Los mejores ejemplos del gótico isabelino en España: una ruta por los monumentos con el sello de Isabel La Católica

Isabel I de Castilla, que pasó a la historia como La Católica, nació un Jueves Santo de 1451 y falleció un frío mes de noviembre de 1504. Se trata de una soberana cuyo reinado se desarrolló a caballo entre los siglos XV-XVI, entre la Edad Media y la Moderna. Durante estos momentos, la luz del arco ojival se apagaba en Castilla para dar paso al Renacimiento, mientras un estilo de transición con sello de la Reina resplandecía: el gótico isabelino.

Mientras que la primera etapa gótica en España fue importada de otros reinos europeos, como Francia, esta corriente artística de la que hablamos se caracteriza por ser parte del patrimonio cultural e histórico nacional, ya que únicamente se puede encontrar en nuestro país o en determinados puntos de América del Sur. El nombre que recibe este estilo hace referencia a Isabel La Católica, reina propietaria de Castilla entre 1474-1504 y que auspició la construcción de muchos de los monumentos marcados por estas formas, el antecedente del Renacimiento en España.

Características y definición del gótico isabelino

Como hemos dicho, el gótico isabelino recibe esta denominación por ser un estilo propio de la Corona de Castilla, desarrollado durante el reinado de los Reyes Católicos, y con notables influencias flamencas, de ahí que en ocasiones también se le confunda con el gótico flamígero importado de Europa y que podemos contemplar en monumentos como la Catedral de Santa María de Burgos. Templos amplios, bóveda de crucería estrellada o uso de pináculos caracterizan y definen al gótico isabelino respecto a otras corrientes pertenecientes al mismo estilo.

Retrato de Isabel La Católica, de Juan de Flandes. Fuente: Patrimonio Nacional

Motivos heráldicos de los Reyes Católicos

Las construcciones patrocinadas por los Reyes Católicos contaban con un alto valor propagandístico. Por ello, en la decoración de los monumentos que responden al gótico isabelino predominan los motivos heráldicos, entre los que destacan el escudo real, yugos, flechas o granadas. Sobre el yugo y las flechas, cabe destacar que eran el emblema de los monarcas, el cual fue sugerido por Antonio de Nebrija. Mientras que el Yugo representaba a Fernando y la dominación del enemigo, las Flechas a Ysabel y a la unidad y cohesión. Si nos fijamos, utilizaron la inicial del otro en cada elemento, siguiendo de este modo la teoría de las divisas galantes. Aunque acompañan al escudo real, estas divisas se contemplan en los edificios de forma independiente.

Por otra parte, una pista para valorar el momento en que se construyó un edificio de la época de los Reyes Católicos consiste en fijarse en el escudo real: si en el entado del mismo, es decir, el pico, aparece el símbolo de la granada, otro de sus emblemas, el monumento es posterior a 1492, la conquista de Granada. Ocurre los mismo que con el yugo y las fechas, pudiendo encontrar granadas también de forma independiente por los edificios, lo que también ayuda a explicar el tiempo en que se construyeron.

Arquitectos del gótico isabelino

Juan Guas y Enrique Egas son los arquitectos más destacados del gótico isabelino, siendo a ellos a quienes se atribuyen la mayoría de los edificios que podemos encontrar en España. Por ejemplo, al primero se debe el Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo) y al segundo la Capilla Real de Granada, entre otros monumentos. Si quieres descubrir los mejores ejemplos de gótico isabelino, sigue leyendo para descubrirlos en esta ruta artística y arquitectónica que hemos preparado.

Claustro de la catedral de Segovia

Segovia ha contado hasta con 3 catedrales a lo largo de su historia. La segunda de ellas era de estilo románico y se encontraba situada frente al Alcázar. En tiempos de Enrique IV, el claustro presentaba un estado ruinoso, por lo que se decidió iniciar su reconstrucción en estilo gótico. Sin embargo, la subida al trono de Isabel La Católica fue determinante para el avance de las obras, que no solo puso su sello personal, sino que sufragó personalmente la construcción de la portada de acceso. Tras la demolición de la catedral para la construcción de la actual en tiempos de Carlos V, el claustro gótico isabelino se trasladó piedra a piedra al nuevo templo, donde todavía se conserva.

Monasterio de Santo Tomás (Ávila)

El Real Monasterio de Santo Tomás, en la ciudad de Ávila, responde también al patrón del gótico isabelino. Patrocinado por los propios Reyes Católicos y su tesorero, Hernán Núñez, fue residencia estival de los monarcas y sede de la Inquisición. A la muerte de su primogénito, el príncipe Juan, lo escogieron como su lugar de enterramiento, labrándose un sepulcro de mármol a comienzos del siglo XVI, ejecutado por Domenico Fancelli, como así dejó escrito la reina Isabel en testamento. El edificio fue construido entre 1482-1493 y, actualmente, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Cartuja de Miraflores (Burgos)

Juan II de Castilla decidió donar a la orden de los cartujos un palacio situado en las afueras de Burgos, construido por su padre, Enrique III, para situar en él una nueva fundación monástica. Sin embargo, el edificio se incendió, por lo que hubo que proyectar un nuevo complejo a partir de 1453. La muerte del rey al año siguiente supuso la ralentización de las obras, ya que su heredero, Enrique IV, apenas mostró interés por el cenobio.

Sin embargo, cuando Isabel La Católica subió al trono de Castilla, impulsó su construcción nuevamente en torno a 1477, dándole su toque personal. Simón de Colonia dirigió el trabajo de este conjunto monacal que se convirtió también en panteón regio de sus padres y hermano pequeño. Además de su arquitectura, el gótico isabelino se aprecia también en su decoración, destacando los propios sepulcros, joya del arte funerario de la época, o el retablo mayor. Los detalles de todos estos tesoros los puedes apreciar a la perfección en la visita virtual de la página web del monumento.

Iglesia de Santa María (Aranda de Duero)

En la provincia de Burgos se encuentra Aranda de Duero, uno de los pueblos con más historia de toda la geografía española. Famoso por las bodegas y videños que lo rodean, que forman parte de la Ribera del Duero, cuenta con un rico patrimonio artístico en el que sobresale especialmente la Iglesia de Santa María.

Portada de la Iglesia de Santa María de Aranda de Duero. Fuente: Wikimedia

La Iglesia de Santa María de Aranda de Duero es uno de los mejores ejemplos de estilo gótico de la provincia, destacando también la influencia del sello artístico o arquitectónico de Isabel La Católica, especialmente en su portada. Este elemento fue diseñado y ejecutado por Simón de Colonia, entre otros arquitectos, maestro que también intervino en la Catedral de Burgos o la Cartuja de Miraflores.

Colegio de San Gregorio e Iglesia de San Pablo (Valladolid)

El Colegio de San Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura, es uno de los monumentos más importantes de Valladolid. Fue construido entre 1488 y 1496 como colegio de Teología, siendo fundado por Alonso de Burgos, obispo de Palencia y confesor de los Reyes Católicos. Su fachada es una obra cumbre del gótico isabelino, coronada por un portentoso escudo real de los monarcas, destacando también el claustro, repleto de motivos heráldicos propios de este estilo artístico, como yugos y flechas.

Por su parte, la Iglesia de San Pablo, que se encuentra a la vuelta del Colegio de San Gregorio, también sigue los preceptos del estilo gótico isabelino. Su fachada, todo un retablo labrado en piedra, es única en España, convirtiéndola en una de las iglesias más majestuosas de Valladolid. Cabe destacar que en ella fue bautizado Felipe II, que había nacido en el cercano Palacio Pimentel el 21 de mayo de 1527.

Monasterio de San Jerónimo el Real (Madrid)

Reinando Enrique IV de Castilla, se construyó un monasterio jerónimo en la ribera del Manzanares. La insalubridad del entorno obligó a los Reyes Católicos a conceder permiso a los monjes para trasladarse a otro punto de la villa en 1503, a los arrabales del actual Paseo del Prado. El edificio se levantó rápidamente, haciendo uso de los materiales del viejo monasterio. Del complejo solo ha llegado hasta nuestros días la iglesia, conocida como Los Jerónimos, y un claustro, que forma parte de las instalaciones del Museo Nacional del Prado.

Iglesia de San Jerónimo el Real. Fuente: Turismo Madrid

La Iglesia de San Jerónimo es una de las pocas muestras de arquitectura gótica originaria que se conservan en Madrid responde al estilo isabelino. Su diseño está atribuido a Enrique Egas bajo patrocinio real y se convirtió en iglesia de cabecera para las celebraciones de la Corte en la villa desde tiempos de los Austrias hasta prácticamente la actualidad.

Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo)

El Monasterio de San Juan de los Reyes es el máximo exponente del gótico isabelino. Situado en Toledo y auspiciado por los propios Reyes Católicos, se construyó para conmemorar la victoria de la reina Isabel sobre su sobrina Juana y sus partidarios en la lucha por el trono, es decir, la Batalla de Toro librada el 1 de marzo de 1476 que aseguró el trono para el bando isabelino.

El monumento también fue un gesto con el que quisieron agradecer el nacimiento del heredero al trono castellano y aragonés, el príncipe Juan, que llegó al mundo en 1478 en Sevilla. Además, en un primer momento también se valoró como lugar de enterramiento para los monarcas, de ahí su imponente arquitectura, pero la empresa granadina posterior de 1492 motivó a decantarse por la ciudad andaluza como panteón, donde reposan en la actualidad.

Palacio del Infantado (Guadalajara)

El Palacio del Infantado, en Guadalajara, se diseñó también en estilo gótico isabelino por Juan Guas. Fue construido en 1480 bajo el patrocinio de Íñigo López de Mendoza y Luna, segundo duque del Infantado, siendo uno de los grandes monumentos de esta ciudad de Castilla-La Mancha.

