El Monasterio de El Escorial, el sueño Patrimonio de la Humanidad de Felipe II

Enclavado en la Sierra de Guadarrama, un gigante de granito y pizarra permanece impasible al transcurso del tiempo. Un proyecto faraónico que, sin ser auspiciado por un monarca del antiguo Egipto, estuvo a la altura de la grandeza arquitectónica de aquellos, debiéndose en este caso a uno de los grandes reyes que han tenido Las Españas y cuya leyenda negra ha sido motivada en gran medida por los celos y envidias que causó entre sus contemporáneos, al emprender empresas tan sublimes como la construcción del Monasterio de El Escorial. Hablamos de Felipe II, que levantó un monumento consagrado no solo a Dios, sino también a las artes, la sabiduría, el conocimiento, el progreso y, por supuesto, a la propia Monarquía. El resultado fue un complejo colosal que, a día de hoy, sigue siendo admirado mundialmente, causando la misma fascinación que el primer día.

Consagrado a la advocación de San Lorenzo, en este monasterio situado en la sierra norte de Madrid nada ocurre ni está por casualidad. Felipe II ha pasado a la historia como el Rey Prudente, y esa misma prudencia es la que llevó a los diferentes arquitectos que se encargaron de dirigir este proyecto a escoger minuciosamente cada uno de los detalles que van narrando su historia y arquitectura. En definitiva, se consiguió dar forma a una de las joyas del arte más destacadas del Renacimiento europeo, el gran ejemplo del estilo herreriano propio de España que el 2 de noviembre de 1984 fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo considerado por muchos como la Octava Maravilla del Mundo.

Por qué Felipe II construyó El Escorial

El 10 de agosto de 1557, se libró en la ciudad francesa de San Quintín una de las grandes victorias del recién estrenado reinado de Felipe II, que había comenzado el 16 de enero de 1556 tras la abdicación de su padre, el Emperador Carlos V. Este enfrentamiento entre españoles y franceses, estando los primeros apoyados por flamencos e ingleses, reuniendo a un total de 60.000 soldados, 17.000 jinetes y 80 piezas de artillería, fue el motivo por el que precisamente el nuevo monarca de Las Españas se ganó su fama de prudente.

Felipe II retratado por Sofonisba Anguissola. Fuente: Museo Nacional del Prado

La batalla que confirmó el poderío y la hegemonía española en Europa se libró el día de San Lorenzo Mártir, la advocación del monasterio construido por Felipe II en la Sierra de Guadarrama. ¿Casualidad? Lo cierto es que no. El rey, desde muy niño, sintió especial devoción por este santo de origen español, por lo que atribuyó la victoria sobre los franceses a la intercesión del mismo Dios a través de San Lorenzo, queriendo agradecérselo de algún modo, y nada mejor que consagrarle uno de los mayores templos de la Cristiandad.

Al hecho anterior hay que sumar el del fallecimiento del Emperador Carlos V, acaecido el 21 de septiembre de 1558 en su palacio de Yuste, donde se había retirado tras la abdicación de sus reinos y señoríos. El codicilo de su testamento, fechado a 9 de septiembre del mismo año, días antes de su muerte, cambió sus planes de enterramiento: no ser sepultado en la Capilla Real de Granada, sino construir un nuevo edificio en el que permanecer junto a su esposa, la Emperatriz Isabel de Portugal. El motivo era que su huella imperial no se viera ensombrecida por la de sus abuelos, los Reyes Católicos.

Cenotafios reales de Carlos V y parte de su familia en la Basílica de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

Historia del Monasterio de El Escorial

Como hemos visto, la conmemoración de la Batalla de San Quintín y la construcción de un templo en el que Carlos V tuviera una sepultura digna del Emperador que fue fueron los motivos que llevaron a Felipe II a construir el Monasterio de San Lorenzo el Real, en El Escorial. De hecho, esto fue ratificado por el propio monarca en la carta fundacional del cenobio, dada el 22 de abril de 1567, cuatro años después del inicio de las obras, que comenzaron con la colocación de la primera piedra el día de San Jorge de 1563.

