La desaparecida Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra, origen de una iconografía propia de la Semana Santa española

La Semana Santa es una de las tradiciones populares más importantes de España. La riqueza y la variedad cultural con la que cuenta el país se refleja también en las diferentes celebraciones que se desarrollan por toda su geografía durante los días en los que los cristianos recuerdan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Las procesiones son el elemento principal de la Semana Santa española. Estos cortejos no se entenderían sin las imágenes que salen a las calles para hacer manifestación pública de fe. De entre las diversas advocaciones que podemos encontrar de Cristo y la Virgen María, en lo que respecta a esta última cabe destacar la de La Soledad, que evoca la desolación de la madre que ha perdido al hijo, muerto en la cruz.

La imaginería religiosa se ha servido de los pasajes de las Sagradas Escrituras para, a través del arte, narrar los principales acontecimientos que en ellas tienen lugar. España es uno de los países de la Cristiandad en los que más intensamente se ha desarrollado todo ello, con grandes escultores, y también escultoras, que ocupan un lugar privilegiado en la Historia del Arte y cuyo legado está presente en altares o vitrinas de museos de todo el país, e incluso fuera de nuestras fronteras. Uno de los primeros nombres fue el del andaluz Gaspar Becerra, que desarrolló su obra durante el Renacimiento.

Medallón de Gaspar Becerra en el Museo Nacional del Prado. Fuente: Wikimedia

La herencia de Gaspar Becerra está repartida por diversos puntos de España, y en algunos casos se ha perdido fruto de guerras o expolios, lo que ha provocado que su nombre se haya visto eclipsado por otros imagineros posteriores. Sin embargo, a Becerra la Semana Santa de España le debe mucho, ya que fue el artista que trazó el primer modelo y representación de la advocación mariana de La Soledad de la Virgen, marcando una pauta que se repitió después por otros escultores en todo el país y que todavía hoy vemos cada Semana Santa en andas, tronos y carrozas de multitud de cofradías. Sin embargo, aquella primitiva obra que tanta devoción despertó se perdió durante la Guerra Civil. A continuación, descubrimos su historia.

El origen de la advocación a La Soledad

Aunque la advocación y representación escultórica de Nuestra Señora de la Soledad tiene un origen español, desde un punto de vista teórico sus raíces se encuentran en el último de los Siete Dolores de la Virgen. De acuerdo con la tradición, a comienzos del siglo XIV la Virgen se manifestó a través de Santa Brígida y reveló al mundo sus siete dolores a través de siete espadas clavadas en su corazón, haciendo alusión a siete pasajes duros de su vida al lado de su hijo, Jesucristo. Por su parte, la Orden de los Servitas fue la encargada de extender la meditación y el recogimiento en torno a los Siete Dolores de la Madre de Dios, cuya festividad del 15 de septiembre fue oficialmente impuesta por el Papa Pío VII en 1815, sin olvidar el recuerdo del Viernes de Dolores previo al Domingo de Ramos.

La Dolorosa de la Vera Cruz, obra de Gregorio Fernández y titular de la Cofradía de la Vera Cruz de Valladolid

El séptimo dolor hace alusión al entierro de Cristo en el sepulcro, que se traduce precisamente en la soledad de la Virgen María, recordando el calvario vivido por su hijo y esperando su gloriosa resurrección. Dada la extensión que se produjo de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores de la mano principalmente de los Servitas, es posible confundir su iconografía con la de la Soledad. Esta última se caracteriza por representar a una Virgen que es viuda y madre, caracterizada por el luto y la serenidad en su mirada, alejada del dolor y la mirada rasgada de los siete puñales que atraviesan a la Dolorosa.

Isabel de Valois (1545-1568) contrajo matrimonio en 1559 con Felipe II, en cumplimiento del Tratado de Cateau-Cambrais que asentó la paz entre Las Españas y Francia. Era tan solo una niña de trece años cuando cruzó la frontera de los Pirineos para comenzar una nueva vida al lado del Rey más poderoso de todo el mundo en aquel momento. El monarca decidió que la Condesa viuda de Ureña se convirtiera en la camarera mayor de su joven esposa, un personaje que también forma parte de la historia de La Soledad de Becerra. Entre su ajuar, Isabel de Valois trajo consigo un cuadro en el que se representaba Las Angustias y Soledad de la Virgen, arrodillada y rezando ante la cruz desnuda.

Retrato de Isabel de Valois pintado por Sofonisba Anguissola. Fuente: Museo del Prado

Isabel de Valois era firme defensora de la Orden de los Mínimos, fundada por el francés San Francisco de Paula en el siglo XV, cuyo primer convento español fue establecido en Málaga tras la conquista de la ciudad por parte de los Reyes Católicos. La Reina de origen francés intervino para que se fundase en el actual entorno de la Puerta de Sol un nuevo cenobio, constituyéndose en 1561 el Convento de Nuestra Señora de la Victoria. Visitando un día uno de los frailes a la esposa de Felipe II, se interesó por el cuadro que representaba a la Virgen en su Soledad, solicitándoselo para situarlo en el altar mayor de la iglesia conventual. Sin embargo, la Reina le tenía mucho aprecio, por lo que decidieron que encargarían una copia, pero que sería escultórica, de bulto, que permitiera también su salida en procesión.

Grabado del desaparecido Convento de la Victoria. Fuente: Madrid Histórico

La Reina optó por Gaspar Becerra, artista que llevaba al servicio de Felipe II desde 1562 trabajando en la decoración de los Sitios Reales y que había ejecutado de forma magistral el retablo de la Catedral de Astorga. Además, tenía contacto con la Orden de los Mínimos, ya que él mismo había adquirido una capilla funeraria en el recién fundado Convento de la Victoria. Fue entonces cuando el genio nacido en Baeza se puso a trabajar en uno de los encargos que, sin saberlo, establecería una iconografía completamente nueva y eterna en el seno de la tradición cristiana de España, concretamente de la Semana Santa.

Así era La Soledad de Becerra

Becerra realizó un total de tres intentos hasta que consiguió esculpir la talla que satisfizo a Isabel de Valois. Cuenta la leyenda que una voz divina le dijo en un sueño que utilizase un tronco de madera de roble que ardía en la chimenea para ejecutar el encargo solicitado. Así lo hizo y el artista al fin consiguió el aprobado de la Reina. Además, decidió que él mismo llevaría a cabo la policromía de la imagen. Se trataba de una escultura de candelero, arrodillada y con las manos entrecruzadas en el pecho, en actitud orante. Su cabeza ladeada era una de sus principales señas de identidad, destacando también el largo rosario que colgaba de su cuello. Del mismo modo, dejaba a un lado la corona, optando por la aureola.

Virgen de la Soledad del Convento de la Victoria, esculpida por Gaspar Becerra. Fuente: Wikimedia

Diversos autores apuntan a que María de la Cueva, Condesa viuda de Ureña, que como hemos comentado era la camarera mayor de la Reina, fue la que propuso vestir a la Virgen con sus propias ropas de viuda castellana. Esta noble, que había nacido en el castillo de Cuéllar y era hija del II Duque de Alburquerque, había quedado viuda en 1558, y su decisión fue determinante para configurar definitivamente la talla de La Soledad de Becerra. No obstante, cabe destacar que tablas flamencas ya venían representando a la mater dolorosa con ropajes negros de luto desde hace tiempo, aunque este gusto saltó del óleo a la escultura.

Retrato anónimo de María de la Cueva, Condesa viuda de Ureña. Fuente: La Hornacina

En septiembre de 1565, la Virgen de la Soledad fue entregada al Convento de la Victoria de Madrid, en una ceremonia en la que algunas fuentes apuntan que asistió la propia Isabel de Valois, además de Juana de Austria, hermana de Felipe II. Desde entonces, la devoción en torno a ella se fue incrementando. De hecho, se convirtió en una de las protagonistas indiscutibles de la Semana Santa madrileña, cuya procesión de Viernes Santo tenía por destino el antiguo Alcázar. Por todo ello, el 21 de mayo de 1567 se decidió fundar la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Angustias en el propio Convento de la Victoria, con Isabel de Valois como Hermana Mayor. Comenzaba una devoción imparable que cruzaría fronteras.

Nuestra Madre y Señora de la Soledad, de El Puerto de Santa María. Fuente: lasoledaddelpuerto.com

Muchos se estarán preguntando qué fue de las otras tallas que esculpió Gaspar Becerra antes de dar con la definitiva. Las restantes imágenes que realizó se guardaron en el convento madrileño. No obstante, recientes estudios apuntan que una de ellas no se perdió, habiéndose atribuido a Becerra la autoría de Nuestra Madre y Señora de la Soledad, de El Puerto de Santa María (Cádiz). Debió llegar en torno a 1637, colocándose en el también Convento de la Victoria, regentado por los mínimos. Todavía hoy continúa procesionando cada Semana Santa por las calles de esta localidad.

La Soledad de la Victoria, iconografía universal

La devoción a la Virgen de la Soledad del Convento de la Victoria creció exponencialmente, en gran medida porque comenzó a ganar fama milagrera. Esto también fue uno de los motivos por los cuales se decidió emprender la construcción de una capilla propia en la iglesia conventual para dar culto a la talla. Este espacio fue finalizado e inaugurado en 1611, mientras que cincuenta años más tarde se encargaría el gran retablo barroco en el que se colocó la imagen de la Soledad de Becerra. El ático estaba coronado por una pintura de Francisco Rizi, en la que se representaba a Cristo en el sepulcro, la cual acompañaba a la perfección el tema de la soledad y el dolor de la Virgen María tras la muerte de su hijo.

Estampa del retablo de La Soledad de la Victoria en 1726, de Fray Matías de Irala. Fuente: Biblioteca Nacional

La devoción por La Soledad de la Victoria explica que comenzaran a desarrollarse copias y réplicas de la talla original. Tanto en escultura como en pintura, proliferaron en Madrid representaciones de la obra que había realizado Becerra, algunas de ellas llegando a tener su propio grupo de fieles. Destacan especialmente las numerosas pinturas de la Soledad que se exponían en portales de diversas calles de la ciudad, y, de entre todas, la de la Calle de la Paloma, que llegó a ser conocida como Virgen de la Paloma y que, a día de hoy, es considerada por muchos como la patrona popular de la villa, cuya verbena reúne cada 15 de agosto a cientos de madrileños.

Virgen de la Paloma, representación de La Soledad de la Victoria. Fuente: virgenlapaloma.es

La iconografía de la Virgen de la Soledad de la Victoria superó las fronteras de Madrid. Las réplicas se situaron en los diversos conventos de la Orden de los Mínimos que se fundaron en España, donde siempre había una capilla dedicada a La Soledad. No obstante, no se limitaron solamente a estos cenobios, sino que estuvieron presentes en otras iglesias, ligadas a cofradías que daban testimonio público de la fe por la Madre de Dios en su séptimo dolor, en su soledad. Por ejemplo, en 1585 ya se había fundado en Cuéllar (Segovia), y ligada a la Casa Ducal de Alburquerque, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. Cabe recordar que en esta villa había nacido María de la Cueva, Condesa de Ureña que había propuesto vestir a la Soledad de Becerra de viuda veinte años antes. La talla cuellarana sigue a la perfección el prototipo del modelo del Convento de la Victoria.

Virgen de la Soledad de Cuéllar, en su salida procesional del Domingo de Resurrección

Asentada la devoción en España, su iconografía se extendió a otras partes de Sudamérica, donde se conservan diversas pinturas de la propia Virgen de la Soledad de la Victoria que nos permiten conocer cómo era la talla de Gaspar Becerra. No podemos olvidar tampoco la Virgen de la Soledad de Amberes, ubicada en una hornacina en la Calle Pieter Van Hoboken. Se trata de una escultura de madera inspirada en la que la Infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II e Isabel de Valois, se llevó consigo a Países Bajos cuando contrajo matrimonio con Alberto de Austria.

La desaparición de La Soledad de la Victoria

La devoción por Nuestra Señora de la Soledad continuó creciendo y expandiéndose por España, Sudamérica y Europa conforme los siglos avanzaban. Sin embargo, la historia de la talla de Gaspar Becerra del Convento de la Victoria se detuvo en 1809. Con la invasión de los franceses y la decisión de José Bonaparte de suprimir las órdenes religiosas, los Mínimos tuvieron que abandonar su casa de Madrid. Por su parte, la escultura de la Virgen abandonó su histórica capilla y pasó a la Real Colegiata de San Isidro. Desde allí, regresó en 1813 a su ubicación original, aunque no por mucho tiempo.

Talla actual de la Virgen de la Soledad de la Colegiata de San Isidro, en sustitución de la de Becerra. Fuente: Palios – WordPress.com

La Virgen de la Soledad tuvo que regresar en 1837 a la Real Colegiata de San Isidro. El Convento de la Victoria se vio afectado por la desamortización y fue demolido, al igual que el resto de conventos que se encontraban en la Puerta del Sol. La talla de Becerra continuó recibiendo a sus devotos y partiendo en procesión cada Semana Santa desde su nueva capilla hasta el Palacio Real. Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil, la colegiata consagrada al patrón de Madrid fue incendiada y, de entre los desperfectos y las pérdidas que las llamas se cobraron, estuvo la histórica Soledad de la Victoria. Desapareció para siempre la joya de la Semana Santa madrileña, la talla verdadera tantas veces replicada en cuadros y esculturas por todo el orbe de la Cristiandad y que marcó un antes y un después de la imaginería española.

Procesión de Sábado Santo de la Virgen de la Soledad del Convento de las Calatravas de Madrid. Fuente: EFE

Después de haber descubierto la historia sobre la iconografía de Nuestra Señora de la Soledad, posiblemente cada vez que contemplemos una procesión de Semana Santa protagonizada por una Virgen ligada a esta advocación la miremos con distintos ojos. Las tradiciones, al igual que el patrimonio, evolucionan, pero conocer sus orígenes siempre resulta fascinante.

Isabel de Valois, Gaspar Becerra y la Condesa viuda de Ureña establecieron un nuevo prototipo mariano en Madrid, una ciudad que, aunque a día de hoy no destaca por su Semana Santa, aportó una de sus representaciones más extendidas en toda España, Sudamérica y varios puntos de Europa. Historias como la de La Soledad de Becerra nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís, recordando nuevamente lo fundamental que es conservar nuestro patrimonio, cuya pérdida implica también la erradicación de nuestra memoria pasada.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARIAS MARTÍNEZ, M. (2011). La copia más sagrada: la escultura vestidera de la Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra y la presencia del artista en el convento de Mínimos de la Victoria de Madrid. Boletín Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción (46), pp. 33-56. Recuperado de: https://www.academia.edu/35811550/_La_copia_más_sagrada_la_escultura_vestidera_de_la_Virgen_de_la_Soledad_de_Gaspar_Becerra_y_la_presencia_del_artista_en_el_convento_de_los_Mínimos_de_la_Victoria_de_Madrid_BRAC_46_2011_pp_33_56

NORBERT UBARRI, M. (2017). “La Cofradía de Pasión de la Virgen de la Soledad de Amberes: la contribución española al proyecto pastoral de una diócesis en Flandes”. En Campos y Fernández de Sevilla, F. J., Religiosidad popular: Cofradías de penitencia. San Lorenzo de El Escorial: Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6193478.pdf

NOVERO PLAZA, R. (2013). La primera imagen de Nuestra Señora de la Soledad, patrona de Arganda. Revista Peña Taurina El Barranco, pp. 165-168. Recuperado de: http://archivo.ayto-arganda.es/archivo/biblio/PDF/02980001.pdf

PRIETO, J. (2013). El traje de la condesa- viuda de Ureña: realidad y mito en el origen de la imagen de la Soledad de la Victoria. La Hornacina. Recuperado de: https://javierprietoprieto.files.wordpress.com/2013/12/trajecondesaviuda.pdf

ROMERO TORRES, J. L. (2012). La Condesa de Ureña y la iconografía de la Virgen de la Soledad de los Frailes Mínimos (I). Cuadernos de los amigos de los Museos de Osuna (14), pp. 55-62. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4212599.pdf

SÁNCHEZ DE MADARIAGA, E. (2008). “La Virgen de la Soledad. La difusión de un culto en el Madrid barroco”. En María Cruz de Carlos, Pierre Civil, Felipe Pereda y Cécile Vincent-Cassy (eds.), La imagen religiosa en la Monarquía hispánica. Usos y espacios, pp. 219-240. Madrid: Casa de Velázquez. Recuperado de: https://www.academia.edu/7808223/La_Virgen_de_la_Soledad_La_difusión_de_un_culto_en_el_Madrid_barroco_en_María_Cruz_de_Carlos_Pierre_Civil_Felipe_Pereda_y_Cécile_Vincent_Cassy_eds_La_imagen_religiosa_en_la_Monarquía_hispánica_Usos_y_espacios_Madrid_Casa_de_Velázquez_2008_pp_219_240

El Palacio del Buen Retiro, el Real Sitio que Felipe IV decidió construir en Madrid

Tradicionalmente, los libros de historia dividen el gobierno de la Casa de Austria sobre Las Españas en el período de los Austrias Mayores, es decir, los reinados de Carlos I y Felipe II, y el de los Austrias Menores, conformado por los de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Mantener la grandeza y hegemonía que alcanzaron los dos primeros Habsburgo fue ardua tarea para sus sucesores. El Imperio español fue mermando y perdiendo territorio conforme los años y reinados iban transcurriendo. Aunque continuaba siendo la primera potencia europea, algo que se labró desde tiempos de los Reyes Católicos, pronto se produciría el sorpasso de la Francia de Luis XIV, para no volver a recuperar la posición de antaño. Sin embargo, al mismo tiempo que se producía el ocaso de la Monarquía Hispánica, avanzaba el Siglo de Oro español, uno de los período de mayor esplendor de las artes en nuestro país de toda su historia.

Felipe IV a caballo, monarca fundador del Real Sitio del Buen Retiro

Durante este período, se levantó en Madrid un nuevo escenario con el que trata de demostrar la fuerza de la Corona española frente a Europa. En pleno Barroco, cuando las Cortes del Viejo Continente emprendían la construcción de imponentes palacios, Felipe IV, a través de su valido, el Conde-Duque de Olivares, se sumó también a esta corriente ordenando la construcción del Palacio Real del Buen Retiro. No obstante, el tiempo acabó demostrando que este nuevo Real Sitio era el reflejo de la situación que atravesaba España: un gran gigante con cimientos débiles que acabaron desplomándose. De todo aquel escenario de ostentación, muchos se preguntan qué queda actualmente, ya que es una de las pérdidas patrimoniales más importantes de la capital. Además de sus jardines y estanque, El Retiro fue mucho más.

El origen del Palacio del Buen Retiro

Todo el que visita Madrid siempre pasa por el Parque del Buen Retiro. Sin embargo, son muchos los que se preguntan sobre el origen de este entorno, cuya historia comenzó a escribirse a comienzos del siglo XV, de la mano de los Reyes Católicos. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón dieron licencia a los monjes jerónimos de la ribera del Manzanares para situar el monasterio en un punto más cercano a la villa, decantándose por el actual paseo del Prado, extramuros de la entonces vieja Madrid. De aquella obra se conserva la actual Iglesia de San Jerónimo el Real, uno de los pocos ejemplos de estilo gótico de la capital española.

Aunque fuentes de la época confirman que el Monasterio de San Jerónimo de Madrid ya se utilizaba como aposento real, no fue hasta el reinado de Felipe II cuando se definió el denominado Cuarto Real. Se trataba de un palacete anexo a la iglesia, conformado por unas veinte habitaciones, que permitía al Monarca seguir los oficios religiosos desde sus habitaciones, comunicadas con la cabecera del templo. Desde entonces, este espacio se configuró como un retiro para la Familia Real en períodos de luto o de Cuaresma. Precisamente, desde tiempos de Felipe II y hasta Isabel II, aquí se realizaron las proclamaciones reales.

Panorámica actual de Iglesia de Los Jerónimos. Fuente: Turismo Madrid

Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV, sugirió al Rey desarrollar una ampliación del Cuarto Real de Los Jerónimos y convertirlo en un verdadero palacio. El pretexto fue el nacimiento del Príncipe Baltasar Carlos, el 17 de octubre de 1629, cuya jura como heredero de Las Españas se llevaría a cabo en 1632 en la propia Iglesia de San Jerónimo el Real. Por este motivo, lo que se ideó como una ampliación del primitivo aposento regio acabaría convirtiéndose en un extenso palacio real que tomó por nombre del Buen Retiro, en alusión al uso que de retiro hicieron en ese espacio siempre los monarcas españoles.

La construcción del Palacio del Buen Retiro

Para llevar a cabo la construcción del Palacio del Buen Retiro, fue necesaria la adquisición de los terrenos colindantes al Monasterio de San Jerónimo, entre ellos un gallinero. En total, Felipe IV tuvo que abonar alrededor de 8.000 ducados por todo el espacio en el que situaría su nueva residencia. Giovanni Battista Crescenzi, que había participado en la decoración del Panteón Real de El Escorial, fue nombrado maestro mayor de las obras, iniciadas en 1630. Los testimonios de la época indican que avanzaron rápidamente, lo que provocó que apenas se cuidasen los detalles. Todo ello condujo a la construcción de un inmenso palacio que destacaba por su utilidad y comodidad, pero no por disponer de una arquitectura exterior asombrosa que pudiera rivalizar con las grandes residencias reales de estilo Barroco que estaban levantándose en el resto de Europa.

