La historia de Catalina de Aragón, la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares

El divorcio entre Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón es uno de los hechos más trascendentales del siglo XVI por las importantes consecuencias que acarreó. La historia es caprichosa y quiso que la hija de los Reyes Católicos, abanderados y supremos defensores de la Cristiandad, fuera una de las protagonistas de este suceso, en el que no solo se disolvió un matrimonio, sino que provocó también la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica, fundando la suya propia con el monarca inglés a la cabeza.

La biografía de Catalina de Aragón comienza en Alcalá de Henares. Un frío 16 de diciembre de 1485, nació en el Palacio Arzobispal de esta ciudad madrileña declarada Patrimonio de la Humanidad la última hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Como las nieves que cubrían los campos castellanos en aquel tiempo, su tez era blanca y sus cabellos rubios. Sus facciones, que recordaban a las de la Reina Catalina de Lancaster, ancestro inglés de la infanta española, junto con el nombre que escogieron para ella sus padres, parece que predijeron el futuro que le esperaba.

Estatua de Catalina de Aragón en Alcalá de Henares. Fuente: Wikimedia

Reina de todas las Reinas y modelo de majestad femenina”, como así llegó a describirla William Shakespeare, la vida de Catalina de Aragón está marcada por los contraste dignos de un personaje de novela: luces y sombras, alegrías y penas, poder y destierro. Una princesa y reina del pueblo muy querida y admirada por los inglés cuyo destino final fue triste y desgraciado. Hay historias que parece que siempre se repiten.

Catalina, de Infanta a Princesa de Gales

Aunque Catalina de Trastámara nació en Alcalá de Henares, donde es recordada por todos sus ciudadanos con gran cariño, su infancia transcurrió mayoritariamente en Granada. Allí vivió junto a sus padres el ambiente de la guerra, de la estrategia política y de la negociación, siendo testigo del final de la Reconquista cristiana con la recuperación del Reino Nazarí de Granada, entregado a los Reyes Católicos por Boabdil el 2 de enero de 1492. La joven infanta solamente tenía 6 años por aquel entonces, pero desde hacía dos ya estaba prometida con Arturo, Príncipe de Gales y heredero de la Corona inglesa.

Detalle del retrato de Catalina de Aragón a los once años, de Juan de Flandes. Fuente: Museo Thyssen

Desde la Alhambra de Granada partió Catalina, Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, hacia el puerto de La Coruña para convertirse en Princesa de Gales. Tras varios años de negociaciones, Arturo y Catalina se casaron en la Catedral de San Pablo, en Londres, el 14 de noviembre de 1501. La infanta fue acompañada al altar por el hermano de su esposo, Enrique, el futuro Enrique VIII con el que repetiría en unos años ese mismo camino, pero para unirse en matrimonio con él. Otro capricho más de la historia.

La infancia de Catalina de Aragón transcurrió en Granada

A los cinco meses del casamiento, unas terribles fiebres provocaron que Catalina enviudase, al producirse la repentina muerte de su esposo, Arturo. Sus padres reclamaron en varias ocasiones a Enrique VII de Inglaterra que devolviera a la Princesa viuda de Gales a Las Españas, como así se hizo en su momento también con la Infanta Isabel, hermana mayor de Catalina, cuando quedó viuda de su esposo, el Príncipe de Portugal. Sin embargo, no se produjo este hecho. La menor de los Reyes Católicos jamás volvería a contemplar su país natal y su añorada Alhambra, donde disfrutó de su infancia.

El reencuentro de Catalina y Juana

En febrero de 1506, la rutina inglesa de Catalina se rompió durante unas horas, produciéndose un suceso que, sin salir de las islas en las que llevaba años viviendo, le trasladó durante unos instantes a los recuerdos de su vida en Las Españas. Entre enero y abril de 1506, la Reina Juana I de Castilla y su esposo, el Rey Felipe I, visitaron Inglaterra tras hacer una parada en su travesía a Castilla, donde la Soberana debía ser jurada por las Cortes, en cumplimiento del testamento de la difunta Reina Isabel.

A pesar de que la estancia de los nuevos Reyes de Castilla en Inglaterra se extendió durante varias semanas, las hermanas Trastámara únicamente se encontraron en una ocasión. Concretamente, el 10 de febrero de 1506, en el Castillo de Windsor. En su escalera, acompañada por su cuñada, la Princesa María Tudor, la Princesa viuda de Gales contempló la llegada del séquito de su hermana, a la que no veía desde 1496 en que partió de Laredo a Flandes para casarse con el Archiduque Felipe.

