del siglo XIX que representa a las Ánimas Benditas del Purgatorio, y un altar dedicado a San Pedro Claver y Santo Toribio de Mogrovejo. Todas ellas son piezas de gran valor artístico que nos indican la importancia histórica que este templo ha tenido en la vida social de Madrid.

Altar mayor

Avanzando por el interior de la Catedral Castrense, llegamos hasta el altar mayor, que rompe el gusto barroco propio del resto del templo. Un retablo neoclásico, custodiado por dos columnas corintias de estuco, representa a los santos Benito y Bernardo adorando al Santísimo Sacramento, advocación a la que se encuentra consagrada la iglesia y el desaparecido monasterio al que un día perteneció. Es una obra de Gregorio Ferro, pintor de cámara de Carlos III y discípulo de Goya. Por su parte, el ático está coronado por la representación del Espíritu Santo, mientras que a cada lado se puede contemplar un tapiz, realizados en 2003: “Conversión del centurión” y “El bautismo del centurión Cornelio por parte de san Pedro”.

El altar mayor está custodiado por dos pequeños retablos a cada lado. A la derecha, San Bernardo, y a la izquierda San Benito. No obstante, lo más importante y destacado se encuentra en sus respectivos áticos, donde podemos contemplar dos lienzos de Luca Giordano, pintor italiano del Barroco que ejecutó para la Iglesia del Santísimo Sacramento de Madrid las obras de “La Sagrada Familia“, sobre San Bernardo, y “La educación de la Virgen“, en el otro extremo y donde podemos ver a San Joaquín y Santa Ana. Estos son dos de los grandes secretos de la Catedral Castrense.

“La educación de la Virgen”, obra de Luca Giordano en la Catedral Castrense

Capilla del lado del Evangelio

En el lado del Evangelio, es decir, el crucero o nave izquierda de la iglesia mirando hacia el altar mayor, se da culto a la imagen del Santísimo Cristo de la Fe, popularmente conocido como Cristo de los Alabarderos, una de las devociones más destacadas de la Semana Santa de Madrid. Cada Viernes Santo, la talla, realizada en 2007 y que sustituye a otra anterior, parte en procesión desde el Palacio Real de Madrid para realizar su Estación de Penitencia, viéndose arropada por el cuerpo de Alabarderos.

Detalle del retablo de la Piedad, en la Catedral Castrense

Otro de los altares de la capilla del Evangelio está protagonizado por una maravillosa Piedad de la escuela andaluza del siglo XVIII, de clara inspiración del círculo de Luis Salvador Carmona, acompañada de dos tallas: Santa Teresa de Jesús, del siglo XVII y de trazas similares a las de Gregorio Fernández, y San Pedro de Alcántara, de la escuela de Pedro de Mena. Sin duda, los amantes de la historia del arte tienen un gran lugar al que peregrinar en el centro de Madrid.

Capilla del lado de la Epístola

Para finalizar esta visita virtual que estamos realizando de la Catedral Castrense, nos acercamos hasta la capilla del lado de la Epístola. Se encuentra presidida por un altar dedicado a Nuestra Señora del Patrocinio, talla de vestir que rompe la armonía de escultura de bulto que conforma el resto de altares de la iglesia. Una imagen de la Virgen de Loreto, patrona del Ejército del Aire español, terminan de conformar este rincón de la Catedral Castrense. Por su parte, desde el lado de la Epístola se accede a la Capilla del Santísimo, donde se da culto también a la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil.

Altar de Nuestra Señora del Patrocinio y de la Virgen de Loreto en la Catedral Castrense

Después de haber sobrevivido a la invasión napoleónica, el reinado de José I y la Desamortización de finales del siglo XIX, el Monasterio del Santísimo Sacramento que fue fundado en 1615 por el Duque de Uceda fue sentenciado en la Guerra Civil. Su iglesia se salvó de la destrucción, siendo hoy en día uno de los grandes secretos de Madrid que pasa desapercibido para muchos turistas, que encaminan su visita hacia la Catedral de la Almudena, obviando la otra catedral de la villa, la de las Fuerzas Armadas de España. Recorriendo su interior, contemplando sus obras de arte y descubriendo su historia, nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ANTON BARCO, M., TEJELA JUEZ, J. (2010). El Monasterio del Santísimo Sacramento. Revista Madrid Histórico (26), pp. 50-57. Recuperado de: https://repositorioinstitucional.ceu.es/bitstream/10637/3171/1/Monasterio_M_Anton_Madrid_His_2010.pdf

TOVAR MARTÍN, V. (1975). Bartolomé Hurtado, aparejador mayor de obras reales, en el monasterio del Sacramento de Madrid. Villa de Madrid (45-46), pp. 25-36. Recuperado de: http://www.memoriademadrid.es/download.php?nombre=hem_villademadrid_n045-046.pdf&id=./doc_anexos/Workflow/0/19334/hem_villademadrid_n045-046.pdf

Visitar castillos en la Comunidad de Madrid es posible: una ruta por las 10 mejores fortalezas medievales de la región

El actual escudo de la Comunidad de Madrid está conformado por dos castillos que representan la situación geográfica que ocupa entre Castilla y León y Castilla-La Mancha. Sin embargo, también recuerda el pasado histórico de la actual autonomía, que formó parte de la Corona de Castilla durante siglos. Todo ellos nos hace pensar que, al igual que en las comunidades colindantes, la región madrileña también cuente con un importante legado patrimonial en forma de castillos, como así verdaderamente ocurre. Son muchos los madrileños que, al pensar en las fortalezas que pueden visitar en la comunidad, solamente recuerdan el Castillo de los Mendoza de Manzanares el Real. Sin embargo, hay otros muchos más castillos que se pueden visitar en la Comunidad de Madrid, sin necesidad de cruzar las fronteras ni desplazarnos a visitar los de las Castillas vecinas.

La historia de la Comunidad de Madrid se viene escribiendo desde hace siglos. Que en ella se encuentra la capital del país desde tiempos de Felipe III impulsó el protagonismo de la región en el conjunto del país, aunque ya en el período medieval tuvo un papel fundamental también en el devenir de la entonces Castilla. Fruto de ello, hoy en día se conserva un importante legado de castillos, atalayas y fortificaciones que sirvieron de defensa a las villas que protegían y que, todavía hoy, son los guardianes de la comunidad y testigos vivos de su historia. ¿Te vienes a descubrir algunos de los más importantes y espectaculares?

Historia y evolución de los castillos madrileños

En 1085, Alfonso VI de León recuperaba Toledo, obligando a los musulmanes a retroceder todavía más al sur de la península Ibérica. Con ello, la actual Comunidad de Madrid se integró al Reino de León. Vicisitudes del destino conllevaron que la región pasara a integrarse al de Castilla posteriormente, a cuya Corona se vio ligada definitivamente su historia. Con la conquista del territorio madrileño, la prioridad fue garantizar la defensa del nuevo territorio conquistado, para lo cual no solo se reaprovecharon las fortificaciones andalusíes, sino que se emprendió la construcción de nuevas fortalezas, destacando de este período –siglos XII a XIV– el recinto amurallado de Buitrago del Lozoya o el Castillo de Villarejo de Salvanés, entre otros.

Panorámica del conjunto histórico de Buitrago del Lozoya

Las residencias señoriales fortificadas eran construidas por nobles que aseguraban el poder real de la Monarquía sobre la jurisdicción que regentaban. Se trataba de edificios sencillos, alejados de la idea de palacio que se instalaría en los siglos venideros, ya que, al ser la Corte era itinerante y no habitar en ellos permanentemente, no precisaban grandes residencias, prevaleciendo el poder defensivo. Las últimas fortificaciones medievales que se levantaron en la actual Comunidad de Madrid se construyeron en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna –siglos XV y principios del XVI–. En este momento, la región, al igual que el resto de Castilla, comenzaba a dejar atrás el Medievo para introducirse plenamente en el Renacimiento.

El desaparecido Real Alcázar de Madrid evolución de fortaleza medieval a suntuoso palacio. Fuente: Museo de Historia de Madrid

Durante el siglo XVI, se produjo el ocaso de los castillos y fortalezas coincidiendo con la creación del Estado Moderno durante el reinado de los Reyes Católicos, que promulgaron algunas ordenanzas que prohibían la fortificación de villas y ciudades. Además de este factor político, también contribuyó a ello el cambio social: la nobleza continuó ejerciendo poder sobre sus jurisdicciones hasta el siglo XIX, pero desde lujosos y cómodos palacios en las zonas urbanas, especialmente Madrid, capital del reino, abandonando el entorno rural. También la creciente burguesía optó por construir ricas casas en la ciudad, conformado un legado artístico único que, desgraciadamente, en muchos casos no se conserva.

Castillos en la Comunidad de Madrid

De las fortalezas levantadas a lo largo de la Edad Media y principios del siglo XVI en la Comunidad de Madrid todavía perduran importantes muestras. Mientras que algunas presentan un estado de conservación excepcional, otros muchos castillos solamente mantienen el recuerdo de algunos de sus torreones o murallas, de lo que un día fueron. Tal y como vemos en el mapa que mostramos a continuación, todos ellos se distribuyen por diversos puntos de la región madrileña, siendo los 10 más espectaculares que han llegado prácticamente íntegros hasta nuestros días.

Castillo de los Mendoza (Manzanares El Real)

Símbolo y estandarte del pasado medieval de la Comunidad de Madrid, el Castillo de los Mendoza, ubicado en la localidad de Manzanares El Real, fue construido en el siglo XV por la poderosa familia Mendoza, en plena Sierra de Guadarrama, siendo uno de los monumentos de la Edad Media mejor conservados de España. Su estilo recuerda al gótico-isabelino, lo cual se explica en que Juan Guas, arquitecto del período de los Reyes Católicos, intervino en la realización del mismo. Fue este mismo maestro el que diseñaría también el Palacio del Infantado, en Guadalajara, para los mismos propietarios.

El castillo de Manzanares El Real fue construido por la familia Mendoza en el siglo XV

El castillo de Manzanares El Real, aunque también con intenciones militares, se concibió en un momento en el que ya primaba el uso palaciego. Fue levantado sobre una antigua iglesia, de la que se conservan restos de estilo románico y mudéjar. Tres torres cilíndricas se elevan en cada una de sus esquinas, mientras que la que cierra su planta es cuadrada. Su patio de armas es porticado y a través de él quedan organizadas sus amplias estancias, que hoy acogen una colección de tapices del siglo XVII. El Castillo de los Mendoza continúa siendo propiedad de sus constructores, aunque su gestión y uso está cedido a la Comunidad de Madrid. De hecho, en este monumento se forjó la actual autonomía madrileña, ya que sirvió de escenario para la firma de su Estatuto en 1982.

Alcázar de Buitrago del Lozoya

En la Comunidad de Madrid, la familia Mendoza también dejó su huella en Buitrago del Lozoya. Esta villa, situada a los pies de la Sierra de Guadarrama, pasó a manos de esta casa nobiliaria en el siglo XIV, manteniéndose bajo su jurisdicción hasta el XIX. Ya en tiempos de dominación musulmana, se cree que existía una fortaleza para defender este punto estratégico y en torno a la cual comenzaría a crecer esta población tras la conquista cristiana en 1085. En el siglo XV, se levantó a instancia de los Mendoza el alcázar o castillo actual, adosado a la muralla, con una clara orientación palaciega, convirtiéndose en una residencia clave de su patrimonio.

Panorámica del alcázar o castillo de Buitrago del Lozoya, adosado a la muralla. Fuente: Turismo Madrid

Actualmente, apenas se conserva la portentosa estructura de este alcázar construido a finales del período medieval que ya avanzaba los gustos palaciegos del Renacimiento. Construido mayoritariamente en piedra y ladrillo, su planta rectangular estaba protegida hasta por siete torres y se organizaba alrededor de un patio de armas. Ricas yeserías y techumbres formaban parte de este castillo palaciego desde el que los Mendoza gobernaban Buitrago del Lozoya y que, gracias a las labores de restauración, está tratando de recuperar su historia a través de sus cimientos. No hay que olvidar que este castillo sirvió de residencia también a la Reina Juana de Avis o su hija Juana de Trastámara, “La Beltraneja”, muy ligada a esta villa de la Sierra de Guadarrama.

Castillo de La Coracera (San Martín de Valdeiglesias)

Don Álvaro de Luna es uno de los personajes fundamentales de la historia de la Corona de Castilla en el siglo XV, como valido de Juan II. A él se debe precisamente la construcción del Castillo de La Coracera, en la localidad de San Martín de Valdeiglesias, cuyo señorío adquirió por unos 30.000 maravedíes en torno a 1434. No obstante, hay fuentes que sostienen que pudo existir una fortaleza anterior de tiempos de Alfonso VIII de Castilla, sobre la que se construiría el actual castillo que todavía hoy contemplamos casi seis siglos más tarde.

Castillo de la Coracera, en San Martín de Valdeiglesias. Fuente: Traveler

Tras la caída en desgracia y la decapitación de Don Álvaro de Luna, el Castillo de La Coracera pasó por diversas manos. Se apunta que la propia Reina Isabel “La Católica”, tras pactar con su hermano Enrique IV la paz de Castilla en el encuentro que tuvo lugar en Guisando en 1468, disfrutó de una estancia en este castillo. Su torre del homenaje destaca por su robustez, acompaña de otras dos. El patio de armas sirve como eje central para configurar la distribución de sus estancias, entre las que se encuentra su bodega o la capilla. Esta última, con una portada de estilo gótico flanqueada por dos leones. Gracias a su historia, su arquitectura y el entorno natural en el que se ubica, la visita a este monumento no deja indiferente a nadie.

Castillo de Villarejo de Salvanés

Como decíamos, de los diferentes castillos que se construyeron en la Comunidad de Madrid a lo largo de la Edad Media han conseguido llegar hasta nuestros días totalmente íntegros un grupo reducido. No obstante, de otros se conserva una buena parte de su estructura, como es el caso de la fortaleza de Villarejo de Salvanés. Del castillo de esta localidad situada en el sureste de la región madrileña se mantiene en pie su torre del homenaje, una de las más características de España. Son más de 20 metros de altura divididos en cuatro alturas, reforzada con cubillos y matacanes.

Torre del homenaje del castillo de Villarejo de Salvanés. Fuente: Asociación Española de Amigos de los Castillos

El origen del castillo de Villarejo de Salvanés se diluye en el tiempo, aunque la gran mayoría de los estudios lo sitúan en torno al siglo XII-XIII. Su finalidad era reforzar la defensa de las fronteras de Castilla frente a los musulmanes, en pleno período de Reconquista. En tiempos de Felipe II, la fortaleza todavía continuaba en pie, contando también con un buen aposento conformado hasta por mármoles italianos. Por este monumento del que solo se conserva la robusta torre del homenaje han pasado personajes como Juan Martín Díez “El Empecinado”, héroe de la Guerra de Independencia, además de haber servido como sede del Tribunal Especial de las Ordenes Militares.

Castillo de Aulencia (Villanueva de la Cañada)

El Castillo de Aulencia, situado en el término municipal de Villanueva de la Cañada, a pesar de contar con la declaración de Bien de Interés Cultural, forma parte de la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, como consecuencia del estado ruinoso que presenta actualmente. El origen de la fortaleza se podría encontrar en los albores de la dominación musulmana de la Comunidad de Madrid. No obstante, con la recuperación cristiana el castillo continuó utilizándose, como así se tiene constancia durante el reinado de Juan II de Castilla, padre de la Reina Isabel.