Vista del palacio y jardines del Buen Retiro (1636-1637), de Jusepe Leonardo. Fuente: Patrimonio Nacional

El 1 de diciembre de 1633, mientras la hija predilecta de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, fallecía en Bruselas como Gobernadora de los Países Bajos españoles, su tío Felipe IV, ajeno a esta triste noticia que conocería días después, promulgaba en Madrid una pragmática que oficializó la creación del Real Sitio del Buen Retiro, con el cambio de nombre del Cuarto Real de San Jerónimo que había fundado su abuelo y Rey Prudente, en detrimento de este nuevo lugar, inaugurado ese mismo día con la entrega de llaves por parte del Conde-Duque. Casualidades de la historia que otro 1 de diciembre, pero de 1764, se inauguró también en la villa otra gran residencia: el Palacio Real o de Oriente.

Así era el Real Sitio del Buen Retiro

En palabras del propio Felipe IV, la construcción del Palacio del Buen Retiro estuvo motivada para que “Yo y mis sucesores pudiésemos, sin salir de esta Corte, tener alivio y recreación“. Con la construcción de esta residencia, la villa de Madrid sumaba un nuevo recinto regio. Aunque el estilo que se siguió era el propio del gusto de los Austrias, con edificios de planta cuadrada y torres en las esquinas rematadas con chapiteles, la falta de planificación provocó que el conjunto presentase una visión desorganizada. A pesar de que se inauguró en 1633, las obras y ampliaciones se sucedieron en las décadas siguientes, hasta alcanzar el conjunto de residencia suburbana que se buscaba.

Estanque Grande del Buen Retiro, ca. 1657, por Juan Bautista Martínez. Fuente: Museo del Prado

El Real Sitio del Buen Retiro estaba conformado por el palacio propiamente dicho y los extensos jardines, en donde se situó el estanque que actualmente siguen utilizando madrileños y turistas a bordo de sus coquetas barcas. Un dato que pocos conocen es que en este espacio verde se levantaron también siete ermitas dedicadas a San Juan y Santa María Magdalena, ambas al norte, San Isidro, la más cercana al palacio, San Jerónimo y San Bruno, cerca del estanque las dos, la de San Pablo, al sur, y la de San Antonio de Padua o de los Portugueses, la más grande de todas. Como curiosidad, el espacio de esta última ermita, construida a instancias de la comunidad lusa que residía en Madrid, lo ocupa actualmente la glorieta y estatua del Ángel Caído.

La Ermita de San Antonio en el Buen Retiro, ca. 1707. Fuente: Memoria de Madrid

Como podemos ver en la obra de Jusepe Leonardo, mostrada anteriormente, los patios eran el elemento en torno al cual quedaba organizada la vida palaciega. Salvo en los casos de visitas de personalidades extranjeras, siendo Francesco I d’Este, Duque de Módena, el primero que lo estrenó en 1638, o los períodos de luto o juras reales, el Palacio del Buen Retiro no se destinaba a la vida protocolaria de la Corte, que tenía lugar en el Real Alcázar. En sus plazas se organizaron corridas de toros y todo tipo de fiestas; desde 1640 contó con un Coliseo en el que se representaban obras de teatro, entre otras las de Pedro Calderón de la Barca; disponía de Salón de Baile, actual Casón del Buen Retiro, y los jardines eran perfectos para disfrutar de la equitación, los agradables paseos y hasta la caza menor de conejos o perdices. También había una leonera y jaulas con aves exóticas, a modo de pequeño parque zoológico.

Bautizo de la Infanta Isabel en el Palacio del Buen Retiro, ca. 1742, de Antonio González. Fuente: Museo Lázaro Galdiano

Aunque exteriormente el palacio no destacaba por el granito, el ladrillo y la pizarra que cubrían su arquitectura, el interior impresionaba por su suntuosa decoración, en gran parte gracias a las obras de arte que colgaron en sus muros, muchas de ellas encargadas ex profeso para el Real Sitio. De entre todas ellas, decoraron las estancias del Palacio del Buen Retiro “El Juicio de Paris“, de Rubens; “Adán y Eva“, de Durero, “El aguador de Sevilla“, “La rendición de Breda” o “Felipe IV, a caballo“, los tres de Velázquez, o las diez escenas de la vida de Hércules, de Zurbarán, entre otras muchas obras. Precisamente, “Bautizo de la Infanta Isabel en el Palacio del Buen Retiro”, ejecutado por Antonio González a mediados del siglo XVIII, nos muestra la majestuosa decoración de sus estancias.

El ocaso del Palacio del Buen Retiro

Con la llegada de los Borbones al trono español, el Real Sitio del Buen Retiro se convirtió en uno de los ejes clave de la vida de la Corte. Sobre todo, tras el incendio del Real Alcázar, que convirtió por primera vez a la residencia en sede del poder, para lo cual hubo que llevar a cabo reformas en su interior para acoger al gobierno del Reino. El palacio fue habitado hasta 1764 por la Familia Real española. Dos años más tarde, Carlos III cedió el edificio a las tropas de Infantería y Caballería, a lo que se sumó la apertura al público de los jardines en 1767, aunque con muchas normas de etiqueta, o la creación de una Fábrica de Porcelanas en la Ermita de San Antonio de los Portugueses. Poco a poco, el espíritu cortesano del Real Sitio se apagaba, en gran parte por la finalización de las obras del nuevo Palacio Real.

La estatua ecuestre de Felipe IV, la primera del mundo realizada con las patas delanteras del caballo levantadas y ejecutada por iniciativa del propio monarca, se encontraba situada en uno de los jardines del Buen Retiro. A través de su escultura de bronce, el Rey Planeta y fundador de este Real Sitio fue testigo de cómo las tropas francesas conquistaron su Versalles madrileño. No solo lo utilizaron como cuartel, sino que provocaron graves destrozos en sus bellas zonas verdes. Al finalizar la Guerra de Independencia, el conjunto palatino estaba práctica y completamente destruido. De la demolición durante el reinado de Fernando VII solamente se salvaron el Salón de Baile y el de Reinos. Finalmente, el Real Sitio fue cedido al Ayuntamiento de Madrid en 1869.

Lo que queda del Buen Retiro

Con la demolición del Palacio del Buen Retiro, Madrid sumó una gran pérdida a su lista de patrimonio desaparecido, entre la que también encontramos otros importantes edificios como el Real Alcázar, la Iglesia de Santa María de la Almudena o los grandes conventos que se levantaban en lo que actualmente es la Puerta del Sol, entre otros muchos. Sobre el espacio que ocupaba el Real Sitio, se levanta actualmente el Barrio de Los Jerónimos, dentro del distrito de Retiro. Toma su nombre de la misma iglesia, del origen del palacio construido por Felipe IV. No obstante, del recinto regio todavía hay algunas huellas que recuerdan lo que un día fue.

Parque del Retiro

Los amplios jardines del Palacio del Buen Retiro configuran, actualmente, el Parque del Retiro, que cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural, bajo la categoría de jardín histórico desde 1935. El diseño que presentan a día de hoy es completamente diferente al que tenía en sus orígenes. Uno de los principales impulsos se vivieron durante el reinado de Carlos III, que dotó a este espacio del ambiente ilustrado propio de la época. El recreo de la Familia Real y la religiosidad que también formaba parte de esta zona de la villa dio paso a la ciencia y la cultura: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Palacio de Cristal, construido en 1887 por la Exposición de las Islas Filipinas

A finales del siglo XIX, se incorporó al paisaje del Parque del Retiro el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez o la escultura del Ángel Caído, que casualmente está a 666 metros sobre el nivel del mar. Por su parte, en 1922 se añadió el Monumento a Alfonso XII, un conjunto escultórico en el que intervinieron más de 20 artistas y que rodea el gran estanque del jardín. En las zonas verdes del parque se reúnen los madrileños y turistas, que pasean por los mismos espacios en los que Austrias y Borbones se dieron cita durante cerca de doscientos años.

Casón del Buen Retiro

En 1637 fue construido el Salón de Baile del Palacio del Buen Retiro, lo que actualmente se conoce como Casón del Buen Retiro. Las restauraciones y rehabilitaciones que se han llevado a cabo sobre el edificio han desvirtuado completamente su arquitectura original. Afortunadamente, los frescos de su bóveda no se han perdido, en los cuales se representa la “Alegoría del Toisón de Oro”, pintados por Luca Giordano y configurados como una verdadera exaltación a la monarquía hispánica.

Alegoría del Toisón de Oro, de Luca Giordano, en el Casón del Buen Retiro. Fuente: Wikimedia

Actualmente, el Casón del Buen Retiro es una dependencia más del Museo Nacional del Prado. concretamente el Centro de Estudios de la institución. Cabe destacar, a modo de curiosidad, que durante el tiempo en el que el “Guernica” perteneció a la colección de este museo, antes de pasar al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, estuvo expuesto en este mismo espacio, en el Salón de Baile que un día perteneció al complejo del Palacio del Buen Retiro.

Salón de Reinos

Con el Salón de Reinos, el espacio dedicado a las grandes fiestas y ceremonias, se quiso evocar la grandeza pasada, presente y futura de la Monarquía española. De hecho, algunos autores no dudan en afirmar que sus frescos se encuentra entre las máximas representaciones pictóricas del poder real en Europa. Su nombre hace referencia a los 24 reinos que componían Las Españas a mediados del siglo XVII y cuyos escudos quedaron pintados en la bóveda del salón: Reino de Aragón, Reinos de Castilla y León, Reino de Navarra, Principado de Cataluña, Reino de Valencia, Reino de Granada, Reino de Sevilla, Reino de Toledo, Reino de Portugal, Reino de Jaén, Reino de Murcia, Reino de Galicia, Reino de Córdoba, Archiducado de Austria, Ducado de Borgoña, Ducado de Brabante, Reino de Cerdeña, Reino de Sicilia, Reino de México, Reino del Perú, Ducado de Milán, Condado de Flandes, Reino de Jerusalén y Señorío de Vizcaya.

Fachada principal del Salón de Reinos

Además de la obra pictórica anterior, para el Salón de Reinos también se encargaron doce cuadros que representaban grandes batallas españolas, diez obras sobre la vida de Hércules ejecutadas por Zurbarán y cinco retratos ecuestres efectuados por Velázquez sobre Felipe III, Felipe IV, sus respetivas esposas y el príncipe Baltasar Carlos. Junto con los escudos, que demostraban la extensión de los reinos españoles, todas estas piezas pictóricas constituían también parte del programa propagandístico propio de la época, tratando de impresionar a todo el que lo contemplase para que se percatase del poderío de Las Españas.

Frescos del Salón de Reinos con los escudos de los reinos españoles. Fuente: hoyesarte.com

A pesar de lo anterior, el Salón de Reinos no dejaba de ser una mera ilusión, pues el sueño imperial se encontraba ya en decadencia a mediados del siglo XVII y la Corona española estaba a punto de perder la hegemonía europea y mundial. No obstante, en este edificio Felipe IV se convierte verdaderamente en El Grande o El Planeta, sobrenombres con los que la historia ha querido reconocerle. El destino quiso que este espacio, junto con sus frescos, se salvase de la demolición y se convirtiera en superviviente y perpetuo recuerdo a la grandeza de la Casa de Austria.

Tras haber sido sede el Museo del Ejército, actualmente el Salón de Reinos pertenece al Museo Nacional del Prado, que conserva muchos de sus cuadros y que llevará a cabo la restauración del edificio, tratando de recuperar su fisionomía original. Gracias a ello, la institución sumará nuevos metros cuadrados para exponer cerca de 200 obras de arte, todo ello bajo el cielo estrellado de lo que un día fueron Las Españas.

Reconstrucción virtual del Salón de Reinos. Fuente: Arte en Valladolid

El Palacio del Buen Retiro no es solo la historia de lo que un día fue, sino también de lo que aún permanece. A pesar de ser uno de los principales monumentos que engrosan el inventario del patrimonio desaparecido de España, el destino quiso que algunos elementos se salvasen de la demolición.

Patrimonio Reaparecido

Madrid ha perdido importantes monumentos a lo largo de su historia. Es momento de volver a descubrirlos jugando con la imaginación

Donde ahora circulan coches y se levantan bloques de viviendas, hubo un día en el que estuvieron las estancias del palacio de recreo de la Familia Real en Madrid, en las que colgaron obras de arte de los más importantes pintores del momento, a los cuales todavía admiramos. Recordando todo ello, y disfrutando del Parque del Retiro, del Casón y, por supuesto, de la alegoría a la histórica Monarquía Hispánica que representa en sí mismo el Salón de Reinos, nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ELLIOT, J. (s. f.). Salón de Reinos. Enciclopedia del Museo del Prado. Recuperado de: https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/salon-de-reinos/03fd727a-703a-4032-9df6-92a045c76be5

HERGUEDAS VELA, M. (2017). Patronazgo real en la Orden de San Jerónimo: arte y arquitectura. Tesis doctoral, Universidad de Valladolid. Recuperado de: https://www.educacion.gob.es/teseo/imprimirFicheroTesis.do?idFichero=vGVGm9lB1FY%3D

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLO, A. (2010). Velázquez y las ermitas del Buen Retiro: entre el eremitismo religioso y el refinamiento cortesano. Atrio. Revista de Historia del Arte (15-16), pp. 135-148. Recuperado de: https://www.upo.es/revistas/index.php/atrio/article/view/334/4110

SIMAL LÓPEZ, M. (2020). El escenario del valido: el conde-duque de Olivares y el Palacio del Buen Retiro. Cuadernos de Historia Moderna (5), pp. 565-601. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7702549

SIMAL LÓPEZ, M. (2012). El palacio del Buen Retiro (1633-1648). Libros de la corte (5), pp. 124-132. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4266714

IMAGEN DE PORTADA

Detalle de “Vista de la Calle Alcalá”, Antonio Joli, ca. 1750-1754. Colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Recuperado de: https://www.academiacolecciones.com/pinturas/inventario.php?id=1396

10 grandes mujeres que también han escrito la historia de España

Aunque el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, una jornada en la que se conmemora la lucha por la plena igualdad efectiva entre mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida y la sociedad, lo cierto es que todos los días del año debería mantenerse el espíritu reivindicativo del conocido popularmente como 8M. Al revisar la historia de la Humanidad, nadie puede negar que los hombres se han adueñado de los acontecimientos del pasado, aunque también hayan sido escritos por mujeres que permanecen hoy silenciadas, lo que nos demuestra que aún queda mucho camino por recorrer. España no es ninguna excepción en esta tendencia.

Cuando pensamos en mujeres influyentes de la Historia de España, nos vienen a la mente figuras como la Reina Isabel I de Castilla, la pensadora Teresa de Jesús, o más recientemente la activista Concepción Arenal. Sin embargo, hay otros muchos nombres que también deberían formar parte de los libros, pero cuyo legado continúa formando parte de un silencioso segundo plano. No obstante, instituciones como Patrimonio Nacional o el Museo del Prado han comenzado a realizar iniciativas en los últimos años para paliar esta triste situación, destacando, por ejemplo, la exposición “La Otra Corte” sobre las mujeres de la Casa de Austria.

Juana I es una de las Reinas de la historia española que permanecen en el olvido. Fuente: Museo Nacional de Escultura

La Historia española está repleta de grandes mujeres que marcaron un hito en su época, pero cuya huella se ha diluido con el paso del tiempo, hasta caer en el olvido. Reinas, artistas, escritoras, enfermeras o pensadoras a las que se pasa por alto, pero a las que se les debe su legítimo lugar. Las 10 mujeres que vamos a recordar a continuación son grandes ejemplos de ello, de entre los cientos que podríamos destacar. Por ellas, por vosotras, por todas.

Urraca I de León (1081-1126)

Reinas propietarias ha habido muy pocas en la historia de Europa, pero la primera que ostentó este título por derecho propio fue una infanta leonesa que tuvo que hacerse un hueco en un mundo de claro carácter masculino, y lo consiguió. Ante la ausencia de heredero varón, Urraca de León sucedió a su padre, Alfonso VI, en 1109. Cuando todavía era la segunda línea de sucesión, antes de la muerte de su hermano Sancho, Urraca contrajo matrimonio con Raimundo de Borgoña, por puro interés estratégico, de cuya unión nació el futuro Alfonso VII. Tras enviudar, y antes de la muerte de su padre, se le impuso un nuevo enlace, en este caso con Alfonso I de Aragón. Una peón de ajedrez que estaba llamada a ser la reina del tablero.

Detalle de un retrato romántico de la Reina Urraca I de León. Fuente: Museo del Prado

Las crónicas de la época han dejado constancia de las desavenencias del matrimonio de Urraca I de León y Alfonso I de Aragón. La Reina tuvo que enfrentarse a los maltratos de su marido, refugiándose en el Monasterio de Sahagún para alejarse de él. El matrimonio fue disuelto por la Santa Sede, y Urraca jamás volvió a compartir el poder con ningún consorte. La Soberana leonesa gobernó siempre de forma independiente, pasando a la historia como La Temeraria. Sus enemigos trataron de derribarla por su condición de mujer en numerosas ocasiones, pero ella afrontó su destino y gobernó sus reinos hasta el fin de sus días. Urraca I de León, la primera Reina titular de la historia de Europa, descansa en el Panteón Real de León.

Luisa de Medrano (1484-1527)

Beatriz Galindo, La Latina, no solo es conocida por dar nombre a uno de los barrios más populares de Madrid, sino también porque es una de las mujeres que han conseguido mantener su legado a través del tiempo, aunque tampoco le ha resultado fácil. Otra de las humanistas más destacadas de finales del siglo XV y principios del XVI fue Luisa de Medrano, aunque su recuerdo no ha corrido la suerte de La Latina y permanece en ese ala del olvido de la historia. La escasez de fuentes documentales o la destrucción de muchos de sus escritos durante el reinado de Carlos I hacen complicado esbozar una biografía sobre ella. No obstante, quedan datos suficientes sobre la que es considerada la primera mujer que dio clases en una universidad.

Detalle de un retrato atribuido a Luisa de Medrano, ca. 1530. Fuente: Wikimedia

Pocas son las fuentes que se conservan y que demuestran que, aunque no se pueda afirmar que fuese catedrática de la Universidad de Salamanca, sí que dio clases de gramática en sus aulas, algo inédito en aquel momento, tal y como recoge el “Cronicón” de Pedro de Torres al afirmar que el 16 de noviembre de 1508 la hija de Medrano leyó en la Cátedra de Cánones. En 1514, el italiano Lucio Marineo Sículo elogió a Luisa de Medrano al situarla por encima de todos los hombres, gracias a que se preocupó por los libros, en vez de por la lana, por la pluma, en vez de por la aguja. Una mujer que hoy definirían como empoderada de la que se sabe poco, pero lo suficiente para que se le devuelva su lugar en la historia.

María Pacheco (1497-1531)

El movimiento comunero que puso en jaque al Emperador Carlos V es uno de los acontecimientos más importantes del siglo XVI, cuyo alcance todavía hoy se sigue estudiando, cuando se cumplen más de 500 años desde que comenzó el levantamiento. Aunque los tres principales cabecillas, es decir, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, son las principales figuras, la historia ha silenciado la intervención femenina de la Guerra de las Comunidades de Castilla, representada por María Pacheco. Su actuación y resistencia en Toledo se mantuvo hasta el fin del conflicto, a pesar de que tuvo que enfrentarse a la ejecución de su esposo, Padilla.

Detalle de “Doña María Pacheco después de Villalar”. Fuente: Museo del Prado

Aunque se crea que el levantamiento comunero finalizó tras la Batalla de Villalar y la decapitación de sus tres líderes, el valor de María Pacheco fue el que mantuvo vivo la que algunos autores han definido como la primera revolución moderna de la historia. La Leona de Castilla, como determinados textos la conocen, se asentó en Toledo, concretamente en el Alcázar, y trató de resistir a las tropas del Emperador Carlos V, frente a muchas voces que propugnaban capitular. María Pacheco creía en la causa comunera, creía en ella, y su recuerdo se ha diluido en el tiempo, pero el espíritu comunero no se entendería sin ella. Sobre su final, murió en 1531 en Portugal, donde había partido al exilio.

Beatriz Bernal (1501/1504-1562/1586)

Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer o Antonio Machado son algunos de los escritores más sublimes de la literatura española, pero, ¿dónde están las mujeres de la pluma y la tinta? Para poner de manifiesto el silencio al que han sido sometidas las creadoras a lo largo de los siglos, recuperamos la memoria de Beatriz Bernal, la primera novelista de la historia de España. Tal es el papel secundario al que se han visto abocadas las figuras femeninas, que no se conoce ni la fecha exacta de nacimiento o fallecimiento de esta escritora natural de Valladolid, ni tampoco imágenes o retratos, algo que no ocurre con los grandes nombres masculinos de la literatura.