Iglesia de Santa María del Sagrario (Málaga)

La Iglesia de Santa María del Sagrario, en Málaga, cuenta con una obra maestra del gótico isabelino, como así es la portada de acceso al templo, siendo uno de los mejores ejemplos de este estilo en Andalucía. Esta parroquia es una de las cuatro que los Reyes Católicos ordenaron construir en la ciudad tras su conquista en 1487, estando declarada Bien de Interés Cultural.

Capilla Real de Granada

En septiembre de 1504, unos meses antes del fallecimiento de la reina Isabel, ella y su marido, el rey Fernando, establecieron mediante una Real Cédula la construcción de una capilla funeraria junto a la nueva catedral que se iba a construir en Granada. Se construyó entre 1505 y 1517, siendo uno de los grandes ejemplos de estilo gótico isabelino de todo el territorio español, junto con el Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo. Se trata de todo un monumento en el que se demuestra el poder político de los soberanos, con varios motivos propagandísticos.

Exterior de la Capilla Real de Granada, uno de los mejores ejemplos de gótico isabelino

El estilo gótico isabelino de la Capilla Real granadina nada tiene que ver con la catedral anexa, un recinto renacentista de imponentes dimensiones y dedicado a la Encarnación de la Virgen. Este recinto funerario, que acoge los restos de los Reyes Católicos, el príncipe Miguel de la Paz y los reyes Juana I de Castilla y Felipe I, fue el primer intento de crear un mausoleo en el que congregar a todos los reyes de la nueva Monarquía Hispánica o Monarquía Católica. De hecho, en este templo estuvo enterrado el cuerpo de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V. Sin embargo, ese proyecto se fue a El Escorial de la mano de Felipe II.

Los monumentos de estilo gótico isabelino son grandes ejemplos de la riqueza patrimonial que podemos encontrar recorriendo España de norte a sur. Su visita no solo traslada a los turistas a tiempos pasados, sino que les deja boquiabiertos por la grandeza artísticas y arquitectónica que presentan. Ante todo, consiguen que nos sintamos verdaderos #turistaenmipaís mientras los contemplamos.

J.

La Iglesia de Santa María de la Almudena, la primera iglesia construida en Madrid que acabó siendo víctima del urbanismo del siglo XIX

Madrid es una de las ciudades de España que más patrimonio cultural ha perdido en los últimos dos siglos. Los adoquines de la capital del país, que sin dejar de ser villa es también una de las ciudades más cosmopolitas y visitadas de Europa, todavía susurran las hazañas de su largo pasado, aunque, en ocasiones, cuesta encontrar los testigos vivos y materiales de esas historias, como así son los monumentos.

Por este punto del centro de la geografía ibérica ya se interesaron los visigodos, aunque verdaderamente el comienzo de la historia de lo que hoy en día conocemos como Madrid se remonta al período de dominación árabe, en pleno siglo VIII. Los musulmanes dieron forma a aquel Mayrit o Magerit que fue creciendo alrededor de la fortaleza o al-mudayna que construyeron para defender la cercana Toledo, la joya de la corona visigoda que fue recuperada en 1085 por Alfonso VI de León. Por el camino, dos años antes, el rey también se hizo con Madrid, cristianizando de nuevo esta naciente villa. La primera decisión del monarca fue la consagración de la Iglesia de Santa María. ¿Dónde podemos encontrarla? En la lista del patrimonio desaparecido, aunque hoy la convertimos en reaparecido en Turista en mi país.

Iglesia de la Almudena durante su derribo en 1869. Fuente: Instituto del Patrimonio Cultural de España

Historia de la Iglesia de Santa María de la Almudena

La tradición y la leyenda forman parte de la historia de la Iglesia de Santa María, templo que, en un principio, no fue conocido como Santa María de la Almudena. El primer documento que detalla esta advocación data de 1377, destacando también que en la confirmación de los privilegios concedidos en tiempos de Enrique IV por la reina Juana I de Castilla el 2 de mayo de 1508 aparece nombrada también con la advocación de la patrona de Madrid. Diversos estudios aseguran que el origen del edificio era anterior a la conquista árabe, al tratarse de una iglesia o ermita dedicada a la Virgen que habría sido levantada por los visogodos.

Los musulmanes fueron tolerantes con las creencias de los cristianos de Mayrit, por lo que pudieron mantener vivo este pequeño lugar de culto, hasta que en el año 850 se prohibió el estudio del latín o se les obligó a acudir a las escuelas arábigas, siendo entonces cuando comenzaron a tener más presión sobre su fe. A esto hay que añadir que la Iglesia de Santa María se encontraba muy próxima a la muralla y alcazaba, por lo que, con el paso de los años, acabó formando parte del recinto y fue reconvertida en mezquita. Sin embargo, no parece que hicieran cambios sustanciales en su estructura, más allá de los necesarios para su mantenimiento.

Grabado de la aparición de la Almudena. Fuente: Madrid Árabe

En 1083, Alfonso VI de León recupera Madrid y la integra de nuevo en los dominios cristianos. Como hemos avanzado anteriormente, la primera medida que tomó el rey fue purificar o consagrar nuevamente al culto católico la iglesia de Santa María, que los musulmanes habían convertido en mezquita. Sin embargo, todo apunta a que el rey decidió derruir el templo y construir uno nuevo en estilo románico, fundando también una comunidad monástica regida por la Orden de San Benito y que fue abandonada en la segunda mitad del siglo XV. De este modo, la iglesia de la Almudena se convirtió en la primera en ser construida en Madrid, apareciendo en el Fuero de 1202, dado por Alfonso VIII de Castilla.

Iglesia de Santa María de la Almudena hacia 1845. Fuente: Museo del Romanticismo

Entre 1436 y 1562, fueron sucediéndose diversas obras en la que era una de las principales iglesias de la villa, al darse culto en ella, nada más y nada menos, que a su patrona. Fue en este período cuando su fisionomía cambió y se añadieron una gran cantidad de capillas fundadas por familias nobles y pudientes madrileñas. Sin embargo, 1638 fue el año clave para esta desaparecida iglesia, siendo el momento en el que se llevó a cabo una importante reforma durante el reinado de Felipe IV que dotó al edificio de un aspecto barroco y de la forma que conservó hasta su derribo, en el siglo XIX. La reina Isabel de Borbón fue la gran precursora de estos cambios, ya que era muy devota de la Almudena. No hay que olvidar la rehabilitación neoclásica de Ventura Rodríguez en 1777, momento en el que la iglesia presentaba cierta ruina.

“La reina Isabel de Borbón, a caballo”, Velázquez. Fuente: Museo del Prado

Derribo de la Iglesia de Santa María de la Almudena

A finales del siglo XIX, la corporación municipal de Madrid, encabeza por Nicolás María Rivero, decidió llevar a cabo una ampliación de la calle Mayor con la finalidad de que el Palacio Real comenzase en una vía más amplia y se convirtiera en una de las mejores de la ciudad. Esta acción urbanística incluía el derribo de la Iglesia de Santa María de la Almudena. Sin más miramientos, el 25 de octubre de 1868 se celebró la última misa y se clausuró el edificio, comenzado el derribo de doce siglos de historia de la villa al día siguiente. Sin duda, uno de los días más tristes para el patrimonio cultural madrileño, que perdió una joya arquitectónica, como así era la primera iglesia que se construyó en la ciudad y, por tanto, la más antigua de todas, un título que ahora se disputan entre San Pedro El Viejo, San Nicolás y Santa María la Antigua.

Fachada principal de la Catedral de la Almudena

Años después de quedarse sin casa, se emprendió el proyecto de construir una nueva parroquia que diera cobijo a la patrona de Madrid que, gracias a la intercesión de la Corona y con el tiempo, se acabaría convirtiendo en la catedral que contemplamos hoy en día, al convertirse la ciudad en Diócesis propia. Qué irónica es la historia: fue el sexto rey de nombre Alfonso quien en 1083 construyó la primitiva iglesia de la Almudena, y fue también un rey llamado Alfonso, pero en este caso XII, el que 800 años después, concretamente el 4 de abril de 1883, colocó la primera piedra de la hoy Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Los tesoros de la Iglesia de Santa María de la Almudena

En 1998, unas obras en la Calle Mayor sacaron a la luz los restos del ábside de la iglesia, situados en la actualmente denominada Calle de la Almudena. Estos cimientos se encuentran cubiertos por una estructura acristalada y, junto con la placa y pequeña maqueta de metal que los acompaña, son los únicos testigos arquitectónicos que nos quedan de la Iglesia de Santa María. Sin embargo, su recuerdo todavía es palpable en parte del tesoro artístico que se conserva, aunque disperso, por varios puntos de la capital.

  • Talla, mantos y trono de la Virgen de la Almudena

La principal joya que se libró de la demolición, como era lógico, fue la talla de Nuestra Señora la Real de la Almudena, junto con su trono de plata, datado de 1640 y siendo un regalo del pueblo de Madrid, sobre el cual todavía descansa la escultura en el crucero de la actual catedral. La efigie parece que sustituyó a la primitiva que la leyenda dice encontró el rey Alfonso VI en el cubo de la muralla, de la al-mudayna, de ahí el nombre de su advocación, y que se debió de quemar en un incendio acaecido en tiempos de Enrique IV de Castilla.

La que se venera en la actualidad está atribuida a Diego Copín de Holanda, de finales del siglo XV y principios del XVI. Desde tiempos de Felipe IV hasta 1890, la imagen se vestía con mantos que se conservan en el actual Museo de la Catedral de la Almudena, expuestos en una copia de la talla original que se van alternando por temporadas por motivos de conservación.

