Valladolid, capital de España en el siglo XVII: así floreció la ciudad del Pisuerga entre 1601-1606

El devenir de los tiempos no solo lo escriben los personajes históricos, sino también las ciudades, villas, países, reinos o los pueblos; en definitiva, lugares que nos ayudan a dar forma y sentido a la historia, al ser los escenarios en los que transcurrieron los diferentes hechos y en los que todavía podemos escuchar los ecos del pasado. Valladolid es uno de estos rincones en los que la historia brota en cada calle o monumento, una ciudad bañada por las aguas del Pisuerga que ha visto nacer a Reyes, ha visto celebrar bodas reales o ha acogido a artistas, escultores o escritores.

A pesar de haber sido una de las ciudades de España que más patrimonio ha perdido a lo largo de los últimos doscientos años, lo que explica que a día de hoy no tenga un casco histórico tan identificado y delimitado como ocurre en otras localidades, Valladolid todavía conserva grandes tesoros monumentales, artísticos y culturales que nos hablan de su importante pasado. Muchos de ellos no se entenderían sin hablar del período 1601-1606, el momento en que la capital del Pisuerga se convirtió también en sede de la Corte de Las Españas.

Valladolid en la historia

Desde que Pedro Ansúrez, repoblador y primer señor de Valladolid por la gracia del Rey Alfonso VI de León, comenzase a situar a esta ciudad de la submeseta norte en el mapa, otros muchos personajes más han ido dejando su huella inmortal en ella. Desde reyes y reinas, hasta escritores, pintores o escultores.

La Plaza de San Pablo a mediados del siglo XIX, pintada por Valentín Carderera. Fuente: Mis Museos

En numerosas ocasiones, Valladolid sirvió de sede de la entonces Corte itinerante de la Monarquía medieval castellana. Cabe destacar precisamente que en 1217, Fernando III fue proclamado Rey de Castilla en la Plaza Mayor pucelana, Rey que consiguió unificar dinástica y definitivamente las coronas de León y Castilla. La ciudad del Pisuerga también ha visto nacer a numerosos monarcas, desde Enrique I de Castilla, Enrique IV de Castilla, hasta los reyes Felipe II y Felipe IV. No hay que olvidar tampoco que en Valladolid contrajeron matrimonio los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, cuya unión marcó un punto de inflexión en la historia de España. Otros hechos que también son destacables son la muerte de Cristóbal Colón o el paso de Juan de Juni, Miguel de Cervantes o Rubens, entre otros grandes artistas.

Bautizo de Felipe II, celebrado en la Iglesia de San Pablo de Valladolid. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, para Valladolid el antes y el después en su propia historia se vivió durante el período en que fue confirmada oficialmente como capital de Las Españas, bajo el reinado de Felipe III. Aunque solamente fueron 5 años ostentando la capitalidad, fue tiempo suficiente para que floreciese el urbanismo, la cultura o el arte, pero también la política o las intrigas.

Capitalidad de Valladolid

El 10 de enero de 1601, la sede de la Corte se traslada de Madrid a Valladolid por disposición real de Felipe III, quien ya había realizado una visita en julio de 1600 en la que la población pucelana le agasajó de manera extraordinaria. De hecho, la ciudad del Pisuerga fue la capital de Las Españas hasta marzo de 1606. La adopción de esta decisión por parte del Monarca se debió a un gran proyecto de especulación urbanística, uno de los tantos de nuestra historia. Sin embargo, Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma y valido del Rey, se encontraba detrás de esta operación. El noble había adquirido numerosos terrenos y propiedades en Valladolid a un precio muy bajo, que se revalorizaron exponencialmente cuando el Rey trasladó a la ciudad del Pisuerga la capital y Corte de Las Españas. Negocio redondo.

Detalle del retrato de Felipe III a caballo. Fuente: Museo Nacional del Prado

En la decisión puede que influyera también que el Duque de Lerma quisiera tener más controlado a Felipe III desde sus señoríos y alejarle del influjo de su tía, María de Austria. La hija de Felipe II residía en el Real Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, que había sido fundado por su hermana Juana de Austria, y no era partidaria de la política del valido.

Fachada del Palacio Real de Valladolid. Fuente: Félix Maocho

Felipe III y su familia llegaron a Valladolid en febrero de 1601. Hasta finales de ese año, se alojaron en el Palacio de los Pimentel, que vio nacer a su padre Felipe II, en la Plaza de San Pablo. Sin embargo, posteriormente tomaron posesión del Palacio Real, que está situado frente a esta misma iglesia. La residencia había sido construida por Francisco de los Cobos, Secretario de Carlos V, hacia 1525. Sin embargo, fue adquirido y ampliado por el Duque de Lerma en 1600, vendiéndoselo un año después a Felipe III, siendo el lugar que acogió a la Familia Real hasta 1606.