Iglesia de San Pablo de Valladolid, representada en un azulejo del Palacio Pimentel. Fuente: Wikimedia

Beatriz Bernal se sumó al estilo de la novela caballeresca y publicó “Don Cristalián” en 1545, aunque firmó como una señora de Valladolid. Hay que esperar hasta la edición de Alcalá de Henares en 1586 para conocer quién era la figura anónima que se escondía detrás de las cerca de 600 páginas de esta obra que incluía multidud de personajes femeninos, como heroínas que deciden correr aventuras o mujeres que deciden permanecer solteras sin que nadie las juzgue por ello. Sin duda, Beatriz Bernal marcó un antes y un después con estas novedades revolucionarias para la época. Su novela gozó de tal éxito que llegó a traducirse al italiano y publicarse en Venecia. Sus restos descansan en algún lugar de la vallisoletana Iglesia de San Pablo, donde fue sepultada.

Juana de Austria (1535-1573)

Siempre que se habla de los Austrias españoles, ya se trate de los Mayores (Carlos I y Felipe II) o los Menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), es en referencia a sus figuras masculinas. Sin embargo, se pasa por alto en muchas ocasiones a las mujeres de esta dinastía, cuyas actuaciones también marcaron el devenir de la historia de España, una huella que, en algunos casos, todavía es visible en nuestro entorno. Uno de los nombres femeninos más importantes de esta familia fue Juana de Austria. Hija de Carlos I e Isabel de Portugal, vivió a la sombra del poderío de su padre primero, el Emperador, y después de su hermano, el Rey Prudente, aunque acabó marcando su propio camino.

Detalle de un retrato de Juana de Austria, efectuado por Sánchez Coello. Fuente: Patrimonio Nacional

Juana de Austria fue casada con el príncipe Juan Manuel, heredero de Portugal, una unión que por vicisitudes del destino fue crucial para la futura unión dinástica entre el país luso y Las Españas en la figura de Felipe II. Tras enviudar, regresó a su país de nacimiento por orden de su padre y asumir temporalmente la regencia de los reinos españoles, ocupando un poder en aquel momento muy limitado a las mujeres.

Sin embargo, si por algo es recordada Juana de Austria es por la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales, que se convirtió en el refugio femenino de la Casa de Austria en Madrid, rivalizando con el gran proyecto de su hermano, Felipe II, en el Monasterio de El Escorial. Su religiosidad le llevó también a querer ingresar en la Compañía de Jesús, solo reservada para hombres. No obstante, Juana de Austria no dudó en transgredir sus normas y hacerse pasar por Mateo Sánchez, seudónimo que utilizó para acceder a esta orden, siendo la única mujer jesuita que ha habido en la historia.

Catalina de Erauso (1592-1650)

La llegada de España al continente americano a partir de 1492 y la actuación de quienes lideraron las empresas del Nuevo Mundo es uno de los debates más candentes en los últimos años. Siempre se sitúa la lupa en los descubridores que hicieron carrera en el continente, entre los que podemos destacar a Francisco Pizarro, Hernán Cortés o Diego Almagro, pero no en la acción de las mujeres que también participaron activamente, que las hubo. Catalina de Erauso es una de ellas, cuya historia, con bastantes más sombras que luces, es digna de la gran pantalla. Lope de Vega hizo lo propio con el teatro y compuso “La monja Alférez”, el sobrenombre con el que todavía hoy se conoce a esta mujer que se tuvo que esconder detrás de numerosos nombres masculinos, identidades ficticias que le permitieron embarcar al otro lado del Atlántico.

Retrato de Catalina de Erauso, atribuido a Juan van der Hamen, ca. 1626. Fuente: Wikimedia

Nacida en San Sebastián e hija del capitán Miguel de Erauso, Catalina y sus tres hermanas fueron internadas en un convento cuando ella solamente contaba cuatro años. Mostró su rebeldía al escapar del cenobio con 15 años, y pronto empezó su periplo, ocultándose disfrazada detrás de la figura de Francisco de Loyola. Robos y violencia marcan su biografía, una figura femenina muy controvertida del Siglo de Oro español que hizo carrera en el Nuevo Mundo bajo el nombre de Alonso Díaz Ramírez de Guzmán.

Tras verse envuelta en multitud de delitos, Catalina de Erauso acabó relevando su verdadero ser, regresando a España en 1624. Se convirtió en una celebridad, hasta el punto de ser entrevistada por Felipe IV y el Papa Urbano VIII. Aunque esta figura femenina no es ningún ejemplo ni referente social por los asesinatos que cometió a lo largo de su vida, tal y como ella misma confesó en sus memorias, aún para poder desarrollar su sombrío destino tuvo que esconderse detrás de una identidad masculina ficticia. Con eso nos quedamos.

Luisa Roldán (1652-1706)

Si antes hablábamos del silencio y el segundo plano que ocupan las mujeres escritoras de nuestra historia, lo mismo ha ocurrido con otras profesiones similares, como el arte. Si pronunciamos el nombre de Gregorio Fernández, posiblemente a todos nos vengan a la cabeza algunas de sus obras, especialmente los pasos de Semana Santa, pero es muy probable que no nos ocurra lo mismo con el de Luisa Roldán, que ha pasado a la historia como La Roldana. Se trata de la primera escultora registrada y reconocida de España, y trabajó en las cortes de Carlos II, último Austria, y Felipe V, primer Borbón.

Retrato imaginario de Luisa Roldán

La obra de Luisa Roldán goza de un reconocimiento internacional mucho más profundo del que tiene en España. Su principal legado a la historia del arte se aprecia en las piezas de imaginería barroca, de clara influencia andaluza, de donde era natural, concretamente de Sevilla. Tras su paso por Cádiz, se trasladó a Madrid, donde finalizó sus días. Muchas de sus obras fueron atribuidas a su padre, Pedro Roldán, y a otros escultores, pero afortunadamente el estudio historiográfico ha permitido que esta insigne escultora obtenga el reconocimiento que merece, aunque todavía no sea pleno y haya que seguir trabajando para concedérselo.

Isabel Zendal (1773)

En pleno siglo XXI, el mundo entero ha tenido que enfrentarse a una pandemia que nos ha vuelto a conectar con la ciencia, confirmando lo fundamental que es la inversión en investigación y desarrollo. Sin embargo, no solo es importante preocuparnos por el futuro, sino también del pasado, estudiando las figuras que han conseguido que lleguemos a este nivel de avance. La humanidad ha tenido que enfrentarse previamente a otras pandemias, y una mujer española contribuyó a erradicar una de ellas en todo un continente a comienzos del siglo XIX. Isabel Zendal, una enfermera de origen gallego y familia humilde, fue la llave con la que se puso fin a la viruela en América y Filipinas.

Monumento homenaje a la Expedición Filantrópica de la Vacuna en la participó Isabel Zendal, en La Coruña. Fuente: Grecia Marrón

Durante el reinado de Carlos IV, que había perdido precisamente una hija por la propia viruela, se autorizó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la primera misión de ayuda humanitaria de la historia cuya finalidad fue acabar con esta enfermedad en todos los territorios de Las Españas situados más allá del Atlántico. La vacuna existía, pero no sabían como transportarla. El médico Francisco Javier Balmis, que abanderó la expedición, propuso trasladarla inoculada en 22 niños gallegos de La Coruña, cuyo suero serviría para inmunizar a la población. Y así se hizo. Partieron el 30 de noviembre de 1803 en la nave María Pita. Isabel Zendal iba en esa expedición.

Grabado de la nave María Pita, ejecutado por Francisco Pérez. Fuente: Wikimedia

Aunque su nombre forma parte de la actualidad española desde que comenzase la pandemia del COVID-19, Isabel Zendal es una figura femenina clave de nuestra historia, no solo el nombre del hospital para emergencias sanitarias que se ha construido en Madrid. Sin embargo, como otras tantas mujeres que marcaron un hito en su tiempo, falleció sin el reconocimiento debido, sin ni siquiera conocer la fecha de su deceso, y sin ocupar el merecido lugar que merece. Ella fue la enfermera que se encargó de los 22 niños, entre los que se encontraba su hijo Benito, durante la expedición y, por ello, la OMS reconoce que Zendal es la primera enfermera de la historia en misión internacional, una misión que logró inmunizar a miles de personas y puso fin a una terrible pandemia.

María Isabel de Braganza (1797-1818)

El Museo Nacional del Prado es visitado cada año por miles de personas, pero pocos son los que se percatan o llegan a saber que el origen de esta importante institución cultural se encuentra en una acertada decisión de una mujer. Nacida en Portugal, su vinculación con España se debe a que en 1816 contrajo matrimonio con Fernando VII, convirtiéndose en reina consorte. Sin embargo, su llegada a Madrid no fue fácil y tuvo que afrontar burlas e insultos por parte del pueblo, siendo tachada de fea y pobre. Aquella mujer fue María Isabel de Braganza, quien se antepuso a la adversidad y supo apreciar la riqueza cultural del nuevo país que tan mal la acogió.

María Isabel de Braganza, fundadora del Museo del Prado. Fuente: Museo del Prado

Aunque habían sido varias las voces que previamente se habían interesado por fundar una pinacoteca ligada al patrimonio real, María Isabel de Braganza fue la verdadera impulsora del Real Museo de Pinturas, denominación primitiva con el que se conoció al actual Museo Nacional del Prado. Algunas fuentes apuntan que la idea de exponer parte del tesoro artístico de la Corona partió de la reina, pero por la influencia del propio Goya, con la idea de aprovechar obras que se encontraban almacenadas en los sótanos de El Escorial. No podemos olvidar tampoco que gracias a María Isabel de Braganza las mujeres pudieron comenzar a formarse en la Academia de San Fernando.

El destino quiso que la fundadora de una de los museos más importantes del mundo no viera culminada su obra y sueño, al ser inaugurado el 19 de noviembre de 1819. María Isabel de Braganza había fallecido el 26 de diciembre de 1818 en el Palacio Real de Aranjuez, como consecuencia del complicado parto de su segunda hija. Su terrible final recuerda a su complicada llegada a España, aspectos que forman también de su biografía, en la que el Museo Nacional del Prado es el verdadero protagonista. Gracias, Majestad, por el gran museo que nos legasteis.

Dolores Aleu Riera (1857-1913)

Antes hablábamos de la pandemia y de la figura de Isabel Zendal, aunque no es la única mujer relacionada con los servicios de salud que merece estar en esta lista. No hay que olvidar que, actualmente, el sector sanitario es el más femenino de todos los de España, por lo que son ellas las que más han contribuido a tratar de superar la crisis COVID-19. Sin embargo, y como se diría coloquialmente, hasta antes de ayer las mujeres no podían ejercer profesionalmente y con todas las garantías y reconocimientos debidos.

Dolores Aleu en su despacho. Fuente: La Vanguardia

Dolores Aleu Riera es la primera mujer que obtuvo el título de doctora, el 6 de octubre de 1882, y que además ejerció la profesión con consulta propia en Barcelona durante un cuarto de siglo, estando especializada en Ginecología y Pediatría. Junto a ella, también es justo reivindicar las figuras de María Elena Maseras y Martina Castells, ya que son las tres primeras mujeres que estudiaron Medicina en la universidad. Maseras optó por la enseñanza, mientras que Castells falleció antes de poder ejercer, destacando que se doctoró solo dos días antes que Dolores Aleu. A todas, gracias por iniciar el camino, la sanidad española os debe mucho.

Gracias Urraca, Luisa, María, Beatriz, Juana, Catalina, Roldana, Isabel, María Isabel, Dolores y tantas otras mujeres de la historia de España que también habéis contribuido a escribir nuestro pasado, haciéndoos un hueco en un mundo del que los hombres se adueñaron. Vuestras historias son el ejemplo de que la desigualdad ha estado siempre ahí, y que no hay mejor forma de rendiros homenaje que luchando para cambiar este rumbo y alcanzar la igualdad plena y efectiva. La historia se estudia y se revisa para evitar que cometamos nuevamente los errores del pasado. Recuperando vuestra memoria, construimos también futuro, y, por supuesto, nos ayudáis a sentirnos #turistaenmipaís. Por todas vosotras.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁLVAREZ GARCÍA, L. (2018). Reseña biográfica de Luisa de Medrano, ¿primera catedrática de gramática de la universidad de Salamanca? Azafea: revista de filosofía (20), pp. 247-248. Recuperado de: https://revistas.usal.es/index.php/0213-3563/article/view/18516/19872

LÓPEZ MARIÑO, A. (2018). Isabel Zendal Gómez en los archivos de Galicia. A Coruña: Parlamento de Galicia. Recuperado de: https://www.parlamentodegalicia.es/sitios/web/Publicacions/Libro_Castellano_Isabel_Zendal.pdf

MARTÍNEZ MILLÁN, J. “Juana de Austria”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/13522/juana-de-austria

PALLARES MÉNDEZ, M. C. “Urraca de León”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/4538/urraca-de-leon

PASCUAL CHENEL, A. “Luisa Ignacia Roldán”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/4907/luisa-ignacia-roldan

PÉREZ, J. “María Pacheco”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/7698/maria-pacheco

PÉREZ SEMPER, M. A. “Isabel María Francisca de Braganza y Borbón”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/13031/isabel-maria-francisca-de-braganza-y-borbon

PIERA, M. (2010). Minerva y la reformulación de la masculinidad en “Cristalián de España” de Beatriz Bernal. Tirant: Butlletí informatiu i bibliogràfic (13), pp. 73-88. Recuperado de: http://parnaseo.uv.es/Tirant/Butlleti.13/06%20Piera.pdf

QUERALT DEL HIERRO, M. P. “Dolors Aleu i Riera”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/39915/dolors-aleu-i-riera

TELLECHEA IDÍGORAS, J. I. “Catalina de Erauso”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/6728/catalina-de-erauso

Historia del Cristo de Medinaceli: el origen de una devoción madrileña de alcance mundial

Uno de los dichos más populares de la capital de España es “De Madrid, al cielo“. Lo cierto es que este refrán bien podría aplicarse también a la historia, el origen y el fervor que rodea a una de las imágenes religiosas más importantes de la villa. Ni San Isidro, ni Nuestra Señora de La Almudena ni la Virgen de la Paloma: Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, más conocido como Cristo de Medinaceli, es la devoción más destacada y extendida de Madrid, llegando a superar las propias fronteras de la ciudad, para conquista el resto del mundo. La talla que recibe culto en el número 2 de la Plaza de Jesús, en el Barrio de las Letras, ha sido replicada en varios rincones del planeta, y la tradición de venerarlo cada primer viernes de marzo se ha convertido también en una práctica habitual entre otras cofradías españolas, que hacen lo propio con sus imágenes nazarenas.

La extendida y arraigada devoción a Jesús de Medinaceli es fruto de una historia que se remonta al siglo XVII y en la que hay episodios suficientemente sorprendentes como para llamar la atención de sus devotos. Desde secuestros y rescates, hasta un exilio en período de guerra, la imagen de este Nazareno ha estado involucrada en numerosos acontecimientos, siendo un verdadero milagro que, después del recorrido histórico que ha vivido, todavía permanezca entronizada en el altar mayor de su basílica madrileña en la que actualmente recibe culto y a la que tantos creyentes peregrinan en busca de ayuda o consuelo, o también curiosos que buscan contemplar una obra de arte de la imaginería religiosa que ha sobrevivido a los avatares del tiempo.

Origen del Cristo de Medinaceli

A pesar de la profunda extensión de la devoción a Jesús de Medinaceli, el origen de la talla original que se conserva en Madrid es bastante difuso, principalmente por la falta de datos documentales con los que acreditar por qué se efectuó, incluso el autor o la ciudad en la que se ejecutó. No obstante, la mayoría de los estudios que se han llevado a cabo coinciden en que fue tallada en el siglo XVII, siendo su estilo propio de la Escuela Sevillana. Juan de Mesa, o sus discípulos Luis de la Peña o Francisco de Ocampo, son algunos de los nombres que se postulan como autores de la obra, que debió ser encargada por los Padres Capuchinos afincados en Sevilla.

Cristo de Medinaceli, sin su tradicional peluca. Fuente: Instituto del Patrimonio Cultural de España

En cuanto a la propia talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cristo de Medinaceli, es de tamaño natural y representa al Ecce Homo en el momento de ser presentado a Poncio Pilato. Algo que muchos desconocen es que, a pesar de que la imagen se presenta vestida con ricas sayas y peluca, se trata de una escultura completamente policromada, cubierta por un sencillo paño de pureza. De hecho, la melena tallada es uno de los detalles más espectaculares que presenta, a pesar de estar oculto.

Traslado y estancia en Marruecos

La historia del Cristo de Medinaceli está ligada al enclave estratégico de La Mámora, situado en la actual ciudad marroquí de Mehdía. Este rincón del norte del continente africano fue controlado por Las Españas entre 1614 y 1681, que la renombraron como San Miguel de Ultramar. Como hemos comentado anteriormente, se desconocen los datos documentales sobre el origen de la talla del Nazareno más universal de Madrid, aunque lo que sí está más claro es que fue trasladada a mediados el siglo XVII hasta este punto de Marruecos para que recibiera culto por parte de la comunidad de Padres Capuchinos que allí se estableció.

No obstante, los Padres Capuchinos estuvieron asentados en La Mámora únicamente desde 1645, pues previamente la misión evangelizadora estaba encomendada a los Franciscanos. Además, ese mismo año aconteció un terrible incendio en la ciudad, que entre otros edificios arrasó la iglesia y todos sus bienes. Por tanto, ambos hechos históricos llevan a pensar a muchos investigadores que la imagen de Jesús Nazareno no llegó al norte de África hasta después de 1645, ya que de haber sido trasladada con anterioridad habría ardido en el incendio. Además, posiblemente llegaría de las manos de los Capuchinos, quienes se cree, como hemos señalado, que fueron los que ordenaron su ejecución en algún taller sevillano.

El rescate del Cristo de Medinaceli

El 30 de abril de 1681, la historia española en el norte de África comenzó a resquebrajarse. Ese mismo día, el sultán de Marruecos, Muley Ismael, inició una ofensiva a La Mámora, que se vio asediada por los musulmanes y obligada a capitular. Para salvar la vida de los ciudadanos que allí habitaban, la gran mayoría se ofreció como esclavos, y a ellos se unieron también los tesoros de la iglesia, que se reconvirtió en mezquita de nuevo. Entre ellos, la sagrada imagen de Jesús Nazareno, junto a otras dieciséis más. Todo el botín fue llevado a Mequinez, capital establecida en aquel período en Marruecos.

Las órdenes religiosas de Trinitarios y Mercedarios fueron nombradas para llevar a cabo el pago de los rescates tanto de los esclavos, para que pudieran regresar a la península, como de las imágenes religiosas cautivas, concretamente diecisiete, entre las que destacaba la del Nazareno de túnica morada. En señal de desprecio a la Fe católica, el sultán Muley Ismael ordenó arrastrar por las calles de la capital la imagen del Cristo que todavía no era de Medinaceli, sino Cautivo. También fue echado a los leones, simulando que lo despedazaban.

Fresco de la Iglesia de Algorta (Vizcaya) que representa el milagro de la balanza. Fuente: Meditaciones Trinitarias

El Padre Trinitario Fray Pedro de los Ángeles ofreció al sultán sumas de dinero para el rescate de los esclavos y de las imágenes religiosas. Concretamente, los musulmanes ofrecieron a los Trinitarios la talla del Nazareno si a cambio les daban su peso en oro. Milagrosamente, la balanza no pesaba lo que Muley Ismael esperaba, por lo que tuvo que conformarse con el pago indicado, que algunos lo cifran en treinta monedas. No podía faltar la leyenda en el rescate del Cristo de Medinaceli.

El Cristo de Medinaceli, Señor de Madrid

Muchos se preguntan por qué del cuello del Cristo de Medinaceli cuelga un escapulario trinitario. Lo cierto es que la respuesta la encontramos precisamente en su rescate, llevado a cabo por esta orden religiosa que colocó este elemento a todos los cautivos a los que liberaron en Marruecos, incluidas las sagradas imágenes. Desde entonces, la talla se muestra con este objeto que recuerda su cautiverio y rescate. En enero de 1682, las efigies religiosas fueron trasladadas a Ceuta, y de allí hasta Sevilla, al Convento de los Trinitarios. Sin embargo, Carlos II ordenó que fueran llevadas hasta la Villa y Corte de Madrid, donde fueron recibidas con triunfalismo.

Detalle del escapulario trinitario que todavía hoy luce el Cristo de Medinaceli. Fuente: Twitter Museo de la Almudena

Por tanto, la vinculación de Jesús Nazareno con Madrid comenzó en septiembre de 1682, cuando se produjo el primer encuentro entre la imagen y la capital de España. La escultura del Cristo cerró la procesión que recorrió las calles de la vieja villa castiza, en dirección al Real Alcázar, en cuyos balcones los reyes Carlos II y María Luisa de Orleans contemplaron la comitiva. Posteriormente, la imagen de Jesús Nazareno Recatado o del Rescate fue colocada en el desaparecido Convento de los Trinitarios, donde comenzó a recibir culto por los madrileños, que le alzaron como Señor y protector.

De Rescatado a Medinaceli

La historia de la talla del Nazareno que fue cautivo de los musulmanes y sometido a una nueva Pasión comenzó a difundirse por todos los territorios que componían Las Españas, ya que era un relato que a todos impresionaba. El calvario que sufrió el Cristo de Medinaceli se representó en cuadros de diversos puntos de España, pero también de Sudamérica, siendo posible contemplar su historia sobre un lienzo en Arequipa (Perú). Todo ello fue el inicio para la extensión de una devoción que ha terminado convirtiéndose en universal. Del mismo modo, también la propia efigie fue replicada, un fenómeno que todavía hoy se sucede. Sin embargo, muchos se preguntan por qué su advocación de Medinaceli.