Restos del Castillo de Aulencia, en Villanueva de la Cañada. Fuente: Minube

El castillo de Villanueva de la Cañada no sobresale por sus dimensiones. Presenta una planta cuadrada en la que la torre del homenaje es el principal elemento que se conserva, situada en una de las esquinas y protegida por la ruinosa barbacana que se mantiene en pie con dificultad. No se tienen demasiados datos de esta fortaleza, aunque en el siglo XX, durante la Guerra Civil, fue bombardeado, como consecuencia de que en él se refugiaba una brigada rusa que apoyaba al bando republicano. Hoy en día, su intervención es decisiva para evitar que acabe engrosando la lista del patrimonio desaparecido de la Comunidad de Madrid.

Castillo de La Alameda (Madrid)

En el distrito de Barajas se erige desde mediados del siglo XV el Castillo de La Alameda, el único que podemos encontrar en la propia ciudad de Madrid. Su construcción se debe a la familia Mendoza, quien obtuvo este territorio, ocupado desde la Edad de Bronce y con restos también de época romana, para incorporarlo a sus dominios durante el reinado de Juan I de Castilla. Se levantó en un momento muy convulso para la historia del reino por los enfrentamientos armados que se vivían. De hecho, durante la Guerra de Sucesión castellana entre Isabel La Católica y su sobrina Juana, el castillo sirvió de refugio a parte de los partidarios de la hija de Enrique IV, entre ellos Juan Zapata, Señor de Barajas.

Torre del homenaje del Castillo de La Alameda, en el distrito de Barajas. Fuente: Turismo Madrid

El Castillo de La Alameda, de reducida dimensión, fue reformado para darle un aire más palaciego durante el Renacimiento. De hecho, su foso fue utilizado para ubicar en él un jardín en el siglo XVI. Diversas personalidades se han hospedado alguna vez entre sus muros, como Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque de Alba, o la Reina Margarita de Austria-Estiria en 1599, cuando hizo parada en él en su camino a Madrid para contraer matrimonio con Felipe III. Los siglos fueron sucediendo y con la llegada de la Guerra Civil, el castillo fue escenario de la Batalla del Jarama, sufriendo graves daños. Hoy en día, tras haber sido restaurado, se configura como un museo al aire libre, ubicado en un parque público en el que repasar su pasado.

Castillo de Torremocha (Santorcaz)

El Castillo de Torremocha, en la localidad de Santorcaz, fue construido en el siglo XIV, por orden de Pedro Tenorio, Arzobispo de Toledo, sobre una construcción anterior de la que apenas se conservan datos. Su función era servir de residencia para los arzobispos, pero a mediados del siglo XV se transformó en cárcel, entre cuyas celdas llegó a estar el Cardenal Cisneros o Ana de Mendoza de la Cerda, Princesa de Éboli, trasladada aquí desde Pinto.

Castillo y campanario de la iglesia de Santorcaz. Fuente: JRA 3 – Flickr

De la estructura primitiva del castillo de Santorcaz, apenas han llegado hasta nuestros días algunos restos de sus murallas y torres defensivas. En el siglo XVIII todavía se encontraban en pie tres de ellas. Cabe destacar que la Iglesia de San Torcuato se encuentra integrada dentro del recinto del castillo, presentando también un carácter fortificado. Su origen se remonta al siglo XIII, lo que demuestra nuevamente la larga historia de esta localidad madrileña que bien merece una excursión.

Castillo de Batres

Uno de los castillos más famosos de la Comunidad de Madrid, tanto por los eventos que se celebran en él como por las veces que ha servicio de espacio de rodaje para series de televisión, es el de Batres. Fue levantado al final de la Edad Media, entre los siglos XV y XVI, por lo que se enmarca en el estilo renacentista. Se sitúa en un ambiente puramente bucólico, rodeado de un bosque que arropa y protege a este monumento declarado Bien de Interés Cultural. Su portada principal es de estilo gótico isabelino, mientras que su patio central sigue los preceptos renacentista del plateresco.

Torre del homenaje del castillo de Batres desde sus jardines. Fuente: Facebook Castillo de Batres

El castillo de Batres es de planta cuadrada y sus estancias se organizan a través de su patio de armas. La torre del homenaje es la parte más antigua del edificio, realizada en ladrillo cocido, y reflejada en la fuente de sus jardines parece todavía más esbelta de lo que ya es. El poeta Garcilaso de la Vega, que fue Señor de Batres, habitó el castillo y en él compuso alguno de sus versos más sobresalientes. Con sus ecos literarios y el encanto de su entorno, hoy este castillo es el mejor escenario para bodas, eventos y grandes celebraciones, aunque se puede visitar por el exterior.

Castillo de los Condes de Chinchón

El antecedente del Castillo de los Condes, en Chinchón, se encuentra en una fortaleza medieval anterior desde la que la familia Cabrera, cercanos a los Reyes Católicos, gobernaban la villa, como señores de ella que eran. Sin embargo, la Guerra de las Comunidades de Castilla provocó que la fortaleza quedase muy deteriorada y en ruinas, por lo que el tercer conde de Chinchón, Diego Fernández de Cabrera y Bobadilla, ordenó demoler la estructura que quedaba en pie y construir a finales del siglo XVI una nueva residencia de aspecto palaciego, propia del Renacimiento.

Panorámica exterior del castillo de los Condes de Chinchón. Fuente: Turismo Madrid

La planta cuadrada del castillo de Chinchón estaba protegida en sus esquinas por torres circulares, y su interior debió de ser bastante ostentoso. Durante la Guerra de Sucesión española, a comienzos del siglo XVIII, fue ocupado por el bando austríaco, pero fue la Guerra de Independencia, un siglo después, la que provocó su ocaso definitivo. Durante el siglo XX, fue utilizado como fábrica de licores y, actualmente, aunque está declarado Bien de Interés Cultural, no se puede visitar su interior como consecuencia del peligroso estado que presenta. No hay que olvidar que en Chinchón también puede visitarse el Castillo de Casasola, datado del siglo XV y en estado ruinoso.

Castillo de Puñonrostro (Torrejón de Velasco)

En la primera mitad del siglo XV se construyó el Castillo de Puñonrostro. Esta fortaleza de peculiar nombre se encuentra situada en Torrejón de Velasco y evolucionó del uso defensivo al palaciego a lo largo de su historia. Además, en el siglo XVI se convirtió también en prisión para personalidades importantes, como ocurrió con el de Santorcaz que hemos comentado anteriormente. Carlos I de España y Francisco I de Francia parece que se alojaron con él en su travesía a Illescas. Tras su ocaso en el siglo XVIII, pasó a ser una fábrica de jabones. Hoy en día, sus muros, su portentosa torre del homenaje y los susurros de su pasado se van recuperando paulatinamente gracias a las labores de restauración y consolidación del monumento.

Castillo de Torrejón de Velasco, en fase de restauración. Fuente: Txemari – Flickr

Como hemos visto, la Comunidad de Madrid es también tierra de castillos, al igual que sus vecinas regiones castellanas. Distribuidos por diversos puntos de su geografía, los castillos que hemos descubierto en esta ruta son los testigos vivos de un territorio que continúa escribiendo su historia, mirando con orgullo a su pasado. Los nombres de reyes, condes o señores forman parte de este legado cultural, siendo actualmente los turistas los que disfrutan de este rico patrimonio. Mientras que algunos gozan de un estado de conservación excepcional, otros precisan de un proceso de restauración urgente para devolverles su grandeza, pero de lo que no cabe duda es de que todos ellos nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Comunidad de Madrid (2015). Guía castillos de Madrid. Madrid: Dirección General de Turismo. Recuperado de: https://turismomadrid.es/images/Contenido/organizate/quioscopublicaciones/GUIA_CASTILLOS_DE_MADRID.pdf

García de Paz, J.L., y Herrera Casado, A. (2009). Castillos y Fortalezas de la Comunidad de Madrid. Guadalajara: Aache Ediciones.

IMAGEN DE PORTADA

Fundación Castillo de la Coracera (2020). Castillo de la Coracera [imagen]. Recuperada de: https://www.castillodelacoracera.com/

La Basílica de San Isidoro de León, cuna del parlamentarismo y joya del románico español

Los monumentos no solo sobreviven al paso de los siglos por la unión de la argamasa de sus piedras. En la gran mayoría de los casos, los verdaderos pilares que los sostienen son los de la historia, configurándose como testigos vivos y narradores del devenir de los tiempos. Uno de los lugares de España en los que mejor se produce está mágica unión de arte, cultura e historia es la Basílica de San Isidoro, situada en León. Hasta ella peregrinan los turistas que visitan esta ciudad del norte de la península Ibérica con la finalidad de contemplar y descubrir uno de los tesoros románicos mejor conservados del país, pero también para conocer los murmullos de la historia que todavía hoy susurran sus muros, protagonizados principalmente por reyes, reinas o infantas de la legendaria monarquía leonesa.

Sin embargo, la Basílica de San Isidoro no solo es uno de los monumentos más visitados de León por su importancia artística, sino porque en ella nació también el parlamentarismo. Este último dato es mucho menos conocido que los impresionantes frescos románicos del panteón real o que el famoso cáliz de doña Urraca que custodia el museo de la basílica, pero es fundamental para entender el devenir social y las raíces en las que se asienta nuestra sociedad actual. Este y otros muchos secretos son los que vamos a poner al descubierto a continuación. ¿Te vienes a conocer la Basílica de San Isidoro de León?

Historia de la Basílica de San Isidoro de León

Los orígenes de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro son difusos, pero la gran mayoría de los estudios coinciden en situarlos en la segunda mitad del siglo X. El fervor por las reliquias siempre ha estado ligado a este recinto religioso leonés, lo que, sin lugar a dudas, atrajo la atención de una sociedad profundamente cristiana y temerosa de los mandatos divinos. San Pelayo, que no debe confundirse en ningún caso con el héroe astur que dio comienzo al denominado período de la Reconquista, fue un niño cristiano martirizado en Córdoba en tiempos de Abderramán III cuya devoción se extendió por la vieja Europa.

Torre románica de la Basílica de San Isidoro coronada por un gallo, símbolo de la ciudad de León

El todavía naciente Reino de León, en proceso de consolidarse, quiso aprovechar la devoción por San Pelayo y, reinando Sancho I de León “El Craso”, solicitaron los restos a los musulmanes de Córdoba, con la finalidad de darles culto y honrarle. Este fue el hecho que motivó el levantamiento de un primer monasterio puesto bajo su advocación. Se construyó junto a la muralla romana y la antigua iglesia dedicada a San Juan Bautista, colocándose en él las reliquias en 967. No obstante, veinte años más tarde, aproximadamente, se trasladaron a Oviedo, donde todavía permanecen. Sin embargo, fueron las tropas musulmanas comandadas por Almanzor, que arrasaron León en 988, las que acabaron con este lugar de culto, así como con prácticamente toda la ciudad.

Nave románica de la Basílica de San Isidoro de León

Alfonso V de León, que reinó entre 999 y 1028, tuvo que llevar a cabo la reconstrucción de la capital, devastada tras el paso de Almanzor. En lo que se refiere al monumento del que estamos hablando, levantó de nuevo la iglesia y monasterio utilizando materiales pobres, como el ladrillo y el barro, poniéndola bajo la advocación de San Juan Bautista. Tenemos que esperar al reinado de su hija, Sancha I de León, que se casó con el Conde de Castilla, Fernando I de León, para comenzar a vislumbrar la obra que contemplamos en la actualidad. Ambos decidieron demoler el sencillo templo y emprender una nueva y portentosa obra en piedra, una verdadera iglesia palatina adosada a su residencia en la que convergiera poder real y religioso.

La Capilla Mayor gótica de la basílica custodia los restos de San Isidoro en una urna de estilo neoclásico

Siguiendo la estela de sus antepasados, Sancha I y Fernando I decidieron dotar de mayor importancia a su recién fundada iglesia. Para ello, emprendieron negociaciones con la taifa musulmana de Sevilla y solicitaron el traslado de las reliquias de Isidoro de Sevilla, quien había sido arzobispo de la actual capital andaluza en el siglo VII y era venerado como santo. Los restos llegaron a León a finales de 1063. Concretamente, el 21 de diciembre de ese mismo año se produjo la consagración de la iglesia a su nueva y actual advocación: San Isidoro. Comenzaba así un nuevo capítulo en la historia de este importante templo. Las reliquias se encuentran situadas en una urna en el altar mayor, en la principal capilla de la basílica que fue reformada en estilo gótico en el siglo XVI.

San Isidoro y Urraca de Zamora

Los reyes Sancha I y Fernando I habían configurado también la Basílica de San Isidoro como cementerio real. Sin embargo, se debe a su primogénita, la infanta Urraca, que también fue Señora de Zamora y protagonista del Cantar del Mío Cid, no solo la ampliación de la magna obra de sus padres, sino la creación definitiva del Panteón Real. Del mismo modo, se le atribuye la magnífica e impresionante decoración de dicha cripta. Doña Urraca llevó a cabo la ampliación de la iglesia, destacando que bajo su patrocinio se ejecutaron las puertas del Cordero, Norte y Perdón. La primera de las tres es la más famosa de todas, siendo por la que acceden feligreses y visitantes al templo. Se encuentra custodiada por las esculturas de San Isidoro y San Pelayo, advocaciones ligadas a la historia del monumento, y, como curiosidad, no hay que perder de vista los signos del zodíaco, que también forman parte de la escena.

La Puerta del Cordero es la utilizada por los visitantes para acceder a la Basílica de San Isidoro

Respecto al Panteón Real, en él se conserva el espíritu del Reino de León, que permaneció como reino independiente desde el año 910, cuando se produjo el traslado de la capital del Reino de Asturias de Oviedo a León, hasta 1230, cuando, bajo la figura de Fernando III “El Santo”, se produjo la unión de Castilla y León. En la regia cripta de la Basílica de San Isidoro descansan 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, 9 condes y varios nobles, todos ellos bajo los impresionantes frescos del siglo XII que reciben el sobrenombre de Capilla Sixtina del arte románico. Se presentan como un auténtico cómic de vivos colores y ausencia de perspectiva que repasa los grandes momentos del Cristianismo, desde la Anunciación hasta el Apocalipsis de San Juan. Tampoco hay que perder de vista los capiteles, cuyas representaciones confirman la carga simbólica y religiosa de esta regia sala.

Frescos románicos del Panteón de Reyes de la Basílica de San Isidoro, coronados por un pantocrátor

Si hablamos de Urraca de Zamora y la Basílica de San Isidoro, tenemos que hacerlo también de otra de las reliquias más famosas que todavía custodia este histórico monumento. Se trata del Cáliz de Doña Urraca, el que algunas investigaciones afirman que es el auténtico Santo Grial, es decir, el cáliz utilizado por Cristo en la Última Cena el día de Jueves Santo.

