La Isabela, un Real Sitio sumergido bajo las aguas en la provincia de Guadalajara

Cuando hablamos de la desaparición del patrimonio cultural que hemos heredado del pasado, no solo hay que tener en cuenta los procesos de desamortización del siglo XIX. Hay otra gran cantidad de factores que han provocado que hayamos ido perdiendo paulatinamente bienes patrimoniales para, o bien ser reemplazados por otros, o construir sobre ellos nuevas edificaciones con usos totalmente diferentes. El Patrimonio Inmueble de la Corona no supone una excepción en lo que a desaparición de patrimonio se refiere.

El Real Sitio de La Isabela, situado en los confines de la provincia de Guadalajara, es uno de los ejemplos más destacados, al tiempo que desconocidos, de la pérdida de patrimonio real. A pesar de contar con antecedentes previos, realmente fue promovido por Fernando VII y su segunda esposa, pero alcanzó su máximo apogeo en el reinado de su hija, Isabel II. La Monarquía del siglo XIX se sirvió de este espacio como lugar de retiro y recreo, al igual que hacían con otros Reales Sitios, véase La Granja de San Ildefonso. Hoy en día, sus cimientos sobreviven sumergidos bajo las aguas del pantano de Buendía.

Historia del Real Sitio de La Isabela

A la hora de revisar la historia del antiguo Real Sitio de La Isabela, hay que remontarse siglos atrás. Concretamente, al período en que España era Hispania y la geografía ibérica formaba parte del Imperio Romano. En Cañaveruelas, Cuenca, se conservan las ruinas de la ciudad romana de Ercávica, que estuvo activa hasta el siglo IX. Todo apunta a que en el margen del río Guadiela, afluente del Tajo, levantaron unas termas con las que aprovechar los beneficios medicinales de estas aguas. Los árabes también hicieron uso de estas pozas, a las que nombraron como “Salam-bir”.

Ruinas de la ciudad romana de Ercávica. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha

Los manantiales de aguas termales de esta zona de la cuenca del Tajo no solo fueron explotados por romanos y árabes. A comienzos del siglo XVI, la leyenda atribuye una visita del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, que sirvió a los intereses de los Reyes Católicos, quien en 1512 curó su reuma artrítico en la entonces conocida como Fuente María. Gracias a este militar, se dieron a conocer los que con el tiempo llegaron a ser conocidos como Baños de Sacedón, por el municipio en el que se encontraban, el cual se independizó de Huete en 1553.

De Baños de Sacedón a Real Sitio

En 1666, la reina regente Mariana de Austria, madre de Carlos II, el último monarca de los Habsburgo que sostuvo la corona española, probó las aguas de este rincón de Guadalajara. Tal fue el efecto positivo que tuvieron en ella, algo que ya había dictaminado también el Arzobispo de Toledo en 1600, que ordenó construir una hospedería y palacio para alojar a la Familia Real, siendo finalizadas las obras en 1676. La reina había acudido hasta este retiro termal por recomendación del médico de la Casa Real, Fernando Infante, quien publicó, junto con Juan Torre y Valcárcel, un informe sobre estas aguas, “Teatro de la salud y Baños de Sacedón”.

La reina y regente Mariana de Austria, por Diego Velázquez. Fuente: Museo Nacional del Prado

El paso del tiempo y las guerras provocaron que el palacio y la hospedería construidos en tiempos de Mariana de Austria estuvieran arruinados en el siglo XVIII. Sin embargo, fue reedificado por el infante Antonio de Borbón, hermano de Carlos IV, en 1791, que levantó a sus expensas un nuevo palacete. El 9 de septiembre de 1802, el Consejo de Castilla aprobó las ordenanzas para el gobierno de los baños y aguas termales del Real Sitio de Sacedón, a fin de mejorar el enclave.

La creación de La Isabela

Fernando VII nombró a su tío, el infante Antonio de Borbón, “Protector de los Baños de Sacedón”. Él fue realmente el precursor de este Real Sitio. El rey y su segunda esposa, María Isabel de Braganza, lo visitaron en 1816 y un año después falleció el infante. Fue entonces cuando, por interés e insistencia de la reina, Fernando VII llevó a cabo una serie de reformas que convirtieron este paraje en un verdadero Real Sitio, dirigidas por el arquitecto Antonio López Agudo. Se planificó también la construcción de una pequeña ciudad planificada alrededor del palacio, balneario y jardines, como en su momento se hizo en tiempos de los primeros Borbones en otros Reales Sitios.