Vidriera que representa la llegada de Jesús de Medinaceli a Madrid en 1682. Fuente: Archicofradía de Jesús de Medinaceli

La imagen del Nazareno Rescatado fue entronizada en el altar mayor de la iglesia del Convento de los Trinitarios. Sin embargo, el Ducado de Medinaceli cedió en 1686 un terreno colindante al cenobio para la construcción de una capilla adyacente, siendo trasladada la talla hasta esta nueva ubicación en 1689. Es precisamente de sus benefactores de donde toma su nombre actual el Cristo de Medinaceli, que se alzaron como sus protectores. Su devoción iba en aumento y las representaciones comenzaron a extenderse por España, Hispanoamérica e incluso Europa. Mientras tanto, en Madrid se afianzaba el fervor y los Trinitarios consiguieron incorporar al Nazareno en las procesiones del Viernes Santo en 1697. Todavía hoy, la imagen recorre las calles de la capital, que pasa por puntos tan emblemáticos como el Congreso de los Diputados.

Salida de la procesión del Cristo de Medinaceli desde su basílica. Fuente: Diario de Pasión

Cabe destacar que en 1705 fue redactada la novena en honor a Jesús Nazareno, la cual continúa celebrándose, aunque actualmente como preparatorio a la fiesta grande de Cristo Rey, el 21 de noviembre. Por otro lado, el 16 de marzo de 1710 fue fundada la Ilustre y Nobilísima Congregación de Esclavos de Jesús Nazareno, con el IX Duque de Medinaceli, Luis Francisco de la Cerda y Aragón, como hermano mayor. El principal motivo de la constitución de la cofradía fue rendir culto a la talla del Cristo que había sido rescatado en el norte de África y alumbrarla en la procesión del Viernes Santo. Hoy en día, su actividad continúa en la figura de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cristo de Medinaceli.

Peregrinaje por iglesias de Madrid

Durante el siglo XVIII, se llevó a cabo una ampliación de la capilla de Jesús de Medinaceli y hasta el propio convento de los Trinitarios cambió su advocación de Nuestra Señora de la Encarnación por el de Jesús Nazareno. Sin embargo, con la ocupación de los franceses y la Guerra de la Independencia, la talla abandonó su ubicación original en 1809 y fue trasladada al Convento de los Padres Basilios, actual Iglesia de San Martín, en la Plaza de la Luna. En 1814, volvería a su capilla, que, al igual que el resto del conjunto, había sufrido importantes desperfectos, por los que el cenobio tuvo que ser reedificado.

Fachada de la antigua y desaparecida Iglesia de Jesús de Medinaceli. Fuente: Ministerio de Cultura y Deporte

A pesar de los contratiempos, la devoción a Jesús de Medinaceli continuaba. De hecho, en estos momentos sumó nuevos e ilustres fieles: la Corona de España. Fernando VII, monarca que dirigía el destino del país en aquellos momentos, inauguró la tradición de que la Familia Real acudiera a venerar también al Nazareno en la celebración del primer viernes de marzo, un gesto que se mantiene en la actualidad. Este detalle también explica que la Archicofradía tenga el título de Real.

Sin embargo, nuevo problemas se vivieron en la capilla del Medinaceli. Los procesos de desamortización afectaron al patrimonio de la Orden de los Trinitarios, que vieron como su histórico convento madrileño, que había sido fundado en 1606, fue exclaustrado. La talla del Nazareno fue trasladada en 1835 a la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en la Calle San Bernardo, y posteriormente a la Iglesia de San Sebastián. La Congregación de Esclavos evitó que la imagen formase parte del patrimonio religioso que acababa en el Convento de la Trinidad de la Calle Atocha y que iba destinado a convertirse en fondos del Museo del mismo nombre.

Fachada de la actual Basílica de Jesús de Medinaceli. Fuente: Wikimedia

El Cristo de Medinaceli volvió a tomar posesión de su capilla en 1847. En aquel momento, una comunidad de religiosas se hacía cargo del cenobio, cuyo estado de ruina era cada vez más preocupante. Por ello, finalmente en 1890 se decidió su derribo, cediendo los terrenos el Ducado de Medinaceli a la comunidad de Padres Capuchinos, que habían visto perder su cercano convento de San Antonio del Prado. Sine embargo, se reencontraron con la talla del Nazareno que perdieron en Marruecos en 1681. El convento y la nueva iglesia, que tiene el rango de Basílica-Menor, se consagró en 1930.

Exilio del Cristo de Medinaceli a Suiza

Aunque el Cristo de Medinaceli ya tenía una nueva casa en la que volver a recibir a sus devotos, la alegría no fue duradera. Ante la inminente Guerra Civil, los Padres Capuchinos se vieron en la obligación de abandonar nuevamente el convento en febrero de 1936, escondiendo la talla en un cajón de madera, envuelta en sábanas, en la cripta de la iglesia. Allí fue donde el bando republicano la encontró en febrero de 1937, decidiendo entregarla a la Junta del Tesoro Artístico. Tras pasar por el Ministerio de Hacienda o por la Basílica de San Francisco El Grande, metido en un ataúd y rodeado de muertos, el Cristo de Medinaceli emprendió viaje a Valencia.

El Cristo de Medinaceli en la Sede de la Sociedad de Nacionales, en Ginebra. Fuente: Archidiócesis de Madrid

La talla del Nazareno madrileño permaneció en la Iglesia del Colegio del Patriarca, en Valencia, hasta agosto de 1937, y de allí continuó su camino hasta Cataluña, junto a otras muchas obras de arte. Los fosos del Castillo de Figueres o el Castillo de Perelada fueron algunos de los lugares en los que permaneció custodiada, hasta que finalmente el 3 de febrero de 1939 se decide su traslado, junto al resto del Tesoro Artístico, a la Sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra. El Cristo de Medinaceli iba en el primer camión, encabezando la comitiva que salió de España el 12 de febrero.

Procesión del segundo rescate del Cristo de Medinaceli, en 1939. Fuente: Archicofradía de Jesús de Medinaceli

Sin embargo, la estancia en Suiza no fue tan larga como en otras ocasiones en las que ha permanecido fuera del camarín de su capilla. Tras la finalización de la Guerra Civil, el 14 de mayo de 1939 la villa de Madrid volvía a reencontrarse con su Señor. En una multitudinaria procesión, que hay quienes califican como del “segundo rescate”, recorrió las calles desde el Monasterio de la Encarnación hasta su Basílica. Se ponía fin al exilio del Nazareno, cerrando un nuevo capítulo de su trepidante historia.

El Cristo de Medinaceli en la actualidad

La historia del Cristo de Medinaceli de Madrid está marcada por los numerosos acontecimientos que ha vivido la imagen desde que fuera tallada en algún taller sevillano en la primera mitad del siglo XVII. En 1996, abandonó de nuevo su camarín, pero en este caso para someterse a una profunda restauración por parte del Instituto del Patrimonio de España, mejorando el aspecto del venerado Nazareno. Desde entonces, el Señor de Madrid nunca más ha dejado a su pueblo, al que recibe cada día y, especialmente, el primer viernes de marzo, cuando desciende de su camarín para que pueda ser venerado por sus devotos, besando sus pies. Tres deseos, de los que, al menos, uno siempre concede.

Procesión extraordinaria de Jesús de Medinaceli desde la Catedral de La Almudena en 2019. Fuente: Telemadrid

El Cristo de Medinaceli también participó en el magno Vía Crucis que se celebró con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en agosto de 2011, en Madrid. Fue entonces cuando un papa, Benedicto XVI, se postró también ante su imagen. Más recientemente, en octubre de 2019, recorrió las castizas calles de la capital para conmemorar el 80 aniversario de su segundo rescate, con una procesión extraordinaria que tuvo lugar desde la Catedral de la Almudena y hasta su Basílica, en la que no faltó el fervor popular. Además, el Viernes Santo madrileño no se entendería sin la salida del Cristo de Medinaceli, la que muchos apuntan que es la procesión más seguida del España.

Cautivo, rescatado y hasta exiliado, pocos son los episodios a los que no ha tenido que enfrentarse Nuestro Padres Jesús Nazareno. Creyentes o no, nadie se resiste a pasar por delante de su basílica y no entrar a contemplar esta histórica talla. La devoción por el Cristo de Medinaceli también forma parte de las manifestaciones culturales de nuestro país, por la magnitud y alcance de su nombre a nivel mundial. Sin duda, conocer su origen, recordar su historia y poner en valor la tradición que rodea a esta obra de arte barroca nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DE CARLOS VARONA, M. C. (2012). Imágenes rescatadas en la Europa Moderna: el caso de Jesús de Medinaceli. Journal of Spanish Cultural Studies (3) pp. 1-28. Recuperado de: https://www.academia.edu/1616000/Im%C3%A1genes_rescatadas_en_la_Europa_Moderna_el_caso_de_Jes%C3%BAs_de_Medinaceli

GUEVARA PÉREZ, E. (2019). El Cristo de Medinaceli y su Archicofradía. Madrid: Almuzara.

INSTITUTO DEL PATRIMONIO DE ESPAÑA (1996). Restauración del “Jesús de Medinaceli”, talla de madera policromada del siglo XVII, procedente de la Iglesia de Jesús de Medinaceli de Madrid. Recuperado de: http://catalogos.mecd.es/opac/doc?q=%3A&start=9&rows=1&sort=fecha%20desc&fq=mssearch_people&fv=L%C3%B3pez+Romero%2C+Crist%C3%B3bal+%2F+Restaurador&fo=and&fq=mssearch_materials&fv=Esculturas+policromadas&fo=and

MARLASCA RUIZ, G. (2017). Jesús de Medinaceli en la imaginería semanasantera de Castilla y León: historia, iconografía, difusión y ejemplos. Religiosidad popular: Cofradías de penitencia (2), pp. 557-572. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6193512.pdf

Descubre Andalucía a través de su Patrimonio de la Humanidad: ciudades, monumentos y tradiciones con sello de la UNESCO

Andalucía es una de las regiones del mundo en la que la palabra cultura se puede escribir con letras mayúsculas. A lo largo de toda su historia, todos los pueblos y civilizaciones con presencia en el Mediterráneo occidental han pasado por sus costas o su tierra, dejando una huella inmortal que, todavía hoy, es posible apreciar en su patrimonio. Material e inmaterial, la riqueza de las 8 provincias que componen esta comunidad autónoma del sur de España no solo ha cautivado a los turistas y visitantes, sino también a los técnicos y expertos de la UNESCO.

Solamente por detrás de Castilla y León, Andalucía es la región española que cuenta con mayor número de declaraciones Patrimonio de la Humanidad de todo el país. En su lista particular no solo se inscriben bienes de tipo cultural, sino también natural, con el Parque Nacional de Doñana como ejemplo. No podemos olvidar que esta comunidad autónoma atesora también rincones en los que la Naturaleza es la auténtica protagonista, aquellos en los que la actividad humana apenas ha causado estragos y que conservan la representatividad y belleza de sus paisajes y ecosistemas.

Patrimonio de la Humanidad de Andalucía

El título de Patrimonio de la Humanidad es la más alta distinción a la que monumentos, ciudades, espacios naturales, tradiciones, fiestas o costumbres pueden aspirar. Otorgado por la UNESCO, supone el reconocimiento de la importancia que tiene el bien ya no solo para la comunidad en la que se encuentra ubicado, sino para toda la Humanidad en su conjunto. En total, son 10 los recursos patrimoniales con sello andaluz inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, verdaderos tesoros a través de los cuales podemos descubrir lo mejor de Andalucía, una región con poderío y acento universal.

Centro Histórico de Córdoba

Romanos, musulmanes y cristianos. Tres civilizaciones, tres culturas y una sola ciudad. La riqueza patrimonial de Córdoba no se entendería sin la grandeza de su pasado, en el que el período califal ha sido el de mayor esplendor de toda historia. En aquel momento, el mundo entero hasta entonces conocido miraba hasta este rincón de la entonces Al-Ándalus, envidiando la rica urbe en que se convirtió, rivalizando con las legendarias Constantinopla o Damasco.

Interior de la Gran Mezquita de Córdoba

De los centenares de mezquitas que se construyeron, sin duda la Gran Mezquita era la más importante, aquella que llegó a ser la más grande del orbe solo por detrás de la de La Meca. Sobre ella, los cristianos erigieron su catedral, integrándola en sus cimientos y arquitectura y cautivando a la UNESCO en 1984, que incluyó el monumento en la Lista Patrimonio de la Humanidad, cegada por el bosque de 865 columnas de mármol, jaspe y granito que sostienen sus conocidos arcos de herradura.

Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba

Posteriormente, concretamente en 1994, la UNESCO decidió revisar la declaración de Patrimonio Mundial de la Mezquita-Catedral de Córdoba y ampliar la inscripción al Centro Histórico de la ciudad. La institución no se pudo resistir a la belleza de la herencia cristiana, con el Alcázar de los Reyes Cristianos como principal símbolo de este período junto con la propia construcción de la catedral renacentista sobre la mezquita. Del mismo modo, en Córdoba se conserva una de las juderías más importantes de España, entre otros secretos que no pueden faltar durante su visita.

Alhambra, Generalife y Albaicín de Granada

Junto con la Gran Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada es el otro gran tesoro que nos legó la cultura andalusí para la eternidad. Este conjunto de palacios y jardines desde los que se domina la vega granadina suele estar situado cada año en el primer o segundo puesto de los monumentos más visitados de España, rivalizando con la Sagrada Familia, en Barcelona. Si algo comparten también ambos conjuntos es que están declarados Patrimonio de la Humanidad. En concreto, la UNESCO, siguiendo la estela de los reyes, príncipes, poetas y artistas que se dejaron hechizar previamente por la magia de la Alhambra, decidió incluir el histórico entorno en su privilegiada Lista en 1984.

Panorámica de la Alhambra de Granada

El Generalife, la villa que los monarcas nazaríes se construyeron dentro de la propia Alhambra como lugar de descanso y recreo, en el que el susurro del agua de sus fuentes marcaba el paso de las horas y los días, también formó parte de la declaración de la UNESCO. Sin embargo, el organismo decidió revisar también el expediente, tal y como hizo con Córdoba, y extendió la distinción al Barrio del Albaicín en 1994. Se trata de uno de los núcleos de la Granada islámica, repleto de coquetos rincones en los que rememorar la historia pasada de la ciudad, visitando también espectaculares palacetes con los que imaginar el esplendor de aquella urbe que en 1492 vio tornar la media Luna por la cruz cristiana.

Catedral, Alcázar y Archivo de Indias de Sevilla

Que Sevilla tiene un color especial, es sabido por todos, pero que conserva tres tesoros con el sello de la UNESCO desde 1987, tampoco se nos olvida. En el corazón de la capital de Andalucía se alza un conjunto monumental sostenido por los pilares de la historia y conformado por tres portentosos recursos patrimoniales: la catedral metropolitana de la ciudad hispalense, los Reales Alcázares y el Archivo de Indias. Respecto de la Catedral de Santa María de la Sede, es la catedral de estilo gótico más grande de todo el mundo y la tercera más extensa de toda la Cristiandad. Su construcción comenzó a comienzos del siglo XV, levantándose sobre el espacio que dejó la primitiva mezquita. Precisamente, de este pasado conserva parte de la Giralda, concretamente 2/3 son del antiguo alminar almohade, así como el Patio de los Naranjos. En sus más de once mil metros cuadrados, espacios como la Capilla Real cobran también especial sentido.

Giralda y Puerta del Príncipe de la catedral de Sevilla

El Real Alcázar de Sevilla se encuentra situado junto a la catedral y también está amparado por la declaración de la UNESCO. Su origen se remonta al período de dominación musulmana de la ciudad, aunque los reyes castellanos no pudieron resistirse al encanto de sus edificios y jardines, por lo que quisieron dejar su propia huella. Elementos mudéjares, góticos, renacentistas y hasta barrocos se dan cita en su entorno, en el que la huella histórica de personajes como los Reyes Católicos, el Príncipe Juan de Castilla, el Emperador Carlos V y su esposas, Isabel de Portugal, y hasta algunos de los monarcas Borbones han residido en sus estancias. También los soberanos de Juego de Tronos, serie que utilizó parte de sus espacios como escenario. Recorrerlo es la mejor forma de descubrir sus secretos.

Jardines de los Reales Alcázares de Sevilla

Finalmente, el triángulo monumental declarado Patrimonio de la Humanidad de Sevilla se cierra con el Archivo General de Indias. Aunque fue fundado en el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, con la finalidad de centralizar toda la documentación relativa a las posesiones españoles de América, su historia no se entendería sin mencionar que Sevilla fue el puerto por el que pasaban todas las mercancías procedentes del Nuevo Mundo hasta 1717, en detrimento de la ciudad de Cádiz. Con este monumento, la memoria del pasado de España, como primera potencial mundial que un día fue, se hace presente.

Parque Nacional de Doñana

La Red de Parques Nacionales de España integra, como su propio nombre indica, todos los espacios naturales protegidos que cuenta con esta declaración de alcance estatal, en la que se trata de proteger los que son considerados los ejemplos más sobresalientes del patrimonio natural español. Entre ellos, se encuentra el Parque Nacional de Doñana. Mediterráneo y Atlántico, Europa y África, mar y tierra, los contrastes son la seña de identidad de este área natural, cuyos ecosistemas de marismas, lagunas y dunas están poblados por cientos de aves. Tal es la importancia de este entorno, que la UNESCO decidió incluirlo en 1994 la Lista Patrimonio de la Humanidad, protegiendo también así a las especies en peligro de extinción que cobija.

Comunidad de flamencos en el Parque Nacional de Doñana

Arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica

Andalucía comparte con Aragón, Castilla-La Mancha, Cataluña, Murcia y Valencia este bien Patrimonio Mundial desde 1998. Es un excepcional ejemplo que nos demuestra que la historia de la Península Ibérica se remonta a los primeros albores de la creación, habitada por los primeros homínidos que, a través de muestras artísticas, dejaron su huella para la posterioridad. El Arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica conforma el conjunto de arte rupestres más extenso del continente europeo. A través de las pinturas que se pueden observar por diversos puntos de las comunidades autónomas que hemos mencionado, podemos conocer cómo era la vida en un momento clave de la historia de la Humanidad: el comienzo de nuestra era geológica, entre el 10.000 y el 3.500 a. C.

Pintura rupestre de la Cueva de los Letreros. Fuente: Diputación Provincial de Almería

A pesar de que la declaración de la UNESCO incluye más de 750 sitios repartidos por diversas regiones del Levante español, los referidos a Andalucía se concentra en las provincias de Jaén, Granada y Almería. Cabe destacar, por ejemplo, los yacimiento de la Cueva de los Letreros, los Abrigos del Maimón o la Cueva Ambrosio. Y sobre la pregunta que muchos lectores se estarán haciendo en estos momentos, la respuesta es sí, muchos de estos espacios se pueden visitar. Contemplar a Indalo, el hombre que sostiene en sus manos el arcoíris y símbolo de Almería, es posible, en este caso en la citada Cueva de los Letreros.

Conjuntos renacentistas de Úbeda y Baeza

En 2003, la UNESCO amplió la Lista Patrimonio de la Humanidad gracias a la declaración de los “Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza”, siendo las últimas ciudades de España, ambas situadas en Jaén, que pueden presumir de ostentar esta importante distinción. Como su propia denominación indica, el arte del Renacimiento es el motivo que llevó a la UNESCO a elevar a este rango a ambos rincones de Andalucía. Toda la riqueza patrimonial que atesoran estas dos localidades afloró en el siglo XVI, en forma de fuentes, torres, iglesias, palacios o conventos. En Baeza, además, es posible encontrar también una catedral.

Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, en Úbeda. Fuente: Itinari

Monumentos como el Palacio de Jabalquinto, en Baeza, conservan todavía los minuciosos detalles de la arquitectura renacentista. Lo mismo ocurre con el Palacio de las Cadenas, sede del Ayuntamiento de Úbeda. Cuando se planifica un viaje a Jaén, no puede faltar una visita a estos dos municipios, aunque es posible que una excursión de un día se quede corta para poder visitar tanta riqueza, sin olvidar que también hay que reservar tiempo para disfrutar de la gastronomía local.

Dólmenes de Antequera

En palabras de la propia UNESCO, los dólmenes de Antequera son “uno de los conjuntos arquitectónicos más notables de la prehistoria en Europa y un ejemplo simpar del arte megalítico europeo”. Ubicados en la provincia de Málaga, este grupo de monumentos fueron incluidos en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en 2016. Se trata de una serie de estructuras funerarias del Neolítico y la Edad de Bronce que, al igual que ocurría con el arte rupestre que hemos comentado anteriormente, nos vienen a demostrar de nuevo que las tierras andaluzas están pobladas desde hace siglos, siendo pocos los pueblos que no han dejado su huella en ellas.