Panorámica del Monasterio de El Escorial. Fuente: Turismo Madrid

La ubicación decidida por el Rey para levantar el monasterio siempre ha sido uno de los grandes enigmas que han rodeado su historia. Felipe II había trasladado la Corte de Las Españas a Madrid en 1561, lo que sin duda motivó la localización, dada la cercanía. Entre otros lugares, también se barajó el Monasterio de San Jerónimo de Guisando, en Ávila, que había sufrido un incendio, pudiendo reconstruirse y convertirse en el ambicioso complejo con el que soñaba el monarca. En este cenobio, Felipe II disfrutaba de la Semana Santa, pero le resultaba que estaba demasiado lejos de la capital. La pureza del aire de la Sierra de Guadarrama fue otro de los motivos que seguramente también ganarían al Rey Prudente.

Felipe II encomendó a Juan Bautista de Toledo la tarea de trazar el diseño del nuevo monasterio. Este arquitecto, que formaba parte del círculo cercano del Rey Prudente, para quien hizo otras obras, como en el Palacio de Aranjuez, había trabajado junto al genio Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro, en Roma, aplicando muchos de los conocimientos allí aprendidos a este portentoso proyecto que, sin duda, llegó a hacer sombra a la misma sede de la Iglesia Católica. Sin embargo, a la muerte de Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera le sucedió, entre otros más que participaron, quien dejó su huella e hizo posible que El Escorial se convirtiera en el gran ejemplo del estilo herreriano. El aprendiz hizo sombra al maestro, e introdujo cambios como la habilitación de la biblioteca o la reducción del número de torres.

Fachada y portada de acceso al Monasterio de El Escorial

El resultado del monasterio refleja la personalidad austera de Felipe II, algo que se aprecia perfectamente en la portada de acceso a todo el complejo, presidida por la imagen de San Lorenzo, con una parrilla en la mano que simboliza su martirio. De hecho, normalmente se dice que la propia planta del recinto está inspirada en este símbolo, haciendo alusión al mártir al que se dedica y consagra el monasterio, pero es una de las muchas leyendas que rodean a El Escorial. Unas modificaciones de Juan de Herrera motivaron la forma final de las trazas, y los viajeros románticos del siglo XIX hicieron el resto.

Panorámica del Monasterio de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

Aunque siempre se dice “parece la obra de El Escorial” para referirse a unas reformas u obras que duran demasiado, lo cierto es que el monasterio que mandó edificar Felipe II se concluyó en dos décadas. Ha habido otros monumentos que han tardado mucho más en construirse, aunque no lo aparente. Por ejemplo, la Catedral de la Almudena, en Madrid, tardó un siglo en ser levantada, o ahí está la Sagrada Familia, en Barcelona, aún inconclusa. Finalmente, el 13 de septiembre de 1584, se dan por finalizadas oficialmente las obras del monasterio, y dos años más tarde se concluirían por completo con los remates de la Real Basílica.

Qué ver en El Escorial

El recinto del Monasterio de El Escorial cuenta con 33.000 metros cuadrados y cumple varias funciones; además de cenobio, es panteón real, basílica, palacio, biblioteca y colegio. El gran sueño de Felipe II fue “elevar un palacio para Dios y una choza para el Rey”. El Rey Prudente, alrededor de este imponente complejo, consiguió configurar un verdadero Real Sitio, siendo sus sucesores los que terminaron de darle al lugar la forma que vemos hoy en día.

Fachada de la Real Basílica de El Escorial, finalizada en 1586

El Escorial se convirtió en el retiro de la Corte durante los meses de otoño, desde su fundación hasta el siglo XIX, siendo Fernando VII, que había nacido aquí, el último monarca español que residió en el palacio del monasterio. Actualmente, los turistas, junto a los monjes agustinos que sustituyeron a los primitivos de la Orden Jerónima de la que la Monarquía castellana era tan afín, son los que pasean por sus diversas estancias, como algunas de las que vamos a descubrir a continuación y que no debes perderte cuando vayas a visitarlo.