  • Imagen mural de la Virgen de la Flor de Lys

Con motivo de preparar el retablo mayor para las novenas ofrecidas por la reina Isabel de Borbón en 1623 ante su próximo embarazo, apareció una pintura mural de estilo bizantino detrás del mismo, que no se desprendió de la pared hasta las reformas de 1638. Se trata de la Virgen de la Flor de Lis, que, aunque los estudios son difusos, parecen concluir que fue mandada pintar por Alfonso VI. La flor podría ser una atribución de la pureza de la Virgen o un guiño a su esposa, Constanza de Borgoña, de origen francés. Hoy en día, recibe culto en la cripta de la catedral, siendo la representación mariana más antigua de Madrid junto con la de la Virgen de Atocha y una joya del arte.

Altar de la Virgen de la Flor de Lis en la cripta de la Catedral de la Almudena
  • Cristo del Buen Camino y hachero

También en la cripta de la Catedral de La Almudena encontramos el Cristo del Buen Camino, una talla de madera policromada del siglo XVIII procedente de la Iglesia de Santa María. Asimismo, en este espacio se conserva un hachero de 1803, también del templo primitivo.

  • Óleos sobre la historia de la Virgen de la Almudena

Se conservan dos óleos de autor anónimo datados de 1640 que eran parte del tesoro de la primitiva Iglesia de Santa María: “Procesión de Santa María de la Almudena en 1638” e “Intervención y milagros de Santa María de la Almudena”. Fueron trasladados al Convento del Sacramento de las Monjas Bernardas tras el cierre de la iglesia, pudiendo contemplarse actualmente en la Catedral de la Almudena.

  • Óleo de El Milagro del Pozo

La reina Isabel de Borbón mandó pintar a Alonso Cano la obra “El Milagro del Pozo”, siendo colocada en el ático del retablo mayor de la Iglesia de Santa María. Representa el momento en el que el hijo de San Isidro y Santa María de la Cabeza había caído a un pozo e imploraron a la Virgen de la Almudena, de la que eran muy devotos, para que lo salvase, como así dice la leyenda del milagro. El cuadro entró a formar parte de la colección del Museo del Prado en 1941, exhibiéndose en la Sala 016B.

“El milagro del pozo”. Fuente: Museo del Prado

Aunque la Iglesia de Santa María de la Almudena gozó de un rico tesoro artístico, con obras también de Gaspar Becerra, Luca Giordano o Diego Polo, las piezas que hemos recogido anteriormente son de las pocas que se conservan, sin olvidar tampoco unos fragmentos de capiteles expuestos en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, situados en Alcalá de Henares y recuperados en 1998.  

Placa que indica dónde estaba la antigua Iglesia de la Almudena

La Iglesia de Santa María de la Almudena forma parte de la memoria de Madrid, una memoria que hoy hemos recuperado para que forme parte del patrimonio reaparecido de la ciudad y, al menos virtualmente, deje de estar desaparecido y nos haga sentir también #turistaenmipaís viajando por el pasado de esta villa.

Patrimonio Reaparecido

Madrid ha perdido importantes monumentos a lo largo de su historia. Es momento de volver a descubrirlos jugando con la imaginación

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CASAS, N. (2013).Historia y Arte en las Catedrales de España. Ebook

CASTELLANOS OÑATE, J. M. (1989). La iglesia mayor de Santa María de la Almudena: reconstrucción ideal de su arquitectura. Anales del Instituto de Estudios Madrileños (27), pp. 77-100. Recuperado de: http://elmadridmedieval.jmcastellanos.com/Articulos/santamaria.htm

GÓMEZ MENÉNDEZ, M. (2019). La Virgen de la Almudena. Historia, leyendas y representaciones de la imagen venerada en la Catedral de Madrid. En Campos y Fernández de Sevilla, F. J. (coord.), El Mundo de las Catedrales (España e Hispanoamérica), pp. 533-552. San Lorenzo de El Escorial: Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7149569.pdf

PORTÚS PEREZ, J. (2001). Pintura barroca española. Guía. Madrid: Museo del Prado

TARRERO ALCON, M. C. (2012). Raíces cristianas de Madrid: Santa María de La Almudena. Ciclo de conferencias: el Madrid de Alfonso VI. Conferencia llevada a cabo en Instituto de estudios madrileños. Consejo superior de investigaciones científicas, Madrid. Recuperado de: https://xn--institutoestudiosmadrileos-4rc.es/wp-content/uploads/2020/03/Ciclo-Madrid-de-Alfonso-VI-completo.pdf

La Catedral de Segovia, la Dama de las Catedrales españolas y la última de estilo gótico

El 8 de junio de 1525, se coloca en Segovia la primera piedra de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y San Frutos. No era la primera sede catedralicia construida en la ciudad del acueducto, pero sí la última de estilo gótico que se levantó en toda España, cerrando un ciclo artístico del que hemos heredado esta y otras muchas joyas arquitectónicas. Influida por el incipiente Renacimiento que ya imperaba en Europa y en buena parte de nuestro país, la catedral de Segovia destaca por su elegancia, retando sus agujas y alto campanario a las cercanas montañas del Sistema Central.

La catedral segoviana es uno de los monumentos más visitados de la ciudad, ejerciendo su imponente arquitectura de imán y faro para atraer hasta ella a los turistas que pasean por las calles del casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Su construcción fue ordenada por el emperador Carlos V, que dotó a Segovia de uno de los templos más majestuosos de la Cristiandad. Esta es solo una de las curiosidades y secretos que forman parte de la historia de este edificio. Todos ellos te animarán a visitar en primera persona este imponente monumento. ¿Te vienes a descubrirlos?

Historia de la catedral

La actual catedral que podemos contemplar en la ciudad de Segovia es la tercera que ha tenido este rincón histórico de la comunidad de Castilla y León. La primitiva se encontraba en la zona del Parral, junto al río Eresma, pero fue destruida en torno al siglo VI. Posteriormente, la geografía ibérica se vio sumida en el dominio de los árabes, y Segovia no fue ninguna excepción. La recuperación cristiana de la ciudad no tuvo lugar hasta el año 1088, de la mano de Alfonso VI de León. La primera preocupación fue reforzar su defensa, siendo de esta época buena parte del recinto amurallado que ha llegado hasta nuestros días.

Vista de la catedral de Segovia desde un arco del acueducto

Hay que esperar a mediados del siglo XII para hablar de la segunda catedral, un templo de estilo románico que se encontraba situado frente al Alcázar y para cuya construcción fue decisiva la intervención del rey Alfonso VII. El poder político y religioso compartieron un espacio desde el que se dominaba toda la ciudad. Bajo la advocación de Santa María, presentaba un aspecto fortificado y sus dimensiones no eran elevadas ni espectaculares, a excepción de su campanario, que parecía más la torre de un castillo que de una iglesia. La consagración de esta segunda catedral tuvo lugar el 16 de julio de 1228.

Panorámica de la catedral de Segovia

En el siglo XV, el claustro románico de la catedral se encontraba en ruinas, por lo que, a partir de 1472, comenzó la construcción de uno nuevo, de estilo gótico. Hubo que esperar hasta que la reina Isabel La Católica tomó control del trono de Castilla para que las obras avanzasen considerablemente, dándole su toque personal, reafirmando el gusto por el arco ojival. De hecho, la propia soberana sufragó la portada de acceso al claustro, estando coronada por su escudo de armas y una de las muestras de estilo gótico isabelino.

De románico a gótico: una nueva catedral

El aspecto fortificado de la catedral románica de Segovia sirvió de refugio para los comuneros, especialmente su alto campanario, lo que provocó que la Guerra de las Comunidades tuvieran por desenlace la destrucción del templo, cuya ruina era evidente. El emperador Carlos V tomó la decisión de construir una nueva catedral, alejada de la sede política que representaba el Alcázar, eligiendo un emplazamiento elevado, junto a la Plaza Mayor, ocupando el espacio del antiguo Convento de Santa Clara. Con esta decisión, el monarca se reconciliaba con la ciudad del acueducto, que había defendido fervientemente la causa comunera contra él.

La primera piedra de la nueva catedral se colocó en la fachada occidental, la actual Puerta del Perdón, en una solemne ceremonia celebrada el 8 de junio de 1525. Contaba con las armas del emperador y del obispado de Segovia. Esta es una de las curiosidades de la historia de este monumento. A diferencia de otras iglesias, las obras comenzaron por esta zona para mantener vivo el culto en la iglesia del antiguo Convento de Santa Clara, que se encontraba en la actual cabecera de la catedral.

Vista exterior de la girola y cúpula de la catedral de Segovia

El diseño gótico de la catedral es discutido por historiadores del arte, debido a que presenta una clara influencia renacentista, pero la mezcla de ambas corrientes arquitectónicas es la que ha permitido que el edificio presente una elegancia y majestuosidad única en España. El proyecto corrió a cargo, en un primer momento, por el arquitecto Juan Gil de Hontañón, que también trabajó en la Catedral nueva de Salamanca, lo que explica las semejanzas entre ambos monumentos. A ellos les siguieron otros maestros, destacando también que en torno a 1530 visitó las obras Enrique Egas, que dirigía las obras de la seo de Toledo, y los campanarios de ambos templos presentan también cierto parecido.

Torre y campanario de la catedral de Segovia

Traslado del claustro gótico

Una de las grandes curiosidades de la catedral de Segovia se encuentra en su claustro. Se trata de la herencia de la segunda sede catedralicia que tuvo la ciudad, habiéndose trasladado piedra a piedra en una hazaña por conservar este bien patrimonial hasta entonces prácticamente única en la historia. El 29 de julio de 1529, quedó completamente colocado en su nuevo emplazamiento, el que actualmente sigue teniendo.