Retrato de la Reina Juana I de Castilla. Fuente: Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Lo cierto es que nada se sabe de cómo debió ser realmente esa conmovedora y nostálgica reunión. Lo que sí está claro es que fue fugaz. Al día siguiente de llegar a Windsor, Catalina y su cuñada María partieron al Palacio de Richmond, separándose de la Reina propietaria de Castilla. Sorprende esta separación, aunque algunos historiadores apuntan a que el Rey Felipe no quería que Catalina pudiera instigar contra él en sus encuentros con su esposa. Sobre todo, extraña lo ocurrido porque la Reina Juana profesaba un gran cariño por su hermana pequeña. De hecho, hay que recordar que la hija pequeña de la Soberana de Castilla llevó por nombre Catalina, nacida en Torquemada en enero de 1507 y que posiblemente fue engendrada en la propia Inglaterra.

Catalina, Reina de Inglaterra

Si precisamente Catalina no regresó a Castilla fue porque la dote también volvería con ella, algo que Inglaterra no podía permitirse. Tras muchas cartas y negociaciones, la Princesa viuda de Gales fue prometida en matrimonio al nuevo Príncipe de Gales, Enrique, hermano del difunto heredero. Los esponsales se celebraron en 1503, cuando ella tenía 18 años y él 12, pero la ceremonia oficial tuvo lugar el 29 de abril de 1509, en Greenwich, y el 24 de junio la coronación. En aquel momento, Enrique ya era el Rey Enrique VIII, y por tanto Catalina ascendía en la escala real a la dignidad de Reina.

Grabado del siglo XVI de la coronación de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Fuente: Wikimedia

Catalina de Aragón era de gustos sencillos y no solía asistir a las grandes fiestas que gustaba organizar su esposo. La Reina de Inglaterra prefería dedicarse en su tiempo libre a las obras de caridad y a visitar monasterios, que a los momentos de ocio de su marido en forma de festejos, bailes o cacerías. La hija de los Reyes Católicos acudía con frecuencia al Santuario de la Virgen de Walsingham, a la que encomendaba el fruto de sus embarazos y al que legó parte de sus bienes en testamento. Catalina llegó a sufrir varios abortos y de los cuatro hijos a los que dio a luz, solamente sobrevivió la Princesa María, nacida el 18 de febrero de 1516 y que llegó a ser Reina de Inglaterra, casándose con el Rey Felipe II de España.

La educación y conocimientos de Catalina de Aragón, considerada una de las mujeres mejor formada de su época, fueron puestos al servicio de la política. De hecho, es considerada la primera mujer embajadora de la historia de Europa, cuando actuó como tal en 1507 para canalizar las relaciones internacionales entre Las Españas e Inglaterra. No hay que olvidar tampoco que en 1513 ejerció durante seis meses la regencia de la Corona inglesa, mientras el Rey Enrique se encontraba en Francia. Durante este breve gobierno, la Reina Catalina se puso al frente de las tropas inglesas en la Batalla de Flodden Field contra Escocia, comandándolas en el campo de batalla, lo que levantó el ánimo del ejército para derrotar al enemigo.

El divorcio más trascendental de la historia

La rosa Tudor y la granada, emblemas y símbolos de la unión de Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra presente todavía en varios monumentos de las islas inglesas, comenzaron a caminar por separado. La diferencia de edad entre ellos, la pérdida de la belleza y lozanía de la Reina por los numerosos partos y abortos que sufrió, los pocos gustos que compartían y el empeño de contar con un heredero varón, provocaron un distanciamiento paulatino entre la pareja real tras 18 años de matrimonio.

La aparición de Ana Bolena en la vida de Enrique VIII, que era nueve años más joven que el Rey y una de las damas de la Reina Catalina, fue la puntilla definitiva que condujo a la separación del matrimonio. El Soberano inglés luchó porque la Iglesia Católica de Roma le concediera la anulación, pero eso supondría la enemistad con el Emperador Carlos V, sobrino de la Reina Catalina. Enrique VIII se amparaba en que su matrimonio estaba maldito porque había leído en la Biblia que si un hombre se casa con la viuda de su hermano, no podrían concebir descendencia.

