La Capilla del Obispo, el gran tesoro gótico y renacentista del centro de Madrid

Mientras estamos de visita en un determinado destino, no son pocas las veces que observamos un edificio que no nos llama excesivamente la atención, decidiendo pasar de largo sin saber que dentro hubiéramos descubierto un auténtico tesoro. Sin embargo, esto mismo nos puede suceder también en la ciudad en la que residimos, cruzándonos diariamente con un determinado lugar al que nunca hemos decidido entrar, hasta que llega el día en que lo hacemos y sufrimos un verdadero stendhalazo. Precisamente, ese mismo asombro es el que siente buena parte de los madrileños que se acercan a conocer la Capilla del Obispo.

Denominada oficialmente como Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, este histórico monumento se encuentra situado en el céntrico y centenario Barrio de San Andrés, concretamente en la Plaza de la Paja. La arquitectura exterior de la Capilla del Obispo nada indica que nos encontremos ante un edificio religioso, ni mucho menos que al acceder al mismo nos vayamos a quedar boquiabiertos. Sus espectaculares trazas góticas y la belleza renacentista de sus obras de arte convierten a este templo en único y, aunque algo escondido como todo buen tesoro que se precie, cada vez pasa menos desapercibido para Madrid y sus visitantes.

Historia de la Capilla del Obispo

Durante siglos, las reliquias de San Isidro Labrador han sido objeto de pleito entre diversos personajes de la historia madrileña y española, no siendo pocas las veces que el cuerpo incorrupto del patrón de Madrid y de los agricultores ha sido trasladado de un sitio para otro, cumpliendo con la voluntad de reyes, reinas u obispos. Precisamente, el origen de la Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán se encuentra relacionado también con la figura de este Santo tan castizo, que ha celebrado su IV centenario de canonización en 2022 con la declaración de un Año Jubilar por parte de la Santa Sede.

Talla de San Isidro, atribuida a Villabrille y Ron, conservada en la Catedral de la Almudena

San Isidro y su esposa, Santa María de la Cabeza, trabajaban para la familia Vargas, asentados en el Barrio de San Andrés, un extremo del Mayrit musulmán que era hogar de mozárabes pero que con la reconquista cristiana pasó a ser en una de las áreas predilectas por nobles y pudientes para construirse ricas casas y palacios. Fue en el cementerio de la iglesia del mismo barrio donde el Patrón de Madrid fue enterrado tras su muerte en 1172, hasta que su fama milagrera comenzó a extenderse, momento en que su cuerpo incorrupto se recuperó, comenzando su larga lista de traslados.

Francisco de Vargas, heredero de la histórica familia para la que trabajó San Isidro, solicitó una bula papal a León X para llevar a cabo la fundación de una capilla anexa a la Iglesia de San Andrés en la que poder colocar y venerar el cuerpo del santo madrileño. Esta distinción fue concedida por el Santo Padre en 1518, comenzando las obras tan solo dos años después. No obstante, el fallecimiento del fundador en 1524 podría haber provocado que el proyecto se paralizase, pero no fue así.

Sepulcro de Francisco de Vargas en la Capilla del Obispo que él mismo fundó en 1518

Gutierre de Carvajal y Vargas, Obispo de Plasencia e hijo de Francisco de Vargas, asumió el patronazgo de la capilla tras el fallecimiento de su padre, postulándose como su verdadero impulsor. Este hecho explica que, lejos de ser conocida como Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, lo sea por el sobrenombre de Capilla del Obispo. Sin embargo, es solo una nomenclatura popular, ya que este templo no se corresponde en ningún caso con la capilla privada del Arzobispo de Madrid ni de ningún otro miembro de la Iglesia madrileña.