Cáliz de Doña Urraca, reliquia de la Basílica de San Isidoro de León. Fuente: León Noticias

Teorías a un lado, el Cáliz de Doña Urraca es una espectacular pieza de orfebrería cuyo origen se encuentra en dos cuencos de ágata, datados del siglo I d. C., enriquecidos con las joyas de la propia infanta leonesa: desde amatistas y rubíes, hasta zafiros y esmeraldas. Su nombre aparece escrito en la base: “En nombre del Señor, Urraca hija de Fernando“. Esta pieza se expone en la primera altura de la torre campanario de la basílica. Nadie que visite el complejo de San Isidoro puede irse sin contemplarla, siendo la joya por excelencia de todo el Tesoro de los Reyes que todavía custodia este histórico monumento. Entre ellas, destaca también una caja de asta de reno cuya peculiaridad reside en ser la única pieza de arte vikingo de España.

Cuna del parlamentarismo europeo

La historia de la Basílica de San Isidoro continuó escribiéndose al unísono de la del Reino de León. En 1188, fue escenario de uno de los acontecimientos más importantes de la Corona leonesa. En febrero de ese mismo año, había ascendido al trono Alfonso IX de León, que contaba solo dieciséis años. Sin embargo, fue coronado rey de un reino inestable marcado por el ambiente hostil: luchas internas por el poder, presión fronteriza con el cada vez más poderoso Reino de Castilla, sin olvidar también a portugueses y almohades, y la crisis económica que afectaba a las arcas reales.

Representación de Alfonso IX de León en un cartulario medieval de la Catedral de Santiago de Compostela. Fuente: Wikimedia

El León sobre el que gobernó Alfonso IX nada tenía que ver con la extensión de la actual provincia, sino que abarcaba también Asturias, Galicia, Salamanca, Zamora y hasta Extremadura. No hay que olvidar que el Reino de León es uno de los reinos históricos que componen la actual España, de ahí que sus armas formen parte de un cuartel del escudo que acompaña la bandera española. Para tratar de solventar los problemas de toda esta extensión de territorio, Alfonso IX decidió convocar Cortes. Sin embargo, y por primera vez en la historia, el pueblo o tercer estamento también participó en ellas. Tras ello, otros reinos europeos se sumarían a esta tendencia, como Inglaterra en 1215.

Las Cortes fueron convocadas para el 18 de abril de 1188, reuniéndose en el claustro de la Basílica de San Isidoro, bajo la presencia del Rey. Entre las ciudades representadas estaban León, Oviedo, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zamora, Astorga, Ledesma o Benavente, entre otras. La novedad fue la participación del pueblo, pero había una razón detrás de todo ello. La dura crisis económica que sufría el Reino obligó a Alfonso IX a contar con ellos para resolver la situación. A cambio, mejoró la administración de justicia y eliminó los abusos del poder de la nobleza.

Claustro de San Isidoro, reformado en estilo neoclásico en el siglo XVIII. Fuente: Cadena SER

Todos los Decreta o leyes que se aprobaron y que estaban encaminadas a proteger a los ciudadanos y sus bienes contra el poder de la nobleza, el clero y el propio monarca ampliaron los que ya se habían recogido en el Fuero de Alfonso V. De este modo, se dio forma a la Carta Magna Leonesa, el resultado de las Cortes de 1188. En ella se describen los derechos individuales, considerándose precedente de la Declaración Universal de los Derechos del Individuo de la Revolución Francesa e, incluso, de la propia Declaración Universal de Derechos Humanos (1948).

Estatua de Alfonso IX de León junto a la Basílica de San Isidoro

Tal es el alcance e importancia de lo acontecido en la Basílica de San Isidoro en 1188 que la UNESO reconoció dichas Cortes y la Carta Magna Leonesa como Memoria del Mundo, al tratarse del “testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”. Además, en 2011 la Junta de Castilla y León concedió a la la ciudad de León la distinción de “Cuna del Parlamentarismo”, lo que también fue reconocido por las actuales Cortes españolas el 20 de marzo de 2019, con un acto en el Congreso de los Diputados.

Visita imprescindible en León

El románico es la seña de identidad de la Basílica de San Isidoro de León, un monumento fundamental para comprender la evolución de este histórico reino de la península Ibérica. Aunque el paso del tiempo le fue engrandeciendo, la Guerra de Independencia provocó diversos daños, especialmente en el panteón real, aunque las diversas restauraciones e intervenciones que se llevan a cabo de forma continuada hacen de este lugar una de las grandes joyas del patrimonio artístico e histórico español. Junto con la catedral, la Basílica de San Isidoro es un imprescindible de la ciudad leonesa, y nadie que la visite puede irse sin acceder a su interior para dejarse cautivar por los secretos que hemos descubierto, así como por otros muchos más que esperan en el recorrido guiado.

Fachada de la Basílica de San Isidoro de León. Fuente: Bekia Viajes

Visitando las diversas salas de la Basílica de San Isidoro, los turistas no solo conectan con la historia del Reino de León, sino también con la de todo un continente. Cuna del parlamentarismo europeo, este espacio fue escenario del nacimiento del sistema parlamentario, en el que el pueblo debe configurarse como su verdadero espíritu y motor, como así se entendió en las Cortes leonesas de 1188. Lo acontecido en León el 18 de abril de aquel año no debería dejar de recordarse ni ensalzarse nunca, porque nos ayuda a explicar la evolución que hemos ido experimentando como sociedad, además de hacernos sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARVIZU Y GALARRAGA, F. (1995). Más sobre los decretos de las Cortes de León de 1188. Anuario de historia del derecho español (63-64), pp. 1193-1238. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=134605

UTRERO AGUDO, M. A., MURILLO FRAGERO, J. I. (2014). San Isidoro de León. Construcción y reconstrucción de una basílica románica. Arqueología de la arquitectura (11). Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5013995

La desaparecida Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra, origen de una iconografía propia de la Semana Santa española

La Semana Santa es una de las tradiciones populares más importantes de España. La riqueza y la variedad cultural con la que cuenta el país se refleja también en las diferentes celebraciones que se desarrollan por toda su geografía durante los días en los que los cristianos recuerdan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Las procesiones son el elemento principal de la Semana Santa española. Estos cortejos no se entenderían sin las imágenes que salen a las calles para hacer manifestación pública de fe. De entre las diversas advocaciones que podemos encontrar de Cristo y la Virgen María, en lo que respecta a esta última cabe destacar la de La Soledad, que evoca la desolación de la madre que ha perdido al hijo, muerto en la cruz.

La imaginería religiosa se ha servido de los pasajes de las Sagradas Escrituras para, a través del arte, narrar los principales acontecimientos que en ellas tienen lugar. España es uno de los países de la Cristiandad en los que más intensamente se ha desarrollado todo ello, con grandes escultores, y también escultoras, que ocupan un lugar privilegiado en la Historia del Arte y cuyo legado está presente en altares o vitrinas de museos de todo el país, e incluso fuera de nuestras fronteras. Uno de los primeros nombres fue el del andaluz Gaspar Becerra, que desarrolló su obra durante el Renacimiento.

Medallón de Gaspar Becerra en el Museo Nacional del Prado. Fuente: Wikimedia

La herencia de Gaspar Becerra está repartida por diversos puntos de España, y en algunos casos se ha perdido fruto de guerras o expolios, lo que ha provocado que su nombre se haya visto eclipsado por otros imagineros posteriores. Sin embargo, a Becerra la Semana Santa de España le debe mucho, ya que fue el artista que trazó el primer modelo y representación de la advocación mariana de La Soledad de la Virgen, marcando una pauta que se repitió después por otros escultores en todo el país y que todavía hoy vemos cada Semana Santa en andas, tronos y carrozas de multitud de cofradías. Sin embargo, aquella primitiva obra que tanta devoción despertó se perdió durante la Guerra Civil. A continuación, descubrimos su historia.

El origen de la advocación a La Soledad

Aunque la advocación y representación escultórica de Nuestra Señora de la Soledad tiene un origen español, desde un punto de vista teórico sus raíces se encuentran en el último de los Siete Dolores de la Virgen. De acuerdo con la tradición, a comienzos del siglo XIV la Virgen se manifestó a través de Santa Brígida y reveló al mundo sus siete dolores a través de siete espadas clavadas en su corazón, haciendo alusión a siete pasajes duros de su vida al lado de su hijo, Jesucristo. Por su parte, la Orden de los Servitas fue la encargada de extender la meditación y el recogimiento en torno a los Siete Dolores de la Madre de Dios, cuya festividad del 15 de septiembre fue oficialmente impuesta por el Papa Pío VII en 1815, sin olvidar el recuerdo del Viernes de Dolores previo al Domingo de Ramos.

La Dolorosa de la Vera Cruz, obra de Gregorio Fernández y titular de la Cofradía de la Vera Cruz de Valladolid

El séptimo dolor hace alusión al entierro de Cristo en el sepulcro, que se traduce precisamente en la soledad de la Virgen María, recordando el calvario vivido por su hijo y esperando su gloriosa resurrección. Dada la extensión que se produjo de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores de la mano principalmente de los Servitas, es posible confundir su iconografía con la de la Soledad. Esta última se caracteriza por representar a una Virgen que es viuda y madre, caracterizada por el luto y la serenidad en su mirada, alejada del dolor y la mirada rasgada de los siete puñales que atraviesan a la Dolorosa.

Isabel de Valois (1545-1568) contrajo matrimonio en 1559 con Felipe II, en cumplimiento del Tratado de Cateau-Cambrais que asentó la paz entre Las Españas y Francia. Era tan solo una niña de trece años cuando cruzó la frontera de los Pirineos para comenzar una nueva vida al lado del Rey más poderoso de todo el mundo en aquel momento. El monarca decidió que la Condesa viuda de Ureña se convirtiera en la camarera mayor de su joven esposa, un personaje que también forma parte de la historia de La Soledad de Becerra. Entre su ajuar, Isabel de Valois trajo consigo un cuadro en el que se representaba Las Angustias y Soledad de la Virgen, arrodillada y rezando ante la cruz desnuda.

Retrato de Isabel de Valois pintado por Sofonisba Anguissola. Fuente: Museo del Prado

Isabel de Valois era firme defensora de la Orden de los Mínimos, fundada por el francés San Francisco de Paula en el siglo XV, cuyo primer convento español fue establecido en Málaga tras la conquista de la ciudad por parte de los Reyes Católicos. La Reina de origen francés intervino para que se fundase en el actual entorno de la Puerta de Sol un nuevo cenobio, constituyéndose en 1561 el Convento de Nuestra Señora de la Victoria. Visitando un día uno de los frailes a la esposa de Felipe II, se interesó por el cuadro que representaba a la Virgen en su Soledad, solicitándoselo para situarlo en el altar mayor de la iglesia conventual. Sin embargo, la Reina le tenía mucho aprecio, por lo que decidieron que encargarían una copia, pero que sería escultórica, de bulto, que permitiera también su salida en procesión.

Grabado del desaparecido Convento de la Victoria. Fuente: Madrid Histórico

La Reina optó por Gaspar Becerra, artista que llevaba al servicio de Felipe II desde 1562 trabajando en la decoración de los Sitios Reales y que había ejecutado de forma magistral el retablo de la Catedral de Astorga. Además, tenía contacto con la Orden de los Mínimos, ya que él mismo había adquirido una capilla funeraria en el recién fundado Convento de la Victoria. Fue entonces cuando el genio nacido en Baeza se puso a trabajar en uno de los encargos que, sin saberlo, establecería una iconografía completamente nueva y eterna en el seno de la tradición cristiana de España, concretamente de la Semana Santa.

Así era La Soledad de Becerra

Becerra realizó un total de tres intentos hasta que consiguió esculpir la talla que satisfizo a Isabel de Valois. Cuenta la leyenda que una voz divina le dijo en un sueño que utilizase un tronco de madera de roble que ardía en la chimenea para ejecutar el encargo solicitado. Así lo hizo y el artista al fin consiguió el aprobado de la Reina. Además, decidió que él mismo llevaría a cabo la policromía de la imagen. Se trataba de una escultura de candelero, arrodillada y con las manos entrecruzadas en el pecho, en actitud orante. Su cabeza ladeada era una de sus principales señas de identidad, destacando también el largo rosario que colgaba de su cuello. Del mismo modo, dejaba a un lado la corona, optando por la aureola.

Virgen de la Soledad del Convento de la Victoria, esculpida por Gaspar Becerra. Fuente: Wikimedia

Diversos autores apuntan a que María de la Cueva, Condesa viuda de Ureña, que como hemos comentado era la camarera mayor de la Reina, fue la que propuso vestir a la Virgen con sus propias ropas de viuda castellana. Esta noble, que había nacido en el castillo de Cuéllar y era hija del II Duque de Alburquerque, había quedado viuda en 1558, y su decisión fue determinante para configurar definitivamente la talla de La Soledad de Becerra. No obstante, cabe destacar que tablas flamencas ya venían representando a la mater dolorosa con ropajes negros de luto desde hace tiempo, aunque este gusto saltó del óleo a la escultura.

Retrato anónimo de María de la Cueva, Condesa viuda de Ureña. Fuente: La Hornacina

En septiembre de 1565, la Virgen de la Soledad fue entregada al Convento de la Victoria de Madrid, en una ceremonia en la que algunas fuentes apuntan que asistió la propia Isabel de Valois, además de Juana de Austria, hermana de Felipe II. Desde entonces, la devoción en torno a ella se fue incrementando. De hecho, se convirtió en una de las protagonistas indiscutibles de la Semana Santa madrileña, cuya procesión de Viernes Santo tenía por destino el antiguo Alcázar. Por todo ello, el 21 de mayo de 1567 se decidió fundar la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Angustias en el propio Convento de la Victoria, con Isabel de Valois como Hermana Mayor. Comenzaba una devoción imparable que cruzaría fronteras.

Nuestra Madre y Señora de la Soledad, de El Puerto de Santa María. Fuente: lasoledaddelpuerto.com

Muchos se estarán preguntando qué fue de las otras tallas que esculpió Gaspar Becerra antes de dar con la definitiva. Las restantes imágenes que realizó se guardaron en el convento madrileño. No obstante, recientes estudios apuntan que una de ellas no se perdió, habiéndose atribuido a Becerra la autoría de Nuestra Madre y Señora de la Soledad, de El Puerto de Santa María (Cádiz). Debió llegar en torno a 1637, colocándose en el también Convento de la Victoria, regentado por los mínimos. Todavía hoy continúa procesionando cada Semana Santa por las calles de esta localidad.

La Soledad de la Victoria, iconografía universal

La devoción a la Virgen de la Soledad del Convento de la Victoria creció exponencialmente, en gran medida porque comenzó a ganar fama milagrera. Esto también fue uno de los motivos por los cuales se decidió emprender la construcción de una capilla propia en la iglesia conventual para dar culto a la talla. Este espacio fue finalizado e inaugurado en 1611, mientras que cincuenta años más tarde se encargaría el gran retablo barroco en el que se colocó la imagen de la Soledad de Becerra. El ático estaba coronado por una pintura de Francisco Rizi, en la que se representaba a Cristo en el sepulcro, la cual acompañaba a la perfección el tema de la soledad y el dolor de la Virgen María tras la muerte de su hijo.