Basílica

Una fachada coronada por las estatuas de los reyes Josafat, Ezequías, David, Salomón, Josías y Manasés, todos ellos monarcas de Judá, da la bienvenida a la basílica del monasterio. Se dice que “seis reyes y un santo salieron de este canto, y aun sobró para otro tanto”, refiriéndose a que de un mismo berrueco se tallaron estas seis efigies junto al San Lorenzo que preside la portada de acceso al monasterio. Una vez dentro, los turistas se sobrecogen con el ambiente tan austero y sobrio, propio del estilo herreriano, desprendiendo a arquitectura y decoración una profunda religiosidad.

Detalle del retablo mayor de El Escorial y los cenotafios de Felipe II y su familia. Fuente: Wikimedia

De los 44 altares que se pueden contemplar en la basílica, sobresale el de la Capilla Mayor. Fue diseñado por el propio Juan de Herrera y alcanza los 30 metros de altura. El mármol se entremezcla con las pinturas del retablo ejecutadas por Pellegrino Tibaldi y Federico Zuccaro. A ambos lados, se pueden observar los cenotafios reales de Pompeo Leoni. A la izquierda, Carlos V e Isabel de Portugal se ven acompañados de su hija María y de las infantas Leonor y María, hermanas del Emperador y reinas de Francia y Hungría, respectivamente. En el lado derecho, Felipe II aparece junto a tres de sus cuatro esposas, siendo estas las reinas Ana de Austria, Isabel de Valois y María Manuela de Portugal, y su primer hijo, el príncipe Carlos. Todos ellos se encuentran enterrados en las criptas, a excepción de la infanta María, hija de Carlos V, que reposa en las Descalzas Reales, en Madrid.

Panteón de Reyes e Infantes

Popularmente se dice que la realeza española nace donde quiere, vive, si puede, en Madrid, pero siempre termina en El Escorial antes de subir al cielo. Como ya hemos comentado, una de las principales causas fundacionales del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue construir un panteón con el que dar sepultura a la familia de Felipe II, al propio Rey y que fuera utilizado también por sus sucesores. Sin embargo, no es el mismo que Juan de Herrera y el fundador del complejo vieron, ya que, para seguir la voluntad de Carlos V, este tenía que estar situado justo debajo del altar mayor. No obstante, Felipe III utilizó una capilla que el propio Herrera había acondicionado en forma circular y abovedada para dotar al monasterio del actual Panteón de Reyes, diseñado en estilo barroco y concluido durante el reinado de Felipe IV.

Panteón de Reyes de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

El Panteón de Reyes es el espacio más sobrecogedor de todo el monasterio de El Escorial, además de ser el que más interés suscita. 26 sarcófagos de mármol contienen los restos de los Reyes de España, desde Carlos V hasta el Juan de Borbón, Conde de Barcelona, acompañados de sus respectivas reinas y consortes, pero únicamente las y los que hayan dado heredero al trono. Sin embargo, en la muerte, al igual que en la vida, hay excepciones. Felipe V y la reina Isabel de Farnesio están enterrados en La Granja de San Ildefonso, Fernando VI y Bárbara de Braganza en las Salesas Reales y la reina Isabel de Francia, esposa de Felipe IV, reposa en el Panteón de Reyes a pesar de no ser madre de rey, pero, gracias a ella y su hija María Teresa, se perpetuó la Monarquía española en el seno de los Borbones.

Cámara sepulcral del Panteón de Infantes. Fuente: Wikimedia

Por su parte, el Panteón de Infantes tampoco es el primitivo. Durante el reinado de Isabel II, se diseñó el espacio actual, en estilo neoclásico y ecléctico, a fin de ordenar las sepulturas originales en las 133 tumbas que se proyectaron para los cuerpos ya existentes y los venideros. Destacan algunos mausoleos como el de Juan de Austria, hijo extramatrimonial de Carlos V y conocido como el Héroe de Lepanto, o la popularmente conocida como “tarta”, la sexta cámara sepulcral en forma de rotonda ochavada y destinada para el entierro de niños.

Como curiosidad de ambos espacios, la infinita escalera que conduce al Panteón de Reyes atraviesa una pequeña puerta a mano derecha. Detrás de ella se encuentra situado el pudridero, el lugar en el que los cadáveres reales permanecen hasta ser solo restos óseos y pueden colocarse en su sepulcro final. Sin duda, el panteón de El Escorial daría para mucho y es una joya de arte funerario única en el mundo.