Dibujo del Palacio de la Ribera, de Ventura Pérez. Fuente: Wikimedia

El crecimiento urbanístico de Valladolid al ser elevado a la categoría de capital del Reino también se reflejó en la orilla derecha del Pisuerga. En 1602, en la Huerta del Rey, comenzó la construcción del Palacio de la Ribera, como residencia estival para la Familia Real. Las obras, en las que intervinieron Francisco de Mora, entre otros arquitectos, finalizaron en 1605, un año antes de que la Corte volviera a Madrid. Dicho palacio no ha llegado a nuestros días, ya que fue desmantelado en 1761, pasando a engrosar la lista del patrimonio desaparecido de la ciudad.

El renacer de la ciudad

Durante el período en el que Valladolid fue capital de España, la ciudad creció exponencialmente y llegó a alcanzar los 70.000 habitantes. Nobles, comerciantes y multitud de personas se desplazaron hasta este rincón de Castilla para dar servicio a la Corte de Felipe III. Durante aquellos cinco años, fue el centro de las miradas de todos los reinos españoles, y no es de extrañar, pues en este tiempo nacieron en ella Ana de Austria, futura Reina de Francia, y el propio sucesor de Felipe III, Felipe IV, un 8 de abril de 1605. Sin embargo, hasta la capital pucelana llegaron también genios y artistas, como Gregorio Fernández, Miguel de Cervantes, Rubens, Quevedo o Luis de Góngora, entre otros.

El paso de Gregorio Fernández por Valladolid es, sin duda, el más importante de todos, pues su herencia artística se aprecia en multitud de iglesias y museos. Gracias en gran medida a este escultor gallego, la ciudad es hoy referente mundial de escultura en madera policromada. Aquí estableció su taller y desde él salieron las grandes joyas del arte barroco de la Escuela Castellana, que no solo se quedaban en Valladolid, sino que también viajaban a otros rincones del país.

Dolorosa de la Vera Cruz, una de las grandes obras de Gregorio Fernández en Valladolid

Hay que hacer mención también a Miguel de Cervantes. Gracias al traslado de la Corte, hasta Valladolid se desplazó también el escritor. De hecho, la ciudad es la única de toda España que conserva una casa original del autor en la que efectivamente se sabe que residió, siendo aquí donde finalizó la primera parte de El Quijote. Un 20 de diciembre de 1604, extendió la tasa para la venta de la novela, que comenzó a venderse en la ciudad a finales de ese año y comienzos de 1605, para posteriormente triunfar en el resto de España y de todo el mundo.

Fachada de la Casa-Museo de Miguel de Cervantes, en Valladolid. Fuente: Tribuna Valladolid

Como anécdota, William Shakespeare pudo ser uno de los integrantes de una misión diplomática inglesa que viajó a Valladolid en el período en que fue capital del Reino, concretamente en 1605. Durante este tiempo, habría coincidido con Miguel de Cervantes. ¿Realidad o leyenda? Nunca lo sabremos, aunque como argumento para una obra de teatro, una serie o una película sería maravilloso.

El fin de una época

Mientras la vida de la Corte sucedía, el Duque de Lerma repetía su hazaña inmobiliaria, pero esta vez en Madrid. Su objetivo no era otro que presionar de nuevo a Felipe III para trasladar a la villa del Manzanares de nuevo la capital de Las Españas, como así sucedió en marzo de 1606. Desde entonces, Madrid no ha vuelto a perder la capitalidad, lo que sin duda permitió su crecimiento económico y social, hasta convertirse en la gran urbe que es actualmente. Valladolid no corrió la misma suerte, pues que a partir de 1606 entró en un período de decadencia que se reflejó en la pérdida de población y actividad económica, algo de lo que no consiguió recuperarse hasta el siglo XIX.

La Iglesia de San Pablo, reflejo del pasado histórico de Valladolid

Durante los cinco años en que Valladolid disfrutó de la capitalidad de los reinos de Las Españas, supo aprovechar al máximo la influencia de la Corte para florecer y renacer. Todo ello se puede apreciar todavía hoy, cuatro siglos después, en sus monumentos, en sus museos e iglesias o en su sociedad, que recuerda con orgullo y nostalgia su pasado, como también lo hemos recordado nosotros hoy, un viaje a ese pasado del Valladolid del siglo XVI que nos hace sentir unos auténticos #TuristaEnMiPaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

VEGA GARCÍA-LUENGOS, G. (2011). El Valladolid cortesano y teatral de Felipe III (1601-1606), en MATAS CABALLERO, J., MICÓ JUAN, J. A., PONCE CÁRDENAS, J. (Ed.), El Duque de Lerma. Poder y literatura en el Siglo de Oro. Madrid: CEEH. Recuperado de: https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/3760/G%20Vega%20Lerma%202011pdf.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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