Claustro procedente de la antigua catedral de Segovia. Fuente: Catedral de Segovia

Después de más de dos siglos desde la colocación de la primera piedra, la consagración de la catedral segoviana tuvo lugar el 16 de julio de 1768. Desde entonces, se ha hecho eterna en el casco histórico de esta ciudad que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, distinción de la que también se aprovecha la propia iglesia. Sin embargo, es su sobrenombre de Dama de las Catedrales el que luce con más orgullo. Sobre por qué se denomina así, se debe a Emilio Castelar, presidente de la Primera República, que la definió de este modo.

Visita la catedral de Segovia

Adentrarse en la Catedral de San Frutos y la Asunción es pasear también por la historia de la propia Segovia. Además de contemplar su propia arquitectura, no hay que dejar de pasear por las 18 capillas laterales que se distribuyen entre la girola y las naves, que custodian verdaderas obras de arte, reflejo del esplendor con el que se quiso dotar a esta iglesia. Entre todos los tesoros, no hay que perder el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, que procesiona en Semana Santa; el retablo de la Capilla de la Piedad, ejecutado por Juan de Juni, o el tríptico del Descendimiento, de Ambrosius Benson. No hay que olvidar el Sinodal de Aguilafuente, conservado en su archivo y el primer libro impreso en España.

Interior de la Catedral de Segovia. Fuente: Catedral de Segovia

185 escalones conducen hasta el campanario, desde donde se contemplan unas maravillosas vistas de la ciudad de Segovia y que también forma parte de la visita a la catedral. Por el camino, los visitantes pueden pararse a descansar en algunas de las salas, como la audiovisual en la que se cuenta la historia de la torre, u otra en la que se conserva una importante colección de tapices.

Silueta de la catedral de Segovia al atardecer

Los amantes de los secretos encontrarán en la catedral de Segovia un verdadero mapa de curiosidades que ir descubriendo mientras se admira su arquitectura. Este monumento imprescindible de la ciudad del acueducto, que tuvo que esperar más de 200 años para estar finalizado, pero cuyo resultado fue la obra gótica más esbelta y elegante de la geografía española, la dama de todas ellas, te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁLVAREZ, M., CÁMARA, A., ÁLVAREZ, M. D. (1988). Levantamiento de la Catedral de Segovia. Informes de la construcción (401), pp. 7-14. Recuperado de: http://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es/index.php/informesdelaconstruccion/article/viewFile/1533/2381

CASASECA, A. (1978). Trazas para la catedral de Segovia. Archivo español de arte (201), pp.29-52. Recuperado de: https://search.proquest.com/docview/1302143759?pq-origsite=gscholar&fromopenview=true&imgSeq=1

RUIZ HERNANDO, J. A. (). La Catedral de Segovia. Madrid: Edelisa, Biblioteca UCM

Aranjuez, El Escorial, El Pardo y La Granja de San Ildefonso, un Real Sitio para cada estación

A pesar de que son muchos los monasterios, abadías, palacios o jardines que gestiona Patrimonio Nacional, únicamente han llegado hasta nuestros días cuatro Reales Sitios, cuatro espacios en los que la naturaleza, la arquitectura, el arte y la historia caminan de la mano, sin soltarse. Es precisamente esta unión la que dota de magia a cada uno de los entornos que se han generado en estos lugares ligados a la Corona y que hoy en día sirven también a los intereses instituciones y culturales del Estado español en su conjunto.

Cuando los turistas se preguntan cuáles son los Reales Sitios de España, la respuesta es una sola: Aranjuez, El Escorial, El Pardo y La Granja de San Ildefonso. A pesar de que por la geografía de todo el país se levantan otros palacios o enclaves ligados históricamente a la Corona española, únicamente estos cuatro son los que cuentan con esta denominación. Diversos reyes han ido interviniendo en su construcción, especialmente los Austrias pero sobre todo los Borbones. Sin embargo, el origen de los Reales Sitios es anterior a todos ellos. ¿Te vienes a descubrir su historia y todo lo que te espera en ellos cuando los visites?

Qué es un Real Sitio

Mientras que La Granja de San Ildefonso es un Real Sitio, el Monasterio de las Huelgas de Burgos o el Palacio de la Almudaina de Palma de Mallorca no lo son. La diferencia entre estos enclaves, que forman parte todos ellos de la red de espacios de Patrimonio Nacional, radica en su fisionomía. Los Reales Sitios son conjuntos monumentales compuestos por una ciudad palatina y un núcleo urbano anexo, integrados en un enclave de alto valor paisajístico. Esto les diferencia del resto de edificios independientes pertenecientes también a esta institución encargada de la gestión de los espacios que históricamente han estado ligados a la Corona de España, como los anteriormente mencionados.

Vista del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso

A pesar de que los cuatro Reales Sitios de España han ido evolucionando de diferente forma a lo largo de los siglos en que se fueron construyendo, todos ellos responden a un patrón arquitectónico común: un palacio real, una capilla, iglesia o basílica, un entorno natural único (Sierra de Guadarrama en El Escorial y La Granja, vega del río Tajo en Aranjuez y Monte del Pardo en El Pardo), un pueblo nacido a la sombra de la residencia regia, y edificaciones anexas fundamentales para la Corte, como caballerizas, espacios de recreo, jardines o fuentes monumentales.

Historia y origen de los Reales Sitios

Una de las principales particularidades de la monarquía medieval era su carácter itinerante. Los monarcas de los reinos hispánicos de la península Ibérica no tenían una capital fija, sino que su Corte se iba trasladando por diversos puntos de su geografía. Esto provocaba que contasen con diversas propiedades distribuidas por todo el país, aunque también en ocasiones se hospedaban en residencias de nobles o en monasterios. Por ejemplo, los Reyes Católicos, cuando visitaban la villa de Madrid, se alojaban en el Palacio de los Lasso de Castilla, que se encontraba en La Latina, junto a la Iglesia de San Andrés, utilizando el Alcázar para actos protocolarios o judiciales.

La reina Juana I fue la última Trastámara que reinó en España. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Los Trastámara, dinastía que rigió la Corona de Castilla desde 1379 hasta 1555, fueron los reyes medievales que sembraron la semilla de los Reales Sitios. Estos monarcas construyeron pabellones de caza en los que se alojaban en las denominadas “jornadas reales”, momentos de recreo para evadirse de la rutina de una Corte que, como hemos dicho, todavía era itinerante. Con el cambio de dinastía y de tiempo, los Austrias establecieron una capital fija, Madrid, en 1606, en torno a la cual prosiguieron la labor emprendida por sus ancestros.

“El rey Felipe V de España, la reina María Luisa Gabriela de Saboya y el príncipe Luis niño matando al dragón de la herejía delante del monasterio de El Escorial”. Fuente: Patrimonio Nacional

Sin embargo, fueron los Borbones los que, importando la tradición cortesana de Versalles respecto a París, convirtieron definitivamente a estos espacios en centros de poder estacionales que acogían a todo su séquito durante determinados meses al año. Alejados de la capital, pero cerca de ella para seguir controlando todos los asuntos de gobierno, los cuatro Reales Sitios de España se encuentran en las inmediaciones de Madrid. Durante cerca de dos siglos, la Corte siguió el siguiente patrón de comportamiento: El Pardo en invierno, Aranjuez en primavera, La Granja en verano y El Escorial en otoño, mientras que las fiestas de Navidad y Semana Santa las celebraban en Madrid, en el Palacio Real o en el del Buen Retiro.

Real Sitio de El Pardo

El Real Sitio de El Pardo tiene su origen durante el reinado de Enrique III de Castilla, que construyó un pabellón de caza o quinta de recreo en torno a 1405. Esta finca fue ampliada posteriormente por Enrique IV, levantado un castillo. Con el cambio de dinastía, el emperador Carlos V, primer rey Austria de España, decidió transformar la residencia y convertirla en un palacio, germen del Real Sitio, encargándose Felipe II de su decoración. La famosa “Venus del Pardo”, de Tziano, se exponía en él, estando hoy en el Museo del Louvre de París.

Palacio de El Pardo en tiempos de los Austrias. Fuente: Patrimonio Nacional

Con la llegada al trono del primer Borbón, Felipe V, comenzaron las obras de remodelación del palacio, que lo convirtieron en residencia invernal de la Corte, aproximadamente desde la Epifanía hasta Semana Santa. Fue con Carlos III cuando este Real Sitio adquirió su verdadera importancia, encargando a Sabatini su remodelación y construyendo la Casita del Príncipe para el heredero de la corona.

Palacio del Real Sitio de El Pardo. Fuente: Patrimonio Nacional

Cabe destacar que Alfonso XII falleció en el palacio del Real Sitio de El Pardo, siendo su sucesor, Alfonso XIII, el último monarca en residir en este lugar. Durante la dictadura franquista, El Pardo fue residencia del dictador y su familia, aunque la restauración de la democracia le dotó de su uso actual: servir de residencia a jefes de Estado extranjeros. A pesar de ello, se puede visitar y disfrutar de su entorno, al estar enclavado en plena naturaleza.

Real Sitio de Aranjuez

El antecedente del Real Sitio de Aranjuez se encuentra en la Casa Maestral de la Orden de Santiago, incorporada a la Corona en tiempo de los Reyes Católicos, cuando el cargo de Maestre quedó integrado como uno de los títulos de la Monarquía, tomando el puesto Fernando El Católico en 1489 y, con él, también esta propiedad situada en la naciente Aranjuez.