Panorámica del Torcal de Antequera. Fuente: Turismo Andalucía

El Tholos de El Romeral, el Dolmen de Menga y el Dolmen de Viera son los tres principales monumentos, aunque también forman parte de la declaración de la UNESCO dos parajes que ofrecen panorámicas excepcionales de todo el sitio: la Peña de los Enamorados y el Torcal de Antequera. Que todos estos tesoros hayan llegado hasta nuestros días y nos ayuden a entender cómo eran las sociedades que nos precedieron es todo un milagro, de ahí el valor excepcional para toda la Humanidad con el que cuentan.

Ciudad Califal de Medina Azahara

A 8 kilómetros de Córdoba se encuentra el Versalles que Abderramán III, primer califa omeya de Córdoba, ordenó construir en el siglo X. Medina Azahara es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España, fundamental para entender el estilo de vida de la realeza del califato cordobés que marcó un antes y un después en la historia de Al-Ándalus. El destino quiso que fuera el símbolo del renacer y el esplendor de Córdoba, pero también el testigo de su caída, pues fue arrasada completamente por los bereberes en 1010 en la guerra puso fin al Califato, al que prosiguieron los primeros reinos de Taifas. No llegó a permanecer ni un siglo en pie.

Detalle del Salón Rico de la Ciudad califal de Medina Azahara. Fuente: Turismo Córdoba

Después de permanecer en el olvido durante más de mil años, la que fue considerada en su momento como la ciudad más bella de Occidente comenzó a renacer en nuevo gracias a los trabajos arqueológicos y de restauración que se vienen llevando a cabo desde comienzos del siglo XX. Actualmente, es uno de los puntos turísticos más visitados de Andalucía. Paseando por ella, se puede imaginar contemplando sus restos cómo sería la vida en esta ciudad palatina repleta de lujosos y elegantes edificios, jardines, calzadas y todo tipo de elementos arquitectónicos con los que demostrar el poder del califato. Desde el año 2018, cuenta con la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de Andalucía

La salvaguardia del patrimonio intangible y la conservación de la creatividad permanente son dos de las bases sobre las que se asienta el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La UNESCO otorga este reconocimiento a aquellos recursos culturales de tipo inmaterial que merecen ser dignos de conservarse de manera más especial para que las generaciones venideras puedan disfrutar de ellos. En el caso de Andalucía, el Flamenco y la Fiesta de los Patios de Córdoba son las dos tradiciones o costumbres que gozan de esta declaración, aunque podría incluir también la Dieta Mediterránea, una distinción que España comparte con otros países de la cuenca del mar Mediterráneo y que en la comunidad andaluza se disfruta especialmente.

Flamenco

Andalucía tiene muchos monumentos para exteriorizar su poderío, pero, sin duda, el flamenco es su mejor embajador. El cante y el baile han superado las fronteras de la comunidad autónoma para conquistar el corazón de todo un planeta que se emociona con la que posiblemente sea la manifestación cultural más representativa e importante de esta región del sur de España. Tal es la importancia que hasta el propio Estatuto de Autonomía de Andalucía recoge que uno de los principios rectores de la comunidad es la conservación y puesta en valor del flamenco. En 2010, la UNESCO también se rindió a su ritmo y los incluyó en la Lista Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El flamenco es Patrimonio de la Humanidad desde 2010. Fuente: Agencia Andaluza de Instituciones Culturales

Fiesta de los Patios de Córdoba

Aunque la Fiesta de los Patios de Córdoba viene desarrollándose desde 1921, lo cierto es que el origen histórico en el que se asienta se remonta a los primeros pobladores de la ciudad, entre los que se encuentran los romanos o los musulmanes. El clima tan caluroso de esta ciudad andaluza obligaba a sus habitantes a construir sus casas en torno a un patio en el que la vegetación, una fuente o un pozo pudieran aportarles frescor y paz ante el calor que había fuera. En el casco histórico es donde se pueden encontrar los más impresionantes de todos, que durante la primera quincena de mayo exhiben sus mejores galas, en forma de tiestos con geranios de vivos colores para alzarse por el premio que ofrece el Ayuntamiento. Desde 2012, una fiesta que cuenta con la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Patio típico cordobés preparado para su fiesta del mes de mayo. Fuente: Turismo Córdoba

Andalucía se levanta cada día orgullosa de su pasado y lo muestra al mundo a través de su impresionante patrimonio. Los tesoros que cuentan con la protección de la UNESCO en base a su declaración como Patrimonio de la Humanidad son los mejores ejemplos de la riqueza artística, histórica, natural, cultural e inmaterial que atesoran las diferentes provincias que componen esta comunidad autónoma del sur de España. Una región con poderío y acento propio y universal en la que, sin ninguna duda, nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís descubriendo sus secretos y sin cansarnos nunca de recorrerla. Andalucía solo hay una, Andalucía lo tiene todo.

J.

Románico y literatura en Soria, la ciudad de la eterna estrofa del Duero

La España Vaciada es uno de los problemas sociales más importantes a los que debe hacer frente nuestro país en los próximos años. La despoblación de las regiones rurales, aquellas en las que el sector primario, el que precisamente satisface nuestras necesidades esenciales, es la principal base de su economía, ha provocado que ciudades como Soria hayan perdido relevancia en el mapa político y territorial español. Sin embargo, de lo que nunca estarán vacíos estos rincones es de arte, cultura, tradición e historia. En concreto, esta capital de provincia de Castilla y León es una de las protagonistas de esta España Vaciada que, también a través de su importante patrimonio cultural y natural, lucha por recuperar el lugar e interés del conjunto de la sociedad.

La herencia del arte románico es uno de los principales motivos que animan a los turistas a acercarse a Soria, aunque no es el único. De hecho, nadie se resiste al encanto y el aura mágico de esta ciudad castellana, en la que escritores, poetas y artistas dejaron su huella a través de sus versos, de sus leyendas o de las historias que narran los capiteles románicos de sus iglesias. Con la perpetua estrofa del río Duero como hilo musical de fondo, y el sempiterno guardián Saturio en lo alto de la peña para guiarnos, descubrimos a continuación todo lo que hay que ver en la ciudad de Soria, uno de los destinos culturales y naturales más fascinantes de España. ¿Te apuntas al recorrido?

Apuntes históricos de la ciudad de Soria

Antes de descubrir lo que tenemos que ver en Soria, hay que conocer la historia que se esconde detrás de cada uno de los adoquines de sus centenarias calles. Aunque cerca de la ciudad se encuentran vestigios de la Prehistoria, como las pinturas rupestres del Monte Valonsadero, o la histórica población celtíbera de Numancia, lo cierto es que son pocas las noticias que se tienen de la propia capital de provincia. Algo que muchos pasan por alto es que las primeras señas documentales que tenemos de Soria son de principios del siglo XII, cuando la naciente villa no era castellana, sino aragonesa. Alfonso I El Batallador, Rey de Aragón, fue quien conquistó la ciudad y se la arrebató a los musulmanes.

Estatuas de personajes históricos sorianos, con Alfonso VIII en primer plano. Fuente: Turismo Soria

En 1136, reinando Alfonso VII de León, Soria quedó ligada al Reino de León, pero pronto pasaría a manos castellanas. De hecho, el nacimiento de Alfonso VIII de Castilla, el de las Navas de Tolosa y fundador del Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, se cree que tuvo lugar en la misma ciudad cuya historia estamos descubriendo. Desde entonces, comenzó el crecimiento de Soria, reflejado en sus murallas o sus iglesias, que llegaron a contarse en 35 parroquias en tiempos de Alfonso X El Sabio, que también pasó por este rincón de Castilla y fue donde precisamente recibió la noticia de que podía convertirse en Emperador del Sacro Imperio.

La lana permitió que Soria creciera económicamente. La nobleza y las órdenes militares dejaron impronta su huella en esta ciudad castellana. Los primeros, a través de sus palacios de estilo renacentista, y los segundos en el patrimonio religioso, principalmente. Sin embargo, crisis como la expulsión de los judíos con el consiguiente éxodo de población o la pérdida de importancia política a partir del siglo XVI comenzaron a asentar el declive de Soria, confirmado en el siglo XIX. En este momento, solo los poetas y escritores se interesaron por su aura legendario, el cual todavía hoy, después de tantos siglos, mantiene intacto la tranquila y coqueta ciudad de Soria.

Qué ver en Soria

La historia de Soria que hemos resumido en las líneas anteriores se refleja en el rico patrimonio cultural que se puede contemplar paseando por sus calles. Posiblemente, el arte románico sea el principal motivo para visitar esta ciudad castellana, pudiendo encontrarlo reflejado en sus iglesias o claustros, aunque también el importante inventario de palacios renacentistas con los que cuenta. No hay que olvidar tampoco la presencia de poetas y escritores, cuya herencia literaria se hace presente en varios rincones del casco histórico soriano. Antonio Machado y Gustavo Adolfo Bécquer son dos de los principales embajadores de Soria, siendo los guías perfectos con los que recorrer el plano turístico de la mano de sus obras.

San Saturio y el río Duero

Sin duda, hablar de Soria es hablar del Duero y, por supuesto, de su eterno custodio: San Saturio. A este río han cantado poetas y escritores a lo largo de toda la historia, siendo fuente de vida para los sorianos y de inspiración para los artistas. Sus aguas han sido testigo, y seguirán siéndolo, de los acontecimientos históricos de esta capital de provincia castellana que, aunque desconocida para muchos, ofrece en su ribera uno de los paisajes más espectaculares que se pueden contemplar en España, especialmente al atardecer en los meses otoñales. Los altos y esbeltos chopos, cuyas hojas presentan tonalidades tan diferentes a lo largo de las diferentes estaciones del año, son también protagonistas de este entorno natural.

El reflejo de la Ermita de San Saturio en el río Duero. Fuente: Turismo Soria

En Soria, tal y como estamos comprobando, naturaleza y cultura caminan de la mano, y la máxima expresión se observa en la ribera del Duero. A pesar de la importancia del puente de piedra del siglo XII que cruza todo su cauce, de extremo a extremo o de los monasterios de San Polo y San Juan de Duero situados a lo largo de la orilla, la Ermita de San Saturio es la que se lleva la atención de todas las miradas. Situada en una de las peñas de la Sierra de Santa Ana en el mismo margen del río, está dedicada al patrón de la ciudad, cuya fiesta y romería tiene lugar cada 2 de octubre.

Frescos de la cúpula de la Ermita de San Saturio. Fuente: Turismo Castilla y León

Saturio de Numancia fue un anacoreta de época visigoda que, a pesar de pertenecer a una familia rica, se retiró a una cueva en la Sierra de Santa Ana, junto al Duero, para construir un oratorio en honor a San Miguel. Sobre él, hoy en día se levanta este santuario de estilo barroco y planta octogonal. En la iglesia, en la que se conservan parte de las reliquias del santo, hay que alzar la vista y contemplar los frescos de su cúpula, pues nos trasladan con su majestuosidad a los de la Capilla Sixtina. Todo en este espacio es rococó e invita a sufrir un stendhalazo. Desde las ventanas de las salas capitulares, las vistas de la ribera del Duero son igualmente magníficas.

Arte románico en la ciudad de Soria

Resumir el románico soriano en unos cuantos párrafos es ardua tarea, como consecuencia del importante legado artístico que atesora esta capital de provincia castellana y que nos daría para escribir varios y profundos artículos. Nadie que visite la ciudad durante un fin de semana puede irse sin haber contemplado las joyas románicas que se distribuyen a lo largo de su casco histórico. Soria llegó a contar hasta con 36 iglesias construidas bajo las trazas de este estilo artístico, aunque, desafortunadamente, no todas se han conservado, siendo muchas las que han desaparecido o sobre las que se han construido templos posteriores.

  • Iglesia de Santo Domingo

Anterior al templo que contemplamos hoy en día, existió otra iglesia románica, de la que solamente se conserva la torre cuadrada que sirve de campanario a la actual. Su fábrica data de finales del siglo XII, siendo su espectacular fachada una de las postales románicas más famosas de toda España. La ejecución de la Iglesia de Santo Domingo pudo deberse a Alfonso VIII de Castilla y su esposa, la Reina Leonor de Plantagenet. La portada de acceso a la iglesia es una auténtica Biblia en piedra de un gusto exquisito muy similar al románico francés, en cuyo tímpano se representa a Dios con su hijo en brazos y sobre ellos la paloma del Espíritu Santo, una iconografía muy poco usual. No hay que olvidar su maravilloso rosetón, que nos demuestra que no solo el gótico entendía de luz.

Fachada de la Iglesia de Santo Domingo, en Soria. Fuente: Twitter Castilla y León Románica
  • Iglesia de San Juan de Rabanera

Los paisanos de Rabanera del Campo fueron trasladados en el siglo XII a Soria para repoblar esta naciente ciudad castellana. A esto hay que unir que la iglesia dedicada a San Juan de Rabanera aparece documentada en el censo de parroquias de la época del Rey Alfonso X como una de las 35 iglesias de la villa. Es una de las joyas románicas de Soria que, aunque fue objeto de importantes reformas durante el período Barroco, conserva la esencia propia de su sencillez arquitectónica. No sobresale por sus importantes dimensiones, pero sí por los detalles que podemos contemplar en su portada románica. Desde el año 2000, cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural.

Iglesia de San Juan de Rabanera, joya románica en Soria. Fuente: Turismo Soria
  • Iglesia de Santa María la Mayor

Hogar de las alegrías y las penas de Antonio Machado. La Iglesia de Santa María la Mayor se levanta sobre un primitivo templo románico dedicado a San Gil, cuya arquitectura todavía hoy se puede apreciar en este monumento en el que el poeta de origen sevillano contrajo matrimonio el 30 de julio de 1909 con Leonor Izquierdo. Tres años más tarde, el mismo templo vería entrar por su portada románica su féretro para celebrar su funeral, al fallecer de tuberculosis el 1 de agosto de 1912. Tras este terrible suceso, Machado abandonó Soria, aunque su recuerdo pervive en el ambiente de sus calles, en sus versos y, como no, también en la escultura de bronce de su querida esposa que se encuentra junto a la misma Iglesia de Santa María la Mayor.

Detalle de la escultura de Leonor Izquierdo junto a la portada románica de Santa María la Mayor. Fuente: Turismo Soria
  • Claustro de la Concatedral de San Pedro

Cuando hablamos de románico, no podemos dejar pasar la importancia que los claustros alcanzaron también en este período artístico de la historia. En Soria, uno de los que todavía perviven, aunque son muchas las voces que solicitan la restauración del mismo para frenar su drástico deterioro, es el de la Concatedral de San Pedro. Está declarado por sí mismo Monumento Nacional desde 1929 y su estilo recuerda al del Monasterio de Silos. Aunque únicamente conserva tres de las cuatro galerías que tenía en su origen, es suficiente para contemplar cómo se labraron las piedras areniscas que dan forma a pasajes bíblicos, motivos vegetales o animales a lo largo de sus diferentes capitales. Su acceso se puede hacer desde el interior del templo, cuya visita también merece la pena y sorprende a quienes la realizan.

Detalle de los capiteles del claustro de la concatedral de Soria. Fuente: Turismo Soria

La herencia de Templarios y Hospitalarios

Los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, más conocidos como Templarios, son posiblemente los visitantes más legendarios de la ciudad de Soria. Hay constancia de que no solo pasaron por la ciudad, sino que llegaron a establecer en ella edificios que todavía hoy conservamos y que atraen la atención de los turistas. Sin embargo, el ambiente caballeresco de la ciudad no se limita a ellos, pues también fue destacada la presencia de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, a quienes debemos la construcción del Monasterio de San Juan de Duero. Además, los caballeros de las órdenes de Calatrava, San Lázaro de Jerusalén o Santa Cristina de Somport también mantuvieron encomiendas en Soria, aunque hoy en día apenas se conserva patrimonio a ellas ligado.

Monasterio de San Polo

En el margen izquierdo del Duero, los Caballeros Templarios establecieron una encomienda con la que defender la entrada a la ciudad de Soria. El origen del Monasterio de San Polo se encuentra en el siglo XII, y los estilos románico y gótico son los protagonistas de su arquitectura. De lo que un día fue, apenas queda nada, aunque sí el eterno recuerdo a sus primitivos moradores, los Templarios. Tras la disolución de la orden en 1312, esta propiedad pasó a manos de la nobleza, continuando todavía hoy, siglos después, en manos privadas.

Pasadizo abovedado del Monasterio de San Polo. Fuente: Guía de Soria

Los Templarios se establecieron en el Monasterio de San Polo, pero también fueron custodios de la Ermita de San Saturio, por entonces dedicada a San Miguel, uno de sus santos patrones. La leyenda que siempre ha perseguido a estos caballeros sigue presenten en el monumento soriano que pervive en el margen del Duero, declarado Bien de Interés Cultural y en el que Gustavo Adolfo Bécquer situó las leyendas “El Rayo de la Luna” y “El Monte de las Ánimas”.

Monasterio de San Juan de Duero

También en el margen izquierdo del río Duero, encontramos otro de los monumentos más importantes de Soria. Hablamos en este caso del Monasterio de San Juan de Duero, o lo que queda de él. Fue construido por la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, sobre una antigua iglesia de estilo románico. Haciendo uso de este mismo estilo, levantaron el resto del complejo del que, actualmente, solo conservamos el maravilloso claustro y parte del templo, en el que también Gustavo Adolfo Bécquer situó alguna de sus misteriosas y románticas leyendas.

Claustro románico de San Juan de Duero. Fuente: Diego Delso – Wikimedia

El claustro del Monasterio de San Juan de Duero es uno de los tesoros románicos más importantes de España. La belleza de sus trazas es única en toda Europa, con una importante variedad en el estilo de sus arcos, que gozan de un excelente estado de conservación, pudiendo observar desde los que se asemejan a los de herradura, los apuntados que se entremezclan entre ellos hasta los puramente románicos, aunque con ciertas influencias bizantinas o árabes. Por su parte, sus capitales han sufrido más el paso del tiempo, siendo escasos los que conservan su iconografía.

La Soria palaciega, reflejo de sus linajes

Pervive en Soria una de las instituciones nobiliarias más antiguas de España: los Doce Linajes. Las familias de la oligarquía soriana se agruparon en torno a esta organización cuya imagen responde a una rueda en la que se reflejan las armas de cada una de las casas, rodeando a un caballero a caballo que muchos identifican con Alfonso VIII. No es de extrañar que sea precisamente su escudo de esta época, ya que parece que se inspire en la mesa redonda de las leyendas artúricas propias del reino paterno de la Reina Leonor de Platagenet. A pesar de ello, el origen histórico de los Doce Linajes de Soria es difuso y continúa estudiándose.

Casa de los Doce Linajes, actual Ayuntamiento de Soria. Fuente: Soria está de moda

La grandeza de la nobleza local soriana, cuyo mayor período de esplendor se vivió entre los siglo XVI y XVII, no solo se reflejó en su economía, sino también en el arte y la arquitectura. Son muchos los palacios, especialmente de estilo renacentista, que se pueden encontrar paseando por el casco histórico. El Palacio de los San Clemente, el de Don Diego Solier, el de los Ríos y Salcedo (de un estilo plateresco exquisito y sede del Archivo Histórico Provincial) o el Palacio del Marqués de Alcántara, uno de los últimos que se construyeron en Soria y de clara influencia Barroca. Sin embargo, de quedarnos con uno, sin duda con el de los Condes de Gómara.

Palacio de los Condes de Gómara

El Palacio de los Condes de Gómara es el ejemplo más representativo de la arquitectura renacentista civil soriana. Fue levantado en el siglo XVI, concretamente entre 1577 y 1592, por la familia de los Ríos y Salcedo, que ya tenían otra casa señorial en la ciudad de Soria, la cual todavía se conserva. Cuenta la leyenda que las dimensiones del Palacio de los Condes de Gómara iban a ser mucho más espectaculares de las que ya presenta, pero Felipe II impidió que se ejecutase el proyecto para no eclipsar a su magna obra de El Escorial.

Palacio de los Condes de Gómara, actual Palacio de Justicia. Fuente: Turismo Soria

El Palacio de los Condes de Gómara, que actualmente es la sede del Palacio de Justicia de la ciudad, se organiza alrededor de un patio central, aunque lo más impresionante es su magnífica galería exterior, que protagoniza su fachada: 12 ventanales en la parte baja y 24 arcos en el piso superior, y una torre cuadrada en uno de sus extremos. Sin duda, impresionante.

Soria no es solo un canto al Duero, sino también a la historia, el arte, la arquitectura y la tradición, una ciudad en la que el patrimonio narra su devenir social y que puede convertirse en el impulso con el que volver a situarse en el mapa político y territorial de España. El románico, la belleza de sus paisajes naturales, el eterno magnetismo de San Saturio y los ecos de Machado o de Bécquer acompañan a todos los visitantes que se decantan por esta capital de provincia de Castilla y León que, sin lugar a dudas, les hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís con ganas de repetir y volver.

J.

El Monasterio de El Paular, más de 630 años de historia de la primera cartuja fundada en Castilla

En 1194, Alfonso II de Aragón fundó la Cartuja de Scala Dei, en plena comarca tarraconense del Priorat. Con ella, se inició la historia de la Orden de los Cartujos en los reinos españoles, que llegaron a contar hasta con 21 monasterios repartidos por toda la geografía de la actual España. La sexta fundación tuvo lugar en el Valle del Lozoya, en plena Sierra de Guadarrama, a medio camino entre Madrid y Segovia. Concretamente, hablamos del Real Monasterio de Santa María de El Paular, constituido como tal por orden de Enrique II de Castilla a finales del siglo XIV y que se convirtió en la primera cartuja de la Corona de Castilla. Después de más de 630 años de historia, continúa en activo, pero por vicisitudes del destino está regentado por monjes benedictinos.