Retrato del siglo XVI de Catalina de Aragón, del Palacio de Lambeth. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, Catalina defendió hasta su muerte que su matrimonio con Arturo Tudor nunca se consumó, por tanto no era válido, y que llegó virgen al lecho de Enrique. Dado que se complicaba la nulidad, se sugirió a la Reina que decidiera tomar los votos y se retirase a un convento, pero ella se negó al afirmar que «Dios nunca me llamó a un convento. Yo soy la verdadera y legítima esposa del rey«.

Finalmente, se instituyó un tribunal con el Cardenal Wolsey al frente del mismo y en el que también participó un legado papal para decidir sobre el futuro del matrimonio. La defensa del Rey de Inglaterra se amparaba continuamente en aquel precepto de la Biblia, mientras que la Reina sostenía que su boda con Enrique había contado con la dispensa de Roma, además de llegar virgen al mismo al no haberse consumado la unión con Arturo.

«El juicio de la reina Catalina de Aragón», de Henry Nelson O’Neil. Fuente: Birmingham Museums

El 21 de junio de 1529, Catalina decidió comparecer ante el tribunal, o más bien ante su todavía marido, pues fue al único que se dirigió. Expresó un impactante discurso en el que demostró su obediencia al Rey, reafirmó su virginidad a la hora de consumar su matrimonio y finalizó encomendando su causa a Dios. Tras ello, dirigió una reverencia al Soberano, abandonó la sala y parece que hasta recibió algún aplauso por su magistral defensa de sí misma.

Destierro y muerte de Catalina de Aragón

En enero de 1533, Enrique VIII decidió omitir el mandato de la Iglesia Católica y se casó con Ana Bolena, que le daría una hija, la futura Reina Isabel I, en septiembre de ese mismo año. En mayo, Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury y afín a los Bolena, declaró nulo el matrimonio del Rey con Catalina de Aragón, el cual fue ratificado por el Parlamento, al igual que la exclusión de la Princesa María de la sucesión al trono. Un año más tarde, el mismo Parlamento ratificó también el Acta de Supremacía, por el que Inglaterra quedaba separada de la obediencia de Roma y su monarca era reconocido como Jefe Supremo de la Iglesia Anglicana. El Catolicismo era historia en las islas inglesas.

María Tudor, Reina de Inglaterra e hija de Catalina de Aragón. Fuente: Museo del Prado

El principal partidario de Catalina de Aragón, Tomás Moro, fue condenado a muerte, causando un gran impacto entre los católicos ingleses y del resto de Europa. Sin embargo, eliminar a una Reina no era viable, sobre todo por la gran simpatía que le profesaba el pueblo inglés. No obstante, se vio obligada a abandonar Windsor y su destierro pasó por diversos castillos, hasta llegar al de Kimbalton. Allí es donde la Reina de Inglaterra nacida en Alcalá de Henares murió un 7 de enero de 1536, con un corazón negro y privada de la compañía de su hija María por orden del Rey Enrique. A él le dedicó su última y larga carta, en la cual le perdonaba todo lo que le había hecho y le rogaba que cuidase de la hija que tenían.

Tumba de la Reina Catalina de Aragón. Fuente: Juan Pablo Arenas

Catalina fue enterrada en la Catedral de Peterborough con el tratamiento de Princesa viuda de Gales, no como la Reina de Inglaterra que fue, el 29 de enero de 1536. Ese mismo día, Ana Bolena sufrió el aborto de un hijo varón, y meses después caminó hacia el patíbulo, donde fue ejecutada, acusada de adulterio. Al día siguiente, Enrique VIII se casó con su tercera esposa. A pesar de su triste final, el pueblo y la historia no ha olvidado a Catalina de Trastámara, Reina de Inglaterra, Princesa viuda de Gales e Infanta de Castilla, Aragón y Sicilia, en cuya tumba nunca faltan flores frescas ni homenajes, al igual que en Alcalá de Henares, donde nos sentimos unos auténticos #turistaenmipaís recordando la historia de la última hija de los Reyes Católicos.

J.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BEATRICE FLEMING, G. (2010). La visita a Inglaterra de Juana I (enero-abril de 1506). En Zalama Rodríguez, M. A. (dir.), Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno, pp. 407-420. Recuperado de: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/25-FLEMING.pdf

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (s. f.). Biografía de Catalina de Aragón. Real Biblioteca de la Historia. Recuperado de: http://dbe.rah.es/biografias/11781/catalina-de-aragon

PERERA Y PRATS, A. (1976). Esbozos para una biografía de Catalina de Aragón. ES Revista de filología inglesa (6), pp- 47-80. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2288076.pdf

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