Fachada principal de la Capilla del Obispo, en la Plaza de la Paja de Madrid

A pesar de que la finalidad de construir la capilla era albergar las reliquias de San Isidro, todo aquel que la visite se percatará rápidamente que aquí no yace el Patrón de Madrid ni que tampoco hay alusión alguna al mismo. Después de diversos pleitos con el párroco de San Andrés, el cuerpo incorrupto no pudo trasladarse al nuevo espacio que el Obispo de Plasencia había habilitado para ello. Su enfado fue tal que ordenó cerrar el acceso de la capilla a la iglesia, abriendo una entrada independiente por la Plaza de la Paja. Cabe señalar que esta plaza debe su nombre precisamente a la obligación que tenía el pueblo de entregar paja a los capellanes de la capilla de los Vargas, lo que demuestra la importancia que llegó a tener este pequeño templo.

Después de haber perdido la función inicial para la que fue creada, el Obispo de Plasencia ordenó que la capilla se convirtiera en panteón familiar. Para ello, contactó con Francisco Giralte, discípulo de Alonso de Berruguete y que había trabajado en ciudades como Valladolid o Palencia. El maestro se hizo cargo del proyecto decorativo del templo, un trabajo que le encumbró a la gloria y le permitió distinguirse entre los escultores de la época, al ser el retablo y los sepulcros su obra magna y auténticas joyas del Renacimiento español. Precisamente, contrastan con el gusto gótico tardío del resto del edificio, una de las pocas muestras de este estilo en Madrid.

Trazas góticas de la Capilla del Obispo, apreciadas especialmente en el coro y techumbres

La historia de la Capilla del Obispo continuó escribiéndose al unísono de la de Madrid, aunque afortunadamente ha corrido mejor suerte que otros monumentos de la villa. Durante la Guerra Civil, la anexa Iglesia de San Andrés fue completamente destruida y expoliada. No ocurrió lo mismo con la fundación de los Vargas, ya que su arquitectura exterior, que en nada se asemeja a un edificio religioso, confundió a las tropas, que pasaron de largo. La Casa de Alba, que ostentaba la propiedad, cedió la capilla a la Archidiócesis de Madrid, con la condición de que se llevase a cabo su restauración y reapertura después de décadas clausurada, retomando también los cultos, encomendados a las Hermanitas del Cordero. Desde 2010, madrileños y turistas disfrutan de este magnífico tesoro del centro de la capital de España.

Los imprescindibles de la Capilla del Obispo

Tal y como ya hemos avanzado, en el interior de la Capilla del Obispo se conserva un maravilloso retablo renacentista que sigue los cánones más puros y bellos del gusto castellano y tres monumentos funerarios, todo ello realizado por Francisco Giralte. Lo cierto es que no hay que dejar pasar la oportunidad de visitar este edificio porque todos estos elementos decorativos son únicos en Madrid, no siendo posible encontrarlos en ninguna otra iglesia de la villa.

Retablo mayor

En 1547, Francisco Giralte comenzó a ejecutar el encargo del Obispo de Plasencia, un trabajo que finalizó en torno a 1550 y que le coronó como escultor del Renacimiento. Todo el conjunto está tallado, no contando con decoración pictórica, y representa pasajes de la vida de Cristo, siendo destacables las escenas de la Pasión. Concretamente, el retablo está coronado por la Crucifixión del Señor, aunque es también llamativa la de Cristo Atado a la Columna, en el centro de la segunda calle. Debajo del mismo, nos encontramos con una de las representaciones de la Piedad más bellas y desconocidas de Madrid.

Retablo mayor renacentista de la Capilla del Obispo, obra magna de Francisco Giralte

Además de estar conformado por escenas de la vida de Cristo, en el retablo de la Capilla del Obispo también nos encontramos con otros personajes relacionados con el hijo de Dios o con la propia Iglesia Católica. En cada una de las entrecalles se aprecian diversas figuras, algunas de ellas fácilmente reconocibles gracias a los elementos que las acompañan. Concretamente, el conjunto escultórico se completa con los Apóstoles y los Padres de la Iglesia. Una cosa queda clara: no hay ninguna referencia a San Isidro Labrador en este retablo, ya que en el momento en que se ejecutó por Giralte ya se había decidido que su cuerpo incorrupto no sería trasladado a esta capilla.