Estampa del retablo de La Soledad de la Victoria en 1726, de Fray Matías de Irala. Fuente: Biblioteca Nacional

La devoción por La Soledad de la Victoria explica que comenzaran a desarrollarse copias y réplicas de la talla original. Tanto en escultura como en pintura, proliferaron en Madrid representaciones de la obra que había realizado Becerra, algunas de ellas llegando a tener su propio grupo de fieles. Destacan especialmente las numerosas pinturas de la Soledad que se exponían en portales de diversas calles de la ciudad, y, de entre todas, la de la Calle de la Paloma, que llegó a ser conocida como Virgen de la Paloma y que, a día de hoy, es considerada por muchos como la patrona popular de la villa, cuya verbena reúne cada 15 de agosto a cientos de madrileños.

Virgen de la Paloma, representación de La Soledad de la Victoria. Fuente: virgenlapaloma.es

La iconografía de la Virgen de la Soledad de la Victoria superó las fronteras de Madrid. Las réplicas se situaron en los diversos conventos de la Orden de los Mínimos que se fundaron en España, donde siempre había una capilla dedicada a La Soledad. No obstante, no se limitaron solamente a estos cenobios, sino que estuvieron presentes en otras iglesias, ligadas a cofradías que daban testimonio público de la fe por la Madre de Dios en su séptimo dolor, en su soledad. Por ejemplo, en 1585 ya se había fundado en Cuéllar (Segovia), y ligada a la Casa Ducal de Alburquerque, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. Cabe recordar que en esta villa había nacido María de la Cueva, Condesa de Ureña que había propuesto vestir a la Soledad de Becerra de viuda veinte años antes. La talla cuellarana sigue a la perfección el prototipo del modelo del Convento de la Victoria.

Virgen de la Soledad de Cuéllar, en su salida procesional del Domingo de Resurrección

Asentada la devoción en España, su iconografía se extendió a otras partes de Sudamérica, donde se conservan diversas pinturas de la propia Virgen de la Soledad de la Victoria que nos permiten conocer cómo era la talla de Gaspar Becerra. No podemos olvidar tampoco la Virgen de la Soledad de Amberes, ubicada en una hornacina en la Calle Pieter Van Hoboken. Se trata de una escultura de madera inspirada en la que la Infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II e Isabel de Valois, se llevó consigo a Países Bajos cuando contrajo matrimonio con Alberto de Austria.

La desaparición de La Soledad de la Victoria

La devoción por Nuestra Señora de la Soledad continuó creciendo y expandiéndose por España, Sudamérica y Europa conforme los siglos avanzaban. Sin embargo, la historia de la talla de Gaspar Becerra del Convento de la Victoria se detuvo en 1809. Con la invasión de los franceses y la decisión de José Bonaparte de suprimir las órdenes religiosas, los Mínimos tuvieron que abandonar su casa de Madrid. Por su parte, la escultura de la Virgen abandonó su histórica capilla y pasó a la Real Colegiata de San Isidro. Desde allí, regresó en 1813 a su ubicación original, aunque no por mucho tiempo.

Talla actual de la Virgen de la Soledad de la Colegiata de San Isidro, en sustitución de la de Becerra. Fuente: Palios – WordPress.com

La Virgen de la Soledad tuvo que regresar en 1837 a la Real Colegiata de San Isidro. El Convento de la Victoria se vio afectado por la desamortización y fue demolido, al igual que el resto de conventos que se encontraban en la Puerta del Sol. La talla de Becerra continuó recibiendo a sus devotos y partiendo en procesión cada Semana Santa desde su nueva capilla hasta el Palacio Real. Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil, la colegiata consagrada al patrón de Madrid fue incendiada y, de entre los desperfectos y las pérdidas que las llamas se cobraron, estuvo la histórica Soledad de la Victoria. Desapareció para siempre la joya de la Semana Santa madrileña, la talla verdadera tantas veces replicada en cuadros y esculturas por todo el orbe de la Cristiandad y que marcó un antes y un después de la imaginería española.

Procesión de Sábado Santo de la Virgen de la Soledad del Convento de las Calatravas de Madrid. Fuente: EFE

Después de haber descubierto la historia sobre la iconografía de Nuestra Señora de la Soledad, posiblemente cada vez que contemplemos una procesión de Semana Santa protagonizada por una Virgen ligada a esta advocación la miremos con distintos ojos. Las tradiciones, al igual que el patrimonio, evolucionan, pero conocer sus orígenes siempre resulta fascinante.

Isabel de Valois, Gaspar Becerra y la Condesa viuda de Ureña establecieron un nuevo prototipo mariano en Madrid, una ciudad que, aunque a día de hoy no destaca por su Semana Santa, aportó una de sus representaciones más extendidas en toda España, Sudamérica y varios puntos de Europa. Historias como la de La Soledad de Becerra nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís, recordando nuevamente lo fundamental que es conservar nuestro patrimonio, cuya pérdida implica también la erradicación de nuestra memoria pasada.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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NORBERT UBARRI, M. (2017). “La Cofradía de Pasión de la Virgen de la Soledad de Amberes: la contribución española al proyecto pastoral de una diócesis en Flandes”. En Campos y Fernández de Sevilla, F. J., Religiosidad popular: Cofradías de penitencia. San Lorenzo de El Escorial: Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6193478.pdf

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PRIETO, J. (2013). El traje de la condesa- viuda de Ureña: realidad y mito en el origen de la imagen de la Soledad de la Victoria. La Hornacina. Recuperado de: https://javierprietoprieto.files.wordpress.com/2013/12/trajecondesaviuda.pdf

ROMERO TORRES, J. L. (2012). La Condesa de Ureña y la iconografía de la Virgen de la Soledad de los Frailes Mínimos (I). Cuadernos de los amigos de los Museos de Osuna (14), pp. 55-62. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4212599.pdf

SÁNCHEZ DE MADARIAGA, E. (2008). “La Virgen de la Soledad. La difusión de un culto en el Madrid barroco”. En María Cruz de Carlos, Pierre Civil, Felipe Pereda y Cécile Vincent-Cassy (eds.), La imagen religiosa en la Monarquía hispánica. Usos y espacios, pp. 219-240. Madrid: Casa de Velázquez. Recuperado de: https://www.academia.edu/7808223/La_Virgen_de_la_Soledad_La_difusión_de_un_culto_en_el_Madrid_barroco_en_María_Cruz_de_Carlos_Pierre_Civil_Felipe_Pereda_y_Cécile_Vincent_Cassy_eds_La_imagen_religiosa_en_la_Monarquía_hispánica_Usos_y_espacios_Madrid_Casa_de_Velázquez_2008_pp_219_240

El Palacio del Buen Retiro, el Real Sitio que Felipe IV decidió construir en Madrid

Tradicionalmente, los libros de historia dividen el gobierno de la Casa de Austria sobre Las Españas en el período de los Austrias Mayores, es decir, los reinados de Carlos I y Felipe II, y el de los Austrias Menores, conformado por los de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Mantener la grandeza y hegemonía que alcanzaron los dos primeros Habsburgo fue ardua tarea para sus sucesores. El Imperio español fue mermando y perdiendo territorio conforme los años y reinados iban transcurriendo. Aunque continuaba siendo la primera potencia europea, algo que se labró desde tiempos de los Reyes Católicos, pronto se produciría el sorpasso de la Francia de Luis XIV, para no volver a recuperar la posición de antaño. Sin embargo, al mismo tiempo que se producía el ocaso de la Monarquía Hispánica, avanzaba el Siglo de Oro español, uno de los período de mayor esplendor de las artes en nuestro país de toda su historia.

Felipe IV a caballo, monarca fundador del Real Sitio del Buen Retiro

Durante este período, se levantó en Madrid un nuevo escenario con el que trata de demostrar la fuerza de la Corona española frente a Europa. En pleno Barroco, cuando las Cortes del Viejo Continente emprendían la construcción de imponentes palacios, Felipe IV, a través de su valido, el Conde-Duque de Olivares, se sumó también a esta corriente ordenando la construcción del Palacio Real del Buen Retiro. No obstante, el tiempo acabó demostrando que este nuevo Real Sitio era el reflejo de la situación que atravesaba España: un gran gigante con cimientos débiles que acabaron desplomándose. De todo aquel escenario de ostentación, muchos se preguntan qué queda actualmente, ya que es una de las pérdidas patrimoniales más importantes de la capital. Además de sus jardines y estanque, El Retiro fue mucho más.

El origen del Palacio del Buen Retiro

Todo el que visita Madrid siempre pasa por el Parque del Buen Retiro. Sin embargo, son muchos los que se preguntan sobre el origen de este entorno, cuya historia comenzó a escribirse a comienzos del siglo XV, de la mano de los Reyes Católicos. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón dieron licencia a los monjes jerónimos de la ribera del Manzanares para situar el monasterio en un punto más cercano a la villa, decantándose por el actual paseo del Prado, extramuros de la entonces vieja Madrid. De aquella obra se conserva la actual Iglesia de San Jerónimo el Real, uno de los pocos ejemplos de estilo gótico de la capital española.

Aunque fuentes de la época confirman que el Monasterio de San Jerónimo de Madrid ya se utilizaba como aposento real, no fue hasta el reinado de Felipe II cuando se definió el denominado Cuarto Real. Se trataba de un palacete anexo a la iglesia, conformado por unas veinte habitaciones, que permitía al Monarca seguir los oficios religiosos desde sus habitaciones, comunicadas con la cabecera del templo. Desde entonces, este espacio se configuró como un retiro para la Familia Real en períodos de luto o de Cuaresma. Precisamente, desde tiempos de Felipe II y hasta Isabel II, aquí se realizaron las proclamaciones reales.

Panorámica actual de Iglesia de Los Jerónimos. Fuente: Turismo Madrid

Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV, sugirió al Rey desarrollar una ampliación del Cuarto Real de Los Jerónimos y convertirlo en un verdadero palacio. El pretexto fue el nacimiento del Príncipe Baltasar Carlos, el 17 de octubre de 1629, cuya jura como heredero de Las Españas se llevaría a cabo en 1632 en la propia Iglesia de San Jerónimo el Real. Por este motivo, lo que se ideó como una ampliación del primitivo aposento regio acabaría convirtiéndose en un extenso palacio real que tomó por nombre del Buen Retiro, en alusión al uso que de retiro hicieron en ese espacio siempre los monarcas españoles.

La construcción del Palacio del Buen Retiro

Para llevar a cabo la construcción del Palacio del Buen Retiro, fue necesaria la adquisición de los terrenos colindantes al Monasterio de San Jerónimo, entre ellos un gallinero. En total, Felipe IV tuvo que abonar alrededor de 8.000 ducados por todo el espacio en el que situaría su nueva residencia. Giovanni Battista Crescenzi, que había participado en la decoración del Panteón Real de El Escorial, fue nombrado maestro mayor de las obras, iniciadas en 1630. Los testimonios de la época indican que avanzaron rápidamente, lo que provocó que apenas se cuidasen los detalles. Todo ello condujo a la construcción de un inmenso palacio que destacaba por su utilidad y comodidad, pero no por disponer de una arquitectura exterior asombrosa que pudiera rivalizar con las grandes residencias reales de estilo Barroco que estaban levantándose en el resto de Europa.

Vista del palacio y jardines del Buen Retiro (1636-1637), de Jusepe Leonardo. Fuente: Patrimonio Nacional

El 1 de diciembre de 1633, mientras la hija predilecta de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, fallecía en Bruselas como Gobernadora de los Países Bajos españoles, su tío Felipe IV, ajeno a esta triste noticia que conocería días después, promulgaba en Madrid una pragmática que oficializó la creación del Real Sitio del Buen Retiro, con el cambio de nombre del Cuarto Real de San Jerónimo que había fundado su abuelo y Rey Prudente, en detrimento de este nuevo lugar, inaugurado ese mismo día con la entrega de llaves por parte del Conde-Duque. Casualidades de la historia que otro 1 de diciembre, pero de 1764, se inauguró también en la villa otra gran residencia: el Palacio Real o de Oriente.

Así era el Real Sitio del Buen Retiro

En palabras del propio Felipe IV, la construcción del Palacio del Buen Retiro estuvo motivada para que “Yo y mis sucesores pudiésemos, sin salir de esta Corte, tener alivio y recreación“. Con la construcción de esta residencia, la villa de Madrid sumaba un nuevo recinto regio. Aunque el estilo que se siguió era el propio del gusto de los Austrias, con edificios de planta cuadrada y torres en las esquinas rematadas con chapiteles, la falta de planificación provocó que el conjunto presentase una visión desorganizada. A pesar de que se inauguró en 1633, las obras y ampliaciones se sucedieron en las décadas siguientes, hasta alcanzar el conjunto de residencia suburbana que se buscaba.

Estanque Grande del Buen Retiro, ca. 1657, por Juan Bautista Martínez. Fuente: Museo del Prado

El Real Sitio del Buen Retiro estaba conformado por el palacio propiamente dicho y los extensos jardines, en donde se situó el estanque que actualmente siguen utilizando madrileños y turistas a bordo de sus coquetas barcas. Un dato que pocos conocen es que en este espacio verde se levantaron también siete ermitas dedicadas a San Juan y Santa María Magdalena, ambas al norte, San Isidro, la más cercana al palacio, San Jerónimo y San Bruno, cerca del estanque las dos, la de San Pablo, al sur, y la de San Antonio de Padua o de los Portugueses, la más grande de todas. Como curiosidad, el espacio de esta última ermita, construida a instancias de la comunidad lusa que residía en Madrid, lo ocupa actualmente la glorieta y estatua del Ángel Caído.

La Ermita de San Antonio en el Buen Retiro, ca. 1707. Fuente: Memoria de Madrid

Como podemos ver en la obra de Jusepe Leonardo, mostrada anteriormente, los patios eran el elemento en torno al cual quedaba organizada la vida palaciega. Salvo en los casos de visitas de personalidades extranjeras, siendo Francesco I d’Este, Duque de Módena, el primero que lo estrenó en 1638, o los períodos de luto o juras reales, el Palacio del Buen Retiro no se destinaba a la vida protocolaria de la Corte, que tenía lugar en el Real Alcázar. En sus plazas se organizaron corridas de toros y todo tipo de fiestas; desde 1640 contó con un Coliseo en el que se representaban obras de teatro, entre otras las de Pedro Calderón de la Barca; disponía de Salón de Baile, actual Casón del Buen Retiro, y los jardines eran perfectos para disfrutar de la equitación, los agradables paseos y hasta la caza menor de conejos o perdices. También había una leonera y jaulas con aves exóticas, a modo de pequeño parque zoológico.

Bautizo de la Infanta Isabel en el Palacio del Buen Retiro, ca. 1742, de Antonio González. Fuente: Museo Lázaro Galdiano

Aunque exteriormente el palacio no destacaba por el granito, el ladrillo y la pizarra que cubrían su arquitectura, el interior impresionaba por su suntuosa decoración, en gran parte gracias a las obras de arte que colgaron en sus muros, muchas de ellas encargadas ex profeso para el Real Sitio. De entre todas ellas, decoraron las estancias del Palacio del Buen Retiro “El Juicio de Paris“, de Rubens; “Adán y Eva“, de Durero, “El aguador de Sevilla“, “La rendición de Breda” o “Felipe IV, a caballo“, los tres de Velázquez, o las diez escenas de la vida de Hércules, de Zurbarán, entre otras muchas obras. Precisamente, “Bautizo de la Infanta Isabel en el Palacio del Buen Retiro”, ejecutado por Antonio González a mediados del siglo XVIII, nos muestra la majestuosa decoración de sus estancias.

