La erupción volcánica de La Palma de 1646: así fue la crónica que recibió Felipe IV

Uno de los hechos más importantes, a la vez que catastróficos, que tuvieron lugar en 2021 en España fue la erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de La Palma, un hecho que sorprendió a todos y que ayudó a recordar que el archipiélago de Canarias está vivo, es de origen volcánico y forma parte de la placa africana. Sin duda, la sociedad palmera, duramente afectada por las pérdidas materiales, pero también el resto del país solidarizándose con ellos, se paralizó ante lo sucedido. A pesar de que este tipo de fenómenos naturales dejan impronta de su huella y recuerdo en la propia orografía del paisaje, su documentación también es importante para tratar de predecir otras posibles y futuras catástrofes volcánicas, además de analizar las ya acontecidas.

En pleno siglo XXI, noticias, vídeos, imágenes, últimas horas a golpe de tweet o una conexión en directo constante con la salida de la lava, sirvieron para documentar este hecho histórico. Sin embargo, en las centurias precedentes el tiempo avanzaba a otro ritmo y era la pluma y el papel los que anunciaban y dejaban constancia escrita de este tipo de sucesos. Prueba de ello lo encontramos en 1646, año en que otro volcán despertó también de su letargo en La Palma y paralizó la vida de sus habitantes. El entonces Rey de Las Españas, Felipe IV, recibió la noticia en forma de carta escrita del puño y letra del Gobernador de las Canarias, un valioso documento con el que conocer cómo fue aquella erupción que paralizó la vida de los palmeros y que a continuación vamos a descubrir.

La Palma, una isla volcánica viva

La Palma es una de las islas que conforman el archipiélago de las Canarias. De origen volcánico, todo este conjunto de formaciones insulares situadas en el Océano Atlántico se asientan sobre la placa africana y, desde un punto de vista natural, pertenecen a la región de la Macaronesia. De todo el grupo de islas, cabe destacar que La Palma es la segunda más joven, por detrás de Hierro, al alcanzar únicamente los 2 millones de años. Aunque puedan parecer muchos, lo cierto es que en geología el tiempo se mide de otra forma, además de recordar que nuestro planeta, La Tierra, cuenta con más de 4,5 mil millones de años.

Vista aérea de la isla canaria de La Palma

El vulcanismo es uno de los grandes atractivos turísticos de las Islas Canarias, que han sabido aprovechar y revalorizar su riqueza natural para crear valor y atraer la atención de los turistas de todo el mundo. El archipiélago, único por sus características geológicas o climáticas, tanto en España como en Europa, ve reflejado todo ellos en sus diferentes espacios naturales protegidos, cuyos máximos exponentes son sus cuatro Parques Nacionales: Teide (Tenerife), Timanfaya (Lanzarote), Garajonay (La Gomera) y Caldera de Taburiente (La Palma). Como no podía ser de otro modo, todos ellos se encuentran vinculados al origen volcánico del archipiélago.

En lo que respecta a la Caldera de Taburiente, estudios en las últimas décadas han confirmado que, a pesar de su nombre, su origen es erosivo, no volcánico. La edad de esta zona de La Palma coincide con la antigüedad de la isla, por lo que está vinculada al nacimiento de la misma. De hecho, las primeras erupciones submarinas que concluyeron con la creación de la isla comenzaron hace 3 millones de años en este extremo norte, y la formación posterior del actual Parque Nacional, que al mismo tiempo es también Reserva de la Biosfera de la UNESCO, se debió a los procesos erosivos del agua, uno de sus elementos más significativos y que brota por todo el terreno que ocupa. Aclarado este detalle, el dominio geológico de Caldera de Taburiente lleva miles de años sin experimentar actividad volcánica, ya que hace aproximadamente 150.000 años que los rugidos del magma se trasladaron al sur, más allá de Cumbre Vieja.