Palacio de Austrias y Borbones

Felipe II, siguiendo la tradición de los monarcas que le precedieron, gustaba de retirarse a monasterios en determinadas épocas del año. Por ello, decidió construir unos aposentos para la Familia Real dentro de El Escorial. El denominado Palacio de Los Austrias se ubica en lo que sería el mango de la parrilla de la planta del complejo, en torno a la cabecera de la basílica principalmente. La idea de localizarlo aquí la recogió del palacio que su padre, Carlos V, se construyó en Yuste: desde su alcoba podía seguir la misa desde la cama.

Cámara del Rey en el Palacio de los Austrias. Fuente: Patrimonio Nacional

Además de los cuartos reales, la Sala de las Batallas es una de las que más fascinan a los visitantes. 10 metros de ancho y 55 de largo dan forma a esta galería que no se conoció como tal hasta el siglo XVIII, siendo muy discutidos los usos que tuvo con anterioridad. Los frescos que decoran sus paredes conmemoran algunas de las victorias militares más importantes del reinado de Felipe II, como la propia Batalla de San Quintín que motivó la construcción de El Escorial, pero también sobresale la de la Batalla de la Higueruela, que tuvo lugar en 1431 entre las tropas de Juan II de Castilla, padre de la bisabuela del Rey Prudente, Isabel La Católica, y los musulmanes, siendo una de las grandes victorias de los cristianos.

Sala de las Batallas en el palacio de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

La sobriedad y austeridad del Palacio de los Austrias contrasta con la magnificencia de los aposentos de los Borbones, cuya decoración afrancesada es del reinado de Carlos III. Sobresalen tapices diseñados por Goya y Bayeu, además del rico mobiliario de los diversos salones que se visitan. Fernando VII fue el último rey de España en residir en estos aposentos, en los cuales nació el 14 de octubre de 1784, y, por ende, en el propio monasterio.

Biblioteca

Conocida como la Escurialense o la Laurentina, Felipe II consiguió otro de sus sueños con la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El Rey Prudente tenía en mente desde 1565 la creación de una institución en la que aglutinar grandes obras científicas o literarias, así como guardar allí los libros que tanto gustaba de coleccionar. Su círculo más cercano le propuso ciudades como Valladolid o Salamanca para establecerla, pero se decantó finalmente por el monasterio de la Sierra de Guadarrama, como así consta en la carta fundacional. El monarca adquirió las bibliotecas de numerosos nobles, destacando también el traslado de volúmenes de la Capilla Real de Granada, como el Libro de Horas de la reina Isabel La Católica, su bisabuela.

Sala Principal de la Real Biblioteca de El Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

La Sala Principal de la Real Biblioteca de El Escorial sobresale por su exquisita decoración. Los frescos que decoran esta estancia del monasterio llegan a hacer sombra a los de la propia Capilla Sixtina, dejando boquiabiertos a los visitantes. En ellos se representa a las siete artes liberales: Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Música, Geometría y Astrología. Todas ellas representan los géneros de los libros y volúmenes de sus estanterías, donde no solo se dan cabida textos en latín o castellano, también hay obras hebreas, árabes, portugueses, persas, chinas o dos códices armenios.

El Monasterio de El Escorial es un templo al Renacimiento y el humanismo, valores y principios que se dan la mano y entremezclan con el aura esotérico que siempre ha rodeado también al gran sueño de Felipe II y al propio monarca. Nadie se resiste al gran gigante de piedra que se abre paso en el Monte Abantos y la Sierra de Guadarrama, y todos los que se dejan ver por sus estancias se sientes como reyes, pero también unos auténticos #turistaenmipaís. La historia de este monasterio aún se sigue escribiendo, y también quedan aún muchas cosas que contar de él. La Octava Maravilla del Mundo es eterna.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

RODRÍGUEZ DÍEZ, J. (2014). Epitafios del Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial y sus fuentes bíblicas. En Campos, F. J., Fernández de Sevilla (coord.), El mundo de los difuntos: culto, cofradías y tradiciones, pp. 825-856. San Lorenzo de El Escorial: Ediciones Escurialenses. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5044087.pdf

SIGÜENZA, Fray José de (2010). La Fundación del Monasterio de El Escorial. Valencia: CMC Editor

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