El ocaso del Palacio del Buen Retiro

Con la llegada de los Borbones al trono español, el Real Sitio del Buen Retiro se convirtió en uno de los ejes clave de la vida de la Corte. Sobre todo, tras el incendio del Real Alcázar, que convirtió por primera vez a la residencia en sede del poder, para lo cual hubo que llevar a cabo reformas en su interior para acoger al gobierno del Reino. El palacio fue habitado hasta 1764 por la Familia Real española. Dos años más tarde, Carlos III cedió el edificio a las tropas de Infantería y Caballería, a lo que se sumó la apertura al público de los jardines en 1767, aunque con muchas normas de etiqueta, o la creación de una Fábrica de Porcelanas en la Ermita de San Antonio de los Portugueses. Poco a poco, el espíritu cortesano del Real Sitio se apagaba, en gran parte por la finalización de las obras del nuevo Palacio Real.

La estatua ecuestre de Felipe IV, la primera del mundo realizada con las patas delanteras del caballo levantadas y ejecutada por iniciativa del propio monarca, se encontraba situada en uno de los jardines del Buen Retiro. A través de su escultura de bronce, el Rey Planeta y fundador de este Real Sitio fue testigo de cómo las tropas francesas conquistaron su Versalles madrileño. No solo lo utilizaron como cuartel, sino que provocaron graves destrozos en sus bellas zonas verdes. Al finalizar la Guerra de Independencia, el conjunto palatino estaba práctica y completamente destruido. De la demolición durante el reinado de Fernando VII solamente se salvaron el Salón de Baile y el de Reinos. Finalmente, el Real Sitio fue cedido al Ayuntamiento de Madrid en 1869.

Lo que queda del Buen Retiro

Con la demolición del Palacio del Buen Retiro, Madrid sumó una gran pérdida a su lista de patrimonio desaparecido, entre la que también encontramos otros importantes edificios como el Real Alcázar, la Iglesia de Santa María de la Almudena o los grandes conventos que se levantaban en lo que actualmente es la Puerta del Sol, entre otros muchos. Sobre el espacio que ocupaba el Real Sitio, se levanta actualmente el Barrio de Los Jerónimos, dentro del distrito de Retiro. Toma su nombre de la misma iglesia, del origen del palacio construido por Felipe IV. No obstante, del recinto regio todavía hay algunas huellas que recuerdan lo que un día fue.

Parque del Retiro

Los amplios jardines del Palacio del Buen Retiro configuran, actualmente, el Parque del Retiro, que cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural, bajo la categoría de jardín histórico desde 1935. El diseño que presentan a día de hoy es completamente diferente al que tenía en sus orígenes. Uno de los principales impulsos se vivieron durante el reinado de Carlos III, que dotó a este espacio del ambiente ilustrado propio de la época. El recreo de la Familia Real y la religiosidad que también formaba parte de esta zona de la villa dio paso a la ciencia y la cultura: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Palacio de Cristal, construido en 1887 por la Exposición de las Islas Filipinas

A finales del siglo XIX, se incorporó al paisaje del Parque del Retiro el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez o la escultura del Ángel Caído, que casualmente está a 666 metros sobre el nivel del mar. Por su parte, en 1922 se añadió el Monumento a Alfonso XII, un conjunto escultórico en el que intervinieron más de 20 artistas y que rodea el gran estanque del jardín. En las zonas verdes del parque se reúnen los madrileños y turistas, que pasean por los mismos espacios en los que Austrias y Borbones se dieron cita durante cerca de doscientos años.

Casón del Buen Retiro

En 1637 fue construido el Salón de Baile del Palacio del Buen Retiro, lo que actualmente se conoce como Casón del Buen Retiro. Las restauraciones y rehabilitaciones que se han llevado a cabo sobre el edificio han desvirtuado completamente su arquitectura original. Afortunadamente, los frescos de su bóveda no se han perdido, en los cuales se representa la “Alegoría del Toisón de Oro”, pintados por Luca Giordano y configurados como una verdadera exaltación a la monarquía hispánica.

Alegoría del Toisón de Oro, de Luca Giordano, en el Casón del Buen Retiro. Fuente: Wikimedia

Actualmente, el Casón del Buen Retiro es una dependencia más del Museo Nacional del Prado. concretamente el Centro de Estudios de la institución. Cabe destacar, a modo de curiosidad, que durante el tiempo en el que el “Guernica” perteneció a la colección de este museo, antes de pasar al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, estuvo expuesto en este mismo espacio, en el Salón de Baile que un día perteneció al complejo del Palacio del Buen Retiro.

Salón de Reinos

Con el Salón de Reinos, el espacio dedicado a las grandes fiestas y ceremonias, se quiso evocar la grandeza pasada, presente y futura de la Monarquía española. De hecho, algunos autores no dudan en afirmar que sus frescos se encuentra entre las máximas representaciones pictóricas del poder real en Europa. Su nombre hace referencia a los 24 reinos que componían Las Españas a mediados del siglo XVII y cuyos escudos quedaron pintados en la bóveda del salón: Reino de Aragón, Reinos de Castilla y León, Reino de Navarra, Principado de Cataluña, Reino de Valencia, Reino de Granada, Reino de Sevilla, Reino de Toledo, Reino de Portugal, Reino de Jaén, Reino de Murcia, Reino de Galicia, Reino de Córdoba, Archiducado de Austria, Ducado de Borgoña, Ducado de Brabante, Reino de Cerdeña, Reino de Sicilia, Reino de México, Reino del Perú, Ducado de Milán, Condado de Flandes, Reino de Jerusalén y Señorío de Vizcaya.

Fachada principal del Salón de Reinos

Además de la obra pictórica anterior, para el Salón de Reinos también se encargaron doce cuadros que representaban grandes batallas españolas, diez obras sobre la vida de Hércules ejecutadas por Zurbarán y cinco retratos ecuestres efectuados por Velázquez sobre Felipe III, Felipe IV, sus respetivas esposas y el príncipe Baltasar Carlos. Junto con los escudos, que demostraban la extensión de los reinos españoles, todas estas piezas pictóricas constituían también parte del programa propagandístico propio de la época, tratando de impresionar a todo el que lo contemplase para que se percatase del poderío de Las Españas.

Frescos del Salón de Reinos con los escudos de los reinos españoles. Fuente: hoyesarte.com

A pesar de lo anterior, el Salón de Reinos no dejaba de ser una mera ilusión, pues el sueño imperial se encontraba ya en decadencia a mediados del siglo XVII y la Corona española estaba a punto de perder la hegemonía europea y mundial. No obstante, en este edificio Felipe IV se convierte verdaderamente en El Grande o El Planeta, sobrenombres con los que la historia ha querido reconocerle. El destino quiso que este espacio, junto con sus frescos, se salvase de la demolición y se convirtiera en superviviente y perpetuo recuerdo a la grandeza de la Casa de Austria.

Tras haber sido sede el Museo del Ejército, actualmente el Salón de Reinos pertenece al Museo Nacional del Prado, que conserva muchos de sus cuadros y que llevará a cabo la restauración del edificio, tratando de recuperar su fisionomía original. Gracias a ello, la institución sumará nuevos metros cuadrados para exponer cerca de 200 obras de arte, todo ello bajo el cielo estrellado de lo que un día fueron Las Españas.

Reconstrucción virtual del Salón de Reinos. Fuente: Arte en Valladolid

El Palacio del Buen Retiro no es solo la historia de lo que un día fue, sino también de lo que aún permanece. A pesar de ser uno de los principales monumentos que engrosan el inventario del patrimonio desaparecido de España, el destino quiso que algunos elementos se salvasen de la demolición.

Patrimonio Reaparecido

Madrid ha perdido importantes monumentos a lo largo de su historia. Es momento de volver a descubrirlos jugando con la imaginación

Donde ahora circulan coches y se levantan bloques de viviendas, hubo un día en el que estuvieron las estancias del palacio de recreo de la Familia Real en Madrid, en las que colgaron obras de arte de los más importantes pintores del momento, a los cuales todavía admiramos. Recordando todo ello, y disfrutando del Parque del Retiro, del Casón y, por supuesto, de la alegoría a la histórica Monarquía Hispánica que representa en sí mismo el Salón de Reinos, nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ELLIOT, J. (s. f.). Salón de Reinos. Enciclopedia del Museo del Prado. Recuperado de: https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/salon-de-reinos/03fd727a-703a-4032-9df6-92a045c76be5

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IMAGEN DE PORTADA

Detalle de “Vista de la Calle Alcalá”, Antonio Joli, ca. 1750-1754. Colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Recuperado de: https://www.academiacolecciones.com/pinturas/inventario.php?id=1396

10 grandes mujeres que también han escrito la historia de España

Aunque el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, una jornada en la que se conmemora la lucha por la plena igualdad efectiva entre mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida y la sociedad, lo cierto es que todos los días del año debería mantenerse el espíritu reivindicativo del conocido popularmente como 8M. Al revisar la historia de la Humanidad, nadie puede negar que los hombres se han adueñado de los acontecimientos del pasado, aunque también hayan sido escritos por mujeres que permanecen hoy silenciadas, lo que nos demuestra que aún queda mucho camino por recorrer. España no es ninguna excepción en esta tendencia.

Cuando pensamos en mujeres influyentes de la Historia de España, nos vienen a la mente figuras como la Reina Isabel I de Castilla, la pensadora Teresa de Jesús, o más recientemente la activista Concepción Arenal. Sin embargo, hay otros muchos nombres que también deberían formar parte de los libros, pero cuyo legado continúa formando parte de un silencioso segundo plano. No obstante, instituciones como Patrimonio Nacional o el Museo del Prado han comenzado a realizar iniciativas en los últimos años para paliar esta triste situación, destacando, por ejemplo, la exposición “La Otra Corte” sobre las mujeres de la Casa de Austria.

Juana I es una de las Reinas de la historia española que permanecen en el olvido. Fuente: Museo Nacional de Escultura

La Historia española está repleta de grandes mujeres que marcaron un hito en su época, pero cuya huella se ha diluido con el paso del tiempo, hasta caer en el olvido. Reinas, artistas, escritoras, enfermeras o pensadoras a las que se pasa por alto, pero a las que se les debe su legítimo lugar. Las 10 mujeres que vamos a recordar a continuación son grandes ejemplos de ello, de entre los cientos que podríamos destacar. Por ellas, por vosotras, por todas.

Urraca I de León (1081-1126)

Reinas propietarias ha habido muy pocas en la historia de Europa, pero la primera que ostentó este título por derecho propio fue una infanta leonesa que tuvo que hacerse un hueco en un mundo de claro carácter masculino, y lo consiguió. Ante la ausencia de heredero varón, Urraca de León sucedió a su padre, Alfonso VI, en 1109. Cuando todavía era la segunda línea de sucesión, antes de la muerte de su hermano Sancho, Urraca contrajo matrimonio con Raimundo de Borgoña, por puro interés estratégico, de cuya unión nació el futuro Alfonso VII. Tras enviudar, y antes de la muerte de su padre, se le impuso un nuevo enlace, en este caso con Alfonso I de Aragón. Una peón de ajedrez que estaba llamada a ser la reina del tablero.

Detalle de un retrato romántico de la Reina Urraca I de León. Fuente: Museo del Prado

Las crónicas de la época han dejado constancia de las desavenencias del matrimonio de Urraca I de León y Alfonso I de Aragón. La Reina tuvo que enfrentarse a los maltratos de su marido, refugiándose en el Monasterio de Sahagún para alejarse de él. El matrimonio fue disuelto por la Santa Sede, y Urraca jamás volvió a compartir el poder con ningún consorte. La Soberana leonesa gobernó siempre de forma independiente, pasando a la historia como La Temeraria. Sus enemigos trataron de derribarla por su condición de mujer en numerosas ocasiones, pero ella afrontó su destino y gobernó sus reinos hasta el fin de sus días. Urraca I de León, la primera Reina titular de la historia de Europa, descansa en el Panteón Real de León.

Luisa de Medrano (1484-1527)

Beatriz Galindo, La Latina, no solo es conocida por dar nombre a uno de los barrios más populares de Madrid, sino también porque es una de las mujeres que han conseguido mantener su legado a través del tiempo, aunque tampoco le ha resultado fácil. Otra de las humanistas más destacadas de finales del siglo XV y principios del XVI fue Luisa de Medrano, aunque su recuerdo no ha corrido la suerte de La Latina y permanece en ese ala del olvido de la historia. La escasez de fuentes documentales o la destrucción de muchos de sus escritos durante el reinado de Carlos I hacen complicado esbozar una biografía sobre ella. No obstante, quedan datos suficientes sobre la que es considerada la primera mujer que dio clases en una universidad.

Detalle de un retrato atribuido a Luisa de Medrano, ca. 1530. Fuente: Wikimedia

Pocas son las fuentes que se conservan y que demuestran que, aunque no se pueda afirmar que fuese catedrática de la Universidad de Salamanca, sí que dio clases de gramática en sus aulas, algo inédito en aquel momento, tal y como recoge el “Cronicón” de Pedro de Torres al afirmar que el 16 de noviembre de 1508 la hija de Medrano leyó en la Cátedra de Cánones. En 1514, el italiano Lucio Marineo Sículo elogió a Luisa de Medrano al situarla por encima de todos los hombres, gracias a que se preocupó por los libros, en vez de por la lana, por la pluma, en vez de por la aguja. Una mujer que hoy definirían como empoderada de la que se sabe poco, pero lo suficiente para que se le devuelva su lugar en la historia.

María Pacheco (1497-1531)

El movimiento comunero que puso en jaque al Emperador Carlos V es uno de los acontecimientos más importantes del siglo XVI, cuyo alcance todavía hoy se sigue estudiando, cuando se cumplen más de 500 años desde que comenzó el levantamiento. Aunque los tres principales cabecillas, es decir, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, son las principales figuras, la historia ha silenciado la intervención femenina de la Guerra de las Comunidades de Castilla, representada por María Pacheco. Su actuación y resistencia en Toledo se mantuvo hasta el fin del conflicto, a pesar de que tuvo que enfrentarse a la ejecución de su esposo, Padilla.

Detalle de “Doña María Pacheco después de Villalar”. Fuente: Museo del Prado

Aunque se crea que el levantamiento comunero finalizó tras la Batalla de Villalar y la decapitación de sus tres líderes, el valor de María Pacheco fue el que mantuvo vivo la que algunos autores han definido como la primera revolución moderna de la historia. La Leona de Castilla, como determinados textos la conocen, se asentó en Toledo, concretamente en el Alcázar, y trató de resistir a las tropas del Emperador Carlos V, frente a muchas voces que propugnaban capitular. María Pacheco creía en la causa comunera, creía en ella, y su recuerdo se ha diluido en el tiempo, pero el espíritu comunero no se entendería sin ella. Sobre su final, murió en 1531 en Portugal, donde había partido al exilio.

Beatriz Bernal (1501/1504-1562/1586)

Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer o Antonio Machado son algunos de los escritores más sublimes de la literatura española, pero, ¿dónde están las mujeres de la pluma y la tinta? Para poner de manifiesto el silencio al que han sido sometidas las creadoras a lo largo de los siglos, recuperamos la memoria de Beatriz Bernal, la primera novelista de la historia de España. Tal es el papel secundario al que se han visto abocadas las figuras femeninas, que no se conoce ni la fecha exacta de nacimiento o fallecimiento de esta escritora natural de Valladolid, ni tampoco imágenes o retratos, algo que no ocurre con los grandes nombres masculinos de la literatura.