Vista de Cumbre Vieja, en La Palma. Fuente: fotosaereasdecanarias.com

El Parque Natural de Cumbre Vieja divide La Palma en dos partes y también sirve de límite natural para poder contemplar dos paisajes completamente opuestos. Uno muy frondoso y verde al norte, mientras que en el sur el entorno es puramente volcánico. Esto no es de extrañar, puesto que en los últimos siglos se han registro en esta zona numerosas erupciones volcánicas, las denominadas erupciones históricas. La primera de ellas, que sin contar con documentación ha confirmado la geología, aconteció en torno a 1470-1492 con el despertar del volcán Tacande, unos años antes de la conquista española de la isla (1493). Precisamente, el propio Colón pudo observar actividad volcánica en Canarias desde la nave que le conducía al Nuevo Mundo en 1492, tal y como reflejó en su diario de a bordo, aunque no se sabe si provenía de La Palma o del Teide, en Tenerife.

Erupción del volcán Teneguía en 1971. Fuente: EL PAÍS

De las 17 erupciones volcánicas canarias históricas, 8 han tenido lugar en La Palma y todas ellas al sur de la isla, en el actual Parque Natural de Cumbre Vieja. La última, en 2021. De hecho, desde el siglo XV en que se tienen registros, solamente en el XIX no hubo ninguna explosión. Las colas de lava han ido dando forma a todo este territorio insular, un gran atractivo hoy en día para quienes visitan la “Isla Bonita”, como así se conoce a La Palma, pero que tantos estragos han provocado a lo largo de los tiempos a sus habitantes, destruyendo casas, plantaciones o reservas ganaderas.

La erupción del Volcán Martín en 1646

De las ocho erupciones volcánicas que han tenido lugar en La Palma desde el siglo XV, queremos destacar especialmente la que aconteció en 1646. Solamente habían transcurrido algo más de 70 años de la anterior, en la que el volcán de Tahuya sembró el pánico entre la población palmera entre el 19 de mayo y el 10 de agosto de 1585, cuando un nuevo gigante fruto de la naturaleza volvió a rugir con fuerza en la “Isla Bonita”. La lava despertó en el extremo sur de Cumbre Vieja el 2 de octubre de 1646, en la montaña que los locales conocían como Manteca.

Vista del Volcán Martín, cuya erupción se produjo en 1646. Fuente: Isla Bonita Tours

El volcán Martín, como así se denominó al nuevo habitante geológico de La Palma que surgió de esta erupción, llegó a formar varias lenguas de lava y afectó especialmente a Tigalate y Fuencaliente. Al igual que ha ocurrido en otras ocasiones a lo largo de la histórica volcánica de la isla, el material que expulsó el volcán también consiguió llegar al Atlántico y ganar terreno al mar.

Colas de lava que provocó la erupción del volcán Martín en 1646. Fuente: OpenStreetMap

La erupción de Martín estuvo acompañada también de fuertes terremotos, que obligaron al gobernador de Tenerife a enviar barcos a sus vecinos palmeros para evacuarlos, pues muchas de sus embarcaciones habían quedado destruidas. Además de la lava, la tormenta de ceniza y piroclastos provocaron grandes consecuencias para las cosechas y cultivos, tanto de ese año como del venidero. Finalmente, y antes de la llegada de la Navidad, el volcán cesó en su actividad. Aunque Martín se extinguió, La Palma continuó muy viva, y pasaron solo 28 años para que un nuevo volcán continuara escribiendo la milenaria pero reciente historia de la segunda isla más joven de las Canarias.

La crónica de la erupción recibida por Felipe IV

La noticia de la erupción del volcán Martín llegó a la península el 18 de diciembre de 1646, del puño y letra del corregidor de Tenerife y La Palma, Alonso de Inclán y Valdés. La carta, conformada por nueve folios y conservada en la Biblioteca Nacional de España, está dirigida a Felipe IV y en ella se describe cronológica y detalladamente lo sucedido. En primer lugar, el gobernador informa al Rey que los primeros días de octubre se sintió en Tenerife, en cuya ciudad de La Laguna se encontraba, temblores de tierra de poca consideración, aunque los que le siguieron supusieron un «grande estruendo en toda la dicha isla en forma de artillería gruesa», por lo que las confundieron con un ataque de guerra.