Detalle del palacio que Felipe II construyó en Aranjuez

La sencilla casa de la Orden de Santiago estaba rodeada de huertas y jardines. Se trataba de todo un oasis en mitad de un paisaje seco, enclavado en mitad de la vega del río Tajo a 50 kilómetros de Madrid. En este entorno se fijó precisamente Carlos V, que creó el Real Bosque, mientras que su sucesor, Felipe II, levantó un palacio que sentó las bases del actual. Felipe V ordenó ampliarlo en 1715, finalizando las obras Carlos III, aunque durante el transcurso cabe destacar la ordenanza de Fernando VI, que autorizó el libre establecimiento de personas en Aranjuez, dando lugar al nacimiento de la ciudad anexa al propio palacio, al Real Sitio.

El Real Sitio de Aranjuez fue la residencia temporal de la Corona durante los meses primaverales desde tiempos de Felipe II. Los canales del Tajo sirvieron a la familia real para disfrutar de la navegación en ricas falúas, hoy expuesta en un museo creado específicamente para su exhibición. Alfonso XII fue el último monarca en residir en Aranjuez, destacando que la primera llamada de teléfono realizada en España fue entre el palacio y Madrid, entre el monarca y su futura esposa, María de las Mercedes de Orleans.

Real Sitio de El Escorial

El Real Sitio de El Escorial fue una obra completamente nueva emprendida por Felipe II. Su origen se encuentra en el monasterio al que da nombre, la construcción más importante emprendida por el Rey Prudente y el símbolo cultural y patrimonial de su reinado, con el que quiso conmemorar la victoria española sobre los franceses en la Batalla de San Quintín.

Panorámica de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

Aunque el enclave no cuenta con antecedentes medievales, sí conviene destacar que muy cerca de él se encuentra la Casa-Fuerte El Campillo, un pabellón de caza de tiempos de los Trastámara por el que parece que pasó la propia reina Isabel La Católica y que quedó integrada al Real Sitio tras decidir Felipe II levantar en esta zona el monasterio, sirviendo de finca agrícola de explotación para el cenobio y palacio.

Interior del palacio de los Austrias del Monasterio de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

El Escorial dejó de ser una pequeña aldea de la Sierra de Guadarrama y dependiente de Segovia, para convertirse a partir de 1563 en una villa de realengo. En este Real Sitio disfrutaba la familia real desde tiempos de los Austrias del otoño. Los Borbones también dejaron su huella en este portentoso complejo, destacando también la construcción de la Casita del Príncipe por Juan de Villanueva en el siglo XVIII. Fernando VII, que nació aquí el 14 de octubre de 1784, fue el último rey que se alojó en él. A pesar de ello, sigue estando completamente ligado a la Corona de España, ya que dentro del monasterio está el panteón real.

Real Sitio de La Granja de San Ildefonso

La Casa del Bosque en la que Enrique IV cazaba fue reformada por Felipe II en la década de 1550, dando lugar al Palacio de Valsaín, en el que la Corte disfrutaba del otoño y la caza. Tras su incendio a finales del siglo XVII, Felipe V, lejos de reconstruirlo, decidió levantar un nuevo complejo a 11km: La Granja de San Ildefonso, el pequeño Versalles español que supuso la consolidación definitiva de los Reales Sitios de España.

Fachada del palacio del Real Sitio de San Ildefonso

La Granja de San Ildefonso fue el gran proyecto personal de Felipe V. De hecho, en su colegiata se encuentra enterrado, huyendo de la frialdad de El Escorial. El Real Sitio de San Ildefonso es el único situado fuera de Madrid, pero también el que mayor valor paisajístico presenta. De las 14.000 hectáreas, el 80% se correspondían con bosques. Fue en este enclave donde la familia real disfrutaba de los meses de verano, tradición que mantuvieron hasta el siglo XX, con Alfonso XIII. De hecho, Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I, nació en el palacio el 20 de junio de 1913.

Fuentes monumentales del Real Sitio de La Granja de San Ildefonso

Uno de los principales atractivos del Real Sitio de San Ildefonso son los jardines y fuentes monumentales que complementan al palacio real. El establecimiento de la Real Fábrica de Cristales en tiempos de los Borbones dio un impulso económico a la población que se asentó en los alrededores del recinto palatino, un pueblo que todavía hoy sigue vivo y en donde los restaurantes que sirven el famoso judión complementan al turismo histórico y cultural.

Visita los Reales Sitios de España

Actualmente, los Reales Sitios han perdido la función primitiva con la que nacieron, es decir, ya no alojan a la Familia Real española. Sin embargo, siguen estando al servicio de la Corona y el Estado para actividades institucionales, alternándolas con las visitas turísticas y culturales.

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Los Reales Sitios son enclaves patrimoniales únicos que destacan por encima de otros espacios de España, gracias a las características arquitectónicas, artísticas y paisajísticas con las que cuentan. De hecho, El Escorial y Aranjuez están declarado Patrimonio de la Humanidad. No obstante, la gran mayoría acuden hasta todos ellos buscando las huellas históricas y los secretos cortesanos que todavía susurran sus muros y jardines.

Los Reales Sitios son una excursión imprescindible se visita Madrid

Reyes, reinas y sus Cortes pasearon por todos estos Reales Sitios durante siglos. Ahora, los visitantes y curiosos son los que disfrutan de sus palacios, sus jardines, sus fuentes y los paisajes que se vislumbran desde ellos, respirando el aire puro de Guadarrama, el Pardo o la vega el río Tajo. Cuando se visita Madrid, hay que acercarse hasta todos ellos o, al menos, hasta alguno. Sin duda, recorrer estos enclaves hace que te sientas un #turistaenmipaís.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GARCÍA HERNÁNDEZ, M., MÍNGUEZ GARCÍA, M. C. (2005). Funcionalidad turística de los Reales Sitios de España: problemas y perspectivas. Eria (66), pp. 71-84. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1281984.pdf

URTEAGA, L. (2014). Los planos de los Sitios Reales españoles formados por la Junta General de Estadística (1861­ 1869). Script Nova (482), pp. 463-499. Recuperado de: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-482.htm

La huella de Felipe II: los monumentos del Rey Prudente más allá de El Escorial

Felipe II nació el 21 de mayo de 1527 en el Palacio Pimentel de Valladolid. Hijo, nieto, sobrino y padre de reyes, pasó a la historia como el “Rey Prudente”. En 1556, tras la abdicación de su padre, el emperador Carlos V, comenzaron sus 42 años de reinado sobre Las Españas. Alabado por unos, calumniado por otros que se suman a la leyenda negra que acompaña desde hace siglos al monarca, no cabe duda que Felipe II es uno de los reyes más universales de la historia, y su huella todavía está presente en diversos puntos de su geografía.

Felipe II retratado por Sofonisba Anguissola. Fuente: Museo Nacional del Prado

Aunque en su imperio nunca se ponía el sol, pasó la mayor parte de su vida en España, donde auspició la construcción de imponentes monumentos que van mucho más allá del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, su obra más reconocida y la Octava Maravilla del mundo. Segovia, Aranjuez,Ávila o Madrid son otros puntos de España en los que también podemos contemplar la huella patrimonial del Rey Prudente. ¿Vienes a descubrirlos?

PALACIO DE VALSAÍN (SEGOVIA)

Cuatro años después de subir al trono, Felipe II emprendió la construcción del Palacio de Valsaín, en Segovia, sobre la Casa del Bosque de los monarcas medievales de la Casa de Trastámara que servía de pabellón de caza. El Rey Prudente levantó un complejo de estilo flamenco motivado por la arquitectura que había contemplado en su Felicissimo Viaje por los Países Bajos.

El resultado fue un verdadero Real Sitio en el que la Corte disfrutaba del otoño, con la tranquilidad de los bosques y jardines que lo rodeaban. En 1682, el palacio se incendió y cayó en la ruina, ya que los Borbones no se interesaron por su reconstrucción, prefiriendo Felipe V establecer un nuevo complejo, La Granja de San Ildefonso. Tras años de deterioro, solo queda una torre en pie, el único recuerdo de este impresionante complejo, cuya maqueta se expone en el Centro Nacional de Educación Ambiental de Valsaín.

MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE GUISANDO (ÁVILA)

El Monasterio de San Jerónimo de Guisando (El Tiemblo, Ávila) fue uno de uno de los primeros cenobios jerónimos construidos en España, ya que su fundación data de 1375. Al igual que otros complejos regidos por esta orden religiosa, estuvo muy ligado a los Trastámara, quienes lo visitaron en varias ocasiones, y a ellos le siguieron los Austrias, entre ellos Felipe II.

En 1546, se produjo un incendio en el Monasterio de San Jerónimo de Guisando que motivó que Felipe II promoviera su reconstrucción, aprovechando las obras para ampliar su espacio. De hecho, algunas fuentes comentan que el Rey Prudente llegó incluso a valorar este enclave para levantar el proyecto que luego construyó en El Escorial, ya que se alojó en el cenobio en varias ocasiones. Hoy sobrevive al olvido, después de que fuera víctima de la desamortización, aunque sus ruinas y jardines han sido rehabilitados. Está declarado Bien de Interés Cultural y Paraje Pintoresco.

PALACIO REAL DE ARANJUEZ (COMUNIDAD DE MADRID)

El origen del Palacio Real de Aranjuez se encuentra en la Casa Maestral de la Orden de Santiago de Aranjuez. El título de Maestre fue incorporado a la Corona en tiempos de los Reyes Católicos, siendo ratificada la decisión en 1523 por el Papa Adriano en 1523, y con esta decisión la casa también pasó a ser propiedad del patrimonio real.