Iglesia de San Pablo de Valladolid, representada en un azulejo del Palacio Pimentel. Fuente: Wikimedia

Beatriz Bernal se sumó al estilo de la novela caballeresca y publicó “Don Cristalián” en 1545, aunque firmó como una señora de Valladolid. Hay que esperar hasta la edición de Alcalá de Henares en 1586 para conocer quién era la figura anónima que se escondía detrás de las cerca de 600 páginas de esta obra que incluía multidud de personajes femeninos, como heroínas que deciden correr aventuras o mujeres que deciden permanecer solteras sin que nadie las juzgue por ello. Sin duda, Beatriz Bernal marcó un antes y un después con estas novedades revolucionarias para la época. Su novela gozó de tal éxito que llegó a traducirse al italiano y publicarse en Venecia. Sus restos descansan en algún lugar de la vallisoletana Iglesia de San Pablo, donde fue sepultada.

Juana de Austria (1535-1573)

Siempre que se habla de los Austrias españoles, ya se trate de los Mayores (Carlos I y Felipe II) o los Menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), es en referencia a sus figuras masculinas. Sin embargo, se pasa por alto en muchas ocasiones a las mujeres de esta dinastía, cuyas actuaciones también marcaron el devenir de la historia de España, una huella que, en algunos casos, todavía es visible en nuestro entorno. Uno de los nombres femeninos más importantes de esta familia fue Juana de Austria. Hija de Carlos I e Isabel de Portugal, vivió a la sombra del poderío de su padre primero, el Emperador, y después de su hermano, el Rey Prudente, aunque acabó marcando su propio camino.

Detalle de un retrato de Juana de Austria, efectuado por Sánchez Coello. Fuente: Patrimonio Nacional

Juana de Austria fue casada con el príncipe Juan Manuel, heredero de Portugal, una unión que por vicisitudes del destino fue crucial para la futura unión dinástica entre el país luso y Las Españas en la figura de Felipe II. Tras enviudar, regresó a su país de nacimiento por orden de su padre y asumir temporalmente la regencia de los reinos españoles, ocupando un poder en aquel momento muy limitado a las mujeres.

Sin embargo, si por algo es recordada Juana de Austria es por la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales, que se convirtió en el refugio femenino de la Casa de Austria en Madrid, rivalizando con el gran proyecto de su hermano, Felipe II, en el Monasterio de El Escorial. Su religiosidad le llevó también a querer ingresar en la Compañía de Jesús, solo reservada para hombres. No obstante, Juana de Austria no dudó en transgredir sus normas y hacerse pasar por Mateo Sánchez, seudónimo que utilizó para acceder a esta orden, siendo la única mujer jesuita que ha habido en la historia.

Catalina de Erauso (1592-1650)

La llegada de España al continente americano a partir de 1492 y la actuación de quienes lideraron las empresas del Nuevo Mundo es uno de los debates más candentes en los últimos años. Siempre se sitúa la lupa en los descubridores que hicieron carrera en el continente, entre los que podemos destacar a Francisco Pizarro, Hernán Cortés o Diego Almagro, pero no en la acción de las mujeres que también participaron activamente, que las hubo. Catalina de Erauso es una de ellas, cuya historia, con bastantes más sombras que luces, es digna de la gran pantalla. Lope de Vega hizo lo propio con el teatro y compuso “La monja Alférez”, el sobrenombre con el que todavía hoy se conoce a esta mujer que se tuvo que esconder detrás de numerosos nombres masculinos, identidades ficticias que le permitieron embarcar al otro lado del Atlántico.

Retrato de Catalina de Erauso, atribuido a Juan van der Hamen, ca. 1626. Fuente: Wikimedia

Nacida en San Sebastián e hija del capitán Miguel de Erauso, Catalina y sus tres hermanas fueron internadas en un convento cuando ella solamente contaba cuatro años. Mostró su rebeldía al escapar del cenobio con 15 años, y pronto empezó su periplo, ocultándose disfrazada detrás de la figura de Francisco de Loyola. Robos y violencia marcan su biografía, una figura femenina muy controvertida del Siglo de Oro español que hizo carrera en el Nuevo Mundo bajo el nombre de Alonso Díaz Ramírez de Guzmán.

Tras verse envuelta en multitud de delitos, Catalina de Erauso acabó relevando su verdadero ser, regresando a España en 1624. Se convirtió en una celebridad, hasta el punto de ser entrevistada por Felipe IV y el Papa Urbano VIII. Aunque esta figura femenina no es ningún ejemplo ni referente social por los asesinatos que cometió a lo largo de su vida, tal y como ella misma confesó en sus memorias, aún para poder desarrollar su sombrío destino tuvo que esconderse detrás de una identidad masculina ficticia. Con eso nos quedamos.

Luisa Roldán (1652-1706)

Si antes hablábamos del silencio y el segundo plano que ocupan las mujeres escritoras de nuestra historia, lo mismo ha ocurrido con otras profesiones similares, como el arte. Si pronunciamos el nombre de Gregorio Fernández, posiblemente a todos nos vengan a la cabeza algunas de sus obras, especialmente los pasos de Semana Santa, pero es muy probable que no nos ocurra lo mismo con el de Luisa Roldán, que ha pasado a la historia como La Roldana. Se trata de la primera escultora registrada y reconocida de España, y trabajó en las cortes de Carlos II, último Austria, y Felipe V, primer Borbón.

Retrato imaginario de Luisa Roldán

La obra de Luisa Roldán goza de un reconocimiento internacional mucho más profundo del que tiene en España. Su principal legado a la historia del arte se aprecia en las piezas de imaginería barroca, de clara influencia andaluza, de donde era natural, concretamente de Sevilla. Tras su paso por Cádiz, se trasladó a Madrid, donde finalizó sus días. Muchas de sus obras fueron atribuidas a su padre, Pedro Roldán, y a otros escultores, pero afortunadamente el estudio historiográfico ha permitido que esta insigne escultora obtenga el reconocimiento que merece, aunque todavía no sea pleno y haya que seguir trabajando para concedérselo.

Isabel Zendal (1773)

En pleno siglo XXI, el mundo entero ha tenido que enfrentarse a una pandemia que nos ha vuelto a conectar con la ciencia, confirmando lo fundamental que es la inversión en investigación y desarrollo. Sin embargo, no solo es importante preocuparnos por el futuro, sino también del pasado, estudiando las figuras que han conseguido que lleguemos a este nivel de avance. La humanidad ha tenido que enfrentarse previamente a otras pandemias, y una mujer española contribuyó a erradicar una de ellas en todo un continente a comienzos del siglo XIX. Isabel Zendal, una enfermera de origen gallego y familia humilde, fue la llave con la que se puso fin a la viruela en América y Filipinas.

Monumento homenaje a la Expedición Filantrópica de la Vacuna en la participó Isabel Zendal, en La Coruña. Fuente: Grecia Marrón

Durante el reinado de Carlos IV, que había perdido precisamente una hija por la propia viruela, se autorizó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la primera misión de ayuda humanitaria de la historia cuya finalidad fue acabar con esta enfermedad en todos los territorios de Las Españas situados más allá del Atlántico. La vacuna existía, pero no sabían como transportarla. El médico Francisco Javier Balmis, que abanderó la expedición, propuso trasladarla inoculada en 22 niños gallegos de La Coruña, cuyo suero serviría para inmunizar a la población. Y así se hizo. Partieron el 30 de noviembre de 1803 en la nave María Pita. Isabel Zendal iba en esa expedición.

Grabado de la nave María Pita, ejecutado por Francisco Pérez. Fuente: Wikimedia

Aunque su nombre forma parte de la actualidad española desde que comenzase la pandemia del COVID-19, Isabel Zendal es una figura femenina clave de nuestra historia, no solo el nombre del hospital para emergencias sanitarias que se ha construido en Madrid. Sin embargo, como otras tantas mujeres que marcaron un hito en su tiempo, falleció sin el reconocimiento debido, sin ni siquiera conocer la fecha de su deceso, y sin ocupar el merecido lugar que merece. Ella fue la enfermera que se encargó de los 22 niños, entre los que se encontraba su hijo Benito, durante la expedición y, por ello, la OMS reconoce que Zendal es la primera enfermera de la historia en misión internacional, una misión que logró inmunizar a miles de personas y puso fin a una terrible pandemia.

María Isabel de Braganza (1797-1818)

El Museo Nacional del Prado es visitado cada año por miles de personas, pero pocos son los que se percatan o llegan a saber que el origen de esta importante institución cultural se encuentra en una acertada decisión de una mujer. Nacida en Portugal, su vinculación con España se debe a que en 1816 contrajo matrimonio con Fernando VII, convirtiéndose en reina consorte. Sin embargo, su llegada a Madrid no fue fácil y tuvo que afrontar burlas e insultos por parte del pueblo, siendo tachada de fea y pobre. Aquella mujer fue María Isabel de Braganza, quien se antepuso a la adversidad y supo apreciar la riqueza cultural del nuevo país que tan mal la acogió.

María Isabel de Braganza, fundadora del Museo del Prado. Fuente: Museo del Prado

Aunque habían sido varias las voces que previamente se habían interesado por fundar una pinacoteca ligada al patrimonio real, María Isabel de Braganza fue la verdadera impulsora del Real Museo de Pinturas, denominación primitiva con el que se conoció al actual Museo Nacional del Prado. Algunas fuentes apuntan que la idea de exponer parte del tesoro artístico de la Corona partió de la reina, pero por la influencia del propio Goya, con la idea de aprovechar obras que se encontraban almacenadas en los sótanos de El Escorial. No podemos olvidar tampoco que gracias a María Isabel de Braganza las mujeres pudieron comenzar a formarse en la Academia de San Fernando.

El destino quiso que la fundadora de una de los museos más importantes del mundo no viera culminada su obra y sueño, al ser inaugurado el 19 de noviembre de 1819. María Isabel de Braganza había fallecido el 26 de diciembre de 1818 en el Palacio Real de Aranjuez, como consecuencia del complicado parto de su segunda hija. Su terrible final recuerda a su complicada llegada a España, aspectos que forman también de su biografía, en la que el Museo Nacional del Prado es el verdadero protagonista. Gracias, Majestad, por el gran museo que nos legasteis.

Dolores Aleu Riera (1857-1913)

Antes hablábamos de la pandemia y de la figura de Isabel Zendal, aunque no es la única mujer relacionada con los servicios de salud que merece estar en esta lista. No hay que olvidar que, actualmente, el sector sanitario es el más femenino de todos los de España, por lo que son ellas las que más han contribuido a tratar de superar la crisis COVID-19. Sin embargo, y como se diría coloquialmente, hasta antes de ayer las mujeres no podían ejercer profesionalmente y con todas las garantías y reconocimientos debidos.

Dolores Aleu en su despacho. Fuente: La Vanguardia

Dolores Aleu Riera es la primera mujer que obtuvo el título de doctora, el 6 de octubre de 1882, y que además ejerció la profesión con consulta propia en Barcelona durante un cuarto de siglo, estando especializada en Ginecología y Pediatría. Junto a ella, también es justo reivindicar las figuras de María Elena Maseras y Martina Castells, ya que son las tres primeras mujeres que estudiaron Medicina en la universidad. Maseras optó por la enseñanza, mientras que Castells falleció antes de poder ejercer, destacando que se doctoró solo dos días antes que Dolores Aleu. A todas, gracias por iniciar el camino, la sanidad española os debe mucho.

Gracias Urraca, Luisa, María, Beatriz, Juana, Catalina, Roldana, Isabel, María Isabel, Dolores y tantas otras mujeres de la historia de España que también habéis contribuido a escribir nuestro pasado, haciéndoos un hueco en un mundo del que los hombres se adueñaron. Vuestras historias son el ejemplo de que la desigualdad ha estado siempre ahí, y que no hay mejor forma de rendiros homenaje que luchando para cambiar este rumbo y alcanzar la igualdad plena y efectiva. La historia se estudia y se revisa para evitar que cometamos nuevamente los errores del pasado. Recuperando vuestra memoria, construimos también futuro, y, por supuesto, nos ayudáis a sentirnos #turistaenmipaís. Por todas vosotras.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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TELLECHEA IDÍGORAS, J. I. “Catalina de Erauso”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/6728/catalina-de-erauso

Historia del Cristo de Medinaceli: el origen de una devoción madrileña de alcance mundial

Uno de los dichos más populares de la capital de España es “De Madrid, al cielo“. Lo cierto es que este refrán bien podría aplicarse también a la historia, el origen y el fervor que rodea a una de las imágenes religiosas más importantes de la villa. Ni San Isidro, ni Nuestra Señora de La Almudena ni la Virgen de la Paloma: Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, más conocido como Cristo de Medinaceli, es la devoción más destacada y extendida de Madrid, llegando a superar las propias fronteras de la ciudad, para conquista el resto del mundo. La talla que recibe culto en el número 2 de la Plaza de Jesús, en el Barrio de las Letras, ha sido replicada en varios rincones del planeta, y la tradición de venerarlo cada primer viernes de marzo se ha convertido también en una práctica habitual entre otras cofradías españolas, que hacen lo propio con sus imágenes nazarenas.

La extendida y arraigada devoción a Jesús de Medinaceli es fruto de una historia que se remonta al siglo XVII y en la que hay episodios suficientemente sorprendentes como para llamar la atención de sus devotos. Desde secuestros y rescates, hasta un exilio en período de guerra, la imagen de este Nazareno ha estado involucrada en numerosos acontecimientos, siendo un verdadero milagro que, después del recorrido histórico que ha vivido, todavía permanezca entronizada en el altar mayor de su basílica madrileña en la que actualmente recibe culto y a la que tantos creyentes peregrinan en busca de ayuda o consuelo, o también curiosos que buscan contemplar una obra de arte de la imaginería religiosa que ha sobrevivido a los avatares del tiempo.

Origen del Cristo de Medinaceli

A pesar de la profunda extensión de la devoción a Jesús de Medinaceli, el origen de la talla original que se conserva en Madrid es bastante difuso, principalmente por la falta de datos documentales con los que acreditar por qué se efectuó, incluso el autor o la ciudad en la que se ejecutó. No obstante, la mayoría de los estudios que se han llevado a cabo coinciden en que fue tallada en el siglo XVII, siendo su estilo propio de la Escuela Sevillana. Juan de Mesa, o sus discípulos Luis de la Peña o Francisco de Ocampo, son algunos de los nombres que se postulan como autores de la obra, que debió ser encargada por los Padres Capuchinos afincados en Sevilla.

Cristo de Medinaceli, sin su tradicional peluca. Fuente: Instituto del Patrimonio Cultural de España

En cuanto a la propia talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cristo de Medinaceli, es de tamaño natural y representa al Ecce Homo en el momento de ser presentado a Poncio Pilato. Algo que muchos desconocen es que, a pesar de que la imagen se presenta vestida con ricas sayas y peluca, se trata de una escultura completamente policromada, cubierta por un sencillo paño de pureza. De hecho, la melena tallada es uno de los detalles más espectaculares que presenta, a pesar de estar oculto.