Detalle del retablo mayor de la Capilla del Obispo, con la maravillosa Piedad y el Atado a la Columna en primer plano

Sepulcros de la familia Vargas

A cada lado del retablo, tal y como se puede ver en una de las imágenes anteriores, se localizan los cenotafios de Francisco de Vargas, a la izquierda, y su esposa, a la derecha. Ambos siguen un mismo patrón estilístico, siendo dos obras renacentistas ejecutadas por Francisco Giralte. Debido a la cercanía del retablo mayor, que acapara todo el protagonismo del conjunto, los sepulcros aparentan una sencillez que verdaderamente no tienen. Los personajes para los que fueron realizados aparecen arrodillados, en actitud orante, y dirigen su mirada hacia el altar, como suele ocurrir en este tipo de representaciones.

Cenotafio del Obispo de Plasencia

En el lado de la Epístola se encuentra el otro gran tesoro de la Capilla junto con el retablo mayor: el cenotafio de Gutierre de Carvajal y Vargas, Obispo de Plasencia. Fue realizado también por Giralte, al igual que todos los demás, y está realizado en alabastro procedente de Guadalajara. Es uno de los grandes monumentos funerarios del Renacimiento español y todo un milagro que Madrid lo conserve, al ser una de las ciudades que mayor patrimonio religioso ha perdido en los dos últimos siglos.

El Obispo aparece representado en el centro de la escena, arrodillado y rezando ante Cristo Atado a la Columna, que recuerda al del retablo mayor que anteriormente comentábamos. Todo el cenotafio está repleto de minuciosos detalles que nos indican las horas que Giralte debió de invertir. Son destacables los niños cantores y músicos que podemos encontrar, los cuales están llevando a cabo el rezo del Salmo 41, propio de las misas funerales, lo cual dota de todavía más simbolismo y realismo al conjunto.

Cómo visitar la Capilla del Obispo

El Museo de la Catedral de la Almudena es el organismo de la Archidiócesis de Madrid que gestiona las visitas guiadas a la Capilla del Obispo. Su magnífico grupo de guías conducen a los visitantes no solo al interior del templo, sino también por la historia que relatan sus piedras, su retablo y los numerosos detalles de los monumentos fúnebres de la familia fundadora. Las entradas se pueden reservar en el correo electrónico reservascapilladelobispo@archimadrid.es, y se llevan a cabo los martes a las 10h00, 10h45 y 11h30, y los jueves a las 16h00 y 16h45. La tarifa es de 4€ por persona.

Puerta de acceso a la Capilla del Obispo, que muestra la advocación del templo a Nuestra Señora y San Juan

La Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán es uno de los grandes secretos que esconde el centro de Madrid, como si de un verdadero tesoro se tratase. Sin embargo, y gracias a ello, este impresionante monumento de trazas góticas y renacentistas ha podido llegar hasta nuestros días, a diferencia de otros edificios que no corrieron la misma suerte y forman parte del patrimonio desaparecido de la capital. Construida para albergar las reliquias de San Isidro, el cuerpo del Patrón de Madrid no reposa en este pequeño templo y su espacio lo ocupan tres integrantes de la familia Vargas para la que el santo labrador un día trabajase. Ellos permanecen impasibles al tiempo y a la historia, como también lo hace esta iglesia de la Plaza de la Paja que nos hace sentir unos auténticos y afortunados #turistaenmipaís por poder disfrutar de su majestuosa belleza.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GUERRA CHAVARINO, E. (2009). Inventario de bulas papales relacionadas con la Capilla del Obispo de Madrid. Anales del Instituto de Estudios Madrileños (49), 457-470. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3222491.pdf

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