Carlos V dio los primeros pasos para convertir Aranjuez en un Real Sitio, y su deseo se vio cumplido con su hijo, Felipe II, que convirtió la histórica Casa Maestral de la Orden de Santiago en un magnífico palacio a partir de 1565 que la Corte disfrutaba en los meses primaverales. Juan Bautista de Toledo o Juan de Herrera fueron algunos de los arquitectos que intervinieron. El proyecto fue finalizado por Felipe IV, aunque las reformas de los Borbones fueron las que le dieron el aspecto que contemplamos hoy en día. A pesar de ello, la huella del Rey Prudente todavía se aprecia en este Real Sitio.

MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO EL REAL (MADRID)

En tiempos de Enrique IV de Castilla, fue construido cerca del Manzanares un cenobio regido por los jerónimos. Sin embargo, debido a la insalubridad del lugar, los monjes solicitaron permiso a los Reyes Católicos para trasladarse a otro punto más céntrico de la villa, levantando un complejo de estilo gótico isabelino del que todavía hoy se conserva la iglesia, a pesar de las reformas sufridas.

En 1561, Felipe II ordenó construir el anexo Cuarto Real al Monasterio de San Jerónimo de Madrid, desde donde el Rey podía seguir la misa que se estaba celebrando en la iglesia, algo que repitió posteriormente en sus aposentos de El Escorial. Esta construcción del Rey Prudente fue el germen del futuro Palacio del Buen Retiro, construido por Felipe IV, y cuyos jardines son la mayor herencia.

PLAZA MAYOR DE VALLADOLID

Tras un incendio, la Plaza Mayor de Valladolid fue reconstruida en 1561 con la supervisión de Felipe II, que dotó a su ciudad natal de la primera plaza mayor regular de España, cerrada y con soportales. El modelo fue tomado como ejemplo para otras del país, como la de Madrid. A lo largo de los siglos, la Plaza Mayor de la capital del Pisuerga ha cambiado su fisionomía, pero sigue manteniendo el espíritu de ser el centro neurálgico y social de la ciudad.

MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

Para conmemorar la victoria española en la Batalla de San Quintín, Felipe II levantó el Monasterio de San Lorenzo, en El Escorial, entre 1563 y 1584. El complejo incluía el cenobio, un palacio, biblioteca y también una cripta o panteón real, donde reunió a sus familiares más cercanos.

Felipe II quiso con El Escorial «elevar un palacio para Dios y una choza para el Rey». Sin embargo, este proyecto, el más importante de su reinado y que dio lugar a la creación del Real Sitio en el que la Familia Real española disfrutó del otoño hasta el reinado de Fernando VII, se convirtió también en la Octava Maravilla del Mundo, la obra cumbre del estilo herreriano y en Patrimonio de la Humanidad.

CONVENTO DE LA HOZ (SEGOVIA)

El Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, conocido como Convento de la Hoz, es un cenobio situado en las Hoces del Duratón que fue regentado por la Orden de San Francisco y cuya fundación se remonta al siglo XIII, encontrando la primera referencia en 1231. La reina Isabel La Católica era muy devota de la advocación del convento y visitó en varias ocasiones el cenobio.

«El católico Felipe II, Rey de Las Españas, vino aquí año 1565 y dio limosna para esta plazuela y para toda la obra nueva de esta casa» reza una inscripción que recuerda la huella del Rey Prudente en el ruinoso convento segoviano, que terminó las obras emprendidas por su bisabuela Isabel tras un derrumbe producido por una tormenta, ampliando algunas estancias más. Este convento trata de sucumbir al olvido en una hoz del río Duratón desde el siglo XIX en que fue desamortizado.

ALCÁZAR DE SEGOVIA

En 1570, Felipe II se casó con Ana de Austria en el Alcázar de Segovia, donde disfrutaron en unos días de descanso. Meses antes, ordenó reformas para acondicionar la fortaleza. No obstante, las obras prosiguieron en 1578. Al Rey Prudente se le deben los tejados de pizarra y chapiteles, que dotaron a la fortaleza medieval de un estilo uy europeo, el patio de armas y las estatuas del Salón de Reyes en las que reunió a todos sus antecesores.

FELIPE II EN LA VILLA DE MADRID

Felipe II instaló la capital del Reino en Madrid en 1561. En 1580, reforma la Plaza del Arrabal para convertirla en Plaza Mayor, contratando para ello a su arquitecto de cabecera, Juan de Herrera. Estas obras son antecedente de la remodelación realizada por su hijo Felipe III y que dotaron a este punto del que observamos hoy en día.

En época de Felipe II, se construyó también en Madrid la Casa de las Siete Chimeneas, hoy sede del Ministerio de Cultura. Se trata de un edificio histórico del Barrio de Chueca en el que vivió Elena, supuesta amante del Rey Prudente y cuyo fantasma dicen que todavía vaga por él.

CASTILLO DE SIMANCAS (VALLADOLID)

En 1540, Carlos V había fundado el Archivo de Simancas y lo instala en una torre del castillo del que recibe su nombre. Felipe II ordenó su reforma a Juan Herrera entre 1578 y 1592, para que todo el edificio fuera ocupado por el archivo, siendo de esta época el aspecto que presenta actualmente. Se trata de uno de los archivos en activo más antiguos de Europa, estando declarado Memoria del Mundo por la UNESCO.

CATEDRAL DE VALLADOLID

Al final de su reinado, Felipe II consiguió que la Santa Sede elevase a su Valladolid natal a rango de diócesis, para contar con catedral propia. El monarca no vio terminado el que se proyectó por Juan de Herrera como mayor templo de la Cristiandad, pero ni él ni nadie: está inconclusa al 45%. A pesar de que popularmente se dice que no se acabó porque el Rey Prudente se llevó los fondos para construir El Escorial, el monasterio de la Sierra de Guadarrama ya estaba acabado para entonces.

La huella de Felipe II se encuentra presente en muchos puntos de España, de aquella España en la que hoy en día sí que se pone el sol pero que es rica en patrimonio cultural en forma de grandes monumentos, como los que hoy hemos descubierto. Los amantes de la historia tienen la oportunidad perfecta de reencontrarse con ella realizando esta ruta turística que sigue la herencia patrimonial del Rey Prudente y que, como hemos visto, abarca mucho más que el Monasterio de El Escorial. Sin duda, este itinerario te hará sentir un verdadero #turistaenmipaís.

J.

El Convento de San Francisco, la joya del patrimonio desaparecido de Valladolid

«Nunca se insistirá suficientemente en resaltar las lamentables consecuencias que para el patrimonio artístico y para la reconstrucción de nuestro pasado cultural tuvo la Desamortización». Con estas palabras, María Antonia Fernández del Hoyo expresaba en su artículo El Convento de San Francisco de Valladolid. Nuevos datos para su historia el daño que causó este proceso socioeconómico del siglo XIX al patrimonio cultural español, concretamente el eclesiástico. Monasterios, iglesias y conventos aglutinaron a lo largo de los siglos importantes obras de arte en su interior, sin olvidar, en la mayoría de los casos, al propio inmueble, que era un tesoro artístico más digno de admirar o contemplar.

Detalle de la fachada del Convento de San Francisco de Valladolid en un dibujo realizado por Ventura Pérez para ilustrar la Historia de Valladolid de Antolínez de Burgos. Fuente: Wikimedia

No ocurría así con el Convento de San Francisco de Valladolid, uno de los complejos monacales más importantes de España, que se convirtió en la cabeza de la Provincia franciscana de la Inmaculada en Castilla y cuya fábrica, completamente desaparecida en 1837, destacaba más por las joyas de su interior que por el esqueleto pétreo que las custodiaba. De esas históricas piedras apenas queda rastro alguno, mientras que sus bienes, los que pudieron salvarse, están dispersos. A pesar de los intentos recientes del Ayuntamiento de Valladolid por hallar las huellas y cimientos de este cenobio, un interés que ha traspasado fronteras y ha llegado a Irlanda o Estados Unidos, ya que la principal razón es encontrar los restos de un ilustre personaje de la historia irlandesa en él enterrado, Red Hugh O’Donnell, nunca se podrá contar de nuevo en la ciudad con un complejo de estas características.

Historia del Convento de San Francisco de Valladolid

Los primeros cimientos del Convento de San Francisco de Valladolid no se encuentran ni en la Plaza Mayor ni en ninguna de las actuales calles que ocupaban el solar que dejó este magnífico complejo monacal tras su demolición a partir de 1837. Hay que acudir hasta la zona de Río de Olmos, situada a un cuarto de legua de Valladolid, para encontrar el antecedente de este convento, en lo que hoy en día sería el espacio comprendido entre el río Pisuerga y el Paseo Zorrilla. Parece que este primitivo cenobio franciscano, construido con materiales muy sencillos pero que llegó a contar con las instalaciones propias asociadas a un monasterio, se levantó sobre un solar cedido por la reina Berenguela y que contó con la supervisión del propio santo, que lo visitó cuando pasó por Simancas.

Las reinas de Castilla y el Convento de San Francisco

En 1254, los franciscanos obtuvieron permiso para trasladarse a la zona urbana de Valladolid, algo que también estaba ocurriendo en el resto de Europa. Además, los frailes se quejaron a los propios reyes del momento, Alfonso X y su consorte, Violante de Aragón, de la insalubridad del lugar. Precisamente, gracias al auspicio y donación de esta reina, obtuvieron un solar en el que edificaron su nuevo complejo, junto a la plaza del mercado, actual Plaza Mayor, y también financiación para iniciar la construcción.