Traslado y estancia en Marruecos

La historia del Cristo de Medinaceli está ligada al enclave estratégico de La Mámora, situado en la actual ciudad marroquí de Mehdía. Este rincón del norte del continente africano fue controlado por Las Españas entre 1614 y 1681, que la renombraron como San Miguel de Ultramar. Como hemos comentado anteriormente, se desconocen los datos documentales sobre el origen de la talla del Nazareno más universal de Madrid, aunque lo que sí está más claro es que fue trasladada a mediados el siglo XVII hasta este punto de Marruecos para que recibiera culto por parte de la comunidad de Padres Capuchinos que allí se estableció.

No obstante, los Padres Capuchinos estuvieron asentados en La Mámora únicamente desde 1645, pues previamente la misión evangelizadora estaba encomendada a los Franciscanos. Además, ese mismo año aconteció un terrible incendio en la ciudad, que entre otros edificios arrasó la iglesia y todos sus bienes. Por tanto, ambos hechos históricos llevan a pensar a muchos investigadores que la imagen de Jesús Nazareno no llegó al norte de África hasta después de 1645, ya que de haber sido trasladada con anterioridad habría ardido en el incendio. Además, posiblemente llegaría de las manos de los Capuchinos, quienes se cree, como hemos señalado, que fueron los que ordenaron su ejecución en algún taller sevillano.

El rescate del Cristo de Medinaceli

El 30 de abril de 1681, la historia española en el norte de África comenzó a resquebrajarse. Ese mismo día, el sultán de Marruecos, Muley Ismael, inició una ofensiva a La Mámora, que se vio asediada por los musulmanes y obligada a capitular. Para salvar la vida de los ciudadanos que allí habitaban, la gran mayoría se ofreció como esclavos, y a ellos se unieron también los tesoros de la iglesia, que se reconvirtió en mezquita de nuevo. Entre ellos, la sagrada imagen de Jesús Nazareno, junto a otras dieciséis más. Todo el botín fue llevado a Mequinez, capital establecida en aquel período en Marruecos.

Las órdenes religiosas de Trinitarios y Mercedarios fueron nombradas para llevar a cabo el pago de los rescates tanto de los esclavos, para que pudieran regresar a la península, como de las imágenes religiosas cautivas, concretamente diecisiete, entre las que destacaba la del Nazareno de túnica morada. En señal de desprecio a la Fe católica, el sultán Muley Ismael ordenó arrastrar por las calles de la capital la imagen del Cristo que todavía no era de Medinaceli, sino Cautivo. También fue echado a los leones, simulando que lo despedazaban.

Fresco de la Iglesia de Algorta (Vizcaya) que representa el milagro de la balanza. Fuente: Meditaciones Trinitarias

El Padre Trinitario Fray Pedro de los Ángeles ofreció al sultán sumas de dinero para el rescate de los esclavos y de las imágenes religiosas. Concretamente, los musulmanes ofrecieron a los Trinitarios la talla del Nazareno si a cambio les daban su peso en oro. Milagrosamente, la balanza no pesaba lo que Muley Ismael esperaba, por lo que tuvo que conformarse con el pago indicado, que algunos lo cifran en treinta monedas. No podía faltar la leyenda en el rescate del Cristo de Medinaceli.

El Cristo de Medinaceli, Señor de Madrid

Muchos se preguntan por qué del cuello del Cristo de Medinaceli cuelga un escapulario trinitario. Lo cierto es que la respuesta la encontramos precisamente en su rescate, llevado a cabo por esta orden religiosa que colocó este elemento a todos los cautivos a los que liberaron en Marruecos, incluidas las sagradas imágenes. Desde entonces, la talla se muestra con este objeto que recuerda su cautiverio y rescate. En enero de 1682, las efigies religiosas fueron trasladadas a Ceuta, y de allí hasta Sevilla, al Convento de los Trinitarios. Sin embargo, Carlos II ordenó que fueran llevadas hasta la Villa y Corte de Madrid, donde fueron recibidas con triunfalismo.

Detalle del escapulario trinitario que todavía hoy luce el Cristo de Medinaceli. Fuente: Twitter Museo de la Almudena

Por tanto, la vinculación de Jesús Nazareno con Madrid comenzó en septiembre de 1682, cuando se produjo el primer encuentro entre la imagen y la capital de España. La escultura del Cristo cerró la procesión que recorrió las calles de la vieja villa castiza, en dirección al Real Alcázar, en cuyos balcones los reyes Carlos II y María Luisa de Orleans contemplaron la comitiva. Posteriormente, la imagen de Jesús Nazareno Recatado o del Rescate fue colocada en el desaparecido Convento de los Trinitarios, donde comenzó a recibir culto por los madrileños, que le alzaron como Señor y protector.

De Rescatado a Medinaceli

La historia de la talla del Nazareno que fue cautivo de los musulmanes y sometido a una nueva Pasión comenzó a difundirse por todos los territorios que componían Las Españas, ya que era un relato que a todos impresionaba. El calvario que sufrió el Cristo de Medinaceli se representó en cuadros de diversos puntos de España, pero también de Sudamérica, siendo posible contemplar su historia sobre un lienzo en Arequipa (Perú). Todo ello fue el inicio para la extensión de una devoción que ha terminado convirtiéndose en universal. Del mismo modo, también la propia efigie fue replicada, un fenómeno que todavía hoy se sucede. Sin embargo, muchos se preguntan por qué su advocación de Medinaceli.

Vidriera que representa la llegada de Jesús de Medinaceli a Madrid en 1682. Fuente: Archicofradía de Jesús de Medinaceli

La imagen del Nazareno Rescatado fue entronizada en el altar mayor de la iglesia del Convento de los Trinitarios. Sin embargo, el Ducado de Medinaceli cedió en 1686 un terreno colindante al cenobio para la construcción de una capilla adyacente, siendo trasladada la talla hasta esta nueva ubicación en 1689. Es precisamente de sus benefactores de donde toma su nombre actual el Cristo de Medinaceli, que se alzaron como sus protectores. Su devoción iba en aumento y las representaciones comenzaron a extenderse por España, Hispanoamérica e incluso Europa. Mientras tanto, en Madrid se afianzaba el fervor y los Trinitarios consiguieron incorporar al Nazareno en las procesiones del Viernes Santo en 1697. Todavía hoy, la imagen recorre las calles de la capital, que pasa por puntos tan emblemáticos como el Congreso de los Diputados.

Salida de la procesión del Cristo de Medinaceli desde su basílica. Fuente: Diario de Pasión

Cabe destacar que en 1705 fue redactada la novena en honor a Jesús Nazareno, la cual continúa celebrándose, aunque actualmente como preparatorio a la fiesta grande de Cristo Rey, el 21 de noviembre. Por otro lado, el 16 de marzo de 1710 fue fundada la Ilustre y Nobilísima Congregación de Esclavos de Jesús Nazareno, con el IX Duque de Medinaceli, Luis Francisco de la Cerda y Aragón, como hermano mayor. El principal motivo de la constitución de la cofradía fue rendir culto a la talla del Cristo que había sido rescatado en el norte de África y alumbrarla en la procesión del Viernes Santo. Hoy en día, su actividad continúa en la figura de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cristo de Medinaceli.

Peregrinaje por iglesias de Madrid

Durante el siglo XVIII, se llevó a cabo una ampliación de la capilla de Jesús de Medinaceli y hasta el propio convento de los Trinitarios cambió su advocación de Nuestra Señora de la Encarnación por el de Jesús Nazareno. Sin embargo, con la ocupación de los franceses y la Guerra de la Independencia, la talla abandonó su ubicación original en 1809 y fue trasladada al Convento de los Padres Basilios, actual Iglesia de San Martín, en la Plaza de la Luna. En 1814, volvería a su capilla, que, al igual que el resto del conjunto, había sufrido importantes desperfectos, por los que el cenobio tuvo que ser reedificado.

Fachada de la antigua y desaparecida Iglesia de Jesús de Medinaceli. Fuente: Ministerio de Cultura y Deporte

A pesar de los contratiempos, la devoción a Jesús de Medinaceli continuaba. De hecho, en estos momentos sumó nuevos e ilustres fieles: la Corona de España. Fernando VII, monarca que dirigía el destino del país en aquellos momentos, inauguró la tradición de que la Familia Real acudiera a venerar también al Nazareno en la celebración del primer viernes de marzo, un gesto que se mantiene en la actualidad. Este detalle también explica que la Archicofradía tenga el título de Real.

Sin embargo, nuevo problemas se vivieron en la capilla del Medinaceli. Los procesos de desamortización afectaron al patrimonio de la Orden de los Trinitarios, que vieron como su histórico convento madrileño, que había sido fundado en 1606, fue exclaustrado. La talla del Nazareno fue trasladada en 1835 a la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en la Calle San Bernardo, y posteriormente a la Iglesia de San Sebastián. La Congregación de Esclavos evitó que la imagen formase parte del patrimonio religioso que acababa en el Convento de la Trinidad de la Calle Atocha y que iba destinado a convertirse en fondos del Museo del mismo nombre.

Fachada de la actual Basílica de Jesús de Medinaceli. Fuente: Wikimedia

El Cristo de Medinaceli volvió a tomar posesión de su capilla en 1847. En aquel momento, una comunidad de religiosas se hacía cargo del cenobio, cuyo estado de ruina era cada vez más preocupante. Por ello, finalmente en 1890 se decidió su derribo, cediendo los terrenos el Ducado de Medinaceli a la comunidad de Padres Capuchinos, que habían visto perder su cercano convento de San Antonio del Prado. Sine embargo, se reencontraron con la talla del Nazareno que perdieron en Marruecos en 1681. El convento y la nueva iglesia, que tiene el rango de Basílica-Menor, se consagró en 1930.

Exilio del Cristo de Medinaceli a Suiza

Aunque el Cristo de Medinaceli ya tenía una nueva casa en la que volver a recibir a sus devotos, la alegría no fue duradera. Ante la inminente Guerra Civil, los Padres Capuchinos se vieron en la obligación de abandonar nuevamente el convento en febrero de 1936, escondiendo la talla en un cajón de madera, envuelta en sábanas, en la cripta de la iglesia. Allí fue donde el bando republicano la encontró en febrero de 1937, decidiendo entregarla a la Junta del Tesoro Artístico. Tras pasar por el Ministerio de Hacienda o por la Basílica de San Francisco El Grande, metido en un ataúd y rodeado de muertos, el Cristo de Medinaceli emprendió viaje a Valencia.

El Cristo de Medinaceli en la Sede de la Sociedad de Nacionales, en Ginebra. Fuente: Archidiócesis de Madrid

La talla del Nazareno madrileño permaneció en la Iglesia del Colegio del Patriarca, en Valencia, hasta agosto de 1937, y de allí continuó su camino hasta Cataluña, junto a otras muchas obras de arte. Los fosos del Castillo de Figueres o el Castillo de Perelada fueron algunos de los lugares en los que permaneció custodiada, hasta que finalmente el 3 de febrero de 1939 se decide su traslado, junto al resto del Tesoro Artístico, a la Sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra. El Cristo de Medinaceli iba en el primer camión, encabezando la comitiva que salió de España el 12 de febrero.

Procesión del segundo rescate del Cristo de Medinaceli, en 1939. Fuente: Archicofradía de Jesús de Medinaceli

Sin embargo, la estancia en Suiza no fue tan larga como en otras ocasiones en las que ha permanecido fuera del camarín de su capilla. Tras la finalización de la Guerra Civil, el 14 de mayo de 1939 la villa de Madrid volvía a reencontrarse con su Señor. En una multitudinaria procesión, que hay quienes califican como del “segundo rescate”, recorrió las calles desde el Monasterio de la Encarnación hasta su Basílica. Se ponía fin al exilio del Nazareno, cerrando un nuevo capítulo de su trepidante historia.

El Cristo de Medinaceli en la actualidad

La historia del Cristo de Medinaceli de Madrid está marcada por los numerosos acontecimientos que ha vivido la imagen desde que fuera tallada en algún taller sevillano en la primera mitad del siglo XVII. En 1996, abandonó de nuevo su camarín, pero en este caso para someterse a una profunda restauración por parte del Instituto del Patrimonio de España, mejorando el aspecto del venerado Nazareno. Desde entonces, el Señor de Madrid nunca más ha dejado a su pueblo, al que recibe cada día y, especialmente, el primer viernes de marzo, cuando desciende de su camarín para que pueda ser venerado por sus devotos, besando sus pies. Tres deseos, de los que, al menos, uno siempre concede.

Procesión extraordinaria de Jesús de Medinaceli desde la Catedral de La Almudena en 2019. Fuente: Telemadrid

El Cristo de Medinaceli también participó en el magno Vía Crucis que se celebró con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en agosto de 2011, en Madrid. Fue entonces cuando un papa, Benedicto XVI, se postró también ante su imagen. Más recientemente, en octubre de 2019, recorrió las castizas calles de la capital para conmemorar el 80 aniversario de su segundo rescate, con una procesión extraordinaria que tuvo lugar desde la Catedral de la Almudena y hasta su Basílica, en la que no faltó el fervor popular. Además, el Viernes Santo madrileño no se entendería sin la salida del Cristo de Medinaceli, la que muchos apuntan que es la procesión más seguida del España.

Cautivo, rescatado y hasta exiliado, pocos son los episodios a los que no ha tenido que enfrentarse Nuestro Padres Jesús Nazareno. Creyentes o no, nadie se resiste a pasar por delante de su basílica y no entrar a contemplar esta histórica talla. La devoción por el Cristo de Medinaceli también forma parte de las manifestaciones culturales de nuestro país, por la magnitud y alcance de su nombre a nivel mundial. Sin duda, conocer su origen, recordar su historia y poner en valor la tradición que rodea a esta obra de arte barroca nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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GUEVARA PÉREZ, E. (2019). El Cristo de Medinaceli y su Archicofradía. Madrid: Almuzara.

INSTITUTO DEL PATRIMONIO DE ESPAÑA (1996). Restauración del “Jesús de Medinaceli”, talla de madera policromada del siglo XVII, procedente de la Iglesia de Jesús de Medinaceli de Madrid. Recuperado de: http://catalogos.mecd.es/opac/doc?q=%3A&start=9&rows=1&sort=fecha%20desc&fq=mssearch_people&fv=L%C3%B3pez+Romero%2C+Crist%C3%B3bal+%2F+Restaurador&fo=and&fq=mssearch_materials&fv=Esculturas+policromadas&fo=and

MARLASCA RUIZ, G. (2017). Jesús de Medinaceli en la imaginería semanasantera de Castilla y León: historia, iconografía, difusión y ejemplos. Religiosidad popular: Cofradías de penitencia (2), pp. 557-572. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6193512.pdf

Descubre Andalucía a través de su Patrimonio de la Humanidad: ciudades, monumentos y tradiciones con sello de la UNESCO

Andalucía es una de las regiones del mundo en la que la palabra cultura se puede escribir con letras mayúsculas. A lo largo de toda su historia, todos los pueblos y civilizaciones con presencia en el Mediterráneo occidental han pasado por sus costas o su tierra, dejando una huella inmortal que, todavía hoy, es posible apreciar en su patrimonio. Material e inmaterial, la riqueza de las 8 provincias que componen esta comunidad autónoma del sur de España no solo ha cautivado a los turistas y visitantes, sino también a los técnicos y expertos de la UNESCO.