Felipe IV de España reinó entre 1621 y 1665. Fuente: The National Gallery

El corregidor informa al Rey que recibió aviso que desde Garachico, población situada también en Tenerife, se avistaba «un fuego grande y espantoso en la isla de La Palma, que está distante de aquella en dieciocho leguas y que del mismo fuego se distinguían otros fuegos grandes que en forma de ríos corrían hacia la mar». Por tanto, ya habían descubierto el origen de los estruendos, causados por un volcán que había explosionado en su isla vecina. Los moradores de la “Isla Bonita” le relataron que el 30 de septiembre de 1646, a las once de la noche, comenzaron los terremotos que precedieron la erupción, que tuvo lugar el 2 de octubre, cuando «se abre una grieta en el término que llaman de Tigalate», cuyos materiales, entre ellos humo y piedras, «oscurecían el día y condensaban el aire».

En la carta, el corregidor va relatando el número de bocas que el volcán va abriendo conforme los días se suceden. Uno de los puntos más llamativos es que, a pesar de afirmar que dos grandes colas de lava acaban llegando al mar, «las cenizas y piedras que llueven nunca cesan, con que esto hace más daño que los ríos de fuego». Concretamente, hace referencia a los daños que causó en los cultivos y zonas boscosas de la comarca, junto con el ganado que pereció, las casas y estanques que destruyó y, ante todo, las tierras de sembrar, el gran tesoro de la isla según el corregidor.

La agricultura continúa siendo la principal actividad económica de La Palma. Fuente: Guía Repsol

Curiosamente, también informa a Felipe IV que por donde la lava avanzaba no quedaba otra cosa que «malpaís, que así llaman la tierra inhabitable por estar cubierta de piedra quemada». Se trata, por tanto, de un término de larga historia que todavía hoy se escucha en todas las Islas Canarias. Además, afirma que, aunque el volcán perjudicó a todos los habitantes de La Palma por igual, los más pudientes se vieron menos afectados ya que la erupción no afectó a los cultivos de azúcar o las viñas. Es por ello que, al finalizar la carta, solicitó «alivios» al Rey ante la desgracia que vivieron los palmeros.

El pino canario se ha asentado con el paso de los siglos en el entorno del volcán Martín. Fuente: Francisco Curbelo

Los efectos del volcán Martín también llegaron a Tenerife, donde cayó «cantidad grande de arena que parece pólvora verde», e incluso hasta Lanzarote, donde «un olor enfadoso y los estruendos se han sentido», a pesar de distar de ochenta leguas de la de La Palma. Precisamente, la noche del 15 de noviembre de 1646, el corregidor afirma en la carta que los terremotos que se sintieron desde Tenerife fueron tan grandes que la población acudió a refugiarse a iglesias o conventos y que «no parecía la ruina de aquella isla de La Palma, sino la de todas», refiriéndose al conjunto del archipiélago.

El ¿milagroso? final de la erupción

En la carta que el gobernador de Tenerife y La Palma remitió a Felipe IV y que hemos desgranado previamente, se hace mención también al miedo y temor que sintieron los palmeros ante el estallido del volcán, afirmando en el escrito que «no quedándoles más acción que acudir a las iglesias para pedir misericordia a Dios Nuestro Señor». Concretamente, hace referencia a los 4 novenarios que dedicaron a la Patrona de la isla, Nuestra Señora de las Nieves, a la que se trasladó en rogativa desde su Santuario hasta la capital, Santa Cruz de la Palma, para implorar el fin de la catástrofe.