Vista exterior del Monasterio de El Paular

El Monasterio de El Paular es uno de los grandes secretos que se esconden en el norte de la Comunidad de Madrid. Aunque son muchos los turistas que acuden hasta la Sierra de Guadarrama en busca de la nieve, salvajes y bellos paisajes, contemplar la singularidad de su flora, fauna o geología, disfrutar de sus espectaculares ecosistemas o practicar deportes al aire libre, este cenobio fundado en 1390 es otro gran motivo para planear una escapada a este maravilloso entorno natural. Más de 630 años de riqueza espiritual, histórico-artística, cultural y natural avalan la grandeza de El Paular, cuyas estancias interiores nos trasladan a épocas pasadas, ayudándonos con ello a repasar los diversos estilos artísticos que se han desarrollado a lo largo de la historia. ¿Te vienes a descubrir los principales secretos de la primera cartuja que se fundó en Castilla?

Historia del Monasterio de El Paular

El propio nombre del Real Monasterio de Santa María de El Paular nos indica el origen de este cenobio situado a 2 kilómetros de la localidad madrileña de Rascafría. Por orden testamentaria de Enrique II de Castilla, el primer monarca de la Casa de Trastámara, fue promovida la construcción de este importante e histórico complejo. Su hijo y sucesor, Juan I de Castilla, colocó la primera piedra de esta fundación monástica real el 29 de agosto de 1390, en el mismo lugar en el que su padre le había ordenado: junto a una ermita dedicada a la Virgen de El Paular, que todavía pervive pero ha sido rebautizada como de Nuestra Señora de Montserrat, y sobre el pabellón de caza utilizado desde tiempos de Alfonso XI.

Banda de Castilla en la reja de la iglesia del Monasterio de El Paular

Sin embargo, Juan I tampoco vería iniciadas las obras, ya que falleció el mismo año en que se colocó la primera piedra. La construcción del Monasterio de El Paular ha pasado por diversas fases constructivas, lo que ha permitido que los arquitectos que han ido interviniendo, así como los estilos artísticos predominantes en cada momento, hayan dotado al monumento de una considerable riqueza cultural. Entre 1390-1454, coincidiendo con los reinados de Enrique III y Juan II, se levantó el claustro de padres, la primera iglesia monacal, el refectorio, el claustro de legos y un palacio que ordenó construir el primero de los reyes mencionado, el conocido como Palacio de los Trastámara que la cadena Sheraton convirtió en hotel. El gótico fue abriéndose paso en el Valle del Lozoya, con influencias también del mudéjar, gracias a la intervención del maestro segoviano Abderramán.

Claustro Mayor o de Padres del Monasterio de El Paular

Aunque durante el reinado de Enrique IV las obras continuaron, a diferencia de la Cartuja de Miraflores (Burgos), una fundación de su padre Juan II que prácticamente abandonó y tuvo que ser finalizada por su hermana, la Reina Isabel La Católica, los Reyes Católicos fueron los monarcas que dieron el impulso definitivo al Monasterio de El Paular. Construyeron el actual claustro principal de monjes, elevaron la altura de la iglesia o sustituyeron el artesonado por bóvedas de crucería, entre otras actuaciones que contaron con la participación de Juan Guas, arquitecto personal de los monarcas y uno de los grandes del gótico isabelino.

El esplendor del Monasterio de El Paular

Los Reyes Católicos fueron los últimos monarcas que emprendieron reformas personales en el Monasterio de El Paular, aunque la construcción del cenobio continuó. Durante el Renacimiento, Rodrigo Gil de Hontañón, natural de Rascafría y maestro en las catedrales de Segovia y Salamanca, diseñó la portada de acceso al cenobio. Se estaba gestando uno de los mayores complejos monacales de Las Españas, cuya riqueza económica supo reflejar en su arquitectura y tesoros interiores, siendo de esta época también su imponente retablo mayor. De hecho, era tal su poder que llegaron a costear la fundación de la Cartuja de Granada.

Detalle del Sagrario o Transparente barroco del Monasterio de El Paular

El Barroco es otro de los momentos de mayor esplendor del Monasterio de Santa María de El Paular. Durante este período, se construyó la Capilla del Sagrario, de planta octogonal situada detrás de la cabecera de la iglesia y uno de los ejemplos barrocos más impresionantes de los conservados en España. De este período, también es el encargo que se hizo por la comunidad cartuja al pintor Vicente Carducho: 56 grandes cuadros para decorar cada uno de los huecos del claustro principal en los que 54 de ellos se narrase la vida de San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos, uno sobre el escudo de la Orden y el restante dedicado a Felipe IV. Conocida la obra en su conjunto como “Serie Cartujana”, tardó seis años en realizarla, en su taller de la Calle Atocha, siendo un conjunto pictórico único en todo el mundo.

Desamortización y llegada de los benedictinos

La Guerra de Independencia de principios del siglo XIX hizo estragos en El Paular, aunque fue la Desamortización de Mendizábal de 1836 lo que acabó con la vida monástica. El monasterio fue vendido por el Estado, pasando a ser una propiedad privada, que trajo consigo el abandono y el expolio de obras de arte. Muchas de ellas pasaron a engrosar el inventario del entonces Museo Nacional de Pintura y Escultura, actual Museo del Prado, destacando también que la sillería de legos se trasladó a San Francisco el Grande en Madrid, aunque recuperada en 2003. Debido a la lamentable situación en la que se encontraba el histórico recinto, el Estado recuperó la propiedad y en 1876 lo declaró Monumento Nacional.

Detalle de la sillería de legos, en la iglesia del Monasterio de El Paular

A finales del siglo XX, el Monasterio de El Paular se convirtió en un lugar de encuentro de intelectuales y estudiosos, que decidían alojarse en las antiguas celdas de los cartujos y disfrutar de la paz de sus claustros y de la armonía de la naturaleza que rodea el edificio. Ramón Menéndez Pidal, Francisco Giner de los Ríos o María Goyri son algunas de las personalidades que pasaron por él. Por su parte, en 1918 se creó en el monasterio una Residencia de Paisajistas, hasta que el 20 de marzo de 1954 un grupo de monjes benedictinos llegados de La Rioja vuelven a tomar las riendas de la vida monástica de El Paular, un monumento que, fruto de las importantes restauraciones que se han llevado a cabo y que continúan realizándose, ha tratado de recuperar el esplendor que le caracterizó tiempo ha.

Qué ver en el Monasterio de El Paular

Es fundamental narrar la historia que se esconde detrás del Real Monasterio de Santa María de El Paular para conocer el por qué de cada una de sus piedras, obras artísticas y tesoros. Actualmente, la visita consta de dos partes: en primer lugar se lleva a cabo un recorrido libre por el Claustro de Legos, donde hay expuestos varios paneles ilustrativos con la historia del monasterio y su proceso de restauración, para posteriormente continuar por el Claustro Mayor, para contemplar las obras de Vicente Carducho, y adentrarse también en la Sala Museística, creada en antiguas celdas habilitadas para tal efecto que combinan arte contemporáneo con la explicación de la función monástica de scriptorium.

Portada de estilo gótico isabelino de acceso a la iglesia monacal

Tras la visita autoguiada por las estancias mencionadas, a la hora indicada comienza el recorrido guiado desde la iglesia por las salas más nobles del interior del monasterio, realizada por uno de los propios monjes de la comunidad benedictina, que van explicando la historia y las curiosidades de los lugares que se visitan. A continuación, vamos a descubrir algunos de estos espacios, los más destacados e importantes de entre todos los que se visitan in situ.

Claustro Mayor o de los Padres

Como hemos comentado, la visita al Claustro Mayor o de los Padres se realiza libremente. Además de ser uno de los espacios arquitectónicos más destacados de todo el conjunto monacal de El Paular, es uno de los puntos de peregrinación de los amantes del arte. Después de la Desamortización del siglo XIX, las pinturas de Vicente Carducho que se exponían primitivamente en este espacio se dispersaron por diversos puntos de España, pasando a ser propiedad del Museo del Prado. Durante la Guerra Civil, dos de ellas se quemaron y se perdieron en el Museo de Tortosa. Tras la rehabilitación del claustro, acondicionándolo para acoger de nuevo los cuadros, que también han sido restaurados, en 2011 la serie volvió a estar unida y expuesto en su lugar de origen.

La Serie Cartujana de Vicente Carducho en el Claustro Mayor de El Paular

Sin duda, el Monasterio de El Paular es un ejemplo perfecto de recuperación patrimonial. Desde un punto de vista arquitectónico, se ha conseguido mantener y rehabilitar un monumento con más de 630 años de historia, y en lo que al espectro artístico se refiere, ha recuperado parte de los tesoros que perdió durante el período desamortizador, con las 52 obras de Vicente Carducho como máximo exponente. De este modo, sus tesoros vuelven a tener el significado, sentido y la razón para la que fueron creados, mientras su conservación está plenamente garantizada.

Iglesia monacal

La iglesia del Monasterio de Santa María de El Paular es uno de los grandes espacios del recinto. Tras cruzar la reja, coronada con las armas de Castilla, y contemplar los sillares de madera, se llega hasta el altar mayor, presidido por una de las principales joyas artísticas del cenobio: su imponente retablo. Ejecutado en alabastro, fue escupido a finales del siglo XV y está dedicado a la titular, Santa María de El Paular, situada en el primer banco rodeada de ángeles. Se desconoce su autoría, pero seguramente procede de la Escuela Burgalesa, del entorno de Simón de Colonia, Gil de Siloé o Felipe Bigarny, este último precisamente autor del retablo de la Capilla Real de Granada.

Retablo mayor de la iglesia del Monasterio de El Paular

No hay que perder de vista tampoco las bóvedas de la iglesia monacal. Tras el terremoto de Lisboa, acaecido el 1 de noviembre de 1755, el templo se vio afectado con grietas y desperfectos, por lo que se llevó a cabo una reforma en el mismo, aumentado su altura con la incorporación de la actual bóveda de estilo barroco, el predominante en la época. Rodean la iglesia la Sala Capitular, con una buena talla de la Inmaculada Concepción de Escuela Andaluza, la Capilla de los Apóstoles, también de estilo barroco, y la Capilla del Sagrario, uno de los secretos mejor guardados del monasterio.

Capilla del Sagrario

Aunque muchos acuden hasta el Monasterio de El Paular en busca de las obras de Vicente Carducho, lo cierto es que la magnificencia y el rococó de la Capilla del Sagrario situada detrás del altar mayor de la iglesia monacal es el verdadero secreto de todo el recinto. Nada más entrar, es imposible no sufrir un stendhalazo, sin saber hacia dónde dirigir la mirada o dónde situarse para poder contemplar todo el arte que se presenta ante nuestra vista. Sobre la influencia andaluza del espacio, la explicación se encuentra en que los monjes cartujos de El Paular quedaron tan impresionados con el sagrario de la Cartuja de Granada, que quisieron contar con uno similar en la casa madre del Valle del Lozoya, encargándoselo a su propio autor, Francisco Hurtado Izquierdo.

Detalle del exuberante estilo barroco del Sagrario de El Paular

Si la Capilla del Sagrario impresiona actualmente, antes del siglo XIX tuvo que ser todavía más impresionante. En el monumento de más de 15 metros de altura se encontraba una impresionante custodia de oro, la cual fue expoliada por los franceses, al igual que otras joyas de este espacio. Por su parte, las pinturas al fresco de la bóveda, como consecuencia de la humedad, se han perdido también. Además, de ella colgaba una araña de cristal procedente de la Real Fábrica de La Granja de San Ildefonso, hoy en el antiguo ayuntamiento de Madrid, situado en la Plaza de la Villa.

Sacristía

Una vez que se han visitado las capillas barrocas que rodean la iglesia, la visita continúa hacia la sacristía. En ella destaca la sencillez, más aún después de haber contemplado estancias en las que el rococó era el protagonista absoluto. Piedra, cajoneras de madera y un crucificado renacentista de madera policromada, que, de acuerdo con la información facilitada por el propio monje benedictino que realiza las visitas guiadas, está atribuido al escultor Juan de Juni, cuyo taller estaba situado en Valladolid. Esta talla es utilizada por la comunidad para desarrollar sus cultos de Semana Santa.

Cristo del siglo XVI atribuido a Juan de Juni, en la sacristía del monasterio

Refectorio

Tras pasar por el Claustro de la Recordación, cuyos azulejos procedentes de Talavera de la Reina adornan sus zócalos desde el siglo XVIII, pudiendo encontrar azulejos también del XVII y el XVI por otras estancias del monasterio, se llega al refectorio, la última sala que se visita en el recorrido guiado por el Monasterio de El Paular. De estilo gótico, sobresale el púlpito mudéjar, el cual continúan utilizando cuando esta sala acoge eventos, y está presidida por un Calvario gótico sobre un fondo que representa la Jerusalén celestial, un añadido del siglo XVII. Del mismo modo, sobresale “La Última Cena”, ejecutada en 1634 por Eugenio Orozco y que es una copia de la misma que Tiziano realizó para el Monasterio de El Escorial.

Vista del púlpito mudéjar, el Calvario y La última Cena del refectorio de El Paular

Una vez que el visitante abandona el Real Monasterio de El Paular, es consciente verdaderamente de que ha tenido el privilegio de acceder a un rincón de la historia de España. Cada una de las piedras de la que fue la primera cartuja fundada en la Corona de Castilla van narrando sus 630 años de vida. La contemplación de obras de arte e impresionante arquitectura, el encuentro con la biografía de los reyes Trastámara que dejaron aquí su huella inmortal y el disfrute de un entorno natural que destaca por su belleza y singularidad te esperan en Rascafría, en el Valle del Lozoya situado en la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama. Sin duda, el Monasterio de Santa María de El Paular te hará sentir un auténtico #turistaenmipaís.

J.

Las 10 mejores obras de Gregorio Fernández en Valladolid: un recorrido por sus museos e iglesias

El Barroco español adquirió una deuda eterna con Gregorio Fernández. Este genio de origen gallego es uno de los mayores escultores de la Historia del Arte. Su creatividad, su imaginación, sus manos o su técnica han dejado una importante huella en diversos rincones del país, ya que la realeza, la nobleza y, por supuesto, la Iglesia reclamaron su talento para adornar retablos, capillas, hornacinas y altares. Sin embargo, de todas las ciudades españolas que cuentan con ejemplos de este maestro de la escultura, Valladolid es la que aglutina la mayor parte de su majestuosa obra.

Gregorio Fernández llegó a la ciudad del Pisuerga en 1600, con tan solo 24 años. Entró a trabajar en el taller de Francisco del Rincón, otra de las grandes figuras de la imaginería castellana al que se le debe obras como el maravilloso Cristo de los Carboneros, custodiado en la vallisoletana Iglesia Penitencial de Las Angustias. Sin embargo, el gallego pronto abrió su propio taller y el pupilo superó al tutor, hasta el punto de llegar a instruir al hijo de del Rincón. Valladolid acogió a Gregorio Fernández y allí desarrolló su carrera hasta el fin de sus días, concretamente el 22 de enero de 1636 en que se escuchó el último latido de su corazón.

Retrato de Gregorio Fernández, ca. 1630. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Representaciones de la Piedad, crucificados, yacentes, santos o Inmaculadas conforman el inventario escultórico de Gregorio Fernández. No obstante, los pasos procesionales son los que más interés suscitan entre quienes los contemplan, sobre todo porque la mayoría mantiene la función que motivaron su creación: dar testimonio de fe en las calles de Valladolid. Mucho debe su Semana Santa a Gregorio Fernández, ya que su obra ha permitido, en gran medida, que sea una de las más importantes de España, estando declarada de Interés Turísticos Internacional. Sin embargo, desde las iglesias hasta el Museo Nacional de Escultura, la herencia de este genio de la imaginería religiosa se puede contemplar durante todo el año en Valladolid. ¿Te vienes a descubrir sus 10 mejores obras en la ciudad?

Iglesia Penitencial de la Vera Cruz

El Señor Atado a la Columna (1619)

En 1619, la Cofradía de la Santa Vera Cruz encarga a Gregorio Fernández la que hoy en día está considerada como una de sus creaciones más sobresalientes: el Señor Atado a la Columna. De hecho, se llega a apuntar que esta escultura de madera policromada es una de las piezas más espectaculares de toda la imaginería española en su conjunto. El escultor gallego creó un prototipo que sería repetido posteriormente por él mismo y otros artistas del resto de España. El realismo con el que representa el sufrimiento de Cristo sobrecoge a devotos y turistas que contemplan todavía hoy esta impresionante talla en una de las capillas de la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, situada al final de la Calle Platerías de Valladolid.

El Señor Atado a la Columna en la Iglesia de la Vera Cruz

Durante la Semana Santa vallisoletana, el Señor Atado a la Columna de Gregorio Fernández participa en varias procesiones y celebraciones, siendo el momento en el que se puede contemplar en su máximo esplendor. Aunque la talla sigue siendo propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz, desde 1930 está cedida a la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús atado a la Columna para que le dé culto. En sus salidas por las calles de Valladolid, es posible apreciar los detalles que rodean esta magna obra, como las heridas de la espalda causadas por los azotes, conseguidas con un postizo de corcho. A pesar de que la efigie estaría rodeada en el momento de su creación por sayones y otras figuras, a día de hoy procesiona sola.

Detalle de la espalda del Señor Atado a la Columna, de Gregorio Fernández

El Descendimiento (1623)

Obra magna por excelencia de Gregorio Fernández y uno de los ejemplos más destacados de la escultura barroca en España, el paso de El Descendimiento es una joya del arte que nadie puede perderse cuando se visita Valladolid. El conjunto se encuentra custodiado en la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, cuya cofradía, que lo encargó en 1623, es la propietaria del paso. No obstante, es alumbrado cada Semana Santa por la Cofradía del Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte, fundada en 1939.

Paso del Descendimiento durante la Procesión de Regla de la Santa Vera Cruz

La escena del Descendimiento puede presumir de ser la única de todo Valladolid que se sigue presentando de la misma forma en que dispuso Gregorio Fernández. Consta de 7 esculturas, con el eje central de Cristo muerto siendo descolgado de la cruz, cuyo expresivo rostro se consiguió con marcados detalles, como sus ojos entreabiertos de cristal. José de Arimatea y Nicodemus sujetan el cuerpo, mientras María Magdalena, Juan Evangelista y la Virgen María contemplan la escena al pie de la cruz. El séptimo personaje es un sayón, caracterizado con facciones más rudas para diferenciarlo del resto de personajes. Sin duda, una gran muestra con la que dar testimonio de fe por las calles de Valladolid y con la que cautivarse por el realismo que transmite

La Dolorosa de la Vera Cruz (1623)

Dentro del conjunto procesional de El Descendimiento, la talla de la Virgen María a los pies de la Cruz suscitó una importante devoción entre los vecinos de la ciudad de Valladolid. Es por ello que, en 1757, se decidió separar la imagen que había tallado el propio Gregorio Fernández en 1623 para configurarla como un paso independiente de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, el cual cerraba sus desfiles procesionales, como así continúa haciendo siglos después. Pedro Sedano fue el encargado de llevar a cabo la réplica de la Dolorosa de la Vera Cruz para que el paso del Descendimiento no quedase desnudo sin la presencia de la Virgen al pie del madero

Dolorosa de la Vera Cruz en su paso procesional

La Dolorosa de la Vera Cruz, siendo esta la advocación que se le dio desde mediados del siglo XVIII, fue entronizada en la hornacina del retablo mayor de la Iglesia Penitencial de la Vera Cruz, relevando al Cristo del Humilladero, su primitivo ocupante. Es allí donde se puede contemplar la que muchos consideran otra de las grandes obras maestras de Gregorio Fernández, por la expresividad y majestuosidad con la que talló esta imagen devocional. En 2023, la Dolorosa, cuya devoción en Valladolid continúa hoy siendo muy destacada, será coronada canónicamente, coincidiendo con el IV Centenario de su hechura.

Convento de Santa Teresa

Inmaculada Concepción (1623)

En Andalucía, la representación de la Inmaculada Concepción estaba muy extendida. Sin embargo, Gregorio Fernández se quiso sumar al movimiento y crear su propio modelo para la Escuela Castellana, el cual repitió en innumerables ocasiones, así como también sus discípulos y seguidores. Son muchas las tallas que realizó de la Purísima, estando repartidas por diversos rincones del norte y centro de la geografía española, tanto de forma independiente como integradas en retablos. Sin embargo, la del vallisoletano Convento de la Concepción o Santa Teresa es una de las más majestuosas y perfectas de todas las que salieron del taller de Gregorio Fernández. Fue ejecutada en 1623 y preside el retablo mayor de la iglesia, estando complementada con corona y resplandor o aureola dorada rodeando su cuerpo.