Real Sitio de La Isabela, por Fernando Brambila. Fuente: Colecciones Reales

Las obras finalizaron en 1826, y el 25 de enero de ese mismo año el rey Fernando VII confirmó la condición de Real Sitio a este nuevo paraje bajo el nombre de La Isabela, en honor a su precursora, la reina María Isabel de Braganza. El monarca y sus dos sucesivas esposas lo visitaron en varias ocasiones. De hecho, la reina María Cristina, a la muerte del monarca, siguió frecuentando el palacio y balneario junto a su hija, Isabel II. No obstante, el desinterés por el Real Sitio de la Isabela y la preferencia por las escapadas al mar provocaron que fuera enajenado del Patrimonio Real en 1865, saliendo a subasta público cuatro años después.

Un Real Sitio para turistas

En el momento en el que dejó de ser un bien privativo de la Corona, el antiguo Real Sitio de La Isabela se convirtió en un foco de turistas, burgueses adinerados de finales del siglo XIX que se vieron interesados por sus aguas, siguiendo así la tendencia de los primeros pasos del turismo que estaban dándose en el resto de Europa. En 1878, se contabilizaron casi un millar de bañistas que acudieron interesados por las propiedades curativas de estas aguas. Se trata de uno de los primeros establecimientos balneario de esta magnitud en España.

Fachada del Balneario de La Isabela. Fuente: La Vanguardia

La desaparición de La Isabela

El último propietario de La Isabela fue el Marqués Benigno de la Vega-Inclán, primer Comisario de Turismo de la historia de España y cuya labor fue fundamental para que España comenzara a situarse en el mapa turístico de comienzos del siglo XX. Adquirió los baños en 1930, con la intención de recuperar el que consideraba “uno de los dominios hidrológicos medicinales más interesantes y quizás de mayor porvenir en España”. Sin embargo, el gobierno de la Segunda República ya puso sus miras en ellos en 1931, pero con un fin bien distinto: utilizar el espacio para construir un pantano.

Embalse de Buendía. Fuente: Castilla-La Mancha Film Commission

Los planes del gobierno republicano y los del Marqués de la Vega-Inclán se vieron truncados por el estallido de la Guerra Civil. Durante este período, el antiguo Real Sitio de La Isabela fue utilizado como cuartel y hospital para enfermos mentales. Cada vez estaba quedaba más lejos el sueño del marqués, a pesar de que el propio doctor Gregorio Marañón alabase las posibilidades de explotar para el turismo de salud este balneario.

Estatua de La Mariblanca, procedente de La Isabela. Fuente: Wikimedia

En 1940, falleció el Marqués de la Vega-Inclán y sus propiedades pasaron a ser propiedad del Estado, que finalmente aprobó la creación del embalse. En 1957, La Isabela quedó sumergida bajo las aguas del Embalse de Buendía, poniendo un punto y final a su historia. La escultura de La Mariblanca, situada en la Plaza de Abajo de Sacedón, es uno de los vestigios que se salvaron y recuerdan a este Real Sitio.

Patrimonio reaparecido en sequía

Si el agua fue la fuente de vida del antiguo Real Sitio de La Isabela, también lo fue de su desaparición tras la construcción del embalse que lo condenó a la destrucción. Como si de la romántica Atlántida se tratase, este palacio, balneario y ciudad palatina quedó sumergido para siempre. Sin embargo, los meses estivales de sequía, es posible volver a contemplar las ruinas y cimientos de lo que un día fue. Es en estos momentos en los que este Real Sitio se convierte en patrimonio reaparecido, al igual que hemos hecho hoy recordándolo en este artículo.

Ruinas del Real Sitio de La Isabela durante un período de sequía. Fuente: ENCLM

De no haberse enajenado y separado del patrimonio de la Corona, el Real Sitio de La Isabela sería hoy en día otro de los puntos turísticos más interesantes de España, junto con Aranjuez, La Granja de San Ildefonso, El Escorial y El Pardo. Situado a algo más de 100 kilómetros de la capital, Madrid, la Corte que un día fue, La Isabela también nos habría hecho sentir unos auténticos #turistaenmipaís con una visita a su palacio, balneario y jardines.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AGUADO PINTOR, A. (2002). La Isabela, un nuevo Real Sitio para los monarcas del siglo XIX. Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII (15), pp. 229-254. Recuperado de: http://revistas.uned.es/index.php/ETFVII/article/view/2400/2273

GARCÍA DE PAZ, J. L. (2003).Patrimonio desaparecido de Guadalajara: una guía para conocerlo y evocarlo. Guadalajara: AACHE

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