Alfonso X de Castilla y la reina Violante de Aragón. Fuente: Archivo Histórico Nacional

Fue otra reina la que, un siglo después, también protegió el convento vallisoletano, María de Molina, que cedió algunos terrenos para ampliar el recinto. Precisamente, esta soberana castellana falleció entre los muros franciscanos de Valladolid el 1 de julio de 1321. Por otra parte, la sociedad vallisoletana también apoyó el levantamiento de esta nueva casa franciscana, sobre todo los más pudientes, que llegaron a tener capillas propias que les servían de panteones funerarios, en concreto, y antes de ser demolido en el siglo XIX, el Convento de San Francisco de Valladolid contaba 33 capillas.

Personajes enterrados en San Francisco de Valladolid

Con el paso de los siglos que fue construyendo un monasterio de dimensiones portentosas que llegó a contar con iglesia, capillas, dependencias, claustros, patios, jardines, huerta u hospital, así como espacios reservados y cedidos para la administración de la ciudad. Tal era la importancia del Convento de San Francisco de Valladolid que, incluso, Cristóbal Colón fue enterrado en él tras su fallecimiento en esta misma ciudad el 20 de mayo de 1506, en la Capilla de las Maravillas, aunque sus restos se trasladaron posteriormente, estando hoy en día en la Catedral de Sevilla.

Red Hugh O’Donnell, héroe irlandés enterrado en el Convento de San Francisco de Valladolid. Fuente: El Norte de Castilla

Otro personaje ilustre sepultado en esta capilla fue Red Hugh O’Donnell, héroe irlandés que se enfrentó a la Reina Isabel I de Inglaterra y que murió en Simancas en 1602. Sus restos comenzaron a buscarse en mayo de 2020, con el apoyo del Ayuntamiento de Valladolid. Estas excavaciones arqueológicas son las que han vuelto a poner de actualidad al Convento de San Francisco, traspasando el interés las propias fronteras de la ciudad y de España, ya que medios irlandeses o el propio período The New York Times se hicieron eco del proyecto de recuperación emprendido por el gobierno local. Sin embargo, aunque se encontraron los cimientos y estos restos, nada hará posible que volvamos a tener entre nosotros al Convento de San Francisco de Valladolid, a pesar de que se haya puesto de manifiesto la importancia de revalorización patrimonial a través de este proyecto arqueológico.

La desaparición de San Francisco de Valladolid

A pesar de esta importancia histórica, son escasas las fuentes documentales que se conservan sobre este monasterio, destacando el Manuscrito de fray Matías de Sobremonte (1660), la principal de todas y en la que se describe cómo era el convento. Su fábrica gótica inicial se fue ampliando siguiendo los gustos de cada época, pero no llegó a superar a su riqueza interior.

Fachada del Convento de San Francisco en “Fiestas en la Plaza Mayor de Valladolid”, de Felipe Gil de Mena, ca. 1656

El siglo XIX, como le ocurrió a otras edificaciones similares en España, supuso el ocaso del Convento de San Francisco. Durante la Guerra de Independencia, y con José I Bonaparte en el trono, se decretó el 16 de agosto de 1809 la supresión de las órdenes religiosas y la transmisión de la propiedad de los bienes de los monasterios y conventos a la nación, lo que también afectó a los franciscanos de Valladolid. Parte del edificio procedió a ser vendido para construir viviendas, comenzando su desaparición.

Aunque la restauración de Fernando VII en el trono permitió el retorno de los frailes en 1814, no durarían demasiado en su convento, puesto que en 1836 lo abandonaron para siempre. El 6 de agosto de ese año, la Desamortización afectó al Convento de San Francisco, que salió a subasta pública por 4.520.060 reales 17 maravedíes. Nadie lo adquirió, por lo que el Estado decidió su demolición, que comenzó el 1 de febrero de 1837, poniendo fin a la historia del que fue uno de los complejos monacales más grandes de todo el país y también con más historia. En 1847, Pedro Ochotorena compró el inmenso solar y urbanizó toda esta zona, que cambió radicalmente y para siempre el casco histórico de Valladolid, encontrando en ella algunas de las principales calles y edificios del centro de la ciudad, como el Teatro Zorrilla

Extensión y ubicación del Convento de San Francisco de Valladolid en el plano actual de la ciudad

El tesoro artístico de San Francisco de Valladolid

Como hemos comentado, el Convento de San Francisco llegó a tener 33 capillas que fueron construidas, en su mayoría, por familias nobles y pudientes que invirtieron grandes sumas en decorarlas. Juan de Juni o Gregorio Fernández son algunos de los genios y maestros que dejaron su huella en muchas de ellas. “El entierro de Cristo”, considerada la obra maestra de Juan de Juni y expuesta actualmente en el Museo Nacional de Escultura, fue encargada para la capilla funeraria del obispo de Mondoñedo del mismo Convento de San Francisco de Valladolid. De este escultor de origen francés, también se conserva en este museo y procedente del mismo convento una maravillosa talla de San Antonio de Padua.

“El Entierro de Cristo”, Juan de Juni, ca. 1507. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Lo mismo ocurre con el retablo de la Piedad y la talla de la Quinta Angustia, obra de Gregorio Fernández para la Capilla de la Soledad, fundada por Pablo de la Vega, y hoy titular de la Cofradía de la Piedad que recibe culto en la Iglesia de San Martín, también en Valladolid. Precisamente, el retablo mayor de la iglesia conventual presidió desde 1622 la primera Inmaculada que Gregorio Fernández talló de todas las de la serie realizada. Sin embargo, esta es una de las muchas piezas del Convento de San Francisco que se encuentra en paradero desconocido. De este escultor, en cambio, sí se conserva en el Museo Nacional de Escultura la talla de San Diego, que presidía la capilla a la que daba nombre.

“La Quinta Angustia”, Gregorio Fernández, ca. 1627

La sillería del coro del convento, ejecutado por Pedro de Sierra, se encuentra en el coro alto de la Capilla del Colegio de San Gregorio, y también de este escultor se salvó una talla de una Inmaculada Concepción que también se encontraba en este espacio y que, actualmente, se puede contemplar en el Museo Nacional de Escultura. Cabe destacar también que Isidro de Villoldo intervino en la capilla funeraria del doctor Fernando Arias, realizando un relieve que muestra a los santos Cosme y Damián, patronos de la medicina, y que también conserva el citado museo. En lo que a arte funerario se refiere, la Catedral de Valladolid acogió las efigies sepulcrales de la familia Venero-Leyva, junto con la talla de Santa Catalina de Francisco del Rincón.

Sillería del coro del Convento de San Francisco. Fuente: Museo Nacional de Escultura

Patrimonio reaparecido

El Convento de San Francisco de Valladolid, de no haber sido víctima de una guillotina cuyo filo desamortizador destrozó por completo el patrimonio cultural de villas, pueblos y ciudades, sería, a día de hoy, uno de los monumentos más importantes de la capital del Pisuerga, cuyo casco histórico no sería como lo contemplamos hoy. Sus visitantes se adentrarían en él para disfrutar de un paseo ya no solo por la historia de la ciudad, sino también por la de España en su conjunto, cruzando una puerta a tiempos pretéritos que solo los cimientos que quedaron tratan de recordar.

Acera de San Francisco de la Plaza Mayor de Valladolid

Sin lugar a dudas, este complejo hoy desaparecido habría podido hacer sombra a otros tantos edificios de la ciudad, como el Colegio de San Gregorio, la Iglesia de San Pablo o la de La Antigua, pero solamente queda su recuerdo con una placa instalada por el Ayuntamiento en el V centenario de la muerte de Cristóbal Colón, con el nombre popular que se da a la Acera de Recoletos de la Plaza Mayor y con las joyas artísticas dispersas por iglesias y museos que ojalá algún día puedan volver a ser, al menos por un tiempo y en formato exposición, una familia unida que se sienta orgullosa del lugar al que perteneció. Qué irónico que casi 200 años después de decretar su demolición, las administraciones hayan desarrollado un proyecto arqueológico para rescatar las huellas arquitectónicas de la joya del patrimonio desaparecido de Valladolid que hoy hemos convertido en #PatrimonioReaparecido en este artículo, que también puedes leer en formato hilo en nuestra cuenta de Twitter.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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El Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, símbolo histórico del Reino de Castilla

Después de 380 años, Felipe II siguió los pasos de su antepasado Alfonso VIII de Castilla cuando fundó El Escorial, no solo como un monasterio ligado a la Corona, sino también como un panteón en el que reunir a su familia y sus descendientes para la eternidad. La diferencia entre el rey Prudente y el de las Navas de Tolosa es que el primero lo consiguió, mientras que el deseo del monarca medieval y su esposa, Leonor de Plantagenet, se quedó precisamente en una mera intención que no llegó a materializarse, tal y como habían planteado. El Monasterio de Santa María de las Huelgas, en Burgos, es uno de los refugios de la historia, el arte y el patrimonio que se mantienen intactos al paso de los siglos, un lugar en el que poder reencontrarse con las verdaderas raíces del Reino de Castilla. ¿Vienes a descubrirlo?

Origen e historia de las Huelgas Reales de Burgos

El lugar en el que se levanta actualmente el Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos parece que estuvo ocupado por un primitivo palacio ligado a la monarquía medieval castellana. La construcción de este cenobio cisterciense femenino se inició alrededor de 1180, bajo el auspicio de Alfonso VIII de Castilla, conocido como “El de las Navas”, y Leonor de Plantagenet, pero la carta fundacional fue expedida por el monarca el 1 de junio de 1187. Su intención era convertirlo en cabeza femenina de la Orden del Císter en Castilla, lo que, sin duda, provocó reticencias entre otros monasterios que habían sido fundados con anterioridad.