Solamente por detrás de Castilla y León, Andalucía es la región española que cuenta con mayor número de declaraciones Patrimonio de la Humanidad de todo el país. En su lista particular no solo se inscriben bienes de tipo cultural, sino también natural, con el Parque Nacional de Doñana como ejemplo. No podemos olvidar que esta comunidad autónoma atesora también rincones en los que la Naturaleza es la auténtica protagonista, aquellos en los que la actividad humana apenas ha causado estragos y que conservan la representatividad y belleza de sus paisajes y ecosistemas.

Patrimonio de la Humanidad de Andalucía

El título de Patrimonio de la Humanidad es la más alta distinción a la que monumentos, ciudades, espacios naturales, tradiciones, fiestas o costumbres pueden aspirar. Otorgado por la UNESCO, supone el reconocimiento de la importancia que tiene el bien ya no solo para la comunidad en la que se encuentra ubicado, sino para toda la Humanidad en su conjunto. En total, son 10 los recursos patrimoniales con sello andaluz inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, verdaderos tesoros a través de los cuales podemos descubrir lo mejor de Andalucía, una región con poderío y acento universal.

Centro Histórico de Córdoba

Romanos, musulmanes y cristianos. Tres civilizaciones, tres culturas y una sola ciudad. La riqueza patrimonial de Córdoba no se entendería sin la grandeza de su pasado, en el que el período califal ha sido el de mayor esplendor de toda historia. En aquel momento, el mundo entero hasta entonces conocido miraba hasta este rincón de la entonces Al-Ándalus, envidiando la rica urbe en que se convirtió, rivalizando con las legendarias Constantinopla o Damasco.

Interior de la Gran Mezquita de Córdoba

De los centenares de mezquitas que se construyeron, sin duda la Gran Mezquita era la más importante, aquella que llegó a ser la más grande del orbe solo por detrás de la de La Meca. Sobre ella, los cristianos erigieron su catedral, integrándola en sus cimientos y arquitectura y cautivando a la UNESCO en 1984, que incluyó el monumento en la Lista Patrimonio de la Humanidad, cegada por el bosque de 865 columnas de mármol, jaspe y granito que sostienen sus conocidos arcos de herradura.

Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba

Posteriormente, concretamente en 1994, la UNESCO decidió revisar la declaración de Patrimonio Mundial de la Mezquita-Catedral de Córdoba y ampliar la inscripción al Centro Histórico de la ciudad. La institución no se pudo resistir a la belleza de la herencia cristiana, con el Alcázar de los Reyes Cristianos como principal símbolo de este período junto con la propia construcción de la catedral renacentista sobre la mezquita. Del mismo modo, en Córdoba se conserva una de las juderías más importantes de España, entre otros secretos que no pueden faltar durante su visita.

Alhambra, Generalife y Albaicín de Granada

Junto con la Gran Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada es el otro gran tesoro que nos legó la cultura andalusí para la eternidad. Este conjunto de palacios y jardines desde los que se domina la vega granadina suele estar situado cada año en el primer o segundo puesto de los monumentos más visitados de España, rivalizando con la Sagrada Familia, en Barcelona. Si algo comparten también ambos conjuntos es que están declarados Patrimonio de la Humanidad. En concreto, la UNESCO, siguiendo la estela de los reyes, príncipes, poetas y artistas que se dejaron hechizar previamente por la magia de la Alhambra, decidió incluir el histórico entorno en su privilegiada Lista en 1984.

Panorámica de la Alhambra de Granada

El Generalife, la villa que los monarcas nazaríes se construyeron dentro de la propia Alhambra como lugar de descanso y recreo, en el que el susurro del agua de sus fuentes marcaba el paso de las horas y los días, también formó parte de la declaración de la UNESCO. Sin embargo, el organismo decidió revisar también el expediente, tal y como hizo con Córdoba, y extendió la distinción al Barrio del Albaicín en 1994. Se trata de uno de los núcleos de la Granada islámica, repleto de coquetos rincones en los que rememorar la historia pasada de la ciudad, visitando también espectaculares palacetes con los que imaginar el esplendor de aquella urbe que en 1492 vio tornar la media Luna por la cruz cristiana.

Catedral, Alcázar y Archivo de Indias de Sevilla

Que Sevilla tiene un color especial, es sabido por todos, pero que conserva tres tesoros con el sello de la UNESCO desde 1987, tampoco se nos olvida. En el corazón de la capital de Andalucía se alza un conjunto monumental sostenido por los pilares de la historia y conformado por tres portentosos recursos patrimoniales: la catedral metropolitana de la ciudad hispalense, los Reales Alcázares y el Archivo de Indias. Respecto de la Catedral de Santa María de la Sede, es la catedral de estilo gótico más grande de todo el mundo y la tercera más extensa de toda la Cristiandad. Su construcción comenzó a comienzos del siglo XV, levantándose sobre el espacio que dejó la primitiva mezquita. Precisamente, de este pasado conserva parte de la Giralda, concretamente 2/3 son del antiguo alminar almohade, así como el Patio de los Naranjos. En sus más de once mil metros cuadrados, espacios como la Capilla Real cobran también especial sentido.

Giralda y Puerta del Príncipe de la catedral de Sevilla

El Real Alcázar de Sevilla se encuentra situado junto a la catedral y también está amparado por la declaración de la UNESCO. Su origen se remonta al período de dominación musulmana de la ciudad, aunque los reyes castellanos no pudieron resistirse al encanto de sus edificios y jardines, por lo que quisieron dejar su propia huella. Elementos mudéjares, góticos, renacentistas y hasta barrocos se dan cita en su entorno, en el que la huella histórica de personajes como los Reyes Católicos, el Príncipe Juan de Castilla, el Emperador Carlos V y su esposas, Isabel de Portugal, y hasta algunos de los monarcas Borbones han residido en sus estancias. También los soberanos de Juego de Tronos, serie que utilizó parte de sus espacios como escenario. Recorrerlo es la mejor forma de descubrir sus secretos.

Jardines de los Reales Alcázares de Sevilla

Finalmente, el triángulo monumental declarado Patrimonio de la Humanidad de Sevilla se cierra con el Archivo General de Indias. Aunque fue fundado en el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, con la finalidad de centralizar toda la documentación relativa a las posesiones españoles de América, su historia no se entendería sin mencionar que Sevilla fue el puerto por el que pasaban todas las mercancías procedentes del Nuevo Mundo hasta 1717, en detrimento de la ciudad de Cádiz. Con este monumento, la memoria del pasado de España, como primera potencial mundial que un día fue, se hace presente.

Parque Nacional de Doñana

La Red de Parques Nacionales de España integra, como su propio nombre indica, todos los espacios naturales protegidos que cuenta con esta declaración de alcance estatal, en la que se trata de proteger los que son considerados los ejemplos más sobresalientes del patrimonio natural español. Entre ellos, se encuentra el Parque Nacional de Doñana. Mediterráneo y Atlántico, Europa y África, mar y tierra, los contrastes son la seña de identidad de este área natural, cuyos ecosistemas de marismas, lagunas y dunas están poblados por cientos de aves. Tal es la importancia de este entorno, que la UNESCO decidió incluirlo en 1994 la Lista Patrimonio de la Humanidad, protegiendo también así a las especies en peligro de extinción que cobija.

Comunidad de flamencos en el Parque Nacional de Doñana

Arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica

Andalucía comparte con Aragón, Castilla-La Mancha, Cataluña, Murcia y Valencia este bien Patrimonio Mundial desde 1998. Es un excepcional ejemplo que nos demuestra que la historia de la Península Ibérica se remonta a los primeros albores de la creación, habitada por los primeros homínidos que, a través de muestras artísticas, dejaron su huella para la posterioridad. El Arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica conforma el conjunto de arte rupestres más extenso del continente europeo. A través de las pinturas que se pueden observar por diversos puntos de las comunidades autónomas que hemos mencionado, podemos conocer cómo era la vida en un momento clave de la historia de la Humanidad: el comienzo de nuestra era geológica, entre el 10.000 y el 3.500 a. C.

Pintura rupestre de la Cueva de los Letreros. Fuente: Diputación Provincial de Almería

A pesar de que la declaración de la UNESCO incluye más de 750 sitios repartidos por diversas regiones del Levante español, los referidos a Andalucía se concentra en las provincias de Jaén, Granada y Almería. Cabe destacar, por ejemplo, los yacimiento de la Cueva de los Letreros, los Abrigos del Maimón o la Cueva Ambrosio. Y sobre la pregunta que muchos lectores se estarán haciendo en estos momentos, la respuesta es sí, muchos de estos espacios se pueden visitar. Contemplar a Indalo, el hombre que sostiene en sus manos el arcoíris y símbolo de Almería, es posible, en este caso en la citada Cueva de los Letreros.

Conjuntos renacentistas de Úbeda y Baeza

En 2003, la UNESCO amplió la Lista Patrimonio de la Humanidad gracias a la declaración de los “Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza”, siendo las últimas ciudades de España, ambas situadas en Jaén, que pueden presumir de ostentar esta importante distinción. Como su propia denominación indica, el arte del Renacimiento es el motivo que llevó a la UNESCO a elevar a este rango a ambos rincones de Andalucía. Toda la riqueza patrimonial que atesoran estas dos localidades afloró en el siglo XVI, en forma de fuentes, torres, iglesias, palacios o conventos. En Baeza, además, es posible encontrar también una catedral.

Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, en Úbeda. Fuente: Itinari

Monumentos como el Palacio de Jabalquinto, en Baeza, conservan todavía los minuciosos detalles de la arquitectura renacentista. Lo mismo ocurre con el Palacio de las Cadenas, sede del Ayuntamiento de Úbeda. Cuando se planifica un viaje a Jaén, no puede faltar una visita a estos dos municipios, aunque es posible que una excursión de un día se quede corta para poder visitar tanta riqueza, sin olvidar que también hay que reservar tiempo para disfrutar de la gastronomía local.

Dólmenes de Antequera

En palabras de la propia UNESCO, los dólmenes de Antequera son “uno de los conjuntos arquitectónicos más notables de la prehistoria en Europa y un ejemplo simpar del arte megalítico europeo”. Ubicados en la provincia de Málaga, este grupo de monumentos fueron incluidos en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en 2016. Se trata de una serie de estructuras funerarias del Neolítico y la Edad de Bronce que, al igual que ocurría con el arte rupestre que hemos comentado anteriormente, nos vienen a demostrar de nuevo que las tierras andaluzas están pobladas desde hace siglos, siendo pocos los pueblos que no han dejado su huella en ellas.

Panorámica del Torcal de Antequera. Fuente: Turismo Andalucía

El Tholos de El Romeral, el Dolmen de Menga y el Dolmen de Viera son los tres principales monumentos, aunque también forman parte de la declaración de la UNESCO dos parajes que ofrecen panorámicas excepcionales de todo el sitio: la Peña de los Enamorados y el Torcal de Antequera. Que todos estos tesoros hayan llegado hasta nuestros días y nos ayuden a entender cómo eran las sociedades que nos precedieron es todo un milagro, de ahí el valor excepcional para toda la Humanidad con el que cuentan.

Ciudad Califal de Medina Azahara

A 8 kilómetros de Córdoba se encuentra el Versalles que Abderramán III, primer califa omeya de Córdoba, ordenó construir en el siglo X. Medina Azahara es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España, fundamental para entender el estilo de vida de la realeza del califato cordobés que marcó un antes y un después en la historia de Al-Ándalus. El destino quiso que fuera el símbolo del renacer y el esplendor de Córdoba, pero también el testigo de su caída, pues fue arrasada completamente por los bereberes en 1010 en la guerra puso fin al Califato, al que prosiguieron los primeros reinos de Taifas. No llegó a permanecer ni un siglo en pie.

Detalle del Salón Rico de la Ciudad califal de Medina Azahara. Fuente: Turismo Córdoba

Después de permanecer en el olvido durante más de mil años, la que fue considerada en su momento como la ciudad más bella de Occidente comenzó a renacer en nuevo gracias a los trabajos arqueológicos y de restauración que se vienen llevando a cabo desde comienzos del siglo XX. Actualmente, es uno de los puntos turísticos más visitados de Andalucía. Paseando por ella, se puede imaginar contemplando sus restos cómo sería la vida en esta ciudad palatina repleta de lujosos y elegantes edificios, jardines, calzadas y todo tipo de elementos arquitectónicos con los que demostrar el poder del califato. Desde el año 2018, cuenta con la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de Andalucía

La salvaguardia del patrimonio intangible y la conservación de la creatividad permanente son dos de las bases sobre las que se asienta el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La UNESCO otorga este reconocimiento a aquellos recursos culturales de tipo inmaterial que merecen ser dignos de conservarse de manera más especial para que las generaciones venideras puedan disfrutar de ellos. En el caso de Andalucía, el Flamenco y la Fiesta de los Patios de Córdoba son las dos tradiciones o costumbres que gozan de esta declaración, aunque podría incluir también la Dieta Mediterránea, una distinción que España comparte con otros países de la cuenca del mar Mediterráneo y que en la comunidad andaluza se disfruta especialmente.

Flamenco

Andalucía tiene muchos monumentos para exteriorizar su poderío, pero, sin duda, el flamenco es su mejor embajador. El cante y el baile han superado las fronteras de la comunidad autónoma para conquistar el corazón de todo un planeta que se emociona con la que posiblemente sea la manifestación cultural más representativa e importante de esta región del sur de España. Tal es la importancia que hasta el propio Estatuto de Autonomía de Andalucía recoge que uno de los principios rectores de la comunidad es la conservación y puesta en valor del flamenco. En 2010, la UNESCO también se rindió a su ritmo y los incluyó en la Lista Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El flamenco es Patrimonio de la Humanidad desde 2010. Fuente: Agencia Andaluza de Instituciones Culturales

Fiesta de los Patios de Córdoba

Aunque la Fiesta de los Patios de Córdoba viene desarrollándose desde 1921, lo cierto es que el origen histórico en el que se asienta se remonta a los primeros pobladores de la ciudad, entre los que se encuentran los romanos o los musulmanes. El clima tan caluroso de esta ciudad andaluza obligaba a sus habitantes a construir sus casas en torno a un patio en el que la vegetación, una fuente o un pozo pudieran aportarles frescor y paz ante el calor que había fuera. En el casco histórico es donde se pueden encontrar los más impresionantes de todos, que durante la primera quincena de mayo exhiben sus mejores galas, en forma de tiestos con geranios de vivos colores para alzarse por el premio que ofrece el Ayuntamiento. Desde 2012, una fiesta que cuenta con la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Patio típico cordobés preparado para su fiesta del mes de mayo. Fuente: Turismo Córdoba

Andalucía se levanta cada día orgullosa de su pasado y lo muestra al mundo a través de su impresionante patrimonio. Los tesoros que cuentan con la protección de la UNESCO en base a su declaración como Patrimonio de la Humanidad son los mejores ejemplos de la riqueza artística, histórica, natural, cultural e inmaterial que atesoran las diferentes provincias que componen esta comunidad autónoma del sur de España. Una región con poderío y acento propio y universal en la que, sin ninguna duda, nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís descubriendo sus secretos y sin cansarnos nunca de recorrerla. Andalucía solo hay una, Andalucía lo tiene todo.

J.