Talla de Nuestra Señora de las Nieves, Patrona de La Palma. Fuente: Minube

La Virgen de las Nieves se encuentra representada en una talla del siglo XIV, período anterior a la conquista castellana de la isla en 1493, lo que la convierte en la escultura mariana más antigua de todo el archipiélago canario. Sin embargo, da la casualidad que se cree que ya era venerada por los aborígenes, seguramente porque llegó de la mano de algún misionero que se desplazó a aquellas inhóspitas tierras con fines evangelizadores. A pesar de que había sido elevada a la categoría de Patrona de La Palma, lo cierto es que la población sentía más fervor por otros santos, como Santa Águeda, que por Nuestra Señora de las Nieves. Sin embargo, todo ello cambió con la erupción del volcán Martín.

Procesión de 1646 en la que se rogó a la Virgen de las Nieves el fin de la erupción. Fuente: Twitter @VRetratos

El 18 de diciembre de 1646, día en que se celebra la Expectación del parto de la Santísima Virgen María, y tras haber sacado en procesión a Nuestra Señora de las Nieves, la boca por la que expulsaba la lava apareció cubierta de nieve, cesando su actividad. Entonces, otra explosión ocurrió, pero en este caso de devoción por esta Virgen negra, que ha llegado a ser, incluso, coronada canónicamente. Este milagro, que forma parte de la tradición popular que gira entorno a los volcanes de La Palma, quedó reflejado en un cuadro conservado en el Santuario donde la talla recibe culto.

La isla de La Palma es una mezcla de vegetación, mar y volcanes. Fuente: Visit La Palma

«Soy volcán, salitre y lava. Repartido en siete peñas late el pulso de mi alma. Soy la historia y el futuro, corazón de alumbra el alba de unas islas que amanecen navegando la esperanza». Estos versos, que ponen letra al himno de la Comunidad Autónoma de las Islas Canarias, definen a la perfección a La Palma, la formación insular de todo el archipiélago que más afectada se ha visto por la actividad volcánica en los últimos quinientos años. Las erupciones han hecho fuerte a la sociedad palmera y no solo han dejado una huella perpetua en su paisaje, sino también en una población que siglo a siglo ha ido forjando su historia, una historia que, al igual que sus paisajes volcánicos, sus verdes y frondosos rincones, y el rumor de sus aguas nos hacen sentir unos auténticos #turistaenmipaís. Ahora, es momento de visitar y apoyar a La Palma.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BARRERA, J. L., GARCÍA MORAL, R., PINEDA, A., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ R. (2016). Parque Nacional del Teide. Guía Geológica. Instituto Geológico y Minero de España. Recuperado de: http://www.igme.es/LibrosE/GuiasGeo/teide_2ed_sp/

BARRERA, J. L., GARCÍA MORAL, R., PINEDA, A., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ R. (2016). Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Guía Geológica. Instituto Geológico y Minero de España. Recuperado de: https://www.igme.es/LibrosE/GuiasGeo/taburiente_sp/

DE INCLÁN Y VALDÉS, A. (1646). Relación de la erupción de un volcán en la isla de La Palma. [Carta dirigida al Rey Felipe IV por el Gobernador de las islas]. Biblioteca Nacional de España. Recuperado de: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000177624&page=1

POGGIO CAPOTE, M. (2010). “De tanto corazón la fe rendida: la Virgen de las Nieves y la cultura popular (notas históricas y etnográficas)”. En Pérez Morera, J. (coord.), María, y es la nieve de su nieve . Favor, esmalte y matiz. Santa Cruz de la Palma: Caja Insular de Ahorros de Canarias. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3300047

RODRÍGUEZ ESCUDERO, J. G. (2009). Los prodigios de Nuestra Señora de Las Nieves. Recuperado de: https://issuu.com/nuestrasislas/docs/los_prodigios_de_nuestra_se_ora_de_las_nieves

IMAGEN DE PORTADA

Erupción del volcán de La Palma en 2021. AFP-El Mundo. Recuperado de: https://e00-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2021/09/20/16321233422942.jpg

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