Leonor de Plantagenet y Alfonso VIII, reyes fundadores de las Huelgas Reales. Fuente: Archivo Histórico Nacional

Destacó la presión que ejercieron las abadías de Santa María de la Consolación de Perales (1160), Gradefes (1168) y Cañas (1169), quienes no aceptaban gustosamente prestar obediencia a un nuevo monasterio, teniendo en cuenta que ya estaban subordinados al Monasterio de Tulebras, en Navarra, que había sido fundado en 1157 y es la primera comunidad femenina cisterciense fundada en los reinos españoles. A pesar de estos problemas, Alfonso VIII logró su propósito. En 1199, las Huelgas Reales de Burgos quedaron integradas definitivamente en la Orden del Císter y pasaron a convertirse en la matriz cisterciense femenina de Castilla, gracias a la intervención del abad de Cîteaux, monasterio francés en el que había nacido esta orden religiosa y que, todavía hoy, es su sede central.

En un primer momento, este monasterio tuvo la advocación de Santa María de Regla, y no se le conocerá como Huelgas Reales o del Rey hasta 1231, cuando es nombrado de este modo en una carta de venta. Chronicon Mundi, de Lucas de Tuy, y las Cantigas, de Alfonso X, también harán mención del cenobio burgalés con el nombre de Huelgas, cuya denominación hace referencia a un lugar dedicado al descanso o recreo, lo que puede estar en relación con ese primitivo palacio que parece que existió en este emplazamiento antes de levantar el complejo monacal. Sobre el apellido de Reales, se debe a que se trata de una fundación real.

Las Huelgas Reales, centro de poder religioso

El interés por establecer un centro de poder religioso en torno a un nuevo monasterio se debió a la reina Leonor de Plantagenet. La consorte de Alfonso VIII quería fundar una abadía en la que las mujeres fueran las que ejercieran el control, en vez de los hombres. Su propósito fue alcanzado, ya que desde su fundación y hasta el siglo XIX, la abadesa de las Huelgas Reales de Burgos únicamente recibía órdenes del mismo Papa. A pesar de que entre sus funciones no se encontraban decir misa, confesar o dar la comunión, sí que era la que decidía qué sacerdotes podían ejercer todo ello.

Reina Leonor de Plantagenet. Fuente: Patrimonio Nacional

El Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, con su abadesa al frente, era dueño de un señorío territorial muy amplio, compuesto por villas, tierras o molinos, y con un estatus jurídico muy particular dado por los monarcas castellanos y que fue ratificado por la propia Santa Sede. Cabe destacar que los servidores de las Huelgas Reales tenían dispensa para evitar el pago de portazgo (impuesto sobre derechos de tránsito), estaban eximidos del pago de diezmos por lo que cultivaban, había libertad para el ingreso de monjas, el obispo de Burgos no podía intervenir en el proceso de elección de la abadesa, y era esta última la que precisamente elegía a las abadesas de los monasterios que dependían de las Huelgas Reales. Todos estos privilegios acabaron en el siglo XIX, cuando Pío IX los suprimió.

María Ana de Austria, abadesa de las Huelgas Reales

Sobrina y prima de reyes, y nieta de Carlos V, María Ana de Austria y Mendoza era la hija de Juan José de Austria, el conocido como héroe de Lepanto e hijo ilegítimo del citado emperador. Por orden de su tío, Felipe II, fue enclaustrada en un convento de Madrigal de las Altas Torres, concretamente en el de Nuestra Señora de Gracia, cenobio construido sobre el Palacio de Juan II en el que nació Isabel La Católic. Fue en esta localidad de Ávila donde María Ana de Austria se cruzó con Gabriel de Espinosa, popularmente conocido como “pastelero de Madrigal”. Se trata de un embaucador que engañó a la joven haciéndose pasar por Sebastián I de Portugal, rey que había desaparecido en una batalla al norte de Marruecos. María Ana de Austria, que no estaba de acuerdo con la decisión de su tío, se imaginó coronada reina de Portugal, por lo que acabó cayendo en las redes de este farsante que fue ejecutado por sus mentiras en 1595.

María Ana de Austria, abadesa de las Huelgas Reales de Burgos. Fuente: Wikimedia

El 8 de agosto de 1611, María Ana de Austria fue nombrada abadesa perpetua del Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos por Felipe III. Durante su ministerio, se emprendieron nuevas reformas en el complejo, en el cual yace su cuerpo sepultado, siendo el último miembro de la Monarquía hispánica en ser enterrada en esta histórica abadía.

Las Huelgas Reales de Burgos como panteón real

El motivo de construir el Monasterio de las Huelgas Reales no se limitó solo a la perspectiva religiosa, ya que el deseo de Alfonso VIII era convertir este complejo monacal en el símbolo político de Castilla, estableciendo en él un panteón real para su familia y descendientes, así como servir a los intereses de la Corona y la nobleza. Sin embargo, el proyecto apenas superó su generación y la de sus sucesores, Enrique I y la reina Berenguela I, puesto que, salvo en puntuales ocasiones, la monarquía castellana no volvió a hacer uso de este cementerio real. A pesar de ello, en la nave de la iglesia hay cerca de 30 cuerpos reales sepultados, destacando los de los reyes fundadores, así como el de Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X. Cabe destacar también que en el atrio de la iglesia hay enterrados caballeros que lucharon en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212).

Sepulcros Reales en la iglesia del Monasterio de las Huelgas. Fuente: Patrimonio Nacional

¿Por qué las Huelgas Reales no se convirtieron en ese gran panteón de reyes? En 1230, se produjo la unión de los reinos de Castilla y de León en la figura de Fernando III El Santo, nieto del de las Navas de Tolosa. El gran proyecto funerario de las Huelgas Reales burgalesas quedó apartado, ya que el nuevo monarca posiblemente consideró que no era adecuado utilizar un panteón históricamente ligado a la cronología castellana, que no a la de León, al igual que no se decantó por los panteones relacionados con los monarcas leoneses, decidiendo que Sevilla, cuya conquista fue la gran empresa de su reinado y símbolo de la unión de los dos reinos que había heredado, sería el lugar perfecto para su descanso eterno. Con esta decisión, el proyecto de Alfonso VIII de reunir en su panteón a todos los que estarían llamados a sucederle se esfumó. 380 años después, Felipe II lo conseguiría con El Escorial.

Qué ver en las Huelgas Reales de Burgos

La visita al Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos permite hacer un viaje por ocho siglos de historia, descubriendo una de las abadías que más poder han tenido en toda Europa. Cuando los turistas llegan hasta el recinto, se encuentran con un conjunto que presenta un estilo fortificado y robusto. La arquitectura propia de la Orden del Císter se distingue por la sencillez, aunque siempre hay una excepción que confirma la regla, y en las Huelgas Reales burgalesas la encontramos.

Exterior del Monasterio de las Huelgas Reales. Fuente: Santi Mendiola

El arte románico predomina en todo el complejo, aunque también hay cabida para un incipiente gótico en algunas de sus estancias o incluso renacentista. Del mismo modo, en este histórico rincón de Castilla hay presencia del gusto mudéjar y almohade, algo que sorprende gratamente a los visitantes.

Iglesia del monasterio

La iglesia monacal, de incipientes trazas góticas, ya demuestra el poderío del lugar, al contar con tres naves, cuando la tradición responde a que debería haber contado con una sola. Algunos estudios recogen que la propia reina Leonor trajo a un maestro francés de la región de Anjou para diseñar este impresionante espacio. Los sepulcros reales se encuentran repartidos por toda la iglesia, aunque los de los reyes fundadores ocupan el lugar más destacado, siendo una obra de arte funerario gótico sublime.

Iglesia de las Huelgas Reales de Burgos. Fuente: Patrimonio Nacional

Las Claustrillas de las Huelgas Reales

Las Claustrillas es uno de los puntos que más llaman la atención de los visitantes del Monasterio de las Huelgas Reales, y recibe este nombre para diferenciarlo del otro gran claustro del recinto, el de San Fernando, construido por el propio rey y de estilo gótico con una ampliación y reforma superior del siglo XVII. Alfonso VIII vio terminado Las Claustrillas, un claustro de estilo románico que bien podría hacerle sombra al de Silos, también en la provincia de Burgos, por la belleza pétrea que presenta.

Las Claustrillas de las Huelgas Reales. Fuente: Patrimonio Nacional

Las Claustrillas es considerado el espacio conservado más antiguo de todo el monasterio y desde aquí se accede precisamente a dos de las capillas más importantes del conjunto monacal: la Asunción, de estilo mudéjar y que sirvió de iglesia primitiva de la abadía, y Santiago, del gusto almohade y, según algunos estudios, el lugar en el que se desarrollaba la ceremonia de armar caballeros.

Sala capitular

La sala capitular es el centro neurálgico del Monasterio de las Huelgas Reales. Su arquitectura gótica sobrecoge y sorprende, ya que se aleja del estilo románico y destaca por la luminosidad y amplitud. En este espacio, se pueden contemplar varios retratos reales, destacando el de la abadesa María Ana de Austria, así como el conocido como Pendón de las Navas, tomado por Alfonso VIII de Castilla al Muhammad ben Yaqub.

Sala capitular de las Huelgas Reales de Burgos. Fuente: Patrimonio Nacional

Las Huelgas Reales de Burgos es una de las visitas imprescindibles en las provincia de Burgos y fundamenta también para conocer la historia del Reino de Castilla. Este complejo por el que han pasado reyes, reinas, príncipes o infantas, siempre custodiado por las monjas con su poderosa abadesa al mando, es hoy en día un punto de peregrinación también para todos los que se quieren sentir un #turistaenmipaís.

J.

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