Templarios en España: así llegaron a la península Ibérica los Pobres Caballeros de Cristo

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos popularmente como caballeros templarios u Orden del Temple, fue fundada en 1118 por Hugo de Payns, junto con nueve caballeros. Su historia es una de las que más fascinación e interés han suscitado entre los amantes de la historia y el esoterismo a los largo de todos estos siglos, llegando hasta la propia actualidad. Mucho se ha dicho y escrito sobre ellos, siendo cada vez más los viajeros que quieren seguir sus pasos, pasos que también están presentes en España.

Los caballeros templarios decidieron  consagrar su vida a la defensa de los peregrinos de los Santos Lugares o Tierra Santa tras los continuos ataques que los cristianos recibían de los musulmanes, pero sin dejar de lado la contemplación y oración en torno a Cristo, de ahí que se les identifique como monjes-guerreros. El rey Balduino II les cedió unas dependencias cercanas al Templo de Salomón, lo que explica el origen de su nombre: Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. Sobre su llegada a Europa, y, por tanto, también a España, tras haber informado al papa Honorio II de su institución, siendo reconocida oficialmente la Orden por la Iglesia en 1128, comenzaron ese mismo año a establecer relaciones con las diversas monarquías medievales del momento, incluidas las de la península Ibérica, que en aquel momento era caldo de cultivo de batallas y conflictos entre cristianos y musulmanes.

La llegada del Temple a España

Se sabe que estos caballeros llegaron al territorio ibérico en la primera mitad del siglo XII, como al resto de Europa. Motivados por la defensa de los cristianos frente a los musulmanes, los reyes cristianos peninsulares les implicaron en el proceso tradicionalmente conocido como Reconquista, teniendo gran protagonismo en ella en el siglo XIII, ya que el papa Urbano II había establecido que era tierra de cruzada, lo que justificaba su participación. A cambio, los templarios obtenían recursos, bienes y propiedades con las que sustentar su actividad en Tierra Santa.

Estatua de Ramón Berenguer III. Fuente: Europa en fotos

La primera incursión templaria en la península Ibérica se había producido el 19 de marzo de 1128, un año antes de que se llevase a cabo la regularización de la Orden en Troyes. La reina Teresa de Portugal había donado a los caballeros el castillo de Soure y todas sus rentas para su protección frente a los musulmanes. La iniciativa de la soberana lusa fue seguida por monarcas hispánicos, destacando el conde Ramón Berenguer III en Cataluña, que además solicitó ingreso en la Orden en su lecho de muerte, Alfonso VII de León al entregarles la protección de las tierras de Soria en noviembre de 1146, o su sucesor, Fernando II de León, que les recompensó con enclaves y fortalezas en la zona tras participar en la conquista de la región de la Transierra leonesa entre 1166 y 1169.

El testamento de Alfonso I El Batallador

Sin embargo, el caso más reseñable de todos es el de Alfonso I de Aragón y Navarra, conocido como El Batallador, el prototipo de monarca cruzado de la época en la Península que no dudó en contar con órdenes militares para el proceso de Reconquista. El monarca murió el 7 de septiembre de 1134 tras las graves heridas que sufrió en la Batalla de Fraga acontecida en el verano de ese mismo año y en su testamento, que tenía carácter de ley como toda última voluntad de un monarca en la Edad Media, legó todos sus reinos a los caballeros del Temple, Hospitalarios y del Santo Sepulcro.

Retrato de Alfonso I de Aragón y Navarra, de Pradilla. Fuente: Ayuntamiento de Zaragoza

Sin embargo, las órdenes militares renunciaron a esta importante herencia, a cambio de recibir castillos o fortalezas, ya que los nobles aragoneses y navarros no estaban dispuestos a aceptar estas condiciones. Además, la maniobra provocó la separación de los dos reinos, ya que en Aragón se sentó en el trono el hermano de Alfonso I, Ramiro, y en Navarra se postuló Garci Ramírez, que estaba casado además con una de las hijas del Cid y pasó a la historia como El Restaurador.

El ocaso templario en España

Los caballeros templarios tuvieron presencia en España hasta la disolución de la propia Orden a nivel internacional, hecho que tuvo lugar en 1312 y que todavía hoy cuesta explicar por qué sucedió. Acumularon importantes posesiones y el destino de sus bienes se decidió a nivel europeo en la bula Ad providam, dada por el propio Clemente V, que pasarían a engrosar el patrimonio de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Sin embargo, se suspendió esta orden en los reinos peninsulares hispánicos, a saber, Portugal, Castilla, Aragón y Mallorca, a través de la bula Licet dudum de 13 de enero de 1313, dejando la decisión en manos de la Silla apostólica de cada país.

Castillo templario de Ponferrada, en León. Fuente: Ayuntamiento de Ponferrada

En el caso de los reinos de Castilla y León, los bienes de los templarios continuaron en manos de la Corona, sin haberse podido llegar a esclarecer si fueron transferidas a la Orden del Hospital, que sí que hizo intercambio de bienes templarios con las órdenes nacionales de Santiago y Calatrava en 1356, mientras que en Portugal pasaron a una nueva orden de caballería, la Orden de Cristo. Por su parte, al similar ocurrió en Aragón, que creó en 1317 la Orden de la Montesa, en la que se integraron los bienes templarios del Reino de Valencia, mientras que los de Aragón y Cataluña pasaron a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, al igual que ocurrió con los de Mallorca.

J.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICAS

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