Inmaculada Concepción del Convento de Santa Teresa. Fuente: DOMVS PVCELAE

El prototipo de Inmaculada Concepción de Gregorio Fernández rompe completamente con el modelo andaluz, presentando una imagen mucho más simbólico e idílica que natural. El escultor gallego nos presenta una Virgen en su etapa adolescente que aún no ha llegado a la edad adulta, de cabellos largos y sueltos, con raya en medio. Sus facciones jóvenes transmiten dulzura, al igual que su mirada inocente, mientras que sus manos quedan juntas al pecho en señal de oración. La túnica o manto suele ser de tonos vivos y azulados, color que representa el dogma de la Purísima. La base es lo que más varía, decantándose por la media Luna en algunas ocasiones, o por un trío de ángeles en otra.

Museo Nacional de Escultura

Paso de La Sexta Angustia o La Piedad (1616)

En 1616, la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias encargó a Gregorio Fernández un paso que representase el Descendimiento de Cristo, que acabó siendo el conjunto de La Sexta Angustia. Fue uno de los conjuntos procesionales más monumentales de la historia de la Semana Santa de Valladolid, estando compuesto por cinco esculturas: los dos ladrones (Dimas y Gestas), La Piedad, San Juan Evangelista y María Magdalena. Salvo estas dos últimas tallas, que todavía pertenecen al patrimonio de la Cofradía mencionada, las restantes fueron incautadas en 1842 para ser depositadas en el actual Museo Nacional de Escultura, donde presiden la sala dedicada a su escultor. En 1924, salió el conjunto al completo en procesión por última vez.

La Sexta Angustia o La Piedad, acompañada de Dimas y Gestas

El paso de La Sexta Angustia se encontraba ubicado en la capilla situada enfrente de la dedicada a la Virgen de las Angustias en la Iglesia Penitencial de la misma Cofradía. La Virgen María se encuentra al pie de la cruz, sosteniendo en brazos el cuerpo de su hijo muerto, que reposa sobre una estructura rocosa, con un naturalismo exuberante. Con esta obra, Gregorio Fernández marcó el inicio de su prototipo de La Piedad, repetido posteriormente, tanto por él como por sus seguidores, de tal forma que es posible encontrar tallas muy similares a esta en diversos puntos tanto de dentro como de fuera de Castilla y León.

San Juan y María Magdalena en la Procesión de Regla de Las Angustias. Fuente: Javier Baladrón

Como curiosidad sobre este paso, Gregorio Fernández representó la cara del Duque de Lerma en Dimas, el buen ladrón, ya que el noble no le pagaba una deuda. Las imágenes de San Juan Evangelista y María Magdalena se encuentran a ambos lados del camarín de la Virgen de las Angustias, y cada Semana Santa participan en la Procesión de Regla de la Cofradía junto a la cruz desnuda y dos copias de los ladrones que se conservan en el Museo Nacional de Escultura, las cuales son propiedad de la Cofradía de las Siete Palabras, cedidas para el efecto. Los vallisoletanos esperan poder volver a contemplar a La Piedad en su conjunto alguna vez en la calle de nuevo.

Santa Teresa de Jesús (ca. 1625)

A Gregorio Fernández también se le debe la imagen de Santa Teresa de Jesús que hoy en día todos tenemos en mente cuando pensamos en ella. Esta monja nacida en Ávila y fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos fue también mística y escritora, habiendo sido proclamada Doctora de la Iglesia y Patrona de España. En 1614, fue beatificada por el Papa Pablo V, produciéndose su canonización tan solo ocho años más tarde, junto a otros santos españoles. Cuando fue elevada a tal dignidad, las representaciones escultóricas de Santa Teresa de Jesús comenzaron a proliferar y ocupar altares y hornacinas en diversas iglesias españolas.

Talla de Santa Teresa de Jesús. Fuente: Museo Nacional de Escultura

La talla que fue encargada por fray Juan de Orbea, del Convento del Carmen Calzado de Valladolid, al maestro Gregorio Fernández, del que era amigo, marcaría el modelo con el que se representaría a Santa Teresa de Jesús: como una escritora, con su pluma y libro, que recibe inspiración divina. Fue repetido por el propio genio y otros artistas desde entonces. El cenobio carmelita en el que se ubicaba la talla es hoy parte del patrimonio desaparecido de Valladolid, destacando que en él fue enterrado el propio Gregorio Fernández, cuyos restos se perdieron durante el derribo en el siglo XX. Santa Teresa de Jesús, por su parte, se expone hoy en el Museo Nacional de Escultura.

El Bautismo de Cristo (1624-1629)

Muchos historiadores del arte han considerado, y lo siguen haciendo, que el Bautismo de Cristo es una de las obras más sublimes que ejecutó Gregorio Fernández, a pesar de que no llegue a ser tan conocida como sí lo son sus pasos procesionales. Se trata de un relieve policromado que realizó para el Convento de Nuestra Señora del Consuelo de Carmelitas Descalzos, actual Santuario del Carmen Extramuros, en su etapa de madurez, concretamente entre 1624-1629. El encargo, realizado Antonio de Camporredondo y Río, Caballero de la Orden de Santiago, tenía la finalidad de ocupar el cuerpo del retablo de la Capilla de San Juan Bautista, que continúa en poder del Santuario. Por su parte, la desamortización afectó a la escena principal, exhibida hoy en día en el Museo Nacional de Escultura.

Detalle del relieve del Bautismo de Cristo. Fuente: Rubén Ojeda – Wikimedia

Tanto Cristo como Juan Bautista presentan una actitud natural, a la par que elegante, estando situados en un primer plano, compartiendo absoluto protagonismo, mientras que el paisaje del río Jordán aparece en segunda posición. El conjunto es una verdadera exaltación del bautismo, uno de los sacramentos más importantes de la Iglesia Católica, por lo que su factura está en consonancia con el espíritu de la Contrarreforma. Nadie que pase por el Museo Nacional de Escultura puede dejar de admirar esta fantástica obra de Gregorio Fernández.

Iglesia de San Martín

La Quinta Angustia (ca. 1627)

Dentro de la serie de La Piedad que realizó Gregorio Fernández, tampoco se puede pasar por alto la talla de La Quinta Angustia. A pesar de que hoy en día es una de las principales obras que protagonizan la Semana Santa de Valladolid, siendo la Cofradía de La Piedad, cuyo origen histórico se remonta al siglo XVI, la que se encarga de alumbrar este paso, no fue concebida como conjunto procesional, como así otros anteriores que hemos descubierto. Fue encargada por Francisco de Cárdenas como altorrelieve de un retablo de la Capilla de la Soledad, en el desaparecido Convento de San Francisco, en el centro de la ciudad.

Detalle de La Quinta Angustia, de Gregorio Fernández

Tras la demolición del citado convento, la talla de La Quinta Angustia pasó a la Iglesia de San Martín, en cuya Capilla de San Ildefonso recibe hoy en día culto. Desde 1927, forma parte de las procesiones de Valladolid, en gran parte como consecuencia que La Piedad o Sexta Angustia había dejado de procesionar, supliendo de este modo su hueco. Cabe destacar que esta obra ejecutada por Gregorio Fernández participó en el Vía Crucis de la JMJ Madrid 2011, presidido por el Papa Benedicto XVI, y en 2027 será coronada canónicamente, coincidiendo con los 400 años de su hechura.

Real Iglesia de San Miguel y San Julián

Cristo Yacente (1630)

Si por algo ha pasado a ocupar un lugar destacado en la Historia del Arte y en la imaginería religiosa Gregorio Fernández ha sido, precisamente, por el importante número de tallas que representan a Cristo Yacente que llegó a ejecutar. No era un tema novedosa entre las representaciones religiosas, pues ya otros escultores previos, como Gaspar Becerra, habían realizado espectaculares esculturas, pero el genio de origen gallego aportó y creó un nuevo prototipo. Dotó a los quince yacentes que se atribuyen a sus manos y que salieron de su taller de Valladolid de un realismo, patetismo y crudeza únicos e irrepetibles, dignos del barroco más profundo y auténtico.

Cristo Yacente de la Iglesia de San Miguel y San Julián. Fuente: Luis Fernández García – Wikimedia

De las diferentes tallas de Cristo Yacente que podemos encontrar repartidas por diferentes puntos de España, Valladolid es la ciudad que mayor número atesora. Sin embargo, el de la Real Iglesia de San Miguel y San Julián es considerado el más perfecto de toda la serie, incluso por encima del famoso Cristo del Pardo, en Madrid. El situado en el citado templo vallisoletano, fue ejecutado en torno a 1630, siendo el único que fue tallado íntegramente, de ahí que se cubra con un paño de pureza y repose sobre un sudario. Es portado en procesión durante Semana Santa, alumbrado por la Cofradía del Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte.

Capilla del Palacio de Santa Cruz

Cristo de la Luz (1630)

La perla de Gregorio Fernández“: así es como han llegado a definir los expertos en arte la magnífica escultura del Cristo de la Luz. Desde la década de los años cuarenta del siglo XX, la Hermandad Universitaria alumbra una de las obras maestras del escultor de origen gallego. La talla, de madera policromada, fue ejecutada en su etapa final, en torno a 1630. Se desconoce la fecha exacta porque son pocas las fuentes históricas que se conservan de su origen.

El Cristo de la Luz durante su procesión de Jueves Santo

El Cristo de la Luz fue encargado para el Monasterio de San Benito el Real, siendo colocado en la Capilla de los Daza. Sin embargo, se vio afectado por los procesos de desamortización eclesiástica, pasando a los fondos del actual Museo Nacional de Escultura. No obstante, se encuentra en depósito en la Universidad de Valladolid, estando expuesto en la Capilla del Palacio de Santa Cruz, donde recibe culto y desde donde “La Perla de Gregorio Fernández” parte en procesión a ritmo de gaita cada mañana de Jueves Santo. El coro universitario le dedica un “Gaudeamus igitur” durante el cortejo.

El recorrido que hemos planteado por diferentes iglesias de Valladolid, así como por su Museo Nacional de Escultura, permite descubrir las mejores obras de Gregorio Fernández, aunque son una mera muestra de la importante herencia que legó a la ciudad del Pisuerga y, especialmente, a sus cofradías penitenciales. Nuestros amigos de Arte en Valladolid y DMVS PVCELAE, con unos excelentes contenidos en sus respectivas webs, nos ayudan a conocer mucho más en profundidad el legado de Gregorio Fernández. Sin embargo, nada mejor que planificar una visita a Valladolid y contemplarlo en primera persona, un lugar al que siempre queremos volver porque nos hace sentir unos auténticos #turistaenmipaís, descubriendo siempre nuevos y apasionantes secretos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁNGELES GONZÁLEZ, M. (s. f.). Paso de La Sexta Angustia. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=5690&inventary=A28conjunto&table=FMUS&museum=MNEV

ÁNGELES GONZÁLEZ, M. (s. f.). Santa Teresa de Jesús. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=1934&inventary=CE0509&table=FMUS&museum=MNEV

HERNÁNDEZ REDONDO, J. I. (s. f.) Cristo de la Luz. Museo Nacional de Escultura. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MNEV&txtSimpleSearch=Cristo%20de%20la%20Luz&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simple&MuseumsSearch=MNEV|&MuseumsRolSearch=15&listaMuseos=[Museo%20Nacional%20de%20Escultura]

POLO HERRADOR, M. A. (s. f.). Bautismo de Cristo. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Recuperado de: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=1931&inventary=CE0504&table=FMUS&museum=MNEV

URREA FERNÁNDEZ, J. (1973). En torno a Gregorio Fernández. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA (39), pp. 245-260. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2701446.pdf

La historia de Catalina de Aragón, la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares

El divorcio entre Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón es uno de los hechos más trascendentales del siglo XVI por las importantes consecuencias que acarreó. La historia es caprichosa y quiso que la hija de los Reyes Católicos, abanderados y supremos defensores de la Cristiandad, fuera una de las protagonistas de este suceso, en el que no solo se disolvió un matrimonio, sino que provocó también la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica, fundando la suya propia con el monarca inglés a la cabeza.

La biografía de Catalina de Aragón comienza en Alcalá de Henares. Un frío 16 de diciembre de 1485, nació en el Palacio Arzobispal de esta ciudad madrileña declarada Patrimonio de la Humanidad la última hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Como las nieves que cubrían los campos castellanos en aquel tiempo, su tez era blanca y sus cabellos rubios. Sus facciones, que recordaban a las de la Reina Catalina de Lancaster, ancestro inglés de la infanta española, junto con el nombre que escogieron para ella sus padres, parece que predijeron el futuro que le esperaba.

Estatua de Catalina de Aragón en Alcalá de Henares. Fuente: Wikimedia

Reina de todas las Reinas y modelo de majestad femenina”, como así llegó a describirla William Shakespeare, la vida de Catalina de Aragón está marcada por los contraste dignos de un personaje de novela: luces y sombras, alegrías y penas, poder y destierro. Una princesa y reina del pueblo muy querida y admirada por los inglés cuyo destino final fue triste y desgraciado. Hay historias que parece que siempre se repiten.

Catalina, de Infanta a Princesa de Gales

Aunque Catalina de Trastámara nació en Alcalá de Henares, donde es recordada por todos sus ciudadanos con gran cariño, su infancia transcurrió mayoritariamente en Granada. Allí vivió junto a sus padres el ambiente de la guerra, de la estrategia política y de la negociación, siendo testigo del final de la Reconquista cristiana con la recuperación del Reino Nazarí de Granada, entregado a los Reyes Católicos por Boabdil el 2 de enero de 1492. La joven infanta solamente tenía 6 años por aquel entonces, pero desde hacía dos ya estaba prometida con Arturo, Príncipe de Gales y heredero de la Corona inglesa.

Detalle del retrato de Catalina de Aragón a los once años, de Juan de Flandes. Fuente: Museo Thyssen

Desde la Alhambra de Granada partió Catalina, Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, hacia el puerto de La Coruña para convertirse en Princesa de Gales. Tras varios años de negociaciones, Arturo y Catalina se casaron en la Catedral de San Pablo, en Londres, el 14 de noviembre de 1501. La infanta fue acompañada al altar por el hermano de su esposo, Enrique, el futuro Enrique VIII con el que repetiría en unos años ese mismo camino, pero para unirse en matrimonio con él. Otro capricho más de la historia.

La infancia de Catalina de Aragón transcurrió en Granada

A los cinco meses del casamiento, unas terribles fiebres provocaron que Catalina enviudase, al producirse la repentina muerte de su esposo, Arturo. Sus padres reclamaron en varias ocasiones a Enrique VII de Inglaterra que devolviera a la Princesa viuda de Gales a Las Españas, como así se hizo en su momento también con la Infanta Isabel, hermana mayor de Catalina, cuando quedó viuda de su esposo, el Príncipe de Portugal. Sin embargo, no se produjo este hecho. La menor de los Reyes Católicos jamás volvería a contemplar su país natal y su añorada Alhambra, donde disfrutó de su infancia.

El reencuentro de Catalina y Juana

En febrero de 1506, la rutina inglesa de Catalina se rompió durante unas horas, produciéndose un suceso que, sin salir de las islas en las que llevaba años viviendo, le trasladó durante unos instantes a los recuerdos de su vida en Las Españas. Entre enero y abril de 1506, la Reina Juana I de Castilla y su esposo, el Rey Felipe I, visitaron Inglaterra tras hacer una parada en su travesía a Castilla, donde la Soberana debía ser jurada por las Cortes, en cumplimiento del testamento de la difunta Reina Isabel.

A pesar de que la estancia de los nuevos Reyes de Castilla en Inglaterra se extendió durante varias semanas, las hermanas Trastámara únicamente se encontraron en una ocasión. Concretamente, el 10 de febrero de 1506, en el Castillo de Windsor. En su escalera, acompañada por su cuñada, la Princesa María Tudor, la Princesa viuda de Gales contempló la llegada del séquito de su hermana, a la que no veía desde 1496 en que partió de Laredo a Flandes para casarse con el Archiduque Felipe.

Retrato de la Reina Juana I de Castilla. Fuente: Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Lo cierto es que nada se sabe de cómo debió ser realmente esa conmovedora y nostálgica reunión. Lo que sí está claro es que fue fugaz. Al día siguiente de llegar a Windsor, Catalina y su cuñada María partieron al Palacio de Richmond, separándose de la Reina propietaria de Castilla. Sorprende esta separación, aunque algunos historiadores apuntan a que el Rey Felipe no quería que Catalina pudiera instigar contra él en sus encuentros con su esposa. Sobre todo, extraña lo ocurrido porque la Reina Juana profesaba un gran cariño por su hermana pequeña. De hecho, hay que recordar que la hija pequeña de la Soberana de Castilla llevó por nombre Catalina, nacida en Torquemada en enero de 1507 y que posiblemente fue engendrada en la propia Inglaterra.

Catalina, Reina de Inglaterra

Si precisamente Catalina no regresó a Castilla fue porque la dote también volvería con ella, algo que Inglaterra no podía permitirse. Tras muchas cartas y negociaciones, la Princesa viuda de Gales fue prometida en matrimonio al nuevo Príncipe de Gales, Enrique, hermano del difunto heredero. Los esponsales se celebraron en 1503, cuando ella tenía 18 años y él 12, pero la ceremonia oficial tuvo lugar el 29 de abril de 1509, en Greenwich, y el 24 de junio la coronación. En aquel momento, Enrique ya era el Rey Enrique VIII, y por tanto Catalina ascendía en la escala real a la dignidad de Reina.

Grabado del siglo XVI de la coronación de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Fuente: Wikimedia

Catalina de Aragón era de gustos sencillos y no solía asistir a las grandes fiestas que gustaba organizar su esposo. La Reina de Inglaterra prefería dedicarse en su tiempo libre a las obras de caridad y a visitar monasterios, que a los momentos de ocio de su marido en forma de festejos, bailes o cacerías. La hija de los Reyes Católicos acudía con frecuencia al Santuario de la Virgen de Walsingham, a la que encomendaba el fruto de sus embarazos y al que legó parte de sus bienes en testamento. Catalina llegó a sufrir varios abortos y de los cuatro hijos a los que dio a luz, solamente sobrevivió la Princesa María, nacida el 18 de febrero de 1516 y que llegó a ser Reina de Inglaterra, casándose con el Rey Felipe II de España.

La educación y conocimientos de Catalina de Aragón, considerada una de las mujeres mejor formada de su época, fueron puestos al servicio de la política. De hecho, es considerada la primera mujer embajadora de la historia de Europa, cuando actuó como tal en 1507 para canalizar las relaciones internacionales entre Las Españas e Inglaterra. No hay que olvidar tampoco que en 1513 ejerció durante seis meses la regencia de la Corona inglesa, mientras el Rey Enrique se encontraba en Francia. Durante este breve gobierno, la Reina Catalina se puso al frente de las tropas inglesas en la Batalla de Flodden Field contra Escocia, comandándolas en el campo de batalla, lo que levantó el ánimo del ejército para derrotar al enemigo.

El divorcio más trascendental de la historia

La rosa Tudor y la granada, emblemas y símbolos de la unión de Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra presente todavía en varios monumentos de las islas inglesas, comenzaron a caminar por separado. La diferencia de edad entre ellos, la pérdida de la belleza y lozanía de la Reina por los numerosos partos y abortos que sufrió, los pocos gustos que compartían y el empeño de contar con un heredero varón, provocaron un distanciamiento paulatino entre la pareja real tras 18 años de matrimonio.

La aparición de Ana Bolena en la vida de Enrique VIII, que era nueve años más joven que el Rey y una de las damas de la Reina Catalina, fue la puntilla definitiva que condujo a la separación del matrimonio. El Soberano inglés luchó porque la Iglesia Católica de Roma le concediera la anulación, pero eso supondría la enemistad con el Emperador Carlos V, sobrino de la Reina Catalina. Enrique VIII se amparaba en que su matrimonio estaba maldito porque había leído en la Biblia que si un hombre se casa con la viuda de su hermano, no podrían concebir descendencia.

Retrato del siglo XVI de Catalina de Aragón, del Palacio de Lambeth. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, Catalina defendió hasta su muerte que su matrimonio con Arturo Tudor nunca se consumó, por tanto no era válido, y que llegó virgen al lecho de Enrique. Dado que se complicaba la nulidad, se sugirió a la Reina que decidiera tomar los votos y se retirase a un convento, pero ella se negó al afirmar que “Dios nunca me llamó a un convento. Yo soy la verdadera y legítima esposa del rey“.

Finalmente, se instituyó un tribunal con el Cardenal Wolsey al frente del mismo y en el que también participó un legado papal para decidir sobre el futuro del matrimonio. La defensa del Rey de Inglaterra se amparaba continuamente en aquel precepto de la Biblia, mientras que la Reina sostenía que su boda con Enrique había contado con la dispensa de Roma, además de llegar virgen al mismo al no haberse consumado la unión con Arturo.

“El juicio de la reina Catalina de Aragón”, de Henry Nelson O’Neil. Fuente: Birmingham Museums

El 21 de junio de 1529, Catalina decidió comparecer ante el tribunal, o más bien ante su todavía marido, pues fue al único que se dirigió. Expresó un impactante discurso en el que demostró su obediencia al Rey, reafirmó su virginidad a la hora de consumar su matrimonio y finalizó encomendando su causa a Dios. Tras ello, dirigió una reverencia al Soberano, abandonó la sala y parece que hasta recibió algún aplauso por su magistral defensa de sí misma.

Destierro y muerte de Catalina de Aragón

En enero de 1533, Enrique VIII decidió omitir el mandato de la Iglesia Católica y se casó con Ana Bolena, que le daría una hija, la futura Reina Isabel I, en septiembre de ese mismo año. En mayo, Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury y afín a los Bolena, declaró nulo el matrimonio del Rey con Catalina de Aragón, el cual fue ratificado por el Parlamento, al igual que la exclusión de la Princesa María de la sucesión al trono. Un año más tarde, el mismo Parlamento ratificó también el Acta de Supremacía, por el que Inglaterra quedaba separada de la obediencia de Roma y su monarca era reconocido como Jefe Supremo de la Iglesia Anglicana. El Catolicismo era historia en las islas inglesas.

María Tudor, Reina de Inglaterra e hija de Catalina de Aragón. Fuente: Museo del Prado

El principal partidario de Catalina de Aragón, Tomás Moro, fue condenado a muerte, causando un gran impacto entre los católicos ingleses y del resto de Europa. Sin embargo, eliminar a una Reina no era viable, sobre todo por la gran simpatía que le profesaba el pueblo inglés. No obstante, se vio obligada a abandonar Windsor y su destierro pasó por diversos castillos, hasta llegar al de Kimbalton. Allí es donde la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares murió un 7 de enero de 1536, con un corazón negro y privada de la compañía de su hija María por orden del Rey Enrique. A él le dedicó su última y larga carta, en la cual le perdonaba todo lo que le había hecho y le rogaba que cuidase de la hija que tenían.

Tumba de la Reina Catalina de Aragón. Fuente: Juan Pablo Arenas

Catalina fue enterrada en la Catedral de Peterborough con el tratamiento de Princesa viuda de Gales, no como la Reina de Inglaterra que fue, el 29 de enero de 1536. Ese mismo día, Ana Bolena sufrió el aborto de un hijo varón, y meses después caminó hacia el patíbulo, donde fue ejecutada, acusada de adulterio. Al día siguiente, Enrique VIII se casó con su tercera esposa. A pesar de su triste final, el pueblo y la historia no ha olvidado a Catalina de Trastámara, Reina de Inglaterra, Princesa viuda de Gales e Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, en cuya tumba nunca faltan flores frescas ni homenajes, al igual que en Alcalá de Henares, donde nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís recordando la historia de la última hija de los Reyes Católicos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BEATRICE FLEMING, G. (2010). La visita a Inglaterra de Juana I (enero-abril de 1506). En Zalama Rodríguez, M. A. (dir.), Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno, pp. 407-420. Recuperado de: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/25-FLEMING.pdf

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (s. f.). Biografía de Catalina de Aragón. Real Biblioteca de la Historia. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/11781/catalina-de-aragon

PERERA Y PRATS, A. (1976). Esbozos para una biografía de Catalina de Aragón. ES Revista de filología inglesa (6), pp- 47-80. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2288076.pdf

Dónde viajar en España en 2021: 12 efemérides y celebraciones para recorrer el país

Después de un 2020 completamente diferente a como nos lo habíamos imaginado mientras nos tomábamos las 12 uvas con cada una de las campanadas desde la Puerta del Sol de Madrid, llega el momento de vivir 365 días nuevos. Con la llegada del 2021, es momento de pensar en nuevos viajes y destinos. Ahora más que nunca, es momento de apoyar el turismo interior por España, acudiendo a nuestros hoteles y restaurantes, contratando los servicios de nuestros guías turísticos o visitando nuestros museos, teatros, parques naturales y, por supuesto, nuestros espacios patrimoniales.

El turismo español ha vivido unos meses muy duros por la crisis que se ha desencadenado por la pandemia del COVID-19. Cumpliendo siempre las medidas de seguridad que nos dirigen desde las autoridades sanitarias, tenemos que volver a planificar viajes por nuestro territorio. Además, en 2021 se van a conmemorar numerosas efemérides por España. Estas celebraciones son el motivo perfecto para acercarse a conocer ciudades o monumentos que vivirán un año de lo más especial, la excusa que necesitas para volver a llenar el baúl de recuerdos, aventuras e historias. ¿Te vienes a conocer los 12 lugares de España que tienes que visitar en 2021?

VIII Centenario de la Catedral de Burgos

En Burgos se encuentra la única catedral de España declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de forma independiente, es decir, sin aprovecharse del título concedido al casco histórico de la ciudad. Se trata de la Catedral de Santa María, para muchos la mayor expresión del arte gótico religioso del país. El 20 de julio de 1221, el Rey Fernando III y el Obispo Mauricio colocaron la primera piedra de este majestuoso edificio cuyas agujas rozan el cielo.

Panorámica de la Catedral de Burgos

La actual Catedral de Burgos no es la primera que tuvo la ciudad. La anterior de estilo románico se construyó a finales del siglo XI y en ella celebró precisamente Fernando III su boda con Beatriz de Suavia. El Rey de Castilla y León, entre otros reinos y señoríos, quería que Burgos, una de las urbes más importantes de la Corona, tuviera una sede catedralicia a la altura de su rango, ordenando la demolición del templo primitivo para levantar el actual. Sobre el estilo francés que presenta, se debe al Obispo Mauricio, que estudió en París y trajo de Francia a los maestros constructores que la diseñaron.

La Catedral de Burgos se concluyó en 39 años, aunque en los siglos posteriores se añadieron nuevos espacios y capillas. Precisamente, una de las más espectaculares es la de los Condestables de Castilla, la aguja y el cimborrio, de estilo gótico flamígero. Solo hay que entrar y contemplar su majestuosidad. En 2021, el templo gótico por excelencia de España cumple 800 años, la oportunidad perfecta para preparar un viaje a Burgos y conocer de primera mano sus secretos.

VII Centenario de la Catedral de Palencia

El 2021 está marcado por el aniversario de otra gran catedral española. En este caso, hablamos de la de Palencia, dedicada al patrón de la ciudad, San Antolín. Conocida como La Bella Desconocida, la catedral palentina es uno de los tesoros góticos más espectaculares del país, a pesar de que no sea tan conocida como la vecina burgalesa. Además, se ha sometido a un proceso de restauración, de tal modo que luce gloriosa ante los visitantes que la contemplen durante el año en que celebrará su VII Centenario.

Fachada de la Catedral de Palencia. Fuente: Guía Repsol

Hay que remontarse hasta el período visigodo para encontrar las primeras huellas de la Catedral de San Antolín. Fue en estos momentos en los que se cree que se fundó la sede episcopal, siendo de esta época la cripta catedralicia. Tras la reconquista cristiana de la ciudad, se restauró la Diócesis, acometiendo una ampliación del espacio visigodo en estilo románico. Sin embargo, el 1 de junio de 1321, se coloca la piedra piedra de la fábrica gótica actual, cuando las vecinas catedrales de Burgos y León ya estaban alcanzando el cielo. 

La construcción de la Catedral de San Antolín se prolongó hasta bien entrado el siglo XVI. Es por ello que, en lo que a la decoración se refiere, el estilo Renacentista es el otro gran protagonista, conjugado con sus elegantes facciones góticas. Su aspecto austero exterior protege un maravilloso bosque interior de arcos ojivales digno de admirar. Entra y descubre, La Bella Desconocida te espera.

V Centenario de la Batalla de Villalar

Con el beneplácito de de su madre, la Reina propietaria Juana I, Carlos de Gante asumió la gobernanza de los reinos españoles a la muerte de su abuelo, el Rey Fernando II de Aragón, pero llegó rodeado de un séquito de extranjeros que tomaron parte de las instituciones, algo que no gustó nada a la nobleza local. A ello hay que sumar que su proyecto imperial chocó con los intereses de la Corona de Castilla, que veía lejana la pretensión y el sueño del que regía sobre su territorio de coronarse Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, utilizando en gran medida sus fondos y caudales para ello. En este caldo de cultivo, se desencadenó la Guerra de las Comunidades que a punto estuvo de cambiar la historia.

“Ejecución de los comuneros de Castilla”, de Antonio Gisbert. Fuente: Wikimedia

Entre 1520 y 1522, las principales ciudades castellanas se sublevaron contra Carlos V, con Toledo y Valladolid a la cabeza, reclamando, entre otros, que la gobernanza en su ausencia fuera ejercida por un castellano o prohibir la salida de caudales del reino. Hubo hasta un intento de devolver a la Reina Juana a su legítimo trono, pero ella no quiso posicionarse. La Batalla de Villalar, acontecida el 23 de abril de 1521 en este municipio de Valladolid, fue la victoria decisiva del bando real, produciéndose al día siguiente la decapitación de los líderes comuneros: Bravo, Padilla y Maldonado.

Iglesia de San Juan, en Villalar de los Comuneros. Fuente: Wikimedia

Con la conmemoración del V Centenario de esta importante efeméride para toda la actual comunidad de Castilla y León, es un buen momento para acercarse hasta el lugar en el que se produjo el desenlace del alzamiento comunero. Mucho se ha escrito y discutido sobre este hecho histórico, calificándolo algunos de primera revuelta burguesa de la historia, otros como revuelta antiseñorial y hay quienes afirman que se trató de un movimiento antifiscal. También hay quienes no dudan en decir que es un conglomerado de todo ello. De lo que no cabe duda es de que es uno de los hechos más trascendentales de la historia de España digno de recordar en 2021.

Año Xacobeo

Galicia volverá a vivir un año de magia y encuentros. Las estrellas, la ilusión, la esperanza, el esfuerzo y para muchos la fe, volverán a guiar a los peregrinos del Camino de Santiago. En los confines del mundo, como así lo creían los romanos, se encuentra uno de los rincones más importantes de la Cristiandad desde tiempos inmemoriales: la Catedral de Santiago Apóstol. Cada vez que el día del santo, es decir, 25 de julio, cae en domingo, la Puerta Santa se abre y recibe a fieles y turistas, para celebrar un nuevo Año Santo Xacobeo.

Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela

Con el Año Xacobeo, encontramos la oportunidad perfecta de no solo abrazar al Apóstol, sino también al turismo de Santiago de Compostela. La capital gallega está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en gran medida por la importancia de su catedral y por ser destino de una de las rutas más importantes del mundo, gracias a la cual se han ido produciendo intercambios culturales, artísticos y sociales a lo largo de toda su historia. En 2021, Santiago y Galicia te esperan.

III Centenario del Palacio Real de La Granja

El siglo XVIII se produjo uno de los cambios más importantes de la historia de España: el cambio de dinastía. Los Austrias sucedieron a los Borbones tras la muerte de Carlos II sin dejar descendencia directa que heredase el trono español, optando en su testamento por su sobrino nieto Felipe de Anjou, de la Casa Borbón, como su sucesor. Con el nuevo rey, llegaron a Las Españas el gusto y el estilo francés, que encuentra su máxima expresión en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia. Su construcción fue emprendida por este mismo monarca, colocándose la primera piedra el 1 de abril de 1721.

Vista del Palacio Real de La Granja, en Segovia

Palacio, jardines, fuentes y hasta una colegiata en la que está enterrado el Rey fundado del Real Sitio junto a su esposa, la reina Isabel de Farnesio, dan forman al conocido como Versalles español, aunque a menor escala. Desde su construcción y hasta comienzos del siglo XX, el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso era el lugar de retiro de la Familia Real española durante los meses estivales. Hoy en día, sus espacios se han musealizado y están abiertos al público, pudiendo descubrir en las estancias de su palacio dos siglos de historia de España.

El III centenario del inicio de la construcción del Palacio Real de La Granja supone una nueva oportunidad para regresar a esta localidad segoviana, situada en plena Sierra de Guadarrama. Además de visitar la propia residencia real o sus jardines, también hay que reservar tiempo para conocer la Real Fábrica de Cristales, una de las joyas más destacadas del patrimonio industrial español en la que poder descubrir cómo se fabricaba este preciado material que tanto gustaba en la Corte del XVIII y la forma en que lo llevan a cabo actualmente. Por supuesto, nadie puede irse tampoco de La Granja sin degustar sus famosos judiones, el plato estrella de la gastronomía local.

20 años de Aranjuez como Paisaje Cultural de la UNESCO

Aranjuez es otro de los Reales Sitio de España que en 2021 también están de celebración. El 14 de diciembre de 2001, la UNESCO lo incluyó en la Lista Patrimonio de la Humanidad, bajo la categoría de Paisaje Cultural, por lo que este año cumple 20 años desde que se produjera esta importante declaración. De hecho, fue el primer espacio de España que entró a formar parte de este selecto grupo de lugares del mundo con esta misma distinción, al ser un escenario único en el que naturaleza y obra humana, y paisaje silvestre y ordenada arquitectura caminan unidas.

Fachada del Palacio Real de Aranjuez

El origen del Real Sitio de Aranjuez se encuentra en la Casa Maestral de la Orden de Santiago. El título de Maestre fue incorporado a la Corona en tiempos de los Reyes Católicos, siendo ratificada la decisión en 1523 por el Papa Adriano, y con esta decisión la casa también pasó a ser propiedad del patrimonio real. Aunque Carlos V asentó las bases para establecer en este espacio un lugar de recreo, fue su hijo Felipe II el que verdaderamente lo llevó a cabo, transformando aquel edificio en un magnífico palacio real.

Los Borbones acabaron dotando al Palacio de Aranjuez del estilo que podemos contemplar actualmente. Durante siglos, fue el lugar elegido por la Familia Real española para disfrutar de la primavera. Los jardines que lo rodean o la cercanía del río Tajo, en la que tantos momentos han pasado navegando reyes y reinas a bordo de las falúas que podemos observar en un curioso museo creado para tal efecto, eran motivos que no solo atraían a la realeza, sino también a los visitantes que cada día pasean por este Paisaje Cultural de la UNESCO.

275 aniversario del nacimiento de Goya

La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”. Con esta cita de Francisco de Goya y Lucientes, recordamos en 2021 la figura del genio, en el año en que se conmemora el 275 aniversario de su nacimiento en la localidad de Fuendetodos, en la provincia de Zaragoza. Precisamente, hasta este punto de Aragón acuden muchos visitantes para visitar su Casa Natal, así como el Museo del Grabado, donde se puede contemplar parte de su obra gráfica así como descubrir esta técnica.

Retrato de Francisco de Goya. Fuente: Museo del Prado

Aprovechando la visita a la provincia de Zaragoza, hay que hacer una parada en la capital, donde se puede disfrutar de una ruta para conocer la huella que dejó en la ciudad. Algunas de las paradas imprescindibles son la Basílica del Pilar, en la que tendrás que alzar la vista para poder observar los frescos que ejecutó para este importante templo, o el propio Museo de Goya, con su Sala de Pintura y Sala de Grabados.

Y de Zaragoza viajamos hasta Madrid, en cuyo Museo Nacional del Prado se exponen las obras más importantes de Francisco de Goya. Después de un 2020 en el que este espacio museístico permaneció cerrado durante unos meses a causa del COVID-19, el 2021 debe ser el momento en el que nos reencontremos con el arte. Paseando por sus salas, descubrirás la herencia del pintor zaragozano.

VIII Centenario del nacimiento de Alfonso X en Toledo

Uno de los grandes reyes de la historia de España celebrará su 800 cumpleaños en 2021. El 23 de noviembre de 1221, nació en la ciudad de Toledo el rey Alfonso X de Castilla, más conocido como El Sabio. Su herencia cultural deja en un segundo plano la importancia política de su reinado, en el que continuó el proceso de Reconquista hacia el sur, destacando por ejemplo la conquista de Cádiz. Del mismo modo, algo poco conocido es que dedicó buena parte de su vida a alcanzar la corona imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, como hijo de Beatriz de Suabia que era, aunque sin éxito alguno.

Alfonso X en el Prólogo del Códice Rico de las Cantigas de Santa María

A Alfonso X se debe el avance legislativo que experimentó la Monarquía medieval del momento, destacando, entre otros, el texto de las Siete Partidas, que dotaron a la Corona de Castilla de cierta uniformidad jurídica. De hecho, su repercusión e importancia es tal que hasta bien entrado el siglo XIX seguía contando con influencia sobre los cánones del Derecho español y de Hispanoamérica. En lo que se refiere a la literatura, destacar las Cantigas de Santa María, escritas en galaico-portugués por el propio Rey Sabio.

30 años de Poblet como Patrimonio Mundial

Ramón Berenguer IV falleció en 1162. Fue Conde de Barcelona, pero también la llave con la que el condado se unió dinásticamente al reino de Aragón, tras su matrimonio con Petronila de Aragón. Aunque fue sepultado en el Monasterio de Ripoll, sus restos se trasladaron al de Poblet, una fundación monástica emprendida por él mismo en 1150. De hecho, el Real Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991, se convirtió en el siglo XIV en el panteón real de la Corona de Aragón, lo cual se mantuvo hasta el siglo XV, con Juan II como último rey aquí enterrado, ya que Fernando El Católico se encuentra inhumado en la Capilla Real de Granada.

Panorámica del Monasterio de Poblet. Fuente: Escapada Rural

El Monasterio de Poblet es prototipo de abadía cisterciense, y, a pesar de los avatares de finales del siglo XIX y principios del XX, hoy en día sigue ocupado por sus primitivos moradores, lo que imposibilita la visita de algunos espacios del cenobio. De acuerdo con la propia UNESCO, fue reconocido con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por ser uno de los conjuntos de la Orden del Cister más grandes y completos del mundo. Además, la naturaleza acompaña a su arquitectura, lo que hace que la visita a Poblet se convierta en una excursión inolvidable. En 2021, 30 años como joya mundial.

25 ediciones de Las Edades del Hombre

La Fundación Edades del Hombre es la encargada de desarrollar en Castilla y León la exposición anual más importante de arte sacro de España, y una de las más destacadas del mundo. La comunidad autónoma atesora más del 50% del arte religioso del país, lo que explica el nacimiento de esta exposición que busca la salvaguarda y publicidad del patrimonio cultural. Muchos desconocen la existencia de esta exposición, pero ha estado presente incluso en Nueva York, Amberes y la madrileña Catedral de La Almudena.

Cartel de la edición 25 de Las Edades del Hombre

Cada edición de Las Edades del Hombre se celebra en un punto o puntos diferentes de la región, exponiendo en ella una muestra de los tesoros más importantes del arte religioso de Castilla y León sobre una determinada temática. Durante 2021, celebrará la número 25, un cuarto de siglo construyendo identidad, como así reza su eslogan conmemorativo. Concretamente, en mayo de 2021 abrirá “LUX” en la Catedral de Burgos, Carrión (Palencia) y Sahagún (León). Nada mejor que acudir hasta estos puntos para celebrar los 25 años de exposiciones de Las Edades del Hombre.

Cangas de Onís, pueblo mágico del 2021

En diciembre de 2020, Cangas de Onís fue galardonado con el Premio Pueblo Mágico 2021. Esta localidad es el reflejo de la Asturias eterna, a la que siempre queremos volver: el reencuentro con los Lagos de Covadonga, los ecos de la historia pasada o la Cruz de la Victoria sobre el puente medieval. Con esta declaración, encontramos una nueva oportunidad de visitar este rincón del Principado, desde el que se puede planificar una escapada por el resto de la región.

Cruz de la Victoria, en el puente medieval de Cangas de Onís. Fuente: Lugares de Aventura

Uno de los puntos por los que pasan los turistas siempre que acuden hasta Cangas de Onís es la Montaña de Covadonga. Forma parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, que fue el primero que contó con esta declaración, remontándose a 1918. La belleza de sus paisajes, la singularidad de su flora y fauna o la representatividad de sus ecosistemas, principalmente sus famosos y eternos lagos, dejan una huella inmortal en los visitantes que pasean por el jardín astur por excelencia.

V centenario del traslado de los cuerpos de los Reyes Católicos a la Capilla Real de Granada

Los amantes de la historia tenemos una cita en Granada en 2021. Hace quinientos años, la ciudad despidió para siempre a los Reyes Católicos, en el último viaje que los monarcas de Castilla y Aragón realizaron. Isabel I y Fernando II fueron enterrados, siguiendo sus disposiciones testamentarias en Granada, la plaza que tanto les costó conquistar y que puso fin a la Reconquista. Allí fundaron la Capilla Real, pero hasta que su construcción finalizó, sus cuerpos fueron sepultados temporalmente en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra.

Panorámica de la Capilla Real de Granada. Fuente: capillarealgranada.com

El 10 de noviembre de 1521, los cuerpos de los Reyes Católicos fueron trasladados hasta la cripta sepulcral de la Capilla Real, siguiendo así sus últimas voluntades. Toda la ciudad de Granada volvió a vestirse de luto para despedir a sus legendarios soberanos por última vez, bajando desde la cima de la Alhambra por última vez. En 2021, se celebrará el V centenario de esta importante efeméride, un motivo más para viajar hasta esta ciudad de Andalucía y descubrir este y otros monumentos.

Las posibilidades de disfrutar de España a lo largo del 2021 son infinitas. Nuestro país, gracias a la riqueza natural, cultural, gastronómica y turística volverá a situarse entre los destinos del mundo preferidos por los turistas, un destino seguro y al que todo el mundo desea regresar. Al menos, a nosotros, ya nos tiene conquistados. A lo largo de los 365 días del año, continuaremos siendo unos auténticos #turistaenmipaís. ¿Y tú, te vienes a recorrer España con nosotros?

J.